Después de dejar que mi exmarido recogiera a los niños por error - Capítulo 54

  1. Home
  2. All novels
  3. Después de dejar que mi exmarido recogiera a los niños por error
  4. Capítulo 54
Prev
Next
Novel Info

Con un fuerte chapoteo, Su Zhiqiu terminó inmovilizado dentro de la enorme bañera por un Ling Suihan consumido por los celos.

Ya no tenía fuerzas para resistirse.

Solo podía lamentarse en silencio y agradecer que estuvieran dentro del agua, donde su cuerpo flotaba ligeramente.

De lo contrario, el moretón que tenía en la espalda le habría dolido muchísimo.

Cuando finalmente consiguió salir a la superficie, se aferró al borde de la bañera y comenzó a recuperar el aliento con una expresión lastimera.

Ling Suihan lo abrazó por un costado.

Se enroscó a su alrededor como una hermosa pitón que se negaba a soltar a su presa.

Después acercó los labios a su oído y soltó una risita.

—Capitán, baja un poco la voz. Tu hijo está durmiendo en la habitación de al lado. Si lo despiertas, tendré que cargarte para que vayas a tranquilizarlo.

Apenas escuchó aquel apelativo, Su Zhiqiu comprendió que Ling Suihan volvía a tener malas intenciones.

No sabía qué extraño recuerdo había despertado de repente en él.

—¡Deja de decir esas cosas!

Su rostro se enrojeció inmediatamente hasta la raíz del cuello.

Ling Suihan lo advirtió enseguida.

Y volvió a arrastrarlo hacia él.

Ling Suihan estaba siendo realmente despiadado.

Ni siquiera se ablandó cuando Su Zhiqiu comenzó a llorar.

Solo terminó dejándolo descansar después de que este le asegurara una y otra vez que no había estado pensando en el Ling Suihan de dieciocho años.

Que su cabeza estaba llena únicamente del hombre que tenía delante.

Cuando finalmente quedaron estrechamente abrazados, Ling Suihan acercó los labios a su oído.

Y susurró:

—Lo odio.

—¿A quién?

Su Zhiqiu estaba tan agotado que casi perdía el conocimiento.

Su pregunta salió entre sueños.

—A mí, cuando tenía dieciocho años.

Ling Suihan murmuró:

—Para ser exactos, lo envidio. En aquel entonces lo tenía todo. Era tan feliz…

—Ya tenía al Su Zhiqiu de veinte años a su lado, acompañándolo y amándolo. Si ahora también vas a amar al de dieciocho años con tus veintisiete, ¿qué se supone que queda para mí?

Ling Suihan hundió el rostro en el hueco de su cuello.

Su voz sonó amortiguada.

—Así que deja de pensar en él.

Su Zhiqiu guardó silencio durante un buen rato.

Finalmente dejó escapar un suspiro.

—Pero ese también eres tú. No importa cuántos años tengas, ¿acaso no sigues siendo la misma persona?

—No.

Ling Suihan respondió inmediatamente.

Después repitió con obstinación:

—No es lo mismo.

Su Zhiqiu comprendió que aquel lado obsesivo y un poco desquiciado de Ling Suihan había vuelto a manifestarse.

Decidió no contradecirlo.

Simplemente levantó una mano y le acarició suavemente la cabeza.

Permanecieron abrazados en silencio durante mucho tiempo.

Solo salieron cuando incluso el agua de la bañera, que tenía un sistema para mantener la temperatura, comenzó a enfriarse.

Para entonces, la piel de Su Zhiqiu estaba completamente arrugada de tanto permanecer sumergido.

Ling Suihan tomó una toalla grande y lo envolvió con ella.

Quería ayudarlo a secarse.

Su Zhiqiu no se negó.

Sin embargo, cuando la toalla pasó sobre la delgada línea blanca de su abdomen, la mano de Ling Suihan se detuvo repentinamente.

Su Zhiqiu también se quedó inmóvil.

El corazón le dio un vuelco.

Levantó la mirada hacia Ling Suihan con cierto nerviosismo.

Por suerte, en el rostro del hombre solo había una expresión seria y…

Dolor.

Su Zhiqiu no soportaba verlo con aquella expresión.

Aunque sabía que Ling Suihan simplemente sentía lástima por lo que había sufrido, aquello también le oprimía el corazón.

Por fortuna, Ling Suihan se limitó a deslizar lentamente la toalla sobre la cicatriz.

Solo cuando comenzó a secarle las pantorrillas preguntó:

—Nunca te lo había preguntado. ¿No podían hacerte esa operación mediante cirugía mínimamente invasiva?

Su Zhiqiu se quedó desconcertado.

¡Él no se había sometido a ninguna operación de las que Ling Suihan imaginaba!

¿Cómo iba a saber algo sobre aquellos procedimientos?

Respondió al azar:

—No. Tenían que hacer una incisión.

La mano de Ling Suihan volvió a temblar.

Pasó bastante tiempo antes de que preguntara:

—Fue en la ciudad de Gui, ¿verdad? ¿Todavía conservas los informes médicos de aquella época? Podría llevárselos a mi tía para que los revise. Aquí tenemos mejores recursos médicos. Sería conveniente hacerte otra revisión, solo para estar seguros.

Esta vez, Su Zhiqiu se asustó de verdad.

Por supuesto que sabía quién era la tía materna de Ling Suihan.

¡Nada menos que la subdirectora del Hospital Afiliado a la Universidad de Beicheng!

Si aquella mujer examinaba su cicatriz, seguramente comenzaría a sospechar.

Aunque no llegara a relacionarla con una cesárea, descubriría inmediatamente que la explicación que había dado era falsa.

Su Zhiqiu no podía correr semejante riesgo.

