Después de que el holgazán se convirtiera en papá de unos pequeños prodigios - Capítulo 1

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Cuando Shen Qing recuperó la conciencia, había mucho ruido a su alrededor.

Se oía la televisión y también el llanto de un niño.

Los sonidos parecían borrosos y lejanos, pero al mismo tiempo podía escucharlos con claridad.

Sin embargo, había algo extraño. ¿Acaso no se había desmayado después de trabajar horas extras durante varios días seguidos y había caído por las escaleras? Aunque hubiera ruido a su alrededor, debería ser el de los equipos de rescate…

¿Lo habrían llevado ya al hospital?

Shen Qing se llevó una mano instintivamente a la nuca.

Dolía.

Y no era un dolor cualquiera…

No.

A medida que su conciencia se despejaba, Shen Qing se dio cuenta de que no estaba en un hospital.

Todo lo contrario: en aquel momento estaba tendido boca arriba sobre un suelo de mármol, con las piernas separadas.

El lugar era muy espacioso.

Aunque claramente se encontraba en el interior de una casa, no había ninguna decoración innecesaria. Todo estaba dominado por tonos blancos y negros. El suelo de mármol frente a él estaba tan pulido y reluciente, sin una mota de polvo, que incluso resultaba un poco deslumbrante.

Al mismo tiempo, una serie de recuerdos desconocidos irrumpió en su mente.

Uniendo esos recuerdos, a Shen Qing se le ocurrió una posibilidad bastante increíble.

Tal vez, quizá, posiblemente… había transmigrado.

Si no, ¿cómo podía explicar aquellos recuerdos?

Y, sobre todo, ¿por qué conocía a esos dos niños que tenía delante?

…Así era. Frente a él había dos niños: uno alto y delgado, el otro bajo y regordete.

Aunque calculaba que ninguno de los dos le llegaba siquiera a la cintura.

En ese momento, el pequeño más bajo y regordete lloraba desconsoladamente, con lágrimas cayéndole como si fueran frijoles que no costaban nada. A juzgar por su aspecto, debía de tener unos cuatro años.

El otro niño era más alto, aunque excesivamente delgado, y aparentaba unos seis o siete años. Protegía al pequeño regordete mientras miraba ferozmente en su dirección…

No hacía falta decir a quién estaba mirando.

A él.

Shen Qing: «…»

Como adulto que, aunque no pudiera considerarse un modelo perfecto de virtud y de vez en cuando disfrutara molestando a perros y gatos, jamás acosaría a un niño, Shen Qing sintió que no merecía recibir semejante mirada.

Pero, al igual que una persona recién despertada suele recordar el último sueño que tuvo, en la mente de Shen Qing resonaban varias escenas.

Justo un instante antes, «él» todavía estaba allí, con las manos en la cintura y una actitud extremadamente arrogante, gritándoles a los dos niños:

—¡Los médicos ya dijeron que su tío nunca se recuperará! ¡Se ha convertido en un inválido!

—¡Así que entiéndanlo bien! ¡A partir de ahora, yo mando en esta casa!

—¡Los dos tendrán que obedecerme!

…

Shen Qing: «¿?»

¿Qué clase de persona podía decirles algo tan cruel a dos niños?

Lo más sorprendente era que los dos pequeños tampoco eran fáciles de intimidar.

En cuanto escucharon aquellas palabras, no tardaron en abalanzarse sobre «Shen Qing» y forcejear con él.

Por supuesto, aunque ambos niños atacaran juntos, uno era delgado y el otro muy pequeño, así que, en teoría, no deberían haber podido vencer a un adulto.

Sin embargo, el «él» de esos recuerdos claramente también era un inútil para pelear.

«Shen Qing» se descuidó por un instante y el pequeño regordete, de apenas tres o cuatro años, se lanzó contra él como una bala de cañón. El impacto lo hizo salir despedido hacia atrás y su nuca se estrelló directamente contra las baldosas de mármol.

…

Y entonces, al parecer, él había transmigrado.

Shen Qing se frotó la nuca y sintió que ahora le dolía todavía más.

El dolor físico era lo de menos.

Lo importante era que ya había comprendido que no solo había transmigrado.

¡Había transmigrado dentro de una novela!

Y se había convertido en Shen Qing, un personaje secundario de poca monta, pero bastante importante, que casualmente tenía su mismo nombre.

Como personaje secundario «menor» pero importante, «Shen Qing» aparecía muy poco en la novela.

…Poco, pero sustancioso.

