¡El erudito carne de cañón de una novela de exámenes imperiales ha renacido! - Capítulo 39
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- Capítulo 39 - La fortuna favorece a los audaces
Xie Wenyan no tenía prisa por conocer los resultados.
Desde que había renacido, seguía sus planes día tras día, sin descuidarse ni un solo instante y sin permitirse la menor negligencia.
Cuando se trataba de conseguir lo que deseaba, siempre había tenido paciencia de sobra.
Sin embargo, en el palacio imperial, las cosas eran muy distintas.
Después de escuchar el informe de Wang Cheng’an, el viejo emperador fue incapaz de mantener la calma.
Estaba profundamente emocionado.
Aunque no podía decirse que hubiera amado de verdad a aquella doncella de palacio a la que había favorecido años atrás, ciertamente le había tenido mucho cariño.
La joven era extraordinariamente hermosa y poseía un carácter dulce y encantador.
Pero lo más importante era que, cuando había comenzado su relación con ella, el emperador le había ocultado su verdadera identidad.
La doncella siempre había creído que él era un simple guardia imperial.
A pesar de su supuesta posición humilde, jamás lo había despreciado. Por el contrario, lo había amado con absoluta sinceridad.
Incluso cuando descubrieron que había perdido su castidad y la sometieron a castigos e interrogatorios, se negó a revelar la identidad de su amante.
Además, para proteger al hijo que llevaba en el vientre, había conseguido escapar del palacio gracias a su inteligencia.
Una mujer tan inteligente, tan fiel y que lo había amado con semejante intensidad…
Había dejado una huella imborrable en el corazón del viejo emperador.
Todavía no podía olvidarla.
Y seguía lamentando profundamente no haberle revelado su verdadera identidad a tiempo, permitiendo que las demás consortes la persiguieran hasta dejarla en una situación en la que ni siquiera sabía si seguía viva.
—¿De verdad ese muchacho se parece tanto a mí? ¿Realmente podría ser el niño de entonces?
El viejo emperador se levantó emocionado de su trono y preguntó con impaciencia.
Wang Cheng’an respondió respetuosamente:
—Majestad, este humilde servidor tampoco puede asegurarlo. Sin embargo, ese joven se parece extraordinariamente a Su Majestad cuando era joven. Sobre todo en ciertos gestos habituales y preferencias. ¡Es casi como si ambos hubieran salido del mismo molde!
—Además, este servidor preguntó por su edad y comprobó que coincide con los acontecimientos de aquel entonces. Por eso no me atreví a tomar el asunto a la ligera y regresé inmediatamente para informar a Su Majestad.
—En cuanto a si es cierto o no, ruego a Su Majestad que envíe a alguien a investigarlo. Este servidor se encontró con él por casualidad y solo realizó unas averiguaciones superficiales. Consideré que era preferible sufrir una decepción antes que dejar escapar una oportunidad semejante. Después de todo, se trata de la sangre de la familia imperial. Es un asunto de suma importancia.
Wang Cheng’an mantuvo una actitud extremadamente respetuosa, mostrando toda la consideración y diligencia propias de un servidor que se preocupaba sinceramente por su amo.
El viejo emperador quedó muy satisfecho con su comportamiento.
Suspiró y asintió.
—Has hecho bien. En aquel entonces, fui yo quien le falló a Qiu’er. Si le hubiera revelado mi identidad a tiempo, aquellas malditas mujeres no habrían podido hacerle daño…
—Ahora que existe siquiera el menor indicio de su paradero, debo encontrar a esa madre y a su hijo. Si están vivos, quiero verlos. Y si están muertos, quiero encontrar sus restos.
Después de decir aquello, agitó una mano y ordenó a los guardias ocultos que investigaran.
Wang Cheng’an no añadió nada más y se limitó a consolarlo.
—Majestad, no se preocupe demasiado. La dama y el pequeño príncipe poseen una identidad noble. Sin duda, los cielos los habrán protegido y ayudado a superar cualquier peligro. Su Majestad trabaja incansablemente por el bienestar del pueblo. ¿Cómo podrían los cielos desatender el corazón de un padre tan bondadoso?
—¡Maldito esclavo! Solo sabes decir cosas agradables.
