El granjero del apocalipsis - Capítulo 24

  1. Home
  2. All novels
  3. El granjero del apocalipsis
  4. Capítulo 24
Prev
Next
Novel Info

Al ver que Jiang Le estaba completamente ileso, salvo por la herida del brazo, Wang Weifeng no pudo evitar sentir cierta sospecha. Sin embargo, aquella duda fue tan leve que, antes de que pudiera reflexionar sobre ella, la arrogancia profundamente arraigada en sus huesos la aplastó.

Quizá simplemente se debía a que las sanguijuelas terrestres estaban más cerca de él y habían atravesado primero sus defensas. Además, la sangre de los usuarios de habilidades contenía energía, por lo que probablemente resultaba mucho más atractiva para las criaturas mutadas que la sangre de una persona común.

—¿Qué hacen ahí parados? ¡Vengan a ayudarme a levantarme! —gritó Wang Weifeng a sus subordinados con el rostro sombrío.

El efecto de petrificación que él mismo había aplicado sobre su pierna todavía no había desaparecido, al igual que el efecto anestésico de las sanguijuelas sobre la herida, por lo que de momento no sentía demasiado dolor. Sin embargo, la lesión tenía un aspecto tan aterrador que le flaqueaban las piernas con solo verla.

—Ah, cierto. No olviden buscar el núcleo cristalino —ordenó Wang Weifeng entre jadeos.

Los cadáveres calcinados de las sanguijuelas terrestres formaban varios pequeños montículos sobre el suelo. Sin embargo, después de que los hombres rebuscaran una y otra vez entre ellos durante un buen rato, no encontraron ni rastro de un núcleo cristalino.

—¿Qué pasa? ¿Será que son demasiado pequeñas y no tienen núcleo?

Jiang Le permaneció a un lado sin moverse ni decir nada, casi como si no existiera.

Sin embargo, sus oídos seguían captando hasta la más mínima vibración dentro de la destartalada fábrica, incluido el débil sonido de aquella masa carnosa que había permanecido escondida en la oscuridad desde el principio.

Decir que no había ningún núcleo entre aquellas cenizas porque las sanguijuelas terrestres eran demasiado pequeñas era correcto, pero al mismo tiempo no lo era.

En realidad, las sanguijuelas terrestres y la vid de sangre no solo compartían su característica de alimentarse de sangre y carne, sino que incluso sus métodos de ataque eran extremadamente similares.

Un cerebro principal controlaba el conjunto. Las lianas o las pequeñas sanguijuelas no eran más que partes reemplazables cuya pérdida no dañaba el núcleo del organismo. Mientras absorbiera suficiente energía, podía reproducirlas y regenerarlas en cualquier momento.

En ese instante, el verdadero núcleo cristalino seguía oculto en las profundidades del cuerpo materno, dentro de alguna tubería, y este no se atrevería a lanzar otro ataque mientras intentara protegerse.

Jiang Le tuvo que presionar suavemente con los dedos la tapa del recipiente de cultivo que llevaba en la otra muñeca para tranquilizar a la vid de sangre, cada vez más inquieta al percibir una energía de naturaleza similar a la suya.

Su expresión permaneció imperturbable mientras continuaba interpretando el papel de un simple humano ignorante.

Wang Weifeng observó a sus hombres rebuscar durante otros diez minutos. Al ver que seguían sin encontrar ningún núcleo cristalino, comenzó a irritarse.

Sin embargo, mientras esperaba, la sensibilidad de la herida de su pierna fue regresando poco a poco. El dolor creciente hizo que el sudor frío apareciera sobre su frente. Una punzada aguda y eléctrica le recorría la pierna y parecía clavársele directamente en el corazón, haciendo que hasta los dientes le temblaran al hablar.

—Ol… olvídenlo. Limpien este lugar y ya. Primero llévenme de regreso para que alguien me cure.

Durante el camino de regreso, Wang Weifeng no dejó de gemir de dolor. Incluso atrajeron a varios zombis, a los que petrificó para descargar su ira.

Cuando llegaron a la base, el dolor ya le había arrebatado hasta las fuerzas para gritar y apenas podía gemir. Su estado atrajo numerosas miradas.

