Hasta una ardilla solitaria tiene un hogar - Capítulo 25

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Sa Muheon dejó escapar un pensativo «Mmm» y, por un momento, dejó a Garam a su lado.

Luego abrió la carpeta que el jefe Han le había entregado.

En el interior había una fotografía y la información personal de alguien.

Garam trepó al regazo de Sa Muheon y observó atentamente los documentos abiertos.

—¿Tú también quieres mirar, pequeñín?

La voz amable de Sa Muheon descendió sobre él, pero Garam ni siquiera la escuchó.

Había una fotografía que captó toda su atención como si estuviera clavada frente a sus ojos.

Era…

Una fotografía de él mismo.

Garam quedó completamente inmóvil.

Seguía mirando aquellos documentos con sus propios ojos y, aun así, todo le parecía irreal.

Era como una pesadilla.

No tenía idea de cuándo habían tomado aquellas fotografías y, para colmo, no era solo una o dos.

El simple hecho de ver tantas hizo que un escalofrío le recorriera la espalda.

Además, las palabras que el jefe Han había dicho antes seguían resonando en su cabeza.

Había dicho claramente: «de nuestra parte».

Entonces…

Garam levantó lentamente la cabeza.

Sa Muheon seguía contemplando los documentos con la misma expresión despreocupada de siempre.

Mientras le acariciaba distraídamente la cabeza, como si simplemente lo encontrara adorable, Garam ya no sentía aquel agradable cosquilleo en el pecho.

Con cada caricia, lo único que sentía era que su corazón se iba enfriando poco a poco.

—Mmm, veintiún años… Entonces no estaba mintiendo.

El jefe Han no respondió.

Sin saber si simplemente estaba pensando en voz alta, Sa Muheon continuó hablando.

—Ese tipo tiene mi misma edad… Once años menor… ¿Qué clase de relación puede haber entre ellos? ¿Será un amante secreto o algo así?

—¡Piip!

Horrorizado por lo lejos que estaba de la realidad, Garam soltó un chillido agudo.

Pero Sa Muheon ni siquiera lo miró.

Simplemente le frotó la barbilla para tranquilizarlo.

—Mmm, espera un momento, pequeñín.

Mientras seguía hojeando distraídamente los documentos, Sa Muheon continuó acariciando a Garam.

—Aunque es demasiado joven para ser un amante… ¿Será que a ese gato le gustan de este tipo?

Al escuchar aquellos murmullos, Garam sintió que estaba a punto de desplomarse allí mismo.

¿Qué clase de malentendido era ese?

Por lo que había oído, el «jefe Hong» del que hablaban era en realidad Ryu Beomju.

Garam no entendía por qué lo llamaban jefe Hong ni por qué él tenía que terminar siendo tratado como el supuesto amante secreto de ese tigre.

Exhaló con fuerza, lleno de frustración.

Pero su enojo no disminuía.

Normalmente, Sa Muheon detectaba enseguida cualquier cambio en el ánimo de Garam.

Sin embargo, esta vez parecía demasiado concentrado en los documentos como para notarlo.

Y eso solo hizo que Garam se sintiera todavía peor.

—Pero ¿qué importa que pidiera ese dinero prestado?

—Desapareció.

—¿Desapareció?

Sa Muheon repitió la palabra con una leve risa.

—¿Cómo dejaron escapar a alguien así?

—Bueno…

El jefe Han vaciló bajo la repentina mirada afilada de Sa Muheon antes de responder.

—Al parecer, hace poco algunos hombres del capitán Jang fueron a verlo. Pero cuando regresaron al día siguiente, ya había desaparecido por completo.

—Ja.

—Al principio insistía en que no era un cambiaformas. Parece que eso retrasó bastante su identificación.

Cuando el jefe Han terminó de hablar, Sa Muheon estalló en carcajadas.

—¡Ja, ja! Qué descaro. Esta pequeña ardilla tiene más valor que ese gato.

Con la punta del dedo, Sa Muheon dio unos golpecitos sobre la fotografía de Garam dentro de la carpeta.

Mientras la observaba, una ligera diversión apareció en su expresión.

—Preguntamos por el vecindario y parece que la madre del jefe Hong acogió a este cambiaformas ardilla y lo crió. Según dicen, eran parientes lejanos.

—¿De verdad?

Los ojos de Sa Muheon mostraron un destello de curiosidad.

—Sí. La casa pertenecía originalmente a la madre del jefe Hong, pero tras su fallecimiento pasó a nombre del cambiaformas ardilla. Solo las personas implicadas sabrán qué ocurrió realmente entre medias.

—Mmm…

Mientras escuchaba al jefe Han, Sa Muheon permaneció pensativo un largo momento antes de volver a hablar.

—No es un amante secreto.

Las orejas de Garam se levantaron de golpe.

Después de todas aquellas tonterías, parecía que por fin Sa Muheon había recuperado el sentido común.

—No lo conozco demasiado, pero hay una cosa de la que estoy seguro. Ese tipo, que prácticamente se arrancó las garras para fingir ser humano, jamás llegaría al extremo de criar al hijo de un amante. Y mucho menos tratándose de un pariente lejano.

—…Uf.

Garam dejó escapar un pequeño suspiro.

Al fin parecía haber escapado de aquel absurdo malentendido.

Fue un suspiro tan bajo que Sa Muheon no llegó a escucharlo.

Además, parecía completamente absorto en la situación.

La curiosidad había despertado por completo en él y, de hecho, parecía bastante emocionado.

