Después de que el Emperador del Cine codiciara al hermoso carne de cañón - Capítulo 67

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  4. Capítulo 67 - ¿Exnovio?
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—Señor, ¿necesita algo? —el compañero rubio fue el primero en reaccionar.

Gu Fanzhou fingió naturalidad y pidió una porción de pastel Selva Negra. Luego preguntó si Xian Sui sabía prepararlo.

—Sí sabe, señor. Enseguida haré que lo prepare y se lo lleve a su mesa.

El rubio lo atendió con una sonrisa. Para cuando Xian Sui reaccionó, Gu Fanzhou ya había regresado a su asiento y no tuvo oportunidad de rechazar la petición de preparar personalmente el pastel.

—¿Por qué haces eso? —Xian Sui frunció ligeramente el ceño.

—Hay que satisfacer las peticiones de los clientes —respondió su compañero con una sonrisa traviesa—. Además, tú mismo dijiste que apenas lo conoces. No pasa nada por prepararle un pastel, ¿verdad?

Xian Sui tomó con descontento el delantal que colgaba junto a la puerta, se lo puso y entró en la cocina.

—La próxima vez no cambiaré turno contigo.

—¡Oye, no! Solo estaba bromeando.

El rubio se apresuró a sujetarlo de la muñeca, pero Xian Sui no cayó en su juego. Se soltó de un tirón y fue directamente a la mesa de preparación.

Su compañero suspiró impotente y regresó al mostrador para continuar ocupándose de la cafetera.

Entonces descubrió que el cliente vestido de traje lo estaba observando con una mirada todavía menos amistosa que antes.

El rubio apartó los ojos de inmediato, intimidado.

¿Acaso había algún problema con el café que había preparado?

Xian Sui terminó el pastel Selva Negra, lo presentó cuidadosamente en el plato y se lo llevó a Gu Fanzhou.

Desde lejos, el rubio contempló aquella pequeña porción. Cuando Xian Sui regresó al mostrador, se acercó a su oído.

—¿No pusiste demasiadas virutas de chocolate?

—No creo.

Xian Sui bajó la cabeza y comenzó a ordenar las cosas del mostrador.

—¿Cómo que no? Normalmente tomas un puñado y lo esparces encima. Ahí pusiste por lo menos tres.

Xian Sui fingió no haberlo oído y continuó con lo que tenía entre manos.

Sin embargo, discretamente, su mirada se desvió hacia Gu Fanzhou.

Recordaba que a Gu Fanzhou no le gustaban demasiado las cosas dulces.

Y, aun así, en aquel momento se estaba comiendo hasta el último bocado del pastel Selva Negra que Xian Sui había preparado personalmente.

Cuando se acercó la hora del descanso del mediodía, el rubio ya había dejado de trabajar y esperaba a que llegaran los demás compañeros para sustituirlos.

Xian Sui también se quitó el delantal y se preparó para marcharse.

Apenas unos minutos antes de que el minutero marcara la hora en punto, Gu Fanzhou se detuvo frente al mostrador.

Xian Sui continuó terminando sus tareas como si no lo hubiera visto.

Fue nuevamente el rubio quien se acercó primero a atenderlo. Le preguntó si necesitaba algo y hasta le informó especialmente que Xian Sui estaba a punto de terminar su turno y que la próxima vez que trabajaría sería pasado mañana por la tarde.

—Vendré.

Gu Fanzhou dirigió la mirada hacia Xian Sui, tranquilo como si fuera un cliente cualquiera.

—Tu pastel estaba delicioso.

—Ah… gracias.

Por una vez, Xian Sui respondió por cortesía.

Acto seguido, enlazó el brazo con el de su compañero rubio y prácticamente lo arrastró hacia la salida de la cafetería.

—Vamos, vamos a comer. Si tardamos más, habrá demasiada gente.

—Espera, ¡todavía llevo puesto el uniforme! ¿Tanta hambre tienes?

El rubio había querido cambiarse primero, pero Xian Sui no parecía tener la menor intención de esperarlo. No tuvo más remedio que seguirlo apresuradamente, aunque todavía se volvió para disculparse con Gu Fanzhou antes de salir.

Durante todo el camino, Xian Sui no dejó de quejarse.

Le preguntó por qué le había contado a Gu Fanzhou sus turnos y por qué siempre se comportaba con él como si fueran viejos amigos.

El rubio adoptó una expresión que prácticamente decía sé que hice mal, pero volvería a hacerlo y soltó un par de carcajadas.

—Me parece que todavía no te ha olvidado. Además, ustedes dos se ven bastante bien juntos. Quizá tengan oportunidad de reconciliarse. Cuando llegue el momento, recuerda invitarme a la boda.

—Ya te dije que apenas lo conozco.

La voz de Xian Sui fue perdiendo firmeza conforme hablaba.

