Hasta una ardilla solitaria tiene un hogar - Capítulo 33
Garam parecía dudar mientras observaba a Sa Muheon, pero aun así no omitió nada de lo que tenía que decir.
—¿Por qué te quedaste en el parque desde el principio? Eres un cambiaformas, no una ardilla de verdad.
Esa era la pregunta que más curiosidad le provocaba a Sa Muheon. Entendía que los cobradores habían amenazado a Garam y que eso lo había llevado a abandonar su casa, pero ¿por qué exactamente se había estado quedando en el parque en su forma de ardilla?
—Bueno… Pedí una licencia en la universidad. Fui al parque y allí conocí a una ardilla.
La respuesta que siguió comenzó con algo completamente inesperado. Sorprendido por aquella historia repentina, Sa Muheon no pudo evitar interrumpirlo.
—¿Una ardilla de verdad?
—Sí. Una ardilla de verdad.
Garam asintió, como si fuera lo más obvio del mundo. Era un mocoso bastante descarado.
—Bien, continúa.
—Pero esa ardilla se acercó a mí sin miedo. Se acercó muchísimo, así, y empezó a comer…
—¿Y luego?
—Entonces de pronto pensé que tal vez estaría bien vivir como una ardilla. Pensé que nadie sospecharía que yo era un cambiaformas…
Hacia el final, su voz se fue apagando. Parecía que, mientras hablaba, él mismo se daba cuenta de que algo sonaba raro. Sa Muheon no pudo evitar soltar una pequeña risa.
En realidad, era una idea ingeniosa. Como había dicho Garam, ¿quién sospecharía que un animal callejero era un cambiaformas?
Para los cambiaformas, su forma animal era su forma original, pero eso no significaba que se consideraran simples animales.
Veían tanto su forma humana como su forma animal como su verdadero yo. Sin embargo, vivían principalmente en forma humana.
Ver un animal cualquiera en la calle y preguntarse si podía ser un cambiaformas no era algo que nadie hiciera. Si alguien dijera algo así, ya fuera humano o cambiaformas, probablemente recibiría una mirada de desprecio. Desde hacía mucho existían debates sobre si los cambiaformas estaban más cerca de los humanos o de los animales, pero, en general, se los aceptaba más como humanos que como animales.
Así que seguir viviendo en una forma que nadie sospecharía era un plan bastante bueno.
Incluso el propio Sa Muheon, aunque había pensado que la ardilla que recogió era inteligente, ni una sola vez sospechó que pudiera ser un cambiaformas.
—Mmm…
—…Sé que puede sonar extraño, pero en ese momento de verdad no tenía otra opción. No tenía adónde ir, y tampoco es que tuviera mucho dinero ahorrado…
—Sí, bueno. Tiene sentido.
Al ver que el silencio se alargaba, Garam añadió algunas excusas más. Sa Muheon asintió con indiferencia. Podía creer que de verdad no había tenido otra opción y que probablemente Garam no tenía mucho dinero.
Sintió que estaba bien confiar al menos en una parte de lo que Garam decía. Después de todo, una vez que investigara más a fondo por medio del jefe Han, no sería difícil averiguar si sus palabras eran ciertas o no.
Pero Garam, ajeno a los pensamientos de Sa Muheon, se veía claramente más animado que antes.
Al verlo, Sa Muheon comprendió lo joven que todavía era Garam. No tenía a nadie tan joven a su alrededor, así que las emociones que se reflejaban tan abiertamente en su rostro le resultaban bastante novedosas.
Había sido igual cuando se encontró con Ryu Beomju.
Aquella pequeña ardilla había expresado con valentía tanto su enojo como su miedo frente a un tigre. Era innegable que eso había despertado enormemente el interés de Sa Muheon.
Dirigió la mirada hacia la ventana. El sol se estaba poniendo lentamente. Ya se hacía tarde, y parecía que había llegado el momento de decidir dónde dejaría quedarse a aquella descarada ardilla.
—Tú.
—¡S-Sí…!
Su mirada cayó de inmediato sobre el rostro de Garam. Garam pareció sobresaltarse por el llamado repentino y tragó saliva con nerviosismo, haciendo que su garganta se moviera visiblemente.
—Dijiste que no tenías adónde ir.
—…Sí.
Incluso en esa breve respuesta, Garam no pudo ocultar la tristeza de su expresión. Sa Muheon no pudo evitar sonreír suavemente.
—Entonces vivirás aquí por ahora.
—¿Sí…? Pero…
Garam parecía a punto de negarse, con los labios temblando, pero Sa Muheon continuó antes de que pudiera decir nada.
—Para que lo sepas, esto no es una sugerencia. Te estoy diciendo que ya está decidido. Lo único que puedes hacer es asentir y aceptarlo.
—…
Garam solo parpadeó, y Sa Muheon añadió con un tono inusualmente amable, pese a la dureza de sus palabras:
—Sé que no estabas mintiendo. Pero todavía no puedo confiar por completo en ti. Te traje aquí, pero ¿cómo puedo saber qué pudiste decidir mientras tanto?
