¡¿Incluso después de transmigrar tengo que seguir haciendo negocios?! - Capítulo 137

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Eddie parpadeó durante un rato, incapaz de comprender la situación. ¿En qué momento había empezado Ketron a tocarlo de manera tan sugerente por encima de la ropa?

—Espera, espera.

Presa del pánico, Eddie intentó detenerlo, pero Ketron, cuya expresión compasiva se había transformado con toda naturalidad en la de un amante más joven cuyos deseos acababan de despertar, se quitó la prenda superior.

Eddie se sonrojó al ver sus hombros, que aún conservaban las marcas dejadas por el Rey Demonio, y su pecho, donde todavía quedaban rastros de la congestión, y frunció los labios.

Ahora que las cosas habían llegado tan lejos, ya no podía fingir que no entendía lo que estaba pasando.

—…Estoy cansado.

Se apresuró a recurrir a la excusa que siempre utilizaba con Ketron: «Estoy cansado». Sin embargo, Ketron estaba bien preparado para momentos como aquel.

—Tú quédate quieto. Yo haré todo el trabajo.

¡Ese no es el problema!

Ketron sonrió seductoramente, como si no ocurriera nada malo. Y, para colmo, seguía siendo increíblemente apuesto.

Últimamente, Eddie había comprendido que Ketron debía de haberse dado cuenta de lo eficaz que era su rostro como arma contra él. De lo contrario, no habría sido capaz de sonreír de una manera tan provocativa…

Temiendo que realmente terminara imponiéndose sobre él, Eddie se apresuró a sujetar el grueso antebrazo de Ketron.

—Todavía tengo cosas que contarte, como un gran secreto sobre este mundo y a quién conocí después de que me atacaran…

—Eddie.

Sin embargo, estaba claro que Ketron no lo escuchaba.

—Tenemos tiempo de sobra.

—Hablemos con calma. Seré gentil.

Mientras decía eso, Ketron enterró el rostro en el cuello de Eddie. La expresión de Eddie se tornó atónita al sentir una lengua húmeda recorriéndole el cuello.

«¿Eh? ¿Qué…?»

Aquello ocurrió un día, poco antes de la expedición.

Después de eso, los preparativos para la expedición parecieron cobrar alas.

Naturalmente, el ambiente era más solemne que animado. Nadie creía que todos los que partirían en la expedición regresarían con vida.

Los sacrificios eran inevitables, y cualquiera de ellos podía ser un familiar o un vecino. Como era de esperar, el ánimo de toda la nación se sumió en la melancolía.

Diez días después de que Eddie despertara, la fuerza de subyugación del Rey Demonio finalmente concluyó los preparativos para partir.

Naturalmente, Eddie no formaba parte de ella.

Sus capacidades físicas no solo eran completamente ordinarias, sino que, además, pertenecía a la familia imperial. Aunque Eddie hubiera sido un espadachín o un mago razonablemente bueno, su posición le habría impedido unirse a la fuerza de subyugación.

Y Sebastian se encontraba en la misma situación.

—Haaaaa…

—Haaaaa…

El día de la partida, los dos se reunieron en el vestíbulo de la mansión y suspiraron con tanta profundidad que parecía que intentaban hundir el suelo.

Naturalmente, Ketron, Gerold, Ebon y los demás que constituirían el núcleo de la fuerza de subyugación se encontraban en el Palacio Imperial realizando los preparativos finales, por lo que Eddie y Sebastian estaban solos en la mansión.

Por supuesto, la mansión pronto quedaría vacía. Ambos tenían previsto alojarse en otro lugar durante una temporada.

Como la mayoría de sus residentes partirían con la expedición, Eddie y Sebastian habían decidido mudarse.

El Emperador había logrado convencer a Eddie de que, en una época tan turbulenta, sería mejor trasladarse al Palacio Imperial que dividir al personal de seguridad.

