El Favorito del Cielo - Capítulo 239

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  4. Capítulo 239 - Intentando convencer al pequeño Bun (2)
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Ling Jingxuan, frustrado, decidió desquitar su enojo con su esposo, pero este último se rió aún más fuerte y sin control. Ling Jingxuan le lanzó una mirada afilada como daga antes de volverse hacia sus hijos, forzando un tono de voz lo más suave posible.

—No te pedí que lo gastaras todo. Pero llevar un poco más contigo no te haría ningún daño.

—¿Y para qué tanto? ¿Y si me lo roban? —replicó Ling Wen frunciendo el ceño, con clara desconfianza—. Siento que papi está tramando algo.

—Ejem… ¿no quieres comprarte algo para ti también? Por ejemplo, un poco de buena tela para ropa, tinta, papel, cosas así. Ahora somos ricos. Si vestimos decentemente, ganaremos el respeto de los demás, ¿no crees? —dijo Ling Jingxuan, intentando tentarlo.

—¿Y para qué quiero ganarme el respeto de gente que ni siquiera me importa? Papi, es verdad que ahora tenemos dinero, pero tú lo ganaste con mucho esfuerzo. ¿Cómo voy a desperdiciarlo?

—¿Acaso lo mío no es tuyo también? Gasta todo lo que quieras —insistió el padre.

—No, eso no está bien. Nadie se queja de tener demasiado dinero. Papi, sé que estás tratando de engañarme para que gaste más.

—Bueno… —

El resultado fue obvio: en ese duelo entre padre e hijo, Ling Wen ganó de manera aplastante. En cualquier lugar y bajo cualquier circunstancia, mientras se tratará de dinero, Ling Jingxuan jamás lograba vencerlo.

“Toc, toc…”

De pronto llamaron a la puerta. Padre e hijo, mirándose fijamente, tuvieron que detener su “batalla”. Ling Wen miró la mesa llena de monedas y el dinero en el suelo; comprendió que no tendría tiempo de guardarlo todo, así que lo dejó ahí y corrió a abrir la puerta.

—¿Por qué intentas inducirlo? Sabes que es tacaño, ¿y aun así le pides que lleve cien taeles de plata encima? ¿No es como si le arrancaras un pedazo de carne? —dijo Yan Shengrui con una sonrisa divertida, mirando a su esposo abatido.

Cualquier cosa debía hacerse paso a paso. Ling Jingxuan estaba dando un salto demasiado grande; no era de extrañar que su hijo se revelara.

Hablar de dinero con Ling Wen resultaba más agotador que hacer trabajo físico. Ling Jingxuan se dejó caer en la silla, exhaló con resignación y murmuró con una mueca amarga:

—Vi que tenía la intención de usar algunos lingotes de plata, así que quise aprovechar el momento. ¿Quién iba a pensar…? ¿Cuándo podré curar su tacañería?

Ahora tenían decenas de miles de taeles en casa; eran, sin duda, una familia adinerada. En el campo, eso era una fortuna. ¿Por qué su pequeño seguía actuando como si fueran pobres? ¿Habían sido en vano los tres meses que llevaba intentando inculcarles una mentalidad más relajada con el dinero?

Solo pensar en eso le resultaba un golpe al ego. ¿Por qué era tan difícil criar a unos hijos que se comportaran como jóvenes ricos?

—Jejeje… No te apresures, ve paso a paso. ¿Acaso no ha mostrado progreso hoy? Al menos tomó la iniciativa de gastar su dinero para comprar algo a su familia. No esperes tanto de golpe —le dijo Yan Shengrui, dándole una palmada en el hombro con cariño.

—Ay… supongo que tendré que conformarme con eso —suspiró Ling Jingxuan resignado. Tenían valores de vida totalmente distintos; no había otra explicación.

En ese momento, los dos pequeños que habían ido a abrir la puerta regresaron acompañados de Chu Yan. Al ver el suelo cubierto de dinero, el niño levantó una ceja, algo desconcertado, pero no preguntó nada. En su lugar, saludó respetuosamente:

—Tío Sheng, Tío Ling.

—Yan’er, no te preocupes tanto por las formalidades. Siéntate —dijo Yan Shengrui con un leve asentimiento.

Ling Jingxuan también dejó de lado su desánimo y le indicó la silla junto a él con una sonrisa amable. Chu Yan asintió con cortesía, dio las gracias y se sentó junto a los pequeños.

—Yan’er, ¿qué te trae por aquí? —preguntó Ling Jingxuan con amabilidad—. ¿No deberías estar estudiando a esta hora?

—Bueno, tío Sheng, tío Ling… Escuché que iban al condado, y me preguntaba si podría ir con ustedes —dijo Chu Yan con cierta timidez, lanzando una mirada rápida a Yan Shengrui, que seguía en silencio.

Desde que había llegado a Datong con su padre, rara vez salía. Por eso, ahora que estaba en la Mansión Yuehua, le emocionaba la idea de un pequeño viaje. Cuando supo que irían al condado, no pudo resistir la tentación. Tras obtener el permiso de su padre, corrió enseguida a pedirles que lo llevaran.

—Por supuesto. Si vienes con nosotros, podrás ayudarme a cuidar a los niños. Me alegra que quieras ir, ¿cómo podría negarme? —respondió Ling Jingxuan sin pensarlo.

Miró su rostro infantil, iluminado por la expectativa que intentaba disimular, y su corazón se enterneció. Ese niño era demasiado sensato. ¿En qué clase de entorno había crecido para volverse así? Con apenas nueve años, parecía más maduro que un joven de quince. Si sus propios hijos fueran tan serios, se sentiría profundamente apenado.

—¿De verdad? ¡Gracias, Tío Ling! Prometo que cuidaré bien de ellos —dijo Chu Yan, sus ojos almendrados brillando de alegría.

Había pensado que tendría que esforzarse mucho para convencerlos, pero su tío aceptó de inmediato. Una sonrisa pura y radiante se dibujó en su rostro infantil. Estaba realmente feliz de poder ir con ellos al condado.

—Jajaja… —

Ling Jingxuan lo miró con ternura y luego volvió la vista hacia Yan Shengrui, como diciendo: “Oye, eres su tío, ¿no piensas decirle algo?” Pero el hombre solo le devolvió una mirada tranquila, sin añadir palabra alguna.

—¡Papi, me mentiste! El hermano Yan dice que los pendientes de plata son baratísimos, ¡que no cuestan casi nada! —interrumpió de pronto Ling Wen, señalándolo con el dedo acusador.

¡Lo sabía! ¿Cómo podían costar tanto? Diez taeles de sobra.

—Eh… ¿están seguros de que hablan del mismo tipo de “barato”? —respondió Ling Jingxuan con el ceño fruncido y una punzada de dolor de cabeza. Juraría que el “no es caro” de Chu Yan no significaba lo mismo que el “no es caro” que entendía su hijo.

—¿Qué diferencia puede haber? ¡Papi, nos mentiste! Xiaowu, no le hagas caso. Llevemos un billete de diez taeles, un lingote de plata y unas cuantas monedas de cobre. Con eso bastará. El resto lo guardamos… —

Con una mirada severa hacia su padre, Ling Wen tomó la mano del pequeño Bun y se agachó para volver a meter las monedas en la alcancía. Xiaowu, como siempre, siguió incondicionalmente a su hermano sin protestar.

Los dos, junto con Chu Yan, recogieron el dinero del suelo y lo guardaron de nuevo.

Ling Jingxuan, rechazado y derrotado una vez más por su propio hijo, solo pudo sacudir la cabeza con resignación.

Plan fallido.

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