¡¿Incluso después de transmigrar tengo que seguir haciendo negocios?! - Capítulo 136
Tal vez porque ya llevaba bastante tiempo viviendo en la mansión, Eddie fue recibido por una habitación que le resultaba un tanto familiar.
Cuando abrió los ojos por primera vez, había salido corriendo de inmediato con el único pensamiento de ver a Ketron, sin siquiera mirar a su alrededor. Pero ahora que había regresado, la ropa de cama desordenada estaba perfectamente acomodada.
Los rastros de que allí había permanecido acostado un enfermo habían desaparecido. Probablemente había sido obra de Gerold o Sebastian.
Eddie se rascó la nuca, todavía sintiéndose extrañamente incómodo por tener personas que lo atendieran.
La habitación que Eddie y Ketron compartían en la mansión contaba con una mesa de té aparte, pero…
—Oh.
Ketron rodeó la cintura de Eddie con los brazos y se tendió sobre la cama. Eddie, naturalmente inmovilizado bajo Ketron, observó cómo este enterraba el rostro en su pecho y cerraba los ojos. Sin sentirse incómodo, le acarició el cabello.
Los finos mechones se deslizaron entre sus dedos.
A Eddie le gustaban esos momentos. Esos instantes en los que podían sentir la presencia del otro sin pronunciar una sola palabra.
Le gustaba la sensación de que el cuerpo grande y firme de Ketron lo abrazara con fuerza, pero también le gustaba que lo sostuviera con tanta delicadeza.
¿En qué momento se habían vuelto tan cercanos?
Quizá era un poco tarde para planteárselo, considerando que ya habían compartido cama y todo lo demás, pero, en fin. Cuando se conocieron, ninguno de los dos habría podido imaginar que las cosas terminarían así.
En aquel entonces, Ketron no era más que un protagonista desdichado, atormentado por el deseo de destruir el mundo, y Eddie no era más que un extra.
La verdad era un poco diferente, pero, al menos, así habían sido las cosas por aquel entonces. Jamás habría imaginado que acabarían de aquella manera.
Ahora que lo pensaba, ya ni siquiera podía llamarlo «bebé»…
Después de comprobar plenamente el poder de aquel bebé, Eddie se tragó un gemido, sintiendo que ya no podía llamar a Ketron «mi bebé».
Tras pasar un rato acariciándole el cabello mientras Ketron mantenía el rostro enterrado en su pecho, Eddie abrió la boca con cautela.
—Ket, ¿estás listo para escuchar la historia?
A decir verdad, podía considerarse una historia extraordinaria o no tanto, dependiendo de cómo se mirara, por lo que se preguntó si de verdad era necesaria tanta preparación. Después de todo, no era más que una historia personal.
Sin embargo, también era una historia relacionada con aquel mundo, así que no podía guardársela.
Ketron asintió.
Eddie se tomó un momento para recuperar el aliento. Había reflexionado durante bastante tiempo sobre por dónde comenzar, pero, al final, solo había una cosa que debía hacer primero.
Contarle la historia de Lee Jeong-hoon.
—Ket, ¿qué pensarías si mi nombre no fuera Eddie?
Eddie abrió solemnemente el prólogo de su historia. Ketron hizo una breve pausa antes de responder:
—Te refieres a Pakirius.
—Ah, no. Ese tampoco.
Cierto, también tenía aquel nombre… Con una expresión de repulsión ante ese nombre que todavía sentía como el de otra persona —o, mejor dicho, que deseaba que fuera el de otra persona—, Eddie respiró profundamente y comenzó:
—Será una historia larga.
La historia de Lee Jeong-hoon.
Lee Jeong-hoon.
Nacido en una armoniosa familia de clase media, era una persona común, alto, apuesto y sociable.
Era un hijo dedicado a sus padres, había tenido algunas relaciones amorosas y, como desde pequeño le gustaba dibujar y crear personajes, estudió diseño en la universidad. Era una persona completamente normal.
Se graduó de una buena universidad siguiendo una trayectoria prácticamente perfecta y consiguió trabajo en una gran empresa, lo cual habría sido estupendo de no ser por aquella maldita primera compañía en la que entró.
Lee Jeong-hoon resistió exactamente un año.
Un mentor terrible, un jefe de equipo terrible y horas extra terribles.