La noticia de que Wang Weifeng, quien normalmente se comportaba como si fuera el dueño del lugar, había tenido que ser cargado desde la entrada de la base con una pierna inutilizada se propagó rápidamente, llegando también a oídos de Zhang Haiyang y sus compañeros, que acababan de regresar de su misión de exterminar zombis.

Por un lado, Zhang Haiyang sintió que aquello era el merecido castigo de Wang Weifeng y que, en cierto modo, vengaba lo ocurrido el día anterior. Pero, por otro, comenzó a preocuparse por Jiang Le, cuyo estado desconocía.

Si incluso Wang Weifeng había resultado herido, con su costumbre de usar a los demás como escudos en cuanto aparecía algún peligro, ¿no estaría Jiang Le en una situación todavía peor?

Sin embargo, Zhang Haiyang pronto tuvo que dejar aquella preocupación de lado.

Frente al puesto de recepción de misiones, su grupo entregó aproximadamente la misma cantidad de núcleos cristalinos de zombi que de costumbre, pero recibió mucha menos comida que antes.

Si anteriormente arriesgar la vida durante todo un día les permitía conseguir comida suficiente para quedar satisfechos en un setenta por ciento, ahora apenas alcanzaba para llenar la mitad del estómago.

—¿Por qué? ¡Esto ya es demasiado!

—¡Así ni siquiera podemos comer lo suficiente!

—¡Entonces no los cambiaremos!

Las quejas de Zhang Haiyang y sus compañeros eran las mismas que expresaban los demás supervivientes comunes que habían regresado de matar zombis aquel día. Sin embargo, aquellas protestas cayeron como algodón sobre el suelo: ligeras e incapaces de producir cambio alguno.

El usuario de habilidad encargado de comprar los núcleos cristalinos en el puesto de misiones se limitó a burlarse.

—Cada vez hay más gente matando zombis, así que sus núcleos ya no valen tanto. ¿No lo entienden? Si hoy no quieren cambiarlos, mañana quizá ni siquiera les demos este precio. Háganlo o no, me da igual. Gente dispuesta a vender sobra.

Aquellas palabras bastaron para atascar todas las protestas en las gargantas de los presentes.

Después de dudar durante un rato, algunos se acercaron y cambiaron los núcleos obtenidos aquel día por dos tortas del tamaño de una palma.

Otros, todavía furiosos, se dieron media vuelta y regresaron a sus casas.

Zhang Haiyang fue uno de ellos.

Jiang Le llegó a casa antes que él.

Li Jiajia estaba frente a la entrada de la vivienda, frotando una y otra vez la pequeña ropa de Tangyuan en una palangana con poca agua. Al oír unos pasos acercándose, levantó la cabeza y, al ver que era Jiang Le, le sonrió.

Las galletas que Jiang Le les había dado la noche anterior las había remojado esa mañana en agua caliente para que su hija pudiera comerlas. Al menos, la pequeña había comido mucho más de lo habitual.

Jiang Le levantó una mano hacia Li Jiajia.

En su palma llevaba un paquete envuelto en periódico, por lo que no se distinguía lo que había dentro.

Lo dejó sobre el bloque de cemento frente a la casa.

—Cuñada, esto es lo que me tocó de la misión de hoy. Comamos esto esta noche.

Li Jiajia levantó ligeramente una esquina del periódico y descubrió cinco empanadas rellenas y tres grandes y gruesos panecillos blancos al vapor.

Las empanadas tenían una apariencia brillante y aceitosa. El tierno y fragante relleno de carne de res estaba bien mezclado, envuelto en la masa y aplastado hasta formar una torta. La grasa había impregnado la cubierta durante la cocción, dejándola crujiente y aromática.

Los tres grandes panecillos al vapor, por su parte, eran tan blancos que bastaba mirarlos para saber que estaban hechos con harina refinada.

La mirada de Li Jiajia quedó completamente atrapada por aquella comida y durante unos segundos fue incapaz de apartarla.

Cuando reaccionó, inmediatamente se secó las manos mojadas contra la cintura y llevó el paquete al interior. Dejar semejante cantidad de comida a la vista la hacía sentir intranquila.

—¿Cómo conseguiste tanta comida?

Miró detrás de Jiang Le, pero no vio a Zhang Haiyang.

