¡Después de morir, mi rival de toda la vida me besó! - Capítulo 27

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  4. Capítulo 27 - Anhelando su abrazo
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Decir que no lo extrañaba sería mentira.

Incontables veces, en mitad de la noche, Ai Ziqing soñaba con los momentos que había compartido con Luo Mu.

A veces, mientras estaba en el orfanato, también se quedaba mirando algún rincón durante largos periodos de tiempo, perdido en sus pensamientos.

Pero las discusiones y diferencias del pasado seguían allí.

Y cuanto más lo extrañaba, más quería alejarlo.

Podían decir que tenía una personalidad defectuosa.

Que era obstinado.

Que se aferraba demasiado a sus propias ideas.

Aceptaba cualquiera de esas críticas.

Porque era incapaz de enfrentarse a alguien cuyas creencias diferían por completo de las suyas.

E incluso más incapaz de enfrentarse al joven que había sido, aquel que se marchó con decisión tantos años atrás.

Por eso, las veces anteriores que Luo Mu había ido a buscarlo, él siempre reaccionaba igual.

O se alejaba con el rostro helado.

O se encerraba en la oficina del director.

Si no hablaba con él.

Si no miraba sus ojos.

Podía fingir que nunca lo había visto.

Podía fingir que nada había ocurrido.

Que Luo Mu jamás había regresado.

Después de todo, en el pasado había sido un niño con autismo.

Era normal que su forma de relacionarse con el mundo fuera distinta a la de los demás.

Los pensamientos se descontrolaron en su mente.

Los recuerdos del pasado se mezclaron con la imagen del Luo Mu que tenía delante.

Y cuando volvió en sí…

Ya estaba entre sus brazos.

En una noche de invierno tan fría y desolada como aquella.

Sus dedos se movieron inconscientemente.

La expresión de Ai Ziqing estaba vacía.

Su primera reacción no fue apartarlo.

…

No.

Más que no querer apartarlo, la verdad era que ansiaba aquel abrazo.

Era como regresar a innumerables momentos del pasado.

Cuando Luo Mu lo consolaba.

Cuando se apoyaban mutuamente.

Cuando permanecían juntos.

El último rastro de luz desapareció por completo en el horizonte.

Las farolas se encendieron de repente.

Como una advertencia.

Ai Ziqing cerró los ojos y obligó a las lágrimas que amenazaban con escapar a retroceder.

Después, lenta pero firmemente, apartó los brazos de Luo Mu.

Y dio un paso atrás.

—Luo Mu.

Levantó la cabeza e intentó mantener la misma expresión fría de antes.

—Sigo pensando exactamente igual que entonces.

—Ya que elegiste otro camino, no vuelvas la vista atrás.

—No tiene sentido abandonarme y luego regresar a buscarme.

—Aquella vez no viniste detrás de mí.

—Ahora tampoco hay necesidad de hacerlo, ¿verdad?

Por suerte, la oscuridad era cada vez más profunda.

Luo Mu no podía ver las pestañas húmedas por las lágrimas.

Solo podía escuchar el tono áspero de su voz.

Ai Ziqing sonrió amargamente para sus adentros.

Debería aprender de Luo Mu.

Aprender a detener las pérdidas a tiempo.

Luo Mu seguía siendo el mismo.

Y al mismo tiempo era diferente.

Lo que permanecía igual era la sensación de sus abrazos.

La misma presencia fría que recordaba desde niño.

Como el viento helado que entra de golpe al abrir una ventana en plena noche de invierno.

Seguía siendo silencioso.

Sus ojos continuaban siendo tan profundos como siempre.

Pero también se había convertido en otra persona.

Vestía un traje impecable.

Desprendía el aura de alguien acostumbrado a ocupar posiciones de poder.

Su cabello perfectamente arreglado ocultaba ligeramente la frente, pero no lograba suavizar la agudeza de sus facciones.

Luo Mu era un empresario exitoso.

Un hombre astuto y competente.

Mientras que él solo era el director de un pequeño orfanato en las afueras de la Ciudad F.

Ya no pertenecían al mismo mundo.

Así que lo mejor era no volver a cruzarse.

Ai Ziqing se acomodó el cabello largo con un movimiento casual.

Aprovechó para secarse discretamente los ojos con la manga.

Y luego mostró una sonrisa cortés, elegante y distante.

—Todavía tengo que ir al comedor a revisar la cena de esta noche.

—Con permiso.

Cuando se marchó, no volvió la cabeza.

Y tampoco necesitaba hacerlo para saber que Luo Mu no lo estaba siguiendo.

Igual que años atrás.

Permanecía inmóvil en el mismo lugar, observándolo alejarse en silencio.

Aquella noche de su graduación universitaria, Ai Ziqing había regresado al dormitorio llorando desconsoladamente.

Pero esta vez no permitió que cayera ni una sola lágrima.

Ya había cometido ese error una vez.

