Después de dejar que mi exmarido recogiera a los niños por error - Capítulo 48

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Mientras seguía pensando en aquello, volvió a sentir un escalofrío en el pecho, lo que lo sacó de sus pensamientos.

¡¿Es que no iba a terminar nunca?!

Su Zhiqiu contuvo la vergüenza y consiguió pronunciar unas palabras entre dientes.

—¿Por qué otra vez…?

—Es que parecías tan absorto en tus recuerdos… —Ling Suihan finalmente se incorporó y hasta tuvo la consideración de acomodarle la ropa. Después sonrió—. ¿Así que de verdad lo amamantaste?

Su Zhiqiu estaba tan avergonzado y furioso que casi se desmaya.

No quería responder, pero su expresión lo delató.

La sonrisa fingida de Ling Suihan fue desapareciendo poco a poco, dejando al descubierto la frialdad que ocultaba.

De pronto, extendió los dedos y le acarició suavemente la zona que acababa de morder.

—Parece que se hinchó —comentó con frialdad.

Después de morderlo con tanta fuerza, ¿cómo no iba a hincharse?

Su Zhiqiu estuvo a punto de poner los ojos en blanco.

Y, aunque consiguió contenerse, Ling Suihan comprendió perfectamente lo que estaba pensando.

—Lo siento —dijo.

No había el menor rastro de arrepentimiento en su rostro, pero sus palabras sonaron extraordinariamente sinceras. El contraste resultaba desconcertante.

—Llevaba mucho tiempo conteniéndome, pero al final no pude resistirme.

Su Zhiqiu contempló aquel rostro frío como la escarcha y escuchó la disculpa aparentemente sincera.

Solo entonces comenzó a darse cuenta de que algo no estaba bien con Ling Suihan.

Lo observó atónito durante unos momentos.

Después, vacilante, extendió la mano y le acarició el rostro.

Su piel estaba helada.

Afuera caían enormes copos de nieve.

Aunque la calefacción estaba encendida, Su Zhiqiu ya comenzaba a sentir frío en las manos y los pies después de pasar apenas un rato sentado allí.

Ni siquiera sabía cuánto tiempo llevaba Ling Suihan en aquel lugar.

Y, sin darse cuenta, terminó preguntándolo en voz alta.

—¿Cuánto tiempo crees que llevo sentado aquí? —replicó Ling Suihan—. ¿Qué respuesta tendría que darte para que estuvieras satisfecho?

Su Zhiqiu se quedó inmóvil.

Se humedeció los labios, sin saber qué responder.

Al advertir su desconcierto, Ling Suihan respiró profundamente y señaló la puerta.

—Regresa a dormir.

Bajó la cabeza con una expresión de resignación, casi como si hubiera decidido rendirse.

Ni siquiera miró a Su Zhiqiu.

Su tono era tan desorientado como el de un niño que, al caer la tarde, descubre que no sabe cómo regresar a casa.

La persona que tenía delante se movió y retiró los pies de debajo de su ropa.

Ling Suihan tuvo que contener el impulso de sujetar aquel tobillo delgado, tirar de Su Zhiqiu hacia sí y hacerlo caer sobre el sofá.

Aunque realmente le dolía.

Y no solo la mano.

Le dolía todo el cuerpo.

Cada parte de él.

Su Zhiqiu se levantó del sofá y se puso las pantuflas.

Ling Suihan permaneció inmóvil, con la cabeza baja y los ojos fijos en su propia mano.

Comenzaron a escucharse pasos.

Solo entonces movió ligeramente su cuello rígido y levantó lentamente la cabeza.

Pero, antes de que pudiera volverse para mirar aquella puerta que seguramente ya estaría cerrada, sintió algo cálido sobre el hombro.

No estaba demasiado caliente.

Y, aun así, Ling Suihan se estremeció.

La persona que estaba detrás de él retiró inmediatamente la bolsa de agua caliente.

Después asomó la cabeza con cautela y le preguntó, preocupado, si estaba demasiado caliente.

La mirada de Ling Suihan se desplazó involuntariamente hacia atrás.

Se encontró con los ojos brillantes de Su Zhiqiu, iluminados por el tenue resplandor de la nieve.

Su Zhiqiu le sonrió y explicó:

—Como vi que el tiempo estaba empeorando estos días, cuando bajé del automóvil traje la bolsa de agua caliente. Es la misma que me compraste tú, ¿te acuerdas? Cuando fui a recibir el suero, me dijiste que las compresas calientes…

Las palabras se le quedaron atrapadas en la garganta.

Porque Ling Suihan lo atrajo repentinamente hacia sí.

Le rodeó la cintura con ambos brazos y hundió la cabeza contra su abdomen.

Su aspecto era tan vulnerable y dependiente que no se parecía en absoluto a aquella deslumbrante estrella de cine.

Su Zhiqiu quiso preguntarle qué le ocurría.

Pero tampoco quería crear demasiados vínculos emocionales innecesarios durante aquellos últimos días.

Ambos deseos luchaban en su interior.

Finalmente, antes de que pudiera decir nada, Ling Suihan habló por iniciativa propia.

—Su Zhiqiu, me duele un poco.

Su voz era tranquila, aunque dejaba entrever un cansancio imposible de ocultar.

—Lo envidio muchísimo, pero tampoco puedo odiarlo.

Ling Suihan no dijo a quién se refería.

Sin embargo, Su Zhiqiu lo sabía perfectamente.

—Cuando te veo abrazarlo, consolarlo y decirle que es la persona a la que más amas, siento tantos celos que estoy a punto de volverme loco —murmuró Ling Suihan contra su abdomen—. Creo que tengo algo mal en la cabeza. Sentir tantos celos de un niño… Es demasiado vergonzoso.

Su Zhiqiu se movió un poco.

Temía que le faltara el aire y quería conseguir que levantara la cabeza.

Pero Ling Suihan advirtió sus intenciones y se aferró todavía más a su cintura, negándose rotundamente a moverse.