—Hace mucho que perdí esos informes. No te preocupes. Han pasado tantos años y nunca he tenido problemas. No hace falta complicarnos.

Su nerviosismo y su resistencia eran imposibles de ocultar.

Ling Suihan levantó la cabeza y lo miró.

Sabía que Su Zhiqiu detestaba los hospitales, así que no le dio demasiada importancia.

Simplemente asintió.

Aunque una sombra de reflexión cruzó sus ojos.

—Date la vuelta. Voy a buscar el secador para secarte el cabello.

Mientras hablaba, dejó la toalla a un lado.

Estaba a punto de darse la vuelta cuando descubrió repentinamente una marca nueva en la espalda de Su Zhiqiu.

Era un moretón oscuro, de un tono negro violáceo.

Resultaba espantoso.

La toalla cayó inmediatamente de sus manos.

Sorprendido y furioso, Ling Suihan sujetó a Su Zhiqiu por los hombros y lo hizo girar.

—¡¿Qué te pasó?! ¡¿Quién te hizo eso?! ¿Fue Lin Lu?

Su Zhiqiu se quedó desconcertado.

Solo entonces recordó que había estado tan preocupado por la cicatriz de su abdomen que se había olvidado completamente de la lesión reciente que tenía en la espalda.

—Sí. Me golpeó con un palo de madera.

Como sabía que ya no podía ocultarlo, se apresuró a añadir:

—Al principio me dolía bastante, pero ahora estoy mucho mejor. Solo tiene un aspecto alarmante.

El rostro de Ling Suihan adquirió una expresión aterradora.

Parecía dispuesto a salir inmediatamente para ajustar cuentas con Lin Lu.

Entre dientes, escupió dos palabras:

—Quiere morir.

Su Zhiqiu sabía perfectamente que Ling Suihan era capaz de hacer cualquier cosa.

Y que, además, tenía los medios para conseguirlo.

No quería que se metiera en problemas por su culpa.

Se apresuró a sujetarlo.

—Todavía tienes la pomada que usas para el brazo, ¿verdad? Puedes ponerme un poco y estará bien. Además, yo también le di bastantes golpes. Te aseguro que él terminó mucho peor que yo.

Habría sido mejor que no dijera nada.

Porque Ling Suihan volvió a estallar.

—¡Se lo merecía! ¡Sabías perfectamente que estaba armado y aun así fuiste solo! ¡Y todo para proteger a esa… a esa An Wenwen!

Su Zhiqiu se quedó momentáneamente sorprendido al escucharlo pronunciar correctamente el nombre de An Wenwen.

Después de todo, Ling Suihan nunca se molestaba en recordar a las personas que no le interesaban.

A veces podía encontrarse con alguien más de diez veces y seguir sin reconocerle el rostro.

Sin embargo, ahora recordaba perfectamente a An Wenwen.

El instinto de Su Zhiqiu le decía que aquello no podía significar nada bueno.

Se apresuró a empujar a Ling Suihan fuera del baño.

Como sabía que Su Zhiqiu estaba herido, Ling Suihan no opuso demasiada resistencia.

Se dejó llevar obedientemente y fue a buscar la pomada por iniciativa propia.

Su Zhiqiu se acostó boca abajo sobre la cama.

Sintió el contacto delicado de un hisopo de algodón sobre su espalda.

Temiendo que Ling Suihan también terminara guardándole rencor a An Wenwen, eligió cuidadosamente sus palabras.

—En realidad, toda la culpa es de ese desgraciado de Lin Lu. An Wenwen simplemente tuvo muy mala suerte. Apenas tiene poco más de veinte años. Encontrarse con una persona así debe de dejarle un trauma psicológico terrible.

Al principio, solo había querido tranquilizar a Ling Suihan.

Pero, mientras hablaba, sus palabras comenzaron a llenarse de una preocupación sincera.

Terminó dejando escapar un suspiro.

El hisopo se detuvo un instante sobre su espalda.

Después fue reemplazado por una mano mucho más cálida, que extendió suavemente la pomada sobre la lesión.

Pasó bastante tiempo antes de que escuchara la voz del hombre detrás de él.

—Sé lo que estás pensando. No soy una persona incapaz de distinguir el bien del mal. Incluso si tú no hubieras intervenido, de haberme encontrado con una situación así, también habría ayudado a resolver definitivamente el problema de Lin Lu.

Hizo una pausa.

—Pero lo demás tendrá que superarlo ella misma.

Su Zhiqiu escuchó aquella respuesta un tanto torpe.

No pudo evitar sonreír.

Sabía que Ling Suihan podía parecer una persona fría y distante.

Sin embargo, en el fondo seguía siendo alguien bondadoso.

—Entonces te doy las gracias en su nombre. An Wenwen, en realidad…

No consiguió terminar.

Ling Suihan lo interrumpió hablando entre dientes.

—Olvidé decirte algo. Si esta noche vuelvo a escuchar ese nombre salir de tu boca, creo que yo también podría dejar de distinguir el bien del mal. Después de todo, para mí sería bastante sencillo.

Su Zhiqiu cerró inmediatamente la boca.

La habitación recuperó la tranquilidad.

Pasó mucho tiempo.

Solo cuando Su Zhiqiu dejó de sentir molestias en el moretón de la espalda, Ling Suihan retiró finalmente la mano.

Su Zhiqiu estaba a punto de darse la vuelta para levantarse.

Pero entonces escuchó una pregunta inesperada.

—Esta noche te escuché decir que… justo antes de hacerlo, te detuviste. ¿Qué querías decir? ¿A quién pensabas hacerle daño?

Su Zhiqiu se quedó inmóvil.

Al final, había llegado el momento.

