Hasta una ardilla solitaria tiene un hogar - Capítulo 120

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Tap.

—Mmm….

Al bajar del auto, Sa Muheon revisó el letrero apagado y observó casualmente los alrededores.

—Definitivamente parece que el lugar cerró por hoy. ¿Estás seguro de que ese bastardo entró hace un momento?

Había venido tras enterarse de que Sa Mujin había entrado al club, pero ahora que estaba allí, la zona se veía inquietantemente silenciosa. Tenía sentido, considerando que la mayoría de los negocios de los alrededores eran bares que operaban hasta altas horas de la noche.

El hombre al que estaban vigilando había entrado al club a esa hora, así que era casi seguro que algo estaba ocurriendo adentro. Aun así, algo se sentía extraño. Cuando Sa Muheon preguntó con tono escéptico, el jefe Han se acercó.

—Sí, estoy seguro. Hace apenas un momento también entró alguien sospechoso de ser el cambiaformas tigre de anoche.

—Mmm…

En la pantalla del teléfono que el jefe Han le mostró se veía a un hombre vestido con ropa descuidada. Su rostro estaba oculto bajo una gorra calada hasta abajo, pero, por su altura y complexión, era casi seguro que se trataba del mismo hombre de las fotos que habían visto el día anterior. Su cuerpo era tan inusualmente grande que sería difícil confundirlo con otra persona.

Tras pensarlo brevemente, Sa Muheon asintió y comenzó a caminar. El jefe Han lo siguió rápidamente.

—…Aun así, ¿no sería mejor enviar a algunos de nuestros hombres por si acaso?

—Si el tipo que está dentro realmente es Ryu Beomju, enviarlos solo conseguiría que los mataran a todos, ¿no crees?

—Aun así…

El jefe Han dejó la frase inconclusa, incapaz de sacudirse la preocupación. Al ver su expresión, Sa Muheon sonrió y habló.

—No te preocupes. La vez pasada me tomaron por sorpresa, pero… si vuelvo a mi forma real, no caeré tan fácilmente.

Solo entonces la expresión del jefe Han se suavizó un poco. Asintió levemente y siguió a Sa Muheon, sin dejar de vigilar los alrededores con cautela. Aunque la zona seguía tranquila, su postura tensa dejaba claro que estaba en máxima alerta.

—Mmm….

Dejando al jefe Han atrás para que vigilara, Sa Muheon se plantó frente a la puerta principal del club y examinó el lugar. Durante el horario de atención, esas puertas estarían abiertas de par en par, pero ahora permanecían firmemente cerradas. En lugar de gastar esfuerzo allí, decidió rodear el edificio.

Según el vigía, Sa Mujin había comprobado cuidadosamente los alrededores antes de entrar por la puerta trasera del club.

A diferencia de la lujosa entrada principal, la parte posterior del edificio tenía una puerta metálica sólida y de aspecto pesado. Por si acaso, Sa Muheon tiró de la manija, pero estaba cerrada con llave, tal como esperaba.

—Ni siquiera hay timbre….

Murmurando para sí, miró alrededor y entonces distinguió una cámara de seguridad instalada sobre la puerta. Una amplia sonrisa se extendió por su rostro. Incluso saludó ligeramente hacia la cámara.

Clic.

Tal como había previsto, la puerta no tardó en desbloquearse. Cuando volvió a tirar de la manija, se abrió con sorprendente facilidad pese a su pesada apariencia.

Más allá de la puerta abierta se extendía un largo pasillo. Aunque estaba tenuemente iluminado, se notaba que el interior era bastante lujoso. A ambos lados del corredor había varias puertas, todas completamente cerradas, insinuando las actividades secretas que se llevaban a cabo dentro.

Tras echar un rápido vistazo alrededor, Sa Muheon entró sin vacilar. Detrás de él, la puerta volvió a cerrarse, pero, en lugar de sentir peligro, avanzó con calma mientras silbaba. Tal como le había dicho antes al jefe Han: si era necesario, siempre podía volver a su forma verdadera y escapar. La idea de que realmente pudiera estar en peligro ni siquiera cruzó por su mente.

