Después de dejar que mi exmarido recogiera a los niños por error - Capítulo 79

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—Oh, entonces acompáñeme por aquí. Este abrigo se ha vendido bastante bien últimamente. Combinado con estos jeans, es un conjunto que les encanta a los jóvenes.

La dependienta examinó discretamente la ropa de Ling Suihan y redobló sus esfuerzos por venderle algo.

No podía equivocarse con aquel abrigo de lana. Probablemente no existía ninguna tienda en todo el condado de Gui que vendiera algo semejante, y estaba segura de que costaba al menos una suma de cinco cifras.

Además, aquel hombre era increíblemente guapo. Desde el momento en que entró, parecía una gran estrella, tan deslumbrante que casi resultaba imposible mirarlo directamente.

Tenía el cuerpo perfecto para lucir cualquier prenda.

Y, efectivamente, aquel hombre no solo era atractivo, sino que también tenía un gusto excelente.

Después de recorrer la tienda varias veces, eligió algunos de los conjuntos que ella le había recomendado y combinó personalmente otros tantos.

Incluso tuvo el cuidado de comprar varias prendas de ropa interior y calcetines.

Cuando pasó por la caja, Ling Suihan echó una mirada distraída a su alrededor.

Sin embargo, sus ojos se detuvieron en un gorro con forma de osito.

Por un instante, le pareció ver de nuevo al muchacho que había caminado encogido contra el viento helado.

Apartó la mirada y dijo:

—Añádame también ese gorro.

—¡Por supuesto! De verdad que trata muy bien a su hermano menor. Aunque este gorro es un poco caro, está tejido con hilo de felpa y viene con bufanda y guantes. ¡Es muy abrigador!

La dueña de la tienda lo elogió con entusiasmo.

Ling Suihan no hizo ningún comentario y abrió su billetera.

Había comprado bastantes cosas, así que el total ascendió a casi mil quinientos yuanes.

El precio no le pareció demasiado elevado y la calidad de las prendas era bastante buena.

De pronto, se le ocurrió una idea.

Recibió las bolsas de papel que le entregó la dueña y levantó la cabeza.

—¿Se puede dejar saldo prepagado en esta tienda?

Su Zhiqiu iba de un lado a otro llevando platos, pero no podía evitar estirar el cuello para mirar hacia la calle.

Su comportamiento terminó llamando la atención de uno de los meseros que trabajaban con él.

—¿Qué te pasa hoy, Xiao Qiu? ¿Hay alguien esperándote afuera?

Su Zhiqiu acababa de negar con la cabeza cuando vio aparecer una figura en la calle.

Tenía los hombros anchos, las piernas largas y llevaba un abrigo que le llegaba bastante abajo.

Bastaba con mirarlo para saber quién era.

Su Zhiqiu soltó rápidamente el trapo y se dirigió hacia la entrada.

Sin embargo, después de dar un par de pasos, sintió que estaba mostrándose demasiado impaciente.

¡Se estaba comportando con una atención exagerada hacia un hombre al que apenas había conocido aquel día!

No dejaba de preocuparse por si alguien lo molestaba o se aprovechaba de él.

Por favor, ¡aquel hombre ya tenía más de treinta años!

¡Era más de diez años mayor que él!

Su Zhiqiu se detuvo y procuró adoptar una actitud más tranquila.

Ni siquiera él entendía qué le estaba pasando.

Desde el primer momento en que había visto a aquel hombre, se había sentido extrañamente inquieto.

Siempre quería tratarlo bien, le preocupaba que alguien pudiera hacerle daño y sentía el impulso de protegerlo.

Era demasiado extraño.

Según lo que aquel hombre le había contado, en el futuro él sería dos años mayor que Ling Suihan.

¿Acaso esa era la razón?

Su Zhiqiu comenzó a sentir curiosidad por la manera en que se relacionarían en el futuro.

Aprovechó que tenía que recoger algunos platos para dar varias vueltas cerca de la entrada, pero nadie entró.

Apretó los labios.

Después de vacilar un momento, finalmente asomó la cabeza.

La alta figura estaba de pie bajo un árbol, frente al restaurante.

Llevaba tres enormes bolsas de papel en las manos.

¡Quién sabía cuántas cosas habría comprado!

Como si hubiera percibido su mirada, el hombre levantó rápidamente la cabeza y sus ojos se encontraron a varios metros de distancia.

Su Zhiqiu se quedó inmóvil un instante.

Por alguna razón, se sintió incómodo y retiró instintivamente la cabeza.