Había creído que Ling Suihan ya no volvería a preguntar.

Pasó un buen rato antes de que respondiera vagamente:

—Fue hace varios años. De todas formas, al final no hice nada. Conseguí contenerme.

Al ver que evitaba responder directamente, Ling Suihan levantó una ceja.

De pronto, preguntó con un tono que parecía bromista:

—¿Por qué? ¿Fue porque pensaste en mí?

Su Zhiqiu se quedó desconcertado.

Se volvió para contemplar a Ling Suihan bajo la luz de la lámpara de noche.

Había una sonrisa en su rostro.

Pero en su voz podía percibirse un ligero nerviosismo.

Y también cierta expectativa.

El mismo joven señor Ling que hacía unos momentos había hablado de Lin Lu con una arrogancia imponente, ahora parecía un niño que había cometido una travesura.

Lo miraba esperando escuchar aquella respuesta afirmativa.

Bajo esa mirada, los pensamientos de Su Zhiqiu regresaron involuntariamente a una noche de cinco años atrás.

Habían pasado dos meses desde que abandonó Beicheng.

Era una noche oscura y ventosa.

Una noche apropiada para hacer ciertas cosas.

Aquel día había vuelto a discutir con su padre.

El hombre le había arrojado violentamente una taza de té a la cabeza.

Su Zhiqiu había perdido bastante sangre.

Esa noche, con un cuchillo en la mano, contempló fríamente al hombre mayor que yacía inconsciente frente a él.

Tenía el cabello revuelto.

Su cuerpo desprendía un olor desagradable.

Sus facciones, que guardaban cierto parecido con las de Su Zhiqiu, estaban envejecidas.

Su aspecto era vulgar y repugnante.

Ya no quedaba ningún rastro del atractivo que había tenido durante su juventud.

Si acababa con su padre biológico, al menos libraría a la sociedad de una escoria.

Su Zhiqiu recordó todos aquellos años de sufrimiento.

Recordó que, por culpa de aquel hombre, lo había perdido todo.

La carrera profesional que había construido con siete años de esfuerzo.

La enorme deuda que ahora pesaba sobre sus hombros.

Un futuro que parecía condenado a una oscuridad interminable.

Y también…

Aquel hermoso muchacho al que tanto le gustaba vestir una chaqueta acolchada blanca.

A quien nunca volvería a ver.

Su corazón se endureció como el filo del cuchillo que sostenía.

En aquella habitación completamente oscura, solo la luz clara de la luna se filtraba desde el exterior.

Su Zhiqiu levantó bruscamente el arma.

No esperaba salir impune.

Después de matar a aquel padre miserable, también acabaría con su propia vida.

Le devolvería así la existencia que aquel hombre le había dado.

En la próxima vida podría estar con Ling Suihan sin ninguna mancha sobre su conciencia.

O quizás no estarían juntos.

Tampoco importaba.

Mientras Ling Suihan siguiera viviendo felizmente, sería suficiente.

La punta del cuchillo descendió a gran velocidad.

Pero justo cuando estaba a punto de tocar la tela sucia de la ropa del hombre, Su Zhiqiu dejó escapar un gemido ahogado.

Había sentido algo extraordinariamente extraño en el abdomen.

Como si alguien le hubiera dado una patada.

Pero no desde afuera.

Sino desde el interior de su vientre.

Era una sensación imposible de describir.

Sin embargo, provocó una conmoción inexplicable en su corazón.

Casi perdió la fuerza necesaria para sujetar el cuchillo.

Su Zhiqiu respiró profundamente.

Retiró lentamente el arma.

Retrocedió dos pasos.

Después se apoyó contra la pared, completamente debilitado.

Se cubrió el abdomen con una mano.

No comprendía qué acababa de ocurrir.

Aquella sensación extraña había aparecido y desaparecido con la misma rapidez.

Pronto todo volvió a quedar en calma.

Por un momento, creyó que había sido una alucinación provocada por el nerviosismo.

Sin embargo, cuando volvió a incorporarse y buscó a tientas el cuchillo que había caído al suelo, algo se movió nuevamente dentro de su abdomen.

Su Zhiqiu sintió una mezcla de sorpresa y miedo.

Se levantó inmediatamente el borde de la camiseta y contempló su vientre.

Pero su ceguera nocturna le impidió distinguir cualquier cosa.

Aun así, ahora estaba seguro.

No había sido una alucinación.

Era real.

Algo realmente lo había pateado desde el interior de su abdomen.

En aquel instante, Su Zhiqiu se olvidó de todo lo demás.

Encendió apresuradamente la lámpara que tenía al lado.

Examinó su vientre bajo la luz durante un buen rato.

Pero no consiguió descubrir nada.

Innumerables pensamientos atravesaron su cabeza.

Todos desaparecían casi tan rápidamente como surgían.

Excepto uno.

Una posibilidad que terminó ocupando por completo su mente.

Movimiento fetal.

Nunca había presenciado uno.

Sin embargo, el año anterior, su grupo había participado en un programa de variedades donde habían experimentado una simulación de todo el proceso del parto.

Durante aquella actividad, alguien había explicado que los bebés podían moverse dentro del vientre materno.

Y que, a veces, aquellos movimientos se sentían como pequeñas patadas.

Eso era exactamente lo que acababa de experimentar.

La idea era completamente absurda.

Pero, por más que lo intentaba, Su Zhiqiu no conseguía encontrar otra explicación.

La única alternativa era que se hubiera vuelto loco.

Que el hombre que yacía inconsciente en el suelo finalmente hubiera conseguido llevarlo a la locura.

Aquel año, Su Zhiqiu apenas tenía veintidós años.

Acababa de graduarse de la universidad.

No podía decirse que fuera especialmente maduro.

