Después de dejar que mi exmarido recogiera a los niños por error - Capítulo 49

  1. Home
  2. All novels
  3. Después de dejar que mi exmarido recogiera a los niños por error
  4. Capítulo 49
Prev
Next
Novel Info

Una notificación de la aplicación de mensajería lo sacó de sus pensamientos.

Su Zhiqiu creyó que Wen Juefei le había enviado otro mensaje, pero, al abrirlo, descubrió que era de Ling Suihan.

Como de costumbre, le había mandado una fotografía para mostrarle lo que estaban haciendo.

Sin embargo, aquel día Ling Suihan no había llevado a Su Tuantuan a divertirse fuera de casa, sino que había bajado con él al pequeño jardín privado del edificio para construir un muñeco de nieve.

El muñeco estaba bastante torcido. Tenía una zanahoria por nariz, que no se sabía dónde habían comprado, y un cubo rojo sobre la cabeza.

Aunque era un poco feo, resultaba bastante adorable.

Bastaba con verlo para saber que lo había hecho Tuantuan.

Después de todo, Ling Suihan tenía buen gusto y era bastante hábil con las manos.

Su Zhiqiu sonrió sin darse cuenta y le envió una imagen de aprobación.

Ling Suihan no respondió.

Entonces recordó lo que Wen Juefei le había pedido y aprovechó para enviarle también una copia del informe anual que acababa de preparar.

A la hora del almuerzo, seguía nevando.

Y la nevada no mostraba la menor intención de disminuir.

Su Zhiqiu se quedó junto a la ventana y, sin darse cuenta, dirigió la mirada hacia aquella pequeña ventana del hueco de las escaleras.

Desde allí podía verse su escritorio.

Cuando acababan de reencontrarse, Ling Suihan solía quedarse fumando frente a aquella ventana.

Pero aquel día hacía mal tiempo y todas las ventanas estaban perfectamente cerradas, de modo que ya no podía distinguir nada.

Contó los meses con los dedos.

Cuando llegó a Beicheng, el invierno apenas comenzaba.

Y, en un abrir y cerrar de ojos, ya habían transcurrido dos meses.

Habían sucedido tantas cosas durante aquel tiempo que tenía la inexplicable sensación de que los días habían pasado volando.

La nieve había formado una gruesa capa sobre el suelo.

Hasta donde alcanzaba la vista, todo estaba cubierto por una inmensidad blanca que le daba a la ciudad un aire frío, desolado y solemne.

Era completamente diferente de su tierra natal.

La ciudad de Gui estaba rodeada de montañas y ríos.

Incluso en pleno invierno, siempre había grandes extensiones de vegetación verde.

En cambio, en Beicheng ya habían caído hasta las últimas hojas de los árboles.

Solo quedaban las ramas desnudas, cubiertas de nieve.

Su Zhiqiu comió unos cuantos bocados sin demasiado interés.

Como las calles estaban resbaladizas por la nieve, todos habían decidido pedir comida rápida de un restaurante cercano para evitar complicaciones.

El sabor era apenas aceptable.

Por suerte, él no era exigente con la comida.

Mientras pudiera llenar el estómago, le bastaba.

Con una nevada tan intensa, aquella noche no podían quedarse trabajando hasta demasiado tarde.

Especialmente Miaomiao y las demás chicas.

También estaban Xiao Zhang y otros compañeros que vivían lejos y necesitaban más de una hora para regresar a casa.

No sería seguro.

Así que lo mejor sería comenzar el trabajo de la tarde un poco antes.

Cuando todos se marcharan, él podría quedarse trabajando algunas horas más sin problema.

Su Zhiqiu hacía dos cosas al mismo tiempo.

Mientras comía, seguía organizando mentalmente las tareas de aquel día.

Estaba tan concentrado que ni siquiera escuchó cuando alguien le habló.

—Hermano Su, ¿no es tu teléfono el que está sonando? —preguntó el editor, rascándose la cabeza—. Tenemos el mismo tono de llamada. Pensé que era el mío.

Su Zhiqiu se apresuró a revisar el teléfono.

Efectivamente, estaba sonando.

En la pantalla aparecía el nombre de quien llamaba:

Señorita Caprichosa.

El editor, que era muy observador, alcanzó a echarle un vistazo.

Inmediatamente soltó una risita.

—¿Es tu esposa?

Y no pudo resistirse a bromear:

—Hermano Su, tú y tu esposa sí que se quieren. Apenas tienen un ratito de descanso al mediodía y ya necesita llamarte.

Desde aquel malentendido, Su Zhiqiu había querido encontrar una oportunidad para aclarar las cosas.

Pero, como nunca se le había ocurrido una explicación convincente, terminó resignándose y aceptándolo.

Tosió suavemente.

Después hizo un gesto al editor, que seguía guiñándole los ojos con picardía, sujetó firmemente el teléfono y salió a toda prisa.

Detrás de él, el editor soltó otra risita.

El hermano Su era muy competente en el trabajo y tenía una personalidad amable.

Su único defecto era que se avergonzaba con demasiada facilidad.

Seguramente su esposa debía de ser una persona muy directa y desenvuelta.

Su Zhiqiu no tenía idea de que el editor había llegado a semejante conclusión.

De haberlo sabido, seguramente habría escupido toda el agua que acababa de beber.

¿Ling Suihan, directo y desenvuelto?

¡Ese hombre tenía la boca casi tan dura como el resto de su cuerpo!

Además, su lengua era venenosa y tenía una personalidad tan complicada que resultaba desesperante.

Sin pensarlo, Su Zhiqiu cambió de dirección y caminó hacia las escaleras.

Aunque el estudio era espacioso y todos conversaban animadamente, por lo que nadie prestaría especial atención a sus llamadas, siempre que Ling Suihan lo llamaba, Su Zhiqiu salía para contestar.

No sabía por qué.

Simplemente necesitaba encontrar un lugar donde no hubiera nadie antes de atender.

Era como si compartieran un pequeño secreto que solo les pertenecía a los dos.

Un espacio privado.

O quizás era porque temía las bromas de sus compañeros.

Siempre le resultaba vergonzoso hablar por teléfono con Ling Suihan delante de ellos.

Prácticamente entró corriendo al hueco de las escaleras.

Mientras empujaba la pesada puerta cortafuegos, devolvió la llamada.

El teléfono comenzó a sonar enseguida.

