Después de dejar que mi exmarido recogiera a los niños por error - Capítulo 53

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Novel Info

La luz del pasillo, activada por el sonido, se encendía y apagaba intermitentemente. Bajo aquella iluminación inestable, el rostro de Ling Suihan parecía todavía más aterrador.

Cuando Lin Lu consiguió distinguir la cara del recién llegado, una expresión de deseo cruzó fugazmente sus ojos, como siempre que veía a alguien hermoso.

Sin embargo, en cuanto reconoció a aquella persona, perdió todo el color del rostro.

¡Por supuesto que sabía quién era!

¿Acaso había alguien dentro de la industria del entretenimiento que no lo conociera?

Incluso en una ciudad tan grande como Beicheng, probablemente eran muy pocas las personas que no sabían quién era.

Ling Suihan.

El único hijo varón de la familia Ling, que había sido la más rica de Beicheng.

En cierta ocasión, cuando acompañó a su hermano mayor a una reunión de empresarios, Lin Lu lo había visto desde lejos.

En aquel entonces, Ling Suihan apenas era un adolescente que acababa de debutar en un grupo masculino.

Pero bastó con que apareciera para atraer inmediatamente todas las miradas.

Los asistentes no solo se quedaron contemplándolo embelesados, sino que incluso siguieron su figura con los ojos hasta que abandonó el lugar.

Lin Lu nunca había sido exigente respecto al género de sus conquistas.

Después de aquella fugaz aparición, quedó tan fascinado que perdió hasta el apetito.

Sin embargo, su hermano mayor conocía perfectamente sus vicios.

Y le bastó una sola frase para hacerle abandonar cualquier fantasía.

—Si se te ocurre ponerle una mano encima o intentar algo indebido con él, prefiero matarte ahora mismo y enviar tu cadáver a la familia Ling. Así evitaré que algún día arrastres a toda nuestra familia a la desgracia.

Más adelante, Lin Lu se entregó a una vida todavía más desenfrenada.

Pasaba los días rodeado de bellezas y terminó olvidándose de aquel encuentro.

Pero ahora, al volver a contemplar el rostro que conservaba en sus recuerdos, lo primero que sintió no fue admiración.

Fue terror.

¿Por qué?

¡Él simplemente se había encaprichado con una maquilladora bonita y de apariencia delicada!

¿Cómo había terminado provocando a alguien tan poderoso?

¿Acaso Ling Suihan era el novio de aquella maquilladora?

No.

Imposible.

Lin Lu se negaba rotundamente a creerlo.

Por mucho que intentara comprender la situación, no encontraba una explicación.

Pero había algo de lo que estaba completamente seguro.

Estaba acabado.

Las siguientes palabras de Ling Suihan confirmaron sus peores temores.

El hombre lo contempló desde arriba.

Sus ojos estaban llenos de una ferocidad que apenas conseguía contener.

Cuando habló, parecía estar reprimiendo su ira con todas sus fuerzas.

—Voy a buscar a Lin Shan. Lin Lu, esto no ha terminado.

Lin Lu quedó tendido en el suelo, con el rostro ceniciento.

Estaba tan confundido como aterrorizado.

Sin embargo, no se atrevió a hacer ninguna pregunta.

Solo pudo contemplar cómo aquel hombre extraordinariamente hermoso retiraba el pie y lo frotaba contra el suelo, como si quisiera limpiarlo.

Después, el joven señor Ling miró brevemente a An Wenwen.

No le dedicó ni una mirada a nadie más.

Se colocó nuevamente la gorra de béisbol, dio media vuelta y bajó las escaleras sin mirar atrás.

Al verlo marcharse, Lin Lu sintió que se hundía todavía más en la desesperación.

Ahora estaba convencido de que el joven señor Ling debía de tener alguna clase de relación con aquella maquilladora.

Maldijo amargamente su mala suerte por haberse metido con alguien a quien jamás debería haber provocado.

Mientras se consumía en arrepentimiento, vio que el hombre que acababa de darle una paliza cambiaba repentinamente de expresión.

Su Zhiqiu se volvió hacia las dos jóvenes y les dijo apresuradamente:

—Tengo que irme. Cierren bien la puerta y quédense adentro. Mañana hablamos de lo demás.

Después se acercó, agarró a Lin Lu y comenzó a arrastrarlo escaleras abajo, empujándolo cuando era necesario.

Frente al edificio había estacionado un automóvil negro que desentonaba completamente con el entorno.

A través de una pequeña abertura en la ventanilla, Lin Lu reconoció inmediatamente a la persona sentada en el interior.

Era Ling Suihan.

La ventanilla descendió lentamente.

El joven señor Ling intercambió una mirada con el hombre que lo sujetaba.

Frunció el ceño y ordenó con evidente disgusto:

—Suéltalo.

El hombre obedeció casi por reflejo.

Lin Lu cayó al suelo y quedó aturdido por el golpe.

Cuando volvió a levantar la cabeza, escuchó la voz fría de Ling Suihan.

—¿Todavía no subes?

Y entonces presenció una escena que lo dejó completamente desconcertado.

El mismo hombre que acababa de golpearlo brutalmente se comportó de pronto como una esposa dócil.

Se apresuró a subir al asiento del copiloto.

Apenas cerró la puerta, el automóvil negro arrancó a toda velocidad.

Y dejó a Lin Lu envuelto en una bocanada de gases del escape.

Su Zhiqiu se abrochó el cinturón de seguridad con nerviosismo.

Miró furtivamente al hombre sentado a su lado.

Quiso decir algo.

Pero terminó cerrando la boca con una sonrisa incómoda.

Pasó bastante tiempo.

Solo cuando el automóvil llegó a una avenida amplia y despejada, Ling Suihan redujo finalmente la velocidad.

Su Zhiqiu evaluó cuidadosamente la situación.