—Primero encontrémoslo.

—¿Eh?

—Lo encontraremos y lo traeremos aquí. Después podremos preguntarle directamente.

—Bueno… sí, pero…

—Cuando dices que desapareció, ¿quieres decir que Ryu Beomju lo está escondiendo?

Así que realmente era Ryu Beomju.

Por fin había pronunciado su nombre completo.

Las orejas de Garam volvieron a erguirse.

Aquel hombre realmente conocía a Ryu Beomju.

Y, además, la forma en que hablaba de él, diciendo que fingía ser humano, demostraba que conocía perfectamente las razones por las que ocultaba su verdadera identidad.

Garam dirigió la mirada hacia el jefe Han.

Al escuchar la pregunta, este negó con la cabeza.

—No parece ser el caso. Todo indica que el propio jefe Hong también lo está buscando.

—Entonces mejor todavía. Nosotros lo encontraremos primero.

Sa Muheon lo dijo con absoluta tranquilidad.

Garam levantó la vista hacia él con los ojos muy abiertos.

¿De verdad piensa encontrarme…?

Un escalofrío recorrió todo su cuerpo.

—Le preguntaremos qué está planeando o escondiendo Ryu Beomju. Se lo preguntaremos directamente a él.

Los ojos afilados de Sa Muheon descendieron hasta la fotografía de Garam.

A pesar de aquella mirada fría y penetrante, una leve sonrisa seguía dibujándose en la comisura de sus labios.

Aquella contradicción hacía que pareciera todavía más aterrador.

Cuando Garam cruzó la mirada con él, un temblor comenzó a recorrerle todo el cuerpo.

Al notar que estaba temblando, Sa Muheon lo acomodó cuidadosamente sobre la palma de su mano y empezó a acariciarlo lentamente.

—Pequeñín, ¿por qué tiemblas? ¿Tienes frío?

Inclinando la cabeza, Sa Muheon examinó con atención a la pequeña ardilla.

Pero no se quedó ahí.

Acercó a Garam contra su pecho y lo abrazó con cuidado.

Con la cabeza presionada contra el firme pecho del hombre, Garam estiró desesperadamente las patitas para evitar que su cara hiciera contacto con él.

—Piip, piip…

No, no…

Por suerte, su desesperada resistencia pareció surtir efecto.

Sa Muheon volvió a separarlo y lo miró directamente a los ojos.

—¿Te pasa algo?

Lo observaba con una expresión llena de preocupación.

Intentó calentarlo envolviéndolo entre sus manos, pero Garam seguía temblando.

Normalmente, el calor de Sa Muheon siempre le había resultado reconfortante.

Pero ese día…

Sus manos y su pecho le parecían extrañamente fríos.

Al ver que Garam no dejaba de temblar, la expresión de Sa Muheon se volvió seria.

Levantó la vista hacia el jefe Han y dio una orden.

—Jefe Han, por hoy retírese. Mi pequeñín parece estar enfermo.

—Entendido.

Mientras Sa Muheon seguía sosteniendo cuidadosamente a la pequeña ardilla entre sus brazos, dio una última indicación al jefe Han antes de que este se marchara.

—No olvide lo que le dije.

—Sí. No se preocupe.

Pareciendo satisfecho con la respuesta, Sa Muheon asintió y entró en el dormitorio.

Llevó cuidadosamente a Garam en brazos y luego lo dejó sobre su pequeña cama, encima de la mesita de noche.

Cuando Garam se hizo un ovillo abrazando su cola, Sa Muheon, todavía preocupado, lo cubrió con una fina y suave manta.

—¿Por qué de repente te pasa esto…?

Normalmente, la voz preocupada de Sa Muheon siempre le transmitía calidez.

Pero ese día no fue así.

Su cabeza estaba completamente revuelta por toda la información que acababa de descubrir.

Garam lanzó una breve mirada hacia Sa Muheon antes de cerrar los ojos.

Sa Muheon siguió dándole suaves palmaditas con infinita delicadeza, sin detenerse ni un momento.

Pero, cuanto más recibía aquellas caricias llenas de ternura…

Más se enredaban sus pensamientos.

Recordó la tarjeta de presentación que había visto tiempo atrás.

En ella solo figuraba el cargo de director ejecutivo.

Jamás habría imaginado que aquella persona fuera el director ejecutivo de Mirae Capital.

Aunque con él siempre mostraba un lado amable, Garam sabía perfectamente, por las conversaciones telefónicas que había escuchado, que Sa Muheon no era una persona cálida con los demás.

Pero nunca habría imaginado que desempeñara un trabajo tan peligroso.

El hombre al que había tomado por un simple prestamista resultó ser el director ejecutivo de una empresa de préstamos ilegales.

¡Clang!

La imagen de aquellos hombres irrumpiendo violentamente en la casa llena de recuerdos junto a su abuela, golpeándolo todo y sembrando el caos, apareció de pronto en su mente.

Y, superpuesta sobre aquel recuerdo…

Resonó la voz amable de Sa Muheon.

—Pequeñín, ¿estás bien?

Aunque para él Sa Muheon siempre había parecido una buena persona…

Pensar que quizá pertenecía al mismo grupo que aquellos hombres hizo que el corazón de Garam se estremeciera.

—Piip…

Abuela…

¿Qué debo hacer en una situación como esta?

Por supuesto, no hubo respuesta.

Incapaz de soportar el peso de todo aquello, Garam cerró los ojos con fuerza.

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