¡Después de morir, mi rival de toda la vida me besó! - Capítulo 26

  1. Home
  2. All novels
  3. ¡Después de morir, mi rival de toda la vida me besó!
  4. Capítulo 26 - ¿Por qué se amaron y aun así se separaron?
Prev
Next
Novel Info

Más tarde, Ai Ziqing descubrió que Luo Mu era hijo de mártires.

Después de que sus padres murieran en el cumplimiento de su deber, ninguno de sus familiares quiso hacerse cargo de él.

No hubo otra opción.

Terminó siendo acogido por el orfanato.

Aquel día, su padre había salido precisamente para recoger a Luo Mu y llevarlo al Orfanato Qingshan.

Pero, cuando regresaban, encontraron a otro niño abandonado frente a la entrada del orfanato.

Era Shen Ran.

En aquella época, situaciones así eran bastante comunes.

Ai Wenchuan era una persona bondadosa y compasiva por naturaleza.

Bajo la filosofía de que criar a uno o a dos no suponía tanta diferencia, los llevó a ambos a casa.

Así, en el tranquilo mundo de Ai Ziqing aparecieron dos nuevas personas.

Uno era extremadamente ruidoso.

Después de aprender a caminar, corría por toda la casa balbuceando sin parar.

Shen Ran era un niño adorable.

Ai Ziqing lo había querido desde la primera vez que lo vio.

Con el tiempo, incluso asumió voluntariamente la responsabilidad de cuidarlo.

Aparte de ser algo tímido con los extraños, Shen Ran era prácticamente un pequeño sol.

Le encantaba sonreír.

Le encantaba jugar.

Y hablaba muchísimo.

La mejoría del autismo de Ai Ziqing se debió en parte al tratamiento médico.

La otra mitad fue gracias al pequeño Shen Ran, que parloteaba sin cesar y terminó abriendo poco a poco su corazón.

La otra persona era completamente distinta.

Demasiado silenciosa.

Pasaba la mayor parte del tiempo sin hablar.

Y, aun así, siempre estaba a su lado.

Inseparable.

Si normalmente era Ai Ziqing quien protegía al pequeño Shen Ran y lo llevaba a todas partes, entonces, cuando él y Shen Ran se metían en problemas, era Luo Mu quien los resolvía.

Una primavera, Ai Ziqing llevó a Shen Ran a la montaña para recoger azufaifas silvestres.

Los dos estaban tan emocionados que olvidaron la hora.

Cuando el cielo comenzó a oscurecer, Ai Ziqing perdió el camino.

En medio del pánico, incluso se lesionó una pierna al caer.

Shen Ran rompió a llorar desconsoladamente.

Mientras lloraba y gritaba «¡Hermano Xiao Ai!», intentaba arrastrarlo montaña abajo.

Pero era demasiado pequeño.

¿Cómo iba a moverlo?

Ai Ziqing quería consolarlo.

Sin embargo, el viento frío de principios de primavera le arrancó una mueca de dolor y lo hizo encogerse.

Entonces apareció Luo Mu.

Nadie sabía de dónde había salido.

Sin decir una palabra, cargó a Ai Ziqing sobre su espalda.

Y, al mismo tiempo, tomó de la mano al pequeño Shen Ran, que seguía sollozando.

Luo Mu encontró el camino de regreso en medio de la oscuridad.

A pesar de que también era apenas un adolescente, descendió la montaña paso a paso con Ai Ziqing a cuestas.

Cuando divisaron a lo lejos las luces del Orfanato Qingshan, Ai Ziqing rodeó con fuerza el cuello de Luo Mu.

Las lágrimas se deslizaron silenciosamente y cayeron sobre su piel.

—Gracias.

Recordaba haber dicho esas palabras.

Más tarde, Shen Ran fue adoptado.

Según contó su padre, la familia que lo acogió también se apellidaba Shen.

Eran ricos.

Y parecían buenas personas.

Ai Ziqing sabía que ser adoptado por una familia así era una bendición.

Deberían haberse sentido felices por él.

Y lo estaban.

Pero eso no hacía que doliera menos.

El día en que Shen Ran se marchó, Ai Ziqing lo acompañó llorando durante un largo trecho.

Permaneció al borde de la carretera, con la vista empañada por las lágrimas, observando cómo el coche que transportaba a Shen Ran desaparecía lentamente en la distancia.

Y Luo Mu estuvo a su lado todo el tiempo.

Cuando finalmente rompió a llorar en voz alta, Luo Mu lo abrazó.

Igual que aquella noche de invierno.

El tiempo pasó volando.

Ai Ziqing y Luo Mu crecieron juntos.

En la larga trayectoria de sus vidas, parecía que poco a poco solo les quedaban el uno al otro.

El autismo de Ai Ziqing parecía haberse curado por completo.

Aquel niño que apenas reaccionaba al mundo exterior perdió su inmadurez y se convirtió en una persona cálida y gentil.

Quizá había heredado el carácter de su padre.

Sentía un profundo afecto por el Orfanato Qingshan.

Luo Mu, en cambio, había cambiado mucho menos.

Se había vuelto más alto.

Pero seguía siendo tan callado como cuando era niño.