Sin embargo, poco después no pudo resistirse a mirar otra vez.

Ling Suihan seguía observando hacia allí.

Cuando vio que Su Zhiqiu volvía a asomarse, pareció sonreír, y sus ojos brillaron.

Esta vez, Su Zhiqiu se sintió verdaderamente avergonzado.

Aquel hombre tenía más de treinta años y todavía era capaz de resultar tan cautivador.

¡Ni hablar de cómo habría sido durante su adolescencia!

Su Zhiqiu se conocía bastante bien.

Si en aquel momento apareciera de la nada un Ling Suihan de catorce años y se plantara frente a él, seguramente también le gustaría muchísimo.

Antes de aquello, jamás se había detenido a pensar en algo tan complicado como su orientación sexual.

Trabajar desesperadamente todos los días para ganar dinero y pagar las deudas consumía prácticamente todas sus energías.

Y la poca fuerza que le quedaba tenía que dedicarla a estudiar seriamente.

Sin embargo, después de conocer a aquel hombre, comenzó a sentir vagamente que, si se trataba de él, quizá sí podría intentar enamorarse de otro chico.

Después de todo, era tan guapo…

Y tan bueno con él.

Esa era también la razón por la que Su Zhiqiu había creído sus palabras con tanta facilidad.

El puesto de comida solo estaba realmente ocupado durante la hora de la cena.

Una vez pasada, la cantidad de clientes disminuyó casi a la mitad y únicamente quedaron algunas mesas ocupadas por personas que bebían alcohol.

Su Zhiqiu se quitó el delantal y dejó escapar un largo suspiro de alivio.

Miró la hora.

Ya eran casi las diez de la noche.

Aquel hombre llevaba media hora esperándolo afuera.

Durante ese tiempo, había pensado en salir a invitarlo a comer algo, pero Ling Suihan le había enviado un mensaje diciendo que iba a dar una vuelta por aquella calle.

Ya debería estar de regreso.

Justo cuando pensaba en ello, su teléfono vibró.

Lo sacó para comprobar si Ling Suihan había vuelto, pero antes de que pudiera abrir el mensaje, la pantalla parpadeó dos veces y se apagó.

Su Zhiqiu chasqueó la lengua, exasperado.

Le dolía la cabeza de la frustración, pero tampoco podía hacer nada.

Después de todo, era un teléfono de segunda mano que le había costado apenas cien yuanes.

Aparte de conectarse a QQ y consultar mensajes de texto, prácticamente no servía para nada.

No podía esperar demasiado de él.

Se lavó rápidamente las manos y salió.

Apenas llegó a la entrada, vio una figura alta y erguida que permanecía de pie en un lugar donde podía distinguirla de inmediato.

Su Zhiqiu sintió de pronto un enorme alivio.

Se acercó al mostrador y avisó a la dueña que se marchaba.

En realidad, aquel día no le correspondía trabajar en el turno nocturno.

Además, la dueña siempre lo había tratado bastante bien. Era una de las pocas personas que habían estado dispuestas a contratarlo.

Por eso aceptó sin poner ninguna objeción.

Incluso le entregó un plato de empanadillas que el cocinero había preparado de más, para que las comiera como refrigerio nocturno.

Su Zhiqiu estaba en plena etapa de crecimiento.

Los pantalones que había comprado a principios de año ya le quedaban tan cortos que dejaban los tobillos al descubierto.

Cuando soplaba el viento, el frío le producía un dolor punzante.

Además, tenía hambre con mucha facilidad.

A veces conseguía comer algo extra en el trabajo y no había problema.

Pero cuando el restaurante estaba especialmente ocupado y no podía cenar, terminaba acostándose con tanta hambre que le dolía el estómago y no conseguía dormir.

Por eso no rechazó las empanadillas.

Se puso la chaqueta y, antes de salir, aprovechó para recoger varias bolsas de basura y llevarlas al contenedor.

Apenas Ling Suihan vio su figura, se acercó inmediatamente.

Al observar las bolsas negras que arrastraba, extendió la mano para quitárselas.

Pero Su Zhiqiu solo le entregó el plato de empanadillas.

—Yo me encargo. No quiero ensuciarte la ropa.

Ling Suihan frunció el ceño.

Como ya llevaba varias bolsas de papel, decidió no insistir.

Para Su Zhiqiu, terminar su jornada laboral siempre había sido el momento más feliz del día.

Sin embargo, jamás había habido una ocasión en la que esperara la salida con tanta emoción e impaciencia.