Habían salido juntos por la mañana…

El corazón de Li Jiajia dio un vuelco.

Al relacionar su ausencia con toda aquella comida, agarró a Jiang Le de repente.

—¿A Haiyang le pasó algo?

Antes de que pudiera imaginar algo todavía peor, Jiang Le la interrumpió:

—Cuñada, no salí con el hermano Zhang. Fui a una misión con un equipo de usuarios de habilidades. Esto es lo que me tocó.

El corazón de Li Jiajia volvió a su sitio, pero inmediatamente rechazó la comida con las manos.

—Entonces esto es tuyo. Guárdalo para ti. Ahora hace frío y puede conservarse varios días.

Las golosinas de leche y las galletas del día anterior ya habían hecho sentir a Li Jiajia que se estaba aprovechando de Jiang Le.

Ella sabía perfectamente lo difícil que era conseguir comida ahora.

Jiang Le respondió:

—Cuñada, tampoco puedo quedarme aquí gratis. Considéralo mi alquiler. Además, en estos tiempos basta con poder llenar el estómago hoy. ¿Quién tiene tiempo de preocuparse por la siguiente comida?

Li Jiajia se frotó las manos, sin saber cómo refutarlo.

Jiang Le ya se había agachado para jugar con Tangyuan, así que ella no tuvo más remedio que salir y continuar lavando la ropa mientras esperaba a Zhang Haiyang.

Tangyuan estaba sentada en una esquina de la cama, sobre un trozo de plástico, jugando con varios bloques. Llevaba observando a Jiang Le desde hacía rato.

La pequeña todavía recordaba la golosina de leche de la noche anterior, así que levantó la cabeza y le sonrió.

Sin embargo, su rostro estaba tan delgado que apenas tenía carne en las mejillas y daba lástima verla.

Jiang Le levantó una mano y tocó la frente de la niña.

Tenía fiebre.

Por eso se había mostrado tan enfermiza durante los últimos dos días.

Jiang Le buscó en el espacio una botella de medicamento apropiado y, siguiendo la dosis indicada, vertió una tapa llena para Tangyuan.

La pequeña no sabía qué era, pero al probar su sabor dulce se lo bebió obedientemente.

Zhang Haiyang regresaba todavía enfadado, pero cuanto más se acercaba a su casa, más lentos se volvían sus pasos.

Cuando vio a Li Jiajia lavando ropa frente a la puerta, comprendió que él simplemente no podía permitirse el lujo de actuar por orgullo.

Soltó un profundo suspiro, dio media vuelta y echó a correr por donde había venido, pensando regresar al puesto de misiones para cambiar sus núcleos por aquellas dos tortas.

Pero cuando llegó nuevamente, el encargado de recibir los núcleos miró lo que Zhang Haiyang había entregado y dijo:

—Ahora solo alcanzan para una torta. ¿Los cambias o no?

—¿No habías dicho que eran dos…? —preguntó Zhang Haiyang, atónito.

—Ese era el precio de antes. ¿Quién te mandó no cambiarlos? Ahora solo puedes conseguir una. Si quieres, bien; si no, deja de estorbar a los que vienen detrás.

Alguien que estaba en la fila preguntó apresuradamente:

—¿Para nosotros siguen siendo dos?

El usuario de habilidad asintió.

Los demás guardaron silencio y se limitaron a mirar a Zhang Haiyang.

Los que estaban detrás de él todavía recibían dos.

Era evidente que lo estaban castigando deliberadamente por haberse marchado antes en señal de protesta.

Pero el puño apretado de Zhang Haiyang terminó aflojándose.

Sin decir una palabra, dejó los núcleos cristalinos, tomó aquella única torta y se marchó.

Cuando regresó a casa, esperaba encontrarse con la misma atmósfera sombría y miserable de siempre.

Sin embargo, desde el interior escuchó la risa alegre de Tangyuan.

Zhang Haiyang se agachó para entrar y vio a Jiang Le jugando con bloques junto a la niña.

Cuando se enteró de que Jiang Le no solo había regresado completamente ileso de la misión, sino que además había traído toda aquella comida, Zhang Haiyang se quedó desconcertado y con una expresión llena de cosas que quería preguntar, pero no sabía cómo.

Li Jiajia desconocía cómo funcionaban exactamente las misiones realizadas junto a los usuarios de habilidades, así que podía creer la explicación de Jiang Le.

Zhang Haiyang, en cambio, sí lo sabía.

Y también sabía que alguien como Wang Weifeng jamás estaría dispuesto a repartir tanta comida con un humano común.

Sin embargo, por el momento se guardó todas aquellas dudas.

Los cuatro compartieron las empanadas y los panecillos al vapor.

La sensación de tener el estómago lleno de grasa y carbohidratos era maravillosa.

Incluso Tangyuan, que llevaba varios días sin apetito, comió hasta que su pequeño vientre quedó redondo. Aquella noche apenas lloró ni se quejó antes de quedarse dormida.

Li Jiajia la abrazó, y madre e hija respiraron tranquila y profundamente.

La noche terminó por apoderarse de todo y los sonidos de los alrededores fueron apagándose.

Al igual que la noche anterior, Jiang Le salió silenciosamente de la vivienda de lámina, trepó el muro de la base y saltó al exterior.

Siguiendo sus recuerdos del día, se dirigió hacia la fábrica abandonada.

Quería obtener el núcleo cristalino de la sanguijuela terrestre.

El pequeño lobo apareció a mitad del camino y siguió silenciosamente a Jiang Le. Al llegar a la fábrica abandonada, ni siquiera entró. Se quedó esperando junto a la entrada.

Siempre había odiado aquella clase de criaturas chupasangre.

La luz de la luna penetraba por las ventanas elevadas que rodeaban la fábrica abandonada y se reflejaba sobre el musgo ligeramente luminiscente que cubría las húmedas paredes, dejando una tenue capa de resplandor verdoso flotando en el interior.

Todo estaba en silencio.

Solo se escuchaba, de vez en cuando, el leve sonido de las gotas de agua condensadas dentro de las tuberías metálicas al caer sobre los pequeños charcos del suelo.

Gota.

Gota.

Al regresar allí, la vid de sangre se mostró emocionada e inquieta.

Cuando Jiang Le accedió a sus deseos y levantó la tapa del recipiente de cultivo, innumerables lianas surgieron de inmediato del pequeño espacio del tamaño de la esfera de un reloj.

Tomando la muñeca de Jiang Le como punto de partida, se retorcieron suavemente en el aire como los cabellos de una sirena, nadando entre el tenue resplandor mientras sus extremos tanteaban cada rastro de olor suspendido en el ambiente.

Aunque podía saciarse consumiendo núcleos cristalinos de zombis, lo que más le gustaba a la vid de sangre seguía siendo una energía más pura.

El saqueo y la matanza estaban grabados en el instinto de todas las criaturas mutadas.

Jiang Le también llevó sus cinco sentidos al límite, buscando cuidadosamente la ubicación del cuerpo materno de las sanguijuelas mutadas.

Casi al mismo tiempo, Jiang Le comenzó a moverse y las lianas de la vid de sangre se extendieron en una dirección determinada.

Jiang Le dio una gran zancada.

Dos o tres pasos después, echó a correr.

Siguiendo aquel sonido casi imperceptible, llegó directamente hasta el extremo de una curva de las tuberías.

El cuerpo materno de las sanguijuelas mutadas también percibió el peligro e intentó escapar por las tuberías conectadas con el exterior.

Jiang Le apoyó un pie contra la pared y saltó hacia lo alto. Con la otra mano sujetó el machete de montaña y descargó un poderoso golpe.

¡Clang!

Abrió por la fuerza un agujero del tamaño de un tazón en aquella sección de tubería, cortándole la retirada al cuerpo materno.

Una masa de carne desapareció ante sus ojos, deslizándose hacia una parte más profunda de las tuberías.

Jiang Le simplemente avanzó sobre ellas y continuó persiguiéndola.

¡Clang! ¡Clang! ¡Clang!

Después de cuatro o cinco machetazos consecutivos, fue obligando al cuerpo materno a retroceder hasta dejarlo acorralado en un rincón sin posibilidad de escapar.

Desde el interior de la tubería, el cuerpo materno emitió chillidos agudos semejantes a los de un ratón.

