Después de dejar que mi exmarido recogiera a los niños por error - Capítulo 52

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Al pensar en aquello, Ling Suihan miró de reojo a Su Zhiqiu, que cabeceaba de sueño a su lado.

De pronto, volvió a recordar la expresión de profunda impotencia que había visto en el rostro de su madre.

«Quizás él también tenga sus propias razones».

Ling Suihan apretó nuevamente el volante.

Varias hipótesis daban vueltas en su cabeza. Solo tenía que esperar a que las personas que había enviado a investigar fueran comprobándolas una por una.

Sin embargo, por el momento, parecía que podía descartar la posibilidad de que su madre hubiera obligado a Su Zhiqiu a marcharse.

Aquello alivió un poco el peso que oprimía su corazón.

Al menos, no había ocurrido la situación que más temía: que las personas a las que amaba terminaran haciéndose daño entre sí.

Su Zhiqiu se había quedado dormido.

Después de un día agotador, el movimiento suave del automóvil y la agradable temperatura del interior lo habían sumido en un sueño profundo.

Ni siquiera se enteró de cuándo Su Tuantuan subió al vehículo.

Más tarde, cuando regresó a casa medio dormido detrás de Ling Suihan y entró a ducharse, el agua tibia que caía de la regadera sobre su cabeza le hizo recordar repentinamente algo.

¡La razón por la que había formulado aquella pregunta a Ling Suihan en el automóvil era Fang Xing!

Llevaba todo ese tiempo ocultándole que Fang Xing estaba intentando conquistarlo.

Al pensar en aquello, Su Zhiqiu dejó escapar varios suspiros.

Cuando se marchó cinco años atrás, se había jurado en secreto que aquella sería la última vez que engañaría a Ling Suihan.

Quién habría imaginado que, cinco años después, los secretos que le ocultaba no solo no habían desaparecido, sino que, por toda clase de circunstancias inevitables, se habían multiplicado.

Si Su Zhiqiu hubiera podido prever que, siete días después, Fang Xing y Ling Suihan terminarían peleándose a golpes por él durante una cena familiar de los Ling, seguramente habría decidido confesarle toda la verdad en aquel mismo instante.

En lugar de reincidir en su vieja costumbre de guardárselo todo.

Después de todo, ¿no habría sido preferible que Ling Suihan volara hasta la ciudad de Yun para darle una paliza a Fang Xing?

¡Cualquier cosa era mejor que hacerlo delante de un montón de familiares durante una cena!

Pero, por supuesto, el Su Zhiqiu de aquel momento no podía imaginar lo que ocurriría.

Estaba tan ocupado con las sesiones fotográficas en exteriores y tan desesperado por cumplir con el calendario de trabajo que apenas le quedaban fuerzas para pensar en otras cosas.

Su relación con Ling Suihan también continuaba en aquel extraño estado de indefinición.

Por las noches regresaban a casa y dormían con Su Tuantuan en la misma cama, como una familia de tres.

Durante el día, cada uno se ocupaba de su trabajo.

Cuando coincidían ocasionalmente en algún evento profesional, ambos adoptaban expresiones tan serias y correctas que nadie habría imaginado que, al llegar la noche, compartían las mismas mantas y llevaban una vida doméstica con esposa, hijo y un hogar acogedor.

La única excepción era An Wenwen.

Cada vez que se encontraba con Ling Suihan, su expresión resultaba extraordinariamente interesante.

Su Zhiqiu ya estaba prácticamente seguro de que la joven había visto algo.

Simplemente no sabía cuánto había descubierto.

Y tampoco podía preguntárselo directamente.

Como An Wenwen fingía no saber nada, él decidió seguirle el juego y hacerse el desentendido.

De todas formas, confiaba bastante en su discreción.

Y, si llegaba a ocurrir algún problema, todavía estaba Ling Suihan.

El equipo de relaciones públicas de la familia Ling no era precisamente incompetente.

En el estudio, todos trabajaban hasta el agotamiento.

A las mujeres las hacían trabajar como hombres, y a los hombres, como bestias de carga.

Faltaban apenas un par de días para las celebraciones de Año Nuevo, pero todavía tenían que permanecer en sus puestos hasta el último momento.

Aquel ritmo tan intenso había provocado que Su Zhiqiu prácticamente se olvidara de su hijo.

Todos los días deseaba poder comer y dormir directamente en los lugares donde realizaban las sesiones fotográficas.

Y tenía que reconocer que sus antiguos admiradores habían tenido razón.

Era un verdadero adicto al trabajo.

En cuanto comenzaba a trabajar, se volvía incluso más radiante y enérgico que cuando descansaba en la ciudad de Gui.

Cada día estaba lleno de vitalidad y de una inmensa sensación de satisfacción.

Ling Suihan, por su parte, se encargaba de llevar y recoger diariamente a padre e hijo, sin quejarse jamás.

Los fines de semana también llevaba a Su Tuantuan a pasear y divertirse.

Incluso había conducido con él fuera de Beicheng para hacer una pequeña excursión a una ciudad cercana.

Lamentablemente, Su Zhiqiu ya había perdido el derecho a descansar normalmente los sábados y domingos.

Por eso no pudo acompañarlos.

Pero Su Tuantuan estaba tan emocionado que casi no cabía en sí de alegría.

Mientras lo ayudaba a preparar el equipaje, Su Zhiqiu contempló aquellos ojitos entrecerrados de felicidad y no pudo evitar sentirse culpable.

Debido a toda clase de circunstancias que escapaban a su control, nunca había llevado realmente a su hijo de viaje.

Como mucho, habían recorrido algunos lugares de la ciudad de Gui.

La idea de aquella excursión había surgido porque, recientemente, Su Tuantuan había tenido una clase de manualidades.

Los niños debían elaborar un pequeño diario ilustrado sobre algún lugar turístico que hubieran visitado.