Su Zhiqiu sabía que era una persona muy orgullosa y que se avergonzaba con facilidad.

Si tuviera que decirle aquellas cosas mirándolo a la cara, el joven amo Ling probablemente moriría de vergüenza.

Así que dejó caer la mano.

Solo se aseguró de volver a colocar la bolsa de agua caliente sobre el hombro de Ling Suihan.

—Su Zhiqiu, ¿por qué siempre eres tan cruel conmigo?

Ling Suihan soltó una risa apagada.

El corazón de Su Zhiqiu se contrajo con tanta fuerza que estuvo a punto de perder el equilibrio.

Por suerte, el hombre cambió rápidamente de tema.

—Me duele el hombro.

La atención de Su Zhiqiu regresó inmediatamente a aquel problema.

En sus ojos apareció una expresión de preocupación que ni siquiera él mismo advirtió.

—Entonces no te muevas. Voy a dejarte la bolsa caliente un rato más. De verdad ayuda.

Pero Ling Suihan insistió:

—No ayuda.

Su Zhiqiu creyó que ya lo había intentado antes.

Alarmado, comenzó a repasar mentalmente todos los métodos que había encontrado en internet.

De pronto recordó algo y se apresuró a decir:

—¡Ah, cierto! ¿Recuerdas que te hablé de un médico de medicina tradicional china muy bueno que vive cerca de mi pueblo? Hace un tiempo no estaba en casa, pero creo que ya debe haber regresado. Hablaré con mi tía para que nos envíe por correo algunos parches medicinales. Primero puedes probarlos para ver si funcionan. Si te ayudan, podemos consultar a varios médicos más.

Estuvo aconsejándolo pacientemente durante un buen rato.

Sin embargo, cuando bajó la cabeza, descubrió que Ling Suihan lo observaba sin apartar los ojos.

Ni siquiera sabía cuánto había escuchado.

Al ver aquella expresión indiferente, Su Zhiqiu comenzó a enfadarse.

Estaba a punto de reprenderlo cuando Ling Suihan habló.

—Si me dejas probar otro poquito, dejará de dolerme.

Su Zhiqiu chasqueó la lengua y lo miró.

El cuello de la camiseta blanca de manga corta que llevaba Ling Suihan estaba torcido y dejaba al descubierto sus hermosas clavículas.

Su apariencia tenía algo frágil.

Pero sus palabras no podían estar más alejadas de la fragilidad.

Su Zhiqiu no era tan ingenuo como para preguntarle qué quería probar.

Permaneció aturdido durante unos instantes.

Después, obedientemente, levantó el borde de su ropa.

Desde aquel momento, pasó de estar de pie junto al sofá a ser levantado por la cintura y acomodado sobre las piernas de Ling Suihan.

Luego terminó recostado sobre el sofá, inmovilizado bajo él.

Su Zhiqiu perdió la cuenta de cuántas veces habían cambiado de posición antes de que Ling Suihan finalmente lo soltara.

Apenas sintió que lo dejaba libre, se levantó de golpe.

En varias ocasiones había tenido la impresión de que Ling Suihan estaba a punto de perder el control y hacer algo más.

Pero, cada vez, el hombre se había contenido con todas sus fuerzas.

Ni una sola vez había cruzado aquel límite.

Por alguna razón, Su Zhiqiu sintió una ligera decepción.

Seguramente Ling Suihan seguía teniendo presente a Su Tuantuan.

Sabía que el pequeño estaba durmiendo en la habitación.

Todo el mundo le tenía miedo a Ling Suihan.

Decían que tenía tanto poder en la industria del entretenimiento que podía hacer prácticamente lo que quisiera y que era una persona difícil de tratar.

Pero Su Zhiqiu sabía que, en realidad, Ling Suihan era alguien que pensaba cuidadosamente sus decisiones.

Rara vez actuaba dejándose llevar por un impulso.

Algo avergonzado, Su Zhiqiu tomó un cojín y lo sostuvo frente a su pecho para cubrirse.

Ling Suihan, por su parte, se recostó despreocupadamente contra el respaldo del sofá.

Incluso se tomó su tiempo para acomodarle la ropa antes de incorporarse.

Ya no quedaba en él ni rastro de la vulnerabilidad que había mostrado unos momentos antes.

Sin embargo, Su Zhiqiu tenía la inexplicable sensación de que el hombre estaba muy triste.

Aunque no había dejado de aprovecharse de él descaradamente, seguía sintiendo que Ling Suihan estaba…

Profundamente triste.

O, mejor dicho, sufriendo.

Era un dolor que no encontraba salida y que solo podía permanecer atrapado dentro de su cuerpo, golpeándolo desde el interior.

Ling Suihan ocultaba muy bien aquel sufrimiento silencioso.

Y, aun así, parecía filtrarse hasta por cada hebra de su cabello.

Alguien que no lo conociera lo suficiente jamás habría podido descubrirlo.

Su Zhiqiu recordó aquellas frases que Ling Suihan había murmurado poco antes.

Aquellas palabras llenas de envidia y celos.

Llevaba diez años conociendo al joven amo Ling y muy pocas veces lo había escuchado hablar con tanta envidia.

Era como un niño que se chupaba el dedo con todas sus fuerzas mientras insistía en que no quería comer dulces.

Resultaba doloroso verlo.

Y, si lo pensaba, era comprensible.

Ling Suihan había nacido siendo uno de los grandes privilegiados de la vida.

Nunca había necesitado envidiar a nadie.

Pero ahora envidiaba a alguien.

Incluso sentía celos.

Algo se agitó en el corazón de Su Zhiqiu.

Y se escuchó preguntarle:

—¿Todavía te duele?

Ling Suihan estaba sentado al borde del sofá.

Levantó la cabeza y le sonrió.

—Ahora ya no.

La comisura de los labios de Su Zhiqiu se contrajo.

Arrastró los pies sobre el suelo durante un buen rato, buscando el momento adecuado para hablar.

Pero entonces Ling Suihan dijo:

—Ya casi son las cinco. Regresa a dormir con tu hijo. Si despierta y no te encuentra, se pondrá a llorar.

