El magnate gastronómico interestelar - Capítulo 2
Cuando Xia Zheng terminó de colocar todos los bollos en las vaporeras, la tanda que había preparado para sí mismo ya comenzaba a desprender un aroma intenso.
Aunque la masa de los bollos actuaba como barrera, el delicioso olor del relleno de carne cocido al vapor se negaba a permanecer encerrado y escapaba al exterior. Buena parte del aroma de la carne seguía contenido, pero se mezclaba con la fragancia de la masa cocida, atenuando la sensación grasosa y añadiendo el aroma fresco y característico del trigo.
Desde tiempos antiguos, la combinación de carne y cereales siempre había sido una de las más perfectas para el paladar humano.
Xia Zheng respiró profundamente. En aquel instante, todos los pensamientos que abarrotaban su mente se desvanecieron como el humo.
Más de la mitad de las preocupaciones humanas podían resolverse después de comer bien y quedar satisfecho. El resto también podía solucionarse una vez que el estómago estuviera lleno.
Xia Zheng apagó el fuego y levantó la tapa de la vaporera. Una nube de vapor se abalanzó sobre él como si fuera niebla. Detrás de aquella cortina, una tanda de bollos blancos y regordetes reveló tímidamente su verdadero aspecto.
A diferencia del tono blanco grisáceo que tenían cuando acababa de moldearlos, los pequeños bollos eran ahora tan blancos como un copo de algodón de la mejor calidad. Al tocarlos con un dedo, una sensación ardiente y suave se extendió por su piel, como si hubiera rozado una nube blanca que envolvía al sol abrasador.
Xia Zheng tomó con cuidado un xiaolongbao. Estaba un poco caliente, así que sopló sobre él antes de darle un pequeño mordisco.
La masa esponjosa, impregnada con el tierno y fragante jugo de la carne, se deshizo en su boca. El trigo y la carne se fusionaron a la perfección sobre su lengua, formando una corriente cálida y sabrosa que descendió lentamente por su garganta hasta llegar a lo más profundo de su cuerpo. Todavía no había probado la parte verdaderamente esencial del bollo y ya se sentía inmensamente satisfecho.
No. Quizá, para un xiaolongbao, la masa empapada de jugo también formaba parte de su esencia.
Ahora que el pequeño bollo había revelado tímidamente su relleno, Xia Zheng volvió a soplar sobre él. Al no encontrar ninguna barrera, todo su aroma brotó de golpe por la única abertura…
—¡Ñam!
Xia Zheng abrió los ojos de par en par.
¡Le habían mordido el dedo!
¡Dolía!
Xia Qin, con los ojos cerrados, masticó un par de veces y se lo tragó casi entero. Tras saborear lo poco que quedaba en su boca, dijo:
—Ni siquiera alcancé a saborearlo. Hermanito, dame otra vaporera.
Xia Zheng se quedó sin palabras.
¿En qué momento había entrado toda su familia en la cocina? ¡Se había concentrado tanto en cocinar que ni siquiera lo había notado!
¡Además, no quedaba ni uno de los bollos que había preparado para sí mismo!
¡Hasta el que tenía en la mano se lo había llevado su hermano mayor! ¡Él apenas había conseguido morder un pedacito de masa!
—¿Los desperté? —preguntó. Aunque se sentía un poco avergonzado, Xia Zheng siempre tenía buen carácter con su familia y comenzó disculpándose—. Lo siento.
—Hermanito, con una luz tan intensa, habría sido imposible no darse cuenta —respondió su segundo hermano, Xia Yu, mientras se lamía un dedo.
Xia Zheng no supo si reír o llorar.
—Deja de bromear conmigo. Solo estaba cocinando. ¿De dónde iba a salir semejante luz?
En su vida anterior, cuando terminaba de preparar un alimento espiritual, podían manifestarse fenómenos extraordinarios entre el cielo y la tierra. Pero ahora no era más que una persona común y lo que había cocinado también era comida corriente.
—Eso es porque tú no…
Xia Yu estaba a punto de decir que, como Xia Zheng carecía de poder mental, no podía verla. Sin embargo, antes de que las palabras salieran de su boca, Feng Shu le clavó el codo en la cintura. Xia Yu se cubrió el costado y guardó silencio.
Xia Zheng continuó mirándolo con curiosidad y seriedad.
—Mamá, ¿por qué golpeaste a mi segundo hermano?
—Porque comió demasiado —respondió Feng Shu mientras rodeaba a su hijo menor con los brazos—. ¡Mamá solo pudo comer uno! ¡Uno! ¡El resto terminó en la boca de estos tres fantasmas hambrientos! ¡Es un desperdicio imperdonable de semejante manjar!
