Hasta una ardilla solitaria tiene un hogar - Capítulo 31

  1. Home
  2. All novels
  3. Hasta una ardilla solitaria tiene un hogar
  4. Capítulo 31
Prev
Next
Novel Info

Sa Muheon lanzó una breve mirada a Garam antes de volver la vista al frente.

—Vamos a casa.

Sus palabras sonaron como si fueran una pregunta o una afirmación, dichas con total naturalidad. Lo importante era que Garam no tenía opción de negarse.

Garam asintió despacio y, como si eso no bastara, respondió en voz baja:

—Sí.

Solo entonces apareció una leve sonrisa en el rostro de Sa Muheon, como si hubiera quedado satisfecho.

El trayecto de regreso se le hizo increíblemente corto. Había sentido que llegar hasta allí le había tomado una eternidad, pero volver fue cuestión de un instante.

Después de estacionar, Sa Muheon abrió la puerta del automóvil y descendió sin decir una palabra. Garam seguía observándolo con expresión aturdida cuando lo vio acercarse al asiento del pasajero, así que se apresuró a desabrocharse el cinturón de seguridad.

Aunque Sa Muheon no lo estaba apresurando, cada vez que lo miraba fijamente, Garam sentía que debía darse prisa. En cuanto salió del coche, Sa Muheon se dio la vuelta y caminó hacia la puerta principal. Garam lo siguió con cautela.

—Entra.

La cerradura emitió un clic al abrirse y Sa Muheon hizo un gesto hacia la puerta abierta.

Ya acostumbrado al interior de la casa, Garam entró lentamente. Mientras se quitaba los zapatos y avanzaba, algo lo golpeó de repente.

La ropa que llevaba puesta era toda de Sa Muheon.

Si antes hubiera intentado fingir que no lo conocía, habría sido evidente de inmediato que estaba mintiendo. Avergonzado por darse cuenta de ello tan tarde, sintió cómo las orejas se le enrojecían ligeramente.

Sus pasos vacilaron un instante, pero aquello parecía no tener importancia para Sa Muheon, que ya caminaba delante de él. Solo habló brevemente mientras avanzaba.

—Sígueme.

Garam trató de calmar el calor que sentía en el rostro antes de seguirlo.

Incluso cuando era una ardilla, Garam había notado que Sa Muheon era bastante alto. Él tampoco era bajo, pero Sa Muheon lo superaba claramente en estatura. ¿Cuánto mediría? Aunque no era el momento para pensar en eso, aquella idea cruzó tranquilamente por su mente mientras lo seguía.

Al llegar a la sala, Sa Muheon se dejó caer sobre el sofá. Apoyó un brazo en el respaldo y soltó un suspiro que, por alguna razón, lo hacía parecer un poco cansado.

Se frotó los ojos antes de abrirlos y mirar a Garam.

En cuanto sus miradas se encontraron, Garam se tensó de inmediato y enderezó la espalda.

—Entonces…

Su voz, lenta y perezosa, no transmitía ninguna amenaza, pero Garam era incapaz de relajarse y solo pudo esperar las siguientes palabras.

—Eres una ardilla, ¿verdad?

—…Sí.

Garam asintió obedientemente.

Al escuchar su respuesta, los ojos de Sa Muheon parecieron brillar.

—Lo sabía. Eres demasiado inteligente para ser solo una ardilla.

—…

¿Y qué tenía de malo ser una ardilla?

Ante aquellas palabras, Garam hizo un pequeño puchero. Al verlo tan claramente ofendido, Sa Muheon rompió a reír.

—Así que mi ardilla en realidad es un cambiaformas…

Las siguientes palabras fueron casi un murmullo para sí mismo, pero su mirada permanecía fija en Garam. ¿Debía responder? Tras dudar un momento, Garam asintió lentamente.

—…Sí.

Pensando que limitarse a asentir podía parecer descortés, respondió en voz baja. Sa Muheon soltó una risita.

Sin entender por qué se reía, Garam simplemente lo observó con expresión desconcertada.

Cuando la risa se apagó, la expresión de Sa Muheon se volvió seria. Lo contempló con una intensidad que hizo que Garam sostuviera su mirada al principio, pero conforme el silencio se alargaba, terminó desviando ligeramente el rostro.

Sa Muheon ni siquiera intentó ocultar lo divertido que le resultaba.

—Ja…

Garam se estremeció apenas al escuchar aquella risa casi burlona, mientras Sa Muheon seguía examinando a la descarada ardilla que tenía delante.

No le costó recordar el nombre que había visto en los documentos.

Kang Garam.

Era un chico atractivo, un rostro que hacía honor a su nombre. Aunque era un poco más bajo que él, Sa Muheon medía bastante más que el promedio, así que Garam tampoco podía considerarse pequeño. En su forma de ardilla cabía perfectamente en la palma de su mano, por lo que verlo convertido en un joven de aquella estatura resultaba sorprendente.

Además…

La mirada de Sa Muheon descendió ligeramente y permaneció un buen rato sobre el rostro de Garam.

Cuando el silencio comenzó a hacerse incómodo, Garam levantó un poco la cabeza. En cuanto sus ojos volvieron a encontrarse, apartó la vista otra vez, provocando otra leve risa en Sa Muheon.

—Mmm…

Ya le había parecido bastante guapo en la fotografía, pero verlo en persona era completamente diferente.