Después de tirar la basura, regresó casi corriendo.

Pero a mitad de camino volvió a detenerse y se obligó a adoptar una expresión tranquila.

Ling Suihan permanecía en el mismo lugar, sonriéndole.

Su sonrisa tenía algo complicado que Su Zhiqiu no conseguía descifrar.

Parecía contener angustia, cariño y también un poco de…

¿Ternura paternal?

Su Zhiqiu quedó horrorizado por su propio pensamiento.

Se acercó y, al observarlo con atención, no pudo evitar exclamar:

—¡¿Cuánta ropa compraste?!

¡Cuando lo había visto antes, solo llevaba tres bolsas de papel!

¡¿Cómo era posible que ahora fueran seis?!

Ling Suihan se limitó a sonreír ligeramente.

—También compré algunas otras cosas.

—Ah.

Su Zhiqiu lo pensó y le pareció razonable.

Después de todo, todavía no sabían cuánto tiempo permanecería allí.

Sin embargo, al pensar en eso, comenzó a sentirse un poco incómodo.

Aquel hombre había aparecido de manera inexplicable, como si fuera parte de un sueño.

Quizá desapareciera en cualquier momento, sin previo aviso.

Tampoco era que fuera a entristecerse demasiado.

Pero si desaparecía la primera persona que lo había tratado con tanta delicadeza y consideración, inevitablemente sentiría cierta pérdida.

—¿Dónde vives? —preguntó Ling Suihan.

—Bastante cerca. Solo hay que pasar dos semáforos.

Su Zhiqiu recordó algo y añadió:

—Primero te acompañaré al hotel. Las calles de esta zona no son muy seguras.

Además, siempre había algunos pandilleros de cabello teñido que recorrían las calles haciendo escándalo en motocicletas.

Ling Suihan, con aquella apariencia y cargando tantas cosas, parecía un blanco perfecto.

No sería extraño que alguien intentara robarle.

—¿Te parece bien quedarte también en el hotel esta noche? —preguntó de pronto Ling Suihan, mirándolo.

Su Zhiqiu se quedó desconcertado.

No se sabía qué había imaginado, pero su rostro enrojeció inmediatamente.

Al darse cuenta de su incomodidad, Ling Suihan sonrió y negó con la cabeza.

—¿En qué estás pensando? Admito que en el futuro tendremos esa clase de relación, pero eso no significa que ahora sea igual. Además, todavía eres muy joven. No estoy loco.

Su Zhiqiu dejó escapar un suspiro de alivio.

En realidad, todavía tenía grandes ilusiones respecto al amor.

Anhelaba tomarse de las manos, abrazarse y experimentar un romance puro e inocente.

Pero que de repente apareciera un novio de más de treinta años era demasiado para él.

No podía evitar imaginar constantemente cómo habría sido Ling Suihan durante su adolescencia.

—Sí, puedo quedarme. A veces, cuando termino de trabajar muy tarde, también duermo directamente en el dormitorio del restaurante. Solo tengo que avisarle a mi mamá.

Su Zhiqiu asintió.

—Entonces quédate. Después de todo, es una suite y hay espacio suficiente para dormir —explicó Ling Suihan—. Quiero revisar tus heridas otra vez. Además, compré algo de ropa y necesito que me ayudes a verla.

Al escuchar su explicación tan despreocupada, Su Zhiqiu terminó de tranquilizarse.

Llamó a su madre y luego le recordó a Su Zhifeng que cerrara bien la puerta y lo llamara si ocurría algo.

—¿Siempre has sido así?

Ling Suihan, que lo observaba desde un lado, preguntó de repente.

Su Zhiqiu estaba caminando haciendo equilibrio sobre el borde de un cantero.

La pregunta lo sobresaltó tanto que estuvo a punto de caerse.

Por suerte, un brazo lo sostuvo a tiempo.

Dejó escapar un suspiro de alivio y preguntó instintivamente:

—¿Q-qué?

Ling Suihan no respondió enseguida.

Simplemente lo observó y sonrió.

—Nada. No sabía que también habías tenido una etapa tan traviesa. Siempre pensé que Su Zhiqiu había nacido siendo una persona seria, serena y capaz de hacerlo todo.

—¿Capaz de hacerlo todo?

Aquellas palabras alegraron bastante a Su Zhiqiu.

—¿Tan impresionante seré en el futuro?

—Sí. Eres extraordinario.

Ling Suihan lo miró fijamente, sin apartar los ojos.