Podía decirse que, sin el impulso que daba «Shen Qing» a la trama, la novela titulada Nuevo Mundo jamás habría tenido una segunda parte.

Nuevo Mundo era una novela BL de romance y guerras empresariales al estilo de las obras antiguas del género, que narraba los amores, odios y conflictos de intereses de varias generaciones.

Los protagonistas de la primera parte eran la pareja principal actual, mientras que la familia Gu, que mantenía constantes relaciones de competencia y cooperación comercial con ellos, desempeñaba el papel de antagonista.

En ese punto de la historia, la trama había avanzado hasta el momento en que la familia Shen, a la que pertenecía Shen Yuan, el protagonista shou, necesitaba enviarlo a la familia Gu para concretar un matrimonio comercial que garantizara la supervivencia del clan.

Sin embargo, Shen Yuan ya se había aliado en cuerpo y alma con el protagonista gong y mantenía con él una relación secreta. ¿Cómo iba a abandonar así como así al amor de su vida para casarse con otra persona?

Por eso pasaba los días suspirando, abatido y deprimido, consumiéndose visiblemente.

Así que Shen Qing, incapaz de soportar que la persona de la que estaba enamorado sufriera de aquella manera y siendo el perro faldero definitivo que era, se ofreció voluntariamente para sustituir a Shen Yuan y casarse con alguien de la familia Gu.

…

Cuando Shen Qing había leído esa parte como lector, casi se había atragantado con el agua que estaba bebiendo.

Hasta entonces, su definición del perro faldero enamorado definitivo era alguien que, al comprarle un regalo de San Valentín a la chica de sus sueños, compraba de paso otro para el novio de ella y también se lo regalaba.

Como máximo, podía llegar hasta ese punto.

Más exagerado era imposible.

Pero resultaba que siempre había una montaña más alta que otra y un perro faldero todavía más servil que el anterior.

…¡Incluso existía alguien dispuesto a casarse en lugar de la persona que amaba con tal de que esta pudiera vivir felizmente su romance con otro!

…

En resumen, Shen Qing era un joven procedente de una rama secundaria de la familia Shen. Evidentemente, su posición no podía compararse con la de Shen Yuan, pero después de elevar un poco su estatus, utilizarlo para aquella alianza matrimonial tampoco resultaba demasiado descabellado.

Al ver que Shen Yuan se negaba rotundamente a casarse, el patriarca de la familia Shen terminó aceptando que Shen Qing ocupara su lugar.

Sin embargo, el hecho de que la familia Gu hubiera aceptado aquella alianza matrimonial era en sí mismo parte de una conspiración. Naturalmente, tampoco estaban dispuestos a entregar a uno de los jóvenes más prometedores de la rama principal para que se uniera a alguien de la familia Shen.

Así que eligieron a Gu Huaiyu.

Un joven que, pese a haber sido un talento excepcional desde muy temprana edad, tenía un carácter extremadamente rebelde y difícil de controlar y que, para colmo, ahora estaba al borde de la muerte, convertido en un inválido al que apenas le quedaba tiempo de vida.

En la novela original, «Shen Qing» era un enamorado sin remedio que trataba al joven amo legítimo de la familia Shen, Shen Yuan, con una dulzura infinita, recurriendo a toda clase de adulaciones y servilismos. Sin embargo, eso no significaba que fuera una buena persona ni que tuviera una moral particularmente recta.

Cuando supo que el hombre de la familia Gu con quien iba a casarse estaba a punto de morir, sintió un profundo desprecio por él. Aun así, aprovechó que el otro estaba gravemente enfermo para instalarse en su casa y comportarse como un tirano.

Mientras el señor Gu estaba gravemente enfermo, «Shen Qing» no solo daba órdenes a los sirvientes con arrogancia aprovechándose de su condición de joven consorte y gastaba el dinero de su esposo, sino que además encontraba tiempo para maltratar en secreto a los dos niños de la casa.

Después de que Gu Huaiyu muriera, «Shen Qing» se descontroló por completo: golpeaba y reprendía constantemente a los dos niños, los sometía a castigos físicos, los humillaba y, de vez en cuando, los encerraba en una habitación oscura con el pretexto de disciplinarlos. No les daba de comer ni les permitía ir a la escuela…

Su objetivo era atormentarlos hasta volverlos locos antes de que alcanzaran la mayoría de edad, enviarlos a un hospital psiquiátrico y quedarse con toda la herencia de Gu Huaiyu.

Como había dicho sarcásticamente cierto lector: aunque Shen Qing, ese perro faldero, había perdido el amor, ¡al menos había iniciado su carrera profesional!

Sí, exactamente.

Para «Shen Qing», maltratar niños sería su principal ocupación durante los siguientes años.

—Hermano, ¿él está… eso… haciendo el muelto?

Mientras sufría una crisis interna e intentaba organizar los recuerdos y la trama dentro de su cabeza, Shen Qing escuchó de pronto una vocecita suave e infantil.

Quien había hecho la pregunta era el futuro antagonista todopoderoso.

En aquel momento solo tenía tres años y medio. Todavía estaba en una edad en la que apenas entendía lo que ocurría a su alrededor y ni siquiera sabía hablar con claridad.

Pero, teniendo en cuenta que hacía apenas unos instantes había derribado él solo al dueño original de aquel cuerpo y provocado su muerte, Shen Qing comprendió que, aunque por ahora no fuera más que un pequeño bollito, era un bollito bastante feroz.

Sin embargo, al contemplar al niño de enormes ojos, todavía cubiertos por rastros de lágrimas, que parpadeaba mientras lo observaba y que, pese a estar claramente asustado, intentaba fingir valentía, incluso Shen Qing, que no sentía especial cariño por los niños, quedó cautivado por lo adorable que era.

Ahora que lo pensaba, aquel futuro pequeño tirano tenía unas mejillas realmente redondas.

Y unos ojos enormes.

¡Era bastante adorable!

—El tío no está haciendo el muerto.

Recordando que el pequeño no había llorado pese a los insultos y humillaciones del dueño original, y que solo había empezado a hacerlo porque creyó que había matado a alguien, Shen Qing se llevó una impresión bastante favorable de él.

Intentó tranquilizarlo:

—El tío está bien.

Para demostrarlo, Shen Qing dejó de frotarse la cabeza y, con cierto esfuerzo, se levantó del suelo.

Mientras tanto.

En el tercer piso de la villa, Gu Huaiyu abrió repentinamente los ojos en su cama.

Aunque aquel año apenas tenía veintiséis años, su enfermedad ya se encontraba en fase terminal.¹

La última vez que lo habían llevado de urgencia a reanimación había sido apenas dos semanas atrás, y Gu Huaiyu llevaba poco tiempo fuera de la UCI del hospital.

Al verlo despertar, el cuidador que vigilaba los datos de los equipos médicos a su lado le preguntó inmediatamente:

—Señor Gu, ha despertado. ¿Cómo se siente?

—¿Qué hora es? —preguntó Gu Huaiyu.

Después de pasar tanto tiempo postrado en cama, su voz estaba ronca, aunque no resultaba desagradable.

El cuidador entendió su pregunta y, mientras registraba los datos de los distintos aparatos, respondió:

—Son las doce del mediodía, señor.

Al escucharlo, Gu Huaiyu levantó una mano.

—Ayúdame… a incorporarme.

El hombre tendido en la cama tenía el rostro pálido como el papel, pero sus ojos eran negros como la tinta, profundos e insondables.

El cuidador accionó lentamente la manivela situada en la parte inferior de la cama hasta elevar el respaldo, dejando a Gu Huaiyu sentado y apoyado contra él.

Entonces Gu Huaiyu señaló la silla de ruedas que había en una esquina.

Quería levantarse de la cama.

El cuidador mostró una evidente vacilación.

—…En su estado actual no debería levantarse. Además, el suero todavía no ha terminado de pasar…

La respuesta de Gu Huaiyu fue arrancarse directamente la vía intravenosa de la mano.

El cuidador: «…»

Gu Huaiyu era un hombre de apariencia atractiva, pero su expresión y su actitud siempre habían sido sombrías y frías.

No importaba cómo se lo describiera, nadie podría considerarlo una persona amable o accesible.

Incluso los mejores especialistas del país debían cuidar el tono y la actitud cuando le hacían alguna recomendación. Naturalmente, el cuidador no se atrevió a insistir. Solo pudo ayudar con sumo cuidado a su empleador a bajar de la cama y sentarse en la silla de ruedas.

Aunque estaba reducido prácticamente a piel y huesos, el señor Gu seguía siendo un hombre muy alto. Incluso sentado en la silla de ruedas mantenía una postura extraordinariamente erguida.

De no ser por la palidez enfermiza de su piel y sus labios, probablemente nadie lo habría considerado un paciente.

