Hasta una ardilla solitaria tiene un hogar - Capítulo 26
Era de mañana, y Garam abrió los ojos, pero nada había cambiado demasiado. De hecho, ver el rostro de Sa Muheon durmiendo plácidamente solo hizo que Garam se sintiera aún más confundido.
—…Chirp.
…Qué frustrante.
Después de descubrir la verdadera identidad de la persona que había sido tan amable con él, una sensación parecida a la traición llenó el corazón de Garam. Sa Muheon no le había mentido en nada y, de hecho, era el propio Garam quien había estado ocultando la verdad. Precisamente por eso le dolía más, porque sabía que la amabilidad de Sa Muheon era sincera.
—Uf…
Garam dejó escapar un profundo suspiro y volvió a dejarse caer sobre su cama. Como Sa Muheon todavía dormía, necesitaba tiempo para ordenar sus pensamientos.
Lo primero que le vino a la mente fue Ryu Beomju.
Ese bastardo, arrancándose los colmillos y fingiendo ser humano.
Ayer, Sa Muheon había dicho exactamente eso. Garam inclinó la cabeza. Las palabras del abogado Yang, quien le había dicho que Ryu Beomju ya estaba muerto, parecían tener alguna relación con lo que Sa Muheon había mencionado.
Aunque Garam no conocía todos los detalles, por lo que había entendido, Ryu Beomju había fingido de algún modo su muerte y vivía como otra persona bajo la identidad del gerente Hong. Si las palabras de Sa Muheon eran ciertas, parecía que Ryu Beomju ocultaba el hecho de ser un cambiaformas.
Pero ¿por qué?
Garam volvió a inclinar la cabeza. Era una decisión que no podía comprender. Su abuela había dicho una vez que su hijo era peor que un gato, pero eso no significaba que Ryu Beomju fuera un cambiaformas gato. Ryu Beomju era un tigre de verdad.
Entre los cambiaformas estaba estrictamente prohibido dividir rangos según su forma verdadera, pero aun así, la percepción natural asociada al animal que eran no podía borrarse con facilidad.
Mucho tiempo atrás, los cambiaformas tigre eran llamados reyes de la montaña, venerados por los humanos y gobernando como dioses. Incluso ahora, los cambiaformas tigre eran seres dignos, por lo que Ryu Beomju no tenía ninguna necesidad de fingir ser humano. Al menos, eso era lo que Garam pensaba. Entonces, ¿por qué había tomado esa decisión?
Garam se devanó los sesos, pero no logró llegar a ninguna conclusión.
—Chirph…
Garam dejó escapar un largo suspiro. No entendía por qué Ryu Beomju había tomado aquella decisión, ni tampoco por qué había querido llevarlo ante Sa Muheon. En ese momento, todo eran simples conjeturas.
Entonces, Garam sintió que su pequeña cama era levantada por completo.
Sobresaltado, intentó incorporarse, pero antes de que pudiera hacerlo, escuchó una voz.
—Pequeñín, ¿dormiste bien?
La voz de Sa Muheon, recién despertado, sonaba más grave que de costumbre. Había extendido la mano y acercado la cama de Garam hacia él sin siquiera abrir los ojos.
—¡Chirp!
Asustado, Garam protestó con un chillido, pero Sa Muheon pareció confundirlo con algún gesto adorable y soltó una risa baja. Todavía mantenía los ojos cerrados.
Cuando Garam volvió a chillar, Sa Muheon abrió lentamente los ojos.
A medida que sus párpados se alzaban, Garam vio cómo los ojos de Sa Muheon se revelaban poco a poco, y entonces notó su propio reflejo en ellos.
Gritó aún más fuerte.
—¡Chirp!
—Mmm, dormiste bien, ¿verdad?
Sa Muheon sonrió con suavidad y extendió la mano hacia Garam.
Era el mismo contacto cálido de siempre, descendiendo delicadamente sobre él.
Con cuidado, mantuvo la mano ligera, como si temiera lastimar a la pequeña ardilla bajo sus dedos.
Garam sintió aquella mano, tan cuidadosa e inmutable como siempre, y casi le dieron ganas de llorar.
Conteniendo las lágrimas, aceptó el afecto de Sa Muheon.
Aunque Sa Muheon le mostraba cariño ahora, Garam no podía estar seguro de cómo cambiarían las cosas cuando descubriera que era un cambiaformas. Y como había sido culpa de Garam ocultar la verdad, no podía resentirse con él.
—Déjame ver…
Sa Muheon se incorporó a medias y levantó ligeramente a Garam, colocándolo sobre su propio cuerpo.
—¡Chirp, chirp!
—Mmm, pareces estar bien…
Sa Muheon giró el cuerpo de Garam de un lado a otro, revisándolo con cuidado.
—¡¡¡Chirp!!!
¡Suéltame!
Garam forcejeó, pero Sa Muheon no se movió.
Después de inspeccionar cuidadosamente a la ardilla entre sus manos y confirmar que estaba bien, Sa Muheon por fin se encontró con su mirada. Garam resopló, lleno de frustración, pero Sa Muheon no tenía forma de entender sus sentimientos.
—¿Por qué te comportaste así anoche?