Sin embargo, haber comenzado a trabajar desde muy joven lo había acostumbrado a analizar primero las ventajas y desventajas de cualquier decisión.

Sacudió la cabeza.

Volvió a mirar a su maldito padre.

El hombre se había emborrachado otra vez.

Incluso mientras dormía continuaba murmurando insultos.

Con un sonido metálico, el cuchillo que Su Zhiqiu acababa de recoger volvió a caer al suelo.

Su Zhiqiu recuperó la lucidez.

Se deslizó lentamente por la pared hasta quedar sentado.

El suelo helado comenzó a enfriar poco a poco su mente, que hasta hacía unos instantes estaba consumida por la furia.

Había estado a punto de…

Matar a alguien.

Había estado a punto de asesinar a su propio padre con aquel cuchillo.

De cometer un error irreparable.

Una profunda confusión comenzó a extenderse por su corazón.

Sabía que últimamente no se había comportado con normalidad.

O, mejor dicho, desde que aquel hombre había reaparecido frente a él después de siete años, había comenzado a hundirse en la locura.

No había sido un impulso momentáneo.

Lo había pensado y planeado cuidadosamente.

Sin embargo, por alguna razón, el deseo asesino que lo había dominado apenas tres minutos antes había desaparecido por completo.

Ahora no le quedaban fuerzas para hacer nada.

Respiró profundamente.

Se cubrió el rostro con ambas manos.

Y permaneció sentado en aquel rincón durante toda la noche.

A primera hora de la mañana siguiente, salió de casa.

Tomó varios autobuses hasta llegar a un hospital.

Solo cuando estuvo frente a la entrada comprendió lo impulsivo que había sido.

¡Era un hombre!

Si se presentaba en el departamento de obstetricia y ginecología para solicitar una revisión, seguramente lo echarían por pervertido.

O lo enviarían directamente a un hospital psiquiátrico.

Caminó de un lado a otro frente a la entrada durante un buen rato.

Finalmente apretó los dientes y entró.

Pero no fue a obstetricia.

Se dirigió directamente al área de extracción de sangre.

Basándose en sus escasos conocimientos médicos, Su Zhiqiu llegó a la conclusión de que, si realmente había algo extraño en su organismo, un análisis de sangre tendría que revelarlo.

Por la tarde recogió los resultados.

No había ningún problema importante.

Aquello significaba que no estaba enfermo.

Podía descartar una de las posibilidades.

Solo entonces sacó la prueba de embarazo que había comprado aquella mañana en una farmacia.

Respiró profundamente.

Finalmente dejó a un lado el folleto de instrucciones que ya había leído innumerables veces.

El folleto indicaba que los resultados eran más precisos si se utilizaba la primera orina de la mañana.

Pero Su Zhiqiu ya no podía seguir esperando.

Si no conseguía una respuesta pronto, realmente comenzaría a sospechar que había perdido la razón y que debía presentarse en un hospital psiquiátrico.

Los cinco minutos que tuvo que esperar fueron los trescientos segundos más largos de toda su vida.

Finalmente, una segunda línea roja comenzó a aparecer.

Lenta.

Pero firmemente.

Dos líneas.

Exactamente como en la imagen que había visto en el folleto.

No quedaba ninguna duda.

No estaba enfermo.

Tampoco se había vuelto loco.

Simplemente…

Estaba embarazado.

En aquel instante, ni siquiera sabía cuál de los posibles resultados habría sido mejor.

Su Zhiqiu sintió como si un rayo hubiera caído sobre su cabeza en pleno día.

Se quedó inmóvil dentro de aquel pequeño baño.

Contempló la prueba de embarazo que descansaba sobre el lavabo.

Durante mucho tiempo fue incapaz de reaccionar.

Por un instante, incluso deseó haberse vuelto loco de verdad.

Ahora, todos aquellos síntomas que había experimentado después de marcharse de Beicheng tenían una explicación.

Las náuseas repentinas.

Los frecuentes episodios de sueño.

Había pensado que se trataba de una reacción al cambio de ambiente después de regresar a la ciudad de Gui.

Incluso había acudido varias veces a una clínica sin conseguir una respuesta.

Quién habría imaginado que…

En aquel entonces, su maldito padre se había burlado de él.

Decía que vomitaba a cada rato como una mujer embarazada.

Jamás habría imaginado que aquellas palabras terminarían siendo proféticas.

Su Zhiqiu se encerró en el baño durante toda la tarde.

Permaneció encogido detrás de la puerta, abrazándose las rodillas.

Su mente era un completo caos.

Intuía que los cambios emocionales tan intensos que había experimentado últimamente debían de estar relacionados con aquella pequeña vida que llevaba dentro.

La ansiedad inexplicable.

La tristeza.

La desesperación.

Todas aquellas emociones acumuladas durante más de dos meses encontraron finalmente una salida.

Grandes lágrimas comenzaron a deslizarse por sus mejillas.

Su Zhiqiu sintió que el cielo entero estaba a punto de derrumbarse.

Estaba acabado.

Su vida había terminado.

Ya no podría regresar a Beicheng.

Cuando se marchó, sabía que probablemente no habría vuelta atrás.

Sin embargo, durante todo aquel tiempo había conservado una esperanza diminuta.

Había imaginado que, una vez que todo se solucionara, podría regresar a buscar a Ling Suihan.

Reconocer sus errores.

Suplicarle que lo perdonara.

Y volver a estar juntos.

Pero ahora…

Se había convertido en un monstruo extraño.

Todas aquellas esperanzas se desmoronaron de golpe.

Escondido en aquel baño diminuto, Su Zhiqiu rompió a llorar desesperadamente.

Ni siquiera sabía a quién debía odiar.