Cuando las lianas de la vid de sangre penetraron en el conducto, comenzó a retorcerse frenéticamente, haciendo vibrar violentamente toda la tubería.

Por las aberturas que Jiang Le había cortado comenzaron a brotar innumerables sanguijuelas terrestres, como si las tuberías estuvieran sangrando.

En cuanto entraron en contacto con el aire exterior, aquellas criaturas comenzaron a saltar frenéticamente hacia Jiang Le, como si hubieran decidido que, aunque fueran a morir aquel día, al menos se lo llevarían con ellas.

Una sanguijuela terrestre mutada podía saltar más de diez metros de una sola vez.

Y en cuanto tocaba carne o piel, la ventosa de su cabeza actuaba inmediatamente, aferrándose con firmeza a la víctima.

Ni siquiera arrancarla por la fuerza servía de mucho: la superficie de contacto quedaba igualmente corroída y convertida en un agujero sangrante.

Mientras la ventosa permaneciera intacta, podía alimentarse y regenerar un nuevo cuerpo en menos de un minuto.

Jiang Le saltaba sobre las tuberías, calculando cuidadosamente los ángulos para esquivar los ataques.

No tardó en sentir bajo sus pies la vibración de las frágiles tuberías, señal de que estaban a punto de romperse.

Las sanguijuelas mutadas ya lo rodeaban desde varias direcciones y apuntaban codiciosamente hacia todo su cuerpo.

Justo cuando el peligro estaba a punto de alcanzarlo, la vid de sangre retiró las lianas que perseguían al cuerpo materno.

Antes de que las sanguijuelas pudieran tocar a Jiang Le, las lianas se entretejieron en el aire hasta formar una densa red que se alzó como un muro frente a él.

¡Papapapá!

Las sanguijuelas mutadas chocaron contra la vid de sangre, produciendo una sucesión de sonidos secos.

Las pequeñas ventosas de las lianas se abrieron de golpe y se aferraron con fuerza a aquella carne que prácticamente se había entregado por sí sola.

Las sanguijuelas, gruesas como los dedos de Jiang Le, quedaron completamente drenadas en un abrir y cerrar de ojos.

Pero Jiang Le apenas tuvo un segundo para relajarse.

La tubería bajo sus pies finalmente no pudo soportar más y se quebró con un crujido antes de desplomarse contra el suelo.

Jiang Le también comenzó a caer.

Durante aquel breve instante suspendido en el aire, ajustó rápidamente la posición de su cuerpo para no quedar demasiado expuesto al aterrizar y poder reincorporarse de inmediato al combate.

Sin embargo, antes de que pudiera hacerlo, una sombra negra apareció debajo de él en un instante.

Su cuerpo se expandió hasta alcanzar varias veces su tamaño habitual, asegurándose de que la amplia y suave superficie de su lomo pudiera recibir a Jiang Le mientras caía desde lo alto.

Desde la tubería destrozada, las sanguijuelas mutadas restantes cayeron como lluvia.

Desde la perspectiva de Jiang Le, tumbado sobre el lomo del pequeño lobo, sus figuras fueron creciendo rápidamente ante sus ojos.

Al segundo siguiente, el pequeño lobo desplegó toda su velocidad.

Saltó hasta el otro extremo de la fábrica, esquivó a las sanguijuelas y, acto seguido, abrió la boca y lanzó una llamarada.

Su velocidad fue tan grande que muchas de las sanguijuelas todavía estaban suspendidas en el aire cuando quedaron reducidas a carbón.

La única perjudicada fue la vid de sangre.

No solo había sufrido aquel desplazamiento instantáneo junto con Jiang Le, sino que tampoco tenía un pelaje suave donde apoyarse ni estaba mentalmente preparada para semejante aceleración.

Sus lianas fueron arrastradas violentamente por la inercia.

La sensación semejante a un mareo hizo que terminara vomitando todas las sanguijuelas mutadas que aún no había acabado de digerir.

Innumerables medios cadáveres cayeron al suelo con pequeños golpes húmedos.

¡Y eso no era todo!

Cuando el pequeño lobo había escupido fuego, ¡ni siquiera se había preocupado por ella!

¡La oleada de calor le había quemado las lianas!

