Hasta una ardilla solitaria tiene un hogar - Capítulo 129

  1. Home
  2. All novels
  3. Hasta una ardilla solitaria tiene un hogar
  4. Capítulo 129
Prev
Next
Novel Info

Sa Muheon, quien había hecho la pregunta, parecía desear con todas sus fuerzas que el jefe Han respondiera que no.

Sin embargo, para su desgracia, el jefe Han asintió con gravedad.

—Hah…

Sa Muheon soltó un breve suspiro y dejó caer la carpeta que sostenía sobre el escritorio.

—Entonces…

Tras ordenar brevemente sus pensamientos, habló como si todavía le costara creerlo.

—Ese maldito Ryu Beomju le pagó a este hombre para matar a alguien… ¿Y la persona que debía morir era…?

Sacudió la cabeza, incapaz de pronunciar las siguientes palabras.

Miró fijamente la carpeta que tenía delante, como si contuviera algo espantoso, antes de devolvérsela al jefe Han.

—Así que… todavía no está completamente confirmado, ¿verdad?

—Sí. Aún no hemos podido verificar todos los hechos. Pero pensé que era mejor que lo supiera con antelación, por eso vine a informarle primero.

—Ya veo… Al menos así tendré algo de tiempo para prepararme mentalmente.

Su tono sonaba casi como una amarga burla hacia la situación.

El jefe Han permaneció en silencio, sin mostrar ninguna reacción.

Sa Muheon volvió a suspirar y se cubrió el rostro con ambas manos.

—Creo que es la primera vez en mi vida que deseo con todas mis fuerzas que algo no sea cierto…

—…Yo también.

El jefe Han llevaba muchos años en aquel mundo y había visto innumerables casos que mostraban el lado más oscuro del ser humano.

Que incluso alguien como él dijera algo así dejaba claro que el impacto de aquella noticia era difícil de describir.

Sin embargo, la persona que realmente quedaría destrozada cuando conociera la verdad era otra.

Precisamente por eso era todavía más importante comprobar todos los hechos con absoluta certeza.

Sa Muheon consiguió serenarse apenas lo suficiente para hablar.

—No importa cuánto tiempo lleve. Averigüen exactamente qué ocurrió. Eso es lo más importante.

—Sí, entendido.

El jefe Han inclinó brevemente la cabeza y salió del despacho.

Cuando se quedó solo, Sa Muheon intentó ordenar sus pensamientos.

Pero permanecer sentado sin hacer nada no resolvería absolutamente nada.

Y darle vueltas al asunto tampoco cambiaría la situación.

En cuanto llegó a esa conclusión, se levantó de inmediato.

¡Bang!

La puerta del despacho se abrió de golpe.

Jang Seokgyu, que estaba sentado en recepción, dio un respingo al escuchar el estruendo y giró sorprendido hacia él.

Sa Muheon, sin embargo, pasó de largo sin siquiera mirarlo.

—Director… ¿Ha ocurrido algo?

Jang Seokgyu se acercó apresuradamente y preguntó con cautela, procurando no irritarlo.

Aun notando el cuidado con el que se dirigía a él, Sa Muheon apenas conseguía contener las emociones que lo agitaban.

—Director Jang, si no está demasiado ocupado, necesito que conduzca usted. No creo estar en condiciones de hacerlo yo mismo.

Aquellas palabras, pronunciadas con gran esfuerzo, no eran más que una petición para que alguien tomara el volante.

Y, aun así, Jang Seokgyu suspiró aliviado, como si el simple hecho de recibir una respuesta ya fuera una buena noticia.

Tomó inmediatamente las llaves del automóvil.

Justo en ese momento llegó el ascensor.

Ambos entraron y, mientras descendían, Jang Seokgyu preguntó con cautela:

—¿Adónde vamos?

—A casa.

Sa Muheon respondió sin la menor vacilación.

Jang Seokgyu no volvió a preguntar nada y simplemente lo siguió.