Aunque el viejo emperador lo reprendió de palabra, en realidad aquellas palabras lo complacieron enormemente.
Su expectación por los resultados de la investigación aumentó todavía más.
…
La familia Xie vivía en una aldea cercana a la capital y nunca se había marchado de aquella región.
Por eso, para los guardias imperiales no resultó difícil investigar sus antecedentes.
Bastaba con preguntarles a unos cuantos aldeanos para conocer prácticamente toda su historia.
Sin embargo, Xie Wenyan llevaba preparando su plan de hacerse pasar por un príncipe desde el momento en que había renacido.
Sus padres habían seguido sus instrucciones y, aprovechando las conversaciones cotidianas con los vecinos, habían dejado caer numerosas insinuaciones relacionadas con aquel asunto.
Así que, cuando los guardias comenzaron a hacer preguntas, los aldeanos repitieron aquellas informaciones sin darse cuenta de su importancia.
Uno de ellos comentó:
—¿Preguntan por Wulang, de la familia Xie? ¡Ese muchacho es la Estrella de la Literatura de nuestro clan! Wulang ha sido inteligente desde pequeño. Muchos niños de nuestra aldea fueron a estudiar, pero al final solo él consiguió destacar. ¡A los diecisiete años ya había aprobado el examen de xiucai!
—¡El viejo Xie debe de tener a sus antepasados bendiciéndolo desde sus tumbas! Durante varias generaciones, su familia no produjo más que unos cuantos burros ignorantes, ¡y de repente aparece un nieto tan inteligente!
—Además, Wulang es muy apuesto. Si nadie me lo hubiera dicho, habría pensado que lo habían adoptado de otra familia. La verdad es que no se parece demasiado a esa familia de simplones.
Otro aldeano intervino:
—¡Bah! ¿Por qué dices esas cosas por pura envidia? ¡Ten cuidado! Si el tercer hijo de los Xie y su esposa te escuchan hablar así de su precioso hijo, vendrán a darte una paliza.
El primero se negó a ceder.
—¡Pero si es verdad! Wulang es inteligente y guapo. En cambio, mira a los demás nietos de la familia Xie. Todos son honrados, sencillos y bastante ingenuos. ¿Acaso una misma enredadera puede producir dos clases de frutos tan diferentes? ¡Quién sabe si Wulang no habrá sido adoptado de verdad!
—¡Qué tonterías dices! Hasta un bambú podrido puede producir un buen brote. ¿Por qué no podrían pertenecer a la misma familia? ¡De verdad que no tienes cuidado con lo que sale de tu boca!
Los dos aldeanos terminaron discutiendo.
Los guardias que investigaban el asunto intercambiaron una mirada y decidieron preguntarles a otros vecinos.
Sin embargo, las respuestas fueron prácticamente idénticas.
Por lo tanto, llegaron a una conclusión.
Aunque no existían pruebas concluyentes, Xie Wenyan era ciertamente demasiado inteligente y extraordinariamente apuesto.
¡No parecía un hijo que pudiera haber nacido en una familia corriente de campesinos!
Los guardias, que evidentemente desconocían el concepto de mutación genética, decidieron investigar directamente a los padres de Xie Wenyan.
Después de todo, nadie mejor que ellos para saber si el muchacho era realmente su hijo biológico.
Así pues…
Un día, mientras el matrimonio Xie recogía leña en las montañas, fue capturado por los guardias.
Estos les colocaron las espadas contra el cuello y los amenazaron:
—¡Hablen! ¿Xie Wenyan es realmente su hijo biológico?
Cuando una persona corriente, sin ningún entrenamiento especial para controlar sus expresiones, se enfrenta a una pregunta que revela repentinamente un secreto, resulta muy fácil que sus verdaderos pensamientos se reflejen en su rostro.
Sin embargo…
¡Había un pequeño problema!
En el fondo, los padres de Xie Wenyan no eran personas corrientes.
Con tal de alcanzar la riqueza y la gloria, habían aceptado incluso que su hijo se hubiera convertido en un ministro traicionero capaz de perjudicar al país y al pueblo.
¿Cómo iban a dejarse intimidar por unas cuantas espadas?
Además, Xie Wenyan los había preparado en secreto desde hacía mucho tiempo.
Les había ordenado practicar diariamente frente a un espejo de bronce, repitiendo una y otra vez las expresiones que debían mostrar.
Por eso, cuando escucharon aquella pregunta acompañada de amenazas, sus cuerpos reaccionaron incluso antes que sus mentes.
Sus rostros mostraron instintivamente una expresión de conmoción y pánico, como si los guardias acabaran de descubrir su secreto más profundo.
Inmediatamente después, fingieron recuperar la compostura y suplicaron clemencia mientras intentaban reprimir su nerviosismo.
—N-no sabemos a qué se refiere, señor. Wulang es, naturalmente, hijo nuestro. Señor, nosotros solo somos unos plebeyos corrientes. Si hemos hecho algo que lo haya ofendido, nos arrodillaremos para pedirle disculpas. ¡Le suplicamos que nos perdone la vida!
El matrimonio temblaba de pies a cabeza, aparentemente aterrorizado.
Sin embargo, los guardias ya habían observado claramente sus expresiones durante aquel instante de sorpresa.
Naturalmente, no creyeron sus negativas ni sus súplicas.
¡Aquel matrimonio ocultaba algo!
Los guardias estaban convencidos.
Por eso, intensificaron el interrogatorio.
Por supuesto, considerando que aquellas dos personas podían ser los padres adoptivos de un príncipe imperial, no se atrevían a causarles daño de verdad.
No obstante, existían numerosos métodos de interrogatorio que no requerían derramar sangre.
Como guardias secretos del emperador, conocían muchas maneras de hacer hablar a alguien.
Incluso los criminales de voluntad más firme podían terminar cediendo ante sus técnicas.
¡Mucho menos podrían resistirlas dos simples campesinos!
Y, efectivamente…
Los padres de Xie Wenyan no tardaron en rendirse ante los métodos de aquellos profesionales.
Pronto terminaron revelando la supuesta verdad.
—¡Buaaa! ¡Lo diremos, lo diremos! Wulang realmente no es nuestro hijo biológico. Lo encontramos en las montañas detrás de la aldea… En aquel entonces, nuestro verdadero hijo acababa de nacer, pero murió de un resfriado porque no supimos cuidarlo adecuadamente…
—Mi esposo y yo teníamos miedo de que mi suegra nos regañara, así que pensamos en regresar esa misma noche a mi familia materna para traer a otro niño y criarlo como nuestro. Sin embargo, cuando atravesábamos las montañas, escuchamos los gritos de una mujer.
—Nos acercamos por curiosidad y encontramos a una joven que acababa de dar a luz. Estaba a punto de morir, así que nos suplicó que nos hiciéramos cargo de su hijo…
Uno de los guardias preguntó inmediatamente:
—Si eso fue lo que ocurrió, ¿por qué tenían que ocultarlo?
La madre de Xie Wenyan se secó las lágrimas y respondió temblando:
—Cuando aquella joven nos entregó al niño, nos dijo que había personas persiguiéndola para matarla. Nos advirtió que jamás reveláramos el origen del pequeño, porque podríamos atraer una desgracia mortal sobre nuestras cabezas.
—Mi esposo y yo estábamos aterrorizados. Al principio no queríamos involucrarnos en asuntos ajenos, pero aquella joven nos entregó bastante plata y también dejó un colgante de jade que parecía muy valioso.
—Pensamos que quizá aquel niño tuviera un origen extraordinario. Si algún día aparecía alguna persona importante buscándolo, entonces… entonces podríamos hacernos ricos. Por eso decidimos quedarnos con él…
Después de hablar, miró a los guardias con una expresión de profundo temor.
Su mirada parecía decirles:
¡Ustedes aparecieron con espadas y parecían personas peligrosas! ¿Cómo íbamos a atrevernos a reconocerlo desde el principio?
Los guardias intercambiaron miradas.
Finalmente, moderaron su actitud amenazante.
—¿Dónde enterraron a aquella mujer? Llévennos hasta allí.
Los padres de Xie Wenyan no se atrevieron a desobedecer.
Condujeron obedientemente a los guardias hasta el lugar donde habían enterrado a la doncella de palacio, cuyos restos ya se habían convertido en huesos blancos.