Lo miraras como lo miraras, seguía pareciendo aquel imponente presidente de una gran corporación.

—Al primer piso —dijo Gu Huaiyu.

De por sí era un hombre de pocas palabras. Ahora, además, soportaba un dolor desgarrador en el pecho, el costado y varias partes más del cuerpo, así que naturalmente no tenía intención de hablar de más.

—…Sí.

El cuidador estaba desconcertado. El señor Gu se encontraba mal tanto física como mentalmente; ya había sido imprudente al insistir en recibir el alta antes de tiempo. ¿Por qué ahora quería bajar?

…

Al final, colocó una prenda sobre los hombros de su empleador y empujó la silla de ruedas hacia el ascensor.

Durante todo el trayecto, Gu Huaiyu mantuvo la mirada baja, sumido en sus pensamientos.

Pensaba en la persona que la familia Gu había dispuesto que se casara con él.

Aquel Shen Qing.

Gu Huaiyu tenía un carácter solitario y excéntrico, además de una salud pésima. Nunca había tenido intención de formar una familia con nadie.

En aquel entonces, la familia Gu había llevado ante él al joven llamado Shen Qing. Este, por un lado, afirmaba que era una pobre víctima sacrificada por los intereses de su familia, que no esperaba nada más de la vida y solo deseaba poder vivir tranquilamente; por otro, aseguraba que le encantaban los niños y que estaría encantado de cuidar y acompañar a Gu Duo y a su hermano.

Aunque Gu Huaiyu no quería representar a la familia Gu en aquel matrimonio, las palabras y la actitud del joven terminaron convenciéndolo para aceptar la unión.

Un año atrás, su hermana también había sufrido un accidente y había dejado atrás a sus dos hijos pequeños sin nadie que cuidara de ellos. En una familia Gu tan grande, sorprendentemente nadie estaba dispuesto a hacerse cargo de los niños, por lo que finalmente Gu Huaiyu los había acogido.

Pero para entonces su salud ya se encontraba en muy malas condiciones.

Acoger y criar a los niños no suponía ningún problema, pero le resultaba difícil cuidarlos personalmente y mucho menos hacerles compañía.

Había pensado que, al casarse con una persona como aquella, Shen Qing al menos se comportaría adecuadamente y podría acompañar a los niños en su lugar.

Naturalmente, a cambio, él le proporcionaría una compensación suficiente y garantizaría su futuro, asegurándose de que pudiera cumplir aquel deseo suyo de «vivir tranquilamente».

Sin embargo, ciertos acontecimientos recientes habían despertado las sospechas de Gu Huaiyu.

Durante su último periodo de inconsciencia había tenido un sueño largo y detallado. En él había visto cómo Shen Qing maltrataba a los dos niños después de su muerte.

No les daba comida, los encerraba en pequeñas habitaciones, les impedía asistir a la escuela, los insultaba y los golpeaba a voluntad…

Sus dos sobrinos crecían bajo aquella terrible presión, y sus personalidades terminaban deformándose.

El mayor se volvía sombrío y cruel; el menor, indomable y violento. Aunque ambos poseían talentos extraordinarios, sus evidentes defectos de carácter terminaban costándoles el apoyo de quienes los rodeaban y, finalmente, caían a manos de los descendientes de la familia Shen…

La familia Shen.

Shen Qing.

¿Cómo se atrevían?

Al pensar en ello, Gu Huaiyu frunció profundamente el ceño.

Los miembros de la familia Gu eran fríos por naturaleza, y Gu Huaiyu no era una excepción.

Además, siendo el de temperamento más excéntrico de todos, nunca le había gustado relacionarse con otras personas, mucho menos criar niños.

Pero, puesto que aquellos dos pequeños se habían convertido en una responsabilidad que había recaído sobre sus hombros, tenía la obligación de encargarse adecuadamente de ellos.

Mientras todavía le quedaran fuerzas.

Por desgracia, sus dos sobrinos no eran cercanos a él. Incluso le tenían cierto miedo.

La última vez que había llamado a Gu Duo y Gu Ao al hospital para interrogarlos a solas, los niños no se habían atrevido a contarle nada.

Tampoco había obtenido información alguna al preguntarles a los sirvientes de la casa.

En cuanto al joven llamado Shen Qing, de principio a fin había mantenido una apariencia amable. Siempre llamaba cariñosamente «bebés» a los niños y les sonreía con dulzura.

Pero Gu Huaiyu podía darse cuenta de que los niños no sentían ningún afecto por él.