No pensaba repetirlo.

Todos eran adultos.

Y, a veces, el silencio ya era una respuesta.

Ai Ziqing no se volvió.

Por eso no vio la figura solitaria de Luo Mu bajo la luz de las farolas.

No vio la complejidad en su mirada.

Ni escuchó aquella voz tan baja que apenas parecía existir.

—Ziqing… no te vayas.

Liberar la hipnosis llevó mucho tiempo.

Al principio, Wei Hailan no había comprendido la gravedad del asunto.

Pero cuando descubrió que era incapaz de atravesar la barrera mental instalada en la mente de Shen Ran, empezó a darse cuenta de que algo no iba bien.

Era un experto de primer nivel en ese campo.

En circunstancias normales, bastaban unas cuantas preguntas y una pequeña guía psicológica.

En menos de media hora todo estaría resuelto.

Pero ya había pasado más de una hora.

Y Shen Ran seguía sin mostrar señales de recuperar sus recuerdos.

Wei Hailan entendía perfectamente que eliminar una hipnosis era, en esencia, una batalla.

Una confrontación entre él y la persona que había hipnotizado a Shen Ran.

¿Qué clase de recuerdos requerían una defensa tan reforzada?

Una fina capa de sudor apareció en su frente.

Mientras observaba a Shen Ran, que permanecía sumido en un estado de trance, la preocupación se hizo cada vez mayor.

La situación de estancamiento continuó durante otra media hora.

Finalmente, Wei Hailan habló.

—Bien, Shen Ran. Todo ha terminado.

—Puedes abrir los ojos.

Al mismo tiempo, chasqueó los dedos.

¡Chas!

El sonido resonó con claridad.

Shen Ran abrió los ojos de inmediato.

Pero permaneció inmóvil.

La mirada apagada.

Vacía.

Pasaron varios segundos.

Y entonces las lágrimas comenzaron a deslizarse silenciosamente por sus mejillas.

Wei Hailan observó la escena y suspiró.

Después se levantó con cuidado y salió de la habitación.

Nada más abrir la puerta, Cheng Yi, que había estado esperando afuera todo ese tiempo, se acercó rápidamente.

—¿Terminó? ¿Cómo está?

—No tengo un buen presentimiento.

Wei Hailan negó con la cabeza.

—Será mejor que entres a acompañarlo. Apenas abrió los ojos, las lágrimas comenzaron a caer de inmediato. Se ve realmente…

Ni siquiera terminó la frase.

Sintió una ráfaga de viento a su lado.

Cheng Yi ya había pasado junto a él y entrado en la habitación.

—… Da mucha pena verlo.

Wei Hailan terminó la frase para sí mismo.

Luego chasqueó la lengua.

—Pero Shen Ran ya tiene a Cheng Yi para preocuparse por él. No necesito meterme.

Con una expresión orgullosa de quien acaba de hacer una buena acción sin esperar reconocimiento, se alejó balanceando la cabeza.

Shen Ran había creído estar preparado.

Después de escuchar a Ai Ziqing hablar sobre su infancia durante el día, había pensado que aquellos recuerdos perdidos estarían llenos de más dulzura que sufrimiento.

Pero cuando sonó el chasquido de dedos de Wei Hailan…

Los recuerdos llegaron.

Rugiendo.

Gritando.

Desbordándose como una inundación.

Invadiendo su mente de golpe.

Por más preparado que creyera estar, aquello lo tomó completamente por sorpresa.

La realidad era parecida a lo que había imaginado.

Y al mismo tiempo, totalmente distinta.

Era cierto que la vida en el Orfanato Qingshan había sido cálida y hermosa.

Desde el momento en que nació, había tenido a dos personas que actuaban como hermanos mayores.

Ai Ziqing.

Y Luo Mu.

Aunque la vida allí fuera modesta.

Aunque vistiera ropa remendada.

Aunque la comida fuera sencilla.

Había sido feliz.

Muy feliz.

Pero toda aquella felicidad terminó abruptamente el día en que fue adoptado.

Aquel día corría alegremente detrás de Ai Ziqing como siempre.

Y detrás de ellos estaba Luo Mu, vigilándolos en silencio.

Entonces se volvió.

Y vio a una joven pareja de pie frente a la entrada del orfanato.

Eran exactamente como los recordaba.

Sus padres.

La pareja parecía amable.

Le tomaron la mano.

Parecían satisfechos con él.

Y pronto firmaron los documentos de adopción.

Después lo subieron a un coche.

Los paisajes familiares comenzaron a retroceder rápidamente tras la ventanilla.

Aferrado al cristal, vio a su hermano Xiao Ai correr desesperadamente detrás del vehículo.

Las lágrimas caían como cuentas de un collar roto.

Qué difícil era separarse.

El pequeño Shen Ran no sabía que aquella adopción no era el comienzo de una vida feliz.

Era el comienzo de sus días más oscuros.

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