Cultivo: Estudié en el extranjero en los tiempos modernos - Capítulo 18
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- Capítulo 18 - ¡Los jóvenes deben creer en la ciencia!
Zheng Fa miró los patrones una y otra vez, pero no pudo descifrar nada. Los papeles estaban llenos de líneas caóticas e irregulares, como si hubieran sido dibujadas al azar. Si Gao Yuan no hubiera dicho que estaban relacionados con la Secta Inmortal, Zheng Fa habría creído que su hermanita los había garabateado.
—¿De dónde sacaste esto? —preguntó, dejando los papeles a un lado y mirando a Gao Yuan.
—Me lo dio mi padre —respondió Gao Yuan, con la mirada perdida en el techo y expresión abatida.
—¿Tu padre dijo que esto es un talismán?
—No es que lo dijera mi padre. ¿No te conté antes? El Séptimo Joven Maestro tuvo cinco asistentes de estudio antes que nosotros —explicó Gao Yuan—. Esto lo dibujó el primero de ellos.
—¿Y cómo supo de esto?
—Mi padre dice que no es ningún secreto en la residencia. Se sabe que, por alguna razón, aunque tiene aptitud para el cultivo, el Séptimo Joven Maestro no puede cultivar. —Gao Yuan bajó la voz instintivamente, aunque solo estaban ellos dos en la habitación.
Zheng Fa recordó que el propio Instructor Jefe Xu había mencionado algo similar.
—Pero el Séptimo Joven Maestro nunca se ha rendido. Se pasa los días revisando libros de talismanes y conjuros.
Zheng Fa señaló los patrones del papel.
—¿Esto?
—¡Exacto! Eso lo copió en secreto uno de los asistentes. Pero la señora lo expulsó con severidad por hacerlo —frunció el ceño Gao Yuan—. Y para mí, esto es inútil. ¿Quién podría entender algo de aquí?
Zheng Fa asintió.
Aunque empezaba a creer que esos garabatos eran en efecto talismanes, por más que los miraba no encontraba nada especial en los patrones.
—¿Y tu padre consiguió esto?
—¿Cuántos en la familia Zhao no intentan congraciarse con el Séptimo Joven Maestro? Si lo adulan, siempre encuentran el modo. Además, no es ningún secreto; ¡nadie los entiende de todas formas!
Zheng Fa no pudo evitar suspirar. La residencia Zhao realmente hacía honor a su fama de estar ligada a la Secta Inmortal. Aunque Gao Yuan lo dijera como si fuera fácil, fuera de la finca esos papeles serían tesoros inalcanzables para cualquier plebeyo.
Se quedó mirando los patrones otra vez, grabándolos en su memoria en silencio.
Esa noche, Zheng Fa notó que Gao Yuan seguía dándole vueltas a los papeles.
—¿No que ya habías renunciado?
—¡Si renuncio, puedo irme despidiendo de mi puesto de asistente! —rechinaron los dientes de Gao Yuan. Zheng Fa asintió y se dejó caer en la cama, quedándose dormido bajo la tenue luz.
Cuando despertó, ya estaba de vuelta en el mundo moderno.
El cielo seguía oscuro, apenas pasaban de las cinco de la mañana. Zheng Fa llenó rápido el estómago, tomó solo sus llaves y salió. Las calles estaban casi vacías, salvo unos cuantos trabajadores de limpieza con chalecos naranjas barriendo hojas caídas.
A unos 500 metros de la Preparatoria Qingshui había un pequeño parque. Zheng Fa entró y encontró a varios ancianos ejercitándose. Su presencia, siendo un adolescente, atrajo miradas curiosas.
Halló un espacio libre y adoptó la postura del Pino y la Grulla. Con cada respiración, una calidez familiar lo recorrió.
¡Funcionaba!
Zheng Fa casi pierde el ritmo de la emoción. Siempre había tenido la duda de si practicar técnicas de cultivo en el mundo moderno serviría, temía que las reglas distintas lo impidieran. Se había levantado temprano solo para probarlo, y para su alegría, iba todo bien.