El lobo y la vid prácticamente se contrarrestaban mutuamente en todos los aspectos.

No era extraño que chocaran desde el primer momento en que se habían conocido.

Jiang Le saltó del lomo del pequeño lobo y le dio unas palmadas en el costado a modo de agradecimiento.

Para entonces, toda la tubería metálica había caído al suelo.

Además de las sanguijuelas que continuaban saliendo de ella, el rojizo cuerpo materno ya no tenía ningún lugar donde esconderse.

Aunque no se movía despacio, sus movimientos eran demasiado fáciles de predecir.

Jiang Le lanzó con fuerza el machete de montaña.

La enorme potencia del impacto atravesó la oxidada pared exterior de la tubería y perforó el cuerpo materno, clavándolo en el sitio e impidiéndole moverse.

La criatura soltó un chillido desgarrador.

Las crías percibieron el dolor del cuerpo materno y comenzaron a retorcerse de manera todavía más frenética.

Sin embargo, debido a que el cuerpo materno estaba demasiado ocupado sufriendo como para darles órdenes, ya no atacaban a Jiang Le con la determinación de antes. En cambio, permanecían algo desorientadas.

La vid de sangre descargó sobre el cuerpo materno toda la rabia acumulada por el mareo y por haber sido chamuscada por las llamas.

Sus lianas volvieron a dispararse.

Apuntaron directamente hacia el lugar donde estaba clavado el machete de montaña, envolvieron por completo al cuerpo materno y penetraron directamente en busca del núcleo cristalino.

Los chillidos ensordecedores finalmente fueron apagándose.

El silencio anunció la muerte del cuerpo materno.

Una perla cristalina de color nacarado fue alzada en el aire por una liana, como si esta exhibiera orgullosamente su trofeo, antes de retraerse hasta quedar frente a Jiang Le.

Jiang Le tomó entre sus dedos el núcleo cristalino de la sanguijuela mutada.

Podía sentir las innumerables lianas de la vid de sangre retorciéndose con deseo alrededor de su mano.

Pero, pese a cuánto ansiaba aquella energía de naturaleza similar a la suya, tan beneficiosa para su evolución, la vid había entregado primero el núcleo a Jiang Le.

Jiang Le tampoco decepcionó sus expectativas.

Un instante después, le dio el núcleo cristalino.

La liana envolvió satisfecha aquel núcleo que tanto le gustaba y se retrajo al interior del recipiente de cultivo.

Habían cumplido perfectamente su objetivo.

Jiang Le se relajó y se preparó para marcharse.

Sin embargo, de pronto sintió que el hocico del pequeño lobo le rozaba el brazo.

Jiang Le bajó la mirada y descubrió que el lobo había reparado en la herida que se había hecho anteriormente con la daga de Wang Weifeng.

Después de tanto tiempo, la herida ya había dejado de sangrar, pero seguía siendo bastante visible sobre su piel clara.

Además, por su forma podía parecer perfectamente una herida causada por el latigazo de una liana.

Y como la vid de sangre había lamido la herida, también quedaba sobre ella parte de su olor.

La mirada del pequeño lobo se volvió peligrosa al dirigirse hacia el recipiente de cultivo.

Parecía que, de no ser porque la vid ya se había escondido dentro y el recipiente estaba sujeto a la muñeca de Jiang Le, habría soltado una llamarada sin vacilar para quemarla viva.

Jiang Le cruzó la mirada con él y comprendió inmediatamente lo que estaba pensando.

—Me hice esto antes, cuando salí con aquellos usuarios de habilidades.

En otras palabras, la vid de sangre no tenía nada que ver.

El pequeño lobo lo observó.

Al comprobar que no parecía estar mintiendo, finalmente apartó la cabeza y comenzó a caminar lentamente hacia la salida.

Tras cruzar el muro de la base y evitar con facilidad las miradas de los patrulleros, Jiang Le se deslizó silenciosamente entre la oscuridad.

Al escuchar los pasos del pequeño lobo detrás de él, se volvió e hizo un gesto para indicarle que entrara al espacio.

Pero el pequeño lobo lo ignoró.

En cambio, salió corriendo hacia algún punto del centro de la base.

Jiang Le no sabía qué pretendía hacer.

