¡¿Incluso después de transmigrar tengo que seguir haciendo negocios?! - Capítulo 131

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  4. Capítulo 131
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Aunque ya sentía que iba a morir de dolor y movía inquieto los pies, Eddie respiró profundamente y dijo con voz temblorosa:

—Mételo hasta el fondo.

Sin embargo, Ketron no parecía tener intención alguna de hacerlo. Negó con firmeza.

—Te lastimarás. Por hoy, dejémoslo hasta aquí.

…A primera vista, parecía una decisión razonable. Sin embargo, aunque el trasero de Eddie quedara a salvo, era imposible que Ketron se sintiera satisfecho cuando ni siquiera había logrado introducir la mitad.

Además, si se rendían así ese día, era evidente que Ketron vacilaría la próxima vez que mantuvieran relaciones.

Era un hombre que anteponía a Eddie a sus propios deseos. Siempre había sido así. Incluso cuando salvó un mundo que lo había olvidado, encontró una razón para volver a salvarlo porque era el mundo en el que podía vivir junto a Eddie.

Sin embargo, Eddie no quería que fuera tan considerado en aquellos momentos.

Por supuesto, deseaba que la experiencia fuera satisfactoria para ambos, pero también quería que Ketron disfrutara más de aquella relación. Quería que sintiera placer, que lo experimentara intensamente.

Eddie apretó las piernas que rodeaban la cintura de Ketron y lo atrajo con mayor fuerza hacia sí.

—¡Ugh!

Tomado por sorpresa, Ketron no pudo reaccionar ante el repentino tirón.

Empujado por el movimiento, el pene que apenas había quedado introducido avanzó más profundamente en su interior.

—¡Ugh!

—¡Ah!

Al sentir que penetraba bastante hondo debido al peso y al impulso, Eddie gimió y enterró el rostro en el cuello de Ketron. Entonces, al ver ante sus ojos sus orejas enrojecidas, las atrapó instintivamente entre los labios y las mordió con fuerza.

—Mmm…

Ketron dejó escapar un gemido que Eddie no supo distinguir si provenía del dolor o del placer. Eddie le susurró al oído entre pausas:

—Está bien… Haz lo que quieras.

—Eddie, te lastimarás…

—Te dije que está bien.

Aunque se lastimara, ¿qué importaba? Sería humillante, pero Ketron podía curarlo y, además, estaban los sacerdotes, ¿no? Teniendo en cuenta el comportamiento de los nobles de aquel país, sin duda debía existir al menos un sacerdote con experiencia en el tratamiento de desgarros en esa zona.

¡Por supuesto, quien tendría que soportar la vergüenza sería él!

—Si seguimos así, nos quedaremos aquí hasta el amanecer. ¿Mmm?

Eddie lo dijo mientras hacía girar las caderas con lentitud. Quizá porque su interior ya estaba cubierto de humedad, un fuerte sonido mojado resonó entre ambos. Avergonzado por aquel ruido, Eddie suplicó con el rostro enrojecido:

—No quiero que mi primera vez, ni la tuya, termine siendo un desastre.

¿Lo entiendes? Date prisa y tómame.

Con el único deseo de impedir que su primera vez acabara arruinada, Eddie le suplicó con sinceridad. Ketron, quien llevaba todo ese tiempo conteniéndose, preguntó con voz sombría:

—¿De verdad estás bien?

Sus ojos brillaban peligrosamente, como si intentaran advertirle. Sin embargo, a Eddie ya no le importaba que doliera y terminó de provocarlo:

—Fóllame hasta que no pueda pensar.

Aquel era el límite de Eddie. Apenas pronunció las palabras «fóllame», que jamás había imaginado que saldrían de su propia boca, levantó una mano para cubrirse el rostro.

Sin embargo, no pudo mantenerlo oculto durante mucho tiempo.

Ketron extendió la mano, sujetó bruscamente la que cubría el rostro de Eddie y se la apartó. Al contemplar su cara teñida de carmesí, dijo entre dientes:

—Tú empezaste esto.

Tras aquellas palabras, lo que hasta entonces había permanecido introducido a medias fue empujado hasta la raíz.

Los ojos de Eddie se abrieron de par en par ante la sensación de que su interior se ensanchaba interminablemente.

—¡Ah, ah!

Antes de que pudiera siquiera dejar escapar un gemido de sorpresa ante la penetración, que parecía golpearle las entrañas, Ketron retiró el pene como si estuviera arrancándole el interior y volvió a embestir.

¡Plaf!

—¡Ah!

Eddie se estremeció al sentir cómo lo llenaba por completo, alcanzando una profundidad que ni siquiera creía posible.

Inmediatamente después, como si hubiera liberado de golpe toda la contención acumulada, Ketron comenzó a embestirlo con intensidad.

Cuando retrocedía, arrastraba consigo la membrana de su interior.

—¡Ah, ugh!

Y cuando volvía a hundirse con un golpe, los fluidos calientes salpicaban en todas direcciones. El proceso se repitió varias veces y la entrada, sometida a aquellos movimientos violentos, no tardó en sentirse hinchada.