Pero el sonido no salió de su propio teléfono.

Sino que resonó junto a su oído.

¡Junto a su oído!

Su Zhiqiu levantó instintivamente la cabeza.

Cuando distinguió la figura que estaba junto a la ventana, estuvo a punto de gritar de sorpresa.

Ling Suihan se encontraba frente a aquella misma ventana.

Igual que tres meses atrás, tenía las manos metidas en los bolsillos del abrigo y contemplaba distraídamente las ramas desnudas de los árboles.

Al escucharlo, volvió la cabeza.

Sus extraordinarios rasgos quedaron al descubierto.

Le sonrió y comentó con un ligero aire de satisfacción:

—Sabía que vendrías aquí.

Su Zhiqiu lo contempló completamente sorprendido.

Y, en cuanto escuchó su voz, una alegría incontenible brotó en su corazón.

Instintivamente intentó ignorar aquella felicidad.

Sin saber cómo reaccionar, preguntó:

—¿Cuándo llegaste?

—Hace menos de dos minutos.

Su Zhiqiu asintió.

Con razón no lo había visto cuando estaba almorzando junto a la ventana del estudio.

Después de intercambiar unas palabras, miró a su alrededor.

De pronto se quedó inmóvil.

—¿Y Tuantuan? ¿Está en casa?

No sabía cuál de aquellas palabras había complacido a Ling Suihan, pero el hombre mostró una sonrisa satisfecha y levantó ligeramente la barbilla, indicándole que mirara hacia el piso inferior.

Su Zhiqiu se sonrojó al contemplar aquella sonrisa.

¡Maldita sea, qué guapo era!

Se apresuró a acercarse a la barandilla y miró hacia abajo.

En los escalones del piso inferior había una pequeña figura sentada.

El niño sostenía algo parecido a una cámara fotográfica y no dejaba de tomar fotografías con curiosidad.

Era evidente que aquel objeto le resultaba fascinante.

Ni siquiera había escuchado la voz de su padre.

Su Zhiqiu tosió deliberadamente en voz alta.

Su Tuantuan aguzó inmediatamente el oído.

Cuando levantó la cabeza y descubrió que era su papá, soltó un grito de alegría y subió corriendo las escaleras.

Sin embargo, al llegar a los últimos escalones, tropezó.

Estuvo a punto de caer de bruces.

Antes de que Su Zhiqiu pudiera sujetarlo, una mano ya se había extendido para atraparlo.

Ling Suihan levantó al pequeño y lo dejó a un lado.

No advirtió la expresión atónita de Su Zhiqiu.

Simplemente bajó la mirada hacia su propia mano.

Parecía que incluso él mismo estaba sorprendido por la rapidez de su reacción.

Su Zhiqiu se había lanzado hacia el niño guiado por el instinto de un padre.

Pero Ling Suihan apenas conocía a Su Tuantuan desde hacía menos de una semana…

¿Qué le estaba ocurriendo?

Ni siquiera él mismo podía comprenderlo.

Su Zhiqiu, que lo había observado todo, tampoco encontraba una explicación.

Así que terminó atribuyéndolo a que Ling Suihan siempre había tenido unos reflejos extraordinarios.

Igual que…

Igual que siete años atrás, cuando, a pesar de ser quien estaba más lejos, había sido el primero en correr para sujetarlo cuando cayó de una plataforma elevadora.

Solo que, esta vez, la persona a la que había salvado era el hijo de ambos.

Su Zhiqiu miró de reojo a Ling Suihan.

Se preguntó si el hombre también habría recordado aquel incidente.

Ling Suihan contemplaba distraídamente su mano derecha, que acababa de sufrir otro tirón.

Desde el hombro hasta la punta de los dedos sentía un dolor sordo que le recordaba lo que acababa de ocurrir.

Él era quien mejor sabía lo anormal que había sido el pánico que sintió en aquel instante.

¿Desde cuándo se había convertido en una persona tan compasiva?

¿O acaso quería demostrarle a Su Zhiqiu que realmente había comenzado a considerar a su hijo como una prioridad?

Quizás por eso había reaccionado tan rápido.

Como si se tratara de un reflejo grabado en sus propios genes.

Su Tuantuan no prestó la menor atención al sutil cambio de ambiente entre los adultos.

Estaba demasiado ocupado mostrándole a Su Zhiqiu su nuevo regalo.

Efectivamente, era una cámara infantil.

La calidad de imagen era mucho mejor de lo que había imaginado.

Además, tenía una original carcasa con forma de automóvil.

No era de extrañar que a Su Tuantuan le gustara tanto.

Al ver que Su Zhiqiu la contemplaba fascinado, Ling Suihan comentó casi sin pensarlo:

—¿Tanto te gusta? ¿Quieres que te compre una también?

Su Zhiqiu se quedó inmóvil.

Al levantar la mirada, descubrió que Ling Suihan le sonreía.

Lo observaba con la misma expresión con la que miraba a Su Tuantuan.

Su rostro se puso rojo de inmediato.

—No hace falta. Es que nunca había visto una así y me dio curiosidad.

Agitó la mano para rechazar la propuesta.

—Esta cámara infantil debe de ser bastante cara, ¿verdad? La calidad de las fotografías es demasiado buena para ser una cámara de niños. Siempre terminas gastando dinero por nosotros.

Ling Suihan lo ignoró.

Su Zhiqiu no tuvo más remedio que inclinarse y acariciar las mejillas emocionadas de su hijo.

Después le indicó que regresara al piso inferior para buscar más cosas interesantes que fotografiar.

Su Tuantuan llevaba un buen rato deseando continuar.

En cuanto recibió el permiso de su padre, bajó corriendo con la cámara entre los brazos.

Solo entonces Su Zhiqiu volvió la cabeza hacia Ling Suihan.

—¿Por qué viniste de repente?

Ling Suihan comprendió que no quería seguir hablando del pequeño accidente que acababa de ocurrir.

Así que respondió:

—Porque quería venir.

Había respondido.

Pero, al mismo tiempo, era como si no hubiera dicho nada.

Su Zhiqiu apretó ligeramente los labios.

No preguntó por qué había sentido de pronto aquel deseo.

Sin embargo, Ling Suihan terminó respondiendo por iniciativa propia.

Lo hizo con su cuerpo.

Su Zhiqiu sintió de pronto un peso sobre él.

Tomado por sorpresa, retrocedió varios pasos hasta quedar apoyado contra la barandilla.

Instintivamente pronunció el nombre del hombre que se había recostado sobre él.

—Ling Suihan, tú…

Pero Ling Suihan apoyó la cabeza en su hombro.

Después levantó un dedo y lo colocó sobre sus labios.

—Shh. Tu hijo sigue abajo.

Su voz era muy baja.

Solo entonces Su Zhiqiu recordó que Su Tuantuan estaba en el piso inferior.

Se apresuró a bajar el volumen.

—¿Te pasa algo? ¿No te sientes bien?

Mientras hablaba, levantó la mano para tocarle la frente.

La noche anterior había pasado mucho tiempo durmiendo solo en el sofá.

Y llevaba ropa bastante delgada.

¿Se habría resfriado?

Ling Suihan le sujetó la mano y la envolvió entre las suyas.

—No. Solo déjame abrazarte un rato.

Se lo dijo junto al oído.

Su cálido aliento rozó su oreja.

El pequeño lóbulo se enrojeció inmediatamente.

Y la persona en la que estaba apoyado dejó de moverse, tal como esperaba.

Ling Suihan sonrió satisfecho.

—Me dio el mal humor de las mañanas —se quejó con voz apagada—. Estoy de mal humor.

El cuerpo de Su Zhiqiu, que había estado un poco rígido, comenzó a relajarse lentamente.

Miró hacia la ventana entreabierta.

Afuera, los copos de nieve seguían cayendo sin descanso.

—Pero hace mucho que te levantaste. Además, esta mañana… parecías estar bien, ¿no?

Lo preguntó suavemente.

Ling Suihan guardó silencio.

Pasó bastante tiempo sin decir nada.

Justo cuando Su Zhiqiu estaba a punto de cambiar de tema, el hombre respondió con una voz llena de frustración:

—Claro que esta mañana estaba bien. No había nadie que me consolara.

Su Zhiqiu se quedó paralizado.

Dejó de apartar la mirada y finalmente bajó los ojos hacia el hombre que lo abrazaba.

Ling Suihan tenía la cabeza escondida en el hueco de su cuello.

No podía ver su expresión.

Solo sentía el aire cálido de sus palabras contra la piel.

—Si no hay nadie que se ocupe de mí, ¿para qué voy a ponerme de mal humor al despertar?

Su tono era inesperadamente tranquilo.

No había en él ni el menor rastro de reproche.

Sin embargo, el corazón de Su Zhiqiu se contrajo.

Un dolor sordo comenzó a extenderse por su pecho.

—Yo…

Solo consiguió pronunciar una palabra antes de que Ling Suihan lo interrumpiera.

—Sé que tenías que consolar a tu hijo. No te estoy reclamando nada —murmuró—. Basta con que me compenses ahora.

—Si no, pasaré todo el día de mal humor, como si acabara de despertar.

Su Zhiqiu cerró instintivamente los dedos.

Intentaba resistir aquellas oleadas de tristeza que surgían desde lo más profundo de su corazón.

No quería reconocerlo.

Pero aquellas sencillas palabras realmente le habían dolido.

Él era mayor que Ling Suihan.

Cuando eran más jóvenes, siempre había tenido la costumbre de cuidarlo.

Y, poco a poco, había terminado acostumbrándose tanto a hacerlo que ya no podía evitarlo.

No soportaba ver a Ling Suihan comportarse de aquella manera tan comprensiva.

En su corazón, siempre había creído que el joven amo Ling debía seguir siendo orgulloso, caprichoso y arrogante durante toda su vida.

Después de todo, había nacido con una suerte extraordinaria.

Por eso le resultaba tan doloroso escucharlo hablar de aquella manera.

Cuando recuperó la conciencia de sus propios movimientos, descubrió que ya había colocado una mano sobre la espalda de Ling Suihan.

Lo acariciaba suavemente para consolarlo.

Hasta que Ling Suihan se acercó a su oído y murmuró:

—Deja de acariciarme. Se me puso dura.

Apenas terminó de hablar, Su Zhiqiu sintió algo presionándolo.

Se sobresaltó de inmediato.

Estaba a punto de protestar cuando bajó la cabeza y descubrió la expresión solitaria de Ling Suihan.

Aquellos hermosos ojos almendrados parecían cubiertos por una fina capa de niebla.

Y Su Zhiqiu volvió a ablandarse, maldita fuera su debilidad.

Extendió nuevamente los brazos y rodeó la cintura de Ling Suihan.

No sabía cuánto tiempo había transcurrido cuando escucharon la voz de Su Tuantuan desde el piso inferior.

Aunque tenía las piernas cortas, subía las escaleras con sorprendente rapidez.

Sus pasos resonaban cada vez más cerca.

Antes de que Su Zhiqiu pudiera apartar al hombre que tenía encima, Ling Suihan ya se había incorporado por iniciativa propia.

Pero, justo antes de soltarlo, Su Zhiqiu sintió un pequeño dolor en el cuello.

No tuvo tiempo de reaccionar.

Su Tuantuan ya había llegado.

—¡Papá, mira las fotos que tomé!

El pequeño no dejaba de presumir mientras le mostraba las fotografías.

Había tomado imágenes de todo tipo.

Las escaleras.

Las ventanas.

El paisaje nevado del exterior.

Y la última era de un muñeco de nieve.

Le resultó familiar.

Su Zhiqiu miró con más atención.

Descubrió que era exactamente el mismo muñeco de nieve cuya fotografía Ling Suihan le había enviado.

El mismo muñeco.

El mismo ángulo.

Incluso la iluminación era idéntica.

Era, literalmente, la misma fotografía.

Su Tuantuan señaló la pantalla y presumió:

—¡Esta me la enseñó a tomar el tío! ¡Los dos apretamos el botón juntos! ¿A que quedó increíble?

Con razón es la mejor fotografía, pensó Su Zhiqiu.

Al menos aquella tenía una composición básica.

Sin embargo, no iba a desanimar a su hijo.

Inmediatamente lo elogió:

—¡Qué bonita! ¡Tuantuan es increíble!

Como esperaba, Su Tuantuan se puso feliz al instante.

Levantó orgullosamente la barbilla.

Sus mejillas estaban rosadas.

Parecía satisfecho y avergonzado al mismo tiempo.

Se parecía muchísimo a aquel pequeño pájaro rojo de peluche.

Y también a cierta persona.