¿Al hombre que le había dado la vida y después había destruido todo cuanto tenía?

¿O al destino, que parecía empeñado en someterlo a una desgracia tras otra?

Su Zhiqiu no lo sabía.

Incluso llegó a sentir un poco de odio hacia Ling Suihan.

Y también hacia aquella criatura que llevaba dentro.

Aquel hijo de Ling Suihan.

Sin embargo, tenía que reconocer algo.

Cuando lloró tanto que terminó completamente entumecido, también sintió una pequeña chispa de alivio.

Agradeció que aquel bebé, que todavía no sabía si sería una bendición o una desgracia, lo hubiera pateado dos veces la noche anterior.

Que lo hubiera despertado de aquel estado de obsesión.

De lo contrario, ahora habría habido dos vidas perdidas.

A Su Zhiqiu no le importaba demasiado su propia vida.

Después de todo, ya lo había perdido todo.

Llevaba tiempo preparado para morir junto con aquel desgraciado.

Pero, desde el momento en que descubrió que había un bebé dentro de su abdomen, abandonó completamente aquella idea.

Era una vida.

El hijo de Ling Suihan y suyo.

Durante aquellos meses, para evitar perder el control y regresar corriendo a Beicheng, Su Zhiqiu se había obligado a olvidar a Ling Suihan.

Todos los días se repetía que entre ellos ya no quedaba ninguna posibilidad.

Sin embargo, en aquel momento, todo el amor y la añoranza que había reprimido deliberadamente estallaron con tanta fuerza que incluso se estremeció.

La noche anterior había estado a punto de matarse.

Y también de matar al bebé que llevaba dentro.

Aunque todavía no había decidido si interrumpiría el embarazo, había algo que Su Zhiqiu no estaba dispuesto a permitir.

No dejaría que aquella pequeña vida desapareciera del mundo de una manera tan absurda.

Era como si el nuevo ser que crecía dentro de él le hubiera transmitido una fuerza inesperada.

Sus pantalones habían absorbido tantas lágrimas que estaban completamente empapados.

Pero ya no lloraba.

Por suerte, no había dado aquel último paso.

Por suerte, no había entregado su vida por culpa de alguien tan despreciable.

Todavía estaba a tiempo.

El mundo era inmenso.

Las estaciones se sucedían año tras año.

Las estrellas cambiaban de posición.

El sol seguía saliendo cada mañana.

Comparadas con la inmensidad del universo, las alegrías y las tristezas humanas desaparecían en un instante.

Dentro de cien años, ¿quién recordaría a quién?

Por eso, tenía que vivir.

Tenía que hacer todo lo posible por vivir bien.

Por muy agotado que estuviera, debía abrir los ojos cada mañana para contemplar la luz brillante del sol.

Mientras siguiera vivo, todavía existiría la esperanza.

Algún día terminarían las amarguras y llegarían los días felices.

Pero, si elegía morir junto con aquel hombre, lo perdería absolutamente todo.

Su Zhiqiu finalmente lo comprendió.

Y los hechos terminaron demostrando que, quizás, aquel niño realmente era su estrella de la suerte.

Un mes después, su maldito padre, Su Hongtu, bebió demasiado una noche y cayó muerto junto a la carretera.

Su muerte fue rápida.

Ni siquiera llegó a recuperar la sobriedad antes de fallecer.

Su Zhiqiu todavía recordaba el día en que la policía lo llamó para identificar el cadáver.

El cielo estaba completamente gris.

Cuando salió de la morgue, tuvo que apoyarse contra un árbol junto a la carretera para vomitar.

Un policía le ofreció unos pañuelos y trató de consolarlo.

Su Zhiqiu le dio las gracias educadamente.

Sin embargo, cuando volvió la cabeza, en sus ojos no había ni el menor rastro de tristeza.

Solo una frialdad absoluta.

Únicamente él sabía que no estaba vomitando por el dolor de haber perdido a su padre.

Era una reacción normal de su embarazo.

Por aquellas fechas estaba a punto de cumplir cinco meses de gestación.

Su abdomen ya comenzaba a sobresalir ligeramente.

Por suerte, era la temporada adecuada para llevar sudaderas.

Aquel día había vestido una sudadera blanca bastante holgada.

Cuando regresó a casa, quemó toda la ropa que había llevado puesta.

Quería deshacerse de aquella mala energía.

Estaba tranquilo.

No sentía ni una pizca de tristeza.

Porque los últimos restos de afecto familiar que conservaba se habían agotado mucho tiempo atrás.

Los había consumido el acoso interminable de su padre.

Y las lágrimas que su madre nunca conseguía dejar de derramar.

Más adelante, dio a luz a Tuantuan.

El pequeño cumplió un año.

Después dos.

Después tres…

Y Su Zhiqiu fue olvidándose lentamente de todo aquello.

Si no hubiera ocurrido lo de An Wenwen aquella noche, probablemente habría terminado enterrando aquel recuerdo por completo.

Cinco años eran mucho tiempo.

Sin embargo, recorrerlos nuevamente en la memoria apenas requería un instante.

Cuando Su Zhiqiu volvió en sí, Ling Suihan todavía estaba a su lado.

Esperaba una respuesta.

Al advertir la expresión nostálgica de su rostro, volvió a preguntar:

—¿Tuvo algo que ver conmigo?

Al principio había preguntado si había sido por él.

Ahora solo preguntaba si había tenido alguna relación.

Poco a poco, la seguridad de su voz se había ido desvaneciendo.

Su Zhiqiu lo contempló.

Una mezcla de emociones contradictorias llenó su corazón.

No consiguió pronunciar una sola palabra.

—Olvídalo. Después de todo, ya pasó mucho tiempo.

