Cultivo: Estudié en el extranjero en los tiempos modernos - Capítulo 20
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- Capítulo 20 - Maestro
La expresión del anciano de rizos al mirar a Zheng Fa era difícil de describir:
Era una mezcla de sorpresa, curiosidad y hasta incomodidad.
Claramente lo había reconocido.
Miró la rama sobre la cabeza de Zheng Fa, luego midió su altura con la propia y habló con cautela:
—J-joven… ¿eso fue kung fu?
—¡No! Solo estaba practicando salto de altura.
—¡No me mientas! ¡Yo hice salto de altura antes! —presumió el viejo con orgullo—. ¡Incluso gané primer lugar en atletismo en la competencia de la ciudad cuando era joven! ¡Lo que hiciste ahí no se parece en nada al salto de altura!
—…Solo estoy improvisando.
—¡Ya entendí! ¡Sectas ocultas, secretos antiguos! —el anciano mostró una expresión de complicidad—. Déjame decirte, yo también practiqué qigong en mis tiempos.
—Vaya, sí que es aficionado usted…
—¡Por supuesto! Mi maestro solía decir que tenía gran talento. De no haber sido por un… accidente, ya tendría renombre en el mundo marcial.
—¿Accidente?
—Oh, arrestaron a mi maestro… por fraude.
Zheng Fa: “…”
El viejo lo miró con una sonrisa zalamera en su rostro arrugado.
—Joven, mi maestro dijo que yo tenía talento, y creo que no mentía. ¿Qué dices? ¿Por qué no me enseñas? ¡Puedo ser tu aprendiz!
Zheng Fa sintió que se le entumecía el cerebro.
—Señor, ¡no existe el kung fu! ¡Tenemos que creer en la ciencia!
—¡Pamplinas! ¡La ciencia no es algo superficial! La verdadera ciencia busca la verdad. Si el kung fu existe, la ciencia debería estudiarlo. —El anciano hablaba con convicción—. ¿Lo que estoy haciendo aquí no es acaso investigación científica?
Zheng Fa tuvo que admitir que, en cierto modo, tenía razón.
—¿Y cómo piensa estudiarlo? ¿Con disecciones?
El viejo lo miró de arriba abajo con expresión peculiar.
—Yo pensaba probarlo en mí mismo, pero si insistes… podría encontrar a alguien que te diseccione.
—¡No! Ya sabe cómo son las reglas de mi secta… ¡nuestros secretos no pueden compartirse a la ligera!
—Ah, ustedes los de las sectas siempre tan reservados, acaparando el conocimiento. ¡Así cómo no iban a desaparecer!
—Sí, sí, tiene toda la razón.
Zheng Fa escuchaba la perorata del anciano mientras retrocedía en silencio. El viejo, al notar que el muchacho ya no quería seguir la charla, se quedó quieto, aunque sus ojos lo siguieron con nostalgia.
Por la tarde, el ambiente en el salón se volvió inquieto.
Los de último año de la Preparatoria Qingshui no tenían fines de semana libres comunes, sino descansos cada dos semanas: desde el viernes por la tarde hasta la autoestudio del domingo por la noche.
El viernes en la tarde era el momento más emocionante para los estudiantes. Muchos de los externos se quedaban a convivir un rato antes de irse a casa.
—¡Zheng Fa! ¿Quieres jugar basquetbol después de clases? —le gritó Wang Chen.
Zheng Fa no era especialmente bueno, pero su altura, resistencia por años de trabajo en el campo y energía le permitían competir al nivel de los demás chicos.
—Hoy no, tengo planes con alguien.
Wang Chen se sorprendió.
—¿Planes? ¿Con quién? —lo conocía desde niño y no recordaba que tuviera amigos fuera de su grupo.
Siguiendo la dirección de su mirada, notó que Zheng Fa veía a Tang Lingwu.
