¡¿Incluso después de transmigrar tengo que seguir haciendo negocios?! - Capítulo 130

  1. Home
  2. All novels
  3. ¡¿Incluso después de transmigrar tengo que seguir haciendo negocios?!
  4. Capítulo 130
Prev
Next
Novel Info

—¡Ah!

Cuando Eddie, sobresaltado por el repentino movimiento, gimió ante la sensación de hormigueo en la parte inferior de su cuerpo, Ketron contempló fijamente su rostro, dejó escapar un breve suspiro y le arrebató el preservativo de la mano.

Eddie comprendió al instante qué clase de expresión tenía Ketron.

Parecía querer morirse.

Era la misma expresión que adoptaba cada vez que cada acción y cada gesto de Eddie lo excitaban.

Ketron se mostró momentáneamente confundido sobre cómo debía colocarlo. Aunque examinó el objeto durante unos instantes, enseguida comprendió para qué se utilizaba. Se puso el preservativo sobre dos dedos y volvió a llevar la mano hacia la parte inferior del cuerpo de Eddie.

En efecto, los dedos, ahora resbaladizos, volvieron a penetrar el interior de Eddie produciendo sonidos húmedos.

—Ah… Me duele.

Como jamás había sido penetrado antes, aquella zona rechazó ferozmente la invasión una vez más, haciendo que Eddie frunciera el ceño.

Que le introdujeran los dedos por detrás mientras estaba completamente sobrio resultaba doloroso y vergonzoso. Para ser sincero, si la otra persona no hubiera sido Ketron, Eddie no habría podido contenerse y le habría dado una patada.

Esto es amor.

No sabía qué otra cosa podía ser, pero si existía una relación que le permitía soportar algo semejante, solo podía explicarse como amor. Eddie apenas logró resistir aquel humillante proceso gracias a esa convicción, mientras respiraba profundamente.

Ketron se concentró en ensanchar su interior con los dedos, como si quisiera impregnarlo por completo de lubricante. Eddie sintió cómo el dolor hacía que su erección perdiera firmeza en tiempo real.

Finalmente, cuando Ketron introdujo tres dedos, Eddie ya aferraba con tanta fuerza las sábanas que los nudillos de su mano se habían vuelto completamente blancos.

—Eddie, ¿estás bien?

Ketron, quien observaba atentamente sus reacciones, le formuló la pregunta con cautela. Eddie asintió con firmeza pese a llevar en el rostro una expresión que dejaba muy claro que no estaba bien.

En realidad, le dolía. Afirmar que estaba bien era una mentira, pero tampoco sentía únicamente dolor.

Algún punto en su interior palpitaba de una manera dolorosa. Sin embargo, al mirar el rostro de Ketron, el dolor disminuía rápidamente y se volvía más soportable.

Quizá pueda hacerlo.

Aquel pensamiento cruzó su mente.

—…Espera un momento.

Cuando Eddie consideró que ya se había preparado lo suficiente, se incorporó y rebuscó entre el montón de preservativos esparcidos a un lado de la enorme cama para encontrar uno del tamaño adecuado. Lo había elegido basándose únicamente en las dimensiones y resultó ser ultradelgado.

Bueno, no está mal para la primera vez.

Eddie abrió el envoltorio. De inmediato brotó un líquido viscoso, señal de que se trataba de una marca con abundante lubricante.

Como era la primera vez de Ketron, Eddie trató de abrir personalmente el nuevo preservativo y colocárselo en el delfín. El obediente miembro se estremeció ligeramente cuando Eddie lo sujetó con firmeza, pero Ketron no intentó detenerlo.

Gracias a que su compañero cooperaba, debería haber podido colocarle el preservativo sin problemas…

—…¿Eh?

Pero el preservativo no entraba bien.

Eddie abrió la boca mientras observaba cómo el pene quedaba brutalmente comprimido en el preservativo, como si intentara ponerse un sombrero demasiado pequeño.

¿Qué es esto?

Aunque debía dolerle, Ketron se limitó a fruncir el ceño y permitió que Eddie hiciera cuanto quisiera. Por muy grande que fuera el glande, parecía excesivo que el látex lo apretara de semejante manera. Eddie incluso se preguntó si sería posible usarlo así y sentir algo adecuadamente.

En pocas palabras, el problema era que lo tenía demasiado grande. Aquel firme delfín se negaba a aceptar el preservativo y empujaba el látex transparente, como si quisiera preguntarle qué demonios intentaba colocarle encima.

Ver el preservativo cubriendo apenas la punta resultaba gracioso, pero Eddie no pudo reír.

Tragó saliva con dificultad mientras se preguntaba si de verdad tendría que recibir todo aquello en su interior.

Pensando que quizá había leído mal el tamaño, revisó el envoltorio. Al ver la enorme letra «L» impresa en él, no tuvo más remedio que dejarlo sobre la cama.

Eddie volvió a intentarlo, esforzándose por encajar algo que sencillamente no era del tamaño adecuado. Por supuesto, no ocurrió el milagro de que algo demasiado pequeño comenzara a quedarle bien de repente. El delfín, obligado a llevar aquel preservativo, parecía sufrir tanto como un dedo al que intentaran meter por la fuerza en un anillo demasiado estrecho.

—Ah…

Sin embargo, en cuanto escuchó a «su pequeño» emitir gemidos extraños debido a las caricias de Eddie, finalmente se rindió.