Ling Suihan se inclinó y lo ayudó a cerrar la bata de baño.

—Vamos a dormir.

Las comisuras de sus labios descendieron casi imperceptiblemente.

Él mismo creía que su expresión seguía siendo completamente normal.

Sin embargo, la decepción y la tristeza parecían brotar hasta de cada hebra de su cabello.

Estaba a punto de incorporarse.

Pero, al instante siguiente, unos brazos se cerraron firmemente alrededor de su cuello.

Su Zhiqiu lo abrazó.

Acercó los labios a su oído y habló apresuradamente en voz baja.

—Sí. Fue por ti. No hubo nadie más. Solo fue por ti que no hice aquella locura. Tenía miedo de no volver a verte nunca.

Ling Suihan volvió ligeramente el rostro.

Sus hermosos ojos lo contemplaron con asombro.

Su Zhiqiu no apartó la mirada.

Permaneció inmóvil, permitiendo que lo examinara cuanto quisiera.

Después de un largo rato, Ling Suihan finalmente lo abrazó.

Tuvo cuidado de no tocarle la lesión de la espalda.

Y murmuró:

—Esta vez no me estás mintiendo. Te creo.

Su Zhiqiu sonrió ligeramente.

Permaneció tranquilo mientras Ling Suihan apoyaba la cabeza sobre su pecho.

Por supuesto que había dicho la verdad.

Si Su Tuantuan no lo hubiera pateado aquella noche, ahora él y Ling Suihan estarían separados por la muerte.

O por los barrotes de una prisión.

Jamás habrían podido compartir un momento tan cálido como aquel.

Y sin Ling Suihan, Su Tuantuan nunca habría existido.

Por lo tanto, ¿cómo podía decirse que no había sido por Ling Suihan?

Había sido él.

Era como si Ling Suihan, desde la lejana Beicheng, hubiera conseguido protegerlo.

Ling Suihan ya había terminado de vestirse.

Sin embargo, algo pareció volver a estimularlo.

Antes de que Su Zhiqiu pudiera reaccionar, le quitó la bata de baño que acababa de ponerse.

Aunque no dejaba de repetir que estaba preocupado por sus heridas, terminó eligiendo una posición que a Su Zhiqiu le resultaba extraordinariamente vergonzosa.

Parecían una pareja de animales durante el apareamiento.

Especialmente cuando Ling Suihan le mordió la nuca.

Por un instante, Su Zhiqiu llegó a sospechar que volvería a quedar preñado.

No.

Embarazado.

Cuando finalmente estuvieron limpios y acostados en la cama, ya era la una de la madrugada del día siguiente.

Su Zhiqiu estaba agotado y muerto de sueño.

Para colmo, debido a la herida de la espalda, solo podía dormir de lado.

Se sentía terriblemente incómodo.

No dejaba de moverse, incapaz de encontrar una postura adecuada.

Ling Suihan, que estaba acostado junto a él, lo contemplaba con una furia cada vez mayor.

Deseaba ir inmediatamente a buscar a Lin Lu para ajustar cuentas.

La habitación oscura terminó sumida en el silencio.

Aquella noche, Ling Suihan había cambiado la distribución habitual de la cama.

Su explicación era que no quería que Su Tuantuan tocara accidentalmente la herida de Su Zhiqiu.

El pequeño había quedado acomodado en el lado más cercano a la pared.

Dormía profundamente bajo su mantita.

Completamente ajeno a los acontecimientos importantes que habían ocurrido fuera de su pequeño mundo de sueños.

Su Zhiqiu estaba acostado sobre la cama.

Si se inclinaba apenas un poco hacia atrás, encontraba inmediatamente los brazos de Ling Suihan.

Y, al lado de Ling Suihan, dormía su hijo.

Aquel sueño hermoso que en otro tiempo ni siquiera se había atrevido a imaginar se había convertido en realidad.

Su Zhiqiu pensó que, para ser feliz, primero había que aprender a conformarse con lo que uno tenía.

Y en aquel instante se sentía satisfecho.

No importaba si Ling Suihan sería capaz de aceptar que un hombre pudiera dar a luz.

Tampoco importaba si él y Su Tuantuan terminarían marchándose de Beicheng.

Jamás olvidaría aquella noche.

La noche en la que había estado más cerca de la felicidad en toda su vida.

Aunque el dormitorio estaba completamente silencioso, Su Zhiqiu podía distinguir por la respiración del hombre detrás de él que todavía no se había dormido.

Pasaron unos instantes.

Finalmente, no consiguió contenerse.

Sin volverse hacia Ling Suihan, preguntó:

—¿No vas a preguntarme?

Efectivamente, Ling Suihan seguía despierto.

A diferencia de Su Zhiqiu, que padecía ceguera nocturna, él tenía una excelente visión en la oscuridad.

Podía distinguir perfectamente el perfil de la persona acostada a su lado.

—¿Preguntarte qué?

Su Zhiqiu dudó antes de responder.

—Escuchaste todo, ¿verdad? Mi conversación con An Wenwen. En realidad, cuando me marché de Beicheng fue porque…

Se interrumpió.

Cada vez que recordaba el rostro de aquel hombre, sentía unas náuseas incontrolables.

Era como regresar al segundo trimestre de su embarazo.

Su cuerpo había desarrollado una reacción casi automática.

Reprimió con fuerza el malestar.

Estaba a punto de continuar cuando una mano cálida cubrió suavemente sus labios.

—Olvídalo. Ya pasó. No es importante.

Ling Suihan se inclinó hacia él.

Con una mano le cubría la boca.

Con la otra le rodeaba la cintura.

Su voz era muy suave.

Su Zhiqiu estaba de espaldas.

No podía verle el rostro.

