El exjefe de una banda criminal transmigra como ama de llaves en una novela +19 - Capítulo 9
—Ama de llaves.
—Ama de llaves, ¿dónde estás~?
—Ama de lla~ves~.
Maldición…
Había subido a Jung Hwangyeong al auto y lo había despedido, y estaba en plena preparación del desayuno de Jung Hwangyu cuando me golpeó una intensa oleada de feromonas.
Me aparté hacia un lado…
y apareció Jung Hwangseo.
…¿Por qué me está buscando?
Que Jung Hwangseo me buscara específicamente de repente hizo que se me erizara la piel.
Desde aquel día, había estado evitándolo instintivamente. Y eso solo era posible porque aquella casa era prácticamente un palacio.
Sinceramente, había pensado que acabaría perdiendo el interés y dejaría de buscar por su cuenta.
Jung Hwangseo se aburría con facilidad. Si no podía verme, supuse que terminaría olvidándose de mí.
Pero incluso al llegar la hora del almuerzo, seguía tumbado en el sofá de la sala de estar, rascándose la cabeza mientras me llamaba.
Era suficiente para volver loco a cualquiera.
No puedo seguir evitándolo para siempre.
Se me escapó un suspiro.
Tarde o temprano tendría que enfrentarlo.
De hecho, seguir esquivándolo de esa manera podía hacerme destacar todavía más.
Aun así, si era posible, quería evitar una confrontación…
Dicen que cuanto más envejeces, más debes cuidar tu cuerpo…
Haa… Esto me está volviendo loco.
La imagen de Jung Hwangseo desnudo apareció fugazmente en mi mente.
Y después, lo que yo mismo había hecho.
Darle una paliza como a un perro.
Por eso uno no debería hacer cosas que luego vuelven para morderle el trasero.
Maldición.
Ya había llegado a mi límite.
Además, andar escondiéndome de esa manera no iba con mi personalidad.
Bien.
Enfrentémoslo de una vez.
Y si de verdad llegaba el momento…
Siempre podía volver a darle una paliza.
Por si acaso, me puse la mascarilla blanca que antes había sacado del armario de artículos de limpieza.
Confiemos en el libro.
No había manera de que Jung Hwangseo recordara que había sido yo.
Si lo recordara, no estaría llamándome con tanta pereza, como si estuviera leyendo un libro de texto.
Con cierta vacilación, fingí barrer el suelo con una escoba y me acerqué al sofá donde estaba tumbado Jung Hwangseo.
Planeaba imitar al Park Gyumin de siempre, procurando no despertar ninguna curiosidad innecesaria.
Hasta ahora no había sentido la necesidad de hacerlo, pero no había razón para involucrarme con Jung Hwangseo y complicarme la vida.
Uno no evita la mierda porque le tenga miedo.
La evita porque está sucia.
Eso era sabiduría adquirida con los años.
Imitar al antiguo Park Gyumin no era difícil.
Lo había leído en el libro.
Tímido, introvertido, dócil…
Un ama de llaves dolorosamente común.
—Em…
—…¿Mmm?
—¿M-me estaba buscando?
Hablé con una voz baja, apenas audible, casi como un susurro.
Jung Hwangseo, que permanecía tumbado, movió únicamente los ojos para mirarme.
Ah, ese olor a feromonas. Es absurdamente intenso…
—Así que tú eres el ama de llaves.
La forma en que Jung Hwangseo me observaba, como si fuera la primera vez que me veía, hizo que chasqueara la lengua para mis adentros.
Debía haber borrado por completo de su mente la existencia del ama de llaves Park Gyumin.
Gracias a eso, finalmente pude relajarme.
Claro.
No me estaba buscando por lo de aquel día.
Probablemente solo quería mandarme a hacer algún recado.
—Sí.
—Eres ridículamente difícil de encontrar. ¿No crees?
—…L-lo siento. Estaba limpiando…
—Como sea. No es nada importante. Solo quería preguntarte algo. Hace aproximadamente una semana, ¿por casualidad se coló en esta casa un lindo gatito ladrón?
—¿Un lindo… qué?
—Un lindo gatito ladrón. ¿Sabes algo? ¿O no?
…No me digas que ese «lindo gatito ladrón» soy yo.
La fecha coincidía exactamente.
Una semana atrás.
Además, Jung Hwangseo me había llamado «precioso» aquel día.
No tardé mucho en comprender que estaba hablando de mí.
Ah.
Menos mal que me había puesto la mascarilla.
Casi perdía el control de mi expresión.