—La comida está hecha para comerla —la consoló Xia Zheng con una sonrisa—. Ya preparé las porciones de todos y hay suficiente. ¿Por qué no vuelven a dormir un poco? Apenas son las…
Xia Zheng miró su reloj.
—¿Cinco de la mañana?
—La comida deliciosa nos despertó. Ya no podemos dormir —dijo Feng Shu mientras le revolvía el cabello—. Mamá irá a ducharse y después desayunará. Sé que estás inquieto porque participarás en la competencia, pero aun así debes dormir bien. Todavía falta una semana, así que tienes que asegurarte de descansar lo suficiente.
Solo entonces Xia Zheng recordó que se encontraban en vísperas de las eliminatorias regionales de la división juvenil del Torneo Gastronómico.
La fama de Xia Zheng había comenzado precisamente con aquel torneo juvenil.
Primero obtuvo el primer lugar en las eliminatorias regionales del planeta Huadu. Después participó como cabeza de serie en la final de la Alianza y se proclamó campeón.
Los participantes del Torneo Gastronómico Juvenil eran considerados la reserva de talentos de la Convención Gastronómica. Casi todos los recién llegados que figuraban en la clasificación de la Convención habían ocupado los primeros lugares del torneo juvenil. Además, los tres mejores obtenían la oportunidad de presenciar la siguiente Convención Gastronómica y recibir consejos de diversos maestros.
Antes de aquel torneo, Xia Zheng era conocido como «el pobrecito de la familia Xia».
Después, pasó a ser conocido como «la nueva estrella de la familia Xia».
El Torneo Gastronómico Juvenil había sido el punto de inflexión.
¿No recordaba haberse sentido un poco nervioso entonces? Aunque había vivido dos vidas, Xia Zheng ignoraba qué nivel ocupaban sus habilidades culinarias en este mundo.
Ahora, sin embargo, ya no estaba nervioso.
Después de todo, había regresado desde los veintitrés años. Para entonces, ya había demostrado su valía en la Convención Gastronómica.
Alguien que había logrado situarse entre los cien mejores de aquella convención no tenía demasiados motivos para preocuparse por un torneo juvenil.
—Lo siento… Parece que sí estaba un poco nervioso —admitió Xia Zheng, avergonzado—. Descansaré adecuadamente.
—No te pongas nervioso. Eres muy bueno.
Xia Yuan finalmente consiguió abrirse paso entre sus dos hijos y su esposa hasta colocarse frente a Xia Zheng, pero aquellas fueron las únicas palabras secas y poco expresivas que logró pronunciar.
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Por fin había conseguido acercarse a su querido hijo, pero era incapaz de decirle algo bonito. Aquello resultaba demasiado frustrante. En el interior del frío y poco elocuente general, una diminuta versión de sí mismo permanecía acuclillada en un rincón oscuro, trazando círculos en el suelo con resentimiento.
Al contemplar a su padre, cuyo rostro apenas se diferenciaba del que tendría años después, y recordar que siempre lo había protegido como una fortaleza inquebrantable, Xia Zheng sintió de pronto un ardor en la nariz.
¿Cuánto habrían sufrido sus padres al enterarse de su muerte?
¿Cuánto habrían sufrido sus hermanos?
Si hubiera sido un poco más cuidadoso…
Si hubiera sido un poco más fuerte…
Xia Zheng no temía morir. Lo único que temía era causarles dolor a los familiares que tanto le había costado obtener y que lo amaban profundamente.
Bajó la cabeza, asintió en silencio y sus ojos se enrojecieron.
Xia Yuan recibió de inmediato tres miradas fulminantes: la de su esposa y las de sus dos hijos. Hasta Xia Qin abrió sus somnolientos ojos.
Xia Yuan no supo qué hacer.
¿Por qué su hijo se había deprimido de repente? ¿Acaso su padre había dicho algo incorrecto?
—Lo siento, debo de estar demasiado nervioso —dijo Xia Zheng mientras se frotaba los ojos y esbozaba una sonrisa forzada—. Los hice preocuparse.
—Puedes dejar que nos preocupemos un poco más por ti.
Xia Yu no soportó seguir viendo a su padre allí parado como un tronco. Lo apartó a un lado y abrazó la cabeza de Xia Zheng.
—Hermanito, eres demasiado obediente. Haces que yo, como tu hermano mayor, no sienta ninguna satisfacción.
