Hasta una ardilla solitaria tiene un hogar - Capítulo 40

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Por fortuna, Minjae no siguió presionando a Garam y le hizo una leve inclinación de cabeza a Sa Muheon.

—Lo siento. Hyung ha estado metido en algunos problemas últimamente. Me disculpo por el malentendido.

—Bueno…

Ante aquella disculpa educada, Sa Muheon también asintió.

—Si son cercanos, es natural preocuparse así.

—Gracias por entender. Hyung, entonces nos vemos la próxima semana. Comamos juntos.

—Oh, está bien…

Después de escuchar la respuesta de Garam, Minjae se marchó sin dudar. Garam miró distraídamente su figura alejándose antes de volver la vista hacia Sa Muheon.

—¿Lo conoce?

—No que recuerde…

—¿Entonces por qué actúa así? Normalmente no es así.

Mientras Garam inclinaba la cabeza confundido, Sa Muheon sonrió de manera significativa, pero Garam no lo notó porque seguía mirando a Minjae desaparecer.

—Luego se lo explicaré. Perdón por las molestias que causé…

Ante la disculpa de Garam, Sa Muheon sacudió ligeramente la cabeza.

—Olvídalo. No te preocupes por algo tan insignificante.

Luego tiró suavemente del hombro de Garam, guiándolo hacia adelante.

—Vamos. Ya terminaste todo lo que tenías que hacer en la universidad, ¿verdad?

—Eh… sí.

Al escuchar la respuesta de Garam, Sa Muheon comenzó a caminar sin dudar. Garam lo siguió de cerca, medio apoyándose contra su costado. Sentía que la gente los miraba, pero no se atrevía a apartar la mano de Sa Muheon.

Por suerte, una vez que salieron del edificio, Sa Muheon soltó el hombro de Garam. Sin decir mucho, los dos regresaron al estacionamiento.

El campus seguía lleno de estudiantes. El corazón de Garam volvió a agitarse con una emoción silenciosa.

Habiendo vivido solo, sin familia, Garam siempre disfrutaba ir a la universidad.

Conversar con compañeros y superiores cercanos era divertido, y poder seguir estudiando lo que amaba lo hacía feliz. Incluso se sentía frustrado por no poder dedicar todo su tiempo al estudio porque tenía que compaginarlo con un trabajo de medio tiempo.

Por eso se había sentido tan decaído cuando solicitó la licencia. Poder volver así a la universidad se sentía como un sueño.

Mientras observaba a Sa Muheon caminar un paso delante de él, Garam extendió la mano en silencio y tomó el borde de su chaqueta. Fue un contacto ligero, pero Sa Muheon se detuvo de inmediato y se giró para mirarlo.

—¿Qué pasa?

Sa Muheon pareció ligeramente sorprendido al principio, pero al ver que Garam estaba bien, volvió enseguida a su sonrisa habitual.

Garam quería darle las gracias, pero al mirar su rostro, las palabras se le hicieron incómodas. Aun así, era algo que debía decir. Apretando el borde de la chaqueta de Sa Muheon, Garam reunió valor para hablar.

—Creo que nunca le di las gracias apropiadamente…

—¿Por qué exactamente?

Al ver que Sa Muheon sonreía mientras decía eso, Garam sintió que su nerviosismo se derretía. Una leve sonrisa apareció también en su rostro.

—Por dejarme volver a la universidad.

—¿Tanto te gusta la universidad?

Sa Muheon murmuró como si de verdad sintiera curiosidad. Garam finalmente soltó una risa y asintió.

—Sí. Me gusta mucho. Por eso quería darle las gracias.

Sus palabras estaban llenas de sinceridad. Sa Muheon lo miró desde arriba sin decir nada. Luego le dio unas ligeras palmaditas en la cabeza antes de seguir caminando. Garam lo siguió en silencio.

Cuando llegaron al auto, Sa Muheon abrió la puerta del pasajero y habló.

—Eres un chico bastante peculiar.

—Probablemente por eso terminé viviendo en un parque.

Esta vez, Garam respondió con tono juguetón mientras subía al auto. Sa Muheon soltó una risa y cerró la puerta.

—

—Uf…

Al bajar del auto, Garam se estiró.

Había pensado que irían directamente a casa después de salir de la universidad, pero Sa Muheon lo había arrastrado a otra tienda departamental. Esta vez, una distinta.

Garam lo miró como si quisiera preguntarle por qué estaban allí, pero Sa Muheon solo dijo que todavía tenían compras por hacer, dejando a Garam exasperado.

Por más que protestó, Sa Muheon no cedió. Al final, Garam no tuvo más remedio que seguirlo de un lado a otro y comprar todo lo que él aseguraba que necesitaban antes de que por fin pudieran volver a casa.

Aunque Garam no estaba en mala condición física, ser arrastrado a comprar sin descanso resultaba agotador. Se estiró de nuevo apenas bajó del auto, lo que hizo que Sa Muheon soltara una carcajada como si acabara de ver algo divertidísimo.

—¿Eso fue suficiente para agotarte?

Ante esas palabras, Garam le lanzó una mirada fulminante. Pero Sa Muheon solo se rio todavía más, encontrando divertida incluso su expresión molesta.