Su cabello castaño oscuro, que casi se volvía negro en las raíces, y sus ojos color avellana le daban una apariencia suave, como si todavía fuera muy joven. Sin embargo, esa suavidad no lo hacía parecer débil. Al contrario, transmitía una mezcla de delicadeza y firmeza, y sus rasgos bien proporcionados llamaban la atención.

Incluso alguien como Sa Muheon, que rara vez prestaba atención al aspecto físico de los demás, pensaba eso. Era imposible que otras personas no lo notaran también. Seguramente más de uno ya habría perdido la cabeza por aquel muchacho.

Al notar que la mirada de Sa Muheon no se apartaba de él, Garam no pudo ocultar su incomodidad.

Pensando que ya era suficiente, Sa Muheon finalmente retiró la vista y habló.

—Entonces, ¿cómo conoces al jefe Hong?

Garam no respondió enseguida.

Vaciló.

Sa Muheon había vuelto a preguntarle porque sospechaba que aquella historia podía ser inventada, y ver su vacilación solo aumentó sus dudas.

¿De verdad se lo había inventado?

Mientras pensaba en ello, Garam preguntó con cautela:

—…¿El jefe Hong del que habla es la persona que vimos hace un rato?

—¿Mmm?

—Es que… el nombre que yo conozco es otro.

Algo incómodo por estar hablando con él, Garam jugueteó con los dedos, aunque mantuvo la mirada fija en Sa Muheon mientras continuaba.

La comisura de los labios de Sa Muheon se elevó ligeramente.

Había pensado que Garam era un chico bastante descarado, y ahora confirmaba que era cierto.

Para ser una ardilla, tenía bastante valor.

Fuera cual fuera la interpretación que Garam hiciera de aquella sonrisa, pareció reunir un poco más de coraje y continuó con cautela.

—La persona que yo conozco se llama Ryu Beomju.

—Ah…

Con solo escuchar ese nombre, quedó claro que Garam no mentía al decir que lo conocía desde hacía mucho tiempo.

Sa Muheon sabía que Ryu Beomju había abandonado ese nombre hacía años y que ahora vivía bajo el ridículo nombre de Hong Tae-gyu.

—Sí… así es.

Pero no dijo abiertamente que ya lo había comprendido y simplemente asintió con calma.

—…Como dije antes, mis padres fallecieron y mi abuela fue quien me crio. Su hijo era Ryu Beomju.

—Mmm.

—Pero no éramos cercanos. En realidad, casi no lo conozco… Mi abuela y él no se llevaban bien, así que apenas lo veía.

—¿Sí?

—Sí. La última vez que lo vi fue cuando mi abuela falleció.

Resultaba llamativo que Garam siguiera hablando sin evitar la mirada de Sa Muheon, aun cuando era evidente que le tenía miedo.

Después de escuchar toda su explicación, Sa Muheon asintió lentamente.

En realidad, ya conocía toda esa historia.

Ryu Beomju era bastante conocido dentro de la comunidad de los cambiaformas. Más exactamente, su madre, una rara cambiaformas tigre, era muy famosa, y todo el mundo sabía que su único hijo había desaparecido después de causar varios problemas.

Además, Sa Muheon y unas pocas personas sabían que Ryu Beomju había renunciado a su identidad como cambiaformas y se había sometido a los humanos.

Sin embargo, no había necesidad de desenterrar ni revelar públicamente ese asunto, así que todos habían fingido ignorarlo.

Por eso, si Garam no hubiera conocido a Ryu Beomju desde hacía mucho tiempo, le habría sido imposible saber todo aquello.

—Bien. Entiendo.

Al oír esas palabras, la expresión de Garam se iluminó un poco.

—Pero lo que dice Ryu Beomju es un poco diferente.

—¿Eh?

—Lo escuchaste hace un rato, ¿no? Dijo que iba a presentarme a un cambiaformas ardilla. Habló como si lo conociera muy bien.

—Bueno…

La expresión que acababa de relajarse volvió a tensarse.

Sa Muheon disfrutaba observando cómo cambiaban las expresiones de Garam.

—Eso… yo tampoco lo sé muy bien. Pero es cierto que estaba buscándolo.

—¿Por qué?

—Supongo que usted ya lo sabe… Es por la deuda que tengo.

Al mencionar la deuda, Garam se mordió el labio con frustración. Aun sintiendo la mirada de Sa Muheon sobre él, continuó hablando.

—Yo… no gasté ese dinero.

—¿Qué quieres decir?

—…No lo sé con certeza. Pero creo que esa persona hizo algo.

—¿Por qué piensas eso?

—Porque transfirió la casa de mi abuela a mi nombre sin poner ninguna objeción, y eso ya era extraño. Firmé los documentos que me envió el abogado… pero, aunque sea un poco despistado, jamás firmaría un documento sin leerlo antes. Estoy seguro de que eran los papeles de la transferencia de la propiedad. Sin embargo, de repente aparecieron cobradores diciendo que yo tenía una deuda, mostrando documentos… y entre ellos había papeles con mi firma que nunca había visto antes.

Prev
Next
Novel Info

MANGA DISCUSSION

© 2024 Ares Scanlation Inc. All rights reserved

Sign in

Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Sign Up

Register For This Site.

Log in | Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Lost your password?

Please enter your username or email address. You will receive a link to create a new password via email.

← Back to Ares Scanlation

Premium Chapter

You are required to login first