Esta vez, bajo la luz de las farolas, Su Zhiqiu finalmente consiguió distinguir la emoción que se reflejaba en su mirada.

Era, efectivamente, una profunda ternura mezclada con compasión.

No era la primera vez que alguien sentía lástima por él.

De hecho, la dueña del restaurante donde trabajaba había aceptado contratarlo porque, al verlo usando sandalias en pleno invierno, le había parecido demasiado lamentable.

Sin embargo, al mirar ahora los ojos de Ling Suihan, sintió que aquella expresión era diferente.

Parecía contener algo más.

No sabía cómo describirlo.

Solo sintió que, después de recibir aquella mirada, la nariz comenzaba a picarle y una tristeza amarga le oprimía el pecho.

Ni siquiera sabía por qué se sentía tan agraviado.

Era como si, por fin, hubiera encontrado a alguien dispuesto a ponerse de su lado.

Para ocultar aquella emoción, Su Zhiqiu volvió rápidamente la cabeza y siguió caminando con la mirada baja.

Ling Suihan avanzó tranquilamente detrás de él, con ambas manos ocupadas por las bolsas.

Las farolas proyectaban sus sombras alargadas sobre el suelo.

A veces se cruzaban, luego se separaban y después volvían a entrelazarse.

Cuando llegaron al hotel, ignoraron la expresión de absoluto asombro del recepcionista y subieron directamente en el ascensor.

Apenas entraron en la habitación, Su Zhiqiu sintió el aire cálido que los envolvía.

Quizá porque ahora estaban en un espacio cerrado, el aroma indescriptible que desprendía el hombre a su espalda comenzó a extenderse hasta su nariz.

Olía realmente bien.

Mucho mejor que los perfumes que utilizaban las chicas de su clase.

Aquellos perfumes siempre le provocaban ganas de estornudar.

En cambio, el aroma de Ling Suihan le gustaba tanto que sentía deseos de abrazar su abrigo y aspirarlo profundamente un par de veces.

Quizá el movimiento de su nariz fue demasiado evidente.

Ling Suihan lo notó.

Dejó las bolsas en el suelo y preguntó con una sonrisa:

—¿Qué pasa? ¿Te gusta cómo huelo?

Antes de que Su Zhiqiu pudiera responder, añadió suavemente:

—Supuse que te gustaría. Después de todo, fuiste tú quien eligió este perfume. Fue el primer regalo de cumpleaños que me hiciste. Llevo usándolo más de diez años.

Al recordar aquellos momentos, una expresión de dulzura apareció involuntariamente en el rostro de Ling Suihan.

—Debe de ser muy caro, ¿verdad? —preguntó Su Zhiqiu en voz baja—. ¿De verdad podré permitirme comprar algo tan costoso?

—No es precisamente barato.

Ling Suihan se aflojó un poco el cuello de la camisa y se sentó en el sofá, mirándolo con una sonrisa.

—Te costó más de un mes entero de sueldo.

—¿Tan generoso seré contigo…? —murmuró Su Zhiqiu, sorprendido.

—En aquel entonces dijiste que alguien como yo debía utilizar siempre las mejores cosas. Insististe en comprarlo y pasaste un mes entero comiendo únicamente fideos secos.

Ling Suihan suspiró.

—Hasta terminaste sufriendo una bajada de azúcar. Tuve que pedirle al cocinero de mi casa que te llevara comida durante dos meses para que te recuperaras.

Su Zhiqiu estaba incrédulo.

Le resultaba imposible imaginar que algún día llegaría a ser tan generoso con otra persona.

Sin embargo, cuando examinó el extraordinario rostro de Ling Suihan bajo la luz, especialmente aquellos ojos que parecían capaces de hechizar el alma, de pronto sintió que tampoco era tan extraño.

Aquel hombre parecía un espíritu seductor.

¡Seguro que en el futuro sería él quien lo seduciría primero!

Su Zhiqiu llegó a aquella conclusión con una expresión de absoluta rectitud.

—Siéntate.

Al verlo todavía de pie frente al sofá, Ling Suihan dio unas palmaditas en el lugar que tenía a su lado.

—Ven a ver lo que compré.

Su Zhiqiu llevaba mucho tiempo sintiendo curiosidad por aquellas enormes bolsas.

¡Aquel hombre lucía tan bien con la ropa que llevaba puesta!

Seguramente tenía un gusto excelente.

Sin hacerse de rogar, se dejó caer en el sofá y fijó los ojos en las bolsas.

Ling Suihan abrió primero tres de ellas.

Dentro había varios conjuntos de ropa cuidadosamente doblados.

Cuando terminó de sacar las prendas y colgarlas ordenadamente en los percheros, Su Zhiqiu no pudo evitar soltar una exclamación de admiración.

¡Qué bonitas eran!

Le encantó especialmente la cadena de perlas que adornaba unos jeans.

Combinados con un suéter blanco y una chaqueta acolchada, formaban un conjunto juvenil, lleno de energía y vitalidad.

Ling Suihan permaneció sentado a su lado, observando atentamente sus expresiones.

Solo cuando vio aparecer una alegría intensa en el rostro de Su Zhiqiu, las comisuras de sus labios se elevaron.

Su Zhiqiu era una persona muy particular.

Por decirlo de manera elegante, era maduro y reservado.

Pero, hablando con menos delicadeza, le encantaban las cosas llamativas aunque no quisiera admitirlo.

Cuando conducía, su color favorito era el rojo intenso.

Y en cuanto a la ropa, le encantaban los pequeños adornos de todo tipo.

Cuanto más brillantes fueran, mejor.

Preferiblemente cosas relucientes, llenas de destellos, capaces de dejar ciego a cualquiera.

Para su cumpleaños de hacía dos años, Ling Suihan le había regalado una corona completamente cubierta de diamantes.

Su Zhiqiu había protestado diciendo que era demasiado cara.

Pero, en realidad, le había gustado tanto que cada mañana, nada más levantarse, lo primero que hacía era ponérsela y mirarse en el espejo.

¡Ling Suihan incluso había estado celoso de aquella corona durante bastante tiempo!

Ahora parecía que el pequeño Su Zhiqiu adolescente era exactamente igual.

Y, efectivamente, después de contemplar las prendas durante un buen rato, Su Zhiqiu apartó la mirada con evidente desgana.

—¿No vas a probártelas? Creo que todas son muy bonitas.

—Recorrí la tienda varias veces, pero no encontré nada que me quedara demasiado bien.

Mientras hablaba, Ling Suihan comenzó a quitar las etiquetas de las prendas y añadió despreocupadamente:

—En cambio, vi algunas cosas que te quedarían bien a ti, así que las compré de paso. ¿Por qué no te las pruebas?

Su Zhiqiu quedó completamente petrificado.

Miró la bolsa llena de ropa y luego el rostro absolutamente serio de Ling Suihan.

Pasó un buen rato antes de que recuperara la voz.

—¿Las… las compraste para mí?

Ling Suihan lo miró y asintió.

—¿T-todas estas cosas son para mí? —volvió a preguntar Su Zhiqiu, incapaz de creerlo.

Ling Suihan no mostró la menor impaciencia.

Simplemente volvió a asentir.

Su Zhiqiu observó las prendas con una mezcla de conmoción y nerviosismo.

No pudo evitar extender la mano para tocarlas, pero la retiró rápidamente.

Se levantó y dio un par de vueltas por el mismo lugar.

Finalmente, pareció recordar algo.

—¡Rápido! Todavía debemos estar a tiempo. ¡Vamos a devolverlas! No necesito ropa, tengo suficiente. Además, ¿cuánto tiempo tardaría en usar tantas prendas? Y yo tengo que trabajar. Por muy buena que sea la ropa, terminará ensuciándose o rompiéndose.

Hablaba tan deprisa que sus palabras salían atropelladas y desordenadas.

Sin embargo, Ling Suihan se acercó, apoyó ambas manos sobre sus hombros y se inclinó ligeramente para mirarlo a los ojos.

—Su Zhiqiu.

Lo llamó por su nombre.

Su Zhiqiu quedó inmediatamente cautivado.

Por alguna razón, se tranquilizó.

Aquellos hermosos ojos estaban tan cerca de los suyos que parecían poseer algún tipo de poder mágico.

—Ya corté todas las etiquetas. No podemos devolver la ropa. Quédatela y úsala poco a poco. Compré algunas prendas un poco más grandes a propósito, así que deberían servirte hasta el próximo año. Y no importa si ahora no tienes ocasiones para ponértelas. Créeme, pronto las tendrás.

—No te preocupes tanto por el dinero. Es solo ropa. Si se ensucia o se rompe, puedes tirarla. Usa esto para comprar prendas nuevas. Y si no quieres ir personalmente, pídele a alguno de tus amigos que vaya por ti.