Xia Qin seguía con los ojos entrecerrados, como si estuviera caminando dormido. Asintió con la cabeza, aunque nadie sabía si estaba mostrando su acuerdo con Xia Yu o si simplemente cabeceaba de sueño.
—Gracias, segundo hermano. Gracias, papá —murmuró Xia Zheng.
Aunque ya era mayor, frente a su familia continuaba comportándose como un niño.
—¿Y yo qué? —preguntó Feng Shu, disgustada, señalándose a sí misma.
Xia Qin, todavía con los ojos entrecerrados, también se señaló.
—Gracias, mamá. Gracias, hermano mayor —dijo Xia Zheng obedientemente.
Los otros cuatro miembros de la familia quedaron satisfechos. Quienes debían ducharse fueron a hacerlo y quienes acostumbraban ejercitarse por la mañana comenzaron su entrenamiento.
Después de que aquella delicia los despertara, no podían volver a dormir mientras pensaban en los sabrosos bollos.
Aunque los incesantes bostezos de Xia Qin no resultaban muy convincentes.
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La familia se sentó alrededor de la mesa, cada uno protegiendo las vaporeras que le pertenecían. Por fin podían tomarse su tiempo para masticar despacio y disfrutar de la comida.
Cuando probaron los bollos en la cocina, ya habían percibido una sutil diferencia respecto a los que habían comido antes.
Eso no significaba, por supuesto, que los bollos anteriores no fueran deliciosos.
Los xiaolongbao que Xia Zheng preparaba ya eran increíblemente sabrosos y, además, podían apaciguar su poder mental. Todos habían pensado que podrían desayunarlos durante el resto de sus vidas sin cansarse jamás.
Y, para ser sinceros, jamás se cansarían de ellos.
Pero los xiaolongbao de esta ocasión… ¿Cómo podían explicarlo?
En comparación con los anteriores, el relleno contenía una textura crujiente que aportaba una agradable sorpresa al masticar la carne. También poseía una fragancia fresca que aligeraba la sensación grasosa.
Cuando mordieron la masa y el aroma salió junto con una ráfaga de vapor, su poder mental se despejó al instante. Ante sus ojos pareció surgir un frondoso bosque de bambú.
Después de una tormenta de verano, las ramas de bambú se quebraban y sus hojas caían. Sin embargo, bajo las ramas marchitas y el follaje podrido germinaba una nueva esperanza.
No solo brotaba de la tierra. Sobre las hojas húmedas y descompuestas también nacían grupos de nuevas formas de vida. Hongos semejantes a flores absorbían la putrefacción y florecían con renovada vitalidad.
Aunque se trataba de bollos rellenos de carne, poseían una fragancia fresca y natural. Estimulados por aquel sabor exquisito, sus poderes mentales comenzaron a agitarse, como si la fuerza vital de los nuevos brotes los hubiera estremecido.
Para su sorpresa, descubrieron indicios de que su poder mental había aumentado ligeramente.
Era solo un poco, una cantidad minúscula que, incluso al medirla, probablemente solo aparecería varios decimales después del punto. Sin embargo, nadie conocía su propio poder mental mejor que ellos. No podían equivocarse respecto a la sensación de que había aumentado.
En este mundo, la buena comida no solo proporcionaba un inmenso placer al paladar ni se limitaba a nutrir el organismo mediante las propiedades de sus ingredientes. Para las personas que poseían poder mental, la gastronomía era una medicina o un suplemento para el cuerpo.
La comida deliciosa podía ejercer una influencia beneficiosa sobre el poder mental. Los platillos excepcionales incluso podían restaurarlo al instante o incrementarlo durante un breve periodo. Cuando el poder mental sufría daños, también podían repararlo y sanarlo.
Nadie sabía por qué el poder mental reaccionaba al sabor de los alimentos, pero la importancia de la gastronomía era incuestionable.
Los mejores cocineros eran profundamente respetados por los pilotos de mechas. A su alrededor casi siempre había poderosos pilotos dispuestos a recolectar ingredientes para ellos e incluso a ofrecer enormes sumas de dinero a cambio de un solo platillo.
Por eso, cuando la familia Xia descubrió que Xia Zheng carecía de poder mental, pero poseía un gran talento culinario, todos exhalaron un suspiro de alivio.
Con aquel talento, Xia Zheng sin duda tendría un buen futuro. Y aquellos idiotas que creían que poseer poder mental les daba derecho a despreciar a los demás también tendrían que cerrar la boca.
Sin embargo, jamás imaginaron que las habilidades culinarias de Xia Zheng ya hubieran alcanzado un nivel tan extraordinario que, incluso sin proponérselo, era capaz de preparar comida que influía directamente en el poder mental.