Al escucharlo, Su Zhiqiu tuvo la extraña impresión de haber salido a encontrarse clandestinamente con su amante, y de que este le estuviera aconsejando regresar cuanto antes, no fuera a despertar su pareja legítima.

Aunque Ling Suihan evidentemente no tenía la menor conciencia de estar ocupando el lugar de un amante clandestino.

Después de todo, le había dejado unas marcas bastante profundas.

Mientras caminaba hacia la habitación, Su Zhiqiu tiró incómodamente de la tela que cubría su pecho.

Tenía el presentimiento de que al día siguiente tendría que ingeniárselas otra vez para utilizar algún tipo de parche adhesivo.

¡Había mordido con demasiada fuerza!

Antes, Ling Suihan no tenía aquella costumbre.

No sabía cuándo había desarrollado semejante manía.

¿Sería porque había conocido a Su Tuantuan?

Quizás había imaginado toda una serie de escenas entre Su Zhiqiu y su hijo y había terminado sintiendo celos…

Cuanto más lo pensaba, más convencido estaba.

Finalmente apartó aquellos pensamientos y se volvió para cerrar la puerta.

Pero cuando solo quedaba una pequeña rendija, detuvo repentinamente el movimiento.

Contempló al hombre que seguía sentado a solas en el sofá.

Y terminó formulando una pregunta que ni él mismo había esperado hacer.

—Ling Suihan.

El hombre levantó la mirada al escucharlo.

Su Zhiqiu habló suavemente, pero con firmeza.

—¿Por qué no vienes a dormir conmigo a mi habitación?

Después de pronunciar aquella frase tan fácil de malinterpretar, decidió que ya no tenía sentido echarse atrás.

Así que añadió:

—Me preocupa tu brazo. Además, cuando hay más personas en una habitación, se mantiene más caliente. Así no te dolerá tanto.

Cuando terminó de hablar, el enorme apartamento quedó sumido en el silencio.

Su Zhiqiu tuvo ganas de darse una bofetada.

¿Qué clase de tonterías acababa de decir?

Aquellas excusas ni siquiera resultaban convincentes.

Habría sido mejor confesar directamente que, al ver a Ling Suihan sentado solo en el sofá, con aquella figura tan solitaria y desamparada, le había dolido el corazón.

Aunque toda la casa pertenecía a Ling Suihan y, en realidad, eran él y Su Tuantuan quienes vivían allí de prestado.

Aun así, le dolía verlo de aquella manera.

Para sentir dolor por alguien no hacía falta ninguna razón.

Ling Suihan permaneció sentado sin moverse.

Su Zhiqiu se frotó la nariz con incomodidad.

Estaba a punto de intentar explicarse cuando vio que el hombre se levantaba y caminaba hacia él.

Ling Suihan se detuvo frente a la puerta de su habitación.

No entró.

Simplemente bajó la cabeza y lo miró.

—¿Estás seguro?

Antes de que Su Zhiqiu pudiera responder, el hombre añadió suavemente:

—Mejor olvídalo. Me preocupa que tu hijo abra los ojos y descubra que estás debajo de mí.

Una vena palpitó en la frente de Su Zhiqiu.

La imagen que Ling Suihan acababa de describir lo había dejado horrorizado.

—¡Pues basta con que no hagas eso! —consiguió decir entre dientes.

Ling Suihan respondió con absoluta tranquilidad:

—No tengo ninguna confianza en mi capacidad de autocontrol.

Su Zhiqiu se quedó sin palabras.

La verdad era que él tampoco confiaba demasiado en la suya.

Había cosas que, mientras uno no volviera a probarlas, podía soportar perfectamente.

Pero bastaba con empezar para volverse adicto.

Su Zhiqiu había pasado cinco años llevando una vida completamente abstinente.

Y, durante aquellos cinco años, realmente no había sentido demasiados deseos.

Sin embargo, desde que se reencontró con Ling Suihan, prácticamente todos los días había tenido que satisfacer sus necesidades físicas.

Era como una planta que llevaba demasiado tiempo marchitándose por falta de agua y finalmente había encontrado el manantial que le pertenecía.

Aunque aquella agua fuera un veneno, no podía dejar de beberla para calmar su sed.

Así que la situación que Ling Suihan había descrito realmente podía ocurrir.

Como si hubiera notado sus dudas, Ling Suihan sonrió.

De pronto levantó la mano y le alisó suavemente el entrecejo fruncido.

—En realidad, el brazo no me duele tanto. Te estaba engañando. ¿No te diste cuenta?

Su voz era muy baja.

Le dio un suave empujoncito en la cabeza.

Su expresión dejaba entrever un agotamiento imposible de ocultar.

—Cierra la puerta de una vez. Deja de dar vueltas. Yo también estoy cansado.

Qué considerado.

Qué atento.

No quedaba ni rastro de aquel comportamiento infantil, lleno de agravios y celos, que había mostrado cuando escondió la cabeza contra su abdomen.

Una vez que se había acomodado la ropa, volvía a ser aquel tío guapo al que Su Tuantuan admiraba con los ojos llenos de estrellas.

Su Zhiqiu levantó la mirada hacia él.

Y, de pronto, extendió la mano, le sujetó la muñeca y tiró de él hacia el interior.

Ling Suihan fue arrastrado inesperadamente hasta el dormitorio.

Lo contempló completamente desconcertado.

—Tú puedes usar mi edredón. Tuantuan y yo compartiremos el suyo.

Después de soltar aquellas palabras, Su Zhiqiu huyó apresuradamente al baño.

Si Ling Suihan no hubiera dicho aquellas últimas frases, probablemente habría abandonado la idea.

Pero cuando el hombre le acarició la cabeza, su corazón se estremeció de manera incontrolable.

Él era el mayor de los dos.

Era mayor que Ling Suihan.

Ling Suihan rara vez tenía con él aquel tipo de gestos propios de alguien que cuida a una persona más joven.