Sus compañeros habían viajado a toda clase de destinos.

Muchos incluso habían estado en el extranjero.

Sin embargo, Su Tuantuan fue el único que regresó a casa y se quedó mirando una hoja de dibujo en blanco, con el ceño fruncido y el ánimo por los suelos.

No sabía cómo completar la tarea.

Pero también sabía que su papá estaba muy ocupado, así que no quería molestarlo.

Finalmente, fue Ling Suihan quien descubrió aquella hoja en blanco dentro de su mochila.

Después de preguntarle cuidadosamente, comprendió lo que había ocurrido.

A primera hora de la mañana siguiente, Ling Suihan lo llevó de viaje en automóvil.

Ni siquiera contrató a un chofer.

Salieron bastante temprano y evitaron deliberadamente despertar a Su Zhiqiu.

Cuando este abrió los ojos, ya estaban circulando por la autopista.

Su Zhiqiu se preocupó mucho.

Temía que Su Tuantuan se pusiera de mal humor por estar separado de él.

Sin embargo, aunque era la primera vez desde su nacimiento que el pequeño pasaba dos días enteros lejos de su papá, Tuantuan demostró ser extraordinariamente fuerte.

No solo no lloró, sino que se divirtió muchísimo.

Exceptuando las dos lagrimitas que derramó cuando Su Zhiqiu lo llamó por teléfono aquella noche, no mostró ninguna dificultad para adaptarse.

Cuando regresó, Su Tuantuan no dejó de presumir de su viaje delante de todo el mundo.

Que si había disfrutado de unas aguas termales…

Que si había esquiado…

Que si había conducido un kart sobre la nieve…

Además, regresó con un montón de pequeños recuerdos de toda clase.

Repartió regalos entre sus amigos, comenzando por Limón.

Y tampoco se olvidó de reservar algunos para su papá, su abuela y su tío.

Por supuesto, Ling Suihan había pagado todo.

Su Zhiqiu colocó el pequeño imán decorativo sobre su escritorio.

En sus oídos volvió a resonar la vocecita infantil de Tuantuan.

—Papá, todos los demás regalos los escogí yo. ¡Pero el tuyo lo eligió personalmente el tío guapo! ¡Es el más caro!

Su Zhiqiu acarició suavemente el adorable imán.

Casi podía imaginar a Ling Suihan con una gorra de visera y una mascarilla, llevando a Su Tuantuan de la mano mientras examinaba cuidadosamente un montón de imanes decorativos de diez yuanes.

Cuando volvió en sí, descubrió que tenía una sonrisa en los labios.

Al recordar cómo Su Tuantuan había pasado de comportarse con extrema cautela en casa de Ling Suihan a sentirse completamente a sus anchas, hasta llegar al punto de no querer regresar, Su Zhiqiu sintió incluso una pequeña punzada de celos.

¿Acaso aquel era el misterioso poder de los lazos de sangre?

Desde que Ling Suihan apareció en su vida, Su Tuantuan había comenzado a admirarlo instintivamente.

Pasado mañana, su madre y los demás regresarían.

Entonces, él y Su Tuantuan ya no tendrían ningún motivo para seguir viviendo en casa de Ling Suihan.

Tendrían que mudarse nuevamente a su propio hogar.

Su Zhiqiu se mordió inconscientemente el interior de la mejilla.

No se detuvo hasta que un ligero sabor a sangre se extendió por su boca.

Estaba un poco…

Ansioso.

Pero también sabía que no podían seguir quedándose allí.

Al recordar aquel último mes, todo le parecía un sueño hermoso y deslumbrante.

Sin embargo, al final, no era más que una flor reflejada en un espejo o la luna sobre la superficie del agua.

Por muy hermoso que fuera, bastaría con extender la mano para tocarlo y descubrir que no era real.

Tendría que despertar.

Por mucho que quisiera seguir soñando, había llegado el momento de abrir los ojos.

Ya lo había decidido.

Aquel día no permitiría que Ling Suihan fuera a recoger a Su Tuantuan.

Le pediría a Su Zhifeng que lo hiciera.

Por la mañana, al salir, aprovecharía para llevarse todas sus pertenencias y las del pequeño.

Tampoco debían de ser muchas.

Probablemente bastaría con una sola bolsa.

En aquel momento, Su Zhiqiu incluso se sintió agradecido por su apretada agenda de trabajo.

No solo le proporcionaba una inmensa sensación de satisfacción, sino que también impedía que se hundiera en aquel torbellino de emociones.

Como aquella noche.

Cuando finalmente terminaron la jornada y todos comenzaron a marcharse arrastrando los pies, ya eran las nueve.

Habían vuelto a realizar una sesión en exteriores.

La mayoría de sus compañeros había acudido en automóvil.

Su Zhiqiu esperó hasta verlos marcharse a todos.

Después se quedó bajo una farola, esperando a que Ling Suihan llegara a recogerlo.

Era una estrella famosa, pero se atrevía a conducir personalmente por toda la ciudad cada día, sin contratar siquiera a un chofer.

Solo Ling Suihan podía comportarse con semejante despreocupación.

Después de todo, nadie se atrevería a publicar información sobre él a la ligera.

Mientras revisaba los mensajes del grupo de trabajo, Su Zhiqiu recordó que, cuando acababan de reencontrarse, Ling Suihan todavía tenía asistentes y choferes a su alrededor.

Sin embargo, desde la aparición de Tuantuan, parecía que todos aquellos empleados habían desaparecido.

Tanto sus desplazamientos como su ropa y sus comidas estaban completamente a cargo del propio Ling Suihan.

Su Zhiqiu no sabía si lo hacía para proteger a Su Tuantuan.

Quizás simplemente no le gustaba tener desconocidos a su alrededor.

Todavía faltaban unos veinte minutos para que Ling Suihan llegara.

