Después de dejar que mi exmarido recogiera a los niños por error - Capítulo 50
Las palabras de Su Tuantuan hicieron que la espaciosa sala quedara en silencio por un instante.
El rostro de Su Zhiqiu alternó entre la palidez y el desconcierto, pero no consiguió pronunciar una sola palabra.
Los ojos de Ling Suihan se oscurecieron.
Pasó un largo rato antes de que respondiera suavemente:
—El tío tampoco lo sabe.
—¿No sabes qué? —preguntó Tuantuan, acercándose con curiosidad.
Ling Suihan tardó bastante en volver a hablar.
—Tampoco sé si alguna vez he visto a tu mamá.
Su Zhiqiu intentó intervenir varias veces, pero nunca encontró una manera adecuada de cambiar de tema.
El pequeño Su Tuantuan, completamente feliz, no advirtió el cambio en las expresiones de los adultos.
Levantó emocionado el dibujo que llevaba en las manos y le dijo a Su Zhiqiu con toda seriedad:
—Papá, ¡qué suerte que justo ese día lo guardé en mi mochila! ¡Si no, el tío no habría podido verlo!
Su Zhiqiu sintió una profunda vergüenza.
¿Qué suerte ni qué nada?
Su Tuantuan siempre llevaba aquel dibujo en la mochila precisamente para poder sacarlo y presumir de él cuando se presentara la oportunidad.
No sabía de quién había aprendido aquella costumbre de pavonearse como un pavo real.
Como ya no podía impedirlo, Su Zhiqiu solo pudo observar impotente cómo el pequeño colocaba cuidadosamente el retrato familiar sobre la alfombra, justo delante de Ling Suihan.
Ling Suihan tomó el dibujo para examinarlo.
Tanto Su Tuantuan como Su Zhiqiu dirigieron sus miradas hacia él al mismo tiempo.
Mientras observaba atentamente la expresión de su querido tío guapo, Su Tuantuan comenzó a señalar las figuras con sus pequeños dedos.
—Este es mi papá, que lleva ropa negra. Este es mi tío pequeño, que me está tomando una fotografía. Esta es mi abuela, que me está cantando feliz cumpleaños. Y esta otra…
El pequeño hizo una pausa.
Con las mejillas ligeramente sonrojadas, señaló otra figura y explicó seriamente:
—Esta es mi mamá. Aunque nunca la he visto, papá dice que la dibujé muy parecida. Tío, ¿no crees que es muy bonita?
Ling Suihan guardó silencio durante un instante.
El corazón de Su Zhiqiu dio un vuelco.
Antes de que pudiera intervenir, Ling Suihan ya había respondido:
—Sí. Es muy bonita.
Al recibir la aprobación del tío guapo al que tanto admiraba, Su Tuantuan apretó tímidamente los labios.
Después, retorciéndose un poco de vergüenza, le confesó en voz baja:
—Mi papá dice que mi mamá es muy hermosa. Tiene el cabello corto, los ojos grandes y bonitos, y la piel todavía más blanca que papá. Es una belleza.
Mientras hablaba, sus mejillas y sus orejas se pusieron completamente rojas.
Era la primera vez que compartía aquel dibujo con alguien ajeno a su familia, así que inevitablemente estaba un poco nervioso.
Temía que a Ling Suihan no le gustara.
Pero el tío guapo no decía nada.
Simplemente contemplaba distraídamente a la persona dibujada.
Nadie sabía qué estaba mirando.
La habitación quedó sumida en el silencio.
Detrás de ellos, Su Zhiqiu observaba a Su Tuantuan con sorpresa.
No había imaginado que el pequeño recordara con tanta precisión aquellas descripciones de su «mamá» que él había mencionado casualmente.
Una amargura indescriptible se extendió por su pecho.
Y terminó olvidándose incluso de intervenir para aliviar la situación.
Al no recibir ningún otro elogio, Su Tuantuan comenzó a sentirse decepcionado.
Un poco avergonzado, intentó recoger su dibujo.
Las lágrimas empezaron a acumularse en sus ojos, como si estuvieran a punto de caer en cualquier momento.
—Tu mamá es muy bonita. Y tú la dibujaste muy bien.
Ling Suihan habló de repente.
Su voz era tranquila y no dejaba traslucir ninguna emoción.
Sin embargo, bastó para que Su Tuantuan contuviera inmediatamente las lágrimas y mostrara una sonrisa de alegría.
—¡Papá también dice que me parezco mucho a mamá! En realidad, Tuantuan se dibujó a sí mismo para hacerla.
No dudó ni por un instante de las palabras de su tío guapo.
Continuó explicándole todos los detalles del dibujo con entusiasmo, hasta que Ling Suihan lo interrumpió.
—¿Por qué tu mamá lleva un abrigo rojo?
Sus largos dedos se posaron sobre la pequeña figura sentada junto a Su Zhiqiu.
La mano de aquella mujer estaba dibujada junto a la de Su Zhiqiu.
Parecían un matrimonio que permanecía estrechamente unido.
La imagen resultaba especialmente desagradable a la vista.
Por alguna razón, le provocaba una irritación difícil de contener.
Qué dibujo tan feo.
Las líneas son un desastre y los colores están todos mezclados. Ni aunque me lo regalaran lo querría.
Ling Suihan contempló aquella obra infantil y soltó una burla en su interior.
Si aquel niño no fuera hijo de Su Zhiqiu, ya se habría marchado sin volver la cabeza.
Su tiempo era demasiado valioso.
¿Por qué tendría que desperdiciarlo acompañando a un mocoso a contemplar un dibujo de su mamá?
Ling Suihan se burlaba fríamente para sus adentros.
Sin embargo, su rostro no mostraba nada de aquello.
No hizo el menor intento de levantarse.
Por el contrario, continuó observando atentamente a Su Tuantuan.
