¡Después de morir, mi rival de toda la vida me besó! - Capítulo 28
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- Capítulo 28 - Los recuerdos recuperados
—¡Hermano Xiao Ai! ¡Buaaa… hermano Xiao Ai…!
En aquel entonces, Shen Ran apenas había viajado en coche unas pocas veces y ni siquiera sabía cómo bajar la ventanilla.
Así que golpeaba desesperadamente el cristal mientras gritaba el nombre de Ai Ziqing con su vocecita infantil ya rota por el llanto.
No entendía qué significaba ser adoptado.
Solo sabía que no quería abandonar su hogar.
No quería separarse de su hermano Xiao Ai.
No quería irse.
Al principio, Fu Sijie mantuvo una expresión amable y lo consoló con paciencia:
—Ranran, sé bueno, deja de llorar. ¿No es maravilloso volver a casa con papá y mamá? ¡Cuando lleguemos podrás ver la habitación que te hemos preparado!
Pero Shen Ran no escuchaba nada.
Cuando un niño pequeño se siente agraviado, lo único que sabe hacer es llorar.
Lloró hasta que su carita se puso roja.
Hasta que apenas podía respirar entre sollozos.
Fu Sijie intentó consolarlo durante mucho tiempo.
Sin éxito.
Entonces cambió de rostro.
La imagen de madre cariñosa desapareció al instante.
La máscara cayó.
Y lo que quedó fue una expresión llena de impaciencia.
Lo agarró del cabello y tiró de él hasta ponerlo frente a ella.
—¿Vas a seguir llorando? ¿No puedes dejar de hacerlo?
—¡Si no te callas ahora mismo, detendremos el coche y te abandonaremos en la carretera para que regreses caminando!
Ya se habían alejado bastante del orfanato.
A través de la ventanilla solo podían verse paisajes desconocidos.
El tirón en su cuero cabelludo era doloroso.
Shen Ran forcejeó desesperadamente.
Y entonces recibió una bofetada.
¡Paf!
El sonido resonó dentro del vehículo.
Fue incluso más fuerte que sus propios llantos.
La bofetada lo dejó aturdido.
Se llevó una mano a la mejilla.
Y durante varios segundos olvidó incluso cómo llorar.
Fu Sijie y Shen Xianming lo llevaron a casa.
A la mansión de la familia Shen que aparecía en sus recuerdos.
Después de aquella bofetada durante el viaje, Shen Ran nunca volvió a atreverse a hacer escándalo delante de aquellos supuestos padres.
Ya era un niño tímido y algo asustadizo por naturaleza.
Después de recibir golpes, se volvió todavía más temeroso.
Apenas se atrevía a mirar a la gente a los ojos.
Lo que vino después fueron varios meses de «adiestramiento».
La pareja Shen lo había escogido de inmediato porque, entre todos los niños del orfanato que cumplían la edad adecuada, era el más atractivo.
Solo un niño con un rostro así merecía convertirse en su hijo.
Como joven maestro de la familia Shen, debía aprender modales.
Debía aprender piano.
Debía saber hablar con elegancia y seguridad.
Debía transmitir la impresión de ser un niño inteligente y refinado con solo una mirada.
Pero Shen Ran era demasiado pequeño.
Tenía apenas cuatro o cinco años.
Era la edad de correr por los campos con los amigos y jugar libremente.
No podía concentrarse.
Siempre tocaba notas equivocadas en el piano.
Y durante las lecciones de etiqueta o de estudio se distraía constantemente.
Entonces llegaban los golpes.
Tirones de cabello.
Bofetadas.
Apenas habían pasado dos o tres meses desde que abandonó el orfanato.
Vestía ropa cara.
Pero el cuerpo del pequeño estaba cubierto de heridas.
Desde el principio comprendió que aquellas personas que lo habían adoptado no eran buenas.
Eran crueles.
Malvadas.
Cuanto más lo maltrataban, más añoraba aquel otro hogar.
Shen Ran extrañaba desesperadamente el Orfanato Qingshan.
Extrañaba al director Ai.
Y extrañaba, sobre todo, a su querido hermano Xiao Ai.
Una noche volvió a ser castigado.
Lo golpearon.
Y lo enviaron a dormir sin cenar.
Acurrucado bajo las mantas, lloró durante mucho tiempo.
Hasta que el deseo de volver a ver a Ai Ziqing se hizo insoportable.
Se levantó de la cama.
Descalzo.
Temblando.
Y se dirigió al despacho de su «padre».
Con sus pequeñas manos tomó el auricular del teléfono fijo que estaba sobre la mesa.
Ai Ziqing le había enseñado el número del orfanato.
Y él se lo sabía de memoria.
La llamada fue contestada.
Entonces escuchó una voz familiar.