Al notar que el estado de ánimo de Ling Suihan parecía haber mejorado un poco, se atrevió a preguntar:

—¿Cómo supiste dónde estaba?

Habría sido mejor que no preguntara.

En cuanto lo hizo, recibió una respuesta cargada de sarcasmo.

—Solo aparté la vista para consultar el tiempo que indicaba el navegador y alguien ya había salido corriendo a rescatar a una hermosa doncella. Encima, ni siquiera contestaba el teléfono. ¿Qué se suponía que debía hacer? Tuve que buscar a Wen Juefei para pedirle la dirección. No fuera a ser que Su Tuantuan terminara sin volver a ver a su adorado papá.

Su Zhiqiu se quedó desconcertado.

Se apresuró a sacar el teléfono.

Efectivamente, descubrió que en algún momento se había activado el modo silencioso.

Probablemente había tocado la pantalla accidentalmente mientras lo llevaba en el bolsillo.

Se sintió todavía más culpable.

Tosió ligeramente y cambió de tema.

—Es que estaba preocupado. Eran dos muchachas solas y temía que les ocurriera algo. Por cierto, ¿qué va a pasar con Lin Lu? ¿No habrá problemas por dejarlo allí tirado?

En realidad, no le preocupaba demasiado que Lin Lu volviera a acosar a An Wenwen y a Miaomiao.

Después de todo, lo había atado bastante bien.

Esta vez, antes de que Ling Suihan pudiera responder, sonó el teléfono.

Ling Suihan miró la pantalla y se lo entregó.

—Contesta tú.

En la pantalla aparecía el nombre del asistente Chen.

Su Zhiqiu respondió apresuradamente.

Del otro lado se escuchó una voz masculina, desconocida y serena.

—Joven señor Ling, ya tenemos al hombre en el automóvil. Estamos llevándolo con Lin Shan, tal como nos indicó. ¿Tiene alguna otra instrucción?

Aquello resolvió las dudas de Su Zhiqiu.

Miró de reojo a Ling Suihan, que seguía conduciendo.

Como este no hizo ningún gesto, decidió responder por su cuenta.

Se aclaró la garganta.

—No, ninguna más.

Hizo una pausa y añadió:

—Muchas gracias por su esfuerzo.

Al otro lado de la llamada hubo un silencio de apenas un segundo.

Después, el asistente respondió inmediatamente:

—Es usted muy amable, señor Su.

Incluso después de colgar, Su Zhiqiu seguía sin comprenderlo.

¡Solo había pronunciado unas palabras!

¿Cómo había conseguido el asistente de Ling Suihan reconocerlo inmediatamente?

Sin embargo, tuvo la sensatez de no preguntar.

Dejó el teléfono a un lado y comenzó a imaginar cuál sería el destino de Lin Lu.

Ahora que Ling Suihan había intervenido, no tenía sentido que él siguiera intentando resolver el asunto por su cuenta.

De todas formas, Lin Lu seguramente sufriría las consecuencias.

Y probablemente no volvería a atreverse a acosar a nadie tan descaradamente.

Le vendría bien aprender una lección.

Al final, las malas acciones siempre terminaban pasando factura.

Pensándolo bien, tenía que agradecerle a Ling Suihan tanto en nombre de An Wenwen como en el suyo.

De no haber intervenido, Su Zhiqiu no podía asegurar que hubiera conseguido resolver aquella situación satisfactoriamente.

Por eso, le dijo:

—Gracias. Te causé muchos problemas esta noche.

—¿En nombre de quién me estás dando las gracias?

La voz de Ling Suihan no revelaba ninguna emoción.

Su Zhiqiu respondió con sinceridad:

—En nombre de An Wenwen. Si no nos hubieras ayudado, este asunto no se habría resuelto tan fácilmente.

—¿Y tú qué eres de ella?

No sabía si era una impresión suya, pero la voz de Ling Suihan parecía volverse cada vez más grave.

Como si estuviera a punto de hablar entre dientes.

—¿Tienes derecho a agradecerme algo en su nombre? ¿Eres de su familia?

Su Zhiqiu percibió inmediatamente el sarcasmo.

Comprendió que había ocurrido un malentendido y agitó las manos apresuradamente.

—¡No! Es que yo… Yo solamente…

Pero volvió a quedarse sin palabras.

Por alguna razón, aunque normalmente era muy hábil para suavizar situaciones incómodas, delante de Ling Suihan siempre se volvía terriblemente torpe.

Cada vez que intentaba decir algo para hacerlo feliz, terminaba pronunciando frases aburridas y poco convincentes.

—Simplemente no podía abandonarlas —explicó finalmente, en voz baja—. Llevamos más de dos meses trabajando juntos. Ellas me llaman hermano Su. ¿Cómo podría tener el corazón para dejarlas solas?

El hombre a su lado pareció respirar profundamente.

Aquello solía ser una señal de que estaba a punto de enfadarse.

Todas las alarmas se encendieron en la cabeza de Su Zhiqiu.

El mismo hombre que hacía unos momentos se había atrevido a arrebatar un hacha con una sola mano, ahora permanecía sentado dócilmente como una codorniz asustada.

Su aspecto resultaba bastante lamentable.

Sin embargo, el automóvil comenzó a reducir la velocidad.

Finalmente, se detuvo junto a la acera.

Antes de que Su Zhiqiu pudiera preguntar qué ocurría, Ling Suihan se desabrochó el cinturón de seguridad.

Se volvió hacia él y lo atrajo bruscamente entre sus brazos.

Al instante siguiente, unos labios ligeramente fríos se estrellaron contra los suyos.

Su Zhiqiu abrió mucho los ojos.

Contempló al hombre que tenía delante.

Los labios de Ling Suihan presionaban los suyos con una intensidad casi feroz.

Una mano le sujetaba firmemente la nuca, impidiéndole retroceder.

Lo besaba con una profundidad y una entrega absolutas.