Y continuaba permaneciendo a su lado.

Primaria.

Secundaria.

Preparatoria.

Pasaron todas esas etapas juntos.

Incluso ingresaron en la misma universidad.

Cuatro años después, el día de su graduación, Ai Ziqing eligió un lugar para acampar.

Junto a ellos había una tienda ya montada.

Luo Mu estaba sentado sobre la hierba.

Ai Ziqing yacía a su lado.

Ambos contemplaban el cielo nocturno.

La noche estaba despejada.

No había nubes.

Pero tampoco muchas estrellas.

De pronto, Ai Ziqing recordó que cuando eran pequeños el cielo brillaba mucho más.

Entonces, Luo Mu rompió el silencio.

—Ziqing, ¿qué quieres hacer después de graduarte?

—¿Qué más voy a hacer? Claro que volver al orfanato. Mi padre ya es mayor y hace tiempo que debería retirarse. Además, todos esos niños del orfanato tienen que crecer, estudiar y encontrar su propio camino en la vida.

Mientras hablaba del futuro, sus ojos brillaban de ilusión.

—Para entonces yo seré el director Ai. Y tú… bueno, supongo que puedo hacer el esfuerzo de nombrarte subdirector Luo. Juntos podremos darles a esos niños un futuro mejor…

Ai Ziqing habló y habló.

Construyó innumerables planes para el futuro de ambos.

Pero Luo Mu permaneció en silencio todo el tiempo.

Entonces percibió que algo no estaba bien.

Se incorporó y lo miró.

—… ¿Luo Mu? ¿Por qué no dices nada?

Esta vez, Luo Mu evitó su mirada.

Y el corazón de Ai Ziqing se hundió de golpe.

—Luo Mu… volverás conmigo, ¿verdad?

—A ti también te gusta ese lugar, ¿no?

—Te quedarás… siempre a mi lado, ¿verdad?

—Ziqing.

Luo Mu habló finalmente.

—No voy a volver.

—…

—Ya se lo he dicho al tío Ai. Él apoya mi decisión.

—…

Quizá porque Luo Mu siempre había estado a su lado.

Quizá por aquel abrazo de la infancia.

Ai Ziqing siempre había dado por hecho que sus futuros estaban unidos.

Por eso jamás imaginó que algún día podrían separarse.

—¿Por qué no quieres volver conmigo?

—¿Ya no me quieres?

—¿Ya no quieres al Orfanato Qingshan?

No se dio cuenta de que su voz ya temblaba.

Ni de que se había vuelto ronca.

Luo Mu no respondió.

Simplemente levantó la vista hacia la oscuridad del cielo.

Su suspiro casi fue arrastrado por el viento que soplaba desde el valle.

—Necesito ganar dinero, Ziqing.

—Si regresamos, no podremos ganar dinero.

—¿Dinero?

Ai Ziqing se quedó inmóvil.

—¿Desde cuándo el dinero es tan importante para nosotros?

—¿Más importante que tú y yo?

—¿Más importante que nuestro hogar?

—El dinero es indispensable.

—¿Indispensable…?

—¿Indispensable…?

Los ojos de Ai Ziqing se enrojecieron.

Se puso de pie y retrocedió dos pasos.

Su pecho subía y bajaba violentamente.

—Luo Mu.

—Escúchame bien.

—Si te vas por algo así, entonces no vuelvas jamás.

—Fuiste tú quien me abandonó.

—¡Si tienes valor, entonces no mires atrás nunca más!

Habían pasado tantos años que Ai Ziqing ya ni siquiera recordaba cómo había bajado aquella montaña.

Solo recordaba haber lanzado aquellas palabras impulsivamente antes de marcharse.

Lleno de ira.

Decidido a alejarse.

Había una cosa que sí recordaba con claridad.

Aquella vez, Luo Mu no lo abrazó.

Tampoco salió corriendo detrás de él.

Desde entonces, Ai Ziqing regresó a la Ciudad F para convertirse en el director Ai.

Y Luo Mu logró convertirse en el presidente Luo.

Cada vez había más personas en el orfanato.

Los edificios envejecían.

Todo requería dinero.

Y él pasaba los días agobiado por esos problemas.

Pero un día, de repente, alguien comenzó a realizar donaciones anónimas de una enorme suma de dinero todos los años al Orfanato Qingshan.

Aquello alivió gran parte de su carga.

Mientras el orfanato mejoraba poco a poco, Luo Mu también apareció algunas veces.

Y cada vez que lo hacía, Ai Ziqing aprovechaba para lanzarle comentarios hirientes.

Se repetía una y otra vez que había sido Luo Mu quien lo había abandonado.

Que había sido Luo Mu quien se marchó primero.

Pero cada vez que le mostraba aquel rostro frío…

El corazón de Ai Ziqing también se rompía un poco más.

Prev
Next
Novel Info

MANGA DISCUSSION

© 2024 Ares Scanlation Inc. All rights reserved

Sign in

Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Sign Up

Register For This Site.

Log in | Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Lost your password?

Please enter your username or email address. You will receive a link to create a new password via email.

← Back to Ares Scanlation

Premium Chapter

You are required to login first