¡¿Incluso después de transmigrar tengo que seguir haciendo negocios?! - Capítulo 13
Eddie había estado bastante ocupado por primera vez en mucho tiempo.
Tenía que cuidar de un gato adorable —aunque ya estaba creciendo bastante— y también pensar en un platillo nuevo y prepararlo.
Por fortuna, el gato parecía haber recuperado cierta estabilidad, y Eddie ya había decidido cuál sería el nuevo menú.
Ahora solo faltaba dejarlo listo para comenzar a venderlo.
Aunque Gerold era capaz de hacer casi cualquier cosa, Eddie no podía esperar que recreara mediante magia un platillo que jamás había visto y sin recibir ninguna instrucción.
Por eso, la tarea de aquel día consistía en que Eddie lo preparara personalmente primero, a modo de demostración.
—Mmm.
Los ingredientes que había seleccionado cuidadosamente estaban dispuestos frente a él.
En ese momento, la reputación de su posada en la capital probablemente era algo así como: «La extraña posada que vende aperitivos peculiares».
O quizá: «La posada que regala una leche increíblemente deliciosa».
Tal vez incluso: «¡El lugar del dueño tacaño que solo regala UNA leche, absolutamente una!».
En realidad, las habilidades culinarias de Eddie no eran nada extraordinarias.
Sabía cocinar al nivel de un hombre común que vivía solo.
De vez en cuando, cuando le daban ganas de preparar algo, buscaba en «NerTube» recetas que pudiera hacer con los ingredientes que tuviera en casa.
—«Si no lo tienes, puedes omitirlo~».
Confiando en aquel consejo, terminaba dejando fuera una gran cantidad de ingredientes y preparaba los platillos a su manera.
Aunque su cocina de soltero era lo bastante comestible para él, no alcanzaba un nivel adecuado para venderse.
Pero ¿qué ocurriría si vendiera esos mismos platillos en una tierra extranjera?
¿Qué pasaría si comidas que para él eran completamente comunes y corrientes resultaban especiales en aquel lugar?
Por supuesto, habría demanda.
No.
Tenía que haberla, porque estaba a punto de crear la oferta.
Mientras pensaba en ello, Eddie salió un momento de la cocina para tomar un respiro y vio una figura enorme de pie torpemente a mitad de las escaleras, observando el primer piso.
—…!
Ketron subió inmediatamente un escalón en cuanto sus miradas se cruzaron.
Como si aquello fuera suficiente para ocultarlo.
…¿De verdad cree que puede esconderse? ¿Con ese cuerpo enorme?
Eddie inclinó la cabeza por un instante, pero decidió que no importaba y lo llamó con una sonrisa.
—Ket, llegaste en el momento perfecto. Estaba a punto de preparar un platillo nuevo, pero me faltan manos. ¿Te importaría ayudarme?
En realidad, aquella receta no necesitaba ayuda adicional.
Pero si Ketron estaba intentando romper la jaula que él mismo había construido y salir al exterior, Eddie estaría encantado de ayudarlo a derribarla.
Ketron no respondió.
Sin embargo, el simple hecho de que ya hubiera abandonado su habitación demostraba que había desarrollado la voluntad de salir por sí mismo.
Eddie volvió a ofrecérselo.
—Cuando terminemos, podemos comer juntos. ¿Qué te parece?
Durante unos instantes, un silencio sofocante cayó entre los dos.
El rostro de Ketron permanecía tan inexpresivo como siempre, pero hubo un cambio sutil, como un único pétalo que cayera suavemente sobre la superficie de un lago en calma.
Entonces asintió.
Eddie había elegido dos platillos para la comida.
Uno era udon.
El otro, arroz con huevo y salsa de soya.
Podían parecer demasiado comunes, pero, desde la perspectiva de Eddie, aquellos dos platillos eran una elección magistral.
Aportaban una cantidad adecuada de carbohidratos, eran suaves para el estómago y tenían una composición y un precio apropiados para un menú de desayuno.
Por encima de todo, incluso un posadero aficionado como él podía prepararlos de forma deliciosa sin demasiada dificultad.
—Mmm, habría quedado mejor con un poco de tofu frito.
Por desgracia, el udon de la tienda de Eddie era una versión sencilla que solo incluía caldo, fideos y unos cuantos trozos de pastel de pescado.
Encima se espolvoreaba ligeramente shichimi togarashi.
Bueno, cualquier carencia podía resolverse más adelante cuando surgiera la oportunidad.
Después de todo, nadie podía esperar llenarse el estómago con la primera cucharada.
Ketron observaba a su alrededor como si incluso la cocina le resultara un lugar desconocido.
Había pasado la infancia en callejones, los primeros años de su adultez como mercenario viviendo al aire libre y, después de obtener la Espada Sagrada, había recorrido el continente entero.
No era extraño que una cocina común le resultara poco familiar.
—Ket, ¿podrías hervir esto?
Por eso, Eddie le asignó tareas relativamente sencillas, como cocer los fideos udon.
Como en aquel mundo no existían relojes con alarma para medir el tiempo, le dio una instrucción bastante abstracta.
—Apaga el fuego cuando los fideos estén lo bastante cocidos.
El problema era que, para alguien que apenas había cocinado en toda su vida —y cuya experiencia se limitaba a desmenuzar carne seca y mezclarla en una sopa aguada—, cocer correctamente unos fideos era una orden extremadamente complicada.
Sin embargo, Eddie le había asignado la tarea con tanta naturalidad, como si no fuera difícil en absoluto y como si no existiera la posibilidad de que Ketron no pudiera hacer algo tan sencillo, que este aceptó los fideos udon a regañadientes.