Su Zhiqiu miró de reojo a esa persona.

Una emoción muy particular surgió en su corazón.

La primera fotografía que había tomado Su Tuantuan con su cámara era una que había hecho junto a su otro padre.

Aunque ninguno de los dos conocía la verdadera identidad del otro.

Su Zhiqiu bajó la mirada hacia los escalones.

Todavía quería decir algo, pero la persona que tenía a su lado lo interrumpió.

—Tenemos que irnos —le dijo Ling Suihan a Su Tuantuan—. Tu papá todavía tiene trabajo. Volveremos por él esta noche.

Su Tuantuan miró a Su Zhiqiu.

Después asintió obedientemente.

No olvidó darle algunas recomendaciones.

—Papá, trabaja muy bien. Esta noche Tuantuan y el tío vendremos a buscarte para regresar a casa.

Su tono de pequeño adulto hizo reír a Su Zhiqiu.

Asintió y se despidió de él.

Al ver que los dos no salían del hueco de las escaleras, sino que comenzaban a bajar, recordó de pronto algo importantísimo que había olvidado.

Los llamó apresuradamente.

—¡Esperen! ¿Cómo entraron ustedes?

Ling Suihan ya se había puesto una gorra.

La visera estaba tan baja que solo dejaba ver su nariz recta y sus labios delgados.

Pero, antes de que pudiera responder, Su Tuantuan anunció:

—¡Subimos en el ascensor!

Su Zhiqiu estuvo a punto de desmayarse.

Miró a Ling Suihan con los ojos desorbitados.

—¿Ustedes…? ¿Nadie les tomó fotografías?

Ling Suihan frunció ligeramente el ceño.

Después lo tranquilizó:

—No te preocupes. Le puse una mascarilla a Tuantuan y lo llevé en brazos. Nadie pudo verle la cara.

Sin embargo, el ceño de Su Zhiqiu no se relajó.

En medio de su ansiedad, terminó diciendo sin pensar:

—¡No estoy preocupado por él! ¡Estoy preocupado por ti!

Ling Suihan se quedó visiblemente sorprendido.

Sus facciones se suavizaron un poco.

Levantó la cabeza y le sonrió.

—Entramos por la puerta lateral. No había nadie. Además, nadie se atrevería a publicar fotografías mías. No te preocupes.

Su Zhiqiu quedó momentáneamente deslumbrado por aquella sonrisa.

Apartó instintivamente la mirada.

Se reprendió mentalmente por ser tan despistado.

Había olvidado quién era Ling Suihan.

Solo entonces consiguió tranquilizarse.

Observó cómo Ling Suihan bajaba las escaleras con Su Tuantuan en brazos.

Antes de desaparecer, el pequeño no olvidó agitarle la mano.

Su Zhiqiu también lo saludó.

Movió los labios para decirle adiós sin emitir sonido.

Cuando el hueco de las escaleras quedó completamente silencioso y estuvo solo otra vez, finalmente recuperó la concentración.

Entonces recordó la escena que acababa de presenciar.

Había sido extrañamente armoniosa.

Como si siempre hubiera debido ser así.

Una familia de tres.

Feliz y completa.

Al principio le había preocupado que Su Tuantuan sintiera miedo o inseguridad al quedarse a solas con Ling Suihan, que prácticamente era un desconocido para él.

Después de todo, era un niño sensible.

Le faltaba seguridad y tenía una personalidad bastante complicada.

A veces, ni siquiera Su Zhiqiu podía adivinar qué estaba pensando.

Pero, para su sorpresa, durante aquellos días que había pasado con Ling Suihan, Su Tuantuan había sonreído mucho más.

Era evidente que el pequeño había ganado bastante confianza en sí mismo.

Aunque también se había vuelto inexplicablemente más orgulloso y caprichoso.

Cada vez se parecía más a cierta persona.

Su Zhiqiu no podía pasar por alto aquellos cambios.

Y tampoco podía fingir que no existían.

Porque eran demasiado evidentes.

La imagen de padre e hijo marchándose juntos seguía apareciendo en su mente.

Estaba tan distraído que apenas prestó atención al regresar al estudio.

Cuando recuperó la concentración, ya estaba sentado frente a su escritorio.

Contempló la ventana de conversación que seguía abierta en la pantalla.

Todavía mostraba el último mensaje que Wen Juefei le había enviado.

Sin darse cuenta, colocó las manos sobre el teclado.

Wen: Piénsalo bien. Mi propuesta sigue en pie. Te esperaré el tiempo que necesites.

Su: Está bien.

Aquella respuesta tardía recibió una contestación casi inmediata.

Wen: [Imagen de un gatito sorprendido].

No añadió nada más.

Era como si hubiera esperado que Su Zhiqiu terminara vacilando.

Su Zhiqiu cerró la conversación.

En ese momento, alguien se acercó a su escritorio.

Al volverse, descubrió que era el editor.

El joven lo observaba con una expresión extraña.

Casi consiguió darle un susto.

El editor vaciló antes de hablar.

—Hermano Su, ¿no vas a taparte eso?

—¿Q-qué cosa? —preguntó Su Zhiqiu, desconcertado.

Al ver que no comprendía, el editor sonrió con picardía.

—¿Vino tu esposa, verdad?

Los ojos de Su Zhiqiu se abrieron instintivamente.

Cuando comprendió que su reacción lo había delatado, se apresuró a carraspear.

Pero el editor ya estaba riéndose por lo bajo.

Le dio unas palmadas en el hombro.

—Hermano Su, no me malinterpretes. No estoy intentando meterme en tu vida privada.

Su Zhiqiu decidió preguntárselo directamente.

—¿Cómo lo supiste?

Estaba un poco preocupado.

Levantó la mirada y examinó discretamente al joven que tenía delante.

Aunque estaba bastante seguro de que nadie había entrado en el hueco de las escaleras, ¿y si alguien había visto algo?

Sin embargo, la expresión del editor no parecía indicar que hubiera presenciado aquella escena.

Después de todo, si hubiera visto a Ling Suihan abrazándolo, nadie habría podido mantenerse tan tranquilo.

Seguramente se habría quedado tan sorprendido que ni siquiera podría hablar.

El editor señaló tímidamente el cuello de su ropa.

—Bueno… Tu esposa parece bastante apasionada.

Su Zhiqiu se quedó inmóvil.

Solo entonces recordó que, antes de marcharse, Ling Suihan parecía haberle dado un mordisco en el cuello.