Durante todo el trayecto, con Jang Seokgyu conduciendo, Sa Muheon permaneció completamente en silencio.

Aunque nunca había sido una persona especialmente habladora, tampoco era alguien que permaneciera callado durante tanto tiempo.

Al notar aquella diferencia, Jang Seokgyu no pudo evitar lanzarle varias miradas furtivas.

Finalmente, incapaz de seguir ignorándolo, fue Sa Muheon quien habló primero.

—Deje de mirarme y concéntrese en conducir.

—¿Ha pasado algo con el jefe Han?

Nada más formular la pregunta, Jang Seokgyu inclinó ligeramente la cabeza, como si ni él mismo creyera esa posibilidad.

Como no merecía la pena responder, Sa Muheon volvió la vista hacia la ventanilla.

Interpretando aquel silencio como una respuesta, Jang Seokgyu dejó de hacer preguntas innecesarias y se concentró únicamente en el camino.

Poco después, el automóvil entró en una calle conocida.

En cuanto Sa Muheon bajó del vehículo, el sensor del garaje detectó la llegada del coche y la puerta principal de la casa se abrió automáticamente.

Garam asomó la cabeza desde el interior.

Al verlo regresar tan poco tiempo después de haberse marchado, abrió los ojos con sorpresa y se acercó confundido.

—¿Ya volviste? ¿Olvidaste algo…?

Mientras hablaba, reparó en Jang Seokgyu, que seguía sentado al volante.

Su mirada regresó enseguida a Sa Muheon, ahora llena de preocupación.

—¿Ha pasado algo?

Garam se acercó despacio a Sa Muheon, que permanecía inmóvil.

En cuanto la distancia entre ambos desapareció, Sa Muheon lo atrajo de repente hacia sus brazos.

—Ah…

Sorprendido por aquel abrazo tan repentino, Garam apoyó las manos con timidez sobre el pecho de Sa Muheon.

Pensó que quizá debería apartarlo.

Pero, tras removerse apenas un poco, terminó rodeándole también la cintura con los brazos.

Aquella respuesta inesperada hizo que Sa Muheon se estremeciera.

Garam soltó una pequeña risa y habló en voz baja.

—No sé qué ha pasado…

—…

—Pero… si es algo de lo que no puedes hablar, entonces quédate así un momento.

—…Sí.

Ante la silenciosa comprensión de su joven amante, Sa Muheon solo pudo responder con aquella breve palabra mientras lo abrazaba todavía con más fuerza.

A Garam no le desagradaban las muestras de afecto.

Pero le avergonzaba mucho demostrarlas delante de otras personas.

Sa Muheon lo sabía perfectamente.

Por eso siempre procuraba contenerse.

Incluso ahora, con Jang Seokgyu presente, sabía que debería hacerlo.

Pero en ese momento le resultaba imposible dejar de abrazarlo.

Quizá percibiendo toda la confusión que lo invadía, Garam, aun siendo plenamente consciente de que Jang Seokgyu seguía observándolos desde el coche, terminó abrazándolo con más fuerza.

—¿Te sientes un poco mejor ahora?

Después de quién sabía cuánto tiempo compartiendo simplemente el calor del otro, Garam susurró aquella pregunta junto a su oído.

Sin dejar de abrazarlo, Sa Muheon asintió levemente.

Aquella reacción, casi infantil, hizo que Garam sonriera.

—Entonces… ¿entramos?

—…Sí.

Sa Muheon levantó por fin la cabeza.

Garam observó atentamente su rostro.

Parecía encontrarse un poco mejor que cuando había llegado.

Pero seguía siendo evidente que no estaba de buen ánimo.

Ya era bastante extraño que hubiera regresado a casa en lugar de ir a la oficina.

Garam no tenía forma de imaginar qué había ocurrido en tan poco tiempo para verlo así.

Sin embargo, no le preguntó nada.

Simplemente tomó su mano con suavidad y comenzó a conducirlo hacia el interior de la casa.

