El magnate gastronómico interestelar - Capítulo 20

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Después de reunir todos los ingredientes, Xia Zheng no regresó de inmediato al recinto de la competencia. En cambio, encontró un terreno despejado, construyó un fogón de tierra, recogió ramas secas y comenzó a ahumar los ingredientes.

Cada ingrediente requería un material diferente para el ahumado.

Había ramas de ciprés, ramas de bambú, cáscaras de brotes de bambú, ramas con flores y también diversas frutas y hierbas cuya especie resultaba difícil de identificar a simple vista.

Los demás concursantes ya habían comenzado a regresar uno tras otro al recinto para cocinar, pero Xia Zheng seguía en la base de protección de ingredientes.

Aunque, estrictamente hablando, él también había comenzado ya a cocinar.

Utilizando los materiales más primitivos.

El viento, el agua y la luz del sol en su forma más natural.

En comparación con las frías cocinas del recinto y las expresiones tensas de los demás concursantes, tan opresivas como el ambiente que los rodeaba, el proceso culinario de Xia Zheng parecía tosco y rudimentario.

Y, sin embargo, transmitía una armonía relajada y espontánea.

Quienes lo observaban no podían evitar sentir expectativas y sonreír.

Como el plato que Xia Zheng preparaba necesitaba pasar por un proceso de ahumado que no podía realizarse dentro del recinto, había llevado consigo un juego completo de utensilios de cocina desde el principio.

Después de todo, las reglas nunca habían establecido que fuera obligatorio llevar los ingredientes al recinto ni utilizar exclusivamente las instalaciones culinarias proporcionadas allí.

Así que cocinar en aquel lugar y llevar después el plato terminado al recinto estaba perfectamente permitido.

Si alguien quisiera preparar un plato de ese tipo dentro del recinto, necesitaría ingredientes previamente curados.

Pero en la base de protección solo había productos frescos.

Excavar la tierra, apilar piedras para formar un fogón, recoger ramas y encender el fuego…

Xia Zheng utilizó los métodos más primitivos mientras controlaba las llamas con una habilidad extraordinaria.

El trabajador que lo acompañaba lo seguía con expresión curiosa.

Al principio quiso ayudarlo, pero Xia Zheng rechazó cortésmente su ofrecimiento alegando que ya había comenzado el proceso de cocción y que, a partir de ese momento, nadie más podía intervenir.

—En realidad, muchas de las cosas que está haciendo Xia Zheng ya ni siquiera forman parte estrictamente del proceso culinario. No habría ningún problema en que el personal lo ayudara —comentó Li Xin—. Pero parece que Xia Zheng considera que seleccionar y capturar personalmente los ingredientes, e incluso fabricar utensilios de cocina adaptándose al entorno, forman parte de las responsabilidades de un chef. Su concepto de «responsabilidades» es bastante amplio.

Li Xin sonrió antes de continuar:

—Sin embargo, los maestros gastronómicos siempre poseen sus propias peculiaridades y principios. Xia Zheng todavía es joven, pero también tiene ya sus propias convicciones.

Con aquellas palabras, Li Xin prácticamente había clasificado a Xia Zheng como maestro gastronómico.

Y eso a pesar de que Xia Zheng ni siquiera había realizado todavía un examen oficial de nivel de chef.

Sin embargo, ninguna de las personas que escucharon aquella valoración consideró que fuera inapropiada.

Cocinar al aire libre utilizando métodos rudimentarios podía dejar fácilmente a alguien cubierto de ceniza y hollín.

Pero aunque el humo oscurecía ligeramente el rostro de Xia Zheng, sus manos permanecían siempre impecablemente limpias.

Había preparado varios pares de guantes para utilizarlos al encender el fuego y realizar distintas tareas.

En cambio, cuando manipulaba ingredientes delicados, se quitaba los guantes y dejaba al descubierto unas manos blancas y limpias como jade.