Su Zhiqiu quedó envuelto en sus brazos.

Sintió el leve pinchazo de la barba incipiente de Ling Suihan contra su rostro.

Su nariz percibió aquel aroma suave y familiar.

Todo comenzó a darle vueltas.

Se sentía tan ligero como si estuviera caminando sobre algodón de azúcar.

Tuvo la impresión de que su cuerpo estaba a punto de reaccionar involuntariamente.

Y, por lo que podía sentir, a Ling Suihan le estaba ocurriendo exactamente lo mismo.

Cuando Su Zhiqiu estaba a punto de quedarse sin aire y tenía el rostro completamente enrojecido, el hombre finalmente comenzó a soltarlo.

Un fino hilo de saliva brilló entre sus labios al separarse.

Era una imagen cargada de intimidad y deseo.

Aquella noche, Ling Suihan llevaba unos pantalones de mezclilla bastante ajustados.

En ese momento, la tela marcaba una protuberancia imposible de ignorar.

Ninguno de los dos habló.

Después de unos instantes de silencio, Ling Suihan dijo repentinamente:

—No estoy culpándote.

—Sé que eres una persona bondadosa. Siempre te ha gustado ayudar a los demás.

—De lo contrario, nosotros tampoco nos habríamos conocido.

Su Zhiqiu recordó instintivamente su primer encuentro.

Aquel hermoso principito…

Pero las siguientes palabras de Ling Suihan lo devolvieron a la realidad.

—Es solo que… me asusté un poco.

Su Zhiqiu ni siquiera esperó a que terminara.

Lo tranquilizó por reflejo.

—No te preocupes. Fui después de prepararme bien. Incluso le envié un mensaje a Wen Juefei antes de subir. No iba a pasarme nada.

Habría sido mejor que guardara silencio.

Porque, apenas terminó de hablar, Ling Suihan, que por fin había conseguido calmarse, golpeó violentamente el volante.

—¡¿Prepararte para qué?! ¿Para que te cortaran un brazo con el hacha? ¿O para que…?

Se interrumpió bruscamente.

Descubrió, con una tristeza insoportable, que ni siquiera podía imaginar a Su Zhiqiu herido.

La simple posibilidad le resultaba intolerable.

Aunque solo se tratara de una imagen en su cabeza, sentía unas ganas terribles de matar a Lin Lu.

Desde el momento en que Su Zhiqiu le envió aquel mensaje hasta que consiguió llegar al edificio, había recorrido casi cinco kilómetros.

Ni siquiera sabía a qué velocidad había conducido.

Durante todo el trayecto había llamado una y otra vez, con el corazón en un puño.

Pero lo único que recibía era aquella voz fría y mecánica que repetía incansablemente que no había sido posible establecer la comunicación.

Había necesitado todas sus fuerzas para mantener las manos sobre el volante.

Para evitar que el automóvil terminara estrellándose contra las áreas verdes que bordeaban la carretera.

Era como si…

Como si hubiera regresado a aquel invierno pálido de cinco años atrás.

La misma sensación de impotencia volvió a envolverlo después de tanto tiempo.

El miedo lo hacía temblar de pies a cabeza.

Temía que, si llegaba un segundo demasiado tarde, solo pudiera contemplar una vez más cómo aquella persona desaparecía de su vida.

Realmente estaba asustado.

Su madre tenía razón.

Había desarrollado estrés postraumático.

Y el detonante eran aquellas tres palabras.

Su Zhiqiu.

Al verlo así, Su Zhiqiu sintió que el corazón se le encogía dolorosamente.

Una amargura intensa le revolvió el estómago.

Le dolía incluso más que la herida que tenía en la espalda por el golpe del palo.

Cuando Ling Suihan lo había tocado accidentalmente hacía un momento, había tenido que pellizcarse con fuerza para no delatarse.

De lo contrario, Ling Suihan seguramente habría dado media vuelta para ir a ajustar cuentas con Lin Lu, sin importarle las consecuencias.

Estaba a punto de consolarlo cuando Ling Suihan apoyó el rostro sobre el volante.

Su voz sonó fría.

—Tienes un hijo. Ya no estás solo. ¿Lo entiendes, Su Zhiqiu? Si te ocurre algo, ¿qué va a ser de tu hijo? ¿Alguna vez pensaste en eso?

No solo tengo un hijo.

También te tengo a ti.

Aquellas palabras aparecieron instintivamente en la mente de Su Zhiqiu.

Pero no podía pronunciarlas.

Ling Suihan se cubrió el rostro con ambas manos.

Continuó hablando en voz baja.

—No. Nunca lo pensaste. Siempre eres así… Egoísta. Solo piensas en ti mismo. Nunca te preocupas por los demás.

Su voz estaba cargada de dolor y de emociones reprimidas.

Todas las palabras de consuelo que Su Zhiqiu había preparado quedaron atrapadas en su garganta.

Al final, solo pudo extender los brazos y abrazarlo.

Cuando sintió aquel abrazo ligero, Ling Suihan se estremeció.

Pero no intentó apartarlo.

Un momento después, levantó la cabeza del volante.

Le sujetó el rostro con una mano.

Apretó con bastante fuerza.

Su Zhiqiu sintió que le estaba deformando las mejillas.

Seguramente tenía una expresión ridícula.

Sin embargo, Ling Suihan continuaba completamente serio.

Lo obligó a mirarlo directamente a los ojos.

Su Zhiqiu contempló aquellos labios finos, de un tono rosado natural, que se movían frente a él.

—Puedes salvar a quien quieras. Eso no tiene nada que ver conmigo. Pero si algún día te ocurre algo, escúchame bien, Su Zhiqiu.

Su voz era pausada.

Pronunciaba cada palabra con absoluta claridad.

—Me llevaré a tu hijo. No permitiré que tu madre, tu hermano ni Wen Juefei vuelvan a encontrarlo jamás. No voy a tratarlo bien. Voy a atormentarlo de la manera más cruel posible, hasta que te arrepientas incluso después de muerto.

