¡¿Incluso después de transmigrar tengo que seguir haciendo negocios?! - Capítulo 10

  1. Home
  2. All novels
  3. ¡¿Incluso después de transmigrar tengo que seguir haciendo negocios?!
  4. Capítulo 10
Prev
Next
Novel Info

Habían pasado tres días desde que Ketron se instaló en la posada.

El festival también entraba en su tercer día y, a media jornada, la posada se encontraba relativamente tranquila. A menos que alguien estuviera gimiendo por la resaca de la noche anterior, la mayoría había salido apresuradamente para disfrutar de las festividades.

En ese momento, los ingresos eran bastante buenos gracias a los turistas.

Sin embargo, después necesitarían atraer todavía más clientes, no solo visitantes, sino también personas que acudieran con regularidad.

Mmm. Para lograrlo, no queda otra opción que revitalizar el restaurante y la taberna.

Eddie llevó los ingredientes hasta la cocina y los dejó a un lado por el momento. Luego comenzó de inmediato a calentar en una olla las gachas que había traído.

Ketron había aceptado la leche de plátano de Eddie, pero eso había sido todo.

Desde entonces no había salido de su habitación.

En otras palabras, no había comido ni una sola vez.

En El Héroe No Oculta Demasiado Bien su Poder, Ketron había realizado en una ocasión una marcha forzada demencial durante más de una semana, sin dormir, beber agua ni probar un solo bocado.

Había soportado aquella marcha agotadora, que resultaba dolorosa incluso para los lectores, y finalmente derrotó a uno de los altos mandos del Rey Demonio.

Aunque había luchado junto a Augustine, poseedor del Poder Divino.

Probablemente había sido la parte más dolorosa de leer.

Y, para colmo, tenía que desarrollarse en un desierto.

Arthur había causado muchos problemas durante aquel episodio.

Aunque sus compañeros intentaban detenerlo, salía corriendo detrás de espejismos asegurando que había un oasis más adelante y terminaba perdiéndose. En otra ocasión había dejado caer el único recipiente de agua, acabando así con toda su reserva para beber…

Por lo general, cuando algo le ocurría al grupo, Arthur era el responsable.

Bueno, era el típico personaje que sentía celos y envidia de Ketron, pero que finalmente terminaba aceptándolo como compañero.

No poseía grandes habilidades, pero era bueno improvisando y robaba escenas gracias a su papel cómico.

Quizá incluso todas aquellas estupideces formaban parte del gran plan del autor para llegar a ese final.

Por supuesto, eso no significaba que aquel desenlace pudiera perdonarse.

Eddie recordó cierto grito agonizante que alguien había dejado en la sección de comentarios.

[¡Aaaaaaaaaaaah! ¡¡¡Les dije hace muchísimo que abandonaran a Arthur!!!]

Mmm.

Mientras pensaba en aquello, todas las variedades de gachas terminaron de calentarse.

Eddie las colocó con cuidado sobre una bandeja y se dirigió a la habitación de Ketron.

Quizá debido al aroma sabroso y desconocido, algunos huéspedes del primer piso olfatearon el aire y volvieron la mirada hacia Eddie.

Pero como todavía no era un platillo destinado a los clientes, ignoró sus miradas y subió al segundo piso.

En realidad, la habitación estaba junto a la suya, así que la veía con frecuencia al pasar por el pasillo.

Sin embargo, la puerta permanecía cerrada con tanta firmeza que parecía separar aquel espacio del resto del edificio.

Eddie dudaba que alguna vez fuera a abrirse por iniciativa propia.

Primero llamó a la puerta por cortesía.

Inmediatamente después, la abrió sin esperar una respuesta.

Esa era toda la cortesía que estaba dispuesto a mostrar.

Ketron, que permanecía en la misma posición de dos días atrás, sentado con la cabeza ligeramente inclinada hacia la cama, abrió los ojos de par en par.

—¿Dormiste bien?

Eddie lo saludó alegremente.

—…

Por supuesto, aunque estaba en deuda con él, Ketron contempló desconcertado cómo Eddie irrumpía arbitrariamente en su espacio.

Eddie no lo sabía, pero cada vez que la conciencia de Ketron estaba a punto de hundirse en el abismo, aparecía ante él con una sincronización inquietantemente perfecta.

Esta vez había ocurrido lo mismo.

Por supuesto, todo era una simple coincidencia.

Eddie, ajeno a ello, levantó un poco la bandeja y entró con naturalidad.

—Uf, qué pesado.

En realidad, no pesaba tanto, pero exageró deliberadamente y colocó la bandeja frente a Ketron.