Antes de entrar, tampoco olvidó inclinar ligeramente la cabeza a modo de saludo hacia Jang Seokgyu, que seguía sentado en el automóvil.

Sa Muheon lo siguió obedientemente.

Una vez dentro, Garam lo llevó hasta el sofá de la sala y lo hizo sentarse.

Luego ocupó, como de costumbre, el lugar a su lado y se recostó contra él.

Así podían compartir el calor de sus cuerpos.

Y, si prestaban suficiente atención, incluso podían escuchar el latido del corazón del otro.

Por eso a Garam le gustaban tanto esos momentos.

Le gustaba sentir la temperatura ligeramente fría del cuerpo de Sa Muheon.

Y le gustaba escuchar cómo su corazón aceleraba un poco el ritmo cada vez que se apoyaba sobre él.

Sa Muheon sentía exactamente lo mismo.

No hacía falta hablar.

Para ninguno de los dos el silencio resultaba incómodo.

Cuando Garam estaba con Sa Muheon, incluso el silencio se volvía cálido.

Permanecieron así durante un largo rato.

Cuando los párpados de Garam empezaban a volverse pesados, arrullados por el constante latido del corazón de Sa Muheon, fue este quien rompió finalmente el silencio.

—Gracias.

En lugar de responder, Garam extendió los brazos y volvió a abrazarlo.

Solo entonces una pequeña risa escapó de los labios de Sa Muheon.

Una luminosa sonrisa apareció también en el rostro de Garam.

No sabía qué había sucedido.

Pero para él lo importante era que Sa Muheon parecía haber recuperado parte de su ánimo.

—¿Salimos a cenar?

—¿Vamos? ¿Tienes algo en mente?

—Mmm… Podemos pensarlo con calma.

Cuando Garam respondió sonriendo, Sa Muheon dejó escapar una pequeña risa y le revolvió el cabello con cariño.

Era su manera de aceptar.

—¿De verdad tenías tantas ganas de comer esto?

Sa Muheon ni siquiera intentó ocultar su falta de entusiasmo al hacer la pregunta.

La transparencia con la que expresaba todo lo que pensaba le resultó tan graciosa a Garam que terminó riéndose antes de asentir.

Mientras decidían qué cenar, Garam había mencionado de pronto un plato que le apetecía.

Sa Muheon aceptó sin dudar.

Pero, si hubiera sabido que lo que Garam deseaba con tanta ilusión era algo tan sencillo como aquello, probablemente le habría propuesto otra cosa.

—¿No te gustan las chuletas de cerdo empanizadas?

—No, no es que no me gusten.

¿O quizá sí?

Sa Muheon vaciló un instante, pero decidió no corregirse.

Garam lo había llevado a un antiguo restaurante especializado en chuletas de cerdo que parecía llevar allí muchísimos años.

Le dijo que, de repente, había recordado aquel lugar y terminó guiándolo hasta aquella tranquila calle residencial.

Por suerte, la comida estaba bastante buena.

Sa Muheon habría preferido invitar a Garam a un restaurante mucho mejor.

Pero al verlo comer con tanta satisfacción, su propio estado de ánimo terminó suavizándose.

Mientras seguían cenando en silencio, Garam levantó de pronto la vista y dejó escapar una pequeña exclamación.

Sa Muheon siguió la dirección de su mirada.

Había una pared completamente cubierta de firmas y garabatos dejados por los clientes a lo largo de muchos años.

Entre todas aquellas marcas, la mirada de Garam quedó fija en un lugar concreto, incapaz de apartarse de él.

Prev
Next
Novel Info

MANGA DISCUSSION

© 2024 Ares Scanlation Inc. All rights reserved

Sign in

Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Sign Up

Register For This Site.

Log in | Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Lost your password?

Please enter your username or email address. You will receive a link to create a new password via email.

← Back to Ares Scanlation

Premium Chapter

You are required to login first