Y las pocas veces que lo había hecho habían sido para consolarlo.

Por eso, en el instante en que aquella mano grande y cálida se posó sobre su cabeza, los recuerdos del pasado surgieron involuntariamente en su mente.

Y así, sin pensarlo demasiado, había terminado llevando a Ling Suihan a su habitación.

Su Zhiqiu soltó un largo suspiro frente al espejo.

Era la segunda vez aquella noche que se encontraba frente a él.

Después de todo lo que había ocurrido, al menos había conseguido olvidar accidentalmente aquella pesadilla.

Quizás ahora podría acostarse y dormir tranquilamente.

Prestó atención a los sonidos del exterior.

Solo escuchó el suave roce de las mantas.

Parecía que Ling Suihan ya se había acostado.

Su Zhiqiu esperó otros dos minutos.

Cuando todo quedó completamente silencioso, finalmente salió.

Ling Suihan había apagado la pequeña lámpara nocturna con forma de automóvil que estaba junto a la cama.

Sin embargo, la claridad de la nieve ya se filtraba tenuemente desde el exterior.

Aquella luz blanca y suave iluminaba la habitación con un resplandor difuso.

Incluso Su Zhiqiu, con su ceguera nocturna, podía distinguir fácilmente lo que tenía delante.

Se acercó a la cama.

Pero al ver a las dos personas que descansaban bajo las mantas, una grande y otra pequeña, se quedó sorprendido.

Su intención había sido que Ling Suihan durmiera en el lugar que él ocupaba originalmente.

Después, él se acostaría al otro lado de Su Tuantuan.

De esa manera, el niño quedaría entre ambos y evitarían cualquier situación incómoda mientras dormían.

Sin embargo, Ling Suihan no había comprendido sus intenciones.

Se había acostado directamente en el lugar que estaba a su lado.

Eso significaba que ahora sería Su Zhiqiu quien tendría que dormir en medio.

Observó el pequeño rostro de Su Tuantuan, que seguía profundamente dormido.

Después de vacilar un momento, decidió no complicar más las cosas.

Se acostó junto a Ling Suihan.

Apenas se acomodó, una esquina del edredón cayó sobre su cuerpo.

Su Zhiqiu se sorprendió.

Estaba a punto de apartarla cuando escuchó la voz baja de Ling Suihan junto a su oído.

—Tu hijo tiene peor humor que yo cuando despierta. No quiero despertarlo. Compartamos el edredón por esta noche.

Al escucharlo, el cuerpo rígido de Su Zhiqiu comenzó a relajarse lentamente.

Finalmente se acurrucó obedientemente bajo la suave manta.

El edredón estaba seco y cálido.

Desprendía aquel agradable aroma de la ropa que había sido puesta a secar al sol durante el día.

Un momento antes, Su Zhiqiu había estado preocupado por no poder conciliar el sueño junto a Ling Suihan.

Pero ahora, envuelto en aquella suavidad, descubrió que sus párpados ya comenzaban a cerrarse por sí solos.

Soltó un largo bostezo.

Miró hacia la izquierda y acomodó cuidadosamente la manta de Su Tuantuan.

Después miró hacia la derecha y también arregló un poco el edredón de Ling Suihan.

No sabía si se debía a que aquella persona tan familiar volvía a acostarse a su lado después de cinco años de separación.

Pero sentía que su corazón estaba completamente lleno.

Ya no quedaba aquel vacío que solía invadirlo cuando despertaba sobresaltado en mitad de la noche.

Escuchó las respiraciones de las dos personas que descansaban a ambos lados.

Una grande.

Otra pequeña.

Y, sin ninguna preocupación, cayó en un sueño profundo.

Incluso mientras dormía, una ligera sonrisa curvaba sus labios.

Lo envolvía una sensación de seguridad que ni siquiera él mismo había advertido.

—Su Zhiqiu.

En la silenciosa habitación, Ling Suihan habló de pronto.

Pero la persona que tenía al lado no respondió.

—¿Ya te dormiste?

Volvió a preguntar.

Nadie le contestó.

Todo permaneció en silencio.

Ling Suihan estaba acostado de espaldas al resto de la cama, contemplando el mueble que tenía delante.

Pasó un largo rato antes de que finalmente reuniera el valor para darse la vuelta.

Una respiración tenue sonó junto a su oído.

Ling Suihan contempló el rostro dormido de Su Zhiqiu.

Tenía las cejas profundamente fruncidas.

Ni siquiera mientras dormía parecía encontrar tranquilidad.

Era como si cargara un enorme equipaje que no podía dejar en el suelo.

Ling Suihan volvió a extender la mano.

Con extremo cuidado, le alisó el entrecejo.

Su Zhiqiu murmuró algo entre sueños y se acercó un poco más a él.

Ling Suihan le rodeó instintivamente la cintura con un brazo.

Pero apenas lo tocó, se detuvo.

Su mirada pasó por encima del hombre que tenía delante y se posó en aquella pequeña figura que descansaba al otro lado.

Después de vacilar unos instantes, retiró la mano.

La dejó cuidadosamente junto a su almohada.

La persona que tenía delante era experta en engañar a los demás.

Siempre le decía que él era lo más importante.

Pero, en realidad, la persona que más le importaba era su hijo.

Si el niño llegaba a ver algo inapropiado, Su Zhiqiu no lo culparía.

Sin embargo, seguramente se culparía a sí mismo.

Y volvería a mostrar aquella expresión triste y abatida.

Ling Suihan detestaba verlo así.

Porque cada vez que contemplaba aquella expresión, sentía inexplicablemente que le dolía todo el cuerpo.

Y, sobre todo, el corazón.

—Su Zhiqiu, ¿qué más necesitas para estar satisfecho?

Contempló las suaves pestañas de la persona que tenía delante y murmuró:

—Querías que llevara una vida normal, así que obedecí a mi madre y fui a citas a ciegas. No querías hablar de lo que ocurrió hace cinco años, así que dejé de preguntarte. Querías que me gustara tu hijo, así que también me esforcé por quererlo. Me devané los sesos buscando maneras de tratarlo bien y hacerlo feliz…

—Entonces, ¿por qué sigues sin ser feliz?