Se apresuró a abrir un cajón y sacar un pequeño espejo.

Cuando se miró, lo confirmó.

Había una pequeña marca roja sobre su clavícula.

No era grande.

Pero tenía un aspecto inexplicablemente íntimo.

Por suerte, estaba bastante abajo.

Bastaba con subirse un poco el cuello de la ropa para ocultarla.

Su Zhiqiu se apresuró a acomodarse la camisa.

Después carraspeó con incomodidad.

Al ver que ya había cubierto la marca, el editor levantó ambas manos y juró:

—No se lo diré a nadie.

Su Zhiqiu abrió la boca.

Quería decir algo.

Pero no se le ocurría absolutamente nada.

Así que terminó asintiendo con rigidez.

El joven volvió a mostrar una sonrisa traviesa.

Su tono mezclaba admiración y burla.

—Hermano, tú y tu esposa realmente se quieren mucho. Solo llevaban una mañana sin verse y ya vino a buscarte.

Su Zhiqiu se sonrojó.

Si el editor no lo hubiera mencionado, quizás no habría pensado demasiado en ello.

Pero ahora que lo decía…

Realmente parecían demasiado apegados el uno al otro.

Como una pareja de enamorados que acabara de comenzar su relación.

De esas que quieren permanecer juntas las veinticuatro horas del día.

Y que, cuando no están besándose, están abrazándose.

Cuando comenzaron a salir, ellos también habían sido así.

Incluso mucho más exagerados.

Hasta cuando uno iba al baño, el otro quería acompañarlo.

Un momento antes podían estar cantando y bailando libremente sobre el escenario.

Frente a las cámaras fingían ser buenos amigos y compañeros de equipo.

Delante de los fanáticos, incluso actuaban como si apenas tuvieran confianza entre ellos.

Pero, al instante siguiente, fuera del escenario y en algún rincón donde no hubiera cámaras, sus labios ya se habían encontrado.

Se abrazaban con fuerza.

Se besaban apasionadamente, incapaces de separarse.

En cierta ocasión, durante la grabación de un programa de variedades, tuvieron que realizar varias pruebas para decidir mediante un sorteo con quién compartirían habitación.

Los dos no consiguieron quedar juntos.

Mientras las cámaras estuvieron encendidas, cada uno regresó obedientemente a la habitación que le había tocado.

Pero, apenas dejaron de grabar, Wen Juefei, que había sido asignado a la misma habitación que Su Zhiqiu, fue expulsado sin contemplaciones por el joven amo Ling.

Y la persona que terminó acostada junto a Su Zhiqiu fue Ling Suihan.

El adolescente no solo era dominante.

También era terriblemente celoso.

Por un lado, se enfadaba porque Su Zhiqiu no había tenido suficiente conexión con él para elegir la misma habitación.

Por otro, se apoyaba contra la cabecera de la cama con el teléfono en la mano y comenzaba a leer publicaciones de los grupos de fanáticos con un tono cargado de sarcasmo.

—«¡QiuFeiYu es el amor verdadero! ¡Fuera los fanáticos de HanQiu!».

—«¡Aaaah! ¿Se dieron cuenta de cómo Su Zhiqiu miraba a Wen Juefei? ¡Era tan cariñoso y tan tierno! Se nota que son amigos de la infancia y que comenzaron a luchar juntos por sus sueños».

—«Los que no apoyan a Su y Wen no tienen buen gusto. Recuérdenlo: alguien que aparece después jamás podrá vencer a un amigo de la infancia».

—«Su Zhiqiu es claramente un gong tierno y protector. ¿Los que dicen que es la esposa de Ling Suihan tienen algún problema para distinguir los papeles de cada uno?».

Y, después de leer aquellos comentarios, Ling Suihan siempre terminaba protestando furiosamente:

—¿Cuándo miraste así a Wen Juefei? ¿Por qué yo no me enteré? ¡¿Cariñoso y tierno?! ¿Es que quieres morir? ¡Esta persona también debe de estar ciega! ¡Me está haciendo enfurecer!

Su Zhiqiu, sentado a su lado, escuchaba aquellas palabras con el corazón en la garganta.

Tenía muchísimo miedo de que Ling Suihan perdiera el control y respondiera utilizando su cuenta oficial.

Si aquello ocurría, realmente se desataría el caos.

Finalmente, Su Zhiqiu terminaba resignándose.

Se quitaba la ropa, se acercaba al joven y apoyaba una mano sobre sus abdominales.

Después le sonreía y preguntaba:

—¿No vamos a hacerlo? Mañana tenemos que levantarnos temprano para grabar.

Solo entonces Ling Suihan dejaba de discutir.

Arrojaba la tableta a un lado y lo inmovilizaba de inmediato debajo de él.

Habían pasado tres años enteros comportándose de aquella manera.

Durante una temporada, Su Zhiqiu incluso había sentido que estaba a punto de desarrollar una doble personalidad.

Chasqueó la lengua sin darse cuenta.

En aquella época eran realmente jóvenes.

Ahora, con veinticinco años, Ling Suihan había aprendido a contenerse.

Ya no insultaba a los demás con toda su energía.

Simplemente respondía con alguna burla fría.

O incluso los ignoraba.

Pero, sin importar qué versión de Ling Suihan tuviera delante, Su Zhiqiu seguía completamente cautivado por él.

Nunca había llegado aquella supuesta crisis de los siete años.

Solo lo había amado cada vez más.

Hasta convertirse en la persona que más amaba.

Su Zhiqiu descubrió que, al parecer, ya no quería marcharse.

Cada vez le resultaba más difícil separarse de todo aquello.

La decisión que había tomado cuando regresó a Beicheng se había ido derritiendo lentamente durante aquellas decenas de días de ternura.

Era como una rana que se había acostumbrado tanto al agua tibia que ya no quería salir de ella.

La nieve continuó cayendo hasta la noche.

No mostraba la menor intención de detenerse.

Solo alrededor de las seis comenzó a disminuir ligeramente.

El cielo estaba completamente oscuro y cubierto de nubes.

Afuera se había levantado un viento intenso.

El helado viento del norte silbaba con tanta fuerza que hacía vibrar las ventanas.

El frío penetrante parecía convertirse en cuchillas invisibles capaces de atravesar las paredes y colarse en el interior.

Aquel aullido constante resultaba tan inquietante que era imposible permanecer tranquilo.