—Pero…
—No interrumpas. Déjame terminar.
Sobresaltado por aquellas palabras tajantes, Garam enderezó rápidamente la espalda.
—Quiero deshacerme del jefe Hong, de Ryu Beomju. Ese maldito gato, quiero sacarlo de mi vista.
—…¿Qué?
—Pero no creo que se vaya por su cuenta. Estaba esperando una oportunidad para deshacerme de él, y entonces…
—…
Sa Muheon alargó las palabras y recorrió lentamente a Garam con la mirada. Aquella mirada intensa le resultó extrañamente escalofriante a Garam, quien apretó el puño con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. La mirada de Sa Muheon descendió brevemente hacia su mano antes de volver a subir.
—Entonces apareciste tú justo en ese momento.
—…Ah.
—Por supuesto, tú no tienes nada que ver con ese bastardo, pero… creo que podré manejar las cosas como quiero si te uso a ti.
Al escuchar sus palabras, Garam no dijo nada. Sin embargo, Sa Muheon estaba seguro de que había entendido perfectamente lo que quería decir.
—Por eso te lo digo. Quédate aquí por ahora.
—Entonces…?
—Como mis dudas no han desaparecido por completo, creo que es mejor mantenerte cerca.
Sa Muheon se encontró con los ojos temblorosos de Garam y concluyó con una leve sonrisa.
—De todos modos, no tienes otro lugar adonde ir.
Después de que Sa Muheon terminara de hablar, Garam pareció sumirse en sus pensamientos por un momento. Pero aquella vacilación no duró mucho. Al ver que Garam estaba reflexionando, Sa Muheon añadió una frase más, casi como un último empujón.
—Ah, cierto. Si sales de esta casa ahora, probablemente ese gato bastardo te atrapará.
—¿Ah…?
—Te lo dije, ¿no? Que tú y yo estamos en una relación. No sé si lo creerá en serio, pero el hecho es que te traje aquí, así que probablemente intentará averiguar algo por medio de ti.
El miedo apareció en los ojos abiertos de Garam. Aunque intentara fingir que no era así, no podía reprimir su miedo instintivo hacia Ryu Beomju, un cambiaformas tigre, siendo él un cambiaformas ardilla.
—Así que piénsalo bien.
—…
—En realidad no puedes negarte, pero ¿no sería más cómodo para ti responderlo por tu cuenta?
Tras una breve pausa, Garam pareció tomar una decisión y soltó un corto suspiro.
—…Lo haré.
Aquella respuesta clara, ni demasiado fuerte ni demasiado baja, fue suficiente para satisfacer a Sa Muheon.
No le había dado a Garam ninguna otra opción más que asentir, pero escuchar que Garam había decidido quedarse por voluntad propia complació a Sa Muheon.
—Bien. Has pensado correctamente.
Los labios de Sa Muheon se curvaron en una sonrisa satisfecha y, al mismo tiempo, se levantó del sofá.
Cuando se acercó, Garam se estremeció, pero no retrocedió. En cambio, permaneció firme en su lugar y alzó la vista hacia él.
Eso también agradó a Sa Muheon.
—Como te quedarás aquí por un tiempo, tendré que prepararte una habitación aparte.
—¿Ah…?
—Me gustaba la idea de que durmieras con mi pequeñín, pero qué lástima.
Garam giró ligeramente la cabeza, como si quisiera ocultar su vergüenza.
Parecía algo molesto, pero Sa Muheon vio claramente que la oreja que acababa de quedar expuesta se había puesto roja.
Sin embargo, por alguna razón, a Sa Muheon no le agradó que la mirada de Garam se hubiera apartado de él. Tal vez por eso sus siguientes palabras sonaron casi como un cambio de humor.
—No te preocupes, conseguiré los muebles que necesites lo antes posible. Pero por hoy… duerme en mi habitación.
—¿Qué?
Sorprendido, Garam volvió rápidamente la cabeza para mirar a Sa Muheon. Sa Muheon sonrió, satisfecho de que la mirada de Garam hubiera regresado a él.
—Como dije antes, sería problemático que te atraparan si te vas. Así que duerme hoy en mi habitación. Yo dormiré aquí, así que no pienses en escabullirte.
—Si mejor duermo en la sala…
—No. No sé cuándo intentarás escapar.
Ante sus palabras firmes, las cejas de Garam cayeron. Al verlo tan desanimado, Sa Muheon añadió en tono juguetón:
—¿O acaso es porque quieres dormir conmigo?
—¡Ah, no!
Garam sacudió rápidamente la cabeza, sobresaltado. Sa Muheon soltó una risa y lo guio hasta su dormitorio.
Garam vaciló al entrar en la habitación y luego volvió la vista hacia Sa Muheon, que estaba de pie junto a la puerta. Sa Muheon lo observó un momento antes de enderezarse.
—Bueno, duerme bien. Nos vemos mañana.