En pocas palabras, así había sido todo.
Después de pasar casi un año experimentando los peores aspectos de la empresa, todos reunidos en un mismo lugar, renunció. El mismo día que dejó el trabajo recibió los resultados de un examen médico, repletos de señales de alarma, y terminó hospitalizado durante varios días.
Tras recibir el alta y quedarse desempleado, Lee Jeong-hoon pensó un día:
No sirvo para trabajar en una empresa.
Había trabajado en una gran compañía, había recibido su liquidación y no estaba precisamente en la ruina, pero calculó que necesitaría una suma considerable para abrir su propio negocio o hacer algo similar, así que solicitó un empleo de medio tiempo en una tienda de conveniencia cercana a su casa.
Fue entonces cuando descubrió que el sector de servicios se le daba mucho mejor de lo que imaginaba, y terminó abriendo su propia tienda de conveniencia.
Por supuesto, al principio sus padres se opusieron.
—Con todo lo que estudiaste, ¿por qué una tienda de conveniencia? Mejor deberías abrir una cafetería.
Sin embargo, su madre se puso de su lado.
—Después de que una mala empresa arruinara la salud de nuestro hijo y lo mandara al hospital, por fin encontró algo que se le da bien. ¿Por qué intentas desanimarlo?
Gracias a ella, pudo abrir su tienda de conveniencia sin ningún contratiempo.
También comenzó a vivir solo en un departamento cercano a la tienda.
La ubicación lo era todo para una tienda de conveniencia. La de Jeong-hoon se encontraba en un lugar bastante bueno y el apuesto Lee Jeong-hoon le resultaba agradable a todo el mundo.
Nadie sentía antipatía por aquel joven y amable propietario, por lo que el negocio marchaba bastante bien entre los vecinos.
A excepción de un empleado para el turno nocturno y algunos trabajadores de medio tiempo para los fines de semana, Jeong-hoon permanecía en la tienda casi todo el día de lunes a viernes. Para pasar el tiempo, estudiaba diseño o leía novelas web cuando estaba aburrido.
Estudiaba diseño porque pensaba que algún día podría sacar provecho de lo que había aprendido, mientras que leer novelas web era simplemente divertido.
«¿El héroe no oculta demasiado su poder?»
Tenía gustos amplios y disfrutaba leyendo casi cualquier cosa. Así fue como se encontró con aquella novela, que estaba cerca de finalizar.
Por supuesto, no tenía idea de lo que ocurriría después de leer su final.
Eddie le contó brevemente la historia de Lee Jeong-hoon. Desde su nacimiento en una clínica de obstetricia y ginecología cercana a su casa, pasando por la primaria, la secundaria, el bachillerato y la universidad, hasta las historias sobre su empresa y sus amigos que Ketron pudiera comprender; también le habló de la época en que hizo el servicio militar y de la buena relación que mantenía con su hermano mayor.
Y de cómo terminó todo.
—…Abrí los ojos y vi en el espejo a un hombre que jamás había visto.
La historia había llegado al momento en que despertó como Eddie en el Imperio Reneva.
—Intenté adaptarme como pude. Tenía una tienda de conveniencia y pensé que, si hacía bien las cosas, no había manera de que fracasara. Ahora que lo recuerdo, Gerold debió de encontrarlo realmente extraño. El hermano del Emperador esforzándose tanto por ganar dinero.
En aquel momento, había chasqueado la lengua en repetidas ocasiones, preguntándose qué demonios había estado pensando el Eddie original para administrar el negocio de aquella manera. Sin embargo, era él quien no sabía nada, aunque entonces lo ignoraba.
—Cuando me enteré de que el desfile estaba a punto de celebrarse, pensé: «Ah, entonces el protagonista debe de estar en algún lugar de este imperio y tengo que impedir que caiga en la oscuridad, ¿verdad?».
Ketron había escuchado la historia de Eddie sin decir una sola palabra, incluso cuando surgió el tema de su propia historia. Estaba tan callado que Eddie llegó a preguntarse si se habría quedado dormido, pero parpadeaba tranquilamente, con una expresión imposible de descifrar.
—No soy alguien con grandes poderes, pero pensé que, al menos, debía conocer al protagonista. Así que salí de la posada y…
Lo encontró en cuanto salió.
Al protagonista.
