Hasta una ardilla solitaria tiene un hogar - Capítulo 59
Jang Seokgyu hizo contacto visual con la ardilla posada sobre su hombro y levantó una ceja. Sin embargo, al ver que Garam no reaccionaba, simplemente se encogió ligeramente de hombros y entró.
Sa Muheon, que caminaba delante, chasqueó la lengua y sacudió la mano con suavidad. Garam se dio cuenta de que era la misma mano que había mordido antes de huir. Su mirada siguió de forma natural aquella mano que cortaba el aire.
Y parecía que Jang Seokgyu, que no sabía nada de la situación, también lo había notado, pues carraspeó y le hizo una pregunta a Sa Muheon, que caminaba al frente.
—¿Está herido?
Como solo era una mordida de una ardilla pequeña, no había forma de que Jang Seokgyu, de pie a cierta distancia, pudiera ver la herida. Sa Muheon miró brevemente en dirección a Jang Seokgyu antes de volver a apartar la cabeza.
—No.
Su respuesta fue seca. Pero, como si quisiera evitar más preguntas, volvió a abrir la boca.
—Me golpeé con algo.
Jang Seokgyu no pareció encontrar nada extraño en eso y asintió en señal de comprensión, pero la mirada de Garam permaneció fija en la mano mordida de Sa Muheon.
Garam seguía conmocionado porque Sa Muheon le hubiera tocado la cola y, sobresaltado por la llegada repentina de Jang Seokgyu, había mordido instintivamente la mano de Sa Muheon con más fuerza de la que pretendía. La sensación de sus dientes hundiéndose en la carne había sido inconfundible. Era probable que la mano de Sa Muheon tuviera una marca visible de mordida.
Aun así, Sa Muheon desvió la curiosidad de Jang Seokgyu con una excusa ridícula, como si no hubiera pasado nada. La forma en que parecía restarle importancia al incidente por consideración a Garam dejó a Garam con sentimientos encontrados.
No había duda de que lo había lastimado. Debió de arderle, pero Sa Muheon habló como si no fuera gran cosa. Garam no pudo evitar que su mirada se moviera entre la mano y el rostro de Sa Muheon. Aunque se sentía culpable, una parte de él también estaba resentida. Después de todo, ¿por qué Sa Muheon había estado tocándole la cola en primer lugar?
Sa Muheon se acomodó en el sofá de la sala. Jang Seokgyu, que había ido a entregar un informe, extendió la mano para darle unos documentos, pero pareció notar tardíamente la presencia de la ardilla aún posada en su hombro. Lanzó una breve mirada a Garam.
Al darse cuenta tarde de que había permanecido demasiado tiempo sobre el hombro de otra persona, Garam se sobresaltó y bajó rápidamente por el cuerpo de Jang Seokgyu. Su descenso final fue más bien un salto desde una altura considerable. Alarmado, Jang Seokgyu se inclinó torpemente y extendió la mano, pero Garam ya había aterrizado sin problemas en el suelo y lo miraba desde abajo.
—Uf…
Jang Seokgyu soltó una pequeña exhalación, aparentemente impresionado por sus movimientos rápidos, y miró fijamente a Garam. Sa Muheon, que había estado recostado en el sofá, se incorporó a medias como si estuviera listo para correr al lado de Garam en cualquier momento. Sus labios se separaron como si fuera a llamarlo, pero enseguida los cerró de nuevo y volvió a apoyarse contra el sofá.
Al observar la reacción de Sa Muheon, Garam salió corriendo. Cuando entró en el dormitorio ligeramente abierto, la voz de Jang Seokgyu llegó desde atrás. Garam se detuvo para escuchar su conversación.
—Se dirige a su dormitorio, señor.
—…Déjalo.
Normalmente, Sa Muheon jamás habría dejado que Garam fuera solo a ninguna parte, pero ese día lo permitió, probablemente por lo que acababa de ocurrir entre ellos.
Al escuchar la respuesta de Sa Muheon, Garam continuó hacia el dormitorio.
Era una habitación a la que ya se había acostumbrado. Sus pequeñas garras hacían suaves clics contra el suelo. Subiendo los pequeños escalones que Sa Muheon había preparado para él, Garam llegó a la cama y se dirigió directamente a la mesita lateral.
Saltando a la pequeña cama colocada allí para él, Garam se dejó caer.
—…Chii.
Con un pequeño suspiro, levantó los brazos y se frotó la cara con furia. La cabeza le daba vueltas por los acontecimientos que se habían desarrollado con tanta rapidez.
Lo más desconcertante era por qué Sa Muheon le había tocado la cola en secreto en primer lugar.
Aunque Garam vivía actualmente en su forma original, como una pequeña ardilla, eso no significaba que fuera realmente una ardilla. Era un cambiaformas ardilla hecho y derecho, y además adulto.
Y aun así, que otro cambiaformas —ni siquiera un humano ignorante— jugara casualmente con su cola de esa manera era un poco…
Cuanto más lo pensaba, casi podía volver a sentir la mano de Sa Muheon sobre su cola. El rostro le ardió ante el recuerdo, y se frotó la cara todavía con más fuerza.
