Hasta una ardilla solitaria tiene un hogar - Capítulo 119
Bzzz…
Desde lo ocurrido unos días atrás, Garam había estado manteniendo una ligera distancia con Sa Muheon. Pero no era que lo estuviera evitando deliberadamente; simplemente procuraba conservar un poco de espacio entre ambos.
—¿Por qué estás sentado tan lejos?
—Siempre me siento aquí.
—Mmm….
Garam respondió con total naturalidad, pero Sa Muheon frunció ligeramente el ceño, claramente insatisfecho. Técnicamente, Garam no estaba equivocado. Hubo un tiempo en que ese asiento había sido el suyo de costumbre.
Pero eso ya no era así. En algún momento había empezado a sentarse justo al lado de Sa Muheon, en el asiento junto a la ventana. Y desde que Sa Muheon había recibido el alta del hospital, siempre permanecía cerca de él, vigilándolo constantemente. Más de una vez, Sa Muheon había soltado una risa al verlo rondándolo casi como si estuviera cuidando de un recién nacido.
Sin embargo, desde aquel beso, todo había cambiado. Garam mantenía esa distancia ambigua, seguía observándolo y respondiéndole con normalidad cada vez que le hablaba; nunca lo evitaba, pero era evidente que estaba dándole vueltas a algo dentro de esa pequeña cabecita.
Sa Muheon no tenía la menor idea de qué pasaba por la mente de Garam, y eso lo frustraba. Al menos no lo estaba evitando por completo, así que algo era algo.
—Cariño.
—¿S-Sí?
Cuando Sa Muheon lo llamó mientras se incorporaba un poco desde el sofá, Garam dio un respingo y enderezó la espalda, como si estuviera listo para salir corriendo hacia su habitación. Chasqueando la lengua para sus adentros, Sa Muheon volvió a recostarse, fingiendo que solo estaba acomodándose. Al verlo, Garam también se relajó y volvió a sentarse.
Su curiosidad no hacía más que crecer. No lo estaba evitando del todo, entonces ¿por qué actuaba así?
Incapaz de contenerse por más tiempo, Sa Muheon estaba a punto de preguntárselo directamente cuando su teléfono volvió a vibrar.
Bzzz…
Lo ignoró e intentó hablar con Garam, pero este ya lo miraba con expresión inquisitiva.
—¿Parece que alguien está intentando comunicarse contigo?
—Puedo revisarlo después. Más importante, cariño…
Bzzz… Bzzz…
Como si quisiera llevarle la contraria, el teléfono siguió vibrando. La mirada de Garam se volvió aún más desconfiada.
¿Seguro que puedes verlo después?, parecía preguntar su expresión.
Ni siquiera frente a esa pregunta silenciosa pudo seguir ignorándolo.
Chasqueando la lengua con irritación, se pasó una mano por el cabello antes de tomar el teléfono. No había muchas personas que lo contactaran a esa hora y, por la insistencia, probablemente se trataba de algo importante.
Levantó el móvil que había dejado sobre la mesa y vio el nombre de Han en la pantalla. Eso hizo que parte de su irritación desapareciera mientras revisaba los mensajes.
[Han: Hoy volvieron a ver a un cambiaformas tigre en Nocturnal.]
[Han: Los rasgos son borrosos, pero se parecen mucho a Hong.]
[Han: (Foto)]
Era difícil de creer.
Había supuesto que todo era solo un cebo para atraerlo, pero… ¿un cambiaformas tigre con rasgos similares a Ryu Beomju? Ryu Beomju era hijo único. Al menos, Sa Muheon jamás había oído rumores de que su madre hubiera dado a luz a otro cambiaformas tigre.
Abrió rápidamente la fotografía que Han le había enviado.
El escenario era parecido al de la vez anterior; probablemente el callejón trasero del club. La tenue luz de una farola era la única iluminación, proyectando un resplandor débil sobre el oscuro pasaje. Pero, a diferencia de la fotografía anterior, donde el rostro era completamente irreconocible, esta vez podía verse el perfil. Y se parecía muchísimo a Ryu Beomju.
Los ojos de Sa Muheon se abrieron de par en par.
—…¿Qué pasa?
Garam, que había estado observándolo, se acercó con cautela y preguntó.
Sa Muheon cerró rápidamente la fotografía ampliada y volvió la vista hacia Garam con una sonrisa despreocupada. Pero el rostro de Garam ya estaba lleno de preocupación.
—No es nada. Solo es el jefe Han.
—Ah….
A juzgar únicamente por la fotografía, parecía que Ryu Beomju había sobrevivido y había regresado. Pero todavía no había nada confirmado. Y hasta conocer la verdad, Sa Muheon no quería preocupar innecesariamente a Garam, así que mintió con naturalidad.
—¿De verdad no pasa nada?
—Sí.
—Si ocurre algo, por favor dímelo. Y no vayas tú solo a lugares raros.
La expresión lugares raros estuvo a punto de hacer reír a Sa Muheon. Era como si Garam ya supiera que acabaría yendo solo a ese club. Al verlo fulminarlo con la mirada lleno de sospechas, soltó una leve risa.
—¿Adónde podría ir sin mi pequeño? Todavía tengo que recuperarme para que podamos salir juntos.
Mientras hablaba, le dio un golpecito juguetón en la punta de la nariz.