Las habitaciones a ambos lados del oscuro pasillo permanecían inquietantemente silenciosas. Sa Muheon no les prestó atención. Su mirada estaba fija en la puerta al final del corredor. Allí debía estar la persona que buscaba.

En el pasillo vacío, el sonido de sus zapatos contra el suelo se mezclaba con su silbido, creando un eco siniestro.

Tap.

Al llegar a la puerta, la abrió sin dudar ni un instante. Llamar en una situación así habría sido ridículo.

Cuando la puerta se abrió, la escena frente a él hizo que Sa Muheon frunciera el ceño.

—Oh, parece que tenemos un invitado.

La habitación parecía una oficina, pero con la gran mesa central y los sofás enormes no se diferenciaba mucho de un salón de bar. El aire estaba cargado de olor a alcohol, humo de cigarro y una fragancia inquietantemente dulce.

Un hombre recostado cómodamente en el asiento principal miraba a Sa Muheon con expresión divertida. Dos jóvenes atractivos se aferraban a él a ambos lados, pero no prestaron atención a Sa Muheon, concentrados únicamente en el hombre del sofá.

—Una bienvenida bastante pobre para un invitado.

—Ja, ja. Bueno, no esperaba que llegaras tan pronto. No te quedes ahí parado. ¿Por qué no tomas asiento? Como puedes ver, aquí no hay nadie escondido, mucho menos alguien que pueda representar una amenaza para ti.

Normalmente, Sa Muheon jamás habría puesto un pie en un lugar como ese, pero la situación lo hacía inevitable. Chasqueando la lengua, entró. El hombre sentado frente a él era alguien que ya había visto en fotografías.

—Eres Yoo Jaehyuk, ¿verdad?

—Estás bien informado. Aunque imaginé que lo estarías.

—No necesitas que me presente, ¿cierto?

—Por supuesto que no. Eres Sa Muheon. Tu nombre es bastante conocido.

Yoo Jaehyuk soltó una risa y se encogió de hombros. En las fotografías, su rostro había parecido casi demasiado pulcro para alguien que dirigía un club como ese. Pero al verlo en persona, Sa Muheon comprendió que aquella impresión había sido engañosa. Con ese rostro, era imposible adivinar a cuántas personas habría logrado atraer.

Apartando con naturalidad a los hombres que se aferraban a él, Yoo Jaehyuk tomó una copa vacía de la mesa.

—¿Quieres beber algo?

—No. Paso del alcohol.

Sus heridas aún no se habían curado por completo, así que beber quedaba descartado. Además, no tenía ningún interés en compartir tranquilamente una copa con un desconocido en un lugar como aquel. Al ver la firme negativa de Sa Muheon, Yoo Jaehyuk no insistió y, en cambio, se sirvió una copa para sí mismo. Después de vaciarla de un trago, fue directo al grano.

—Hong Taegyu… o debería decir Ryu Beomju. Yo también necesito encontrarme con él.

—¿Por qué razón?

—Eso es un poco difícil de explicar… Digamos que hay dinero de por medio. Necesito cobrarlo, pase lo que pase. Y creo que tú podrías ayudarme con eso.

Yoo Jaehyuk hablaba con fluidez, sin que su sonrisa permanente vacilara ni un instante. Sa Muheon había sospechado que Ryu Beomju estaba pidiendo dinero prestado de varias fuentes y metido en otros negocios turbios, pero no esperaba que también estuviera involucrado con las drogas baratas que circulaban en clubes como ese.

—Bueno, supongo que tú serías más rápido que yo para encontrarlo. Pero, por lo que he oído, alguien que conozco ha estado viniendo aquí. ¿Qué relación tiene Sa Mujin con este lugar?

—¿Ah, el abogado Sa? Llamarlo relación quizá sería exagerado. Solo es un cliente.

—Ja, ¿un cliente?

Sa Muheon soltó una risa vacía, y Yoo Jaehyuk tomó un pequeño paquete que estaba tirado descuidadamente sobre la mesa. El polvo blanco en su interior se veía sospechoso a simple vista.