Aquellas manos no parecían tener ni una pizca del olor ni la aspereza del humo y el fuego.

No se parecían en absoluto a las manos de un chef acostumbrado a soportar durante años el calor de los fogones.

Y, sin embargo, cuando aquellas mismas manos sostenían utensilios y procesaban ingredientes, sus movimientos resultaban tan agradables a la vista como los de un director de orquesta.

Los ingredientes parecían obedecer a su ritmo y transformarse en la melodía más hermosa posible.

Los espectadores observaron cómo Xia Zheng cortaba en diferentes formas los ingredientes que había procesado mediante distintos métodos y los introducía, en momentos precisos y por tandas, dentro de una pequeña vasija de barro.

Solo después de haber añadido todos los ingredientes comenzó a incorporar los condimentos.

Su expresión al sazonar parecía despreocupada.

Los movimientos de sus manos también parecían casuales.

Era como si aquello que tenía delante no fuera un plato meticulosamente preparado para una competición, sino una sencilla comida casera hecha para su familia, aparentemente informal pero cargada de cariño.

Después de todo, ¿quién cocinaba para familiares y amigos con una expresión de tensión extrema, como si necesitara pesar cada condimento hasta el último miligramo?

Conozco perfectamente los gustos de mi familia.

Incluso con los ojos cerrados podría preparar su comida favorita.

Xia Zheng parecía poseer exactamente esa clase de confianza.

La pequeña vasija comenzó a burbujear.

Xia Zheng removió ligeramente el contenido con una cuchara pequeña, redujo la intensidad del fuego, vertió vino amarillo, colocó la tapa y comenzó lentamente a recoger sus utensilios.

Lavó y guardó cuidadosamente todos los utensilios.

Los restos de ingredientes fueron enterrados allí mismo, ya que podían convertirse en un excelente fertilizante.

La zona donde había ahumado los alimentos fue empapada con agua y luego cubierta otra vez con tierra.

Incluso las piedras fueron devueltas a su posición original.

Todos aquellos movimientos eran tan fluidos y naturales que resultaba evidente que Xia Zheng había repetido aquel procedimiento muchas veces.

—Sin duda ha pasado por un entrenamiento extremadamente duro.

Los dos presentadores pronunciaron casi al mismo tiempo aquella conclusión.

Y en las mentes de los espectadores apareció prácticamente la misma idea.

Todavía era un menor.

Aunque la mayoría de edad legal se alcanzaba a los dieciocho años, momento a partir del cual una persona podía asumir plenamente responsabilidades políticas y sociales, entre los habitantes de la Alianza existía un consenso general:

Solo a los veinticinco años podía considerarse que alguien había alcanzado verdaderamente la adultez.

Muchos lugares y trabajos que implicaban siquiera un poco de peligro estaban estrictamente restringidos a mayores de veinticinco años.

Xia Zheng apenas tenía dieciséis.

Era, sin duda alguna, un niño entre los niños.

Sin embargo, aquella habilidad culinaria tan refinada y la extraordinaria familiaridad que mostraba al desenvolverse en la naturaleza hicieron que los espectadores, además de admirarlo, sintieran cierta lástima por él.

¿Qué clase de padres podían ser tan despiadados como para obligar a un niño a esforzarse tanto desde tan pequeño?

Que entrenara cocina podía entenderse.

Pero ¿arrojarlo al medio silvestre para que entrenara?

¿Eso era realmente algo que unos padres responsables deberían hacer?

La Alianza prestaba enorme atención a las nuevas generaciones y los menores disfrutaban de excelentes beneficios y protecciones.

Como los habitantes de la Alianza tenían una etapa adulta extraordinariamente larga, el relativamente breve periodo de la infancia y adolescencia era todavía más apreciado.

Muchos espectadores pensaron lo mismo.

Xia Zheng poseía semejante nivel culinario, lo que demostraba que su talento innato ya era sobresaliente.

