El exjefe de una banda criminal transmigra como ama de llaves en una novela +19 - Capítulo 8
Se lo comió todo.
Cuando fui al comedor después de levantarme por la mañana, vi allí los platos, completamente vacíos y limpios. Ni siquiera sabía cuándo los había sacado.
Normalmente, por la mañana tenía que entrar en la habitación de Jung Hwangyeong y recogerlos yo mismo, pero pensar que esta vez se lo había terminado todo e incluso había dejado los platos afuera…
Qué bueno que preparé las gachas de calabaza dulce.
Una cálida satisfacción se extendió por mi pecho.
Entonces, ¿debería volver a preparar gachas de calabaza dulce para el desayuno de hoy?
Podía darle las gachas a Jung Hwangyeong y, para Jung Hwangyu y para mí, preparar algo sencillo: estofado de kimchi con mucha carne.
Una vez decidido el menú de la mañana, empecé a preparar el desayuno atareadamente mientras esperaba a que Jung Hwangyu regresara de hacer ejercicio.
…¿Hoy está tardando más de lo normal?
Sin embargo, incluso después de que el estofado de kimchi comenzara a hervir, Jung Hwangyu seguía sin aparecer.
¿Se habría enfermado después de la paliza que recibió ayer?
¿Quizá tenía fiebre?
Decidí que primero me ocuparía de Jung Hwangyeong y luego iría a ver cómo estaba Jung Hwangyu. Serví las gachas de calabaza en un tazón y me dirigí a la habitación de Jung Hwangyeong.
Como de costumbre, llamé a la puerta y entré.
Jung Hwangyeong ya estaba mirándome con sus grandes ojos completamente abiertos.
Solo que esta vez, en lugar de esconderse debajo de las mantas, estaba sentado en una silla.
Así parecía un gato callejero cauteloso…
Pero también uno que esperaba su comida.
Sin darme cuenta, las comisuras de mis labios se estremecieron.
Lo pensé desde la primera vez que lo vi, pero de verdad es adorable.
Cuando tuviéramos más confianza, tendría que acariciar ese lindo cabello suyo que siempre se levantaba obstinadamente en todas direcciones.
Pero si me descuidaba y me acercaba demasiado solo porque era adorable, quizá volviera a meterse bajo las mantas y a bufarme.
Así que, por ahora, debía tratarlo como siempre.
Controlando mi expresión, dejé las gachas de calabaza delante de Jung Hwangyeong, que permanecía rígidamente sentado en la silla.
—Buen provecho.
Jung Hwangyeong hizo una diminuta inclinación de cabeza.
Parecía que las gachas eran exactamente de su gusto.
Orgulloso, me alejé para dejarlo comer tranquilamente.
—¿Todavía no sale?
Había pensado que Jung Hwangyu ya estaría fuera cuando regresara después de ocuparme del niño, pero seguía sin aparecer por ninguna parte.
Jung Hwangyeong tardaría un rato en terminar de comer, así que mientras tanto…
¿Debería ir a buscar a Jung Hwangyu?
Ya había inspeccionado la casa antes y sabía dónde estaba su habitación, así que la encontré fácilmente en el segundo piso.
Toc, toc, toc.
Llamé a la puerta, pero no se escuchó ni un solo sonido desde el interior.
Abrí.
La habitación estaba vacía.
Pensaba que estaría aquí.
Entonces, si no estaba en su habitación, ¿dónde se había metido?
Sin pensarlo, mi mirada se desplazó hacia la habitación contigua.
El gimnasio.
No me digas que todavía sigue ahí dentro.
No creía que fuera posible, pero, por si acaso, abrí la puerta.
—Hhk… hhuhk… hhk…
Dentro, Jung Hwangyu estaba haciendo flexiones sin camiseta, respirando pesadamente con cada repetición.
—…¿Jung Hwangyu?
—…Hhk, hhuhk… qué… qué pasa.
—¿No vas a comer?
—Haa… ha… ¿ya es hora?
Jung Hwangyu se impulsó hasta ponerse de pie.
Estaba empapado en sudor de pies a cabeza, como si llevara una eternidad haciendo ejercicio.
Así que esto era lo que los jóvenes de hoy llamaban abdominales de chocolate, ¿eh?
Quizá fuera por su bronceado, pero los abdominales se marcaban claramente sobre su piel cobriza y, antes de darme cuenta, estaba impresionado.
Además, los moretones dispersos por su cuerpo, las cicatrices de la batalla de ayer, hacían que pareciera todavía más…
varonil.
Yo también había tenido un cuerpo digno de presumir cuando era joven…
Incluso al hacerme mayor me había mantenido en bastante buena forma, pero después de entrar en este cuerpo me había quedado completamente liso.
