Hasta una ardilla solitaria tiene un hogar - Capítulo 81
Cuando recuperó la conciencia, lo primero que Garam percibió fueron los sonidos a su alrededor.
Sin necesidad de abrir los ojos para examinar el sitio, supo que se encontraba en el ambiente familiar de un hospital.
Se dio cuenta de que últimamente había estado viniendo allí con una frecuencia inusual.
Hasta entonces, las únicas veces que había visitado la sala de urgencias habían sido en momentos relacionados con la muerte: cuando sus padres y su abuela sufrieron accidentes.
En aquellas ocasiones, apenas había logrado reunir fuerzas en las piernas, sintiendo que podía desplomarse en cualquier momento, solo para encontrarse en el hospital con los cuerpos fríos y sin vida de sus seres queridos.
Al recordar aquellos acontecimientos, su mente, antes adormecida, se despejó de golpe.
Aun así, Garam permaneció recostado, inmóvil, con los ojos cerrados, perdido en sus pensamientos.
Fue después de conocer a Sa Muheon cuando empezó a venir al hospital de esta manera.
Dos veces había sido Sa Muheon quien lo llevó personalmente hasta allí, y esta vez probablemente había sido Jang Seokgyu quien lo trajo.
La última imagen del rostro sobresaltado de Jang Seokgyu apareció en su memoria.
¿Qué clase de sentimientos habría tenido Sa Muheon al enterarse de que Garam se había desmayado y había sido llevado al hospital?
Ante ese pensamiento, los párpados de Garam temblaron.
Lentamente, abrió los ojos y parpadeó un par de veces hasta que su visión borrosa recuperó el enfoque.
—…
Cuando giró la cabeza, vio a Sa Muheon sentado junto a la cama.
Sa Muheon estaba en una silla, con los brazos cruzados y los ojos cerrados.
Garam contempló durante un momento su figura dormida y tranquila antes de mirar alrededor.
A diferencia de la ruidosa sala de urgencias a la que estaba acostumbrado, esta vez había despertado en una habitación silenciosa.
Garam se incorporó despacio y observó el lugar.
A simple vista, parecía una habitación privada y costosa.
No sabía cuánto tiempo había estado inconsciente, pero no creía que su estado justificara haber sido ingresado en una habitación tan lujosa.
Mientras miraba a su alrededor, su atención se congeló cuando la puerta de la habitación comenzó a abrirse en silencio.
Frufrú.
El sonido de las sábanas arrugándose bajo su agarre tenso llegó a sus oídos, pero estaba demasiado concentrado como para preocuparse por algo tan trivial en ese momento.
¿Debía despertar a Sa Muheon?
Tragando saliva con nerviosismo, Garam decidió que gritaría si era necesario.
Justo cuando se preparaba para ello, la puerta se abrió por completo y apareció un rostro conocido.
—Ah…
La tensión abandonó el cuerpo de Garam por puro alivio.
Quien entró fue Jang Seokgyu.
Al ver a Garam sentado en la cama, Jang Seokgyu se sobresaltó visiblemente y se acercó de inmediato.
—¿Cuándo despertaste? Director Sa…
La mirada de Jang Seokgyu se dirigió hacia Sa Muheon.
Los ojos de Garam siguieron ese movimiento y, poco después, se encontraron con la mirada afilada de Sa Muheon.
—Ah…
Sa Muheon parecía haber despertado con el sonido de Jang Seokgyu entrando.
A pesar de que hasta hacía unos instantes estaba dormido, no había ni rastro de somnolencia en sus ojos penetrantes.
Un breve silencio cayó sobre la habitación.
Jang Seokgyu miró a los dos, que se observaban sin decir una palabra, luego carraspeó con incomodidad y dio un paso atrás.
—Bueno, iré a avisarles que despertaste.
Sin esperar respuesta, Jang Seokgyu salió rápidamente de la habitación.
Garam observó su figura alejarse antes de volver la mirada hacia Sa Muheon.
Sa Muheon seguía en silencio, mirándolo con una intensidad ardiente.
—…El teléfono.
Todavía atrapados en lo que parecía un enfrentamiento silencioso, Sa Muheon finalmente abrió la boca.
Garam inclinó ligeramente la cabeza, sin entender a qué se refería.
Sa Muheon suspiró en voz baja y habló de nuevo.
—El teléfono. ¿Por qué no contestaste?
La pregunta, breve y cortante, parecía reflejar su frustración.
Pero Garam, que aún no comprendía bien el contexto, no entendió de inmediato de qué hablaba Sa Muheon.
—¿Qué teléfono?
Sa Muheon dejó escapar un profundo suspiro en respuesta.
Solo entonces Garam recordó que no había contestado la llamada de Sa Muheon antes de desmayarse.
—Ah…
Al notar que Garam había recordado la situación, Sa Muheon volvió a hablar.
—Sabes lo que pudo haber pasado. ¿Y si hubieras vuelto a tu forma original en ese estado? ¿Y si Seokgyu hubiera tardado un poco más en encontrarte?
Su tono era tranquilo y no más alto de lo habitual, pero las emociones en su voz eran inconfundibles.
A Garam no le resultó difícil distinguir que Sa Muheon estaba enojado.
Sin embargo, no estaba claro hacia quién iba dirigida exactamente esa ira.
¿Hacia Garam por no contestar la llamada?
¿Hacia Jang Seokgyu por dejarlo solo?
¿Hacia Ryu Beomju por provocar aquella situación?
¿O quizá hacia el propio Sa Muheon?
Incluso después de que Sa Muheon terminó de hablar, Garam no respondió.