—Hola. Orfanato Qingshan.
En ese instante, Shen Ran sostuvo el auricular con ambas manos.
Las lágrimas comenzaron a caer de inmediato.
—¡Hermano Xiao Ai! ¡Te extraño…! ¡Te extraño mucho!…
Era demasiado pequeño.
Al escuchar una voz que le transmitía seguridad, las palabras comenzaron a salir atropelladamente.
Ai Ziqing habló con una dulzura aún mayor.
—¿Ranran? Si me extrañas, puedes llamarme. Y si no, cuando seas mayor podrás venir a visitarme. ¿Por qué lloras?
Cuánto deseaba lanzarse a sus brazos.
Abrazarlo por el cuello.
Y pedirle consuelo.
Quería contarle que lo golpeaban.
Quería decirle que no era feliz.
—Hermano Xiao Ai… quiero volver…
—¿Volver?
Ai Ziqing se sorprendió.
—Ranran, ¿te están tratando mal? Díselo a tu hermano, ¿de acuerdo?
Justo cuando iba a responder…
El auricular emitió un sonido mecánico.
Bip… bip… bip…
Un escalofrío recorrió todo su cuerpo.
Levantó lentamente la cabeza.
Y descubrió que Shen Xianming y Fu Sijie estaban detrás de él.
No sabía cuándo habían llegado.
Shen Xianming mantenía una expresión sombría.
Una mano seguía apoyada sobre el botón para colgar.
Fu Sijie sonreía.
Pero las venas marcadas en su frente revelaban otra cosa.
—Ranran.
—¿Con quién estabas hablando a estas horas?
El miedo lo envolvió por completo.
Su cuerpo comenzó a temblar.
Y estuvo a punto de olvidar cómo respirar.
Aquel fue el día más oscuro de toda su infancia.
Las cortinas del despacho estaban completamente cerradas.
Lo arrastraron al interior.
Lo golpearon.
Le estrellaron la cabeza contra la pared.
Una mano enorme rodeó su cuello.
Por más que luchaba, no podía escapar.
Fu Sijie.
Shen Xianming.
Sus figuras aparecían y desaparecían en su visión borrosa.
Como demonios aterradores.
Como una pesadilla de la que jamás podría despertar.
Entre sollozos, Shen Ran se encogió en un rincón.
Suplicó una y otra vez.
—Lo siento…
—Buaaa…
—Me equivoqué…
—No volveré a hacerlo…
Nadie escuchó sus súplicas.
Lo golpearon hasta dejarlo cubierto de moretones.
Su rostro estaba lleno de hematomas.
Le rompieron una pierna.
Y finalmente perdió el conocimiento.
—Se desmayó. ¿Qué hacemos?
—¿Y si lo matamos directamente?
—¿Matarlo? Fácil decirlo. Acabamos de adoptarlo. Hoy en día no es fácil encontrar un niño adecuado para la edad que necesitamos. Tiene que ser él. Solo puede ser él.
—Pero míralo. Y además ni siquiera obedece. ¿De verdad crees que podremos seguir criándolo después de esto?
—Tranquila, Sijie. Conozco a un maestro de la hipnosis.
—Lo traeremos aquí y luego…
¿Y qué pasó después?
Después…
Shen Ran despertó en su habitación.
En cuanto abrió los ojos, vio los rostros preocupados y llenos de amor de sus padres.
—¡Ranran! ¡Nos has asustado muchísimo!
—Hace tres días te caíste por las escaleras. Te heriste por todo el cuerpo y llevas tres días inconsciente.
Mientras hablaba, Fu Sijie lloraba.
Lo abrazó con fuerza.
—No vuelvas a ser tan travieso. ¡No vuelvas a asustarnos así!
Lo habían hipnotizado.
Habían alterado sus recuerdos.
Le hicieron olvidar los abusos.
Le hicieron creer que siempre había sido su hijo biológico.
Que había crecido rodeado de amor y cuidados.
Se volvió alegre.
Confiado.
Dejó de ser aquel niño asustadizo.
Y siguió exactamente el camino que la pareja Shen había preparado para él.
Hasta ahora.
Los niños son fáciles de moldear.
Una mentira repetida suficientes veces acaba convirtiéndose en realidad.
Y ahora…
Había recordado todo aquello que ellos nunca quisieron que recordara.
Lo dulce.
Lo amargo.
Todo.
—Shen Ran, ¿cómo te sientes?
No sabía cuándo había ocurrido.
Pero Cheng Yi ya estaba agachado frente a él.
La preocupación en sus ojos era imposible de ocultar.
En ese instante, la voz de Shen Ran se quebró.
Como si estuviera a punto de llorar otra vez.
—Cheng Yi…
—Lo recordé todo…