Sin abdominales.
Sin músculos definidos.
Solo una piel pálida, blanca como si me hubieran bañado en leche.
Por primera vez, sentí envidia de Jung Hwangyu.
—¿Qué? ¿Se ve genial?
Quizá porque me había quedado mirándolo demasiado, Jung Hwangyu comenzó a comportarse como si estuviera posando.
—…Sí, se ve bien. Pero ¿de qué sirve? No tienes fuerza.
Chasqueé la lengua mientras negaba con la cabeza.
Un hombre tiene su orgullo.
No podía admitir sin más que el cuerpo de otro hombre era impresionante.
Y mucho menos el de Jung Hwangyu.
En cuanto se lo reconociera, se volvería arrogante y empezaría a presumir.
Mocoso.
Jung Hwangyu se erizó de inmediato y me gritó.
—¡¿Quién dice que no tengo fuerza?! ¡¿Quién?! ¡Lo de ayer fue porque no me sentía bien! ¡Normalmente les habría ganado a todos!
—Ja. Claro. Lo que tú digas.
—¡No me crees! ¡Oye!
—Sí. Te creo.
—¡Oye! ¡Entonces hagamos una apuesta!
—…¿Una apuesta?
Solo lo escuchaba a medias y ya estaba dándome la vuelta para marcharme cuando soltó algo tentador.
—Bien. Peleemos cuerpo a cuerpo… No, mejor eso no. Ya tenemos antecedentes y todo eso. ¡Pulso! ¡Hagamos un pulso!
—…No me molestaría pelear cuerpo a cuerpo.
Estaba seguro de que ganaría.
Jung Hwangyu volvió a pegar un grito.
—¡…Pulso! ¡El ganador obtiene un deseo!
—Un deseo…
—¿Tienes miedo?
—…No empieces a hablar de más después de perder.
En cuanto dijo que tenía miedo, ya no podía dejarlo pasar.
Me remangué.
Con una expresión engreída, Jung Hwangyu arrastró una mesa desde algún lugar y la plantó frente a mí.
—Bien. ¡Una ronda! ¡El ganador se lo lleva todo!
Agarré la mano que me tendió.
Durante aquel breve enfrentamiento, nos miramos fijamente a los ojos.
A diferencia del brazo de Jung Hwangyu, grueso y cubierto de músculos, el mío era dolorosamente delgado.
Una sonrisa victoriosa ya comenzaba a extenderse por los labios de Jung Hwangyu, como si hubiera ganado incluso antes de empezar.
Al verlo, chasqueé la lengua para mis adentros, pensando que era patético.
¿Ya había olvidado el día en que esta misma mano lo había inmovilizado?
Supongo que no se podía negar que era un organismo unicelular bastante simple.
Nuestras manos se tensaron.
—Cuando empecemos, los dos hacemos fuerza al mismo tiempo. Bien… ¡ya!
No había pasado ni un segundo desde que terminó de hablar.
¡Pum!
Con un impacto seco, la mano de Jung Hwangyu se estrelló contra la mesa.
—¡E-esto… esto no tiene sentido!
Jung Hwangyu dejó caer la mandíbula, con la incredulidad plasmada en todo el rostro.
Era evidente que ni siquiera había imaginado que terminaría tan rápido.
Me enderecé después de haberme inclinado para el pulso, sacudí rápidamente la mano un par de veces y hablé.
—Gané. Tsk, tsk. Mocoso. No olvides el deseo.
—¡E-espera…!
—Lávate y baja.
Dejando atrás a Jung Hwangyu, que extendía una mano hacia mí, me marché.
Gritó que no podía creerlo y exigió otra ronda, pero salí rápidamente de allí.
Ya había perdido demasiado tiempo jugando con él.
Era hora de enviar a Jung Hwangyeong al jardín de niños.
Nuestro gatito probablemente estaba esperando.
Primero despediría al menor y después me ocuparía de alimentar a ese perro rabioso llamado Jung Hwangyu.
Ah. La vida de un ama de llaves de verdad es muy ocupada.
Muy ocupada.
A solas, Jung Hwangyu contempló su propia mano como si no pudiera creerlo.
Fue porque hice ejercicio. Gasté toda mi fuerza. Tiene que ser eso… De otro modo, esto no tiene sentido, ¿verdad?
Intentó convencerse a sí mismo, pero hasta un idiota sabría que aquello no era verdad.
Ya sabía que Park Gyumin era fuerte.
Después de lo que había visto ayer, cualquiera que no lo supiera tendría que ser un completo imbécil.
Ayer, Park Gyumin había sido…
literalmente un monstruo.
