Hasta una ardilla solitaria tiene un hogar - Capítulo 80

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Todavía tosiendo como si estuviera a punto de ahogarse, Garam levantó la cabeza y miró con furia a Ryu Beomju.

Ryu Beomju sonrió con burla y le agarró un puñado de cabello.

Al acercar la cabeza de Garam hacia él, habló en voz baja.

—No actúes con tanta arrogancia.

—Cof, ah…

—¿Cuánto tiempo crees que ese maldito bastardo serpiente seguirá pegado a ti de esa manera? ¿Amante? Qué lunático, traer consigo a un mocoso ingenuo como tú…

Ryu Beomju recorrió a Garam de arriba abajo con la mirada y soltó una risa breve.

A pesar de estar sujeto por él, la mirada de Garam seguía siendo afilada.

—¿De verdad crees que te aprecia sinceramente?

Por primera vez, una grieta apareció en la expresión de Garam ante el susurro de Ryu Beomju.

Al haber heredado los instintos de un depredador, Ryu Beomju no pasó por alto ni la más mínima fisura.

Como un tigre incluso cuando imitaba la voz de un gato, lo notó todo.

Una sonrisa siniestra se extendió por sus labios.

—No hay forma de que se preocupe de verdad por una ardillita patética como tú. Lo sabes, ¿no? Ese maldito bastardo serpiente nació en una familia bastante decente.

—…

—¿Por qué alguien a quien no le falta nada se esforzaría en crear una debilidad como tú, eh?

Los ojos de Garam, tan cerca de los de Ryu Beomju, vacilaron sin rumbo.

Ryu Beomju se burló y continuó hablando.

—Ese bastardo seguramente quiere algo de ti.

—…Ja.

—Solo te mantiene cerca porque le eres útil, idiota.

Garam cerró los ojos con fuerza para no revelar que su corazón había sido sacudido.

Pero sus oídos, todavía abiertos, no podían bloquear los susurros implacables de Ryu Beomju.

—No eres alguien a quien están protegiendo. Eres solo una herramienta esperando a ser usada.

—…¿Qué sabes tú?

—Mucho. Al menos más que tú.

Ryu Beomju soltó una risita y aflojó el agarre sobre el cabello de Garam.

Garam terminó desplomándose de manera humillante sobre el suelo.

Más que el hecho de verse como si estuviera suplicando, tirado frente a Ryu Beomju, lo que más lo humillaba era que, aunque solo hubiera sido por un instante fugaz, su confianza en Sa Muheon había vacilado por culpa de sus palabras.

Apretando los dientes, Garam se incorporó.

Aunque seguía sentado en el suelo, al menos ya no estaba derrumbado de forma tan miserable.

—No sé qué te habrá dicho ese maldito bastardo serpiente para endulzarte el oído, pero…

Ryu Beomju se levantó, dejando a Garam sentado en el suelo.

Volvió a acomodarse sobre el escritorio como si fuera un rey y miró a Garam desde arriba.

—Si crees que alguna vez podrás significar algo para ese bastardo, renuncia a esa idea desde ahora. No vayas a llorar y lamentarte después.

—Ja…

Aunque Ryu Beomju usaba «bastardo serpiente» como un insulto hacia Sa Muheon, era él mismo quien movía aquella lengua bífida como una serpiente verdaderamente vil.

—Claro, sé que no tomarás bien mis palabras.

—…

—Aun así, mi madre te acogió y te crio. Podríamos decir que somos algo así como hermanos, ¿no?

Al ver a Ryu Beomju soltar una risita mientras hablaba, Garam sintió que una neblina roja de furia le nublaba la vista.

Cómo se atrevía.

Cómo se atrevía ese hombre a mencionar siquiera a la abuela.

—¿Quién te crees que eres?

Garam escupió esas palabras entre dientes.

La risa de Ryu Beomju desapareció de golpe.

—¿Qué?

—¿Quién te crees que eres para hablar de la abuela?

—Ja.