Ling Suihan parecía estar preguntándoselo a la persona que dormía junto a él.

O quizás se lo estaba preguntando a sí mismo.

—¿Puedes decirme qué tengo que hacer exactamente para que estés satisfecho? ¿Qué debo hacer para verte feliz? ¿Qué tengo que hacer para… conseguir que te quedes?

Ya no se atrevió a seguir contemplando aquel rostro que había añorado durante cinco años.

Apartó la cara y volvió a sumergirse en la oscuridad.

De aquella manera, nadie podría ver la lágrima que rodó hasta perderse en la almohada.

Contempló la tenue claridad de la nieve al otro lado de la ventana.

Recordó la naturalidad con la que Su Zhiqiu había dado instrucciones después de hacerlo entrar en la habitación.

Había querido que durmiera junto a su hijo.

Exactamente como una familia de tres en una serie de televisión.

Papá y mamá, con el bebé durmiendo entre ambos.

Pero ellos no eran una familia…

Ya era bastante absurdo que estuviera compartiendo cama con su exnovio.

Y, encima, entre los dos debía estar el hijo que su exnovio había tenido con otra mujer.

Aquella sensación era insoportable.

Era como si él fuera quien estuviera ocupando un lugar que no le correspondía.

Como si, en cualquier momento, la verdadera familia de tres pudiera expulsarlo.

Y él terminara convertido en un perro callejero, condenado a observar la felicidad de los demás desde lejos.

Por eso había fingido no comprender las intenciones de Su Zhiqiu y se había acostado a un lado de la cama.

Así había evitado aquella situación tan incómoda.

¿Su Zhiqiu había permitido que se acostara de aquella manera y le había regalado el pájaro rojo grande porque también quería que parecieran una familia de tres?

Aquel pensamiento no dejaba de flotar en la mente de Ling Suihan.

Las ideas que anteriormente había reprimido con todas sus fuerzas volvieron a surgir y comenzaron a atormentarlo.

Ojalá Su Tuantuan fuera realmente hijo de los dos.

Ojalá Su Zhiqiu lo hubiera dado a luz para mí.

Que hubiera quedado embarazado y lo hubiera tenido a escondidas durante estos cinco años, criándolo sin que yo supiera nada.

La primera vez que vio a Su Tuantuan, aquella idea había aparecido inexplicablemente en su mente.

Incluso él mismo se había llevado un susto terrible.

Su Zhiqiu era un hombre.

Habían compartido la cama durante seis años.

Ling Suihan lo sabía mejor que nadie.

¿Cómo podía ocurrírsele una idea tan absurda e increíble?

En aquel momento se había despreciado profundamente por pensar semejante cosa.

Quizás todo se debía a que Su Tuantuan tenía ciertas características que se parecían a las suyas.

Por ejemplo, ninguno de los dos comía picante.

A ambos les gustaba la okra caramelizada.

Los dos se ponían de mal humor al despertar.

Y ambos eran un poco vanidosos…

Lo mirara por donde lo mirara, aquel niño parecía llevar su sangre.

Siempre despertaba en él una inexplicable sensación de familiaridad.

Por supuesto, también existía otra posibilidad…

Aquel pensamiento apareció en su mente.

Ling Suihan apretó instintivamente el puño.

Quizás Su Zhiqiu había buscado deliberadamente a una mujer que se pareciera muchísimo a él.

Prefería creer que Su Tuantuan era un hijo que había tenido con Su Zhiqiu.

O, mejor dicho, deseaba desesperadamente que aquella posibilidad fuera cierta.

Había construido para sí mismo un hermoso sueño del que no quería despertar.

Aunque sabía perfectamente que aquel sueño no era más que una ilusión.

Jamás podría convertirse en realidad.

Ya basta, Ling Suihan.

Es el hijo que tuvo con otra persona. No es tuyo.

Déjalo hasta aquí. Deja de soñar y engañarte a ti mismo.

Hace cinco años te convenciste de que permanecería a tu lado para siempre. Y, aun así, se marchó.

No vuelvas a consolarte con semejantes estupideces cinco años después.

Al pensar en aquello, Ling Suihan se burló amargamente de sí mismo.

Realmente se había vuelto loco.

Era como si, desde el día en que Su Zhiqiu se marchó sin despedirse, hubiera contraído una enfermedad que lo había hecho perder la razón.

Una enfermedad incurable.

Exhaló lentamente.

Después se obligó a dar la espalda a aquel cuerpo que tanto había añorado, día y noche.

Y cerró los ojos.

Su Zhiqiu había estado preocupado por no conseguir despertarse a la mañana siguiente.

Por eso, antes de acostarse, había programado cinco o seis alarmas.

Pero, incluso así, terminó despertándose tarde.

Los tres dormían tan profundamente que ninguno escuchó las alarmas.

Finalmente fue Su Zhiqiu quien abrió los ojos, todavía aturdido, y apagó una alarma que ya había sonado siete u ocho veces.

Su primer pensamiento fue preguntarse dónde estaba.

Miró hacia la izquierda.

Allí estaba su hijo.

Miró hacia la derecha.

Allí estaba la «mamá» de su hijo.

Aquella escena parecía sacada de un sueño.

No le faltaba nada.

Era tan hermosa como haber llegado al paraíso.

Al instante siguiente, Su Zhiqiu se incorporó de golpe.

Despertó por completo.

Los acontecimientos de la noche anterior regresaron a su memoria.

Se frotó enérgicamente la frente.

Había dormido tan profundamente que se sentía extraordinariamente descansado.

Había sido una noche de sueño maravillosa.

Tomó el teléfono que estaba junto a la cama.

Y comprobó que, efectivamente, había descansado demasiado bien.

Ni siquiera había escuchado las llamadas que sus compañeros del estudio le habían hecho.

Aquella mañana tenían una sesión fotográfica con un invitado.