—¿No has oído los rumores? Últimamente ha sido bastante popular entre los cambiaformas….

—He oído hablar de eso. Pero no sabía que mi primo era tan estúpido como para meterse con drogas baratas como esas.

—Ja, ja. ¿Drogas baratas? Eso hiere mis sentimientos….

Aunque decía eso, la sonrisa de Yoo Jaehyuk no desapareció ni un segundo. Sin dejarse afectar por su actuación, Sa Muheon continuó interrogándolo.

—Ese cambiaformas tigre… ¿era un cebo preparado por ustedes?

—Ah, ¿ese tipo?

Yoo Jaehyuk soltó una risa y presionó el timbre de llamada que había sobre la mesa. Poco después, alguien llamó a la puerta de la oficina, y enseguida entró un hombre. El hombre que se colocó junto a Yoo Jaehyuk era, sin duda, el cambiaformas tigre que Sa Muheon había visto en las fotos. Pero al verlo en persona, quedó claro que, aunque guardaba cierto parecido con Ryu Beomju, eran personas completamente distintas.

—Así que caminaste directo hacia la trampa. ¿Qué es lo que quieres?

—Solo queremos una cosa. Capturar al fugitivo Ryu Beomju y recuperar nuestro dinero. Si estás dispuesto, incluso podríamos echar una mano para atraparlo….

—No. Paso.

Sa Muheon rechazó su oferta tajantemente. Las cosas ya se habían torcido después de confiarle el asunto al presidente Yoo, y no podía permitirse dejarlo otra vez en manos de otra persona.

—Nosotros lo atraparemos primero. Cuando terminemos nuestros asuntos, se lo entregaremos, siempre y cuando ustedes se encarguen de limpiar bien todo después.

—Bueno, mientras siga respirando, nosotros nos ocuparemos del resto.

Yoo Jaehyuk asintió con una sonrisa. Pero, de pronto, su rostro sonriente se volvió borroso ante los ojos de Sa Muheon. Fue entonces cuando Sa Muheon se dio cuenta de que un dolor de cabeza lo estaba invadiendo, y sus ojos se entrecerraron peligrosamente.

—¿Qué truco hiciste?

—Ah… bueno, necesitábamos algún seguro. Según el abogado Sa, tu forma verdadera es una entidad bastante peligrosa.

—Ese bastardo….

No solo era lo bastante estúpido como para meterse con drogas, sino que también había estado filtrando información sobre Sa Muheon. Apretando los dientes, Sa Muheon se obligó a ponerse de pie. Aunque se tambaleó ligeramente, consiguió mantener el equilibrio. Sin embargo, en cuanto se levantó, el efecto de la droga pareció intensificarse, y un dolor agudo le golpeó la cabeza.

No había ingerido nada desde que entró en esa habitación, así que el culpable debía ser ese extraño aroma en el aire.

El cambiaformas tigre que estaba junto a Yoo Jaehyuk se acercó e intentó sostenerlo. Pero, al notar la respiración extrañamente agitada del hombre, Sa Muheon sonrió con desprecio y habló entre dientes.

—Deja de jadear detrás de cualquiera que veas y lárgate. A menos que quieras morir de una sobredosis.

Al comprender que su propia vida era más importante, el cambiaformas tigre dudó y retrocedió. Sa Muheon apartó bruscamente al hombre que bloqueaba su camino y volvió la mirada hacia Yoo Jaehyuk.

—No es una droga fuerte. Solo un simple inductor de celo. Nada dañino para el cuerpo.

—Ja….

—Agradecería que consideraras mi petición de manera positiva.

Su forma de pedir favores era una completa broma.

Sin decir una palabra más, Sa Muheon salió de la habitación. El pasillo se sintió anormalmente largo, pero siguió adelante hasta salir del edificio.

En cuanto lo hizo, el jefe Han, que había estado esperando cerca de la puerta, corrió hacia él con expresión sobresaltada y lo sostuvo.

—¡Director!

El jefe Han le preguntó qué había ocurrido, pero Sa Muheon no tenía energía para darle una respuesta larga.

Apenas consiguió murmurar una frase breve.

—Por ahora… vamos a casa.

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