El Favorito del Cielo - Capítulo 27
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- Capítulo 27 - Confrontación por primera vez, ¿quién eres tú?
«Deja de fingir. Sé que estás despierto.»
Después de ayudarle a cambiar las vendas, Ling Jingxuan se quedó de pie a un lado, mirándolo con frialdad. El hombre, tumbado sobre la cama de paja con el torso desnudo, tenía un cuerpo fuerte, no del tipo musculoso exagerado, sino con una complexión saludable y atractiva. Cada línea de su cuerpo parecía tan bien definida que irradiaba una fuerza natural, y con esas facciones cinceladas, ese rostro apuesto y varonil… era un hombre realmente seductor. Incluso con los ojos cerrados, era capaz de conquistar el corazón de cualquier mujer con solo su presencia. Si no fuera por aquel hecho asqueroso entre él y el antiguo dueño de este cuerpo, tal vez él mismo se habría sentido tentado. Al fin y al cabo, nadie podía negar la belleza, ¿no?
«¿Quién eres tú?»
El hombre abrió los ojos. Aquellos oscuros y profundos ojos, como flores de durazno, brillaban con una luz hipnótica. Su rostro, pálido por la pérdida de sangre, no le restaba ni un ápice de la aguda intensidad de su mirada. Ling Jingxuan no pudo evitar silbar. Ese par de ojos le sumaban aún más encanto a su atractivo rostro. Bajo esa mirada, el aire a su alrededor parecía transformarse: fuerte, imponente y lleno de nobleza.
«¿No deberías decir tu nombre antes de preguntar el mío? ¿O así tratas a quien te salvó la vida?»
Aunque se sintió momentáneamente sorprendido por su encanto, Ling Jingxuan no olvidaba lo cruel y despiadado que era ese tipo. Un hombre así solo podía ser admirado desde lejos; involucrarse con él… ni pensarlo. Todavía quería seguir viviendo unos años más.
Aquellos ojos brillantes mostraron un instante de confusión, luego se volvieron profundos como el mar. El hombre no respondió, limitándose a observarlo fijamente sin moverse. Su mente en blanco le decía que había olvidado todo, incluso su propio nombre. Pero, por la conversación de ayer, sabía que este hombre delgado y de aspecto sereno, que decía haberlo salvado, tenía algún tipo de relación cercana con él.
«¿Quién eres tú?»
Volvió a preguntar. Quizá ni él mismo se dio cuenta de que en su tono se mezclaba un aire de autoridad natural, una dominancia innata que ni la amnesia podía borrar.
«¡No me digas que olvidaste quién eres!»
Ling Jingxuan, perceptivo, captó la confusión en sus ojos, así como la defensiva que no trató de ocultar. Con un movimiento brusco, retiró el paño de su frente, frunciendo levemente el ceño.
«Sí…»
«¡Maldita sea!»
Antes de que terminara de hablar, Ling Jingxuan se agachó y le tomó la mano. Su rostro afilado y hermoso se cubrió de sudor frío. Tras un rato de concentración, frunció los labios y dijo:
«Hay una obstrucción de sangre en tu cerebro. Puede que tengas una amnesia temporal causada por el golpe. ¡Esto es tuyo! Será mejor que te recuperes pronto y te largues de aquí lo más lejos posible.»
Soltando su mano, Ling Jingxuan tomó al azar un trozo de tela rota y se lo lanzó. Dentro había un colgante de jade y una bolsa pesada. El colgante tenía grabado el carácter “晟 (Sheng)”, seguramente parte de su nombre. En cuanto al contenido de la bolsa, no le interesaba. Solo esperaba que recuperara la memoria pronto, respondiera a unas cuantas preguntas y luego desapareciera de su mundo.
«Espera, ¿quién eres tú? ¿Qué relación tenemos?»
Al verlo dispuesto a irse, el hombre se incorporó instintivamente. Si recordaba bien, ayer habían dicho que tenían hijos, ¿no?
Ling Jingxuan se detuvo y giró lentamente la cabeza. Su rostro mostraba una mezcla de frialdad distante e ironía.
«Mira la tela que tienes en la mano. ¿Cómo podría alguien tan insignificante como yo tener relación alguna contigo?»
A simple vista, se notaba que aquel trozo de tela era de buena calidad. Obviamente el hombre debía tener un estatus alto, y su intuición le gritaba que involucrarse con él solo traería problemas.
«Los niños…»
El hombre frunció el ceño y lo dijo impulsivamente, pero Ling Jingxuan lo interrumpió con un resoplido helado.
«Parece que escuchaste mi conversación con mis padres. No importa si perdiste la memoria o no, solo te lo diré una vez: los niños son míos y no tienen nada que ver contigo. Más te vale recordarlo, o si no…»
Ling Jingxuan no terminó la frase, pero la mirada asesina que le lanzó hablaba por sí sola antes de salir de la habitación. Si ese hombre osaba disputarle a sus hijos, no dudaría en matarlo. Esos dos pequeños eran suyos, y nadie se los quitaría.
El hombre no pareció afectado por su amenaza. Después de que Ling Jingxuan se marchara, soportando el dolor, se incorporó y con sus largos dedos revisó el trozo de tela púrpura que le habían arrojado. Por su textura suave, no era difícil notar que era un objeto caro. Pero sus ojos no se detuvieron mucho en eso. Sacó un colgante de jade verde oscuro y translúcido; en una de sus caras estaba grabado el carácter “晟” (Sheng). Al rozar el grabado con los dedos, flashes de imágenes aparecieron en su mente, pero pasaron tan rápido que cuando intentó verlos con claridad, ya se habían desvanecido.
Su instinto le decía que ese colgante estaba estrechamente ligado a su identidad. Apretó el jade con fuerza, luego sacó una bolsa aparentemente simple pero bordada con hilo de oro, y de su interior extrajo una figura de jade negro en forma de tigre.
«Ah…»
En el instante en que vio la figura, un dolor punzante, como si mil agujas se clavaran en su cabeza, lo invadió. La intensidad fue tal que tuvo que soltarla y llevarse las manos al cráneo, rugiendo de dolor. Justo entonces, Ling Jingxuan regresó cargando dos grandes cuencos. Echó una mirada al colgante y a la figura, una chispa de sospecha cruzó por su mente, pero no dijo nada.
«¡Espera!»
Cuando estaba a punto de irse, el hombre, aun sufriendo, lo agarró de la muñeca. La fuerza fue tal que Ling Jingxuan sintió que se la iba a romper. El hombre no parecía consciente de su brusquedad; lo miró fijamente y dijo con voz tensa:
«¿Quién eres? Dime tu nombre.»
Sus ojos profundos y penetrantes lo encaraban con una intensidad que ni él mismo comprendía.
«¡Ling Jingxuan!»
Sacudiendo su mano para liberarse, Ling Jingxuan bajó la vista hacia su muñeca enrojecida. Su voz era tan fría como el hielo, y cada palabra bastaba para congelar a cualquiera.
«Entonces tú eres mi…»
«¡Salvador!»
Ling Jingxuan lo interrumpió con frialdad una vez más, ignorando el ceño fruncido del hombre. Tras responder, se dio la vuelta y se marchó.
Lo que no sabía era que la mirada del hombre lo siguió hasta que su figura desapareció de su vista.
«Ling Jingxuan…»
Después de un largo rato, el hombre retiró la vista y murmuró su nombre. Una leve sonrisa —que ni siquiera él notó— apareció en sus labios.