Por suerte, si salía inmediatamente, todavía llegaría a tiempo.

Probablemente apenas estarían comenzando a fotografiarlo.

Miaomiao y los demás podían encargarse perfectamente de los preparativos.

Sin embargo, como ahora era el segundo al mando del estudio, sería una falta de respeto hacia el invitado que ni siquiera apareciera.

Volvió a mirar la hora.

Todavía podía llegar.

Su Zhiqiu se levantó cuidadosamente desde el centro de la cama.

Mientras se vestía procurando hacer el menor ruido posible, comenzó a pensar qué haría con Su Tuantuan.

¿Debía dejarlo nuevamente con Ling Suihan?

¿O llevarlo a casa de Wen Juefei?

Originalmente había planeado llevarlo con su padrino.

Pero como se había despertado tarde, ahora disponía de muy poco tiempo.

Además, Su Zhifeng se había llevado su automóvil.

Antes de que pudiera encontrar una solución, las dos personas que estaban acostadas se movieron casi al mismo tiempo.

Su Zhiqiu se asustó tanto que se quedó completamente inmóvil.

¡No era ninguna broma!

Conseguir que uno de los dos despertara de buen humor ya le llevaba muchísimo tiempo.

Si ambos se despertaban al mismo tiempo, ¿todavía tendría alguna posibilidad de llegar al trabajo?

Sin embargo, sus plegarias no fueron escuchadas.

Muy pronto, un pequeño rostro rosado apareció entre las mantas.

El niño lo miró con los ojos todavía adormilados.

Sus labios se curvaron en un gesto lastimero.

—Papá…

Extendió sus bracitos con una expresión lamentable.

Quería que lo cargaran.

Su Zhiqiu no tuvo alternativa.

Terminó de subirse los pantalones y se acercó a la cama.

Con movimientos expertos, levantó a Su Tuantuan y comenzó a mecerlo suavemente entre sus brazos.

El pequeño se aferró con fuerza a su cuello.

Después apoyó la cabeza sobre su hombro, con una expresión decaída.

Era evidente que todavía no había superado su mal humor matutino.

Su Zhiqiu le acariciaba suavemente la espalda cuando escuchó el roce de las mantas detrás de él.

Miró de reojo.

Ling Suihan también se había incorporado.

Era como contemplar una versión ampliada de Su Tuantuan, solo que con unos rasgos todavía más hermosos.

Aunque acababa de despertar y tenía el cabello algo desordenado, su apariencia seguía siendo extraordinaria.

Sus miradas se encontraron.

Los ojos de Ling Suihan, todavía nublados por el sueño, descendieron lentamente.

Finalmente se detuvieron en la mano con la que Su Zhiqiu acariciaba la espalda de Su Tuantuan.

Después de lo ocurrido la noche anterior, Su Zhiqiu podía adivinar aproximadamente qué estaba pensando.

De inmediato le hizo una señal con los ojos, indicándole que no.

Ling Suihan no habló.

Tampoco protestó.

Simplemente permaneció sentado obedientemente bajo las mantas.

Su cabello negro caía sobre su frente y todo su cuerpo desprendía un aire de inocencia.

Pero Su Zhiqiu sabía perfectamente que aquella tranquilidad era solo superficial.

El mal humor matutino de Ling Suihan estaba acumulándose.

Y pronto estallaría como una tormenta.

Él solo era una persona.

No podía ocuparse de dos al mismo tiempo.

Así que primero tendría que consolar al pequeño.

Después se encargaría del grande.

Mientras mecía a Su Tuantuan, no olvidó intentar tranquilizar a Ling Suihan.

—Todavía es temprano. ¿Por qué no duermes un poco más? Puedo conducir yo solo al trabajo. Tú…

Había suavizado deliberadamente su tono.

Pero Ling Suihan lo interrumpió.

Levantó los ojos y lo miró fijamente.

—¿Vas tarde al trabajo?

Su Zhiqiu se quedó inmóvil.

Lo contempló atónito, incapaz de reaccionar.

¿Ling Suihan estaba hablando con tanta tranquilidad?

¿Estaba tan despierto que incluso había tenido en cuenta que Su Zhiqiu podía llegar tarde?

Había que recordar que, cuando Ling Suihan despertaba de mal humor, necesitaba que Su Zhiqiu lo abrazara y besara durante un buen rato antes de aceptar levantarse de la cama.

Había sido así durante diez años.

Por eso, en los años anteriores, Su Zhiqiu había desarrollado prácticamente un reflejo condicionado.

En cuanto percibía algún movimiento a su lado, extendía inmediatamente los brazos, abrazaba a la persona que tenía junto a él y la consolaba con unas cuantas palabras.

Precisamente por eso sabía manejar tan bien el mal humor matutino de Su Tuantuan.

Nunca se ponía nervioso ni perdía el control de la situación.

Y, para ser sincero, Su Tuantuan era muchísimo más fácil de consolar que su otro padre.

Al menos el pequeño no aprovechaba que lo estaban mimando para comenzar a propasarse con él.

—Llévalo a lavarse. Yo me prepararé enseguida y te llevaré.

Después de decir aquello, Ling Suihan apartó las mantas y se levantó de la cama.

Su Zhiqiu solo pudo contemplar, completamente atónito, cómo su espalda desaparecía por la puerta.

Estaba tan sorprendido que incluso miró hacia la ventana.

Seguía nevando.

Pero seguramente el sol todavía salía por el este.

El mundo no había cambiado de repente.

Entonces, ¿por qué Ling Suihan sí había cambiado tanto?

Su comportamiento anormal lo dejó tan distraído que, durante los siguientes minutos, fue incapaz de concentrarse en nada.

Después de lavarse el rostro, incluso terminó pasándole la toalla por la cara a Su Tuantuan.

El pequeño estaba cepillándose los dientes cuando, sin entender qué ocurría, terminó con espuma de pasta dental por todo el rostro.

—¡Papá! —protestó inmediatamente.

Solo entonces Su Zhiqiu recuperó la concentración.