Su Zhiqiu se sentó en una banca y respondió un mensaje de Miaomiao.

Curiosamente, el lugar donde habían trabajado aquel día estaba bastante cerca del departamento que compartían las dos jóvenes.

Antes incluso de que él pudiera marcharse, ambas ya habían avisado en el grupo que habían llegado a casa.

Por eso, aquella noche habían invitado a Su Zhiqiu y a otros compañeros a comer una olla caliente en su departamento.

Sin embargo, como al día siguiente todavía tenían mucho trabajo, Su Zhiqiu propuso dejarlo para la semana siguiente.

Aburrido, comenzó a revisar la galería de fotografías de su teléfono.

La mayoría eran imágenes de Su Tuantuan.

El pequeño era bastante presumido y le encantaban las fotografías.

Siempre tomaba el teléfono de su papá para hacerse un montón de selfies.

Últimamente, como Su Zhiqiu estaba demasiado ocupado, había comenzado a hacer estragos con el teléfono de Ling Suihan.

Su Zhiqiu ni siquiera necesitaba verlo para imaginar cómo debía de estar su galería.

Por suerte, desde que Ling Suihan le regaló aquella cámara infantil, Su Tuantuan había descubierto una herramienta nueva y mucho más interesante.

Y había dejado en paz los teléfonos de ambos.

La fotografía más reciente de su galería era de hacía dos semanas.

Era realmente adorable.

En una esquina de la imagen aparecía el borde de una prenda.

Pero aquello bastaba para que Su Zhiqiu reconociera que la persona detrás de la cámara era Ling Suihan.

Se quedó contemplando la fotografía durante un buen rato.

Hasta que el teléfono comenzó a vibrar.

Pensando que Ling Suihan había llegado, se dispuso a contestar.

Sin embargo, descubrió que quien llamaba era Miaomiao.

No le dio demasiada importancia.

Respondió con naturalidad:

—¿Qué ocurre, Miaomiao? ¿Es por lo de hoy…?

No consiguió terminar la frase.

Una voz apresurada y deliberadamente baja lo interrumpió desde el otro lado.

—Hermano Su, ese cantante volvió a aparecer —dijo Miaomiao rápidamente—. Creo que estuvo bebiendo. ¡Ahora está armando un escándalo frente a nuestra puerta y parece que tiene algo en las manos con lo que está golpeándola!

Al escucharla, los nervios de Su Zhiqiu, que hasta hacía un instante estaban a punto de sucumbir al sueño, se tensaron de golpe.

Se levantó bruscamente.

—Cierren bien la puerta con llave. Pase lo que pase, no salgan.

Conocía el carácter de Miaomiao.

Era una muchacha valiente y cuidadosa.

Si había llegado al punto de llamarlo para pedir ayuda, significaba que la situación realmente se había salido de control.

—Está bien, hermano Su. Al principio pensé en llamar a la policía —respondió Miaomiao.

Su voz todavía parecía bastante estable.

Sin embargo, un ligero temblor delataba su nerviosismo.

—Pero después pensé que, en nuestra industria, involucrar a la policía podría ser complicado. Sobre todo porque, si esto se hace público, podría perjudicar a Wenwen. Ya sabes lo terrible que puede ser la gente en internet.

Su Zhiqiu detuvo un taxi.

Sin siquiera terminar de cerrar la puerta, le indicó la dirección al conductor y respondió apresuradamente:

—Entiendo lo que quieres decir. Tienes razón. Pero si de verdad está a punto de derribar la puerta, no lo duden. Llamen inmediatamente a la policía.

Al escuchar los sonidos de su lado de la llamada, Miaomiao preguntó sin demasiada sorpresa:

—Hermano Su, ¿vas a venir?

Su Zhiqiu respondió afirmativamente.

Temiendo que estuviera asustada, no colgó.

De vez en cuando le preguntaba cómo estaban las cosas.

Miaomiao explicó que había llamado a escondidas de An Wenwen.

Si esta se enteraba, seguramente no le habría permitido hacerlo.

Sin embargo, su hermano y su cuñada ya se habían marchado.

Ahora solo estaban ellas dos.

Y realmente tenían miedo.

Beicheng era una ciudad inmensa.

Pero, increíblemente, no conseguían encontrar a nadie de la industria que estuviera dispuesto a ayudarlas.

Si se tratara de una persona corriente, la situación habría sido diferente.

Pero aquel hombre era una figura pública del mundo del entretenimiento.

Y, para colmo, un famoso del que se decía que tenía conexiones muy poderosas.

Situaciones semejantes eran demasiado comunes en aquel ambiente.

Había innumerables víctimas.

Incluso muchas jóvenes promesas que contaban con empresas y representantes habían sufrido acoso o se habían visto obligadas a aceptar relaciones sexuales a cambio de oportunidades profesionales.

Y An Wenwen no era más que una maquilladora.

Procedía de una familia completamente corriente.

Para aquella gente, era una persona tan insignificante que ni siquiera merecía ser mencionada.

Ante semejantes circunstancias, parecía que no le quedaba otra opción que resignarse.

Del otro lado de la llamada hubo unos segundos de silencio.

Después, Miaomiao habló en voz baja, avergonzada:

—Hermano Su, ten mucho cuidado. Por favor, lleva a varias personas contigo. Siento mucho causarte tantos problemas.

Su Zhiqiu llevaba muchos años moviéndose dentro de aquella industria.

Cuando acababa de debutar, también se había encontrado con situaciones semejantes.

Solo que, en aquel entonces, tenía a Ling Suihan.

Gracias a él, había conseguido escapar de aquella clase de desgracias.

Pero eso no significaba que nunca hubiera visto el lado oscuro de aquel mundo.

Por eso, no culpaba a Miaomiao por haber acudido a él.

Simplemente continuó tranquilizándola.

Le pidió que prestara especial atención al estado emocional de An Wenwen.

