Cultivo: Estudié en el extranjero en los tiempos modernos - Capítulo 44

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  4. Capítulo 44 - Abandonar los estudios
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Zheng Fa jamás se habría imaginado que su dominio del Cuerpo de la Grulla Espiritual llevaría a la señora a deducir, de manera razonable pero absurda, que debía tener el respaldo de un cultivador del Alma Naciente.

Pero su problema más grande en ese momento era otro: el viejo Bai, el profesor retirado, se había cansado de aprender artes marciales.

No, para ser precisos, quería abandonarlas por completo.

Una noche, después de darle tutoría a Tang Lingwu, el viejo Bai de repente le dijo a Zheng Fa:

—Pequeño Zheng, creo que ya no tendré tiempo para practicar artes marciales.

El progreso del viejo Bai en las artes marciales había sido lento y mediocre, y su entusiasmo se había ido apagando con los días.

Zheng Fa ya lo veía venir, así que no se sorprendió.

Tang Lingwu, en cambio, no pudo evitar expresar sus sospechas.

—Abuelo Bai, ¿está renunciando porque el entrenamiento es demasiado agotador y doloroso?

—¿Renunciar? ¡Tonterías! —el viejo Bai respondió indignado—. Lo que pasa es que estoy muy ocupado con asuntos importantes. ¡La gente importante tiene cosas importantes que hacer, ¿sabes?!

—¿Y qué podría tener usted qué hacer? ¡Si ya está jubilado! —Tang Lingwu evidentemente no le creyó.

—¡Ya verás! —el viejo Bai infló el pecho—. El otro día me llamó alguien de la editorial de la Universidad de Jingcheng… ¡suplicándome por mi nuevo libro!

Tanto Zheng Fa como Tang Lingwu se quedaron boquiabiertos.

—¿Todavía escribe libros? Nunca nos lo mencionó —preguntó Zheng Fa sorprendido.

—¿Y por qué habría de presumirles algo así a ustedes dos chamacos? —replicó el viejo Bai con aire altanero—. Podré estar viejo y jubilado, ¡pero prácticamente me ruegan por mi manuscrito!

Tang Lingwu frunció el ceño con escepticismo.

—¿Qué clase de libro está escribiendo, abuelo Bai?

El viejo Bai suspiró.

—Tal vez no lo sepan, pero varios de los libros de texto universitarios que se usan hoy en día se escribieron hace décadas. No son malos, los hicieron grandes eruditos, pero ya están desactualizados. Hace falta integrar nuevos conocimientos.

—¿Así que está escribiendo un libro de texto para la Universidad de Jingcheng? —preguntó Tang Lingwu, ahora con un dejo de respeto.

—Sólo uno —respondió el viejo Bai con falsa modestia, agitando la mano—. Nada del otro mundo, pero tienen prisa, así que no me queda tiempo.

Al verlo tan serio, Zheng Fa cambió su perspectiva sobre él.

—No es que abandone las artes marciales —aclaró el viejo Bai otra vez—. Simplemente no puedo dejar de pensar en esos pobres estudiantes atrapados con textos anticuados. ¡Ni dormir me deja tranquilo!

Tang Lingwu miró a Zheng Fa, con cierta preocupación en los ojos.

Y como era de esperarse, el viejo Bai se volvió hacia él.

—Pequeño Zheng, si tienes dudas, ven a mi casa los fines de semana. Te apartaré una o dos horas. En cuanto a topología y esas cosas, no la necesitas por ahora. La retomamos después de tu examen de ingreso a la universidad.

Tang Lingwu abrió la boca, como queriendo decir algo, pero al final no se atrevió.

Zheng Fa asintió. No le guardaba rencor al viejo Bai.

Durante un tiempo, había disfrutado de clases privadas con él. Aunque no había llegado a dominar matemáticas universitarias como la topología, sí había profundizado mucho en los conceptos que necesitaba para su examen de preparatoria.

En cuanto a artes marciales, el viejo Bai había practicado la Postura de la Grulla Blanca un buen tiempo sin grandes progresos. Al final, quien más había ganado con todo ese arreglo había sido Zheng Fa.

La decisión del viejo Bai era comprensible. Por un lado, el entrenamiento no le daba la motivación suficiente; por otro, el ritmo de Zheng Fa había disminuido.