Aunque su silencio debía resultar frustrante para Sa Muheon, él no lo presionó para que contestara.
Simplemente cruzó los brazos y esperó con paciencia.
Después de un rato, Garam separó los labios como si fuera a decir algo.
Pero en ese momento la puerta de la habitación se abrió.
—Veo que ya despertó. ¿Cómo se siente?
Una enfermera entró y comenzó a revisar rápidamente el estado de Garam.
Tras ella, Jang Seokgyu se quedó cerca de la puerta, con las manos unidas detrás de la espalda, fingiendo no notar la atmósfera incómoda de la habitación.
Garam lanzó una mirada a Sa Muheon.
Le preocupaba que la interrupción lo hubiera molestado, pero Sa Muheon solo asintió levemente, como si le indicara que respondiera a la pregunta de la enfermera.
Solo entonces Garam habló con vacilación.
—…Creo que estoy bien.
—Ingresó ayer y permaneció inconsciente durante todo un día. La fiebre le subió un poco, pero por fortuna no volvió a su forma original, así que su condición no fue demasiado crítica.
Los ojos de Garam se abrieron al escuchar que había estado inconsciente durante un día completo.
—Por ahora está bien, pero como antes hubo una situación delicada cuando sí volvió a su forma original, lo mejor es tener precaución. El médico tratante recomendó que permaneciera hospitalizado en observación por el momento.
La enfermera miró alternativamente a Garam y a Sa Muheon, como si esperara que tomaran una decisión.
Sa Muheon parecía dispuesto a responder, pero Garam habló primero.
—Eh…
Todas las miradas se dirigieron hacia él.
Garam tragó saliva con nerviosismo y continuó.
—¿Sería… posible que me fuera a casa?
Las cejas de Sa Muheon se fruncieron ligeramente, pero Garam no tenía intención de retractarse.
No creía que su condición justificara permanecer hospitalizado.
Además, sentía que recuperarse en casa sería mucho más cómodo.
—Si eso es lo que prefiere el paciente, debería estar bien. Solo hablen con su tutor y avísennos.
La enfermera dijo que esperaría su decisión y salió de la habitación.
Jang Seokgyu la siguió rápidamente.
Cuando quedaron solos, un silencio incómodo volvió a asentarse en el cuarto.
Sa Muheon fue el primero en romperlo.
—Sería mejor que permanecieras hospitalizado por ahora.
—No. Quiero ir a casa.
Garam negó con la cabeza y respondió en voz baja, pero firme.
Una de las cejas de Sa Muheon se arqueó.
—¿Por qué?
—Simplemente… los hospitales me incomodan. Creo que me sentiría mejor en casa.
—…
Sa Muheon frunció ligeramente el ceño.
Garam, preocupado de que insistiera, jugueteó nerviosamente con la manta entre sus manos.
Por fortuna, Sa Muheon no discutió durante mucho tiempo.
Después de unos instantes, asintió.
—Si eso te hará sentir más cómodo, entonces hagamos eso.
Ante esas palabras, el rostro de Garam se iluminó de inmediato con una sonrisa brillante.
La expresión rígida de Sa Muheon pareció suavizarse un poco, pero enseguida volvió a endurecerse.
—Aun así, si tu condición empeora, volveremos al hospital de inmediato. Tenlo presente.
—¡Sí…!
Aunque sus palabras sonaron como una advertencia, Garam asintió con una sonrisa.
Solo entonces Sa Muheon dejó escapar una risa baja y se puso de pie.
Sin embargo, cuando levantó la mano para acariciarle la cabeza, Garam se estremeció instintivamente.
—…
—Ah…
La breve risa desapareció, dejando tras de sí un silencio frío.
Garam quiso dar alguna explicación, pero no había forma de justificar su reacción de antes.
La expresión de Sa Muheon, que hasta entonces solo había estado rígida, se volvió aterradoramente fría.
Su rostro mostraba claramente ira, y esta vez su objetivo era inequívoco.
—…Lo siento.
La disculpa murmurada en voz baja solo hizo que la expresión de Sa Muheon se ensombreciera aún más.
—¿Por qué te disculpas?
—…
—Hay otra persona que debería estar disculpándose. Tú lo sabes.
Mientras Garam se mordía el labio y agachaba la cabeza, el pesado suspiro de Sa Muheon cayó sobre él.
Sintiendo que las lágrimas podrían desbordarse si levantaba la cabeza, Garam la bajó aún más.
Sa Muheon, que había estado de pie frente a él, dobló lentamente una rodilla y se arrodilló.
Sobresaltado, Garam levantó la cabeza a medias, y la imagen de Sa Muheon arrodillado frente a él llenó su visión.
Impactado, Garam extendió la mano de manera instintiva, pero Sa Muheon la tomó con suavidad antes de que pudiera alcanzarlo.
—Escúchame bien.
—…
Con la mano atrapada, Garam abrió mucho los ojos y miró a Sa Muheon en silencio.
—No hiciste nada malo. Ni una sola cosa.
—Ah…
—Así que no tienes por qué andar con cuidado conmigo, ni tampoco tienes por qué disculparte.
Mientras hablaba, apretó con firmeza la mano de Garam.
Garam, sin darse cuenta, asintió lentamente.
Solo entonces la rigidez en la expresión de Sa Muheon comenzó a relajarse un poco.
Al ponerse de pie una vez más, todavía sostenía la mano de Garam.
—Vamos a casa.
—…¡Sí!
La palabra «casa» en boca de Sa Muheon se sintió especial.
Una pequeña sonrisa apareció de forma natural en los labios de Garam mientras respondía.