Bajo ninguna circunstancia debía permitir que saliera impulsivamente del departamento.

Durante todo el trayecto, el párpado derecho de Su Zhiqiu no dejó de temblar.

Tenía un presentimiento terrible.

No pudo evitar pedirle varias veces al conductor que se apresurara.

Sostuvo el teléfono durante todo el camino.

Solo cuando estaban a punto de llegar recordó que Ling Suihan probablemente ya habría llegado a recogerlo.

Se apresuró a enviarle un mensaje.

Su: A An y Miaomiao les ocurrió algo. Voy a pasar a ver qué sucede. Después tomaré un taxi directamente a casa.

La Señorita Caprichosa Ling probablemente todavía estaba conduciendo.

No respondió.

En cuanto llegó al complejo residencial, Su Zhiqiu bajó apresuradamente del taxi y cerró la puerta.

Miró a su alrededor.

Finalmente, recogió un largo palo de madera que encontró cerca y se lo llevó.

Ya no tenía la edad en la que se lanzaba a una pelea con las manos vacías simplemente porque la sangre le hervía de indignación.

Al principio, todo había estado relativamente tranquilo al otro lado del teléfono.

Solo se escuchaba la voz de Miaomiao.

Sin embargo, conforme transcurrían los minutos, la persona que estaba afuera parecía ponerse cada vez más violenta.

Incluso a través de la llamada, Su Zhiqiu podía escuchar fuertes golpes.

Parecía que la puerta estaba a punto de ceder.

Aquellos sonidos resultaban aterradores.

Incluso él, un hombre adulto que los escuchaba a través del teléfono, frunció el ceño.

No quería imaginar cómo debían de sentirse las dos jóvenes.

Una oleada de furia comenzó a arder en su pecho.

Era como si aquella ferocidad que había tenido a los quince o dieciséis años hubiera despertado nuevamente.

Colgó el teléfono.

Para evitar que el hombre lo atacara apenas se abrieran las puertas, ni siquiera utilizó el ascensor.

Subió rápidamente por las escaleras.

Al entrar al complejo, ya había avisado al personal de seguridad.

Sin embargo, se trataba de un conjunto residencial bastante antiguo.

Los alquileres eran baratos, pero las instalaciones dejaban mucho que desear.

Su Zhiqiu había mirado al guardia de seguridad, un anciano al que apenas le quedaban dientes, y no se había hecho demasiadas ilusiones.

Aun así, al menos no estaría completamente solo si ocurría algo.

Bastaba con que hubiera alguien capaz de ayudar a controlar la situación después.

Conforme se acercaba, los golpes se escuchaban cada vez más fuertes.

Cuando llegó a los últimos escalones, redujo sigilosamente el ritmo.

Se quedó oculto entre las sombras de la escalera.

Tal como esperaba, había un hombre tambaleándose frente a una puerta.

La puerta, que originalmente debía de estar en buenas condiciones, estaba llena de abolladuras.

Incluso tenía un enorme agujero.

Por su aspecto, debía de ser bastante antigua.

Parecía que bastarían unos cuantos golpes más para derribarla.

Justo cuando Su Zhiqiu pensaba aquello, el hombre levantó violentamente una pierna y le propinó una patada.

Se escuchó un fuerte crujido.

¡Y consiguió atravesar la puerta con un pie!

Desde el interior se escuchó inmediatamente un grito ahogado.

Pero la voz se apagó enseguida.

Su Zhiqiu ya no podía seguir esperando.

Sin detenerse siquiera a comprobar qué llevaba el hombre en las manos, recorrió los últimos metros a grandes zancadas.

Al escuchar los pasos, el hombre se volvió inmediatamente.

Aunque apestaba a alcohol, sus movimientos no eran nada lentos.

¡Incluso tuvo tiempo de acomodarse la mascarilla que llevaba puesta!

Su Zhiqiu advirtió aquel gesto.

Una oleada de indignación le recorrió el cuerpo.

Había conocido a toda clase de personas.

Y le bastó con ver aquello para comprender que el cantante no estaba realmente borracho.

¡Simplemente estaba utilizando el alcohol como excusa para comportarse como un lunático!

Despreciaba profundamente a las personas así.

Sin perder tiempo en palabras, se acercó para apartarlo de la puerta.

Sin embargo, quizás porque el hombre había dejado de golpearla, la luz del pasillo, que funcionaba mediante un sensor de sonido, parpadeó una vez.

Y se apagó.

Las instalaciones de aquel edificio antiguo eran realmente desesperantes.

Su Zhiqiu golpeó el suelo con fuerza.

Pero la luz no volvió a encenderse.

El pasillo quedó completamente a oscuras.

Y, en aquel momento, su ceguera nocturna le jugó una mala pasada.

De pronto, prácticamente dejó de ver.

El cantante, en cambio, parecía tener bastante buena vista.

Incluso en la oscuridad, avanzó directamente hacia él con algo en las manos.

Su Zhiqiu retrocedió dos pasos y gritó:

—¡Lin Lu! ¡Sé perfectamente quién eres!

Al ver que el hombre iba tan cuidadosamente cubierto, comprendió que tampoco deseaba revelar su identidad.

Le tenía miedo a la prensa.

Por eso pronunció deliberadamente su nombre, intentando intimidarlo y ganar algo de tiempo.

Pero, sobre todo, esperaba que su voz consiguiera activar de una vez aquella maldita luz.

Por suerte, esta vez el sensor finalmente funcionó.

El pasillo se iluminó.

Y, al instante siguiente, una sombra ya estaba frente a sus ojos.

En aquella fracción de segundo, Su Zhiqiu consiguió distinguir el objeto que el hombre llevaba en las manos.

¡Era un hacha de bombero!

El mango era bastante largo.

Además, parecía que el cantante había practicado algún tipo de disciplina física.

Blandía el hacha de un lado a otro, lanzando golpes y cortes que silbaban al atravesar el aire.