Giró ligeramente la cabeza, como si fuera un movimiento casual, para bloquear la mirada que le llegaba desde atrás.
Ignoró también la expresión vacilante de Su Zhiqiu.
Solo quería escuchar la respuesta del niño.
Y lo hacía con una obstinación cuyo origen ni siquiera él mismo comprendía.
Después de todo, no era más que un retrato familiar completamente corriente.
Sin embargo, lo examinaba con más atención que las obras originales de pintores famosos que guardaba en la sala de colecciones de su casa.
Ni siquiera sabía qué pretendía descubrir en él.
¿Buscaba una prueba de que Su Zhiqiu había amado a otra mujer?
¿O simplemente sentía celos de aquella mujer y, por eso, no podía evitar juzgarla y despreciarla?
—Esto tiene que ver contigo, tío.
Su Tuantuan lo miró tímidamente.
Después volvió a bajar la cabeza.
No había advertido en absoluto la tensión que se había instalado en la habitación.
—¿Ah, sí?
Ling Suihan pareció interesarse de verdad.
Observó atentamente a Su Tuantuan.
Aquella reacción tan alentadora le dio todavía más confianza al pequeño.
Su Tuantuan explicó con mucha seriedad:
—Papá y yo siempre pasamos por delante de una televisión gigantesca. Y cada vez que pasamos, tú apareces ahí llevando este abrigo rojo. A Tuantuan le pareció muy bonito, así que se lo dibujé a mi mamá…
Después de decirlo, volvió la cabeza con cierta timidez.
Le daba vergüenza mirar la expresión de Ling Suihan.
Tenía miedo de que se burlara de él.
Por supuesto, de aquella manera también se perdió la expresión incómoda de su padre y la mirada sombría del hombre que tenía a su lado.
Su Zhiqiu comenzaba a ponerse nervioso.
Temía que, si seguían hablando, terminara siendo imposible encontrar una explicación.
Estaba a punto de levantarse para interrumpirlos cuando escuchó a Su Tuantuan añadir:
—¡Además, papá estuvo de acuerdo!
Temiendo que Ling Suihan no le creyera, se dio unas palmadas en el pecho y aseguró:
—¡Papá también piensa que ese abrigo rojo es muy bonito!
—¿De verdad?
Ling Suihan dirigió repentinamente una mirada hacia Su Zhiqiu.
Después volvió a preguntarle al pequeño:
—¿Tu papá me elogió?
Su Tuantuan soltó una risita traviesa.
—¡No! ¡Pero Tuantuan se dio cuenta! ¡Papá se quedó embobado mirándote en la televisión gigante! ¡Y también dijo que mamá era tan bonita como tú!
Su Zhiqiu ya no pudo permanecer sentado.
Se levantó de inmediato.
Sin importarle la expresión de Ling Suihan, llamó al pequeño:
—Bueno, Tuantuan, ya es suficiente. Mañana tienes clases y todavía no has hecho los ejercicios de cálculo mental que te dejó la maestra. Ve a resolverlos. Papá te los revisará dentro de un rato.
Su Tuantuan quiso decirle que el tío guapo ya lo había ayudado a terminar aquellos ejercicios durante el día.
Sin embargo, al observar la expresión de su padre, decidió callarse.
Aunque no sabía qué había ocurrido, recogió obedientemente el retrato familiar.
Después de despedirse de Ling Suihan, regresó a su habitación.
Pero, cuando llegó a la puerta, recogió la cámara infantil que había dejado sobre la mesa.
Pareció recordar algo.
Se volvió hacia Su Zhiqiu, que acababa de respirar aliviado, y preguntó:
—Papá, ¿tú y mamá nunca se tomaron fotografías juntos?
Su Zhiqiu casi se atragantó con el aire que acababa de inhalar.
Tosió con fuerza antes de responder en voz baja:
—No. Bueno, deja de perder el tiempo y ve a hacer tus ejercicios. Voy a revisarlos dentro de un rato. Si los haces mal, te daré unas palmadas en el trasero.
Por supuesto que se habían tomado fotografías juntos.
Si alguien los buscaba en internet, todavía podría encontrar montones de fotografías de aquella época.
Había imágenes de toda clase.
Incluso existían ilustraciones subidas de tono que sus fanáticos habían creado editando sus fotografías.
Pero no podía decirlo.
Su Tuantuan respondió con un «ah» sin mostrar demasiada decepción.
Ya estaba acostumbrado a aquellas respuestas.
Entró en su habitación y cerró la puerta.
En la enorme sala solo quedaron ellos dos.
Cuando Su Zhiqiu volvió la cabeza, casi pudo escuchar el crujido de su cuello por la rigidez.
Abrió la boca.
Quería decir algo.
Pero sus pensamientos estaban tan enredados que no conseguía encontrar por dónde empezar a desenredarlos.
Afortunadamente, Ling Suihan lo miró y, con consideración, le ofreció un tema de conversación.
—¿Por qué dejaste que tu hijo dibujara a su mamá con mi ropa?
Su Zhiqiu ya había previsto aquella pregunta.
Después de vacilar un instante, recurrió a la respuesta que había preparado de antemano.
—A él le gusta mucho ese abrigo tuyo. Pensé que tampoco era algo tan importante.
Ling Suihan entrecerró los ojos.
Su Zhiqiu fingió no darse cuenta y apartó la mirada.
Frente al sofá reinaba un silencio tan profundo que casi podía escucharse la nieve cayendo al otro lado de las ventanas.
Suave y constante.
Todo parecía tranquilo y distante.
La cálida lámpara del techo iluminaba la habitación y las dos figuras sobre la alfombra.
Debería haber sido una escena acogedora.
Sin embargo, desprendía una inexplicable sensación de soledad.
Pasó bastante tiempo.
Justo cuando Su Zhiqiu creyó que Ling Suihan ya no volvería a hablarle y se disponía a regresar a la habitación para revisar los ejercicios de Su Tuantuan, el hombre rompió inesperadamente el silencio.