No fue capaz de admitir que no sabía hacerlo.
—…
Sosteniendo con torpeza aquellos fideos gruesos y rechonchos, más anchos que los normales, Ketron los colocó dentro de la olla de manera poco hábil.
Luego añadió agua y, después de manipular las cosas durante un rato, finalmente encendió el fuego para cocerlos.
Mientras tanto, Eddie preparaba pequeños acompañamientos y cocinaba el arroz.
Por fortuna, su tienda también tenía arroz crudo, así que podía prepararlo desde cero.
Por supuesto, si llegaba a vender esos platillos de verdad, utilizaría principalmente arroz instantáneo por comodidad.
Pero como también estaban preparando su propia comida, quería cocinarlo él mismo siempre que fuera posible.
Mmm. Como acompañamiento para sustituir el kimchi, ¿serían mejores el rábano encurtido o los cebollines silvestres encurtidos? También una ensalada. Y un postre. ¿Con eso bastaría? Sigue pareciendo demasiado sencillo… Tal vez sería bueno añadir un par de tortitas de carne marinada a la parrilla.
Mientras preparaba todo el banquete y reflexionaba sobre aquellas cuestiones, Eddie miró de pronto hacia Ketron para ver qué estaba haciendo.
Ketron observaba el interior de la olla con una expresión sumamente seria.
Los fideos udon ya no estaban simplemente hinchados.
Se habían expandido tanto que parecían estar disolviéndose en el agua.
—…¿Ket?
Cuando Ketron volvió la mirada al oírlo, su rostro no mostraba la menor comprensión de qué había hecho mal.
—¿Piensas seguir cociendo los fideos?
Como si hubiera estado esperando aquella pregunta, Ketron retiró de inmediato la olla del fuego.
Cuando vertió el agua, los fideos, tan pasados de cocción que parecían haberse deshecho, se fueron junto con el líquido turbio.
Los pocos que quedaron estaban tan blandos que se habían roto en pedazos.
Parecían más jirones de masa que fideos.
—…
—…
A esas alturas, incluso Ketron pareció comprender que algo había salido mal y miró de reojo la expresión de Eddie.
Después de un breve silencio, Eddie mostró una sonrisa radiante.
—Supongo que a Ket le gustan los fideos bien cocidos.
—Eh… Bueno…
Ketron no supo qué responder.
¿Una preferencia sobre el punto de cocción de los fideos?
Era imposible que tuviera algo así.
Ketron era del tipo de persona que comía cualquier cosa mientras fuera comestible.
Se sintió ligeramente abatido.
Acababa de darse cuenta de que había fracasado en una tarea que, a primera vista, parecía sencilla.
El hombre que había atravesado innumerables campos de batalla podía cumplir la demencial misión de derrotar al Rey Demonio.
Sin embargo, era incapaz de cocer correctamente unos fideos udon.
Eddie vio cómo las orejas invisibles sobre la cabeza de Ketron se inclinaban hacia abajo.
Se apresuró a hablar.
—Yo los prefiero un poco firmes. ¿Podrías preparar otra porción y cocerlos un poco menos?
Mientras lo decía, abrió otro paquete de la pila de fideos udon que había llevado y se lo entregó.
Ketron llenó otra olla con agua y comenzó a cocerlos de nuevo.
—Se te da bien calcular la cantidad de agua.
Eddie lo elogió mientras lo observaba.
En realidad, para hervir fideos no importaba demasiado que hubiera un poco más o menos agua.
Esta vez, cuando Ketron estaba a punto de retirar la olla mientras los fideos apenas comenzaban a cocerse, Eddie, que lo vigilaba atentamente, intervino con rapidez.
—Yo… los prefiero un poco más cocidos. Es cuestión de gustos.
Así que Ketron esperó un poco más.
De vez en cuando dirigía miradas nerviosas e inseguras hacia Eddie.
¿Está bien así? ¿Ya es suficiente?
Ese era, en términos generales, el mensaje de sus ojos.
Eddie intervino en el momento adecuado.
—Con eso debería bastar.
Al escuchar esas palabras, Ketron retiró rápidamente la olla y vertió el agua en el fregadero.
Al ver los fideos brillantes, gruesos y correctamente cocidos, Eddie lo colmó de elogios.
—Los cocinaste a la perfección. Exactamente como me gustan. Gracias, Ket.
Mientras tanto, Eddie había terminado de preparar el arroz y completado todo el banquete.
Con una sonrisa, mezcló la salsa para udon con agua caliente.
Luego repartió en los tazones los fideos que Ketron había cocido y espolvoreó un poco de shichimi togarashi por encima.
Así completó un udon de apariencia bastante respetable.
—Entonces, ¿comemos?
Los dos llevaron la comida hasta la mesa y dispusieron los platillos.
Mientras Eddie desaparecía para llamar a Gerold, Ketron observó en silencio el banquete que había preparado.
Dos botellas de salsa negra con dibujos y letras imposibles de descifrar.
Dos huevos crudos.
Dos huevos fritos.
Una ensalada imposible de identificar.
Una cosa amarilla igualmente desconocida.
Un platillo de carne que parecía carne, pero que tenía una forma que Ketron jamás había visto.
Y una gran montaña de arroz.
También estaban los dos tazones de udon que habían preparado juntos.
Uno tenía fideos elásticos y perfectamente cocidos.
En el otro flotaban fideos partidos dentro del caldo, pero seguía siendo udon de todas formas.
Era una comida bastante elaborada para tres personas.
A simple vista, parecía suficiente para alimentar a seis.
…¿Come más de lo que aparenta?
Ketron inclinó la cabeza, desconcertado, y tomó asiento en silencio frente a la comida.