Sa Muheon parecía aliviado tras asegurarse de que su ardilla no tenía nada malo. Aun así, su voz contenía una ligera preocupación, seguramente debido al extraño comportamiento de Garam la noche anterior. Al escucharlo, Garam dejó de forcejear y lo miró en silencio.
—¿Ya estás bien?
Aunque sabía que no recibiría una respuesta, Sa Muheon siempre le hablaba de esa manera.
Garam, temeroso de que descubriera su identidad de cambiaformas, normalmente respondía de forma vaga o simplemente lo ignoraba. Pero ese día, al ver la preocupación de Sa Muheon, sintió que al menos debía decir algo.
—Chirp.
Estoy bien.
Fue un chillido breve, pero el rostro de Sa Muheon se iluminó con una sonrisa radiante.
—¿De verdad? ¿Ya estás bien?
—Chiiirp…
Te dije que estoy bien…
Sa Muheon, interpretando la respuesta de Garam como le convenía, no podía dejar de sonreír. El simple hecho de que Garam le respondiera parecía hacerlo infinitamente feliz.
Después de pasar un buen rato holgazaneando en la cama con Garam, Sa Muheon finalmente se levantó.
—Debes tener hambre, pequeñín.
En cuanto Sa Muheon abrió la puerta, Garam salió disparado.
Encontró rápidamente una habitación vacía y se escondió dentro. Se había movido tan rápido que no había manera de que Sa Muheon supiera adónde había ido. Aunque fuera solo un breve momento de soledad para pensar, eso era justo lo que Garam necesitaba.
Sentado en un rincón de la habitación, dejó escapar un pesado suspiro.
Sa Muheon, aún ajeno a todo, seguía tratándolo con amabilidad. Pero Garam no tenía idea de cuánto duraría esa amabilidad.
Antes de que Sa Muheon descubriera su identidad como cambiaformas y retirara todo su afecto, Garam necesitaba marcharse de esa casa.
—Pequeñín, ¿adónde te fuiste sin comer?
La voz de Sa Muheon lo llamó desde lejos, pero Garam fingió no escuchar y continuó pensando.
Primero, tenía que salir de aquella casa e ir a la oficina del abogado Yang.
Antes, el abogado había mencionado que había encontrado a alguien que podía ser Ryu Beomju. En ese momento no estaba seguro, pero ahora Garam lo sabía. El abogado seguramente ya habría descubierto que la persona disfrazada como “gerente Hong” era en realidad Ryu Beomju.
Sin embargo, el abogado Yang también había dicho que necesitaba más tiempo para confirmar los detalles. Si Garam compartía lo que había descubierto, quizá las cosas avanzarían con mayor facilidad. También necesitaba saber cómo se habían desarrollado los acontecimientos mientras él permanecía en aquella casa.
—Chirp.
Sí.
Con un asentimiento decidido, Garam tomó una resolución.
Siempre había sabido que algún día tendría que abandonar esa casa, pero el momento había llegado antes de lo que esperaba.
Cuando Garam levantó la cabeza con renovada determinación, notó una figura familiar de pie junto a la puerta.
—Pequeñín, voy a salir. Asegúrate de comer y descansar, ¿sí?
Sa Muheon lo había encontrado y estaba parado en el umbral.
Garam se encontró con la mirada de Sa Muheon y asintió levemente.
—Chirp.
—Buen chico. Volveré pronto.
Sa Muheon sonrió satisfecho ante aquel breve chillido y agitó suavemente la mano antes de marcharse.
Garam escuchó el leve sonido de la puerta principal al desbloquearse y volver a cerrarse cuando Sa Muheon salió.
Permaneció inmóvil durante un momento.
¿Cuánto tiempo pasó?
Cuando Garam estuvo seguro de que Sa Muheon se había ido por completo, se puso en acción.
Se dirigió al vestidor, examinó los alrededores y cerró los ojos.
En un instante, la ardilla desapareció, reemplazada por su verdadera forma.
—Ah…
Después de haber permanecido tanto tiempo en su forma animal, la perspectiva humana le resultó extrañamente abrumadora. Garam se tambaleó por un momento, pero logró estabilizarse sujetándose del armario.
Siempre había pensado que Sa Muheon era alto, pero al sostener la ropa del guardarropa comprendió hasta qué punto era grande.
Garam eligió el conjunto deportivo más pequeño que encontró y se lo puso.
Al pararse frente al espejo, vio lo enorme que le quedaba, pero por ahora tendría que conformarse con eso.
Evitando mirar el reflejo de su rostro desconocido, Garam apartó la vista.
Era hora de abandonar aquella casa.
Al llegar a la puerta principal, Garam se detuvo frente a la cerradura electrónica.
Solo tenía que presionar unos cuantos botones para salir de allí.
Garam giró la cabeza para contemplar el paisaje familiar de aquel hogar.
No era suyo.
Pero, de alguna manera, se había encariñado con él.
Mordiéndose el labio con firmeza, volvió a mirar hacia la puerta y se movió sin vacilar.
Beep, beep, beep—
La cerradura se liberó con un sonido.
Tragando saliva, Garam tomó la manija y la giró lentamente.
La puerta se abrió sin resistencia.
Garam permaneció inmóvil un instante, mirando más allá de la entrada abierta.
Luego, finalmente, dio un paso adelante.
Y después otro.