Un aroma sabroso se elevó de los tres tazones de gachas humeantes.

No sabía cuál te gustaría, así que preparé uno de cada clase.

Algo así.

Habría sido conveniente contar con una pequeña mesa, pero, por desgracia, la habitación no tenía ninguna.

Así que Eddie levantó con cuidado uno de los tazones calientes, tomó una cucharada y la acercó a Ketron.

—Esto son gachas. Se preparan cociendo mucho el arroz hasta que queda casi deshecho, así que es fácil de comer porque prácticamente es líquido. Pruébalo.

Aunque llevara varios días sin comer, debería ser capaz de ingerir gachas sin demasiados problemas.

Sin embargo, incluso con las aromáticas gachas de abulón y sus vísceras frente a él, Ketron apenas movió una ceja y no abrió la boca.

—¿No te gustan estas? Aunque no tengan muy buen aspecto, son sabrosas y están deliciosas.

Eddie sabía que el problema no era el sabor.

Desde la perspectiva de Ketron, probablemente se preguntaba por qué aquel posadero se empeñaba tanto en hacer todo eso.

Sin embargo, Eddie ya había aprendido que con Ketron resultaba más efectivo actuar sin vergüenza.

—Mmm. Si no te gustan estas, ¿qué te parecen estas otras?

Esta vez apartó las gachas de abulón y tomó una cucharada de las de res.

Volvió a acercársela a la boca.

Pero Ketron continuó sin abrirla.

Deberían ser menos difíciles de aceptar que las gachas de vísceras de abulón…

Eddie se sintió un poco decepcionado porque se trataba de gachas de res, algo que solía gustarle a todo el mundo.

Intentó ofrecérselas varias veces más, pero los labios de Ketron permanecieron firmemente cerrados, sin permitir que nada los atravesara.

—Mmm.

Finalmente, las gachas de res regresaron a la bandeja.

Ketron se limitó a observar a Eddie con cautela.

Debido a su mirada, podía parecer que lo estaba fulminando con los ojos.

Sin embargo, Eddie sabía cuántos malentendidos y momentos incómodos había sufrido Ketron en la novela precisamente por aquella expresión tan particular.

Por eso, ante los ojos de Eddie, su apariencia se reducía a una sola cosa.

Un gato desconfiado.

Por supuesto, si alguien le preguntara: «¿Dónde existe un gato tan enorme?», no tendría ninguna respuesta.

Leopardos, jaguares, tigres…

No era que no le vinieran a la mente otros felinos, pero, por alguna razón, aquella bestia herida solo le parecía un gato.

—Supongo que te gustan las cosas dulces porque todavía eres un bebé.

Finalmente quedaban las gachas de calabaza.

A diferencia de las anteriores, tenían un intenso color naranja y despedían un aroma dulce.

Cuando Eddie las acercó justo frente a su nariz, Ketron ya no pudo soportarlo más y abrió la boca, que hasta entonces había mantenido cerrada.

—…¿Qué estás haciendo?

—¿Eh? Te estoy dando de comer.

Eddie inclinó la cabeza.

Como si lo extraño de la situación no fuera su propio comportamiento, sino la reacción de Ketron.

—Sigues poniéndote exigente con la comida, así que no me queda otra opción.

Pero esta vez Ketron no se dejó arrastrar.

Unos días atrás había bebido aquella leche sin querer, pero solo porque Eddie lo había tomado por sorpresa y lo había confundido.

No pensaba permitir que aquel hombre volviera a manejarlo a su antojo.

—Nunca te lo pedí.

Ketron respondió mientras observaba con cautela las gachas de calabaza que permanecían justo frente a su boca.

Eddie soltó una risita al verlo mirar de reojo la cuchara, como si temiera que entrara sola en su boca, igual que la pajilla que le habían introducido a la fuerza la última vez.

—Hueles mal.

—…!

Los ojos negros de Ketron se abrieron de par en par ante aquel comentario inesperado.

Antes de que pudiera recuperarse del impacto, Eddie continuó:

—Me gustan las cosas limpias. Todos los huéspedes de nuestra posada tienen que estar limpios. Te estoy dando de comer para que no te desplomes cuando te bañes con agua caliente y el estómago vacío. Come esto y luego ve a lavarte. Y después de bañarte, ¿me dejarás revisar tus heridas?

Tras decirlo, volvió a acercar la cuchara a la boca de Ketron.

—Hueles mal. Báñate. Come y báñate.

Ketron recibió de lleno aquel devastador ataque triple.

Por supuesto, su aspecto era desastroso.

Parecía un mendigo capaz de rodear con el brazo los hombros de otro mendigo y llamarlo hermano.