Eddie sabía perfectamente que el uso de preservativos se recomendaba para mantener relaciones sexuales sanas y placenteras. Sin embargo, por más que lo pensara, no creía que una relación en la que el preservativo apretaba tanto que le cortaba la circulación pudiera considerarse saludable.

Bueno, ya no me importa.

Pensó que, si simplemente lo intentaban, de alguna manera conseguirían que funcionara. No podía permitir que un simple preservativo arruinara su vida sexual.

Eddie arrojó despreocupadamente al suelo el preservativo que sostenía. Al escuchar cómo el látex húmedo se adhería al piso, volvió a recostarse sobre la cama.

—Simplemente mételo.

Lo exigió con voz decidida.

Ketron dirigió una breve mirada al preservativo pegado al suelo y luego contempló fijamente a Eddie, quien yacía ante él cubierto de sudor.

—¿Es algo que no necesito usar?

—Si te obligas a ponértelo, se te necrosará el pene.

Por supuesto, era poco probable que algo así sucediera de inmediato. Sin embargo, Eddie contuvo las lágrimas y desistió, pues no quería lastimar el nuevo delfín de su joven novio durante su primera experiencia.

Sí, de todos modos no podemos tener un bebé, así que basta con que se corra afuera.

Por supuesto, Eddie no esperaba que Ketron, una vez fuera de control, pudiera dominar la situación y retirarse a tiempo. Sin embargo, aquello también le parecía bien a su manera.

Ketron dejaría su marca en lo más profundo de su cuerpo.

Solo de imaginarlo, un escalofrío recorrió la parte inferior de su cuerpo.

Eddie terminó de envolver correctamente las piernas alrededor de la cintura de Ketron y lo atrajo hacia sí.

—Mételo rápido.

Ya que iba a hacerlo de cualquier modo, pensó que sería preferible terminar cuanto antes. Eddie lo apremió antes de que su determinación se desvaneciera. En aquellos momentos, la vergüenza y todo lo demás habían dejado de importarle.

Ketron, quien se había limitado a respirar con dificultad al escuchar aquellas palabras, frotó el pene contra el muslo de Eddie. Debido a la abundante humedad, sus muslos se empaparon de inmediato.

—Si te duele, dímelo.

—Sí.

—De lo contrario, no sé qué podría llegar a hacer.

—Sí.

Por supuesto, Eddie también lo sabía. No pensaba pedirle que se detuviera a menos que de verdad sintiera que estaba a punto de morir.

Era consciente de cuánto se había contenido Ketron y de cuánto lo había obligado él a soportar.

Sin embargo, cuando aquel enorme cuerpo se acomodó entre sus piernas abiertas y el miembro de Ketron rozó la entrada, que había vuelto a contraerse, Eddie se llenó repentinamente de temor. No tuvo más remedio que rodearle el cuello con los brazos y hundir el rostro en su nuca.

El aroma familiar de Ketron lo tranquilizó. Justo cuando sintió que los fuertes latidos de su corazón comenzaban a calmarse…

Escuchó un suave sonido húmedo.

—¡Ugh! Ah…

La punta, que hasta entonces solo había rozado la entrada produciendo sonidos semejantes a besos, finalmente comenzó a abrirse paso entre los pliegues y penetró en su interior. Eddie tuvo que morderse el labio con fuerza para no gritar.

La sensación era mucho más extraña de lo que había imaginado.

Duele, se siente extraño. ¿De verdad está bien hacer esto? ¿No se me desgarrarán las entrañas? Antes de eso, ¿no se me romperá la entrada? ¿Acaso esto no era imposible desde el principio?

Ketron sabía que Eddie estaba sufriendo, así que penetró con extrema lentitud, sin intentar introducirlo todo de una sola vez.

Eddie era consciente de que aquel movimiento lento y tortuoso debía resultar difícil para Ketron, pero aun así no fue capaz de decirle que estaba bien y que podía moverse con libertad.

Era demasiado grande. Dolía muchísimo. La desconocida sensación de que la carne de su interior estaba a punto de reventar hizo que Eddie solo pudiera estremecerse y soportarlo.

Por supuesto, Eddie no era el único que lo estaba pasando mal. Ketron dejó escapar un jadeo y apretó los dientes con fuerza.

La intensa presión que experimentaba por primera vez lo estaba volviendo loco y estimulaba ferozmente su miembro. Sin embargo, no poder moverse con libertad ni penetrarlo por completo tampoco resultaba agradable.

El delfín rosado, al que probablemente correspondía más de la mitad de la responsabilidad por aquella difícil situación, era incapaz de avanzar debido a la enorme presión. Eddie también intentó relajar el cuerpo, pero hacerlo no era tan sencillo como decirlo.

—Ugh… ¿Hast-hasta dónde entró?

Eddie formuló la pregunta con voz temblorosa.

—…Más o menos hasta la mitad.

Ketron vaciló un instante antes de responder.

Solo entonces, al escuchar su voz, la aguda intuición de Eddie se puso en funcionamiento.

Ni siquiera había introducido la mitad.

Prev
Next
Novel Info

MANGA DISCUSSION

© 2024 Ares Scanlation Inc. All rights reserved

Sign in

Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Sign Up

Register For This Site.

Log in | Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Lost your password?

Please enter your username or email address. You will receive a link to create a new password via email.

← Back to Ares Scanlation

Premium Chapter

You are required to login first