En cuanto a Sebastian, había agitado las manos en señal de rechazo cuando Eddie le propuso que fueran juntos al Palacio Imperial.

—¿Al Palacio Imperial? Tan solo oír esas palabras me incomoda.

—Aun así…

—De verdad, me incomoda muchísimo. Si esa es tu manera de ser considerado conmigo, por favor, olvídalo.

Se opuso con vehemencia y decidió tomarse unas vacaciones pagadas hasta que regresaran los miembros de la expedición, por lo que volvería durante un tiempo a la residencia de su familia.

Eddie contempló largamente a Sebastian, que retrocedía con solo escuchar mencionar el Palacio Imperial, antes de decir:

—Pero, Sebastian…

—¿Sí?

—Si de todos modos vas a vivir con Gerold, tendrás que acostumbrarte a la vida de los nobles.

—…

¿Acaso Gerold era un noble cualquiera? Era descendiente directo de la familia del marqués Rivalt, una de las principales casas nobiliarias pertenecientes a la facción del Emperador. Era el perfecto ejemplo de un joven amo noble.

Aunque se ordenara a la gente según su perspicacia y Eddie ocupara firmemente el último puesto, aun él podía darse cuenta de la clase de relación que mantenían Sebastian y Gerold. Eran demasiado evidentes.

En lugar de negar su relación con Gerold, Sebastian optó por sonrojarse y guardar silencio.

En cualquier caso, los dos, obligados a mudarse contra su voluntad, pasaron el tiempo contemplando distraídamente cómo trasladaban las pertenencias que habían acumulado durante el breve periodo que vivieron allí.

Ketron, Gerold, Ebon e incluso la Espada Sagrada.

Todos los que conformaban la mansión partirían con la expedición. Eddie se sentía intranquilo.

…¿Y si eran derrotados?

Eddie sacudió la cabeza para ahuyentar aquel desagradable pensamiento. Pensar así traía mala suerte.

Mientras Eddie había permanecido incapacitado, Gerold y Ebon ya habían decidido unirse a la fuerza de subyugación del Rey Demonio, y él no podía cambiar ese resultado.

—¡Ya te dije que voy a matar a ese bastardo del Rey Demonio!

En el caso de Ebon, que demostraba abiertamente su lealtad hacia Eddie, era de esperarse.

—Lo hago por ti, por mi hermano y por el país. No tienes por qué sentirte en deuda.

Gerold se había expresado de aquella manera indirecta, pero tampoco negó que la expedición fuera por el bien de Eddie.

Era imposible detener tanto a Ebon, que mientras Eddie permanecía inconsciente había estado gritando que derrotaría al Rey Demonio, como a Gerold, que avanzaba impulsado por una ira acumulada en lo más profundo de su ser.

Los personajes que él mismo había creado partían en una expedición para protegerlo. En cierto sentido, podría considerarse algo romántico, pero el corazón de Eddie solo estaba cargado de emociones complejas.

Sus capacidades eran tan extraordinarias que destacarían como agujas en aquel mundo. Eran más que dignos de convertirse en compañeros del Héroe.

Seguramente por eso habían sido elegidos como los segundos compañeros de Ketron.

Eddie simplemente no podía librarse de la inquietud. El hecho de que Gerold y Ebon participaran en la expedición le daba la impresión de que la historia se desarrollaba exactamente como había sido escrita.

Sin embargo, la historia ya había desaparecido y era innegable que la participación de ambos contribuiría enormemente a la victoria de la humanidad.

Lo único que Eddie podía hacer era desear que los tres regresaran sanos y salvos.

—Como soy un espíritu ligado a una espada, debo moverme de acuerdo con la voluntad de Ketron, pero, aun así…

La Espada Sagrada Albatross, poseedora de una belleza radiante, manifestó abiertamente su decepción.

—Si fuera humano, quizá me habría quedado a tu lado. Eso habría sido más interesante.