No había podido creer que sus compañeros lo hubieran traicionado hasta verlo con sus propios ojos.

Por eso había atravesado el lejano desierto y vendido todas sus posesiones valiosas para pagar una teletransportación hasta el Imperio.

En medio de todo aquello, era imposible que hubiera tenido la presencia de ánimo necesaria para lavarse y arreglarse.

Ya habían pasado tres días desde que llegó a la posada, pero había permanecido sentado en el mismo lugar como una estatua, así que continuaba cubierto de suciedad.

Por supuesto, no era que Ketron tuviera la costumbre de no bañarse.

Al contrario, era bastante meticuloso con su higiene, algo poco común para aquella época.

Pero dadas las circunstancias, no había podido evitar terminar en semejante estado.

Aunque decirlo en ese momento solo sonaría como una excusa.

Por alguna razón, aquello le pareció bastante injusto.

Las gachas de calabaza volvieron a quedar frente a su boca.

—Tienes que comer rápido para poder bañarte.

Cuando Eddie volvió a enfatizar las palabras «comer y bañarte», Ketron abrió finalmente la boca con resignación.

Las gachas todavía estaban calientes, así que Eddie introdujo la cuchara despacio y con cuidado.

Ketron comió mecánicamente.

Entonces sus ojos volvieron a abrirse de par en par.

—¿Qué te parecen?

Su reacción había sido idéntica a la que mostró al probar la leche de plátano.

Sin embargo, a diferencia de aquella ocasión, Ketron recuperó rápidamente la compostura y no permitió que Eddie volviera a escucharlo decir «dulce».

Era una lástima no poder oír aquella tierna respuesta.

Aun así, Eddie sonrió en secreto al verlo picotear las gachas de calabaza como un polluelo.

Aquello tenía un encanto diferente.

En realidad, después de probar una o dos cucharadas, Ketron podía haber tomado el tazón y seguir comiendo solo, pues sus brazos no estaban heridos.

Sin embargo, por alguna razón, ni Eddie, que lo alimentaba, ni Ketron, que recibía cada cucharada, llegaron siquiera a considerar esa posibilidad.

La porción no era demasiado grande, así que el tazón quedó vacío en poco tiempo.

—Ahora vamos a bañarte, bebé.

Al escuchar esas palabras, Ketron se puso de pie de un salto, como si hubiera estado esperando ese momento.

Se había obsesionado tanto con la idea de que olía mal que había terminado comiendo sin darse cuenta.

Hasta hacía apenas unos minutos, había estado tan profundamente hundido en sus pensamientos que ni siquiera reparaba en la suciedad de su cuerpo.

Sin embargo, ahora sentía una intensa comezón por no haberse lavado correctamente durante varias semanas.

Por supuesto, Eddie había exagerado al decir que olía mal.

Pero eso ya no importaba en ese momento.

Aun así, Ketron no podía dejar pasar aquel ofensivo apelativo, por lo que se opuso a sus palabras.

—No soy un bebé.

—¿Entonces?

El rostro de Eddie se veía relajado mientras formulaba la pregunta.

En otras palabras, le estaba pidiendo que le dijera cómo debía llamarlo.

—…

Después de que su rostro se hiciera conocido y alcanzara la fama, Ketron había comenzado a llevar la capucha muy baja y evitaba decir su nombre siempre que podía, pues no quería que lo reconocieran como el Héroe de la Espada Sagrada.

Por supuesto, ocultar su identidad nunca había sido fácil.

La enorme Espada Sagrada.

Su altura y constitución excepcionales.

Y aquella aura singular, áspera e imposible de refinar.

Todo eso hacía que resultara difícil pasar inadvertido.

Ketron estaba a punto de cerrar la boca por costumbre.

Sin embargo, entonces recordó que ya casi nadie conservaba memoria de aquel nombre.

Abrió lentamente los labios.

—…Ketron.

—Ah, es un nombre bonito.

Tal como esperaba, el hombre reaccionó como si jamás lo hubiera escuchado.

A partir de entonces, la mayoría de las personas responderían de aquella forma.

La expresión de Ketron estaba a punto de ensombrecerse al recordar que todos lo habían olvidado cuando Eddie añadió:

—Entonces ve a bañarte rápido, Ket.

Las cejas de Ketron se estremecieron ante aquel extraño apodo.

Prev
Next
Novel Info

MANGA DISCUSSION

© 2024 Ares Scanlation Inc. All rights reserved

Sign in

Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Sign Up

Register For This Site.

Log in | Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Lost your password?

Please enter your username or email address. You will receive a link to create a new password via email.

← Back to Ares Scanlation

Premium Chapter

You are required to login first