—¡¿Tang Lingwu?! —el rostro de Wang Chen se transformó en una mezcla de incredulidad y bendiciones forzadas.
—Ni una palabra me dijiste y ¿ya vas con todo?
—…Ella me invitó.
—¡Maestro! ¡Enséñeme sus técnicas!
Al ver a Wang Chen llamarlo “Maestro” con tanta seriedad, Zheng Fa supo que iba en serio.
—Créeme, a las chicas esto les encanta —aseguró Wang Chen con confianza mientras lo acompañaba hasta una tienda de té con leche frente a la escuela.
—Yo solo quiero agradecerle —explicó Zheng Fa. Tang Lingwu se había ofrecido a presentarle a su maestro, y era lo mínimo darle las gracias.
Pero como apenas tenía experiencia tratando con chicas de su edad en este mundo, había pedido consejos a Wang Chen. ¿Resultado? Una visita a esta tienda de té.
El lugar era bastante popular, especialmente los viernes, lleno de chicas comprando bebidas. Zheng Fa, sin embargo, nunca había estado. Gastar más de diez yuanes en una bebida le parecía derroche.
—Deme la más popular —le dijo al dependiente, inseguro de qué pedir.
Y claro, la más popular también era de las más caras. Veintiocho yuanes. Zheng Fa sintió que lo habían asaltado.
Él y Tang Lingwu habían quedado de verse cerca de las viviendas de los maestros. Zheng Fa llegó primero, y casi media hora después apareció ella.
—Perdón, mi familia me pidió un favor —se disculpó apenas lo vio.
—No pasa nada, no esperé mucho.
Detrás de ella, un auto negro se detuvo en la esquina. Aunque Zheng Fa no sabía mucho de coches, su simple sentido estético le decía que no era barato.
—Por aquí —dijo Tang Lingwu, guiándolo. Zheng Fa le extendió el té con leche que llevaba.
—Esto es para ti.
Ella lo miró con curiosidad.
—Solo un detalle para agradecerte por traerme.
Tang Lingwu asintió, pero agitó la mano a la altura del pecho.
—Gracias, pero no. No tomo té con leche, es poco saludable.
—¿Eh?
—No lo tomo. Mi mamá no me deja.
Ah, así que el gesto de la mano era pura actuación.
“Ya me lo tomaré yo después”, pensó Zheng Fa, lamentando los 28 yuanes desperdiciados.
Tang Lingwu lo guió a un edificio apartado. Una vez dentro, se detuvo de golpe y extendió la mano frente a él.
Al ver sus cinco dedos esbeltos y luego la bebida en su propia mano, Zheng Fa se la colocó en silencio.
Tang Lingwu le dio un gran sorbo enseguida, con cara de satisfacción.
—¿No que no lo tomabas porque era poco saludable? —preguntó Zheng Fa.
—¿Eres tonto? ¡Mi mamá me estaba vigilando desde el coche! —Tang Lingwu puso los ojos en blanco—. Dije que no lo tomaba porque ella no me deja.
Claro. Solo fachada.
—Espera a que me lo acabe y subimos —dijo Tang Lingwu, veterana en estas batallas secretas, bebiendo feliz mientras platicaba.
—Mi entrenador de competencias es un pariente lejano, algo así como un abuelo. Mi mamá lo conoce y logró que me aceptara.
—¿Él da clases en la escuela?
—No, su hija trabaja aquí. Él ya está jubilado —explicó, acabándose la bebida en pocos tragos como si pudiera tomar otra más—. Antes era profesor universitario. Hasta dicen que fue parte del comité nacional de olimpiadas matemáticas.
—Impresionante.
—Sí, mi mamá tuvo que mover muchos hilos. Antes casi ni trato teníamos con él —admitió Tang Lingwu, haciendo una pausa.
Zheng Fa la miró y se guardó sus comentarios.
Era obvio que la familia de Tang Lingwu tenía buenas conexiones.