—No sé por qué, pero esa mujer me resulta familiar.
Ling Suihan comenzó a frotar inconscientemente el pulgar contra el índice.
Su Zhiqiu se quedó observando aquel movimiento.
Había escuchado que, según la psicología, aquel era uno de los gestos que las personas realizaban con más frecuencia para consolarse a sí mismas.
Se distrajo un instante.
Cuando volvió a prestar atención, descubrió que Ling Suihan lo observaba con una mirada llena de curiosidad y sospecha.
—Se parece un poco a mí.
Lo dijo directamente.
Su Zhiqiu sabía que, con la vanidad de Ling Suihan, capaz de mirarse al espejo ochocientas veces al día, nadie conocía mejor que él sus propios rasgos.
Era imposible ocultarle aquel parecido.
Se obligó a sostener aquella mirada penetrante.
Después respondió suavemente:
—Quizás Tuantuan te vio en la pantalla gigante y terminó imitándote inconscientemente al dibujarla.
—¿Ah, sí?
No estaba claro si Ling Suihan le había creído.
Continuó observándolo sin apartar los ojos.
Después soltó una pequeña risa.
—Qué coincidencia. Longheng tiene más de una docena de anuncios en sus pantallas todos los días, pero él decidió imitarme precisamente a mí.
Su Zhiqiu se mordió el interior de la mejilla.
Estaba a punto de responder cuando el hombre volvió a interrumpirlo.
—¿Será porque le hablaste de mí? —preguntó Ling Suihan con una voz que no revelaba ninguna emoción—. ¿Por eso se fijó en mí?
Su Zhiqiu negó instintivamente con la cabeza.
—No.
Ling Suihan bajó los ojos.
Nadie podía distinguir las emociones oscuras que se agitaban en su mirada.
Soltó una risa baja y seca.
Cuando volvió a levantar la cabeza, su expresión ya había recuperado la normalidad.
Incluso le sonrió a Su Zhiqiu.
—Si no me lo hubieras explicado, habría pensado que buscaste a alguien muy parecido a mí para estar con esa persona.
—Últimamente hay una serie bastante popular sobre eso, ¿no? Lo de buscar a alguien que se parece al amor imposible de olvidar… Un sustituto del primer amor. ¿Así se dice?
Ling Suihan lo comentó con tanta ligereza que terminó divirtiéndose con su propia ocurrencia.
Se rio hasta bajar la cabeza.
Su Zhiqiu lo observó.
Sus labios se movieron ligeramente.
Pero, al final, volvió a cerrarlos.
¿Qué podía decir?
¿Decirle que la persona del dibujo era él mismo y que, por supuesto, le resultaba familiar?
¿Decirle que nunca había existido ningún sustituto?
Que desde la adolescencia hasta los veintitantos años, solo había existido él.
Siempre él.
No podía decir ninguna de aquellas cosas.
Así que Su Zhiqiu terminó forzando una sonrisa que apenas parecía una sonrisa.
—Menos mal que no es así —continuó Ling Suihan.
Todavía sentado sobre la alfombra, levantó el rostro para mirarlo y sonrió.
—Porque entonces sí que serías increíble. Me abandonas y, al mismo tiempo, buscas a alguien que pueda reemplazarme.
Mientras hablaba, su rostro se contrajo ligeramente de una manera antinatural.
Parecía estar haciendo un enorme esfuerzo por ocultar la expresión feroz que amenazaba con aparecer.
Sus rasgos eran tan extraordinarios que, incluso cuando perdía el control de sus expresiones, seguía siendo tan atractivo como un supervillano.
Su Zhiqiu apartó silenciosamente el rostro.
Ling Suihan finalmente se levantó de la alfombra.
Recogió todas las piezas del rompecabezas, las guardó en la caja y dejó esta sobre la mesa.
Durante todo aquel proceso, no pronunció una sola palabra.
Su Zhiqiu quiso romper el silencio.
Pero, después de devanarse los sesos, lo único que consiguió preguntar fue:
—¿Cómo está tu brazo?
Transcurrieron unos segundos de silencio.
Después recibió una respuesta indiferente:
—Está bien.
Su Zhiqiu no dijo nada más.
Bajó la cabeza y salió silenciosamente de la sala.
No estaba claro qué había ido a buscar.
Ling Suihan quedó solo, de espaldas a la habitación, frente a la ventana.
Pasó un largo rato.
De repente, se escuchó un golpe sordo.
Ling Suihan levantó una de sus largas piernas y le dio una patada a una pata del sofá.
El pesado sofá de madera maciza se desplazó directamente medio metro.
Su Zhiqiu estaba de pie junto a una gran maceta situada detrás de él.
Sostenía una bolsa de agua caliente.
No hizo ningún ruido.
Después de unos instantes, Ling Suihan pareció recuperar el control de sus emociones.
Se volvió y tomó la cajetilla de cigarrillos que había sobre la mesa.
Pero, tras una breve pausa, volvió a dejarla.
No fumó.
Solo entonces Su Zhiqiu recordó que, cuando acababa de regresar a Beicheng, había visto fumar a Ling Suihan en numerosas ocasiones.
Sin embargo, durante los últimos días no lo había visto hacerlo ni una sola vez.
De hecho, aquella era la primera vez en varios días que veía siquiera su encendedor.
La razón resultaba bastante evidente.
Se acercó silenciosamente y colocó la bolsa de agua caliente sobre el brazo de Ling Suihan.
Ling Suihan lo observó a través del reflejo del cristal.
Sus miradas se encontraron brevemente sobre aquella superficie azulada y oscura.
Después se separaron enseguida.
Su Zhiqiu contempló las innumerables luces de la ciudad que se extendían bajo sus pies.
No retiró la mano.
Y Ling Suihan tampoco lo apartó.