Tampoco conseguía interpretar lo que realmente significaban aquellas palabras.

Su espalda se tensó casi imperceptiblemente.

No sabía si lo que sentía era alivio.

O una pequeña punzada de decepción.

Sin embargo, Ling Suihan pareció leer sus pensamientos con una facilidad extraordinaria.

—Cuando digo que no es importante, no estoy hablando por despecho.

Hizo una pausa.

Después continuó:

—Durante el primer año después de que te marchaste, realmente me importaba muchísimo. Estaba obsesionado con descubrir qué demonios había ocurrido para que desaparecieras sin despedirte.

—Pero después regresaste. Y, de repente, dejé de sentir aquella obsesión.

Su voz se volvió más tranquila.

—Tenías razón. El sol volverá a salir mañana como siempre. Así que, Su Zhiqiu, lo que me importa no es por qué te marchaste. Lo que me importa es si volverás a marcharte por la misma razón.

En realidad, durante aquellos cinco años, Ling Suihan ya había inventado innumerables explicaciones para justificar su partida.

Habría creído cualquier cosa que Su Zhiqiu le dijera.

Por absurda que fuera.

Por superficial que sonara.

Incluso si le hubiera asegurado que era un extraterrestre que necesitaba regresar a su planeta natal, Ling Suihan lo habría aceptado.

Durante incontables noches de insomnio, había pensado que le bastaría con escuchar una sola explicación de Su Zhiqiu.

Aunque fuera mentira.

Con eso se habría conformado.

Sin embargo, ahora que estaba a punto de descubrir la verdad, de pronto sintió sinceramente que ya no importaba.

No podía cambiar lo que había ocurrido.

El pasado era irreparable.

Lo único que necesitaba era asegurarse de que el Su Zhiqiu del presente no volviera a abandonarlo por aquella misma razón.

—Solo quiero saber una cosa. ¿Ya se resolvió el problema que te obligó a marcharte?

Ling Suihan formuló la pregunta en voz baja.

Su Zhiqiu asintió entre sus brazos.

—Entonces es suficiente.

Ling Suihan evitó cuidadosamente el moretón de su espalda y le acomodó las mantas.

Después añadió con naturalidad:

—Sé que no quieres hablar de eso. No tengo prisa.

Ling Suihan no tenía prisa.

Pero, por alguna razón, en aquel momento Su Zhiqiu sintió un deseo intenso de contárselo todo.

Sin embargo, cuando abrió la boca, descubrió que tenía tantas cosas que decir que ni siquiera sabía por dónde comenzar.

Su orgullo, tan arraigado en su personalidad, volvió a enfrentarse con aquel agotamiento que conocía demasiado bien.

La sensación fue tan abrumadora que terminó cerrando los ojos.

Cada vez que recordaba lo ocurrido cinco años atrás, era como si lo sometieran a una tortura lenta.

El dolor resultaba insoportable.

Y lo dejaba tan asustado como un pájaro que se sobresalta ante el menor ruido.

La herida había cicatrizado.

Pero la marca que había dejado necesitaría muchísimo tiempo para desaparecer.

Quizás incluso permanecería allí durante toda su vida.

Ling Suihan ya había retirado la mano de su boca.

Ahora le acariciaba suavemente el abdomen.

Bajo aquellas caricias reconfortantes, Su Zhiqiu habló repentinamente.

—Mañana.

—¿Qué?

Ling Suihan no comprendió.

Su Zhiqiu respondió con suavidad:

—Mañana te lo contaré.

Al verlo de aquella manera, Ling Suihan podía imaginar que no se trataba de nada agradable.

Al menos, estaba seguro de que la razón no era aquella historia que había circulado ampliamente en las noticias sobre Su Zhiqiu huyendo con una gran cantidad de dinero.

No había pasado por alto la expresión de rechazo que aparecía en su rostro cada vez que recordaba el pasado.

Tampoco había dejado de percibir los pequeños temblores involuntarios de su cuerpo bajo sus manos.

Todo aquello le provocaba un dolor persistente y punzante en el corazón.

—No quiero que…

Esta vez fue Su Zhiqiu quien lo interrumpió.

—Soy yo quien quiere contártelo, Ling Suihan.

Su voz era muy suave.

—Soy yo quien te está pidiendo que me escuches.

Pasaron varios segundos.

Ling Suihan no respondió.

Simplemente extendió la mano y tomó la de Su Zhiqiu.

Entrelazó sus dedos con los suyos.

Su Zhiqiu cerró los ojos.

Aunque su mente seguía extraordinariamente activa, tenía que trabajar al día siguiente.

Así que se obligó a descansar.

Sin embargo, quizás porque en el fondo seguía pensando en cómo explicarle mejor las cosas a Ling Suihan, pasó prácticamente toda la noche soñando.

En sus sueños aparecían innumerables recuerdos de los años que había vivido en la ciudad de Gui.

Estaban desordenados.

Carecían de una secuencia lógica.

Pero todos tenían algo en común.

Eran experiencias que jamás había conseguido olvidar.

Como aquella vez en que estuvo a punto de perder a Su Tuantuan.

En realidad, Su Zhiqiu no había aceptado tan rápidamente el hecho de que llevaba un bebé dentro.

Después de todo, durante sus más de veinte años de vida, todo cuanto había aprendido le decía que aquello era absolutamente imposible.

La probabilidad de que un hombre quedara embarazado era cero.

Por eso, cuando aquella situación imposible se convirtió en su realidad, después de un breve período de desconcierto, su primera reacción fue comenzar a pensar en cómo deshacerse del niño.

Porque, desde cualquier punto de vista, aquello parecía una broma cruel del destino.

Aquel bebé había elegido el momento equivocado.

El lugar equivocado.