Por eso, después de pensarlo detenidamente, no había tenido más remedio que salir del hospital antes de tiempo y regresar a casa en secreto para investigar personalmente la situación.

Y a esas horas, Shen Qing ya debería haber regresado.

El hombre sentado en la silla de ruedas abrió repentinamente los ojos. Su cuerpo estaba consumido por la enfermedad; solo sus ojos, de iris negros y escleróticas nítidas, permanecían extraordinariamente brillantes y penetrantes.

—Espérame dentro del ascensor. No hagas ningún ruido.

Gu Huaiyu dio la orden al cuidador justo un instante antes de que las puertas del ascensor se abrieran silenciosamente.

Después controló su silla de ruedas eléctrica y se dirigió sin hacer ruido hacia uno de los salones laterales del primer piso.

La planta baja de la villa tenía un salón principal y dos salones laterales. En la enorme televisión del salón principal, situado a cierta distancia, estaban transmitiendo uno de los sketches cómicos de aquel año a un volumen bastante alto.

En la chimenea ardía el fuego y, al otro lado de las ventanas, caía la nieve.

Acababa de terminar el Festival de Primavera.

Sin embargo, en el sueño de Gu Huaiyu, él había muerto durante la temporada de lluvias.

…

Parecía que todavía faltaba algún tiempo para su muerte.

Sin detener demasiado la mirada en el exterior, dirigió los ojos hacia el otro salón lateral.

Desde un costado, Gu Huaiyu vio al joven llamado Shen Qing de pie con las manos en la cintura. Frente a él, los dos niños estaban apretados el uno contra el otro, mirando fijamente en dirección a Shen Qing.

Por su aspecto, parecía que había ocurrido algún conflicto entre ellos.

Las marcadas y atractivas cejas de Gu Huaiyu se fruncieron bruscamente.

Controló la silla de ruedas eléctrica y avanzó silenciosamente hacia aquel salón lateral. Al mismo tiempo, comenzó a distinguir poco a poco parte de la conversación entre sus sobrinos y Shen Qing.

Al otro lado, Shen Qing se frotó la nuca y movió deliberadamente brazos y piernas para demostrar que seguía vivo.

—El tío de verdad está bien. Solo me golpeé un poco. No tengan miedo.

El pequeño Gu Ao tenía una expresión aturdida, como si se hubiera quedado completamente pasmado.

Su hermano mayor, Gu Duo, todavía protegía con firmeza el pequeño cuerpo de su hermano. Con expresión sombría, le dijo a Shen Qing:

—¿Qué estás tramando ahora?

El delgado Gu Duo desvió casualmente la mirada hacia un punto no muy lejano y, de pronto, sus ojos se iluminaron.

Al instante siguiente, aquellos ojos negros tan parecidos a los de Gu Huaiyu reflejaron un destello oscuro. Sin mostrar ninguna reacción, volvió a mirar a Shen Qing, que estaba frente a él.

—…Hace un momento dijiste que mi tío pequeño ya es un inválido. Que incluso si logra levantarse, solo podrá moverse en silla de ruedas. Y que, a partir de ahora, todos en esta casa tendremos que obedecerte.

Shen Qing: «…»

Bueno, aquello sí que había sonado un poco arrogante.

Estúpido, despiadado y, encima, maleducado.

El dueño original se había aprovechado de que los dos niños solo tenían tres años y medio y seis años y medio y acababan de perder a sus padres para asustarlos y maltratarlos.

Incluso había aprovechado que su tío estaba siendo reanimado para amenazarlos con que no podían contarle la verdad. Si alguno hablaba, mataría al otro niño y entonces quien hubiera ido a acusarlo se convertiría en el asesino responsable de la muerte de su hermano…

¡¿Qué clase de psicópata utilizaba algo así para controlar a unos niños?!

Shen Qing volvió a llevarse una mano a la nuca. Su mente seguía hecha un desastre y, por el momento, no encontraba ninguna explicación razonable.

Justo entonces, el sketch de la televisión llegó a su parte final y el bullicioso sonido de fondo aumentó de repente.

Una idea cruzó por la mente de Shen Qing.

Sonriendo ampliamente, dijo:

—Lo que el tío quería decir es que su tío pequeño ahora no puede levantarse de la cama y, aunque lo haga, tendrá que usar una silla de ruedas. Está muy cansado… Así que todos tienen que obedecerme y ¡vamos a preparar juntos… dum… plings… para él!

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