Su Zhiqiu frunció el ceño y revisó su teléfono.

Solo entonces descubrió que se había emitido una alerta por condiciones meteorológicas adversas.

Se apresuró a pedirles a todos que dejaran de trabajar y regresaran a casa.

Si esperaban demasiado, podían terminar atrapados en el camino.

El viento rugía al otro lado de las ventanas.

Los empleados tampoco tenían ganas de quedarse.

Uno tras otro recogieron sus bolsos, se despidieron apresuradamente de él y comenzaron a marcharse.

Su Zhiqiu preguntó a cada uno cómo pensaba regresar a casa.

Los que vivían cerca podían compartir transporte.

Y, si alguno no conseguía encontrar un taxi, pensaba pedirle a Ling Suihan que llevara otro automóvil.

Después de organizarlo todo, recordó repentinamente algo.

Se apresuró a llamar a Miaomiao, que era la última en marcharse.

—An Wenwen volvió a pedir permiso hoy. ¿Todavía se siente mal? —preguntó preocupado—. ¿No sería mejor que fuera al hospital? Si le da vergüenza hablar conmigo, no me lo ocultes tú también.

Ninguna de las dos chicas era de Beicheng.

Eran muy jóvenes y habían venido solas a trabajar a aquella ciudad.

No tenían familiares ni amigos cercanos que pudieran ayudarlas.

Su Zhiqiu temía que les ocurriera algo.

Aquella misma mañana ya le había preguntado a An Wenwen cómo se encontraba.

Pero ella se había limitado a responderle brevemente que estaba bien.

Después no volvió a dar señales de vida.

No sabía si realmente no le ocurría nada o si simplemente le daba vergüenza contárselo.

—Ah, no hace falta, hermano Su —explicó Miaomiao—. Quizás sea porque últimamente hace mucho frío y por eso las molestias le duran unos días más.

Su Zhiqiu asintió, aunque no estaba seguro de haber comprendido.

No hizo más preguntas.

Solo le recomendó:

—Entonces cuídala un poco más. Si ocurre cualquier cosa, llámame inmediatamente. Si necesita ir al médico, que vaya. No intenten ahorrar dinero en algo así. Si necesitan ayuda, pueden contar conmigo.

Miaomiao ya estaba acostumbrada a que se preocupara tanto por los demás.

Asintió y aceptó sus recomendaciones.

Su Zhiqiu también le pidió que le dijera a An Wenwen que no tuviera prisa por regresar al trabajo.

Primero debía descansar y recuperarse.

Solo entonces dejó que Miaomiao se marchara.

Al principio había pensado acompañarla a casa.

Pero la joven rechazó su propuesta.

Suspiró y comentó que, con aquel tiempo, seguramente llegaría más rápido en metro.

Al pensar en el tráfico de Beicheng, Su Zhiqiu sonrió con resignación.

Sin embargo, justo antes de salir, Miaomiao vaciló.

Después regresó sobre sus pasos.

Su Zhiqiu notó que parecía querer decirle algo.

Pero pasaba el tiempo y ella seguía sin abrir la boca.

Solo después de que él insistiera varias veces, Miaomiao finalmente habló con una expresión seria.

Fue entonces cuando Su Zhiqiu se enteró de que había un cantante que estaba intentando conquistar a An Wenwen.

Conocía a aquel cantante.

Tenía aproximadamente la misma edad que las dos chicas.

Su talento era bastante mediocre.

Parecía contar con ciertos contactos influyentes.

Pero aquello por lo que era más conocido era por la cantidad de escándalos que lo rodeaban.

Cuando Su Zhiqiu abandonó la industria del entretenimiento, aquel hombre todavía no había debutado.

Y, desde su regreso, apenas había tenido contacto con él.

Solo había escuchado algunos rumores.

No sabía hasta qué punto eran ciertos.

No pudo evitar hacerle un par de preguntas más.

Miaomiao negó con la cabeza.

—No lo conozco demasiado bien. Antes de que llegaras al estudio, trabajamos con él en una ocasión. Me hizo sentir bastante incómoda. Siempre tuve la impresión de que no respetaba a los demás. Además, se comportaba de una manera muy… atrevida.

Su Zhiqiu conocía el carácter franco y directo de Miaomiao.

Al verla expresarse con tantas reservas, recordó algunos de los escándalos amorosos que había leído sobre aquel cantante.

Comprendió lo que quería decir.

Y también frunció el ceño.

—Wenwen me pidió que no se lo contara a nadie porque no quería preocuparlos. Al principio, ese hombre solo la acosaba enviándole mensajes. Pero últimamente, no sé cómo consiguió averiguar nuestra dirección. ¡Hoy incluso apareció en nuestra casa! ¡Si Wenwen no me lo hubiera contado, ni siquiera me habría enterado!

Después de explicarle lo sucedido, Miaomiao insistió:

—Hermano Su, pensé que no podía seguir ocultando algo así. ¿Y si realmente ocurre…?

La expresión de Su Zhiqiu se ensombreció.

La interrumpió con firmeza:

—Hiciste bien en contármelo. ¡Deberían haberme avisado mucho antes de algo tan importante! ¡Es demasiado peligroso que ustedes dos vivan solas!

Miaomiao intentó tranquilizarlo.

—Por ahora no creo que pase nada. Ese hombre todavía no ha hecho nada demasiado grave. Solo es muy insistente. Nosotras siempre cerramos la puerta con llave. Además, mi hermano y mi cuñada vinieron a visitarme y se están quedando con nosotras estos días.

Su Zhiqiu consiguió tranquilizarse un poco.

Aunque seguía preocupado, tomó algunos regalos que el estudio guardaba para obsequiar a sus colaboradores y se los entregó a Miaomiao.

—No sabía que tu familia había venido a visitarte. Llévate esto. Así se quedarán más tranquilos. Seguro que, como estás trabajando sola lejos de casa, se preocupan por cómo te tratan en el trabajo.

Miaomiao no había esperado que incluso pensara en aquello.

Precisamente, su familia siempre temía que, por estar trabajando sola en Beicheng, algún superior se aprovechara de ella.

Así que decidió aceptar los regalos sin demasiadas ceremonias.

Se marchó abrazándolos, pensando que, cuando regresara, podría demostrarles que su nuevo jefe no solo era guapo, sino también extraordinariamente amable y considerado.

