Creo que le gusto a ese hombre mayor - Capítulo 95

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Cha Hyuk esbozó una suave sonrisa y asintió.

—Está bien.

—Entonces háblame de ti. De todo. Desde tu infancia hasta las peores partes, incluso los momentos infelices.

—…No son precisamente historias que valga la pena escuchar.

—Yo quiero escucharlas. Quiero tener muchas cosas en las que pensar mientras te espero.

La mirada de Yebon no vaciló mientras lo observaba.

Al verlo así, Cha Hyuk dejó de dudar.

—Está bien. Te lo contaré todo.

—

—Nada de esto fue culpa tuya.

Esas fueron las palabras que Yebon había murmurado en cuanto vio a Cha Hyuk, mientras entraba y salía de la inconsciencia.

Cada palabra que decía Yebon, cada cosa que hacía…

Le dolía en el corazón.

Lo abrumaba.

Y, por encima de todo…

Hacía que Cha Hyuk lo amara todavía más.

Entre las ocho y las ocho con tres minutos de la mañana, Yebon giró de pronto la cabeza hacia la puerta de la habitación.

Si esperaba un poco más, la puerta se abriría y Cha Hyuk entraría con aquella expresión todavía algo incómoda.

—¡Hyung!

Yebon lo llamó con alegría, y Cha Hyuk sonrió arrugando ligeramente la nariz.

Su madre, que estaba sentada junto a él, también esbozó una sonrisa incómoda y se puso de pie.

—Entonces, me voy al trabajo.

—Está bien. Cuídate.

En la entrada de la habitación, su madre inclinó levemente la cabeza hacia Cha Hyuk, y él respondió con una reverencia cortés.

—Hoy volveré un poco tarde, así que… eh… te lo encargo, ¿de acuerdo?

—Sí, por supuesto, madre. Me quedaré a su lado y me aseguraré de que no ocurra nada. No se preocupe y que tenga un buen día.

Después de aquella breve despedida, la madre de Yebon finalmente se marchó y el ambiente incómodo de la habitación comenzó a relajarse.

—¿Dormiste bien, Yebon?

Yebon estaba a punto de responder cuando vio una caja blanca de pastel.

Reconoció de inmediato el logotipo impreso en la caja que Cha Hyuk sostenía.

Era de aquella cafetería de postres cerca de la universidad, la que solían visitar con frecuencia.

—¡Trajiste pastel!

El rostro de Yebon se iluminó y estiró la mano enseguida, pero Cha Hyuk negó con la cabeza con una sonrisa traviesa.

—No. Comer pastel a primera hora de la mañana no es buena idea. Esperemos hasta más tarde.

Aunque su tono era amable, Cha Hyuk se mostró firme.

Ni siquiera los ojos brillantes y suplicantes de Yebon lograron convencerlo. Guardó rápidamente la caja en el refrigerador.

—…Solo un bocado…

—No.

Yebon terminó por rendirse, aunque hizo un puchero.

Con el cabello revuelto como un nido de pájaros y aquella expresión enfurruñada, se veía demasiado adorable.

Cha Hyuk soltó una risita y se sentó en el borde de la cama.

—También compré el de avellana… el que te gusta.

Mientras hablaba, pasó suavemente los dedos por el cabello enredado de Yebon para acomodárselo.

Yebon aceptó la caricia en silencio, pero de pronto inclinó la cabeza con curiosidad.

—Pero… ¿ese lugar abre tan temprano?

—No. Lo reservé con anticipación y fui a recogerlo anoche.

Aunque ya había visitado el hospital el día anterior, aun así se había tomado la molestia de hacer una reservación y recoger el pastel.

El corazón de Yebon se llenó de calidez.

—Debió ser una molestia. ¡Gracias!

Abrió los brazos y atrajo a Cha Hyuk hacia un abrazo.

En lugar del intenso olor a colonia que solía llevar, el aire se llenó de una suave fragancia a suavizante de ropa.

En vez de las rígidas camisas de vestir que usaba antes, lo que rozaba la mejilla de Yebon era una suave camiseta de algodón.

Cha Hyuk ya no llevaba el cabello peinado hacia atrás con cera y aquel día había aparecido con una sencilla camiseta oscura de manga corta y jeans.

Se veía completamente diferente de antes.

Pero a Yebon le gustaba aún más esta versión de Cha Hyuk.

Se acurrucó contra su pecho y alzó la mirada. Vio la expresión relajada de su rostro y aquella cálida sonrisa que lo hacía parecer tranquilo.

—¿Una molestia? Para nada.

Intercambiaron sonrisas, pero solo por un instante.