Sin saber muy bien por qué, terminó formulando una pregunta.
—Ling Suihan.
El hombre volvió la cabeza hacia él.
Pero Su Zhiqiu continuó mirando el cristal frente a sus ojos.
Como si intentara evitar algo, finalmente preguntó:
—Si algún día me convirtiera de repente en un monstruo, ¿seguirías… hablando conmigo?
Las palabras «amándome» ya habían llegado a sus labios.
Pero se obligó a tragárselas.
En el último instante, las sustituyó por «hablando conmigo».
Quizás simplemente no se atrevía.
No se atrevía a utilizar la palabra amor con Ling Suihan.
Tampoco se atrevía a contemplar la expresión que tendría en aquel momento.
De pronto, el cristal frente a él pareció cambiar de color.
Sobre su superficie apareció un rostro.
Un rostro que odiaba con toda su alma.
Era un hombre cuyos rasgos se parecían ligeramente a los suyos.
Tenía unos ojos pequeños que se movían de un lado a otro, llenos de malicia y repugnancia.
—¿Te atreverías a contárselo?
—Si ese joven amo con el que te acostabas descubre que llevaste a su hijo en el vientre, ¿crees que todavía le gustarías? ¡Seguro que le darían ganas de vomitar con solo mirarte!
Su Zhiqiu contempló el cristal.
Por momentos veía los copos de nieve revoloteando.
Al instante siguiente, aparecía aquel rostro que le provocaba náuseas.
La cabeza comenzó a darle vueltas.
Solo pudo cerrar los ojos con desesperación.
Pero aquel hombre no parecía dispuesto a permanecer dentro del cristal.
Estiraba obstinadamente el cuello para acercarse a su rostro.
Contemplaba con satisfacción su expresión de sufrimiento.
Y, al mismo tiempo, mantenía deliberadamente cierta distancia, como si temiera contaminarse al tocar algo sucio.
Su Zhiqiu mantuvo los ojos cerrados.
Respiró profundamente.
Cuando volvió a abrirlos, frente a él solo estaba el ventanal.
El rostro de sus recuerdos había desaparecido.
En aquel momento, la persona que tenía a su lado habló.
—¿Qué clase de monstruo? ¿Uno que se come a la gente?
Su Zhiqiu tuvo un pensamiento completamente inoportuno.
No se come a la gente, pero puede dar a luz a una.
Como no respondió, Ling Suihan interpretó su silencio como una confirmación.
Levantó una ceja.
Mientras sentía el calor de la bolsa de agua caliente sobre el hombro, se quedó pensando seriamente durante un buen rato.
Finalmente respondió:
—Supongo que te encerraría. Te mantendría encerrado en casa, donde solo yo pudiera verte.
Su Zhiqiu se quedó inmóvil.
Olvidó inmediatamente lo que estaba pensando y volvió la cabeza hacia él.
Ling Suihan contemplaba pensativamente los copos de nieve que revoloteaban bajo sus pies.
—Si quisieras comer carne humana, cortaría pedazos de mi propio cuerpo para alimentarte. Y cuando estuvieras a punto de terminar de devorarme, te abrazaría y moriríamos juntos.
Su Zhiqiu lo contempló atónito.
Aquella respuesta no tenía prácticamente nada que ver con lo que él había querido preguntar.
Sin embargo, en su corazón se levantó una tormenta tan intensa que tardó mucho tiempo en recuperar la capacidad de hablar.
—Un monstruo…
Las dos palabras escaparon de los labios del hombre que tenía a su lado.
Ling Suihan pareció saborearlas lentamente.
—Convertirte en un monstruo tampoco estaría mal. Si fueras un monstruo, ya no podrías huir. Porque solo yo podría acompañarte. Y nunca más tendría que preocuparme.
Mientras hablaba, pareció recordar algo.
Incluso soltó una pequeña risa.
Una risa un tanto inquietante.
Después miró el rostro ligeramente pálido de Su Zhiqiu.
Hizo una pausa.
De pronto chasqueó la lengua y cambió de opinión.
—Aunque mejor no. Eres demasiado miedoso. Me preocupa que termines muriéndote del susto tú solo. Será mejor que sigas siendo humano, hermano.
¿Quién es miedoso?
¿Quién fue el que se puso a llorar cuando fuimos a una sala de escape?
¿Y quién terminó siendo tendencia porque era tan guapo que los empleados subieron a internet el video en el que aparecía llorando del miedo?
Aunque, en aquel entonces, Ling Suihan solo tenía quince años.
Su Zhiqiu se quejó mentalmente durante un buen rato.
Solo después comprendió qué acababa de llamarlo.
Hermano.
Levantó la cabeza para mirar a Ling Suihan.
Pero el hombre ya no lo observaba.
Se comportaba como si no hubiera dicho nada especial.
Ninguno volvió a hablar.
Cada uno quedó sumido en su propio mundo.
A la hora de dormir, Ling Suihan regresó directamente a su habitación.
Ni siquiera quiso llevarse la bolsa de agua caliente.
Su Zhiqiu quedó de pie en medio de la sala, sosteniéndola torpemente entre las manos.
Permaneció allí un rato.
Finalmente, también regresó a su habitación con aire desanimado.
El cuaderno de ejercicios de Su Tuantuan estaba sobre el escritorio.
El pequeño ya había terminado y revisado más de una docena de sumas y restas con números menores de diez.
También había preparado su mochila con mucho orden.
Desde el baño llegaba el sonido del agua.
El niño ya estaba aseándose por su cuenta.
Su Zhiqiu entró para ayudarlo a secarse la cara.
Su Tuantuan levantó obedientemente el rostro.
Con los ojos cerrados, preguntó:
—Papá, ¿el tío ya se durmió?
La mano de Su Zhiqiu se detuvo un instante.
Colgó la toalla y respondió distraídamente:
—No lo sé.
