Creo que le gusto a ese hombre mayor - Capítulo 94
Al oír la voz de Yebon, Cha Hyuk se levantó de inmediato y caminó hacia él con grandes zancadas.
—…Pensé que no vendrías.
—¿Quién es el hyung aquí?
Al escuchar el tono enfurruñado de Yebon, Cha Hyuk esbozó una sonrisa amarga.
Tenía el cabello desordenado, con varios mechones cayéndole sobre los ojos, y profundas ojeras bajo ellos. Tal como había dicho Seunggu, su aspecto era terrible.
Al verlo así, una nueva oleada de emociones sacudió a Yebon y, por un momento, sintió que podía echarse a llorar.
—…Lo siento. ¿Te encuentras bien?
—Sí… bueno… solo tengo una pequeña fractura en las costillas y un esguince en el tobillo. Me darán el alta dentro de tres días. Tú arreglaste lo de la habitación privada, ¿verdad?
Cha Hyuk vaciló antes de asentir levemente.
Con eso, todo el resentimiento y la frustración que Yebon había estado acumulando se desvanecieron por completo.
En su lugar, acabó sonriendo.
—Gracias. Tú también fuiste quien me salvó aquella noche, ¿verdad? Creo que te vi.
—…Sí. Fui yo.
Así que su memoria no se había equivocado.
Yebon asintió, tomó la mano de Cha Hyuk y tiró de él hacia las sillas.
Iban a hablar durante un buen rato.
—¿Cómo lograste encontrarme? No hay forma de que Kim Hyunwoo te lo dijera.
—…En realidad…
Para ser alguien de su tamaño, Cha Hyuk de pronto pareció muy pequeño. Se encorvó ligeramente, inquieto, mientras evitaba la mirada de Yebon.
—Yo… instalé una aplicación de rastreo en tu teléfono hace un tiempo…
—…¿Qué?
Yebon se quedó inmóvil.
¿Una aplicación de rastreo?
Su mente se quedó en blanco por un instante y solo pudo mirar a Cha Hyuk, completamente atónito.
Al darse cuenta de que definitivamente había hecho algo malo, Cha Hyuk se apresuró a explicarse.
—E-Es solo que… noté que algunas personas parecían estar siguiéndote, así que pensé que era mejor prevenir. Pero supuse que, si te lo decía, solo te pondrías más paranoico, así que la configuré para que se eliminara sola después de un mes. Te juro que no lo hice con ninguna intención extraña, solo… ugh… está bien. Me equivoqué.
Yebon no tenía idea de cuándo había conseguido instalarla.
Jamás había imaginado que algún día su propio teléfono terminaría con un rastreador instalado a escondidas.
Si lo pensaba con lógica, debería estar enojado.
Sin embargo, Cha Hyuk ni siquiera era capaz de mirarlo a los ojos. Tenía los labios apretados y toda su postura se parecía a la de un perro enorme sorprendido haciendo algo malo.
Incluso las comisuras de sus labios caían ligeramente, marcando unas débiles líneas a su alrededor…
Era adorable.
La ira de Yebon desapareció.
Además, sabía perfectamente que Cha Hyuk no era el tipo de persona que haría algo así a la ligera.
—…Para ser sincero, debería enfadarme contigo por haberlo hecho a mis espaldas —dijo Yebon—. Pero, teniendo en cuenta la situación, esta vez lo dejaré pasar.
En cuanto lo dijo, el rostro de Cha Hyuk se iluminó de alivio.
Pero Yebon todavía no había terminado.
—Pero la próxima vez, dímelo. Si vuelves a hacer algo así, no lo dejaré pasar.
Extendió el meñique.
Las cejas de Cha Hyuk se inclinaron hacia abajo mientras soltaba un pequeño suspiro, y luego enlazó su meñique con el de Yebon.
Su dedo era mucho más largo y grueso, así que, en vez de quedar completamente enlazado, el meñique de Yebon terminó prácticamente estirado.
Y con eso, la promesa quedó sellada.
—Pero, