¡¿Incluso después de transmigrar tengo que seguir haciendo negocios?! - Capítulo 132
Ketron no tardó en descubrir qué punto le gustaba a Eddie y, a partir de entonces, comenzó a concentrarse únicamente en ese lugar.
—Ahhh… Mmm, ah… Ugh…
Gemidos incontrolables escaparon de sus labios. Incluso la saliva que le corría por la barbilla le resultaba completamente ajena. Eddie trató desesperadamente de contenerse, pero aquello escapaba a su control.
Instintivamente, intentó apartarse. Sin embargo, Ketron no tenía intención alguna de dejarlo escapar.
Eddie hizo un débil intento por huir, apartando con insistencia las sábanas adheridas a su cuerpo, pero Ketron detuvo el movimiento de inmediato y, como si quisiera castigarlo, volvió a embestir con fuerza, haciendo resonar un golpe seco contra sus nalgas.
—Ahhh…
—Ah… Ah…
Sintió como si la columna vertebral le vibrara. Sus nalgas, golpeadas repetidamente con fuertes palmadas, estaban adoloridas.
El pene de Eddie, completamente erecto y balanceándose con los movimientos, permanecía atrapado entre sus vientres. Aunque ya había eyaculado una vez, Ketron, como si estuviera siguiendo fielmente la petición de Eddie de no contenerse, continuó moviendo las caderas sin importarle su estado. Los húmedos golpes de sus cuerpos resonaban con fuerza.
En algún momento, Eddie sintió que las sábanas bajo su cintura habían quedado empapadas. Una parte parecía deberse al sudor, pero también había una considerable cantidad de fluidos corporales salpicando alrededor del lugar donde permanecían unidos.
Fuera lo que fuera, Eddie ya no podía distinguir si el líquido que escurría era el gel que antes cubría el preservativo, los rastros del delfín rosado completamente mojado o sus propios fluidos.
En cualquier caso, debido a la abundante humedad, cada embestida que agitaba su interior producía un fuerte sonido pegajoso que atormentaba sus oídos.
Era un sonido indecentemente húmedo, difícil de creer que proviniera de su propio cuerpo.
Cada ruido viscoso que asaltaba sus oídos hacía que Eddie, estremeciéndose sin control, levantara la cabeza con los ojos llenos de lágrimas por la vergüenza.
—Ket, ahí… ¡Ahí…!
—¿Aquí?
—Mmm… Ahí, ahí se siente bien.
Y cuando Ketron alcanzaba un punto especialmente placentero, Eddie soltaba involuntariamente un grito agudo y mordía el cuello de Ketron. A medida que el acto continuaba, su cuello quedó cubierto de marcas y la espalda a la que Eddie se aferraba terminó atravesada por largos arañazos. Sin embargo, ninguno de los dos les prestó atención.
—¡Ah, ugh…!
—¡Ugh!
Finalmente, cuando el miembro en su interior se hundió hasta lo más profundo y atravesó el punto de placer que ya había sido estimulado sin piedad, Eddie también eyaculó por la punta del pene.
Las gotas que salpicaron el abdomen de Eddie y el semen que desbordó su interior y comenzó a escurrir llenaron la habitación de un aire sofocante.
—Ah… Ah…
Eddie jadeó tratando de recuperar el aliento. Cuando su visión comenzó a enfocarse de nuevo después del acto, vio a su gato ronroneando como si estuviera satisfecho con el desenlace de un encuentro sumamente placentero.
Su gato, tan cubierto de sudor como Eddie, lamía el semen adherido a su mano. La escena resultaba vergonzosa, pero Eddie ya no conservaba fuerzas ni siquiera para sentir pudor.
Jadeando como si acabara de terminar una sesión de ejercicio extenuante, contempló distraídamente a Ketron y extendió una mano. Le limpió por costumbre la mejilla sudorosa, y Ketron restregó el rostro contra su palma con afecto.
Era exactamente igual que un gato de verdad buscando caricias.
—Ah…
Qué adorable.
Eddie sonrió satisfecho ante aquel pensamiento. Sin embargo, cuando Ketron besó la palma contra la que había estado frotando la mejilla y su expresión adquirió un matiz sugerente, todo el placer de Eddie desapareció, sustituido por una estridente alarma en su cabeza.
Ah.
Sabía perfectamente qué significaba aquello.
Ese era Ketron cuando su deseo estaba lejos de quedar satisfecho, cuando sus ojos comenzaban a perder la razón.
La parte inferior de Eddie, que todavía albergaba el miembro de Ketron, se tensó involuntariamente y lo apretó con fuerza. Sorprendentemente, pese a haber eyaculado una vez, su tamaño apenas había disminuido. Incluso había vuelto a ponerse completamente rígido.
—¿Eh…?
Eddie bajó la mirada hacia sus cuerpos con desconcierto. Sin embargo, al contemplar el vergonzoso aspecto del oscuro vello de Ketron, completamente empapado de diversos fluidos corporales, apartó rápidamente los ojos. Su rostro se encendió.
Aunque acababan de mantener relaciones frenéticamente, ahora que recuperaba poco a poco la razón, era una imagen que no podía soportar contemplar estando sobrio.
Por fortuna, su primera vez había sido un éxito. Ambos habían eyaculado dos veces, y la atmósfera suave y placentera parecía indicar que estaban disfrutando del reposo posterior.
Sin embargo, en contraste con aquella atmósfera, el problema era el delfín que seguía dentro de él y que no parecía tener intención alguna de abandonar su cuerpo.