Así que, si podía convertirse en maestro diez años antes o diez años después, ¿qué diferencia había?

Después de todo, las personas vivían doscientos o trescientos años.

¿Qué clase de padre irresponsable obligaría así a un niño?

Nadie creía que un muchacho tan inocente y puro como una hoja en blanco eligiera por voluntad propia semejantes dificultades.

Definitivamente era culpa de sus padres.

La identidad de Xia Zheng no era información completamente pública, pero siempre había personas que la conocían.

Los espectadores presentes en el recinto no podían investigar inmediatamente, pero quienes seguían la transmisión en directo podían averiguarlo fácilmente utilizando todo tipo de métodos.

Xia Zheng procedía de la famosa familia Xia, una estirpe de guerreros de mechas.

Generación tras generación, sus miembros habían servido en el ejército y prácticamente todos habían llegado a ocupar rangos de general.

Podía decirse que la familia Xia era uno de los pilares de las fuerzas defensivas de la Alianza.

Sin embargo, Xia Zheng era el único hijo de la familia que carecía de poder mental.

Los espectadores suspiraron con tristeza.

Así que era eso.

Aquel niño seguramente había sufrido muchísima discriminación y pasado por innumerables dificultades.

Quizá incluso poseyendo semejantes habilidades culinarias su propia familia no lo valoraba.

Aunque ser chef era una profesión respetada, dentro de una familia de guerreros de mechas seguiría siendo alguien diferente.

Además, los chefs capaces de alcanzar un nivel suficiente para ganarse el respeto de quienes poseían poder mental eran extremadamente escasos.

Aquel niño debía de haberse esforzado tanto para conseguir que su familia volviera a valorarlo…

No.

Quizá ni siquiera aspiraba a tanto.

Probablemente solo quería que su familia lo mirara de verdad.

Su entrenamiento en la naturaleza también comenzaba a resultar comprensible.

Seguramente su familia no le prestaba atención.

Tal vez ni siquiera sabían que hacía aquello.

Qué tragedia.

Las desgracias de las grandes familias adineradas siempre eran desgarradoras.

Mientras tanto, los miembros de la familia Xia, que efectivamente no sabían nada sobre el entrenamiento de Xia Zheng en la naturaleza pero jamás lo habían ignorado, estaban completamente desconcertados.

Frente a ellos, Xia Zheng siempre había sido un niño obediente hasta el extremo.

Precisamente por eso, nadie de la familia sabía siquiera que dominaba las artes físicas.

Mucho menos podían saber que entrenaba de aquella manera en la base de protección de ingredientes de las afueras de la capital.

Ellos siempre habían pensado que Xia Zheng iba allí únicamente para relajarse y observar ingredientes en su entorno natural.

Después de todo, aquella base tampoco era un lugar particularmente peligroso.

Siempre que alguien no buscara problemas deliberadamente o tuviera la mala suerte de encontrarse con criminales.

En realidad…

Las extraordinarias habilidades de supervivencia al aire libre de Xia Zheng tampoco habían sido desarrolladas durante esta vida.

Eran experiencia heredada de su vida anterior.

¿Qué clase de entrenamiento podría proporcionarle en esta vida aquella base de las afueras, que prácticamente podía compararse con un parque?

De hecho, si no fuera porque se encontraba allí por la competencia y contaba con varios trabajadores acompañándolo, ni siquiera habría tenido permitido entrar en los bosques densos de las montañas.

Incluso los adultos estaban obligados a ir acompañados por personal en lugares que presentaran cierto peligro.

Mucho más un menor.

El lugar donde había «encontrado terroristas» aquella vez, en realidad, también era bastante seguro.

No era más que un lago común.

Incluso había un sendero de guijarros construido alrededor del agua, como en cualquier parque.

Simplemente se encontraba en una zona algo apartada.

Así, sin tener la menor idea de lo que estaba ocurriendo, la familia Xia se convirtió en el ejemplo perfecto de una poderosa familia adinerada que oprimía a un pobre e indefenso niño.