Se apresuró a disculparse y lo ayudó a lavarse la cara.

Pero Su Tuantuan no quería que su padre lo ayudara.

Era perfectamente capaz de asearse solo y lo hacía de manera muy ordenada.

Su Zhiqiu contempló en el espejo la expresión concentrada de su hijo.

Sin embargo, su mente seguía llena de asombro.

Después de todo, apenas el día anterior Ling Suihan había ido a buscarlo a la cocina porque se había despertado de mal humor.

No había dejado de insistir hasta conseguir que Su Zhiqiu lo abrazara.

Solo entonces había aceptado marcharse.

Y ahora, después de una sola noche, su personalidad parecía haber cambiado por completo.

Era como si se hubiera convertido en otra persona.

Aquello resultaba demasiado increíble.

Era como alguien que hubiera desayunado un huevo todas las mañanas durante diez años.

Pero, de pronto, una mañana cualquiera decidiera no comérselo y lo dejara allí.

Era inevitable sentir curiosidad.

Uno querría descubrir qué había ocurrido.

¿Se le había olvidado?

¿Se había cansado de comer huevos?

¿O había decidido cambiar definitivamente sus costumbres?

Su Zhiqiu sentía exactamente aquella clase de curiosidad.

Deseaba desesperadamente conseguir una explicación de Ling Suihan.

Lo gracioso era que Ling Suihan ni siquiera parecía haber notado nada extraño.

Y, sin embargo, Su Zhiqiu ya se sentía incómodo con aquel cambio.

Durante el trayecto hacia el estudio, tampoco encontró ninguna oportunidad de preguntar.

Su Tuantuan no dejaba de hablarle desde su asiento infantil en la parte trasera.

Su Zhiqiu respondía a las preguntas del pequeño mientras observaba disimuladamente a Ling Suihan.

El hombre conducía con absoluta concentración.

Mantenía los ojos fijos en la carretera y giraba el volante con movimientos expertos.

Aquel día llevaba una chaqueta azul hielo, adornada con pequeños copos de nieve bordados.

También se había peinado cuidadosamente, igual que Su Tuantuan.

Solo Su Zhiqiu, sentado en el asiento del copiloto, había salido apresuradamente con un enorme abrigo gris.

Comparado con aquellas dos personas tan elegantes y bien arregladas, parecía pertenecer a un mundo completamente diferente.

Se acomodó incómodamente los botones del abrigo.

Ling Suihan parecía absolutamente normal.

No mostraba el menor problema.

Desde que había despertado hasta que terminó de asearse y salir de casa, había tardado muy poco tiempo.

Exactamente como cualquier persona corriente.

Pero Su Zhiqiu seguía percibiendo algo extraño en él.

No conseguía identificar qué era.

Quizás se sentía avergonzado delante de Su Tuantuan.

Después de todo, era el tío guapo al que el pequeño admiraba tanto.

Su Zhiqiu sonrió disimuladamente.

Aunque no había sido su intención original, al final Su Tuantuan volvió a quedarse al cuidado de Ling Suihan.

En realidad, durante el trayecto había tenido tiempo de sobra para pedirle que llevara al pequeño con Wen Juefei.

Pero, por alguna razón, cada vez que estaban a punto de llegar a una intersección y Su Zhiqiu pensaba en mencionarlo, terminaba cerrando la boca.

Una intuición le decía que, si lo proponía, Ling Suihan se disgustaría.

Entonces era mejor no decir nada.

Faltaban pocos días para el Año Nuevo.

Dejaría que padre e hijo pasaran un poco más de tiempo juntos por última vez.

Al pensar en aquello, el buen ánimo de Su Zhiqiu desapareció de golpe.

Entró en el ascensor con una expresión decaída.

Solo consiguió recuperar su actitud habitual justo antes de entrar al estudio.

Como había llegado bastante tarde, todos estaban ocupadísimos cuando apareció.

Al verlo, sus compañeros comprendieron que finalmente había llegado la persona en quien podían apoyarse.

Todos suspiraron aliviados.

Su Zhiqiu ni siquiera tuvo tiempo de dejar su bolso.

Inmediatamente lo llevaron a la sala de equipos porque, al parecer, había surgido un problema.

Después de pasar un buen rato trabajando de un lado a otro, completamente aturdido, finalmente consiguió resolverlo todo.

Para entonces ya se acercaba el mediodía.

Su Zhiqiu se dejó caer agotado sobre una silla y bebió un poco de agua.

Después abrió apresuradamente su computadora portátil para enviarle a Wen Juefei el informe trimestral.

A decir verdad, Wen Juefei no le pagaba un salario tan elevado simplemente porque fueran amigos de la infancia desde hacía veinte años.

Era porque el estudio realmente tenía muchísimo trabajo.

Aunque no era tan agotador como cuando trabajaba de ídolo y debía encadenar una actividad tras otra sin descanso, la carga laboral seguía siendo considerable.

Además, buena parte de sus responsabilidades consistían en coordinar relaciones entre distintas personas.

Y, para ser sincero, Su Zhiqiu comenzaba a sentir que los años pesaban.

Ya no podía trabajar con el mismo ímpetu que cuando era adolescente y dormía apenas tres o cuatro horas al día.

Simplemente ya no tenía aquella energía.

Si Wen Juefei no hubiera insistido tanto en contratarlo, Su Zhiqiu jamás habría aceptado.

Después de pasar cinco años alejado de la industria del entretenimiento, realmente no tenía confianza en su capacidad para asumir responsabilidades tan importantes.

Sin embargo, para su sorpresa, todo había ocurrido tal como Wen Juefei había predicho.

Había aprendido rápidamente a desempeñar sus funciones.

Manejaba los asuntos del estudio con orden y eficacia.

Y el crecimiento constante de los resultados del último trimestre era prueba suficiente de ello.

Su Zhiqiu terminó de beber el vaso de agua de varios tragos y lo dejó a un lado.

Respondió algunos mensajes laborales de Wen Juefei.

Poco después recibió una nueva respuesta.