Ryu Beomju sonrió con burla e inclinó la cabeza, como invitándolo a seguir hablando.

Rechinando los dientes, Garam continuó.

—¿Tienes idea de cuánto sufrió ella por tu culpa…?

—Oh, ¿en serio?

—¡Por tu culpa, la casa de la abuela…!

Aunque la garganta le ardía de dolor, Garam obligó a su voz a salir con todas sus fuerzas.

Solo después de hablar se dio cuenta de que el hombre frente a él era la raíz de todos sus problemas.

—Esa deuda… Esa también fue obra tuya, ¿verdad?

—¿Deuda? No sé de qué estás hablando.

Ryu Beomju respondió con indiferencia, pero por su reacción Garam estuvo seguro de que había estado involucrado.

Sus puños apretados comenzaron a temblar.

—¡Mentiroso! Fuiste tú, ¿verdad? ¡Fuiste tú!

—Tal vez estás diciendo tonterías porque casi te mueres hace un momento.

Ryu Beomju soltó una risita y se levantó con tranquilidad.

Al verlo como si estuviera a punto de marcharse, Garam luchó por ponerse de pie.

—Tú fuiste quien me hizo poner la casa de la abuela a tu nombre.

—Ah, eso. ¿No dije que le entregaría esa casa a un mendigo como tú por caridad?

—Esa deuda, los mil millones de wones a mi nombre… ¡eso también fue cosa tuya…!

En algún momento, las lágrimas comenzaron a correr por el rostro de Garam.

Ni siquiera sabía por qué estaba llorando.

No estaba triste.

Simplemente estaba furioso.

Ese día, Garam comprendió por primera vez que incluso la ira extrema podía hacer llorar.

—¡Dijiste que ni siquiera necesitabas esa cantidad de dinero! Entonces, ¿por qué…?

Aun mientras las lágrimas caían, Garam bloqueó el paso de Ryu Beomju, exigiendo una explicación.

Ryu Beomju, que lo miraba con molestia, levantó una mano y se revolvió el cabello con irritación.

—¿Que por qué?

El hombre que antes había insistido en que no sabía nada finalmente dejó caer su máscara y mostró su verdadera naturaleza.

—Ja, ¿por qué no? Porque eres el blanco más fácil.

—…

Garam apretó los dientes.

Si no lo hacía, sentía que gritaría allí mismo.

No tenía idea de cómo expresar el torbellino de rabia, injusticia y tristeza que se agitaba en su interior.

Lo único que deseaba era que Ryu Beomju desapareciera de este mundo para poder encontrar por fin algo de paz.

Pero, contrario a sus deseos, Ryu Beomju seguía de pie frente a él, y Sa Muheon, quien decía ser su protector, no estaba por ninguna parte.

Solo entonces Garam comprendió que en ese momento estaba completamente solo.

El miedo llegó tarde, arrastrándose dentro de él.

El hombre frente a él lo aterraba, y se sintió avergonzado de sí mismo por tener miedo.

—Hip…

Ryu Beomju sonrió con burla y extendió la mano cuando Garam mantuvo los labios fuertemente cerrados sin responder.

Incluso al ver la mano de Ryu Beomju acercándose hacia él, Garam no pudo hacer nada.

Ni siquiera fue capaz de pensar en esquivar aquella mano que se aproximaba lentamente.

Solo pudo observarla con impotencia mientras se acercaba más y más.

Fue entonces cuando Garam comprendió que estaba completamente paralizado por el miedo.

En ese instante, lo único que pudo hacer fue cerrar los ojos con fuerza para no ver la mano que venía hacia él.

—Ahora sí pareces una ardilla.

Pero la violencia que Garam esperaba no llegó.

Ryu Beomju simplemente lo empujó a un lado con facilidad.

Su voz estaba cargada de una burla evidente.

Al darse cuenta de ello, Garam abrió lentamente los ojos que había mantenido cerrados con fuerza.

Pero, aun así, no fue capaz de hacer nada más.