Había pensado que había decidido que todo había sido un sueño…
Pero al parecer no.
Seguramente por eso había estado tan ocupado buscándome todo este tiempo.
—No vi nada. Ese día fui a hacer las compras y estuve fuera de la casa durante bastante tiempo.
—…¿Ah, sí?
Alargó la respuesta.
Asentí mientras un escalofrío me recorría la espalda ante la manera lánguida en que sus ojos me examinaron de pies a cabeza.
Ese mocoso ya tiene una mirada así.
Una mirada que parecía destinada a convertirlo en una figura importante del mundo de los gánsteres cuando creciera.
No.
En realidad, aquella mirada parecía pertenecer a una categoría completamente diferente.
Más bien a la de un asesino…
Me descubrí evaluando instintivamente el potencial de Jung Hwangseo, pero cuando nuestras miradas se encontraron me sobresalté y bajé rápidamente la cabeza.
—Por mucho que busque, es aburrido cuando no encuentro nada. Está bien.
Con un pequeño gruñido, Jung Hwangseo se puso de pie.
Como si ya hubiera terminado lo que tenía que hacer, comenzó a caminar despreocupadamente hacia el segundo piso.
Solté un suspiro de alivio, pensando que había logrado superar aquello…
cuando Jung Hwangseo se detuvo de repente, como si acabara de recordar algo, y habló sin darse la vuelta.
—Ah, cierto. Parece que hyung vendrá mañana.
—¿Sí?
—Solo pensé que debía decírtelo. No quisiera que regañaran a nuestro ama de llaves. Holgazanear como hoy… A mí me pareció bastante divertido, pero probablemente a hyung no.
—…Tendré más cuidado.
Jung Hwangseo me estaba advirtiendo.
Indirectamente.
Había señalado claramente que estaba descuidando mis obligaciones, explicando que me había buscado varias veces y no había conseguido encontrarme.
Incluso había mencionado que no me había dado cuenta de si alguien había entrado o salido de la casa.
Qué bastardo tan quisquilloso.
—Solo pensé que debía mencionarlo.
Se encogió de hombros y se marchó como si nada le importara.
A medida que se alejaba, su aroma también fue desvaneciéndose poco a poco.
Solo había tratado con él durante un momento, pero me había dejado completamente agotado.
Solté un largo suspiro y me desplomé sobre el sofá.
—Ugh… el olor…
Era intenso.
Demasiado intenso.
El sofá estaba impregnado de las feromonas de Jung Hwangseo.
Me estremecí y me levanté.
El aroma en sí no era desagradable, pero se sentía asqueroso, como si Jung Hwangseo me hubiera abrazado con fuerza.
La incomodidad persistía.
Ah, cierto.
Dijo que Jung Hwanhui vendría mañana.
Supongo que Jung Hwangseo también resulta útil de vez en cuando.
Cuando Jung Hwanhui regresaba a casa, de verdad había que estar atento a todo.
Además, era el día en que los cuatro hermanos se reunían para comer juntos.
Recordaba por el libro que, siempre que Jung Hwanhui regresaba, la familia, cuyos miembros normalmente vivían cada uno por su lado, hacía tiempo para cenar junta.
Era la única ocasión en que lo hacían.
Debería salir a hacer las compras temprano mañana por la mañana.
Y tendría que limpiar con especial cuidado.
Sería la primera vez que conocería al protagonista masculino principal desde que entré en este libro, así que era inevitable sentirme tenso.
El protagonista masculino principal.
Jung Hwanhui.
El jefe de una organización criminal.
Frío, despiadado, sin sangre ni lágrimas.
Supuestamente, solo sonreía delante de su familia.
Ah. También sonríe delante de la protagonista.
Confundido por experimentar el amor por primera vez, lo niega una y otra vez…
Hasta que finalmente comprende que aquello es amor y cae perdidamente enamorado de la protagonista.
Después de eso, comienza un desfile interminable de escenas para mayores de diecinueve años.
Probablemente Jung Hwanhui fuera el primero en ser conquistado.
Después Jung Hwangyu.
Y, por último, Jung Hwangseo.
Aunque Jung Hwangseo solo había sido conquistado a medias.
No podía decirse que estuviera completamente sometido.
Sí, sus cuerpos se entrelazaban…
Pero nadie sabía qué demonios pasaba por su cabeza.
Al fin y al cabo, era prácticamente un lunático.
Bien. Primero, limpiar.
Esa era mi máxima prioridad en ese momento.
Rápido.
Rápido.
Ocupado.
Ocupado.
Una noche oscura.
—Hhk… hhuhk.