—¿Me escuchaste?

Las pestañas largas y delicadas de Su Zhiqiu temblaron.

Rozaron las yemas de los dedos de Ling Suihan, produciéndole un ligero cosquilleo.

No.

No harías eso.

Lo sé.

Si de verdad llegara ese día, quizás te llevarías a Tuantuan.

Pero estoy seguro de que lo tratarías bien.

Muy, muy bien.

Porque eres Ling Suihan, la persona que más me ama.

Y no tendrías corazón para hacerle daño.

En cambio, yo soy terrible.

Siempre he sabido aprovecharme de lo mucho que me quieres.

Su Zhiqiu contempló aquellos ojos tan familiares.

Sintió una punzada de tristeza.

—Entendido.

Se apoyó dócilmente contra el hombro del hombre.

Y murmuró:

—La próxima vez te esperaré. Si no vienes conmigo, no iré. ¿Está bien?

Gracias a la manera en que Su Zhiqiu sabía tranquilizarlo, unos minutos después Ling Suihan recuperó finalmente la compostura.

—Vuelve a tu asiento.

Lo dijo en voz baja.

Su Zhiqiu obedeció.

Regresó al asiento del copiloto y se abrochó el cinturón.

Pensó que volverían a ponerse en marcha.

Sin embargo, Ling Suihan abrió la puerta y bajó directamente del automóvil.

Solo le dijo:

—Espérame.

Después cruzó la calle.

Su Zhiqiu miró hacia afuera a través del cristal oscurecido.

Descubrió que, al otro lado de la carretera, había una tienda de conveniencia abierta las veinticuatro horas.

No sabía qué había ido a comprar Ling Suihan.

Simplemente apoyó ambas manos sobre la frente y dejó escapar un largo suspiro.

Sabía perfectamente que todavía no había superado el verdadero obstáculo de aquella noche.

Cuando vio a An Wenwen tan desesperada, no había conseguido contenerse.

Había terminado revelando el secreto que llevaba tantos años enterrado en su corazón.

Y Ling Suihan seguramente lo había escuchado todo.

Simplemente todavía no le había preguntado nada.

Al pensar en aquello, Su Zhiqiu comenzó a sentirse desconcertado.

Había creído que, en cuanto subiera al automóvil, Ling Suihan lo sometería a un interrogatorio interminable y descargaría toda su furia contra él.

Sin embargo, aunque efectivamente se había enfadado, las razones eran completamente diferentes de las que había imaginado.

Durante todo el trayecto, Ling Suihan no había formulado ni una sola pregunta sobre la persona que lo había llevado al borde de la desesperación.

Era como si aquel pasado no le importara en absoluto.

Su actitud había sido extraordinariamente distante.

Su Zhiqiu se maldijo por complicarse la vida sin necesidad.

Cuando Ling Suihan le preguntaba, se sentía acorralado.

Pero cuando guardaba silencio, también se sentía incómodo.

Incluso comenzaba a pensar que ya no le importaba.

Dudó durante un buen rato.

Cuando la figura de Ling Suihan reapareció en la entrada de la tienda, finalmente tomó una decisión.

Le preguntara o no, ya había preparado una respuesta.

O, para ser más exactos…

Ya había inventado todas las mentiras que necesitaría.

No iba a contarle la verdad.

No quería que Ling Suihan conociera aquel pasado que llevaba tantos años sepultado.

Exactamente igual que cuando se conocieron y le mintió diciendo que procedía de una familia muy feliz.

Precisamente porque se trataba de Ling Suihan, no quería que lo supiera.

Había conseguido contarle tranquilamente a An Wenwen aquellos recuerdos insoportables.

Sin embargo, cada vez que estaba frente a Ling Suihan, no sabía dónde poner las manos ni cómo comportarse.

Siempre deseaba mostrarle su versión más digna y hermosa.

No le importaba lo que los demás pensaran de él.

Podían insultarlo o golpearlo.

Nada de aquello conseguiría afectarlo demasiado.

Pero Ling Suihan era diferente.

Le aterraba profundamente la posibilidad de descubrir en su rostro el menor indicio de repugnancia, desprecio o…

Compasión.

Bastaría con una sola señal.

Sería como una flecha afilada que atravesara directamente su corazón y lo dejara desangrándose.

Así había sido cuando se conocieron en la adolescencia.

Y así seguía siendo ahora, a sus veintitantos años.

Por eso, Ling Suihan tenía razón.

Era bastante hipócrita.

Incluso una persona aparentemente tan amable y considerada como él tenía un lado podrido e insoportable.

Ling Suihan regresó caminando a contraluz.

Su Zhiqiu contempló su figura.

En pleno invierno, había salido vistiendo únicamente una sudadera.

Llevaba una gorra de béisbol y unos pantalones de mezclilla azul desgastado.

En una de las perneras había una estrella bordada con hilo plateado.

Era alto y delgado, con la cintura estrecha y las piernas largas.

Incluso un conjunto tan sencillo le quedaba extraordinariamente bien.

Llevaba una bolsa de plástico en una mano y la otra metida en el bolsillo del pantalón.

Su presencia destacaba de manera llamativa entre un grupo de estudiantes de secundaria que acababan de salir de sus clases nocturnas.

De vez en cuando, alguien volvía la cabeza para mirarlo.

Por suerte, ya era de noche, la iluminación era tenue y Ling Suihan también llevaba una mascarilla.

Por eso, nadie lo reconoció.

Sin embargo, aquello no impidió que algunas muchachas lo siguieran con la mirada durante varios metros.

Cuando Ling Suihan abrió la puerta del automóvil y entró, Su Zhiqiu todavía alcanzó a escuchar fragmentos de su conversación a través de la ventanilla entreabierta.

—¿De qué clase será? ¿Estará en el último año? ¿Por qué nunca lo había visto?