Eddie sintió el semen rezumando entre la zona donde permanecían unidos. Cuando Ketron se movió ligeramente y comenzó a retirar el miembro que había permanecido hundido hasta la raíz, percibió cómo el semen acumulado desbordaba su interior.
—Ugh…
La sensación de aquello que lo había llenado abandonando su cuerpo le resultó extraña.
Gracias a Dios, por fin va a terminar.
Aliviado, Eddie relajó el cuerpo.
Sin embargo, aquello no significaba en absoluto que el acto hubiera llegado a su fin.
—Eddie.
Eddie esperaba que Ketron le preguntara si le dolía o si se encontraba bien.
—Una vez más.
Sin embargo, por alguna razón, las palabras que salieron de su boca le produjeron una intensa sensación de déjà vu.
Con los ojos brillantes, Ketron volvió a levantar las piernas inertes de Eddie y besó uno de sus muslos expuestos. Una marca roja se formó rápidamente sobre la piel blanca, empapada de sudor.
¿Qué…?
Sentía que ya lo habían engañado antes con esas mismas palabras y que, como consecuencia, había terminado contemplando el amanecer…
Eddie no fue capaz de responder. Por supuesto, no había sido tan ingenuo como para pensar que todo terminaría después de una sola vez, pero el número de veces que Ketron tenía en mente difería enormemente del que él había imaginado.
El rostro de Ketron, adornado con una sonrisa afectuosa poco habitual en él, parecía querer exigirle muchísimo más.
Eddie se estremeció involuntariamente. Por alguna razón, aquella mirada le recordó lo que había tenido que soportar hasta la mañana en otra ocasión.
Sin embargo, el ardiente miembro contra la parte inferior de su cuerpo estaba completamente preparado, sin importar lo que Eddie quisiera.
El delfín rosado, totalmente empapado, presionaba de nuevo contra la entrada que lo había albergado hacía apenas unos instantes. Al ver que Ketron contemplaba con satisfacción el semen que escurría de su interior, Eddie, cuyas fuerzas ya estaban prácticamente agotadas, comenzó a gimotear nuevamente.
—¿Por qué… por qué no tienes tiempo de recuperación…?
—Eddie.
Ketron ni siquiera le preguntó qué significaba aquello.
Su amante, más joven y rebosante de energía, con los ojos ya nublados por el deseo, estaba completamente preparado para penetrarlo de nuevo y lo contemplaba con expresión suplicante.
—Esta vez quiero besarte mucho mientras lo hacemos.
Su petición también era perfectamente clara.
—…Ugh.
Y Eddie todavía no sabía cómo resistirse a Ketron.
Al final, después de vacilar, solo pudo levantar los brazos debilitados y temblorosos para rodearle el cuello.
Esperaba que aquella ronda adicional fuera la última.
Sin embargo, como era de esperar, el acto no terminó allí.
Eddie soportó una vez más frente a frente y después otra con el cuerpo volteado. Ni siquiera tuvo tiempo de escandalizarse por la postura de apareamiento, semejante a la de los animales.
Al borde de las lágrimas, jadeaba que ya no podía más y que era demasiado. Sin embargo, ante la voz tranquilizadora de Ketron, volvió a ser sometido, exprimido hasta la última gota como una toalla mojada, durante toda la noche y hasta el amanecer.
—Ugh… Ah…
—Ah… Eddie.
Para cuando el cuerpo entero de Eddie quedó cubierto de semen, el sol realmente había comenzado a elevarse al otro lado de la ventana. Ketron, con una expresión que revelaba cierta satisfacción, finalmente lo dejó libre.
Sintiendo que estaba a punto de morir, Eddie hundió los dientes en su pecho, irritado por aquella expresión satisfecha. Sin embargo, cuando vio que Ketron sonreía como si incluso aquello le agradara, no tuvo más remedio que admitir su absoluta derrota.
Era una batalla que jamás habría podido ganar.
—Eddie, ¿quieres que te lave?
Demasiado exhausto para responder, Eddie se limitó a asentir. Ni siquiera tenía fuerzas para mover los dedos y ya había agotado toda la vergüenza de la que disponía ese día.
Tanto su cuerpo como la ropa de cama se encontraban en un estado que hacía imposible dormir así, por lo que agradeció que Ketron fuera a lavarlo.
Ketron, aparentemente incansable, levantó con facilidad el cuerpo de Eddie y lo llevó directamente al baño.
—Espera… solo un momento.
Por supuesto, Eddie no esperaba que Ketron introdujera los dedos para retirar los rastros que había dejado en su interior y luego reanudara el acto.
—¡Dijiste que ibas a lavarme!
Aunque gritó con la voz cargada de indignación, nada en el mundo podía detener a Ketron una vez que su deseo se había encendido de nuevo.
—Solo una vez más.
Con la garganta ronca después de haber sido sometido durante toda la noche, Eddie sintió cómo su interior se abría con naturalidad y envolvía suavemente el miembro de Ketron. Su pene, incansable y rígido, volvió a deslizarse sin dificultad dentro del lugar al que pertenecía.
—Ugh…
Con la voz apenas audible debido a la garganta lastimada, Eddie solo pudo rodear nuevamente el cuello de Ketron con los brazos.
Estaba pagando un precio terrible por haber subestimado la resistencia de su amante de veinte años… o, mejor dicho, de veintiuno, ahora que ya había pasado su cumpleaños.
Un amante que jamás perdería frente a nadie en cuanto a resistencia se refería.