A primera vista, resultaba bastante intimidante.

Pero Su Zhiqiu tampoco era alguien indefenso.

Antes de que un cazatalentos lo descubriera y lo llevara a la empresa, había sido uno de los alumnos más temidos de su escuela.

No había tenido otra opción.

Los niños también podían ser crueles.

Si no aprendía a defenderse, otros estudiantes habrían obligado tanto a él como a su hermano menor a pagarles dinero para dejarlos tranquilos.

Y, si se negaban, los habrían golpeado.

Por eso, ni siquiera Ling Suihan sabía que Su Zhiqiu se había metido en innumerables peleas y había saltado muros para escapar de la escuela.

Había sido un visitante habitual de las ceremonias escolares, donde lo obligaban a leer disculpas y reconocer sus faltas delante de todos.

Cada vez que Ling Suihan le preguntaba por su pasado, Su Zhiqiu le mentía diciendo que había sido un estudiante ejemplar, tanto por sus calificaciones como por su conducta.

Ling Suihan nunca lo había puesto en duda.

Después de todo, cuando Su Zhiqiu comenzó a entrenar como aprendiz, realmente se volvió muy obediente y trabajador.

Con el paso de los años, especialmente después del nacimiento de Tuantuan, aquellos recuerdos parecían pertenecer a una vida anterior.

Pero ahora…

El filo del hacha cortaba el aire con un silbido.

Y la actitud arrogante de aquel hombre hizo que la sangre de Su Zhiqiu comenzara a hervir.

Era como si hubiera regresado a sus años de adolescencia.

Reaccionó con extraordinaria rapidez.

Giró el hombro y esquivó el hacha por apenas unos milímetros.

Fue una maniobra peligrosísima.

Después avanzó directamente hacia el hombre.

Y le descargó un puñetazo brutal en el rostro cubierto por la mascarilla.

Incluso a través de la tela, Su Zhiqiu creyó escuchar el crujido de un hueso.

El hombre salió despedido contra la pared.

Después resbaló hasta quedar sentado en el suelo.

Solo entonces Su Zhiqiu comprendió que quizás se había excedido un poco.

Principalmente porque, al ver al hombre comportarse de una manera tan agresiva, jamás imaginó que ni siquiera supiera esquivar un golpe.

¡Todo había sido pura apariencia!

Bastaba con mirar aquellos ojos hinchados para comprender que los excesos del alcohol y los placeres habían deteriorado su cuerpo.

No era rival para Su Zhiqiu, quien, aunque había dado a luz a Tuantuan, nunca había abandonado el ejercicio físico.

Su Zhiqiu no esperaba que la pelea terminara tan rápidamente.

Incluso sintió una pequeña satisfacción al recordar sus gloriosos años de juventud.

Le arrebató el hacha al hombre de un tirón.

Estaba a punto de decir algo cuando escuchó un ruido procedente de la puerta.

Volvió la cabeza.

An Wenwen había abierto.

Lo contemplaba con sorpresa.

Detrás de ella estaba Miaomiao, con el rostro lleno de preocupación.

Su Zhiqiu frunció inmediatamente el ceño.

Cambió el hacha de mano para evitar que el cantante pudiera recuperarla.

Al mismo tiempo, extendió una pierna para interponerse entre ellos y les hizo señas de que retrocedieran.

—¡No salgan! ¡Vuelvan adentro!

An Wenwen estaba mortalmente pálida.

Pero sus ojos estaban tan enrojecidos que resultaban alarmantes.

Levantó con firmeza el objeto que sostenía entre las manos y dijo con profundo odio:

—¡Esto es asunto mío! ¡No puedo seguir escondiéndome en casa mientras tú te arriesgas por mí! ¡Hermano Su, no te metas! ¡Voy a matarlo y aceptaré ir a prisión! ¡Aunque me condenen a muerte, lo aceptaré!

Su Zhiqiu miró el objeto que seguía zumbando en sus manos.

El párpado volvió a temblarle violentamente.

¡Era una sierra eléctrica encendida!

Su aspecto bastaba para ponerle los pelos de punta a cualquiera.

¡¿De dónde demonios había sacado semejante cosa?!

Si atacaba a alguien con aquello, realmente podía matarlo.

Y, aunque el cantante sobreviviera, probablemente quedaría mutilado.

Pero lo más grave era que An Wenwen también terminaría destruyendo el resto de su vida.

Su Zhiqiu había extendido la pierna para protegerla.

Sin embargo, en aquel momento tuvo que cambiar de posición para impedirle el paso.

Mientras le hacía señas desesperadas a Miaomiao para que se la llevara adentro, se mantuvo firmemente entre An Wenwen y el cantante.

Temía que cualquier provocación terminara haciéndola perder el control.

Sin embargo, quien perdió el control no fue An Wenwen.

Fue el cantante que estaba detrás de él.

Como si algo lo hubiera provocado, el hombre se levantó de un salto.

Aprovechando que Su Zhiqiu estaba distraído, le arrebató el palo de madera que había recogido al entrar al complejo.

Su Zhiqiu intentó recuperarlo por instinto.

Pero, como también tenía que proteger el hacha de bombero, no consiguió sujetarlo a tiempo.

Lin Lu retrocedió hacia un lado mientras se cubría la nariz.

Sus ojos se movieron con ferocidad entre Su Zhiqiu y An Wenwen.

Después escupió al suelo.

—¡Dijiste que tenías a alguien que te gustaba! ¿No me digas que es este?

Al escucharlo, Su Zhiqiu miró instintivamente a An Wenwen.

La joven temió que Lin Lu quisiera vengarse de él.

Así que lo negó inmediatamente.

Sin embargo, Lin Lu consiguió interpretar algo en su mirada nerviosa.

Los celos comenzaron a consumirlo.

Sintió que lo habían humillado.