Pero esta vez, ni siquiera eso bastó para disipar su vergüenza. Al final, pataleó unas cuantas veces antes de que la vergüenza comenzara a disminuir.
Después de calmar sus emociones agitadas, Garam retomó el hilo de sus pensamientos.
Cuando llegó por primera vez a esa casa, hubo algunas ocasiones en las que Sa Muheon le había tocado las orejitas o acariciado la cola esponjosa.
Pero eso había sido cuando Sa Muheon de verdad pensaba que Garam era solo una ardilla que había recogido de la calle. No tenía sentido mencionar ahora esos incidentes del pasado. Si Garam se hubiera encontrado con un animal real, probablemente habría actuado de manera similar.
Sin embargo, ahora las cosas eran diferentes. Sa Muheon sabía que Garam no era una ardilla, sino un cambiaformas ardilla. Tocar la cola de un cambiaformas dormido… solo había una razón que Garam podía imaginar para una acción así.
Solo podía interpretarse como una señal de querer formar un vínculo, o quizá pasar una noche juntos.
Ese pensamiento hizo que Garam tragara saliva.
—Chii, chii…
«N-no puede ser…»
Sa Muheon ciertamente había dicho esas palabras cuando llevó a Garam a esa casa por primera vez. A pesar de todos los prejuicios contra los cambiaformas serpiente, le había asegurado con firmeza que no tenía absolutamente ninguna intención de ese tipo al traerlo allí.
Pero ahora, tocarle la cola en secreto mientras dormía… ¿cómo se suponía que debía interpretarlo? Su mente era un torbellino de pensamientos.
Y había una cosa más que dejó a Garam inquieto.
—¡Jang Seokgyu! ¡Atrápalo!
Las palabras que Sa Muheon había gritado detrás de él cuando mordió su dedo y huyó seguían resonando en su mente.
Garam había corrido no para escapar de la casa, sino simplemente para alejarse por un momento de la mano de Sa Muheon. Sin embargo, Sa Muheon había gritado con una voz aterradora, como si Garam estuviera a punto de huir de la casa por completo. Eso fue lo que hizo que Garam se sintiera aún más confundido.
Ryu Beomju siempre lo menospreciaba, llamándolo un cambiaformas ardilla tonto. Pero Garam había crecido escuchando de su abuela que era una ardilla lista y maravillosa. En realidad, Garam estaba lejos de ser una ardilla tonta.
Sabía muy bien los peligros de salir descuidadamente y arriesgarse a ser capturado por Ryu Beomju. Sa Muheon se lo había explicado, y Garam había estado de acuerdo con su razonamiento, sin encontrarle fallas.
Por eso, desde que Sa Muheon lo llevó a esa casa, Garam jamás había pensado en salir por su cuenta ni había querido hacerlo.
Y, aun así, Sa Muheon parecía seguir preocupado de que Garam abandonara la casa. Eso hizo que Garam se sintiera un poco herido. Y aquella voz fuerte que había estallado detrás de él también lo había asustado.
Abatido, Garam dejó caer los hombros mientras recordaba el día en que Sa Muheon lo había traído de vuelta a esa casa y las palabras que le dijo entonces.
“Creo que no estabas mintiendo. Pero todavía no puedo confiar completamente en ti.”
¿Sería por eso? Claro, Sa Muheon había admitido que no era alguien que confiara fácilmente en los demás y había dicho que esperaría y observaría hasta que todo quedara claro…
—Chii…
«Aun así…»
Garam había pensado en secreto que, para entonces, todas las dudas de Sa Muheon ya se habrían resuelto.
Incluso antes de que Garam empezara a vivir en su forma original, Sa Muheon había comenzado a mostrarle una considerable amabilidad, incluso mimándolo abiertamente. Por eso Garam creía que Sa Muheon finalmente le había abierto su corazón.
Garam entendía que lo que Sa Muheon le ofrecía no era exactamente afecto, ni tampoco simple compasión; era algo que caía en algún punto intermedio, nacido de la lástima por un niño atrapado en una situación complicada.
Pero para Garam, incluso eso era suficiente. Sin embargo, la posibilidad de que Sa Muheon aún desconfiara de él hizo que Garam reconsiderara todo lo que Sa Muheon le daba como algo temporal, algo que podía terminar en cualquier momento. Y esa comprensión lo dejó un poco desanimado.
—Fiu…
Un suspiro escapó de él. Sobresaltado por su propio suspiro, Garam levantó la cabeza y miró rápidamente alrededor. Por suerte, la voz de Sa Muheon aún podía escucharse débilmente a través de la puerta entreabierta, lo que indicaba que seguía hablando con alguien. Curiosamente, solo saber que Sa Muheon estaba cerca tranquilizó a Garam.
Puede que Sa Muheon no confiara completamente en Garam, pero al menos Garam confiaba por completo en él.
Si Sa Muheon descubriera cómo se sentía Garam, ¿cómo reaccionaría? ¿Pensaría que Garam era un poco tonto e ingenuo?
Pero Garam no podía evitarlo. Sa Muheon le había tendido la mano voluntariamente cuando estaba acorralado y había elegido convertirse en su protector. Era natural que Garam confiara en él y le abriera su corazón.