Tras decirlo con una expresión sugerente, Ketron lo obligó a regresar a su forma de espada y se lo llevó a rastras, sometiéndolo a semejante humillación.

Así pues, aquel día en que todos habían partido hacia el Palacio Imperial para prepararse, Eddie, tras concluir finalmente los preparativos de su mudanza, se dirigió también hacia allí.

—Buenos días, Paki-nim.

Quien escoltaría a Eddie hasta el Palacio Imperial no era otro que Augustine.

—Hola, Augustine.

Eddie le sonrió con cierta incomodidad al sacerdote de combate, que siempre lucía una sonrisa refrescante. Desde que había descubierto la verdadera identidad de Eddie y recuperado sus recuerdos, Augustine parecía haberse vuelto un poco… ¿cómo decirlo?

Más apegado.*

En el pasado, Eddie había sentido que entre ambos existía al menos una delgada barrera, pero, últimamente, Augustine parecía no tener reserva alguna al relacionarse con él.

Probablemente se debía a que su condición de «amante de su amigo» tenía prioridad sobre la de príncipe.

Por supuesto, empezó a llamarlo Paki-nim y adoptó una forma de hablar más cortés, pero la distancia emocional entre ellos se había reducido claramente.

—Lamento molestarte cuando estás tan ocupado.

—No, no. Está bien. Quien tiene que correr de un lado para otro como un loco es Ketron, no yo.

Augustine soltó una sonora carcajada.

—Es muy cómodo no estar en una posición en la que tenga que ocuparme de la primera línea.

—Además, fue algo en lo que ese tipo insistió. Parece que tu seguridad es lo más importante para él.

Eddie no pudo evitar sonrojarse al oír aquellas palabras. Nunca antes había hecho algo así, pero sentía como si estuviera presumiendo ostentosamente su relación delante de sus amigos.

En cualquier caso, era evidente que Augustine se había tomado la molestia de escoltarlo personalmente a pesar de ser uno de los que partirían aquel día, por lo que Eddie le dio las gracias e inclinó la cabeza varias veces.

Una vez que ambos subieron al carruaje, Augustine lo puso en marcha. Después de mirar varias veces a Eddie con una sonrisa, abrió lentamente la boca.

—¿Por qué tienes esa expresión, como si tu país estuviera a punto de caer?

En lugar de fingir ignorancia y preguntar «¿Yo?», Eddie esbozó una sonrisa amarga.

—Porque siento que ahora mismo mi país está a punto de derrumbarse…

Aunque había hablado sin pensar demasiado, Augustine comprendió perfectamente sus palabras.

—¿Te preocupa Ketron?

—Sí. Y tú también, Augustine-ssi.

Al oírlo, Augustine sonrió y le dio las gracias. No se trataba de una mera cortesía; Eddie lo decía de corazón.

Tanto el Augustine al que había conocido por primera vez en la obra original como aquel al que conoció en persona eran la personificación de una energía luminosa, alguien increíblemente sincero. Eddie tampoco quería perderlo.

—Aun así, me alegra.

No era la respuesta más apropiada para alguien que acababa de expresarle su preocupación, y menos aún viniendo de alguien con la personalidad de Augustine. Eddie inclinó la cabeza.

—¿Qué cosa?

—Que haya alguien que se preocupe por él y desee que regrese.

Ketron era huérfano. Siempre había sido una persona sin un lugar al cual regresar.

A medida que creció y conoció a sus compañeros, ellos se convirtieron en su hogar, pero incluso eso lo perdió a causa de una dolorosa traición.

Ahora, para Ketron, el lugar al cual regresar y la persona que más deseaba su retorno no eran otros que el sitio al lado de Eddie y el propio Eddie.

—Es una fortuna que lo hayas encontrado.

Al ver que Augustine estaba sinceramente agradecido por ello, Eddie no dijo nada.

El carruaje aceleró y se aproximó poco a poco al Palacio Imperial.

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