—Seguro que no estudia en nuestra escuela. Si fuera de aquí, ya sería famoso.

—Definitivamente, a un chico guapo se le reconoce hasta por la nuca…

El viento helado del norte terminó dispersando las voces de las estudiantes.

Ling Suihan cerró la puerta de un golpe.

El interior del automóvil recuperó inmediatamente su calidez y tranquilidad.

Mientras lo observaba disimuladamente por el rabillo del ojo, Su Zhiqiu no pudo evitar maravillarse.

Con aquel rostro y aquella manera de vestir, nadie habría dudado si Ling Suihan dijera que todavía era estudiante de secundaria.

No era extraño que aquellas muchachas lo hubieran confundido con un compañero.

Aunque, en realidad, ya era el padre de un niño de cuatro años.

Ling Suihan manejaba con una mano sobre el volante.

Percibió aquella mirada furtiva.

No dijo nada.

Simplemente levantó un poco más el mentón, dejando a la vista el perfil impecable de su rostro.

Tal como esperaba, la persona sentada a su lado no pudo evitar mirarlo unas cuantas veces más.

Después de concederse una última mirada, Su Zhiqiu se obligó a apartar los ojos.

Bajó la cabeza y contempló la bolsa grande que Ling Suihan había colocado sobre sus piernas.

Preguntó despreocupadamente:

—¿Qué compraste? Está un poco caliente.

Ling Suihan se detuvo ante un semáforo rojo.

Con una mano abrió un poco la bolsa.

En el interior había una comida preparada y varias bebidas de leche de soya caliente.

—Ya llevamos toda la noche de un lado a otro. Come algo, aunque sea para salir del paso.

Su Zhiqiu se quedó desconcertado.

Realmente no había imaginado que Ling Suihan hubiera salido al frío únicamente para comprarle comida.

Al verlo inmóvil, Ling Suihan pensó que no tenía apetito.

Frunció ligeramente el ceño.

Después intentó suavizar la voz.

—Al menos bebe la leche de soya. Hay dos sabores. Si no comes nada… volverá a dolerte el estómago.

Apenas escuchó aquellas palabras, Su Zhiqiu recordó lo que había ocurrido poco después de su reencuentro.

No pudo evitar sonreír.

Dejó de pensar en otras cosas y sacó la comida, que todavía desprendía vapor.

Comenzó a comer.

Cuando terminó, abrió ligeramente la ventanilla para ventilar el automóvil.

No había olvidado la obsesión de Ling Suihan por la limpieza.

¡Detestaba, detestaba muchísimo que alguien comiera dentro de su automóvil alimentos con olores intensos!

Sin embargo, precisamente había ido a comprarle su plato favorito.

Arroz con pollo picante.

Ahora todo el automóvil estaba impregnado de un aroma intenso y especiado.

Para Ling Suihan, que no comía picante, aquello debía de ser una doble tortura.

Pero…

¡No dijo absolutamente nada!

Ni siquiera emitió una queja.

Simplemente se colocó la mascarilla.

Y permitió que Su Zhiqiu terminara hasta el último bocado.

Su Zhiqiu conocía perfectamente sus principios respecto a esas cosas.

Por eso no pudo evitar sorprenderse.

Ling Suihan advirtió su expresión.

Antes de que pudiera decir nada, habló repentinamente:

—Hay otras cosas dentro de la bolsa. No la pongas atrás. Déjala sobre tus piernas. No permitas que Tuantuan la vea.

Su Zhiqiu pensó que no quería que Su Tuantuan también pidiera algo de comer a aquellas horas.

No le dio demasiada importancia.

Acomodó la bolsa y volvió a sostenerla sobre sus piernas.

Pero, al bajar la cabeza, sus ojos distinguieron repentinamente una hilera de pequeñas cajas ocultas debajo de los envases de comida.

Llevaba cinco años sin tener relaciones sexuales.

Y las pocas veces que había estado íntimamente con Ling Suihan desde su reencuentro no habían utilizado protección.

Por eso, Su Zhiqiu podía jurar que, al principio, realmente no reconoció aquellos objetos.

Incluso sacó una de las cajas para examinarla.

Cuando consiguió distinguir lo que tenía entre las manos bajo la tenue iluminación, el rostro se le puso rojo de golpe.

Para colmo, Ling Suihan advirtió sus movimientos.

Y, muy considerado, extendió la mano para encender la luz interior del automóvil.

Una pequeña lámpara amarillenta iluminó inmediatamente el objeto que Su Zhiqiu sostenía.

Era una hilera de cajas de preservativos perfectamente ordenadas.

Todos tenían la misma talla.

Pero había colores y sabores de toda clase.

Su Zhiqiu quedó petrificado.

Miró a Ling Suihan con una vergüenza indescriptible.

Después se apresuró a devolver las cajas a la bolsa y ató las asas para cerrarla.

Ling Suihan no pasó por alto aquellos pequeños movimientos.

Entrecerró ligeramente los ojos.

—¿No hay ninguno que te guste?

—¿Q-qué?

Su Zhiqiu casi se atragantó con su propia saliva.

—El que más te gustaba dejó de fabricarse hace tres años. Ya no se consigue.

Ling Suihan pronunció aquellas palabras escandalosas con un rostro tan hermoso como inexpresivo.

—Pero escogí especialmente estos de sabor a fresa. Supongo que deben de saber bastante parecido al que usábamos antes.

Su Zhiqiu tosió ligeramente.

Tardó bastante en conseguir hablar.

—¿Quieres decir que estos… eh… esta noche nosotros vamos a… eso…?

Ling Suihan interrumpió sus balbuceos.

Respondió directamente:

—Sí.

Aunque Su Zhiqiu todavía no había terminado de formular la pregunta, aquella respuesta breve y contundente bastó para que comprendiera perfectamente sus intenciones.

Abrió mucho los ojos.