Y también a la «mamá» equivocada.

Qué tonto era.

Ni siquiera había sabido escoger correctamente el sexo de su mamá.

Después de descubrir que estaba embarazado, Su Zhiqiu no se había conformado con creer ciegamente en el resultado de una prueba casera.

Todavía conservaba una pequeña esperanza.

Deseaba que todo fuera un malentendido.

Por eso buscó toda clase de maneras de someterse a nuevas revisiones en clínicas pequeñas y otros establecimientos.

Pasó un mes entero viviendo entre el miedo y la incertidumbre.

Finalmente, no tuvo más remedio que aceptar la realidad.

Sin importar cuántas veces se hiciera pruebas, los resultados siempre señalaban el mismo hecho.

Realmente estaba embarazado.

Además, durante aquel mes en que había recorrido diferentes lugares intentando confirmar la existencia del bebé, comenzó a experimentar náuseas frecuentes y una dolorosa hinchazón en el pecho.

Incluso ahora, cuando recordaba aquella época, Su Zhiqiu sentía que esos dos meses habían sido como permanecer atrapado bajo una manta gruesa y hermética.

Casi no podía respirar.

Todos los días despertaba aturdido.

Tenía que soportar las náuseas que podían aparecer en cualquier momento.

Y, al mismo tiempo, debía vigilar a aquel hombre mayor para impedir que escapara.

También tenía que evitar que volviera a salir a apostar y acumular nuevas deudas.

Durante el día apenas conseguía comer.

Por las noches tampoco podía dormir.

Siempre tenía la impresión de que el bebé estaba pateándolo.

Incluso tuvo que abandonar los únicos trabajos con los que todavía podía ganarse la vida: escribir letras de canciones, preparar propuestas creativas y realizar otras tareas semejantes.

Su cabeza era un completo caos.

Cada día se había convertido en una batalla.

No conseguía encontrar inspiración.

Solo podía sobrevivir con los pocos ahorros que le habían quedado después de pagar las deudas.

Todo su tiempo estaba dedicado a la persona que le había dado la vida y a la pequeña criatura a la que él estaba a punto de dar a luz.

Incluso cuando discutía o forcejeaba con su padre, tenía que protegerse el abdomen con una mano.

Temía que el hombre levantara una silla y terminara golpeándolo accidentalmente en el vientre.

Aquello limitaba enormemente sus movimientos.

Durante mucho tiempo, Su Zhiqiu se sintió profundamente deprimido.

Llegó a pensar que aquella pequeña vida había sido enviada deliberadamente por el cielo para castigarlo.

¿Acaso no había sufrido ya lo suficiente?

¿Por qué tenía que cargar, además, con el terrible secreto de ser un hombre embarazado?

Y, para colmo, ¡ni siquiera sabía cómo criar a un niño!

Desde que tenía memoria, había tenido que comportarse como padre y madre de toda su familia.

Pero ¿qué sabía hacer aparte de trabajar desesperadamente para ganar dinero?

Consolar a su madre cuando lloraba.

Resolver los desastres que provocaba su padre.

¿Qué más había aprendido?

Su Zhiqiu no tenía confianza en sí mismo.

Tampoco creía que fuera capaz de criar bien a aquel niño.

¿Cómo podía convertirse en un buen padre alguien que jamás había conocido el amor paternal?

Su Zhiqiu sabía que su formación académica no era especialmente elevada.

Pero comprendía perfectamente aquella verdad.

Además, para criar a un niño, primero tenía que sobrevivir al nacimiento.

¿Cómo iba a traerlo al mundo?

¿Dónde podría dar a luz?

Eran preguntas que Su Zhiqiu tenía que resolver completamente solo.

De lo contrario, tanto él como el bebé podrían morir.

No sabía si se debía a las hormonas o si realmente había comenzado a sufrir algún problema psicológico.

Durante aquella época lloraba por cualquier cosa.

A menudo se quedaba sentado en un rincón, completamente solo, mirando al vacío.

Temía el paso del tiempo.

Y llegó a odiar cada nuevo amanecer.

Porque significaba que faltaba un día menos para el parto.

Sin embargo, siempre había estado acostumbrado a ser fuerte.

No permitió que aquella desesperación lo consumiera durante demasiado tiempo.

Finalmente tomó una decisión.

Tenía que encontrar la manera de interrumpir el embarazo.

Era preferible soportar un dolor intenso durante poco tiempo que prolongar indefinidamente aquel sufrimiento.

Aquella parecía ser la única solución definitiva.

Quizás el bebé percibió sus intenciones.

Porque la pequeña criatura que llevaba dentro también comenzó a inquietarse.

Se movía cada vez más.

Con una frecuencia creciente.

Y las molestias físicas que le provocaba se intensificaban día tras día.

Su maldito padre llegó a pensar que había contraído alguna enfermedad incurable.

Comenzó a insinuarle constantemente que debía entregarle los últimos ahorros que conservaba.

Temía que Su Zhiqiu muriera repentinamente fuera de casa y todo aquel dinero terminara perdiéndose.

Su Zhiqiu comprendió perfectamente sus intenciones.

Ya no quería seguir encerrado en aquella casa.

Así que eligió una clínica de medicina tradicional china.

Y comenzó a rondar por allí todos los días.

Tenía que encontrar la manera de interrumpir aquel embarazo.

De deshacerse del niño que había llegado al vientre equivocado.

Prev
Next
Novel Info

MANGA DISCUSSION

© 2024 Ares Scanlation Inc. All rights reserved

Sign in

Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Sign Up

Register For This Site.

Log in | Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Lost your password?

Please enter your username or email address. You will receive a link to create a new password via email.

← Back to Ares Scanlation

Premium Chapter

You are required to login first