De pronto, como si acabara de recordar algo, Yebon se apartó del abrazo.

El calor que permanecía sobre su piel desapareció de inmediato, y Cha Hyuk extendió la mano por instinto.

Sin embargo, en lugar de alcanzar a Yebon, sus dedos rodearon otra cosa.

—Esto —dijo Yebon—. Es lo que mencionaste antes, hyung.

Sacó algo de detrás de la funda de su teléfono y se lo entregó.

Era un pequeño pedazo de papel.

Una fotografía para identificación.

Cha Hyuk se la había pedido antes, pero con todo lo que había ocurrido, Yebon la había olvidado por completo hasta ese momento.

—Ayer me acordé y le pedí a mamá que la trajera. Debí habértela dado antes…

Sintiendo culpa por haberse tardado tanto, Yebon se frotó torpemente la nuca.

Mientras tanto, Cha Hyuk observaba en silencio la fotografía que sostenía entre los dedos.

En ella, Yebon le devolvía la mirada con una sonrisa rígida.

—Qué lindo. Gracias.

Había tenido muchas oportunidades de pedírsela otra vez, pero nunca lo hizo.

Se había sentido un poco mal por eso y, como Yebon parecía haberlo olvidado, decidió dejarlo pasar.

Ahora, frotó lentamente el pulgar sobre la superficie de la fotografía.

Verlo hacer eso hizo que Yebon se sintiera extrañamente avergonzado, y el calor subió de golpe a su rostro.

—¡N-No la mires tanto…! ¡Me da vergüenza!

Una mano pequeña y pálida apareció de repente e intentó arrebatarle la fotografía.

Cha Hyuk desvió ligeramente la mirada hacia Yebon y luego se recostó contra el cabecero de la cama.

—Bueno, ahora puedo mirar al de verdad.

Con una sonrisa juguetona, extendió la mano y acarició la mejilla de Yebon. Después, sus dedos se deslizaron lentamente hasta la parte posterior de su cabeza.

Con un suave tirón, Yebon sintió que lo acercaba.

Su rostro se enrojeció todavía más.

—¡H-Hyung…! Sé que es una habitación privada, pero aun así…

Hacer algo tan descarado en un hospital…

Yebon apretó con fuerza los labios, y los nervios hicieron que le temblara el rostro.

Pero, al contrario de lo que esperaba, nada tocó sus labios.

Confundido, comenzó a abrir los ojos.

Entonces oyó el clic del obturador de una cámara.

Los ojos de Yebon se abrieron de golpe.

Cha Hyuk sostenía el teléfono en alto mientras hacía un gran esfuerzo por contener una sonrisa.

—¿Qué acto descarado, Yebon?

Su voz rebosaba diversión, y Yebon sintió que iba a derretirse de pura vergüenza.

—¡No, tú…! ¡Tú fuiste quien…!

¡Cualquiera habría pensado que iba a besarlo!

Completamente humillado, Yebon miró a Cha Hyuk con expresión traicionada.

Pero antes de que pudiera hacer nada…

Clic.

Otra fotografía.

—¡Ah! ¡Deja de tomarme fotos! ¡¿Por qué haces eso?!

Yebon se abalanzó hacia delante para arrebatarle el teléfono, pero Cha Hyuk simplemente lo envolvió en un fuerte abrazo.

—Shh. Si te mueves demasiado, la herida volverá a abrirse.

Y, como si eso no fuera suficiente, añadió:

—Además, aunque te tomara una foto desde abajo y con el peor ángulo posible, seguirías viéndote lindo, bonito y guapo, así que no importa.

Mientras hablaba, le daba suaves palmadas en la parte baja de la espalda con un ritmo tranquilizador.

Yebon se removió con frustración, pero finalmente suspiró.

Cha Hyuk tenía razón.

Si forcejeaba demasiado, su herida podía empeorar.

—…Hmph. Está bien. Lo dejaré pasar.

—Mhm. Mi lindo, encantador, bonito y guapo Yebon.

—¡N-No lo estoy dejando pasar por eso, ¿entendido?!

Yebon protestó de inmediato, pero Cha Hyuk se limitó a asentir como si no le creyera en absoluto.

Era irritante, pero…

Si Yebon lo pensaba bien, había cosas mucho peores que escuchar.

Y como era una persona tan generosa, decidió dejarlo pasar.

Acurrucado en los brazos de Cha Hyuk, su cuerpo se fue relajando poco a poco.

Las suaves palmadas en la parte baja de su espalda subieron lentamente, golpeándole la espalda con un ritmo tranquilizador, casi como si estuviera calmando a un niño.