Miró fijamente a Ling Suihan.

Al sentir su mirada, el estado de ánimo de este pareció mejorar un poco.

Continuó hablando con naturalidad.

—Aunque ya pasaron cinco años. ¿Será que tampoco te gusta el sabor a fresa? Esta noche podemos probar cualquiera de estos. De todas formas, ya compré la empresa que fabricaba tu modelo favorito. También les encargué desarrollar otros dos sabores. Cuando lancen los nuevos productos, tú serás el primero en probarlos. Si te gustan, seguramente tendrán buena aceptación.

Su Zhiqiu contempló aquellos labios tan hermosos como pétalos de flores.

Se abrían y cerraban mientras pronunciaban palabras que bastaban para hacerlo sonrojar.

Y, sin embargo, Ling Suihan mantenía una expresión completamente tranquila.

Como si no fuera él quien estaba diciendo semejantes indecencias.

Si no lo conociera tan bien…

Su Zhiqiu desvió furtivamente la mirada hacia sus orejas.

Tal como esperaba, descubrió que los lóbulos tenían un color diferente del resto de su piel.

Ni siquiera necesitaba tocarlos para saber que debían de estar ardiendo.

Al recordar lo que Ling Suihan acababa de decir, Su Zhiqiu dejó escapar otro largo suspiro en su interior.

Y no por él.

Sino por los padres de Ling Suihan.

¡Por fin habían conseguido que su hijo aceptara hacerse cargo de los negocios familiares!

Pero antes incluso de que el señor y la señora Ling tuvieran tiempo de celebrarlo, descubrirían que la primera decisión empresarial de su hijo había sido comprar una fábrica de preservativos.

¡Y que sus primeras ganancias procederían del desarrollo de nuevos condones!

Si, para colmo, investigaban un poco más y descubrían que todo aquello volvía a tener relación con él…

Su Zhiqiu ni siquiera se atrevía a imaginar cuántas veces lo maldecirían mentalmente, acusándolo de ser un seductor capaz de embrujar a su hijo.

Durante el trayecto, Su Zhiqiu no dejó de pensar en toda clase de cosas.

Intentaba prepararse mentalmente para lo que ocurriría aquella noche.

Realmente no soportaba aquella sensación de expectativa.

Incluso deseó poder cerrar los ojos y aparecer directamente en casa.

Estaba nervioso.

Preocupado.

Y, entre todas aquellas emociones, también había una pequeña ilusión que no conseguía ocultar.

Cuando llegaron a casa de Wen Juefei, todavía parecía caminar entre las nubes.

Wen Juefei, que llevaba bastante tiempo esperando angustiado, se llevó un susto enorme al verlo.

Por un momento, pensó que le habían dado tantos golpes que había quedado atontado.

Después de explicarle brevemente lo ocurrido, Su Zhiqiu recogió a Su Tuantuan y emprendieron el regreso.

El pequeño tenía tanto sueño que ya no sabía ni dónde estaba.

Apenas subió al automóvil, fue directamente a su asiento infantil y se acomodó obedientemente.

Su Zhiqiu apenas había conseguido hacerle un par de preguntas cuando escuchó una respiración suave y regular procedente del asiento trasero.

Al volverse, descubrió que Su Tuantuan ya se había quedado dormido con la cabeza inclinada hacia un lado.

Mientras escuchaba la respiración tranquila de su hijo, Su Zhiqiu comprendió repentinamente que había pasado por alto un detalle muy importante.

No deberían haber recogido a Tuantuan aquella noche.

Pero, si lo hubiera dejado dormir solo en casa de Wen Juefei, seguramente habría llorado.

Aunque era un niño muy obediente y no habría hecho ningún berrinche, sin duda habría extrañado a su papá.

Con solo imaginarlo escondido bajo las mantas, llorando a escondidas, Su Zhiqiu sentía que se le rompía el corazón.

Sin embargo…

Cuanto más se acercaban a casa, más evidente le resultaba el cambio en la persona sentada a su lado.

Ling Suihan no pronunciaba una sola palabra.

Pero todo su cuerpo parecía desprender una energía que únicamente Su Zhiqiu podía percibir.

Era una presencia intensamente dominante.

Cargada de una agresividad irresistible y de una poderosa atracción sexual.

Cuando el automóvil se detuvo en el estacionamiento subterráneo, todos los nervios de Su Zhiqiu se tensaron involuntariamente.

La temperatura del interior parecía aumentar sin descanso.

Aunque la calefacción ya estaba apagada, su rostro se volvía cada vez más rojo.

Cada vez más caliente.

Incluso las palmas de sus manos estaban cubiertas por una fina capa de sudor.

Tenía la impresión de que el ambiente estaba impregnado de una tensión íntima imposible de describir.

Cada movimiento de ambos se sentía extrañamente incómodo.

Incluso el simple gesto de Ling Suihan al abrir la puerta del automóvil hizo que el corazón le diera un vuelco.

Ling Suihan cargó a Su Tuantuan.

Su Zhiqiu recogió la bolsa.

Subieron al ascensor sin intercambiar una sola palabra.

Dentro de aquel espacio cerrado, Tuantuan continuaba durmiendo profundamente.

Los dos adultos permanecieron de pie, uno delante del otro.

Ninguno habló.

Solo intercambiaron una mirada a través del espejo del ascensor.

Y ambos apartaron inmediatamente los ojos.

Sin embargo, Su Zhiqiu sintió que aquella mirada había expresado más que mil palabras.

Cuando entraron al departamento, finalmente comprendió a qué le recordaba aquella situación.

Era como esas escenas de algunas películas en las que los protagonistas permanecían sentados en un sofá, mirándose en silencio.

Nadie decía nada.

Pero todos sabían perfectamente lo que estaba a punto de ocurrir.

Ling Suihan llevó a Su Tuantuan a la habitación sin pronunciar palabra.