Y, mirando a Su Zhiqiu, soltó una larga sarta de insultos obscenos.

Su Zhiqiu lo contempló fríamente.

Escuchó cómo insultaba a su madre, a sus antepasados y a toda su familia.

Aunque estaba furioso, su primera reacción fue impedir que An Wenwen se acercara.

Y, efectivamente, cuando escuchó aquellos insultos dirigidos a Su Zhiqiu, An Wenwen perdió la paciencia.

Hasta un conejo puede morder cuando lo acorralan.

La joven avanzó blandiendo la sierra eléctrica.

Por suerte, Miaomiao reaccionó a tiempo y la sujetó con todas sus fuerzas.

Su Zhiqiu apartó de una patada a Lin Lu, que también había intentado abalanzarse sobre ellos.

Al mismo tiempo, extendió la mano para arrebatarle desesperadamente la sierra eléctrica a An Wenwen.

Pero Lin Lu seguía escupiendo obscenidades desde el otro lado.

—¡Escúchame bien, An Wenwen! ¡No creas que ese carita bonita va a poder protegerte! ¡Cuando se marche, ya verás lo que voy a hacerte! ¡Maldita sea, también voy a darle una paliza a él! ¡Haré que ninguno de los dos pueda volver a trabajar en la industria! ¡Y después tendrán que venir a suplicarme que les dé una oportunidad…!

Durante un instante, Su Zhiqiu deseó arrebatarle la sierra eléctrica a An Wenwen y pasársela directamente por la boca.

Por suerte, ya no era aquel adolescente que se lanzaba de cabeza contra cualquier problema.

Ahora tenía juicio.

Y sabía pensar antes de actuar.

Aunque Lin Lu era un hombre repugnante, había algo que no podía negar.

Tenía contactos y personas poderosas que lo respaldaban.

Dentro de aquella industria tan turbia, realmente podía comportarse como si las reglas no existieran para él.

Por eso, si la situación se salía de control, quien terminaría pagando las consecuencias sería An Wenwen.

Esa era también la razón por la que Su Zhiqiu no había querido que las dos jóvenes salieran.

Si era necesario, prefería que Lin Lu dirigiera toda su furia contra él.

Podía soportarlo.

El pequeño pasillo se había convertido en un caos.

En medio del forcejeo, Lin Lu consiguió golpear accidentalmente a Su Zhiqiu en la espalda con el palo de madera.

Un dolor ardiente se extendió por su cuerpo.

Su Zhiqiu aspiró bruscamente.

Pero, temiendo que las dos jóvenes se preocuparan todavía más, apretó los dientes y no emitió ningún sonido.

Después de mucho esfuerzo, finalmente consiguió empujar a An Wenwen de regreso al departamento.

Solo entonces se volvió y le propinó a Lin Lu una patada en represalia.

El cantante cayó de espaldas al suelo.

Tardó bastante en conseguir moverse.

Ya había recibido demasiados golpes aquella noche.

Prácticamente no le quedaban fuerzas.

Por eso, solo pudo dejar que Su Zhiqiu lo atara con lo que encontró a mano.

Después contempló impotente cómo le tomaba una fotografía.

Su Zhiqiu no quería utilizar métodos tan despreciables para amenazar a otras personas.

Sin embargo, después de haber golpeado a Lin Lu aquella noche, necesitaba conservar alguna garantía para protegerse.

Dejó de prestar atención al cantante, que continuaba maldiciendo desde el suelo.

Se acercó a la puerta del departamento.

Sin entrar, les dijo a An Wenwen y Miaomiao:

—Voy a llevarme a este hombre. Ya es demasiado tarde para llamar a alguien que venga a reparar la puerta, y tampoco sería seguro. Iré a comprarles un tope de seguridad para colocarla por dentro y se los traeré enseguida. Al menos podrán pasar la noche.

Sin embargo, Miaomiao salió corriendo y lo sujetó del brazo.

Señaló desesperadamente a An Wenwen.

Su rostro estaba lleno de rabia y preocupación.

—Hermano Su, ¡por favor, regáñala! ¡Está empeñada en morir junto con Lin Lu! ¡No consigo hacerla entrar en razón! ¡Hasta dijo que vivir ya no tiene sentido y que sería mejor hacerle un favor a la sociedad eliminándolo! ¡De verdad, no sé si se volvió loca!

Al contemplar su expresión desesperada, Su Zhiqiu se quedó inmóvil.

Aquellas palabras le resultaban extrañamente familiares.

No consiguió moverse durante un buen rato.

En algún momento, mucho tiempo atrás, le parecía haber pronunciado algo muy parecido.

Por eso, no pensaba que An Wenwen estuviera loca.

Sabía que solo una persona llevada al límite de la desesperación podía llegar a pensar de aquella manera.

Mientras quedara alguna salida, ¿quién querría morir?

Su Zhiqiu suspiró.

Entró a la sala.

Se acercó a An Wenwen, que estaba sentada abrazándose las rodillas.

Se agachó lentamente a su lado.

Pasó mucho tiempo antes de que hablara.

—An Wenwen, no hagas ninguna locura. Esto se va a solucionar. Confía en mí.

Al escuchar aquella voz cálida y familiar, An Wenwen finalmente levantó la cabeza.

Tenía el cabello revuelto.

Sus ojos estaban hinchados y enrojecidos.

Las lágrimas continuaban brotando sin cesar.

Cuando comenzó a hablar, su voz estaba llena de desesperación.

Respiraba tan agitadamente que apenas conseguía completar las frases.

—Hermano Su, ya no puedo más. De verdad… De verdad que no sé qué hacer. ¡Esto no va a terminar! ¡Nunca va a terminar!

—Durante todo este último mes no ha dejado de amenazarme. Dice que va a conseguir que nuestro estudio cierre. Que, si sigo escondiéndome de él, enviará a alguien a golpearme. ¡También dijo que va a buscar a mi familia para vengarse de mis padres y de mi hermana menor!