Mientras hablaba, Su Zhiqiu sintió que uno de sus bolsillos se volvía más pesado.

Era como si alguien hubiera introducido algo en su interior.

Bajó inmediatamente la cabeza y lo sacó.

Eran dos tarjetas rígidas de saldo prepagado, cada una con un nombre diferente.

Una pertenecía a la tienda de ropa y la otra a una zapatería.

No sabía cuánto dinero había en ellas.

Tampoco se atrevió a preguntarlo.

Porque sentía que, si pronunciaba una sola palabra más, las lágrimas terminarían desbordándose de sus ojos.

Su Zhiqiu se mordió con fuerza el interior de la mejilla.

Solo cuando el sabor metálico de la sangre comenzó a extenderse por su boca, alguien le separó los labios a la fuerza.

—Así que esta mala costumbre la tienes desde pequeño.

Ling Suihan frunció el ceño y utilizó una gasa desinfectante para limpiarle suavemente la herida.

—Cada vez que ocurre algo, terminas mordiéndote. Deberías pensar más en los errores de los demás. ¿Por qué siempre tienes que hacerte daño a ti mismo?

Su Zhiqiu no respondió.

Tragó saliva con fuerza, sintiendo una opresión amarga y dolorosa en la garganta.

—Yo… quiero ir al baño.

Después de decirlo, bajó la cabeza y comenzó a caminar hacia allí.

Sin embargo, alguien lo sujetó de la mano.

Antes de que pudiera reaccionar, Ling Suihan le entregó varias bolsas de papel.

—Ve. Y aprovecha para probarte la ropa y los zapatos.

Su Zhiqiu las recibió y salió corriendo hacia el baño como si estuviera huyendo para salvar la vida.

Sin importarle que fuera invierno, abrió el grifo y se echó agua fría en el rostro durante un buen rato.

Solo así consiguió reducir el enrojecimiento alrededor de los ojos.

Mientras contemplaba en el espejo los mechones de cabello de los que todavía goteaba agua, Su Zhiqiu comenzó a preguntarse por primera vez si no había sido demasiado descortés.

Aquel hombre había tenido un gesto tan amable con él.

Aunque fuera su novio del futuro, no debería haberse marchado de aquella manera.

¡Por lo menos tendría que haberle dado las gracias!

Pero quizá porque nunca antes lo habían tratado así, no tenía idea de qué decir ni de cómo reaccionar.

Lo único que había conseguido hacer era escapar como un niño maleducado.

Respiró profundamente y decidió que, cuando saliera, definitivamente le agradecería.

Tomó las bolsas, entró en la zona interior del baño y comenzó a vestirse.

Después de ponerse el conjunto, permaneció un buen rato junto a la puerta, vacilando, demasiado avergonzado para salir.

¡Qué fastidio!

¡Una suite tan grande y solo tenía dos espejos!

Uno estaba en el baño, pero solo reflejaba la mitad superior del cuerpo.

El único espejo de cuerpo entero estaba en la sala de estar.

¡Y para colmo, justo frente al sofá!

Su Zhiqiu intentó observarse durante bastante tiempo en el cristal oscuro de la ventana.

Pero apenas consiguió distinguir su silueta.

Después de asegurarse de que no había nada fuera de lugar en su apariencia, finalmente reunió el valor necesario y salió.

Cuando entró en la sala de estar, su primera mirada no fue hacia el espejo.

Fue directamente hacia el hombre sentado en el sofá.

Había pensado que, después de esperarlo casi veinte minutos, Ling Suihan habría encendido el televisor o estaría entretenido con su teléfono.

Sin embargo, seguía sentado con la espalda perfectamente recta.

Incluso mantenía exactamente la misma postura que cuando Su Zhiqiu había salido.

Parecía estar aguardando su regreso con verdadera expectación.

Su Zhiqiu terminó de tranquilizarse.

Dejó de darle vueltas al asunto y caminó con naturalidad hasta el espejo.

Se observó y dio una vuelta completa.

¡Pero qué guapo soy!

No pudo evitar elogiarse mentalmente.

Los jeans adornados con varias cadenas de perlas le quedaban sorprendentemente bien y hacían que sus piernas parecieran todavía más largas y rectas.

La chaqueta acolchada también le quedaba perfecta.

Era tan ligera que apenas se sentía su peso, pero después de llevarla puesta unos minutos, ya comenzaba a tener calor.

—Te ves muy bien.

La voz de Ling Suihan llegó desde detrás de él.

—Te queda perfecto.