Al instante, el rostro de Garam se volvió completamente rojo. La distancia que tanto se había esforzado por mantener desapareció en un segundo cuando retrocedió por puro reflejo. Viéndolo apartarse, Sa Muheon chasqueó la lengua suavemente.
Pero, aun así, aquello le había permitido descubrir algo.
Parecía que el beso de aquel día había sido una experiencia bastante impactante para el joven Garam. Incluso ahora tenía el rostro completamente sonrojado, mantenía las distancias y se mostraba inquieto cada vez que era consciente de la presencia de Sa Muheon. No cabía duda: sus palabras acababan de hacer que Garam recordara aquel beso.
Con una sonrisa, Sa Muheon volvió a inclinarse hacia él.
—Pero… si de verdad fuera a algún lugar peligroso, ¿qué harías? ¿Mi pequeño vendría conmigo?
Garam, que sujetaba el apoyabrazos del sofá como si estuviera listo para levantarse y escapar en cualquier momento, lo miró con extrañeza. Luego, como si Sa Muheon acabara de hacer la pregunta más absurda del mundo, respondió con total naturalidad:
—Claro que iría contigo. ¿Cómo voy a dejar que un paciente vaya solo?
—¿De verdad?
Fue una respuesta sorprendentemente conmovedora.
En la expresión de Garam no había el menor rastro de falsedad; solo una sinceridad absoluta. Le pareció tan adorable que Sa Muheon, sin siquiera pensarlo, se inclinó hacia él y le dio un beso en la mejilla.
—¡¿P-Por qué hiciste eso?!
Tomado completamente por sorpresa, Garam se puso todavía más rojo; parecía que su rostro estaba a punto de incendiarse. Agitó los brazos mientras retrocedía apresuradamente, y Sa Muheon simplemente estalló en carcajadas.
—¡Ja, ja, ja!
—Ay, en serio….
Molesto por ser el único avergonzado, Garam se frotó la mejilla donde había recibido el beso. Luego, como si hubiera tomado una decisión, caminó directamente hacia Sa Muheon.
Aquel movimiento inesperado hizo que Sa Muheon dejara de reír y lo mirara fijamente. Garam acortó la distancia sin vacilar. Seguía completamente sonrojado, pero su expresión era decidida.
Y al instante siguiente…
Muack.
Garam presionó brevemente los labios contra la mejilla de Sa Muheon.
Fue un beso fugaz, apenas un roce.
Pero para Sa Muheon fue como si el tiempo se hubiera detenido. Observó, casi en cámara lenta, cómo Garam se acercaba a él.
Sin darse cuenta, levantó una mano. Quedó suspendida cerca de la mejilla donde los labios de Garam acababan de posarse, pero dudó en tocarla; sus dedos permanecieron flotando alrededor de ese lugar.
—Eh….
Sa Muheon dejó escapar un sonido aturdido y se quedó mirando fijamente a Garam.
Garam lucía una expresión triunfante, aunque su rostro y hasta el cuello estaban tan rojos que resultaba imposible saber cuál de los dos estaba más avergonzado. Aunque le daba vergüenza haber sido él quien iniciara el contacto físico, también parecía divertirse viendo que había conseguido dejar a Sa Muheon completamente desconcertado.
—Siempre me llamas «pequeño» y te burlas de mí, pero ya soy un adulto, ¿sabes?
—Eh….
—Y si la persona que me gusta dice que va a ir a un lugar peligroso, iré con ella pase lo que pase. Claro que sería mejor que no fuera, pero a veces quizá no haya otra opción.
Antes de que Sa Muheon pudiera siquiera procesar el significado de aquellas palabras, Garam ya había salido corriendo hacia su habitación, como si hubiera dicho todo lo que necesitaba decir. Desde el interior, su voz volvió a escucharse.
—¡Mañana tengo mi último examen, así que tengo que estudiar! ¡Buenas noches!
Nada más terminar de hablar, se oyó el sonido de la puerta cerrándose.
Inmediatamente después sonó un clic, como si Garam hubiera echado el seguro para impedir que Sa Muheon entrara.
Pero Sa Muheon no tenía espacio en su mente para preocuparse por algo así.
—Ja….
La mano que había permanecido suspendida terminó posándose con cuidado sobre su mejilla, justo donde Garam lo había besado.
Ni siquiera había sido un beso en los labios; solo un pequeño beso en la mejilla, algo que hasta los niños hacían.
Y, aun así, su corazón latía con tanta fuerza que se preguntó si de verdad todos esos años habían servido para algo.
—En serio….
Pero no le desagradaba.
Poco a poco, una sonrisa apareció en los labios de Sa Muheon.
Las últimas palabras de Garam antes de huir seguían resonando una y otra vez en su mente.
«Si la persona que me gusta dice que va a ir a un lugar peligroso…»
La persona que me gusta.
No era como si no conociera ya los sentimientos de Garam.
Pero escucharlos salir directamente de la boca de Garam…
No se sentía nada mal.
No.
Más que eso…
La verdad era que se sentía increíblemente bien.
Tuvo el impulso de correr de inmediato hasta la habitación de Garam y cubrirle el rostro de besos.
Pero entonces recordó que al día siguiente Garam tenía su último examen, así que logró contenerse a duras penas.
Después de todo, todavía les quedaban muchas oportunidades.
Y mucho tiempo por delante.