—Si el tío todavía no está dormido, ¿puedo ir a dormir con él?
Su Tuantuan lo preguntó con toda naturalidad.
Su Zhiqiu creyó haber escuchado mal.
Vaciló antes de preguntar:
—¿Por qué?
Su Tuantuan señaló su propio hombro.
—Hoy el tío estuvo sujetándose aquí muchas veces. Seguro que le duele. Igual que la abuela, que siempre se sujeta la pierna.
—Papá, ¿no me pediste la última vez que durmiera con la abuela? Dijiste que, si se sentía mal durante la noche, fuera a despertarte.
Su Tuantuan explicó con absoluta seriedad:
—Yo voy a dormir con el tío. Si le duele el brazo durante la noche, vendré a despertar a papá.
Al contemplar aquellos ojos grandes, negros y brillantes, Su Zhiqiu no supo qué responder.
Pensó en el brazo lesionado de Ling Suihan.
Entonces se le ocurrió algo.
—¿Y si mejor le pedimos que venga a dormir aquí? Tú, yo y el tío. ¿Qué te parece si dormimos todos juntos?
Sin embargo, una expresión de preocupación apareció en el rostro de Su Tuantuan.
Antes de que Su Zhiqiu pudiera preguntarle qué ocurría, el pequeño frunció el ceño.
—Papá, ¿piensas casarte con el tío para que se convierta en mi mamá?
Su Zhiqiu estuvo a punto de ahogarse con su propia saliva.
Contempló al niño con incredulidad.
Casi comenzó a dudar de sus oídos.
Su Tuantuan frunció todavía más las cejas, como si estuviera reflexionando sobre un asunto importantísimo.
—Mi padrino dijo que solo mamá puede dormir en la misma cama que papá.
Su Zhiqiu chasqueó la lengua.
No sabía cuándo Wen Juefei había bromeado con él de aquella manera.
Pero Su Tuantuan había terminado recordándolo perfectamente.
Al ver que el pequeño continuaba levantando el rostro a la espera de una respuesta, Su Zhiqiu no tuvo más remedio que contestar vagamente:
—El tío es diferente. Él sí puede. Además, le duele mucho el brazo y seguro que se siente muy incómodo. ¿Acaso papá no te enseñó que debemos ayudar a los demás?
Su Tuantuan asintió inmediatamente.
—¡Sí! ¡Entonces voy a llamar al tío!
Apenas terminó de hablar, salió corriendo como una ráfaga de viento.
Ni siquiera le dio tiempo a Su Zhiqiu de añadir nada.
Este quedó solo en el baño, caminando nerviosamente de un lado a otro.
No sabía cuánto tiempo había transcurrido.
Pareció una eternidad.
Aunque quizás solo habían pasado unos minutos.
Finalmente, la voz de Su Tuantuan volvió a escucharse desde la puerta.
Su Zhiqiu se apresuró a abrir la puerta del baño.
Al salir, se encontró frente a frente con Ling Suihan, que acababa de entrar.
Sus miradas se cruzaron.
Después, como si lo hubieran acordado de antemano, ambos apartaron los ojos al mismo tiempo.
Su Tuantuan no advirtió la tensión silenciosa que existía entre los adultos.
Simplemente tomó a Ling Suihan de la mano y lo condujo hasta la cama.
Después señaló seriamente las mantas.
—Tío, yo dormiré en medio. Tú dormirás a la izquierda de Tuantuan y papá a la derecha. ¡Si te duele el brazo durante la noche, tienes que despertarme!
Ling Suihan echó un vistazo a la cama.
Inmediatamente comprendió que, si dormían de aquella manera, su brazo lesionado quedaría hacia el exterior y nadie lo tocaría accidentalmente.
No pudo evitar maravillarse de lo maduro y considerado que era aquel niño para su edad.
Se inclinó y le acarició la cabeza.
—Está bien.
Su Zhiqiu permaneció detrás de ellos.
Contempló cómo juntaban las cabezas para conversar.
Después regresó silenciosamente al baño.
No había imaginado que Su Tuantuan conseguiría traer a Ling Suihan con tanta facilidad.
O, mejor dicho, no había imaginado que Ling Suihan realmente aceptaría venir.
Poco después, cuando terminó de asearse y estaba a punto de salir, la puerta del baño se abrió.
La figura de Ling Suihan apareció en el interior.
El hombre lo miró.
Después explicó:
—Tuantuan ya está acostado. Está esperando que vayas a contarle un cuento.
Hizo una pausa.
Como si necesitara justificar algo, añadió:
—Le ofrecí contárselo yo, pero no quiso.
—Ah…
Su Zhiqiu se dispuso a salir.
Pero, cuando apenas había dado unos pasos, una mano le sujetó el brazo.
Su corazón se tensó.
Pensó que Ling Suihan iba a preguntarle por qué había enviado a Tuantuan a buscarlo.
Sin embargo, lo que dijo el hombre cayó como un trueno en medio del silencio.
—Tuantuan me dijo que quieres que me convierta en su mamá.
El vaso que Su Zhiqiu todavía sostenía después de cepillarse los dientes estuvo a punto de caérsele.
Por suerte, Ling Suihan reaccionó rápidamente y lo atrapó.
Dejó el vaso sobre el lavabo.
Después lo observó fijamente.
—¿Por qué te pones tan nervioso? Sé que seguramente lo entendió mal.
Su Zhiqiu suspiró aliviado para sus adentros.
Levantó la cabeza y preguntó:
—¿Qué te dijo Tuantuan?
Al ver que evitaba responder a la pregunta, Ling Suihan apretó ligeramente sus labios delgados.
Pero decidió seguirle el juego y repetir lo ocurrido.
—Nada especial. Simplemente me contó en secreto que quizás pronto me convertiría en su mamá. Me preguntó si iba a tratarte bien. Y también…
Ling Suihan hizo una pausa casi imperceptible.