—¿Qué hago? ¡¿Qué se supone que puedo hacer?!

Después de decir aquello, An Wenwen, que siempre había sido una muchacha reservada y tranquila, rompió a llorar desconsoladamente.

Todo el miedo que había acumulado durante tantos días, sin tener a nadie con quien hablar, estalló de golpe.

Se veía completamente indefensa y destrozada.

A Su Zhiqiu le dolió el corazón al verla llorar de aquella manera.

Nunca había soportado ver llorar a otras personas.

Apretó ligeramente los labios.

Después suavizó la voz para consolarla.

—Todo va a mejorar. Créeme.

Contempló a An Wenwen, cuyo rostro estaba empapado de lágrimas.

Tomó unos pañuelos de papel y comenzó a secárselas.

No había nada ambiguo en aquel gesto.

Era simplemente el consuelo sincero que le ofrecía a una amiga.

Fuera del departamento, Lin Lu continuaba maldiciendo sin descanso.

Había pasado de intentar ganarse a Su Zhiqiu a amenazarlo abiertamente.

—¡Ya verás, maldito imbécil! ¡Voy a hacer que no puedas volver a trabajar en esta industria! ¡Terminarás suplicándome que te deje vivir! ¡¿Acaso sabes quién soy?! ¡No eres más que un don nadie de un estudio miserable! ¡Ni siquiera le tengo miedo a Wen Juefei si viene aquí…!

Pero Su Zhiqiu ignoró completamente aquel ruido.

Permaneció en silencio durante un buen rato.

Finalmente, miró a An Wenwen y comenzó a hablar lentamente.

Su voz contenía una tristeza que ni siquiera él mismo había advertido.

—An Wenwen, ¿sabes por qué estoy tan seguro de que las cosas van a mejorar?

Hizo una pausa.

—Porque hubo un tiempo en el que yo también pensé lo mismo que tú.

—Pensé que lo mejor sería tomar un cuchillo, apuñalar a aquella persona hasta matarla y después morir yo también. Así, al menos, le habría hecho un favor a la sociedad librándola de semejante basura.

—Porque ¿qué otra cosa podía hacer? Ya no tenía ninguna salida. Incluso cuando estaba comiendo, deseaba atragantarme y morir de una vez.

An Wenwen pareció percibir la profunda desesperanza que se escondía en su voz.

Poco a poco dejó de sollozar.

Levantó la cabeza y lo miró con alarma.

Su Zhiqiu le dedicó una pequeña sonrisa.

—No te estoy mintiendo. En aquel entonces incluso lo había preparado todo. Pero, cuando levanté el cuchillo, me arrepentí.

En algún momento, los insultos y amenazas que resonaban fuera del departamento, tan molestos como el zumbido de una mosca, habían cesado.

Ni Su Zhiqiu ni An Wenwen les prestaron atención.

Él continuó hablando con tranquilidad.

Era como si estuviera contando algo que le había ocurrido a otra persona.

—Al final, bajé el cuchillo.

—Quizás terminar con todo de una vez habría resuelto el problema. Pero todavía había personas que no podía abandonar y cosas de las que no quería desprenderme.

—No estaba dispuesto a destruir mi propia vida por culpa de alguien tan despreciable.

—¿Y después?

An Wenwen había quedado completamente absorta en su relato.

Lo contempló fijamente.

Era como si intentara encontrar en aquellas palabras alguna fuerza que pudiera ayudarla a continuar.

—¿Qué pasó después?

Su Zhiqiu levantó la mano.

Con la misma delicadeza con la que cuidaba a Su Tuantuan, retiró un trozo grande de pañuelo de papel que había quedado pegado al mentón de la joven.

Su voz permaneció tranquila.

—No mucho tiempo después, aquel hombre bebió demasiado y se quedó dormido junto a una carretera. Como era invierno y hacía muchísimo frío, murió congelado mientras dormía.

An Wenwen lo contempló con sorpresa.

Parecía querer preguntarle quién había sido aquella persona.

Sin embargo, cuando las palabras llegaron a sus labios, decidió contenerse.

Solo consiguió murmurar temblorosamente:

—¿De verdad ocurrió eso?

—Sí. Así fue.

Su Zhiqiu continuó sonriendo.

—La persona que me atormentó durante veinte años murió de una manera tan sencilla. Cuando la policía me llamó para que fuera a identificar el cadáver, sentí que estaba soñando.

—Durante mucho tiempo seguí aturdido. Incluso llegué a preguntarme si en realidad lo había matado yo y, como no podía soportar lo que había hecho, mi mente había inventado la historia de que murió congelado.

—Pero poco después conseguí salir adelante.

Su sonrisa se volvió más cálida.

—Cada vez que recuerdo lo que ocurrió, me alegro inmensamente de haberme detenido. De no haber destruido un futuro que todavía podía ofrecerme innumerables posibilidades.

Su voz era suave, pero firme.

Solo la manera en que sus manos se cerraron inconscientemente revelaba una pequeña parte de la lucha que todavía existía en su interior.

Aunque quizás ya no se trataba de una lucha.

Quizás era simplemente la emoción de alguien que había atravesado innumerables dificultades y, al volver la mirada hacia el pasado, descubría cuánto había cambiado.

Era la primera vez que Su Zhiqiu le contaba aquella experiencia a otra persona.

Ni siquiera Wen Juefei conocía toda la historia.

Su amigo solo sabía vagamente que su padre había muerto en un accidente.

Desconocía que Su Zhiqiu hubiera atravesado semejante conflicto interior.

Si no hubiera temido que An Wenwen cometiera alguna locura, habría guardado aquel secreto para siempre.

Lo habría enterrado en el rincón más profundo de su corazón.

Jamás habría permitido que una segunda persona lo descubriera.