Su Zhiqiu lo siguió apresuradamente.

Ayudó a quitarle la ropa al pequeño y después le limpió el cuerpo con una toalla húmeda.

Al principio había pensado despertarlo para que se lavara la cara.

Sin embargo, ya era demasiado tarde.

Su Tuantuan estaba tan agotado que no dejaba de cabecear.

Y, además…

Su Zhiqiu dudó un instante.

Finalmente decidió no despertarlo.

No quería que al pequeño le diera uno de sus habituales ataques de mal humor al despertarse.

Se quedó junto a la cama, contemplando el rostro tranquilo de Su Tuantuan, que dormía cómodamente acurrucado bajo las mantas.

Sintió una ternura indescriptible.

Pero también cierta vacilación.

Sabía perfectamente qué debía hacer ahora.

Ling Suihan estaba sentado en el sofá de la sala.

Sin embargo…

Su Zhiqiu entró al baño.

Se quitó la camiseta y examinó su reflejo en el espejo.

Tal como esperaba, en la parte superior de su espalda, cerca del hombro, había una marca hinchada y enrojecida.

Con el paso de las horas, había comenzado a adquirir un tono oscuro, entre morado y negro.

A primera vista, la lesión resultaba bastante alarmante.

No era extraño que le doliera tanto incluso con el más leve contacto.

No sabía cómo reaccionaría Ling Suihan si descubría aquella herida.

Temía que le resultara insoportable verla.

Pero también temía que montara en cólera.

Y todavía había algo más…

Su mirada descendió lentamente.

Finalmente se detuvo sobre su abdomen bajo.

Extendió la mano y acarició con suavidad aquella cicatriz que, con el paso de los años, se había desvanecido hasta convertirse en una delgada línea blanca.

Por allí había nacido Su Tuantuan.

Su Zhiqiu dio una vuelta frente al espejo.

Además de aquello, descubrió que las recientes sesiones fotográficas en exteriores le habían oscurecido la piel del rostro.

También tenía el cuello enrojecido por el sol.

Y las ojeras oscuras, de un tono gris azulado, eran imposibles de disimular.

No pudo evitar sentirse un poco molesto.

Incluso comenzó a sospechar que Ling Suihan lo había hecho a propósito.

¡Precisamente había elegido el momento en que peor aspecto tenía!

Su Zhiqiu, que siempre había concedido una enorme importancia a la apariencia física, se sintió profundamente frustrado.

Se examinó con unos estándares extraordinariamente exigentes.

Después de un buen rato, terminó de lavarse completamente.

Solo cuando sintió que estaba limpio y fresco se resignó a ponerse el pijama.

Sabía que, si ahora le decía a Ling Suihan que mejor lo dejaran para otro día, el hombre estallaría.

Su Zhiqiu se aclaró la garganta.

Abrió la puerta y salió.

Tal como esperaba, Ling Suihan estaba recostado en el sofá.

Apoyaba el mentón sobre una mano y contemplaba el paisaje a través de la ventana.

Sobre la mesa de centro estaba la bolsa que Su Zhiqiu había llevado desde el automóvil.

Al escuchar sus pasos, Ling Suihan volvió la cabeza.

Sus miradas se encontraron.

Por un instante, pareció que iban a saltar chispas entre ambos.

Ling Suihan levantó una mano.

Le hizo una seña doblando ligeramente los dedos.

Era exactamente el gesto que alguien utilizaría para llamar a un perrito.

Su Zhiqiu caminó hacia él por reflejo.

Pero apenas se acercó al sofá, Ling Suihan extendió el brazo y tiró de él.

Su Zhiqiu perdió el equilibrio.

Cayó directamente sobre su cuerpo.

Ling Suihan lo acomodó sobre sus piernas.

Lo abrazó de la misma manera en que solía sostener a Su Tuantuan.

Aquella posición hizo que el rostro de Su Zhiqiu se pusiera rojo como un tomate.

Finalmente comprendió por qué se sentía tan avergonzado.

No se trataba únicamente de que llevaran demasiado tiempo sin mostrarse desnudos el uno frente al otro.

También era aquella tensión íntima que parecía envolverlos por todas partes.

Ambos sabían perfectamente lo que estaban a punto de hacer.

Sin embargo, cuando estaban fuera de casa, se comportaban como si no ocurriera absolutamente nada.

Aquella complicidad silenciosa, que ninguno se atrevía a expresar con palabras, resultaba increíblemente provocadora.

Sintió los dedos largos de Ling Suihan acariciándole lentamente los costados de la cintura.

Su Zhiqiu se removió nerviosamente sobre sus piernas.

La tela de sus ropas produjo un suave roce.

Ling Suihan todavía llevaba aquellos pantalones de mezclilla desgastada con la estrella bordada.

En la parte superior vestía una sudadera de rayas blancas y negras.

Estaba sentado con una postura perfectamente correcta.

Tenía un aspecto joven y extraordinariamente atractivo.

Solo sus manos se comportaban de una manera escandalosamente desobediente.

Poco a poco comenzaron a levantar el borde del pijama de Su Zhiqiu.

Cuando sintió el calor de aquella palma ligeramente ardiente contra su piel, Su Zhiqiu se estremeció como si lo hubiera pinchado una aguja diminuta.

Las manos de Ling Suihan, acostumbradas a una vida privilegiada, apenas tenían callosidades.

Sus caricias eran suaves.

No le provocaban dolor ni molestias.

—¿Ya te lavaste?

La voz de Ling Suihan parecía haberse vuelto todavía más grave.

Su Zhiqiu dejó escapar un leve sonido afirmativo.

Ya podía sentir cierta reacción inequívoca bajo su cuerpo.

—¿Tan obediente?

Ling Suihan entrecerró los ojos.

Sus ojos alargados le daban el aspecto de un enorme gato satisfecho.

—Acompáñame a bañarme otra vez.

Pareció sonreír ligeramente.