Observó la expresión de Su Zhiqiu.
Después soltó una risa fría y continuó:
—Me preguntó si tendría otra hermanita contigo.
Los párpados de Su Zhiqiu comenzaron a temblar violentamente sin previo aviso.
Antes de que pudiera decir nada, Ling Suihan sonrió con cierta malicia.
—Le dije que, si íbamos a tener otro bebé, serías tú quien lo daría a luz. Que tú eres la mamá.
El corazón de Su Zhiqiu pareció saltarse un latido.
Todo su cuerpo se llenó de pánico.
Miró cautelosamente a Ling Suihan, intentando descubrir qué había detrás de aquellas palabras.
Pero el hombre tenía una expresión claramente burlona.
Era evidente que solo estaba provocándolo.
Su Zhiqiu consiguió tranquilizarse un poco.
Soltó un resoplido que carecía por completo de fuerza amenazante.
Ling Suihan se rio.
—Era mentira. ¿Te asusté?
Su Zhiqiu también sabía que Ling Suihan no estaba tan loco como para decirle semejante cosa al niño.
Finalmente pudo relajarse.
Mientras doblaba una toalla de baño, preguntó con aparente despreocupación:
—Entonces, ¿qué le dijiste realmente?
Al instante siguiente, la voz de Ling Suihan resonó por el espacioso baño.
Sus palabras produjeron un ligero eco.
—Le dije que los dos somos hombres, y que los hombres no pueden tener hijos. Que solo las mujeres pueden hacerlo. Así evitamos que tu hijo vaya a la escuela diciendo disparates.
Cuando terminó de hablar, esperaba que Su Zhiqiu suspirara aliviado.
O quizás que mostrara un poco de tristeza.
Sin embargo, cuando Ling Suihan miró casualmente su reflejo en el espejo, se quedó completamente inmóvil.
Su Zhiqiu seguía sosteniendo la toalla de baño.
Sus manos se habían detenido en el aire.
El flequillo, que había crecido un poco, le caía sobre la frente y ocultaba sus ojos.
Solo podía verse la mitad inferior de su rostro de perfil, sumida parcialmente en las sombras.
Parecía estar distraído.
Y tan profundamente absorto en sus pensamientos que daba la impresión de no haber escuchado absolutamente nada.
Ling Suihan se sintió desconcertado.
Después comenzó a experimentar cierta insatisfacción.
Se aclaró la garganta y volvió a hablar.
—En realidad, aunque le hayas dicho algo a tu hijo, no me importa. Para ser sincero, últimamente ya no les tengo tanto miedo a los niños.
Deliberadamente decidió ser todavía más directo.
—Lo he experimentado personalmente. Tener un niño en casa parece que tampoco está tan mal.
Sin embargo, aquellas palabras, que prácticamente dejaban sus intenciones al descubierto, no provocaron la reacción que esperaba.
Su Zhiqiu simplemente lo miró a través del espejo.
Después terminó de doblar rápidamente la toalla, la colocó en el cesto y salió del baño.
Lo hizo con tanta prisa que parecía estar huyendo.
Detrás de él, la expresión de Ling Suihan comenzó a ensombrecerse lentamente.
Volvió la cabeza hacia el espejo.
La persona reflejada tenía el rostro tan frío como el hielo.
Sus ojos eran muy oscuros.
Pero los bordes estaban enrojecidos.
Parecía un perro callejero que, después de reunir todo su valor para acercarse y mostrarse cariñoso con alguien, esperaba que lo llevaran a casa.
Pero, al ser ignorado, solo podía quedarse tumbado donde estaba, completamente indefenso.
Al recordar cómo se había comportado diez minutos atrás, Ling Suihan sintió que había hecho el ridículo.
Había bastado una sola frase del hijo de su rival amoroso para consolarlo.
Una simple pregunta sobre si iba a convertirse en su mamá había conseguido disipar de golpe toda la frustración que llevaba acumulando durante la noche.
Qué lástima.
Él prácticamente se había ofrecido a convertirse en el padrastro del niño.
Pero ni siquiera así lo querían.
Todos los fracasos que había sufrido en su vida parecían concentrarse en Su Zhiqiu.
Aunque ya estaba acostumbrado a abandonar sus principios cuando se trataba de él…
¡También tenía dignidad!
Su Zhiqiu estaba acostado en la cama, de espaldas al baño.
No podía dejar de recordar la expresión de Ling Suihan cuando había pronunciado aquellas palabras.
Aunque sabía que solo había sido un comentario casual, no podía evitar aferrarse a cualquier pequeño detalle.
Buscaba indicios que le permitieran determinar si Ling Suihan seguiría amándolo después de descubrir su secreto.
O si, por el contrario, sentiría repugnancia hacia él.
Había salido del baño demasiado tarde.
Su Tuantuan, que antes estaba tan emocionado, ya no había podido resistirse al sueño.
Dormía profundamente.
La habitación estaba muy silenciosa.
Se escucharon unos pasos.
Alguien se acercó a la cama, pasó junto a la cabecera y caminó hasta el otro lado.
El colchón se hundió ligeramente.
Las mantas se movieron.
Ling Suihan también se había acostado.
Ambos quedaron de espaldas el uno al otro.
Entre ellos dormía el pequeño culpable de todo lo que acababa de suceder.
Ninguno quiso insistir en aquella conversación del baño que había sobrepasado los límites de su relación.
Los dos fingieron que nada había ocurrido.
No se miraron.
Tampoco hablaron.
Solo cuando Ling Suihan cambió varias veces de posición, una voz muy baja llegó desde el otro lado.
—¿Te duele el brazo?
Ling Suihan no tenía intención de responder.
Pero, después de una pausa, terminó murmurando:
—No.
No estaba mintiendo.
En realidad, el brazo ya no le dolía tanto.
Quizás porque aquel dolor había quedado oculto bajo otro mucho más intenso y amargo que sentía en el corazón.