Verlo blandir un garrote y apalear a aquellos gánsteres como si hubiera perdido la cabeza había hecho que a Jung Hwangyu se le erizara todo el cuerpo.
La forma en que los había aplastado con pura fuerza y crueldad, infundiéndoles miedo…
Parecía una mezcla perfecta de su hermano mayor y su segundo hermano, mitad y mitad.
Jung Hwangyu había tenido que tragarse el miedo y obligarse a detenerlo, pensando que, si aquello continuaba, esos gánsteres podían acabar muertos de verdad.
Y en aquel instante, cuando la mirada de Park Gyumin se volvió bruscamente hacia él…
Las rodillas de Jung Hwangyu casi cedieron.
Casi se orinó encima.
Había sido un alivio que los ojos de Park Gyumin recuperaran rápidamente aquella mirada inexpresiva y desenfocada.
Si no lo hubieran hecho…
Ugh.
Solo recordarlo hacía que le temblaran las piernas.
La razón por la que Jung Hwangyu había entrenado más tiempo de lo habitual aquel día era porque quería hacerse más fuerte.
Ser más débil que el ama de llaves…
Su orgullo no podía tolerarlo.
Y, como mínimo, había estado seguro de que ganaría en un pulso…
Pero incluso ahí había sido derrotado.
Ese maldito monstruo.
¿Cómo demonios podía salir semejante fuerza de un cuerpo tan pequeño?
Ya verás…
No voy a perder.
Voy a vencerte.
Lo haré.
Los ojos de Jung Hwangyu ardieron de determinación.
Ahora, además de su hermano mayor y su segundo hermano, había una persona más a la que necesitaba derrotar.
—¡Ah, mierda!
En ese momento, Jung Hwangyu se tapó la nariz y volvió la mirada hacia la puerta.
Un aroma familiar de feromonas se acercaba desde aquella dirección.
Jung Hwangseo.
Su segundo hermano.
Le digo una y otra vez que oculte sus feromonas dentro de la casa, pero insiste en dejarlas escapar así, haciendo que todos se sientan asfixiados.
Como si no le importara que el olor de las feromonas de otro Alfa sea jodidamente desagradable.
¡En serio!
—¡Ah, hermano! ¡El olor!
—¿Mmm? ¿Mi adorable hermanito?
Una voz lánguida.
Últimamente había estado tan ocupado que apenas se dejaba ver por la casa.
¿Qué hacía aquí hoy?
—¡Oculta tus feromonas! ¡Siento que voy a vomitar!
—Qué~ mo~lestia~.
Olvídalo.
Ni siquiera valía la pena hablar.
No importaba cuántas veces se lo dijera, su segundo hermano jamás escucharía.
Lo mejor era evitarlo.
Jung Hwangyu se dio la vuelta para regresar a su habitación y ducharse…
Fue entonces cuando la voz de Jung Hwangseo llegó hasta él.
—…Ah, cierto. Tú también estabas en esta casa.
—¿Qué?
—Parece que un lindo gatito ladrón se coló en esta casa… ¿Lo has visto?
—¿Un lindo gatito ladrón?
¿Qué tontería era esa ahora?
¿Un gatito ladrón?
—Definitivamente entró… pero, maldita sea, no hay ni un solo rastro.
Sus ojos parecían lánguidos y desenfocados, pero su voz estaba cargada de intención asesina, y Jung Hwangyu tragó saliva sin darse cuenta.
Cuando su hermano se ponía de ese humor…
Era un poco peligroso.
Parecía querer algo, pero no estaba consiguiéndolo como deseaba.
Por fuera aparentaba estar normal, pero su expresión estaba retorcida por la irritación.
Su segundo hermano siempre vivía haciendo lo que se le daba la gana y, cuando algo no salía como quería, se ponía así.
—…E-entonces pregúntale al ama de llaves. El ama de llaves debería saberlo.
Intentando quitárselo de encima, Jung Hwangyu soltó aquellas palabras sin pensarlo demasiado…
Y el rostro de Jung Hwangseo comenzó a iluminarse.
Una expresión extraña.
Éxtasis y deleite mezclados a medias con aquella languidez habitual.
En ese instante, Jung Hwangyu comprendió que la había cagado.
—Ah. Cierto. En esta casa también hay un ama de llaves, ¿verdad?
…No acabo de decir algo que no debía, ¿verdad?
Dicho eso, Jung Hwangseo comenzó a bajar lentamente hacia el primer piso.
Mientras lo observaba, Jung Hwangyu no pudo librarse de la intensa sensación de que había hablado de más.
Durante un buen rato ni siquiera fue capaz de moverse.
Simplemente permaneció allí, clavado en el sitio.