Wen: ¿De verdad piensas marcharte después del Año Nuevo? ¿Por qué no lo reconsideras? Puedo seguir aumentándote el sueldo.

Wen: De verdad me da mucha pena que te vayas.

Wen: Siento como si mi dios de la riqueza estuviera a punto de abandonarme.

Wen: Cuando debutamos, te dije que tenías más talento para ser representante que para ser una estrella. No me creíste, pero yo siempre supe que tenías potencial.

Wen Juefei le envió una larga sucesión de mensajes, mezclando texto con imágenes y emoticonos.

Su Zhiqiu casi terminó mareado de tanto leer.

Y, antes de que pudiera terminar de revisar todo, llegó otro mensaje.

Wen: Ah, cierto. No olvides enviarle también una copia del informe anual a Ling Suihan. Después de todo, ahora es el segundo dueño del estudio y tiene el cincuenta por ciento de la propiedad. No le des motivos para buscarte problemas.

Wen: [Imagen de una ranita lanzando una mirada coqueta].

La mano con la que Su Zhiqiu sostenía el vaso se detuvo.

Instintivamente escribió unas palabras.

No hace falta, ¿verdad…?

Pero justo antes de enviarlas, las borró.

Solo dejó una respuesta breve.

Su: Está bien.

Cerró la ventana de conversación y se recostó contra el respaldo de la silla.

Se masajeó las sienes con evidente cansancio.

Se sentía inquieto.

No sabía si era por el comportamiento anormal de Ling Suihan aquella mañana o por lo que había insinuado Wen Juefei en sus mensajes.

Todos eran adultos.

Su Zhiqiu sabía que Wen Juefei quería que se quedara, en parte, por el profundo cariño que los unía desde la infancia.

Pero también porque realmente era un colaborador muy valioso para el estudio.

Wen Juefei confiaba en él.

Y Su Zhiqiu tenía la capacidad necesaria para merecer aquella confianza.

Cuando trabajaban juntos, conseguían el doble de resultados con la mitad del esfuerzo.

Ambos lo sabían perfectamente.

Wen Juefei tampoco había intentado ocultarlo.

Durante aquel último mes le había pedido en repetidas ocasiones que firmara documentos o asistiera a reuniones y compromisos sociales en su representación.

Era otra manera de demostrarle su confianza.

Antes, Su Zhiqiu simplemente se encargaba de gestionar los asuntos cotidianos.

Pero ahora Wen Juefei realmente quería dejar todo el estudio bajo su responsabilidad.

Y Su Zhiqiu debía reconocer que disfrutaba de aquel trabajo incluso más de lo que alguna vez había disfrutado de su sueño de convertirse en una estrella.

Quizás se debía a que ya había superado la edad en la que perseguía flores, aplausos y admiración.

O quizás era porque aquel trabajo lo había rescatado del torbellino de decadencia en el que había estado atrapado durante cinco años.

Le había devuelto una sensación de seguridad.

Y también otra cosa igualmente importante.

La satisfacción de haber conseguido algo por sus propios méritos.

Su Zhiqiu era una persona muy competitiva y obstinada.

Pero no de la misma manera que Ling Suihan, que era orgulloso y se negaba a reconocer lo que sentía.

Tampoco como Xiao Hang, aquel fiestero que solo buscaba ganar dinero.

Ni como Wen Juefei y Zou Feibai, que eran unos apasionados idealistas.

La obstinación de Su Zhiqiu era mucho más directa.

Parecía tener una terquedad innata, incapaz de doblarse.

Desde pequeño tenía la costumbre de meterse en callejones sin salida.

Prefería golpearse hasta terminar con la cabeza ensangrentada antes que darse la vuelta para buscar otro camino.

Así había sido con Ling Suihan.

Y también con su carrera profesional.

Era capaz de dormir apenas dos horas al día para practicar baile.

Podía alimentarse de una sola rebanada de pan para mantener su figura.

Incluso había llegado a bailar durante cinco presentaciones consecutivas con el dedo meñique fracturado.

No porque amara especialmente ser ídolo.

Y mucho menos porque persiguiera algún sueño extraordinario.

Simplemente, una vez que elegía hacer algo, se esforzaba por hacerlo lo mejor posible.

Quería estar a la altura de las expectativas de todos.

En el fondo, tenía cierta inseguridad.

Lo reconocía.

Especialmente cuando estaba frente a Ling Suihan, alguien que había nacido teniéndolo absolutamente todo.

Precisamente por eso, deseaba todavía más alcanzar el éxito.

Los cinco años que había pasado viviendo modestamente en el campo mientras criaba a Su Tuantuan habían supuesto un doble sufrimiento.

Por un lado, había perdido al hombre que amaba.

Por otro, se había quedado sin ninguna carrera profesional.

Y ahora, finalmente, había recuperado aquella antigua sensación de tener el control de su vida.

Era como un marinero perdido en medio del océano que por fin conseguía encontrar el timón.

Pero estaba a punto de perderlo todo otra vez.

La diferencia era que, cinco años atrás, se había visto obligado a renunciar a cuanto tenía.

Esta vez, en cambio, era él quien insistía en marcharse.

Su Zhiqiu comenzó a morderse el labio sin darse cuenta.

Solo cuando percibió un sabor metálico en la boca aflojó los dientes.

Al levantar la mirada, descubrió que Wen Juefei le había enviado otro mensaje.

Wen: Piénsalo bien. Mi propuesta sigue en pie. Te esperaré el tiempo que necesites.

Su Zhiqiu levantó la mano y se tocó el labio dolorido.

Si aquello hubiera ocurrido antes, habría ignorado directamente el mensaje.

O quizás habría respondido con alguna broma para salir del paso.

Porque ya había tomado una decisión definitiva.

Pero aquel día, cuando apoyó las manos sobre el teclado, fue incapaz de escribir las palabras que tenía preparadas.

Tal vez…

Tal vez realmente podía intentar contar la verdad.

Por primera vez, aquel pensamiento tan atrevido surgió en la mente de Su Zhiqiu.

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