Sintiendo sueño, Yebon levantó la cabeza lo suficiente para apoyar la barbilla sobre el hombro de Cha Hyuk y preguntó:

—¿Qué historia me contarás hoy?

—…¿Tengo que contarte otra hoy?

Cha Hyuk no parecía muy entusiasmado con la idea, pero Yebon asintió con firmeza.

Cada vez que movía la barbilla, las vibraciones se transmitían directamente al pecho de Cha Hyuk.

Debido a la insistencia constante de Yebon, Cha Hyuk siempre terminaba compartiendo fragmentos de su pasado cada vez que iba a visitarlo.

Si había algo de lo que realmente no quería hablar, Yebon no lo presionaba.

Pero para alguien como Cha Hyuk, que hacía mucho había decidido que el pasado era innecesario y había optado por olvidarlo, nunca era fácil.

Cha Hyuk dejó escapar un murmullo grave.

Su garganta se movió ligeramente antes de que finalmente hablara.

—Cuando estaba en la preparatoria.

La preparatoria, otra vez.

Por alguna razón, Cha Hyuk siempre hablaba más sobre aquella época.

Objetivamente, sus años de preparatoria probablemente habían sido la etapa más corta de su vida y, sin embargo, hablaba de ellos como si fueran el único período que permanecía nítido en su memoria.

La última vez había mencionado cómo, durante un viaje escolar, los profesores se habían tomado la molestia de revisar minuciosamente sus pertenencias.

«¿Qué historia será esta vez?»

Yebon se apoyó contra el hombro de Cha Hyuk y escuchó con atención.

—En mi primer año, una chica de mi clase se me declaró.

—Oh, una declaración… Espera, ¿qué?

¿Una declaración?

Eso no era lo que esperaba escuchar.

Yebon levantó la cabeza de golpe y miró a Cha Hyuk con sorpresa.

No podía ser…

¿Una historia de amor?

Su mirada vaciló.

Objetivamente, tenía todo el sentido del mundo.

Cha Hyuk era guapo, así que, por supuesto, debía haber sido popular.

Pero ¿escuchar directamente sobre su vida amorosa pasada?

No estaba preparado mentalmente para eso.

—Pensé que solo estaba bromeando, así que le respondí de una forma un poco dura.

—¿Una broma?

¿Alguien se le había declarado a Cha Hyuk como una broma?

¿Quién haría algo tan estúpido?

—No puede ser. ¿Quién se te declararía como una broma? A menos que la rechazaran y, por vergüenza, dijera que solo estaba jugando.

—Pasaba mucho en la primaria y la secundaria. Cosas como apuestas, perder en piedra, papel o tijera… bromas tontas de ese tipo.

Porque en aquel entonces, ese era mi lugar.

Cha Hyuk lo dijo con tanta naturalidad que el pecho de Yebon volvió a oprimirse.

Cada vez que escuchaba algo sobre el difícil pasado de Cha Hyuk, sentía una frustración dolorosa.

A veces incluso deseaba haber nacido el mismo año que él y haber asistido a la misma escuela.

Solo para poder haber estado allí.

—Así que supuse que esa chica también estaba burlándose de mí. Pero no era así. Ahora que lo pienso… se había mudado desde muy lejos, así que probablemente no tenía idea de qué clase de pasado tenía yo.

La mano que había estado dando suaves palmadas en la espalda de Yebon se detuvo.

—Acababa de salir de la secundaria, así que todavía estaba a la defensiva por todo. Mirando hacia atrás, probablemente debí disculparme y decirle que había sido un malentendido. Pero en aquel momento sentí que, si me disculpaba, ella descubriría todo sobre mi pasado.

—…Entonces, al final, ¿nunca pudiste disculparte?

—No. Y el siguiente semestre se cambió de escuela. Creo que dijo que era por sus padres… pero no lo recuerdo con claridad. En fin… a veces pienso en eso. Me siento un poco mal.

Lloró mucho frente a mí.

Cha Hyuk estrechó el abrazo alrededor de Yebon y frotó la mejilla contra la coronilla de su cabeza.

Era un recuerdo melancólico.

Uno que podría haberse desvanecido hasta perder toda importancia con el paso del tiempo.

Pero, en cambio, permanecía allí, intacto y dolorosamente vivo.

—…Si pudiera volver atrás, probablemente no le habría dicho algo tan cruel.

La oscuridad en la mirada de Cha Hyuk no era solo arrepentimiento.

Había algo más profundo.

Nostalgia.

Quizás incluso un apego persistente hacia el pasado.

Yebon vaciló antes de preguntar en voz baja:

—Hyung… ¿quieres volver a la preparatoria?

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