Estaba a punto de seguirlo cuando vio que una persona se levantaba de la oscuridad frente a la casa de Zhang Haiyang.

Sus pasos se detuvieron.

Después de un instante, decidió dirigirse hacia aquella figura.

—Hermano Zhang, ¿por qué sigues despierto?

La persona que estaba en la oscuridad era precisamente Zhang Haiyang.

Jiang Le no se sorprendió demasiado.

—Tú… tú no eres una persona común —dijo Zhang Haiyang en voz extremadamente baja. Hablaba entrecortadamente, pero con absoluta certeza.

Cuando Jiang Le había saltado el muro para regresar, Zhang Haiyang también había visto aquella sombra negra que lo seguía.

Su silueta se superpuso vagamente con la enorme bestia negra que había visto en el instante entre la vida y la muerte durante el encuentro con el jabalí mutado.

Y aunque no hubiera visto al pequeño lobo, todas las demás pistas juntas bastaban para comprender que la identidad de Jiang Le no era tan simple.

—Tangyuan le contó a Jiajia que le diste a beber una agüita dulce —dijo Zhang Haiyang.

Unas horas después de beberla, la fiebre de su hija había comenzado a bajar y su apetito había mejorado.

Zhang Haiyang dedujo que Jiang Le le había dado algún medicamento.

Y, en aquellos momentos, las medicinas eran incluso más valiosas que la comida.

¿Cómo podía un humano común sacar de la nada toda aquella comida?

¿Y cómo podía un humano común unirse al equipo de Wang Weifeng, regresar completamente ileso y, además, hacer que Wang Weifeng terminara con una pierna inutilizada?

—Sí soy una persona común. Solo que no exactamente igual que ustedes —respondió Jiang Le.

Zhang Haiyang no pretendía obligarlo a revelar su identidad.

Simplemente había comprendido por fin la razón por la que había logrado escapar con vida de aquella situación desesperada.

Levantó una mano y se secó la humedad de los ojos.

—Xiao Jiang, solo quería darte las gracias.

Jiang Le no respondió con ninguna frase sentimental.

Fue directamente al asunto.

—Hermano Zhang, no sé cuánto tiempo me quedaré aquí, pero mientras permanezca en este lugar, ¿puedo pedirte un favor?

Zhang Haiyang preguntó inmediatamente:

—¿Qué necesitas? Dímelo.

—Mientras me hospede aquí, espero que no reveles mi información a nadie.

—Por supuesto. No se lo diré a nadie —prometió Zhang Haiyang en voz baja.

Jiang Le asintió y luego, como si fuera algo casual, añadió:

—Además, yo también compro núcleos cristalinos de zombi. ¿Cuál es el precio actual de compra en la base?

Zhang Haiyang le explicó la tasa de intercambio vigente.

Jiang Le reflexionó un momento y asintió.

—Hagamos esto. Por esta misma cantidad de zombis, después de extraerles los núcleos, amontonen también los cadáveres. Cuando regresen, denme las coordenadas y yo me encargaré de ellos. A cambio, les proporcionaré tres comidas al día. ¿Qué te parece?

La demanda de núcleos cristalinos de zombi de la vid de sangre era cada vez mayor.

Ahora necesitaba alimentarla con más de cien núcleos diarios para hacer desaparecer por completo su indicador de hambre.

Aunque Jiang Le todavía tenía bastantes núcleos acumulados en el almacén, cuantos más tuviera, mejor preparado estaría.

Comprar los núcleos de Zhang Haiyang no era más que un intercambio beneficioso para ambos.

Zhang Haiyang se quedó inmóvil.

El concepto de tres comidas diarias no tenía absolutamente nada que ver con recibir dos tortas del tamaño de una palma.

Su corazón comenzó a latir con fuerza.

—¿Desayuno, comida y cena?

Al ver que Jiang Le asentía, el corazón de Zhang Haiyang se aceleró todavía más.

—Entonces… entonces, ¿mis amigos también pueden cambiar sus núcleos cristalinos de zombi contigo?

No podía aceptar para sí mismo la oportunidad de comer hasta saciarse mientras los compañeros que luchaban a su lado tenían que conformarse con aquellas dos tortas secas y difíciles de tragar.