Su Zhiqiu estaba a punto de levantarse cuando, de pronto, sintió que sus pies abandonaban el suelo.

Ling Suihan lo había alzado entre sus brazos.

Y comenzó a caminar hacia las habitaciones.

Cuando Su Zhiqiu vio que entraba directamente en el dormitorio contiguo, en lugar de dirigirse a la habitación donde dormía Su Tuantuan, dejó escapar un suspiro de alivio.

Ling Suihan advirtió inmediatamente lo que estaba pensando.

Levantó una ceja.

—¿Qué clase de persona crees que soy? No soy tan pervertido.

Su Zhiqiu no estaba completamente convencido.

—Aunque esa idea tuya no está mal —añadió Ling Suihan con una risa baja—. Podríamos probarla alguna vez.

Su Zhiqiu, que estaba a punto de defenderse, decidió cerrar inmediatamente la boca.

El vapor comenzó a elevarse lentamente.

El espejo se fue cubriendo de una capa de humedad.

Su Zhiqiu estaba sentado sobre el amplio lavabo.

No llevaba ni una sola prenda de ropa.

Tenía el ceño ligeramente fruncido.

Contemplaba a Ling Suihan, que estaba agachado frente a él.

El otro hombre, en cambio, todavía estaba completamente vestido.

Solo había bajado la cremallera de su sudadera hasta la mitad, dejando a la vista la camiseta blanca que llevaba debajo.

Aquello le daba una apariencia todavía más juvenil e inocente.

Sin embargo, la mirada dominante que le dirigía no tenía absolutamente nada de inocente.

Aquel ángulo…

Aquella manera de vestir…

De pronto, Su Zhiqiu recordó a Ling Suihan cuando tenía dieciocho años.

En aquel entonces, también le encantaba vestirse así.

Cinco años habían pasado en un abrir y cerrar de ojos.

Sin embargo, Ling Suihan seguía desprendiendo la misma energía juvenil que cuando tenía dieciocho.

Su Zhiqiu echó bruscamente la cabeza hacia atrás.

Cerró una mano en un puño.

Con la otra intentó empujar instintivamente el hombro de Ling Suihan.

Pero este lo detuvo.

Verlo de aquella manera le produjo una extraña sensación de irrealidad.

Era como si hubieran regresado a la adolescencia.

En aquellos años, sus agendas siempre estaban completamente llenas.

A menudo terminaban las actuaciones de madrugada y regresaban agotados al hotel.

Sin embargo, por muy cansado que estuviera, Ling Suihan siempre parecía tener una energía inagotable para aquella clase de actividades.

Su dureza rivalizaba con la de un diamante.

En aquel entonces también le encantaba atormentarlo de aquella manera.

Disfrutaba viéndolo llorar.

Escuchándolo suplicar.

Y todo porque, durante una grabación, Su Zhiqiu había comentado casualmente que prefería salir con alguien de su misma edad.

Ling Suihan se había puesto terriblemente celoso.

Aunque ambos sabían perfectamente que aquella respuesta formaba parte de un guion preparado de antemano.

No.

En realidad, había algo diferente.

Su Zhiqiu contempló la coronilla de Ling Suihan.

Ling Suihan no había cambiado.

Pero él sí.

Después de los veinticinco años, por mucho que uno se negara a reconocerlo, el cuerpo comenzaba a perder poco a poco parte de su vigor.

Después de Año Nuevo cumpliría veintiocho.

Además, había dado a luz a un niño.

Por mucho que quisiera, era imposible recuperar exactamente el estado físico que había tenido a los veinte años.

Mientras pensaba en aquello, una idea extraña apareció repentinamente en su cabeza.

Y lo golpeó directamente en el corazón.

Aquella escena era como si Ling Suihan, a sus dieciocho años, hubiera viajado en el tiempo hasta el presente.

Como si él, con veintisiete años, estuviera teniendo un encuentro íntimo con el Ling Suihan de dieciocho.

No sabía por qué.

Pero, en cuanto aquella idea apareció en su mente, experimentó una sensación difícil de describir.

Ling Suihan advirtió que estaba distraído.

Entrecerró los ojos.

Se incorporó inmediatamente, se quitó la sudadera de un tirón y lo hizo bajar del lavabo.

Su Zhiqiu se apresuró a tranquilizarlo con palabras cariñosas.

Hasta que el hombre le mordió la oreja y le exigió que le dijera en qué estaba pensando.

Su Zhiqiu guardó silencio un instante.

Después decidió decirle la verdad.

En realidad, solo había sido una ocurrencia divertida.

Pensó que Ling Suihan también se reiría.

Sin embargo, el hombre se quedó inmóvil por un momento.

Aunque Su Zhiqiu no podía verle la expresión, percibió inmediatamente que algo le había molestado.

—¿Así que estabas tan excitado porque estabas pensando en mí a los dieciocho años?

Ling Suihan repitió aquellas palabras.

Después soltó un resoplido frío.

Su voz descendió todavía más.

—¿Qué pasa? ¿Ya no te parezco suficientemente joven? ¿Crees que ahora ya no soy capaz? ¿Que no puedo compararme con el de dieciocho años?

Su Zhiqiu quedó boquiabierto.

¡Sentía que acababa de cavar su propia tumba!

Simplemente había tenido aquella ocurrencia al contemplar la escena.

¿Cómo había terminado convirtiéndose en una acusación de que Ling Suihan ya no era lo suficientemente bueno?

Sin embargo, su sorpresa le hizo perder el mejor momento para explicarse.

Y, a los ojos de Ling Suihan, aquel silencio se convirtió inmediatamente en la expresión culpable de alguien cuyos verdaderos pensamientos acababan de quedar al descubierto.

Cuando Ling Suihan lo levantó y se lo echó al hombro, solo había una idea dando vueltas en la cabeza de Su Zhiqiu.

¡Estoy acabado!

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