—¿Entonces qué significaban esos tres puñados de virutas de chocolate? No me tomes por idiota.

—Antes me ayudaste a librarme de aquel cliente.

Xian Sui le dio unas palmaditas en el brazo.

—¿Y ahora qué se supone que estás haciendo…?

—Es diferente. Este exnovio tuyo… No, perdón, este exnovio al que apenas conoces… No entiendo demasiado los estándares de belleza de tu país, pero, para mí, es realmente guapo y tiene un cuerpazo. Le lleva una enorme ventaja al tipo de antes. Podrías pensártelo.

—Ya deja de decir eso. Él no es mi exnovio.

Xian Sui apretó repentinamente con fuerza el borde de su abrigo y aceleró el paso, dejando atrás al rubio.

—Nosotros… nunca fuimos novios.

—¿Eh? ¡Eso es imposible! Oye, no te vayas. ¡Espérame!

El rubio permaneció unos instantes desconcertado en medio del viento frío antes de recordar que debía correr tras él.

…

Cuando Xian Sui regresó a trabajar a la cafetería, Gu Fanzhou ya estaba sentado en el mismo lugar de la vez anterior.

Le hizo una seña para que se acercara a tomarle la orden.

Xian Sui quería pedirle al rubio que fuera en su lugar, pero este se adelantó y lo empujó directamente hacia la mesa.

Gu Fanzhou pidió exactamente lo mismo que dos días atrás: un americano y una porción de pastel Selva Negra.

Además, especificó que quería que Xian Sui preparara personalmente el pastel.

Xian Sui no tuvo más remedio que anotarlo.

Cuando regresó al mostrador, encontró al rubio con una expresión de quien ya lo había comprendido todo.

—Lo sabía. Sabía que volvería.

Xian Sui ni siquiera se molestó en responderle y entró directamente en la cocina.

Acababa de esparcir el tercer puñado de virutas de chocolate cuando el rubio llamó apresuradamente a la puerta y entró con expresión alarmada.

Le explicó que acababa de llegar un hombre visiblemente furioso. Nada más entrar, había preguntado si allí trabajaba un camarero extranjero.

Evidentemente, buscaba a Xian Sui.

—¿Qué pasa?

Xian Sui se quitó los guantes y siguió al rubio hasta el exterior.

Era evidente que Xian Sui nunca había visto a aquel hombre.

El recién llegado, en cambio, parecía conocerlo perfectamente.

Avanzó unos pasos hasta el mostrador y agarró con fuerza a Xian Sui por el cuello del uniforme.

—Así que eres tú. Tú y ese amante que mantienes en la cafetería hicieron que mi hermano pasara vergüenza delante de todos.

—No puede ser…

El rubio intervino inmediatamente.

—¿Tu hermano ya es un adulto y todavía necesita que su hermano mayor venga a defenderlo? ¿Está en primaria o qué?

El hombre le lanzó una mirada feroz.

—Contigo ajustaré cuentas después.

Volvió a mirar a Xian Sui.

—Primero voy a enseñarte una lección.

Antes de que pudiera levantar la mano, Gu Fanzhou lo empujó violentamente hacia atrás, obligándolo a soltar a Xian Sui.

Después, Gu Fanzhou alisó tranquilamente la ropa que el hombre había arrugado al sujetarlo.

—Había oído que por aquí abundaban los perros rabiosos que muerden a cualquiera. Parece que era cierto.

—¿A quién llamas perro rabioso?

El hombre intentó atacar a Gu Fanzhou, pero este bloqueó el golpe con facilidad.

—Al que reaccione cuando lo digo.

—Tú tampoco eres más que el tercero en discordia.

El hombre lo miró con desprecio.

—Un tercero en discordia no es mucho mejor que un perro rabioso.

—Si yo fuera tú, volvería a casa y educaría bien a mi hermano. Estuvo a punto de convertirse en el cuarto en discordia. ¿No significa eso que está incluso por debajo del tercero?

Gu Fanzhou soltó una risa desdeñosa.

—Probablemente también por debajo de un perro rabioso.

—Tú…

El hombre se quedó sin palabras.

Como no podía ganarle discutiendo, intentó recurrir a los golpes, pero Gu Fanzhou no le dio ni la más mínima oportunidad.

Furioso, terminó escupiendo:

—¡Ya verás!

Apenas el hombre salió de la cafetería, el dueño entró.

En realidad, el propietario rara vez aparecía por el establecimiento. Probablemente había escuchado que, últimamente, se habían producido algunos conflictos con clientes a causa de Xian Sui.

Sin molestarse siquiera en averiguar lo sucedido, le dijo directamente que no tenía que volver a trabajar allí.

Por mucho que los demás intentaran explicarle la situación o persuadirlo, no cambió de opinión.

—Déjalo.

Xian Sui detuvo al rubio, que todavía intentaba defenderlo.

—No pasa nada. Cuando tengamos tiempo, podemos volver a salir a comer.