—Sí, pero debes garantizarme que todos son personas de confianza.

Zhang Haiyang se llenó de alegría.

—¡Sí, sí! Todos son amigos con los que he arriesgado la vida. Respondo por ellos.

En realidad, que Zhang Haiyang pudiera garantizar por completo que la identidad de Jiang Le no sería revelada no era tan importante.

Jiang Le simplemente no quería llamar demasiado la atención dentro de la base.

Su intención era aprovechar las coordenadas de las criaturas mutadas que proporcionaba el sistema de misiones, conseguir suficientes núcleos cristalinos y marcharse.

Mientras ellos conversaban animadamente, en otro lugar una sombra negra rastreaba silenciosamente el olor de Wang Weifeng en el aire.

Tras localizar una habitación concreta del segundo piso de uno de los edificios, un par de ojos azul agua permaneció fijo en la silueta humana proyectada detrás de la ventana iluminada.

Wang Weifeng estaba tumbado en una cama con la pierna herida suspendida en alto.

Aunque un usuario con habilidad curativa ya lo había tratado, era imposible que se recuperara por completo en tan poco tiempo.

Y, según le habían dicho, como máximo recuperaría el ochenta por ciento de la funcionalidad de aquella pierna.

Wang Weifeng se acarició el muslo y suspiró para sus adentros.

Después de caminar tantas veces junto al río, finalmente se había mojado los zapatos.

Entonces recordó a Jiang Le.

Mientras se irritaba por la estúpida buena suerte de aquel chico, no pudo evitar murmurar:

—La verdad es que ese mocoso está bastante bueno. Si hoy no me hubiera jodido la pierna y hubiera tenido tiempo para ocuparme de él…

El subordinado sentado a su lado conocía perfectamente sus preferencias y respondió despreocupadamente que todavía habría tiempo de sobra en el futuro.

De pronto sintió ganas de orinar.

Se levantó.

—Hermano Wang, voy a mear.

—¡¿Por qué mierda tienes que informarme que vas a mear?! ¿Quieres que te sostenga la polla también?

El subordinado soltó una risita mientras caminaba hacia afuera.

—Ahora soy yo quien tiene que alcanzarte el orinal, hermano Wang.

Después de que saliera, la puerta quedó entreabierta.

Unos diez segundos después…

Criiic.

La puerta volvió a abrirse desde fuera.

—¿Ya terminaste de mear? —dijo Wang Weifeng sin siquiera girarse—. Si la tienes corta, ¿también meas menos o qué?

Nadie respondió.

Solo una ráfaga de aliento caliente rozó un costado de la cabeza de Wang Weifeng.

Y, sin embargo, lo que sintió fue un escalofrío helado.

—¡¿Por qué mierda me soplas en la cabeza?!

Wang Weifeng se volvió furioso.

Pero lo que vio no fue a su subordinado.

Era una gigantesca cabeza de lobo.

En aquel instante, hasta su respiración se detuvo.

El terror absoluto le impidió emitir sonido alguno.

Tenía miedo de que el menor movimiento bastara para que aquellas fauces acabaran con su vida en un instante.

Wang Weifeng vio una intención asesina nítida en los ojos del enorme lobo.

Sin embargo, por alguna razón, la bestia terminó conteniéndose y dirigió la mirada hacia su brazo izquierdo.

En un instante, el enorme lobo abrió las fauces y mordió.

Antes de que Wang Weifeng pudiera siquiera gritar…

¡Crac!

Sus mandíbulas destrozaron directamente los huesos de su antebrazo.

Acto seguido, el lobo se dio media vuelta, saltó por la ventana y desapareció en la oscuridad en un solo movimiento.

Lo único que quedó atrás fue Wang Weifeng, sujetándose el brazo cuyos huesos habían quedado hechos pedazos y soltando alaridos semejantes a los de un cerdo al que estaban degollando.

Prev
Next
Novel Info

MANGA DISCUSSION

© 2024 Ares Scanlation Inc. All rights reserved

Sign in

Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Sign Up

Register For This Site.

Log in | Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Lost your password?

Please enter your username or email address. You will receive a link to create a new password via email.

← Back to Ares Scanlation

Premium Chapter

You are required to login first