Reprimiendo su entusiasmo, se concentró en guiar el flujo de energía dentro de su cuerpo. Al terminar la práctica diaria, su estómago rugió de hambre y, al exhalar, dejó escapar un claro y agudo grito de grulla.
Al abrir los ojos, se encontró con un rostro arrugado a centímetros del suyo: un anciano lo miraba con curiosidad. Vestía solo una camiseta blanca interior y retrocedió torpemente al cruzar miradas.
—¿Estabas… calentando la voz? ¿Entrenas para cantar? —preguntó, desconcertado por el sonido que había hecho Zheng Fa.
—Eh… solo ejercitándome —respondió Zheng Fa.
—¿Ejercicio? —el hombre rió y lo imitó torpemente—. ¿Esto te mantiene en forma?
—No lo sé, lo aprendí por ahí —respondió incómodo. Explicar la postura del Pino y la Grulla, o algo del otro mundo, sería boleto directo al psiquiátrico.
—Ustedes los jóvenes ven demasiados videítos —dijo el viejo con tono sabihondo—. Eso de artes marciales antiguas y energías internas y externas son puras tonterías. ¡Para ejercitarse lo mejor es correr! Si el gobierno fuera más estricto, esos “maestros” ya estarían todos en la cárcel. —Lo observó con detenimiento—. ¿Vives por aquí? ¿Eres estudiante de la Preparatoria Qingshui?
La pregunta lo puso en guardia. Ese hombre sonaba como alguien ligado a la escuela.
—Soy de la ciudad vecina, ¡solo estoy de visita! —respondió apresurado, y se salió del parque.
—¡Ejercitarse está bien, pero no crean todo lo que ven en internet! ¡Confía en la ciencia, muchacho! —le gritó el viejo desde atrás.
Zheng Fa, sudando, se prometió no volver a ese parque.
Después del autoestudio matutino, Zheng Fa estaba en la cafetería, con un bollo de carne en una mano y un bolígrafo en la otra, dibujando los patrones en un pedazo de papel. Poco a poco fue formando varios diseños parecidos a bolas de estambre: los supuestos “talismanes” que estudiaba Gao Yuan.
En su momento no se había detenido demasiado porque había notado la tensión de Gao Yuan. Últimamente Zheng Fa avanzaba un poco más rápido en las artes marciales, y aunque Gao Yuan intentaba ocultarlo, entre los dos se estaba abriendo cierta distancia. Además, Zheng Fa seguía desconfiando de la gente de la residencia Zhao, incluso de Gao Yuan.
Sabía que los talismanes de la Secta Inmortal eran tentadores, pero claramente no estaban hechos para mostrarse a cualquiera. ¿Si no por qué el padre de Gao Yuan los había escondido en una caja de comida? Mientras Gao Yuan podía estudiarlos con el respaldo de su padre mayordomo, Zheng Fa no estaba seguro de qué consecuencias podría traerle mostrar demasiado interés. Así que decidió estudiarlos en este mundo.
Su memoria lo ayudaba: con solo una mirada ya tenía los patrones grabados en la mente. Sin embargo, cuanto más los veía, más entendía la frustración de Gao Yuan. Eran incomprensibles.
—¿Qué ves ahí? —de repente apareció Wang Chen, asomando la cabeza y frunciendo el ceño al mirar el papel—. ¿Qué es eso? ¿Te estás preparando para una competencia de matemáticas?
—¿Competencia de matemáticas?
—Sí, si no, ¿para qué estás dibujando figuras geométricas?
El interés de Zheng Fa se encendió.
—¿Tú crees que esto tenga relación con una competencia de matemáticas?
—Tal vez. Nunca he ido a los entrenamientos, pero he visto ejercicios. Solo con mirarlos ya te duele la cabeza. —Examinó de nuevo los patrones y añadió—: Sí, de ese tipo de cosas que te dan ganas de vomitar y pensar que te falta cerebro.