Después de decirlo, Xian Sui entró en la zona reservada para los empleados y recogió sus pertenencias.

El rubio se acercó rápidamente.

Le dijo que él tampoco quería seguir trabajando para un jefe como aquel y que, en cuanto encontrara otro empleo, renunciaría. También le pidió a Xian Sui que, si encontraba alguna buena oportunidad, se acordara de recomendarlo.

—Lo haré.

Xian Sui esbozó deliberadamente una sonrisa despreocupada.

Salió de la cafetería cargando una caja de cartón con sus pertenencias.

Aquella noche caía una mezcla de lluvia y nieve.

El frío calaba hasta los huesos.

Y Xian Sui no llevaba paraguas.

Gu Fanzhou salió silenciosamente detrás de él, se quitó el abrigo y lo colocó sobre sus hombros antes de abrir un paraguas negro.

—¿Tu novio no viene a acompañarte?

—Todavía está trabajando.

Xian Sui respondió cualquier cosa para salir del paso.

—No te ama.

Gu Fanzhou le subió la cremallera del abrigo.

—Rompe con él.

—Eso no lo decides tú.

—Si realmente le importaras, no habría atendido tranquilamente a un hombre que acaba de besar a su novio.

—Yo…

Xian Sui pensó y pensó, pero no encontró forma de hacer que aquella mentira tuviera sentido.

Así que simplemente se rindió.

—No vuelvas a hablar de él.

Gu Fanzhou contempló su perfil hasta que el conductor estacionó frente a la cafetería.

—Sube. Te llevaré a casa.

Xian Sui caminó bajo el paraguas de Gu Fanzhou y entró en el asiento trasero.

La lluvia y la nieve quedaron temporalmente aisladas en el exterior.

Gu Fanzhou cerró el paraguas y subió detrás de él.

—¿Dónde vives?

Xian Sui le dio la dirección.

Todavía vivía en el apartamento de Meng Qiao.

En un principio le había dado vergüenza quedarse allí durante tanto tiempo y ya estaba buscando otro lugar al que mudarse, pero Meng Qiao había insistido en que no se fuera, diciendo que el apartamento estaría vacío de todos modos.

El interior del automóvil permaneció en silencio.

Xian Sui solo escuchaba el sonido del motor.

Cuando finalmente se detuvieron frente al edificio, Gu Fanzhou abrió la puerta, salió y desplegó nuevamente el paraguas.

Xian Sui regresó bajo él.

Gu Fanzhou lo acompañó hasta el ascensor.

Allí el viento y la nieve ya no podían alcanzarlos, pero ninguno de los dos fue el primero en marcharse.

Xian Sui acababa de extender la mano para llamar al ascensor cuando Gu Fanzhou preguntó de repente:

—¿Hay secadora en el apartamento? Mi suéter se mojó.

—Sí. Puedes subir.

Xian Sui entró en el ascensor.

Gu Fanzhou lo siguió.

Mientras el ascensor ascendía lentamente, Gu Fanzhou habló de repente:

—Lo siento.

—¿Por qué te disculpas?

—Perdiste tu trabajo. En parte fue por mi culpa.

—Solo querías ayudarme.

El ascensor llegó a su piso y Xian Sui salió primero.

—No fuiste tú quien hizo que el dueño me despidiera. No tiene nada que ver contigo.

Abrió la puerta del apartamento con la llave.

Después tomó el suéter húmedo que Gu Fanzhou acababa de quitarse y lo puso en la secadora.

Para cuando regresó, Gu Fanzhou había desaparecido de la sala.

Xian Sui creyó inicialmente que se había marchado.

Solo después descubrió que estaba en la terraza del apartamento.

El olor del cigarrillo llegó directamente hasta su nariz.

—¿Todavía no has dejado de fumar?

—Eso debería preguntártelo yo.

Gu Fanzhou apagó por el momento el cigarrillo que sostenía.

—Lo que me dijiste aquella vez en la terraza de la villa… ¿era todo mentira?

—No…

Solo en aquello Xian Sui no quería mentirle.

No volvería al lado de Gu Fanzhou.

Pero eso no significaba que todo lo que habían vivido durante aquel periodo tuviera que carecer de sentido.

—Todavía no me has ayudado a dejar mi adicción al tabaco.

Gu Fanzhou avanzó hacia Xian Sui hasta que apenas quedó una mínima distancia entre sus rostros.

—¿Qué hacemos?

—Yo… tengo novio. No podemos…

Xian Sui todavía recordaba aquella noche en la terraza, cuando Gu Fanzhou había querido que utilizara sus besos para aliviar las ganas de fumar.

—¿A eso lo llamas novio?

Gu Fanzhou sujetó con fuerza la muñeca de Xian Sui.

—En una noche de lluvia y nieve, ni siquiera es capaz de ser el paraguas que te protege.

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