—Mmm…

Después de repetirlo varias veces, sus cuerpos quedaron empapados. Sobre todo la zona en la que permanecían unidos, tan mojada que parecía que alguien hubiera derramado agua encima. Cada vez que Ketron embestía, se escuchaba un vergonzoso sonido húmedo.

El pene salía con un ruido pegajoso y volvía a hundirse en su interior una y otra vez.

La sensación de sus paredes internas siendo presionadas, raspadas y agitadas con brusquedad hizo que un sutil placer comenzara a brotar en lo más profundo, y Eddie gimió sin poder contenerse.

—¡Ah, ugh, ah! ¡Espera, ah!

Sintiendo de verdad que el vientre estaba a punto de estallarle, Eddie intentó detenerlo instintivamente por un momento. Sin embargo, una vez que comenzó a moverse, la mirada de Ketron quedó completamente nublada por el deseo. Parecía incapaz de escuchar la voz de Eddie mientras se entregaba a la sensación de su pene aprisionado por aquel interior.

—Ah… Mmm…

La voz cargada de placer atormentó los oídos de Eddie. Aquel dulce gemido volvió a silenciar la petición con la que había intentado detener a Ketron.

En aquellos momentos, Eddie apenas podía hacer nada. Solo podía gemir y aferrarse al cuello de Ketron como si fuera un salvavidas, tratando de no dejarse arrastrar por aquella intensidad.

Durante todo el proceso, su cuerpo entero quedó cubierto de sudor. Sobre todo la parte inferior, donde permanecían unidos, estaba tan empapada que el interior de su vientre, aparentemente conquistado por el pene de Ketron, parecía rebosar de líquido.

Dolía. Dolía, pero no era únicamente dolor. Una sensación extraña se infiltraba entre este, aunque no tenía tiempo para concentrarse en ella.

—¡Ah, mmm, ah!

El pene penetraba, se retiraba y volvía a hundirse rápidamente, sin dejarle espacio mental para pensar en nada.

¡Plaf!

—¡Aaaah!

En cuanto los brazos con los que Eddie rodeaba el cuello de Ketron perdieron la fuerza, este atrajo su cuerpo aún más cerca. Eddie terminó apoyando las manos sobre sus hombros mientras se balanceaba.

Atrapado entre los brazos de Ketron y recibiendo sus besos una y otra vez, Eddie le entregó literalmente todo su cuerpo.

El enorme cuerpo de Ketron lo presionaba por todas partes, sin dejarle ninguna vía de escape. Aprisionado entre su corpulencia y la cama, Eddie se sacudía sin control.

Crujido.

La cama de la habitación para invitados distinguidos del Palacio Imperial era indudablemente resistente, pero ni siquiera ella pudo soportar las vigorosas embestidas de Ketron y comenzó a emitir crujidos peligrosos.

—Ah, ah… Eddie.

—Mmm… Ugh…

Eddie respondió a su nombre con un sonido que podía ser tanto una contestación como un simple gemido. Ketron levantó uno de los muslos que rodeaban su cintura y comenzó a embestir rápidamente entre sus piernas.

Plaf, plaf. El sonido de los golpes contra su interior resonó en la habitación. Eddie encogió los dedos de los pies ante el placer profundo y viscoso que experimentaba en lo más hondo del vientre.

—Ah, ah…

De haber conservado la lucidez, se habría sonrojado intensamente por aquella postura humillante y vergonzosa, pero para entonces Eddie ya no tenía tiempo de sentir pudor.

Ketron embestía sin apuntar a ningún lugar concreto. Sin embargo, debido a su tamaño, cada punto que alcanzaba se convertía en una fuente de estimulación que hacía estremecer a Eddie. Su enorme miembro compensaba la torpeza de sus movimientos, pero para Eddie aquello resultaba aún más devastador.

Porque, sin importar dónde lo penetrara, se sentía celestial.

Empujaba hacia dentro, se retiraba con un sonido húmedo y volvía a hundirse. Después salía hasta dejar únicamente el glande en su interior antes de embestir de nuevo. El cuerpo de Eddie se balanceaba débilmente.

Podía sentir cómo sus entrañas se movían al ritmo de Ketron. Cuando entraba, se tensaban; cuando salía, aquella presión se aliviaba de manera natural. Pese a ser su primera vez, su cuerpo parecía saber perfectamente cuándo apretarse y cuándo relajarse, hasta el punto de que Eddie sentía que ya no le pertenecía.

Pronto, su visión se tiñó primero de amarillo y después de azul, mientras el sudor y las lágrimas hacían brillar su rostro.

—Ket, Ket… Yo, yo… Ugh, ¡ah!

Sin saber qué intentaba decir, siguió llamando a Ketron por su nombre, y este respondió varias veces:

—Sí, Eddie.

Sin embargo, aquel intercambio apacible duró poco. Cuando Ketron comenzó a embestir precisamente en los puntos donde Eddie experimentaba mayor placer, desapareció hasta el último resquicio de tranquilidad.

—¡Mierda, ah, ugh!

Una vulgar maldición, algo poco habitual en él, escapó de los labios de Eddie.

Al escucharla, Ketron se echó a reír.

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