No volvieron a hablar durante toda la noche.
Afuera, los copos de nieve seguían revoloteando.
Caían con suavidad y en silencio.
Parecía que nunca dejarían de hacerlo.
Grandes cantidades de nieve cubrían las ramas de los pinos.
A lo lejos, innumerables luces iluminaban el horizonte de la ciudad.
Era una noche invernal tranquila y nevada.
La nieve hacía que la oscuridad pareciera todavía más profunda.
Como si pudiera calmar todas las preocupaciones y permitir que cualquiera durmiera en paz.
Dormir en paz…
¡Qué demonios!
Su Zhiqiu abrió los ojos de golpe.
Miró hacia la ventana.
Afuera había bastante claridad.
No sabía si ya había amanecido o si simplemente era el reflejo de la nieve.
Echó un vistazo al reloj luminoso junto a la cama.
Todavía no eran las cinco.
Soltó un suspiro de alivio.
Después se volvió lentamente.
Y se encontró frente a un rostro que dormía tranquilamente.
Tenía unas pestañas largas y espesas.
Sus labios eran de un rojo intenso.
Era precisamente el protagonista del sueño que acababa de tener.
Sin embargo, en aquel sueño, Ling Suihan no tenía en absoluto aquella apariencia dócil.
Se había comportado con una arrogancia extraordinaria.
Lo había acorralado contra una pared y le había dado varias palmaditas en la mejilla con el dorso de la mano.
Después le había anunciado que ya conocía su secreto.
Y que pensaba mantenerlo encerrado en casa para obligarlo a seguir teniendo bebés.
No lo dejaría salir hasta que hubiera dado a luz a suficientes niños para formar un equipo entero de fútbol.
Su Zhiqiu se había despertado del puro susto.
¡Qué pesadilla tan espantosa!
Se levantó para ir al baño.
Pero, cuando regresó y volvió a acostarse, descubrió que el adulto y el pequeño se habían acurrucado juntos.
Su Tuantuan, que siempre había necesitado que su papá lo abrazara para dormir, parecía haberse acostumbrado sin que nadie lo notara a la presencia del otro hombre.
Dormía con las mejillas sonrosadas, abrazado a la muñeca de Ling Suihan.
Por su parte, Ling Suihan había colocado inconscientemente una mano sobre la espalda del pequeño.
Era una postura protectora completamente natural.
El corazón de Su Zhiqiu tembló.
Apartó rápidamente la mirada y volvió a acostarse.
Tenía un presentimiento inexplicable.
No sabía de dónde provenía.
Pero era extraordinariamente intenso.
Sentía que quizás ya no conseguiría mantener su secreto oculto durante mucho más tiempo.
A la mañana siguiente, la nieve había dejado de caer en algún momento.
Incluso un tenue rayo de sol atravesaba las nubes y se extendía sobre el suelo.
Después de tres días consecutivos de intensas nevadas, finalmente parecía que el cielo iba a despejarse.
Sin embargo, la nieve acumulada en el exterior ya llegaba casi hasta las pantorrillas.
Los pronósticos meteorológicos no dejaban de repetir que aquel sería un invierno especialmente frío.
La última vez que había nevado tanto había sido diez años atrás.
Mientras desayunaba, Su Zhiqiu recordó distraídamente el invierno de hacía diez años.
Sorprendentemente, todavía conservaba recuerdos de aquella época.
Porque ese había sido el año en que conoció a Ling Suihan.
A un Ling Suihan de trece años.
Aunque no había ocurrido en invierno.
Había sido durante un verano lleno de cigarras y árboles frondosos.
Él estaba lamiendo una paleta helada sin preocuparse en absoluto por su apariencia cuando Ling Suihan, que parecía un pequeño príncipe, apareció inesperadamente frente a él.
Y, desde aquel instante, se apoderó de todas sus miradas.
—Papá, ¿hoy vamos a la escuela?
Su Zhiqiu regresó al presente.
Le pellizcó suavemente las mejillas.
—Hoy tampoco iremos. Hay demasiada nieve y las carreteras están cerradas. ¿Qué te parece si volvemos mañana?
Tuantuan extrañaba un poco a Limón y a sus otros amigos.
Pero, cuando Su Zhiqiu le explicó que podía llamar a Limón utilizando su reloj telefónico, recuperó inmediatamente la alegría.
Se subió a su silla y comenzó a desayunar por su cuenta.
Ling Suihan había permanecido sentado en silencio al otro lado de la mesa.
Su Zhiqiu daba por hecho que tendría que volver a pedirle que cuidara de Su Tuantuan durante otro día.
Estaba a punto de mencionarlo cuando Ling Suihan habló repentinamente.
—Hoy tengo una sesión de grabación.
Su voz era un poco fría.
Al escucharla, transmitía una inexplicable sensación de indiferencia que hacía que cualquiera quisiera mantenerse a cierta distancia.
Su Zhiqiu se quedó inmóvil.
Comprendió que, si Ling Suihan había considerado necesario mencionar aquel compromiso, debía de tratarse de algo importante.
Se apresuró a tragar el bollo que estaba comiendo.
Después asintió.
—Entonces ve a trabajar. Le pediré a Wen Juefei que venga a recoger a Tuantuan.
Al escucharlo, Su Tuantuan levantó la cabeza y miró al tío guapo.
Una expresión de decepción cruzó brevemente su pequeño rostro.
Sin embargo, respondió obedientemente:
—Tío, ve a trabajar. Esta noche podemos seguir armando el rompecabezas juntos.
Los párpados de Su Zhiqiu temblaron ligeramente.
No pudo evitar quejarse mentalmente de lo rápido que aquel pequeño cambiaba de favorito.
En apenas unos días ya había olvidado por completo a su querido padrino.
Si Wen Juefei llegaba a enterarse, seguramente se pasaría horas lloriqueándole.