Sin importar que Sa Muheon se estuviera riendo de él, estirarse hizo que Garam se sintiera un poco mejor. Después de bajar los brazos, vio que Sa Muheon ya se dirigía a la puerta principal.

Cuando entraron, Garam se quedó inmóvil al ver las bolsas de compras alineadas en la entrada.

—…¿Hay tantas cosas?

—Hay más que ni siquiera han llegado todavía.

Garam las miró con expresión cansada, pero Sa Muheon solo les echó un vistazo, se encogió de hombros y entró.

Deteniéndose frente a la habitación que hasta entonces había estado vacía, Sa Muheon le hizo una seña a Garam para que se acercara. Solo entonces Garam apartó los ojos de la fila de bolsas y entró a la casa.

Siguiendo la indicación de Sa Muheon, Garam se asomó a la habitación que antes estaba vacía y parpadeó en silencio.

—¿Qué? ¿No te gusta?

—No, no es eso…

Más bien estaba demasiado sorprendido como para reaccionar.

Mientras estaban de compras, Garam había notado que Sa Muheon hablaba con alguien por teléfono. Había supuesto que le estaba pidiendo a un subordinado que fuera a la casa, ya que los muebles debían llegar ese día y no había nadie en casa.

Garam había escuchado que una cama llegaría esa mañana, así que pensó que no habría nada más que eso. Sin embargo, contrario a sus expectativas, la habitación ya estaba amueblada con todo lo que podría necesitar.

—Pensé que solo una cama no sería suficiente.

—Ah…

—Si falta algo, dímelo. De todos modos hay habitaciones de sobra.

—N-No, ya es más que suficiente. Gracias.

Garam inclinó rápidamente la cabeza en señal de gratitud. Sa Muheon soltó una risa y lo levantó suavemente por los hombros.

—Si ordenar tu ropa es demasiado trabajo, déjala así. Solo saca lo que necesites por ahora. El ama de llaves organizará el resto después.

—Sí.

Sa Muheon le dio unas cuantas palmaditas en la cabeza antes de volver a mirar alrededor de la habitación recién amueblada con una sonrisa satisfecha.

—Ahora por fin podrás dormir cómodo.

Garam no supo si se lo decía a él o a sí mismo, pero, por alguna razón, esas palabras le hicieron doler el pecho.

—Debes estar cansado. Duérmete temprano.

—Ah… Sí. Gracias.

—Sí que agradeces muchas cosas.

Sa Muheon soltó una pequeña risa antes de dirigirse a su dormitorio. Garam miró distraídamente la puerta al cerrarse y luego entró en su propia habitación.

Saber lo vacía que había estado antes hacía que aquella transformación repentina se sintiera extraña. Como Garam solía pasar el tiempo en el dormitorio de Sa Muheon o en la sala, esa habitación se sentía todavía más desconocida.

Se sentó con cuidado sobre la gran cama nueva. Era suave pero firme, probablemente similar a la cama de Sa Muheon, aunque Garam no estaba seguro.

—…

Después de alisar lentamente la manta, Garam se levantó de pronto y comenzó a desvestirse. Caminó hacia el baño privado.

Tras tomar una ducha rápida, Garam rebuscó en una de las bolsas de compras que había en su habitación, sacó una pijama y se la puso antes de acostarse en la cama.

—Ja…

Pero todo se sentía diferente a la noche anterior. Garam cerró los ojos con fuerza antes de suspirar y volver a abrirlos.

Cuando estiró los brazos y se relajó, sintió como si la cama lo estuviera absorbiendo. Normalmente, el colchón suave le habría resultado agradable, pero esa noche era diferente.

Garam parpadeó mirando el techo durante un rato antes de girarse de lado. Acurrucarse y cubrirse con la manta le dio un poco más de calidez, pero aun así no se sintió satisfecho.

Tenía una cama cómoda, muebles nuevos y todo lo que necesitaba, pero Garam se sentía vacío por dentro. La casa, que antes le había parecido tan acogedora, ahora se sentía completamente desconocida.

—Hace frío…

Murmurando para sí mismo, Garam acarició la suave manta. En realidad, la manta era cálida, pero a él no se lo parecía.

Sus dedos se estremecieron ligeramente, como si recordaran la sensación de las manos frías de Sa Muheon. Lentamente, su mano se movió como si quisiera alcanzarlas de nuevo.

Las manos de Sa Muheon difícilmente podían llamarse cálidas. Garam no sabía por qué su temperatura corporal era tan baja, pero, de manera extraña, sostener aquellas manos se había sentido más cálido que esto.

Perdido en sus pensamientos, Garam cerró los ojos. Pero el sueño no llegó.

Desde que sus padres fallecieron, Garam se había acostumbrado hacía mucho tiempo a dormir solo. Sin embargo, después de pasar apenas unas noches compartiendo habitación con Sa Muheon, sentía que había quedado completamente arruinado.

Todo es culpa suya.

Intentó culpar a Sa Muheon en su mente, pero aquel sentimiento no duró. Le estaba mucho más agradecido que resentido.

Sus pensamientos siguieron dando vueltas. Al final, Garam se revolvió durante mucho tiempo antes de lograr quedarse dormido.

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