Hizo una pausa y añadió:

—Tan bonito como lo había imaginado.

Su Zhiqiu sonrió instintivamente.

Pero cuando vio reflejada en el espejo su propia sonrisa despreocupada, se quedó inmóvil.

Poco a poco, dejó de sonreír.

¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que había sonreído así, con tanta alegría y desde lo más profundo de su corazón?

Después de comprobar que todo le quedaba bien, se disponía a regresar al baño para probarse el segundo conjunto.

Sin embargo, Ling Suihan lo detuvo.

Antes de que pudiera preguntarle qué ocurría, sintió un peso sobre la cabeza.

Algo suave y peludo acababa de cubrirlo.

Su Zhiqiu soltó una exclamación y levantó las manos para quitárselo.

Pero sus dedos chocaron con otro par de manos cálidas.

—No te muevas —dijo suavemente Ling Suihan.

Le acomodó cuidadosamente el gorro y luego le enrolló la bufanda alrededor del cuello.

Ambos miraron hacia el espejo.

El rostro de Su Zhiqiu, que ya de por sí era pequeño, parecía todavía más diminuto rodeado por el gorro.

La felpa que lo adornaba, la bufanda suave y los dos guantes con forma de osito hacían que todo su aspecto resultara increíblemente adorable.

Ling Suihan lo contempló durante un buen rato.

Finalmente, las comisuras de sus labios se curvaron, profundamente satisfecho.

No podía evitarlo.

Cuando conoció a Su Zhiqiu, este ya era adulto.

Además, era dos años mayor que él.

Durante la adolescencia había crecido rápidamente hasta convertirse en un hombre alto y esbelto, y su manera de vestir se había vuelto cada vez más madura y elegante.

Eso nunca le había permitido satisfacer su deseo de actuar como un hermano mayor.

Pero ahora…

Fuera real o no, poder contemplar al adorable Su Zhiqiu adolescente lo hacía muy feliz.

Su Zhiqiu, por su parte, consideraba que aquel gorro era demasiado infantil.

¡Después de todo, ya era estudiante de secundaria superior!

¡También tenía una reputación que cuidar!

Sin embargo, al ver la sonrisa que Ling Suihan no conseguía disimular, decidió complacerlo.

Se quedó dócilmente con el gorro puesto hasta que llegó el momento de probarse el siguiente conjunto.

Entre cambiarse de ropa y probarse los zapatos, ambos terminaron pasando una hora entera.

Cuando finalmente acabaron de revisar todas las prendas, Su Zhiqiu estaba tan agotado que se desplomó sobre el sofá, sin ganas de mover un solo dedo.

¡Resultaba que probarse ropa también podía ser tan cansado!

¡Era incluso peor que limpiar mesas y lavar platos!

Ling Suihan, en cambio, parecía completamente acostumbrado.

Dobló cuidadosamente todas las prendas y colgó en el perchero las que Su Zhiqiu utilizaría al día siguiente.

Incluso llamó a recepción para pedir una plancha de vapor vertical.

Su Zhiqiu contempló la ropa perfectamente planchada con una expresión difícil de describir.

Al principio le había preocupado que Ling Suihan hubiera cortado todas las etiquetas tan precipitadamente.

¿Qué habría pasado si alguna prenda no le quedaba bien?

Pero ahora resultaba evidente que se había preocupado innecesariamente.

Incluso había varias prendas de ropa interior y calcetines en el fondo de las bolsas.

Y todo le quedaba perfectamente.

Tan perfectamente que no pudo evitar pensar en ciertas cosas.

Aunque Ling Suihan parecía mirarlo siempre como si fuera un niño, en realidad ya no era tan pequeño.

Eso no significaba que no entendiera nada.

Que aquel hombre conociera tan bien las medidas de su cuerpo podía significar dos cosas.

Una era que tenía un ojo extraordinario para calcular tallas.

La otra…

Bueno, que en el futuro los dos seguramente habrían hecho aquello muchas veces.

Ejem.

Cuando Ling Suihan terminó de ordenar todo y volvió la cabeza, encontró a Su Zhiqiu desplomado sobre el sofá, con el rostro lleno de cansancio.

Se acercó y le dijo:

—Ve a dormir. Tú puedes quedarte en el dormitorio y yo dormiré en la sala de estar.

Su Zhiqiu estaba realmente agotado.

Además, a la mañana siguiente tenía que ir a clases.

Reconocía que aquel día se había equivocado al escaparse de la escuela, pero después de todo, solo se había perdido algunas horas de estudio individual.