Al final de cuentas, así como un alumno elige a su maestro, un maestro también elige a su alumno, algo todavía más evidente en el Reino Xuanyi.

Para alguien acostumbrado a enseñar a los mejores estudiantes de la Universidad de Jingcheng, era natural que se sintiera algo frustrado con la lentitud de Zheng Fa.

Sin embargo, sus intenciones no eran malas. Para él, lo más importante era que Zheng Fa se concentrara en el examen de ingreso, no en matemáticas avanzadas.

Zheng Fa, de hecho, se sintió agradecido. Que lo invitara aún los fines de semana demostraba una generosidad poco común en un maestro que ya no esperaba nada de su alumno.

Al verlo aceptar con calma, Tang Lingwu soltó un suspiro de alivio… aunque de pronto lo observó con extrañeza.

—¿Por qué miras tanto a Zheng Fa? —preguntó el viejo Bai, molesto por su insistente mirada.

—Es que… se ve distinto —murmuró ella, entrecerrando los ojos.

El viejo Bai entrecerró los suyos y lo examinó de arriba abajo.

—A mí no me parece distinto: sigue con una nariz y dos ojos.

—Necesita lentes para leer —replicó Tang Lingwu con ironía. Ignorándolo, volvió a mirar a Zheng Fa—. ¿Qué productos de cuidado de piel estás usando?

Zheng Fa sabía que había notado los cambios sutiles de su dominio del Cuerpo de la Grulla Espiritual.

—He progresado en las artes marciales —explicó.

—¿Artes marciales? —Tang Lingwu abrió la boca—. Yo pensaba… —miró de reojo al viejo Bai, que buscaba sus lentes—. Yo pensaba que sólo lo decías para engañar al abuelo Bai.

Con los lentes puestos, el viejo Bai se inclinó hacia él como si estuviera haciendo un experimento.

—¿Ve algo? —preguntó Tang Lingwu.

—Nada —respondió él.

—¿Entonces por qué lo ve tanto?

—¿Y yo cómo voy a saber cómo se veía antes? ¡No soy como tú, que se la pasa mirando muchachos todo el día! —replicó el viejo Bai sin inmutarse.

—…Entonces, ¿dominar las artes marciales mejoró tu piel? —preguntó Tang Lingwu, intrigada.

—Sí. Una mañana desperté y fue como si hubiera mudado una capa de piel —dijo Zheng Fa.

—¿Eso significa que los beneficios de longevidad que mencionaste son reales también? —los ojos de Tang Lingwu brillaron de emoción.

—Por supuesto. ¿Creías que estaba mintiendo? —Zheng Fa la miró, y luego al viejo Bai—. ¿Ustedes también pensaban que mentía?

Ambos asintieron al unísono.

—¿Entonces para qué estaban practicando?

—Pues… —el viejo Bai rió con pena—. Me aburría en la jubilación.

—Es realmente milagroso… —Tang Lingwu extendió un dedo como para tocar el rostro de Zheng Fa, pero dudó.

—¿Qué creen que soy, un animal de exhibición? —murmuró Zheng Fa, algo fastidiado.

—Es que hoy en día hay demasiados fraudes en internet… —los dos se encogieron de hombros con sonrisas incómodas.

—¿Ya me creen ahora?

—¡Sí, sí, claro que sí! —asintieron con entusiasmo, sin dejar de observar su cara.

Tras un rato, el viejo Bai se puso algo nervioso.

—Pequeño Zheng… creo que quiero volver a aprender artes marciales.

—¿Otra vez?

—¡Sí!

—¿Pero no que estaba muy ocupado?

—¿Ocupado? ¡Tonterías! Soy un jubilado cualquiera, ¿a quién le importa lo que haga?

—¿Y su libro?

—Lo escribiré más despacio.

Zheng Fa negó con la cabeza.

—Usted mismo dijo que los estudiantes estaban desesperados por ese libro.

—¡Que esperen! ¡No se van a morir de hambre! —el viejo Bai agitó la mano con despreocupación—. No soy ningún gran matemático. Mi libro ni es tan importante.

Zheng Fa ya no soportaba verle la cara tan descarada y se volvió hacia Tang Lingwu.

Ella empujó un té de leche cerrado hacia él con un solo dedo.

—¿?

—Yo también quiero aprender —dijo ella, con un entusiasmo poco habitual brillando en sus ojos—. Te invito el té de leche a cambio.

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