Después de despedir a Miaomiao, Su Zhiqiu apagó las luces y cerró el estudio con llave.

Debido al mal tiempo, la mayoría de las luces del edificio ya estaban apagadas.

Era evidente que muchos habían terminado de trabajar antes de lo habitual.

Solo algunos estudios que tenían entregas urgentes seguían ocupados.

Su Zhiqiu bajó.

Pero, antes de que pudiera hacer una llamada, un automóvil familiar se detuvo frente a él.

Era como si su conductor hubiera estado vigilando la entrada todo aquel tiempo.

Abrió la puerta del copiloto y subió.

Afuera, el viento rugía y el frío era insoportable.

Pero el interior del automóvil estaba tan cálido como una tarde de primavera.

Apenas se sentó, Su Zhiqiu soltó un largo suspiro de alivio.

Finalmente pudo relajarse.

Su Tuantuan estaba sentado obedientemente en su asiento infantil.

Había crecido en el sur y nunca había presenciado un invierno del norte.

Por eso, en aquel momento, contemplaba fascinado los copos de nieve que revoloteaban al otro lado de la ventana.

Apenas había peatones en la calle.

De vez en cuando, algún automóvil avanzaba cuidadosamente sobre la nieve.

Sus faros amarillentos iluminaban el camino en medio de la noche nevada.

Su Zhiqiu percibió el tenue aroma familiar del perfume que flotaba en el interior del vehículo.

Escuchó la voz parlanchina de su hijo detrás de él.

Y sintió una inexplicable tranquilidad.

Después de ordenar sus pensamientos, le hizo algunas preguntas a Ling Suihan sobre aquel cantante.

Principalmente quería saber si lo conocía.

A diferencia de él, que había pasado tantos años alejado del mundo del entretenimiento, Ling Suihan había permanecido en la industria.

Además, su fama y prestigio no habían dejado de crecer.

Seguramente sabía mucho más sobre aquel hombre.

Efectivamente, Ling Suihan asintió.

—Lo he visto.

Su Zhiqiu se apresuró a hacerle más preguntas.

Ling Suihan continuó conduciendo y respondió con indiferencia:

—Tiene algunos contactos influyentes. Y la mayoría de los rumores sobre él son ciertos.

Al escucharlo, Su Zhiqiu frunció el ceño.

Se sintió todavía más inquieto.

Principalmente estaba preocupado por An Wenwen.

Cuando se celebró el evento del que Miaomiao le había hablado, él todavía no había regresado a Beicheng.

Así que no sabía cómo aquel cantante se había interesado por An Wenwen.

Pero era evidente que se había obsesionado con ella.

Y ya llevaba casi tres meses acosándola.

Su Zhiqiu temía muchísimo que, cuando aquel hombre perdiera la paciencia, terminara haciendo algo irreparable.

Después de todo, Ling Suihan acababa de confirmar que los rumores eran ciertos.

¿Qué límites podía tener un artista que cambiaba de novia más rápido que de ropa, se comportaba como una gran estrella arrogante en los rodajes e incluso seleccionaba fanáticas para acostarse con ellas?

An Wenwen era una chica tímida y tranquila.

No tenía el carácter fuerte de Miaomiao.

Por eso resultaba mucho más vulnerable frente a aquella clase de hombres despreciables.

Después de pensarlo un poco, Su Zhiqiu no pudo evitar hacerle más preguntas.

Ling Suihan tampoco conocía todos los detalles.

Pero lo que sabía ya era suficiente para dejarlo profundamente preocupado.

Al ver que tenía el ceño fruncido, Ling Suihan preguntó mientras conducía:

—¿Te hizo algo?

Solo eran cuatro palabras.

Sin embargo, Su Zhiqiu percibió inexplicablemente una frialdad amenazante en ellas.

Se apresuró a agitar la mano.

Después le contó exactamente lo que Miaomiao le había dicho.

Pero, cuando terminó, Ling Suihan no respondió.

Simplemente le dirigió una mirada indescifrable antes de volver a concentrarse en la carretera.

Parecía estar bastante disgustado.

Su Zhiqiu no le dio demasiada importancia.

Supuso que Ling Suihan también despreciaba a aquella clase de artistas.

Así que chasqueó la lengua y comenzó a pensar en alguna manera de ayudar a An Wenwen.

Estaba tan concentrado que ni siquiera escuchó cuando Su Tuantuan lo llamó desde el asiento trasero.

Fue Ling Suihan quien tuvo que llamarle la atención.

Solo entonces Su Zhiqiu reaccionó y comenzó a conversar con su hijo.

Su Tuantuan le preguntó si, como al día siguiente volvían las clases, no podría ir al jardín de infancia.

Su Zhiqiu miró los copos de nieve que caían al otro lado de la ventana.

Frunció ligeramente el ceño.

—Mañana veremos cómo está el tiempo. Si sigue nevando tanto, no iremos.

Apenas terminó de hablar, se arrepintió.

Originalmente, su madre debía regresar al día siguiente.

Pero, con una nevada tan intensa, era imposible que su vuelo pudiera regresar.

Por motivos de seguridad, Su Zhiqiu también le había aconsejado quedarse unos días más.

Era mejor esperar hasta que la nieve de las carreteras se hubiera derretido un poco.

Por otro lado, Su Zhifeng todavía tenía que permanecer de viaje de negocios al menos una semana más.

Tampoco podía regresar.

Así que, si Su Tuantuan no iba al jardín de infancia al día siguiente, tendría que volver a dejarlo al cuidado de Ling Suihan.

Su Zhiqiu comenzaba a sentirse verdaderamente avergonzado.

Después de todo, Ling Suihan llevaba tres días enteros sin trabajar para ayudarlo a cuidar de Su Tuantuan.

Con la enorme popularidad que tenía actualmente y estando tan cerca de las fiestas de Año Nuevo, era imposible que no tuviera una agenda ocupada.

Solo entre los compromisos que Su Zhiqiu conocía, ya había cancelado cinco sesiones de grabación.

Su Zhiqiu calculó mentalmente cuánto podrían costar las penalizaciones por incumplimiento de contrato.

La cifra superaba fácilmente el millón.

Sintió que el corazón le sangraba.

Sería mucho mejor que Ling Suihan regresara al trabajo y él mismo se quedara en casa cuidando al niño.

Después de todo, ni siquiera sumando su salario de un año entero conseguiría ganar tanto como Ling Suihan recibía por un solo contrato publicitario.