Solo quedaba imaginar la sombra psicológica que sufrirían cuando finalmente descubrieran aquel rumor.

¡Urgente! ¿Qué hacer cuando descubres que el hijo/hermano menor que creías extremadamente obediente en realidad no tiene nada de obediente?

Xia Zheng retiró del fuego unos grandes trozos de carbón al rojo vivo y los colocó dentro de una pequeña caja.

Luego introdujo cuidadosamente en ella la vasija de barro.

Con la caja cargada a la espalda, comenzó a regresar tranquilamente al recinto.

Para cuando llegara, la sopa dentro de la vasija debería estar prácticamente lista.

En aquel momento no tenía ni idea de que, debido a su comportamiento, los miembros de su familia mantendrían durante varios días unas expresiones llenas de resentimiento.

Tampoco sabía que su supuesto «pasado miserable» haría que Ning Yun sintiera una profunda identificación con él y elevara su posición de «niño agradable con quien me encontré por casualidad» a «quizá podría convertirse en un muy buen amigo».

Solo el cielo sabía por qué Ning Yun había llegado a semejante conclusión.

Tal vez porque ambos tenían mucho talento.

Y porque ambos poseían recuerdos del pasado que no eran precisamente felices.

Incluso después de descubrir que la familia Xia trataba bastante bien a Xia Zheng, Ning Yun siguió convencido de que la falta de comunicación dentro de aquella familia debía haberlo hecho infeliz y que necesitaba que alguien lo cuidara bien.

Y, en realidad, tampoco estaba completamente equivocado.

Si dentro de Xia Zheng no hubiera existido el alma madura de un adulto, la actitud excesivamente cuidadosa de la familia Xia quizá habría causado un gran daño emocional a un niño común.

Mientras Xia Zheng permanecía en la base de protección de ingredientes, Xuan Jing había estado protegiéndolo en secreto durante todo el proceso.

El nivel de seguridad asignado a Xia Zheng había alcanzado ya nuevas alturas.

Incluso el superior del superior de Xuan Jing había sido informado.

Hasta que la familia Xia presentara una solicitud formal para cancelar la protección oficial y asumir personalmente su seguridad, ninguno de ellos podía relajarse.

Mientras observaba cómo Xia Zheng se comportaba allí de una manera distinta a la habitual, Xuan Jing no podía evitar sentir cierta extrañeza.

Pero era incapaz de identificar exactamente qué le resultaba extraño.

El comportamiento de Xia Zheng era diferente.

Sin embargo, la sensación que transmitía parecía ser exactamente la misma de siempre.

Nada parecía estar fuera de lugar.

Entonces, ¿por qué sentía aquella incongruencia?

Solo después de escoltarlo de regreso al recinto y observar las expresiones tensas de los demás chefs, tan distintas de las que mostraban fuera del escenario de la competencia, Xuan Jing finalmente comprendió.

Precisamente porque Xia Zheng había transmitido exactamente la misma sensación de siempre era por lo que resultaba extraño.

Tanto cuando realizaba movimientos ligeramente peligrosos en plena naturaleza como cuando llevaba a cabo tareas agotadoras, e incluso al capturar ingredientes —una actividad que normalmente debería hacer que una persona desprendiera cierto aire agudo y agresivo—, Xia Zheng mantenía siempre aquella expresión tranquila y obediente.

Incluso cuando empuñaba un cuchillo.

Era como si todo lo que hacía en ese momento no fuera diferente de cualquier otra actividad cotidiana.

Como si fuera algo completamente normal.

Aquella falta de contraste producía una profunda sensación de incongruencia en alguien tan perceptivo como Xuan Jing.

Quizá simplemente los chefs están tan acostumbrados a estas cosas que ya no experimentan cambios emocionales.

Xuan Jing terminó pensando que probablemente estaba imaginando demasiado.

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