Se lo habría llevado consigo hasta la tumba.

Sin embargo, ahora que finalmente lo había contado, descubrió que tampoco se sentía tan mal.

Su Zhiqiu examinó cuidadosamente sus propias emociones.

Se dio cuenta de que, al recordar aquellos acontecimientos, ya podía hablar de ellos con relativa tranquilidad.

El tiempo realmente era capaz de desgastarlo todo.

Le dio unas suaves palmadas en el hombro a An Wenwen.

Después la animó:

—Bueno, ve a lavarte la cara y descansa. Cuando salga el sol mañana, comenzará un nuevo día. Nadie sabe lo que puede ocurrir mañana. Basta con vivir bien el presente. Al menos todavía nos queda una noche tranquila por delante.

Al final, añadió con una sonrisa:

—¿Qué te parece si mañana te doy medio día libre? Pero solo puedo darte medio día. Ya sabes que en el estudio necesitamos que cada persona haga el trabajo de dos. Si te doy el día entero, el director Wen va a volverse loco.

Al recordar cómo Wen Juefei llevaba varios días desesperándose por la carga de trabajo, An Wenwen y Su Zhiqiu intercambiaron una mirada.

Ambos terminaron riéndose.

—Hermano Su, en realidad, aquel día yo…

An Wenwen contempló los ojos cálidos y serenos de Su Zhiqiu.

Parecía estar a punto de decir algo importante.

Pero la interrumpieron.

—Este… Hermano Su…

Miaomiao, que había permanecido a un lado sin pronunciar palabra, habló repentinamente.

Miraba hacia la puerta.

Su expresión era bastante complicada.

Su Zhiqiu pensó que había ocurrido algo más con Lin Lu.

Después de todo, llevaba bastante tiempo sin hacer ruido.

¿Y si realmente lo había lastimado más de lo que pensaba?

Se apresuró a volverse para comprobarlo.

Justo cuando giró la cabeza, un sonido activó la luz del pasillo, que llevaba un buen rato apagada.

Y la iluminación reveló a una persona que estaba allí de pie.

Ling Suihan levantó la cabeza.

Su mirada fría se dirigió hacia el interior del departamento.

Su Zhiqiu se quedó inmóvil.

Ling Suihan llevaba una gorra de béisbol.

A pesar de que afuera había diez grados bajo cero, solo vestía un suéter negro.

Tenía un pie apoyado sobre la cabeza de Lin Lu.

Bajo aquella iluminación tenue, resultaba imposible distinguir claramente su expresión.

Con razón Lin Lu había dejado de gritar durante tanto tiempo.

Alguien le había tapado la boca directamente.

Su Zhiqiu ya no tenía cabeza para preocuparse por el cantante que yacía en el suelo.

Simplemente contempló a Ling Suihan, que había aparecido como caído del cielo.

Durante un buen rato, fue incapaz de articular una sola frase.

¿Cuándo había llegado?

Y las cosas que acababa de decir…

¿Cuánto había escuchado?

Su Zhiqiu no lo sabía.

Y tampoco se atrevía a imaginarlo.

Aquellos recuerdos que había creído que jamás contaría a nadie acababan de salir a la luz con una facilidad aterradora.

Ling Suihan era demasiado inteligente.

Seguramente sería capaz de deducir, a partir de sus palabras, la razón por la que se había marchado.

Su Zhiqiu sintió que el cielo entero se derrumbaba sobre su cabeza.

Aunque aquella noche estaba despejada y la luna brillaba entre unas pocas estrellas, le parecía que afuera había comenzado a caer una nevada tan intensa que casi no lo dejaba respirar.

Los dos permanecieron mirándose durante un largo rato.

Uno estaba fuera del departamento.

El otro, dentro.

Hasta que Lin Lu, que finalmente había conseguido liberar la boca, gritó furiosamente:

—¡¿Y tú quién demonios eres?! ¡¿De dónde saliste?! ¡¿Es que todos ustedes están locos?!

Todas las miradas se dirigieron hacia aquella pobre cabeza que Ling Suihan mantenía inmovilizada bajo su pie.

Ling Suihan también apartó los ojos de Su Zhiqiu.

Se inclinó ligeramente para contemplar al hombre tendido en el suelo.

Finalmente, se dignó a levantar la pierna.

Pero, antes de que Lin Lu pudiera suspirar de alivio, aquel mismo pie volvió a descender.

Esta vez se apoyó firmemente sobre su cuello.

Justo encima de la tráquea.

Lin Lu se puso inmediatamente nervioso.

Para colmo, Su Zhiqiu lo había atado.

Ni siquiera podía liberar las manos para intentar apartar la pierna de Ling Suihan.

Solo consiguió lanzar algunas amenazas entrecortadas.

—Te… Te advierto que yo soy…

Sin embargo, las palabras que tantas veces le habían servido para intimidar a los demás encontraron, por primera vez, a alguien que no estaba dispuesto a escucharlas.

Ling Suihan lo miró con repugnancia.

Como si tuviera delante algo tan desagradable que le ensuciara la vista.

Después lo interrumpió fríamente:

—Sé perfectamente quién eres. El hermano menor de Lin Shan.

Lin Lu comenzó a sentirse satisfecho.

Estaba a punto de aprovechar aquella revelación para exigirle que lo soltara.

Pero las siguientes palabras de Ling Suihan lo dejaron completamente paralizado.

—Entonces, ¿tú sabes quién soy yo?

A diferencia de Lin Lu, que se escondía detrás de una gorra y una mascarilla porque tenía algo que ocultar, Ling Suihan no mostró la menor preocupación.

Incluso levantó una mano y se quitó la gorra.

Bajo la luz del pasillo apareció un rostro extraordinariamente hermoso.

Contempló al hombre que yacía a sus pies.

Su expresión no mostraba ninguna emoción.

Y su frialdad resultaba aterradora.

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