Lo único que pudo hacer fue observar a Ryu Beomju mientras destrababa la puerta cerrada.

—Antes eras tan arrogante que hasta dudé de que fueras una ardilla.

—Hip, ah…

—Vine hoy como advertencia. El silencio de ese maldito bastardo serpiente me hace pensar que está tramando algo. Necesito averiguar qué es. Y para descubrirlo, incluso una ardillita como tú puede serme útil.

El aire que Garam había estado conteniendo escapó en jadeos entrecortados.

Miró a Ryu Beomju mientras respiraba con dificultad.

Ryu Beomju sonrió con malicia y continuó hablando.

—Te contactaré de vez en cuando, así que asegúrate de contestar de inmediato. No me ignores.

Ryu Beomju agitó la mano con burla mientras pronunciaba sus últimas palabras.

Salió del salón de clases, y Garam permaneció inmóvil en su lugar hasta que el sonido de sus pasos desapareció por completo.

Poco después, su rostro quedó cubierto de lágrimas.

Desde el momento en que Ryu Beomju empezó a burlarse de él, las lágrimas habían comenzado a caer sin que se diera cuenta.

Pero lo que hizo que Garam se sintiera aún más miserable fue el hecho de que su cuerpo hubiera estado tan paralizado por el miedo que no pudo hacer otra cosa más que llorar.

La abuela le había enseñado que aquello con lo que uno nacía no lo determinaba todo.

Pero, al final, él no era más que una ardillita patética.

La prueba era que había sido completamente impotente ante Ryu Beomju.

Las lágrimas seguían corriendo sin parar por el rostro de Garam.

Las piernas le fallaron y le resultó difícil mantenerse de pie.

Garam se desplomó en el suelo y derramó lágrimas en silencio.

En ese momento, el teléfono en el bolsillo de su abrigo comenzó a vibrar.

Aunque las lágrimas seguían bajando por su rostro, Garam tanteó dentro del bolsillo y sacó el celular.

El nombre en la pantalla pertenecía a la última persona que quería ver en ese momento.

[Sa Muheon]

Aunque su visión estaba borrosa, esos tres caracteres resaltaban con una claridad vívida, atravesándole los ojos.

Garam soltó una risa amarga.

Las lágrimas no mostraban señales de detenerse.

A pesar de la humillación que había sufrido a manos de Ryu Beomju apenas unos momentos antes, le pareció absurdo que ver el nombre de Sa Muheon le produjera una fugaz sensación de alivio.

Y, aun dejando ese sentimiento de lado, de verdad no quería verlo ahora.

Garam miró fijamente el teléfono, que seguía sonando con insistencia.

Era como si Sa Muheon, decidido a no colgar primero, estuviera resuelto a seguir llamando hasta que Garam contestara.

Pero, al final, Garam no respondió.

En cambio, volvió a guardar el teléfono en el bolsillo y, con el cuerpo carente de fuerza, consiguió moverse hasta apoyar la espalda contra la pared.

Al descansar el rostro sobre las rodillas, por fin sintió que una sensación de alivio lo envolvía.

Aunque sus lágrimas seguían cayendo y empapando sus rodillas, no pudo dejar de llorar.

Garam permaneció así durante mucho tiempo.

Mucho después, Jang Seokgyu, tras recibir una llamada de Sa Muheon, irrumpió en el edificio y buscó en cada salón hasta encontrar a Garam.

Cuando Jang Seokgyu vio el estado en que se encontraba, palideció.

Solo se había alejado por un breve momento, y ahora Garam estaba hecho un desastre.

Garam quiso decirle que estaba bien, pero ningún sonido salió de su boca.

Abrió ligeramente los labios, pero lo único que pudo pensar fue en lo pesados que se sentían sus párpados.

Lo último que Garam vio antes de perder el conocimiento fue a Jang Seokgyu extendiendo la mano hacia él con desesperación.

Y entonces, la oscuridad volvió a envolverlo.

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