Más tarde descubriría que aquello también había formado parte de los designios de la «historia», pero, en ese momento, solo pensó: «¡Qué coincidencia!».
Lo llevó a la posada, herido y atormentado por el dolor de la traición, y después…
Eddie miró a Ketron. En cuanto vio aquellos ojos negros observándolo desde abajo, no pudo evitar sentir una oleada de cariño. Acercó aquel rostro y besó sus apuestos labios.
Antes de que se diera cuenta, las cosas habían acabado así.
—Ya conoces el resto de la historia.
Ketron continuó en silencio. El aire de su pausada respiración le hizo cosquillas en la punta de la nariz a Eddie.
—¿Estás decepcionado?
Eddie preguntó con cautela. Ketron, que había permanecido observándolo en silencio, adoptó una expresión desconcertada.
—¿Yo?
—…Sí. Sabía quién eras cuando te hablé.
Ah.
Ketron pareció comprender qué era lo que preocupaba a Eddie.
Le inquietaba que el acto de tenderle la mano con amabilidad a alguien a quien no conocía, pero de quien sabía que era el protagonista, pudiera parecer un engaño.
Y aquella era una preocupación completamente innecesaria. Ketron alzó las comisuras de los labios.
—Eddie me habría hablado aunque yo no hubiera sido yo.
¿Eh?
Los ojos de Eddie se abrieron ante aquellas palabras inesperadas.
—¿De verdad?
—Aunque no hubiera sido yo, no me habría abandonado después de verme herido.
Eddie pensó que no estaba tan seguro de eso, pero Ketron sí lo estaba. Eddie era esa clase de persona.
—Aunque no hubiera sido yo, le habría dicho a cualquier herido que podía quedarse.
Porque eres esa clase de persona.
Sin embargo, incluso mientras lo decía, Ketron —a quien no le agradaba que Eddie fuera demasiado amable— parecía aún más disgustado.
—Pero resultó que era yo.
Por supuesto, era cierto que Ketron se había desplomado frente a la posada de Eddie siguiendo los designios de la historia, pero Eddie habría acogido a aquella persona sin importar quién fuera.
Eddie, quien ni siquiera sabía si de verdad era tan amable y bondadoso, se rascó la mejilla con una expresión incómoda.
—¿No estás sorprendido? Porque no soy de este mundo y porque este lugar originalmente formaba parte de una novela.
—Mentiría si dijera que no estoy sorprendido, pero…
Ketron hizo una pausa, como si estuviera reflexionando sobre la mejor manera de expresarlo, pero pronto llegó a una conclusión.
—Para mí, no es tan importante.
—¿Cómo que no es importante?
—Lo que sí me importa…
Ketron levantó lentamente el cuerpo. Desde la posición de Eddie, su rostro se veía bastante sombrío. Entonces introdujo despacio una mano bajo la ropa de Eddie.
—…es que allí también te apuñalaron.
—Ah.
Ketron acarició bajo su ropa la zona donde Eddie había sido apuñalado. Irónicamente, el lugar de la herida era similar tanto en su vida anterior como en esta. De una manera escalofriante.
—Ahora estoy bien.
Por supuesto, aquellas palabras no mejoraron de inmediato la expresión de Ketron.
—Estoy bien. No me duele.
Eddie apenas consiguió contener una risa en medio de aquella situación tan seria.
Él tiene innumerables cicatrices y heridas provocadas por armas blancas y, aun así, se ve muy afectado por lo que me pasó a mí.
Por supuesto, decir que estaba bien también era un poco presuntuoso por parte de Eddie. Probablemente no sería capaz de permanecer solo entre desconocidos durante los próximos años. Y las personas que lo rodeaban tampoco se lo permitirían.
—Estoy bien.
Pero, frente a Ketron, que parecía como si hubiera sido él quien recibió la puñalada en lugar de Eddie, aquellas palabras simplemente escaparon de sus labios.
Ketron soltó un leve suspiro y acarició el pecho de Eddie con mayor delicadeza. Eddie se limitó a dejar que lo tocara cuanto quisiera.
Y, al cabo de un rato, aquellas caricias adquirieron gradualmente un matiz un tanto sugerente.
Eddie se dio cuenta de que algo no iba bien cuando Ketron le quitó la prenda superior con absoluta naturalidad.