Aunque sabía que a Ling Suihan no le importaba aquella cantidad de dinero, no podía evitar sentir dolor por el gasto.

Había pasado demasiados años acostumbrado a vivir con dificultades económicas.

Su Tuantuan hizo un pequeño puchero desde el asiento trasero.

Parecía decepcionado.

—Hace dos días que no veo a Limón —murmuró.

Su Zhiqiu lo consoló:

—Mañana por la mañana veremos cómo está el tiempo. Si deja de nevar, papá te llevará.

Su Tuantuan asintió.

Pero muy pronto recuperó la alegría y exclamó emocionado:

—¡Si no voy, Tuantuan podrá armar un rompecabezas con el tío! ¡El rompecabezas que compró hoy es preciosísimo!

Al escucharlo, Su Zhiqiu miró de reojo al hombre que tenía a su lado.

Ling Suihan seguía concentrado en la carretera.

Solo la ligera curva de sus labios delataba que estaba de bastante buen humor.

Su Zhiqiu descubrió de pronto que aquellos dos, el grande y el pequeño, parecían haber aprendido a llevarse extraordinariamente bien sin que él se diera cuenta.

No sabía si debía alegrarse o entristecerse.

Así que simplemente apartó la mirada.

Como había salido temprano del trabajo, apenas pasaban de las siete cuando llegaron a casa.

Después de cenar algo sencillo, Su Zhiqiu se sentó en el sofá y le envió un mensaje a Miaomiao para preguntarle cómo estaban.

La respuesta llegó un rato después.

Miaomiao le dijo que todo estaba bien y que no tenía por qué preocuparse.

Su Zhiqiu bajó la cabeza y escribió unas cuantas palabras.

Pero, cuando volvió a levantarla, descubrió dos cabezas muy juntas sobre la alfombra frente a él.

Ambos parecían estar examinando algo con enorme concentración.

Se inclinó hacia delante desde el sofá para mirar.

Efectivamente, era un rompecabezas.

A un lado estaban la imagen de referencia y un montón de piezas sueltas.

La ilustración era realmente hermosa.

Representaba una calle durante una noche nevada.

Los copos de nieve caían desde el cielo.

Los escaparates de las tiendas brillaban con luces cálidas.

Y una familia caminaba alegremente por la calle.

Era una imagen muy apropiada para aquella época del año.

Su Zhiqiu se quedó contemplándola, absorto.

Pero la voz de Su Tuantuan lo sacó repentinamente de sus pensamientos.

—Papá, ¿no crees que este rompecabezas se parece mucho al retrato de nuestra familia que dibujé?

El pequeño estaba emocionado.

Su Zhiqiu observó la ilustración con más atención.

Efectivamente, había cierto parecido.

Principalmente porque los colores de la ropa eran bastante similares.

Su Tuantuan parecía haber descubierto un continente nuevo.

Dio varios saltitos sobre la alfombra.

Después recordó algo y se volvió hacia Ling Suihan, a quien ambos habían dejado un poco de lado.

Con una sonrisa aduladora, preguntó:

—Tío, ¿usted ya vio el retrato de mi familia que dibujé?

Ling Suihan, que había permanecido sentado en silencio, bajó los ojos.

Contempló las piezas del rompecabezas esparcidas frente a él.

Después respondió en voz baja:

—No.

Su Tuantuan dio una palmada.

Se levantó inmediatamente y salió corriendo.

Antes de marcharse, no olvidó advertirle:

—¡Tío, espérame un momento! ¡Voy a traerlo para que lo veas!

Y su pequeña figura desapareció por la puerta.

Su Zhiqiu se llevó una mano a la frente con resignación.

Su Tuantuan apreciaba muchísimo aquel retrato familiar.

La maestra le había dado una calificación de excelente.

Incluso lo habían colocado en un marco y expuesto en el pasillo para que los demás padres pudieran admirarlo.

Por eso, siempre que tenía oportunidad, presumía de su dibujo.

Wen Juefei ya se había visto obligado a contemplar aquel retrato familiar varias veces.

Mientras pensaba en ello, Su Zhiqiu decidió advertirle a Ling Suihan con cierta vergüenza:

—Le pusieron una calificación excelente a ese dibujo, así que está un poco orgulloso. No lo elogies demasiado o no dejará de presumir. Te molestará con el tema una y otra vez.

Ling Suihan estaba de espaldas a él.

Desde aquella posición, Su Zhiqiu solo podía distinguir el perfil de su nariz recta y sus pestañas caídas.

Eran largas y espesas.

Proyectaban una sombra bajo sus ojos.

Y le daban una apariencia inexplicablemente solitaria.

Su Zhiqiu contempló su perfil.

Solo entonces advirtió que Ling Suihan parecía haber estado de mal humor desde el trayecto de regreso.

Pero él había estado tan preocupado por el problema de An Wenwen que ni siquiera se había dado cuenta.

Al pensar en aquello, lo observó con más atención.

Efectivamente, Ling Suihan tenía los labios apretados en una línea recta.

Todo su cuerpo desprendía un aire frío que parecía advertir a los demás que no se acercaran.

Su Zhiqiu estaba a punto de preguntarle qué ocurría.

Pero Ling Suihan habló primero.

—No importa.

Su voz sonó un poco ronca.

—La verdad es que yo también tengo mucha curiosidad por ver el retrato de tu familia.

Al escucharlo, Su Zhiqiu se puso rígido.

Finalmente comprendió que, por estar tan concentrado en el asunto de aquel cantante, había olvidado un problema fundamental.

Si no recordaba mal…

¿No aparecía también una «mamá» en aquel dibujo?

Instintivamente bajó del sofá.

Quería ir a detener a Su Tuantuan.

Pero ya era demasiado tarde.

El pequeño había salido de la habitación con el retrato familiar en las manos.

Corría alegremente hacia ellos.

—¡Tío! —exclamó con entusiasmo mientras se acercaba—. ¡Voy a enseñarte cómo dibujé a mi mamá! ¿Tú la conoces?

Prev
Next
Novel Info

MANGA DISCUSSION

© 2024 Ares Scanlation Inc. All rights reserved

Sign in

Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Sign Up

Register For This Site.

Log in | Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Lost your password?

Please enter your username or email address. You will receive a link to create a new password via email.

← Back to Ares Scanlation

Premium Chapter

You are required to login first