Después regresaron a casa y sacaron el colgante de jade que habían mantenido escondido durante todos aquellos años.
Antes de marcharse, los guardias volvieron a amenazarlos para asegurarse de que no hablaran con nadie sobre lo ocurrido.
Solo entonces los dejaron en paz.
Una vez que los guardias se marcharon, el matrimonio continuó mostrando expresiones de miedo y preocupación.
No fue hasta que terminaron de asearse, se acostaron y se cubrieron completamente la cabeza con las mantas cuando se atrevieron a taparse la boca para reír silenciosamente de emoción.
¡Solo los cielos sabían lo que habían sufrido!
Cuando su hijo les había contado por primera vez que pretendía hacerse pasar por un príncipe imperial, habían sentido un miedo indescriptible.
Durante todos aquellos días habían vivido llenos de inquietud, aterrorizados ante la posibilidad de que el plan fracasara y terminaran decapitados.
Sin embargo, al imaginar el maravilloso futuro que su hijo les había descrito, no habían podido contener su codicia.
¡La riqueza y el poder siempre exigían correr riesgos!
Después de todo, ¿qué tenía de aterrador hacerse pasar por miembros de la familia imperial?
¡Una decapitación no era más que un golpe de espada!
Por muy terrible que pareciera, no podía compararse con pasar toda la vida siendo unos campesinos miserables que trabajaban sin descanso y ni siquiera conseguían comer hasta saciarse.
Además…
Ellos únicamente habían dicho que su hijo no era biológico.
¡Nunca habían afirmado que fuera un príncipe!
Si la familia imperial se equivocaba al reconocerlo, sería porque sus miembros eran incapaces de distinguir la verdad.
Los restos de la doncella eran auténticos.
El colgante de jade que acreditaba su identidad también era auténtico.
¡Ellos no habían mentido!
¿Y qué ocurriría si alguien proponía realizar la prueba de parentesco mezclando gotas de sangre?
Su hijo ya les había explicado que aquella prueba no era fiable en absoluto.
En cuanto al aspecto físico de Xie Wenyan, había heredado completamente los rasgos de un tío abuelo de su familia materna.
Por eso no se parecía en nada a los Xie.
Y aquel tío abuelo había fallecido hacía mucho tiempo.
Así pues, mientras la familia imperial se equivocara al reconocerlo y ellos mantuvieran la boca cerrada, aquella identidad quedaría prácticamente asegurada.
Los padres de Xie Wenyan se tranquilizaron con aquellos argumentos, demostrando una fortaleza mental verdaderamente extraordinaria.
…
¿Y se equivocaría la familia imperial?
La respuesta era, naturalmente, afirmativa.
En una época en la que no existían las pruebas de ADN, determinar una relación de parentesco solo era posible mediante testimonios, pruebas materiales y semejanzas físicas.
Xie Wenyan había imitado deliberadamente el estilo de vestir, las costumbres y las preferencias del viejo emperador para crear una impresión de parecido.
Además, Wang Cheng’an estaba contribuyendo a impulsar el asunto desde las sombras.
Finalmente, los guardias presentaron los restos de la doncella de palacio y el colgante de jade que demostraba su identidad.
El viejo emperador, cegado por su desesperado deseo de encontrar a su hijo, quedó convencido en un ochenta por ciento.
Para disipar el veinte por ciento restante de sus dudas, solo necesitaba ver personalmente a Xie Wenyan y comprobar si de verdad existía aquel parecido entre padre e hijo que describían los informes.
Xie Wenyan no sabía nada de aquellos acontecimientos.
Tampoco se había molestado en prestarles demasiada atención.
Después de engañar a Wang Cheng’an, con quien se había encontrado por una afortunada coincidencia, concentró todos sus esfuerzos en preparar la petición de matrimonio ante la residencia del conde de Yongchang.
Cuando uno pesca, después de colocar el cebo, lo único que debe hacer es esperar pacientemente.
La impaciencia solo consigue ahuyentar a los peces grandes.
O, peor todavía, provocar que uno de ellos arrastre al pescador al agua.
Y si había algo que a Xie Wenyan nunca le había faltado…
Era paciencia.