Un hombre entró tambaleándose en un callejón, como si alguien lo persiguiera.
Tenía todo el cuerpo cubierto de sangre y, por si eso no fuera suficiente, llevaba un cuchillo clavado en el abdomen, del que la sangre goteaba constantemente sobre el suelo.
Maldición.
¿Quién habría imaginado que la facción Hwayong prepararía una trampa?
Ese día había tenido lugar una batalla a gran escala entre su organización, la facción Cheonryong, y su rival, la facción Hwayong.
Jung Hwanhui, jefe de la facción Cheonryong, había estado seguro de que ganaría.
Se habían puesto un nombre grandioso, Hwayong, pero en realidad no eran más que una pandilla formada por gente reunida de aquí y de allá.
Sin embargo…
Pensar que aquella orgullosa facción Hwayong había unido fuerzas con otro grupo.
Cuando Jung Hwanhui llegó al punto de encuentro, apretó los dientes al ver a los gánsteres enemigos.
Parecían triplicar el número de sus propios hombres.
No había escapatoria.
La única forma de sobrevivir era luchar arriesgando la vida.
Al final, apenas había conseguido escapar gracias al sacrificio de sus hombres…
Pero sus heridas eran graves.
Tengo que huir…
Sus piernas ya no respondían.
De verdad había llegado al límite.
La facción Hwayong seguía persiguiéndolo, decidida a matarlo.
A ese ritmo, solo era cuestión de tiempo antes de que lo encontraran y lo enterraran vivo.
Aunque quisiera regresar con su organización, aquellos bastardos seguramente estarían esperando.
En cuanto apareciera, se abalanzarían sobre él.
Instintivamente, pensó en su familia y estuvo a punto de dirigirse a casa…
Hasta que comprendió que eso solo los pondría en peligro.
Giró bruscamente y se internó en un callejón cercano.
Pero el dolor era demasiado intenso.
Ya ni siquiera podía mantenerse de pie.
Había perdido demasiada sangre.
Tambaleándose, Jung Hwanhui apoyó la espalda contra una pared y se deslizó hasta el suelo.
¿Hasta aquí llegué…?
Al menos había un pequeño consuelo.
Nunca le había revelado a nadie dónde estaba su casa.
Había comprado deliberadamente una residencia lejos de la organización y solo iba allí unas pocas veces al mes, siempre en secreto.
Todo había sido para prepararse precisamente para situaciones como aquella.
Aun así, las facciones rivales habían descubierto la casa y entrado por la fuerza en algunas ocasiones.
Pero había criado a sus hermanos menores para que fueran fuertes y, cada vez que había sucedido, habían logrado superarlo sin problemas.
Quería protegerlos, pero tampoco podía colocar gánsteres de manera evidente alrededor de la casa.
Mantener las cosas tal como estaban era la mejor opción que tenía.
Y, más que nada…
Quería que su familia llevara una vida normal.
No una vida de gánsteres.
Por eso nunca los había presentado ante la organización y había mantenido deliberadamente cierta distancia.
Por supuesto, sus hermanos siempre insistían en que querían convertirse en gánsteres y ayudarlo…
Pero jamás lo permitiría.
Una vida tan dolorosa debía terminar con su generación.
Aunque muera… mi familia estará a salvo.
Debido a la naturaleza de su trabajo, nunca sabía cuándo ni dónde podía morir.
Por eso se había preparado para el futuro, por si acaso.
Para que, aunque muriera, sus hermanos no tuvieran dificultades para ganarse la vida.
Había pensado que estaba preparado para todo aquello…
Pero ahora que el final parecía realmente cercano, quería ver sus rostros una última vez.
Se suponía que iría a verlos mañana…
Incluso había preparado un regalo para el menor, Jung Hwangyeong.
Su conciencia comenzó a desvanecerse.
Parecía que aquello realmente era el final.
En ese momento, escuchó unos pasos acercándose.
¿Ya lo habían encontrado los gánsteres?
De cualquier forma…
Morir atravesado por una hoja o desangrarse allí mismo…
El resultado sería el mismo.
Con los ojos cerrados, Jung Hwanhui sonrió amargamente.
—…Ja. ¿Y esto qué es ahora?
Pero la voz que llegó hasta él fue inesperada.
Joven.
Desconcertada.
¿No son gánsteres…?
Quería ver quién era…
Pero ya no le quedaban fuerzas en el cuerpo.
Ni siquiera podía levantar la cabeza.
Al final, Jung Hwanhui ya no pudo resistir más.
Y perdió el conocimiento.