En cambio, a la mañana siguiente tendría clases de las asignaturas principales.

No podía volver a faltar.

Mientras murmuraba algo sobre tener que levantarse temprano para ir a la escuela, caminó hasta la cama y se dejó caer boca abajo.

Perdió el conocimiento casi de inmediato.

Justo antes de dormirse, tuvo la vaga sensación de que había algo que debía hacer.

Sin embargo, por más que lo intentó, no consiguió recordarlo.

Ling Suihan permaneció junto a la cama, contemplando al muchacho que dormía completamente despatarrado.

A diferencia de él, Su Zhiqiu no tenía mal humor al despertar.

Siempre dormía profundamente, hasta el punto de no darse cuenta de que alguien estaba de pie a su lado.

Ling Suihan lo cubrió cuidadosamente con la manta y apagó la luz.

Después salió del dormitorio.

Se sentó en la cama de la otra habitación y permaneció dudando durante bastante tiempo antes de acostarse y cerrar los ojos.

Recordaba que, antes de llegar a aquella época, también estaba durmiendo.

No sabía si, después de pasar una noche allí, despertaría de nuevo en su propio tiempo.

Con aquel pensamiento en mente, terminó quedándose dormido.

Un estridente sonido musical lo despertó de golpe.

Ling Suihan se estremeció.

Ignorando la familiar sensación de inquietud e irritación que surgía desde lo más profundo de su cuerpo, reprimió a la fuerza su mal humor matutino y examinó rápidamente los alrededores.

Las conocidas sábanas blancas del hotel y el tenue aroma del ambientador le confirmaron que no se había marchado.

Seguía atrapado en la época en la que su esposo asistía a la escuela.

¿Acaso tenía que completar alguna misión para poder regresar?

Ling Suihan se frotó la frente, bastante irritado.

Era una reacción física que lo acompañaba desde hacía muchos años cada vez que despertaba.

La música ruidosa del exterior finalmente se detuvo.

Después se escucharon pasos apresurados que iban de un lado a otro, como si alguien estuviera ocupado haciendo muchas cosas.

Ling Suihan permaneció sentado al borde de la cama durante más de diez minutos.

Solo entonces consiguió recuperar por completo la calma.

También recordó que el Su Zhiqiu de aquella época todavía tenía que asistir a clases.

No podía evitarlo.

Durante los últimos años, Su Zhiqiu lo había consentido demasiado.

Cada mañana, cuando despertaba, incluso antes de ocuparse de su hijo, se acercaba a abrazarlo, besarlo y mimarlo.

Solo cuando el mal humor de Ling Suihan desaparecía, se levantaba para comenzar con sus actividades.

Ahora que de pronto no tenía a su esposo a su lado, realmente le costaba acostumbrarse.

Bueno, tampoco era del todo cierto que no tuviera esposo.

Tenía una versión más joven de él.

Pero, por desgracia, era demasiado joven.

Ling Suihan no podía tratarlo de la misma manera.

Después de despejarse por completo, se levantó y abrió la puerta para dirigirse al baño.

Apenas salió, se encontró de frente con Su Zhiqiu, que acababa de salir de allí.

—¿Te desperté? —preguntó Su Zhiqiu, mirándolo con cierta vergüenza—. Mi teléfono volvió a quedarse con la pantalla negra y no había manera de apagar la alarma.

Al notar su incomodidad, Ling Suihan le acarició el cabello con naturalidad.

—No. Normalmente estoy bastante ocupado con el trabajo y también suelo levantarme a esta hora. ¿Ya vas a la escuela?

Su Zhiqiu asintió rápidamente.

—Sí. Esta mañana tengo clases muy importantes, así que no puedo salir antes. No terminaré hasta las doce. Tú… tú…

Se interrumpió, visiblemente indeciso.

Estaba considerando si sería mejor escaparse también de la última clase cuando el hombre soltó una risita.

—¿Hoy vas a portarte tan bien? ¿Qué pasó con eso de saltar el muro para escaparte de clases?

El rostro de Su Zhiqiu se puso rojo de vergüenza en un instante.

—Concéntrate en tus clases. No tienes que preocuparte por mí. Saldré a dar una vuelta por ahí.

Después de darle aquella indicación, Ling Suihan preguntó con cierta cautela:

—¿Te parece bien que te espere al mediodía frente a la entrada de la escuela? O, si lo prefieres, puedes decirme otro lugar donde encontrarnos.

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