En realidad, Su Zhiqiu no había pensado llevar nuevamente a Tuantuan aquella noche.
Pero, después de escuchar al pequeño, decidió dejarlo pasar.
Sin embargo, la voz del hombre sentado frente a ellos volvió a escucharse.
—Esta noche también tengo…
Se interrumpió a mitad de la frase.
Aun así, Su Zhiqiu percibió algo inusual en aquellas pocas palabras.
Dejó la cuchara sobre la mesa.
Después miró a Ling Suihan.
Ling Suihan recorrió la mesa con la mirada.
Padre e hijo lo observaban al mismo tiempo.
Uno parecía confundido.
El otro, inquieto.
Pasó un largo rato.
Finalmente, Ling Suihan se tragó las palabras que todavía no había terminado de pronunciar.
Se aclaró la garganta.
—Está bien. Iré a recogerte esta noche.
Su Tuantuan soltó inmediatamente un grito de alegría.
No olvidó recordarle:
—Tío, ¿sabes dónde vive mi padrino? Voy a pedirle a papá que te lo diga.
Ling Suihan miró a Su Zhiqiu.
Después asintió.
—Está bien.
Su Tuantuan también volvió la cabeza hacia su padre.
Lo observó con ojos expectantes.
Como los dos ya habían tomado una decisión, Su Zhiqiu no tuvo más remedio que aceptar.
Cuando salieron de casa, Su Tuantuan caminó trotando delante de ellos.
Su Zhiqiu se retrasó deliberadamente un par de pasos.
Se quedó junto a Ling Suihan, vacilando.
—¿Tienes algo que hacer esta noche?
Lo preguntó con cautela.
Ling Suihan podía engañar a un niño como Su Tuantuan.
Pero eso no significaba que pudiera engañarlo a él.
—No.
Ling Suihan ni siquiera lo miró.
Se limitó a responder con aquella palabra antes de sentarse al volante.
Su Zhiqiu quedó solo frente al automóvil.
Los faros se encendieron.
Su luz desdibujó sus facciones.
Solo entonces comenzó a darse cuenta de que Ling Suihan parecía estar manteniendo cierta distancia.
Una distancia entre él y Su Zhiqiu.
Entre él y Su Tuantuan.
Pero, al mismo tiempo, tampoco parecía ser exactamente así.
Su Tuantuan era un pequeño ingenuo.
En apenas unos días, el tío guapo había conseguido conquistarlo por completo.
Por supuesto, Su Zhiqiu también sabía que aquello se debía a que Ling Suihan había entregado el doscientos por ciento de su sinceridad.
Pero hoy…
¿Qué le había ocurrido de repente?
Mientras contemplaba el paisaje que pasaba rápidamente al otro lado de la ventana, Su Zhiqiu se sintió desconcertado.
Comenzó a recordar todo lo sucedido la noche anterior.
Ling Suihan había descubierto que la mamá dibujada por Su Tuantuan se parecía mucho a él.
Después, Su Zhiqiu le había preguntado si seguiría hablándole si algún día se convertía en un monstruo.
Más tarde, Su Tuantuan le había preguntado a Ling Suihan si tendrían otra hermanita…
Al llegar a aquel recuerdo, Su Zhiqiu se estremeció de repente.
Recordaba que Ling Suihan había dicho algo en el baño.
¿Qué había sido exactamente?
Había comentado que tener un niño en casa tampoco parecía estar tan mal.
Pero, en aquel momento, Su Zhiqiu estaba tan concentrado en la frase «¿cómo van a tener hijos los hombres?» que prácticamente no escuchó nada más.
Ni siquiera prestó atención.
¿No sería que todo tenía que ver con aquella frase?
¿De verdad Ling Suihan podía ser tan susceptible?
Bueno…
Ahora que lo pensaba, sí.
Bastante.
Subieron al automóvil.
Primero llevaron a Tuantuan a casa de Wen Juefei.
Después, como el estudio quedaba de camino, Ling Suihan continuó conduciendo para llevar a Su Zhiqiu al trabajo.
Antes de que Su Zhiqiu pudiera preguntarle nuevamente por sus planes de aquella noche, Ling Suihan habló primero.
—¿Wen Juefei es el padrino de Su Tuantuan?
Su Zhiqiu respondió afirmativamente por instinto.
Después explicó:
—Empezamos llamándolo así en broma. Luego Tuantuan se acostumbró y nunca se lo cambiamos.
Transcurrieron unos segundos de silencio.
Su Zhiqiu se aclaró la garganta y estaba a punto de decir algo cuando Ling Suihan comentó inesperadamente:
—En realidad, creo que a mí me quedaría mejor el título de padrino que a Wen Juefei.
Su Zhiqiu se quedó inmóvil.
Cuando consiguió reaccionar, lo miró completamente atónito.
No sabía si debía desconfiar de sus propios oídos.
Ling Suihan le dirigió una mirada tranquila.
Al advertir su sorpresa, soltó con aparente despreocupación otra bomba:
—Después de todo, yo ya hice de su papá. Tengo mucho más derecho a ese título que Wen Juefei, ¿no crees?
Esta vez, Su Zhiqiu comprendió perfectamente la insinuación.
Y perdió por completo la compostura.
Apretó ambas manos hasta formar puños.
Por un instante, sintió el impulso de saltar del automóvil.
Sin embargo, al ver la enorme reacción que habían provocado sus palabras, Ling Suihan no mostró ni el menor rastro de satisfacción.
Simplemente apartó la mirada.
Sus manos comenzaron a cerrarse lentamente sobre el volante.
Lo sujetó con tanta fuerza que produjo un ligero crujido.
Sus ojos se ensombrecieron.
Parecía un perro derrotado que había resultado herido y ni siquiera podía devolver el golpe.
Y, en lo más profundo de su mirada, había algo más.
Unos celos que ya no conseguía ocultar.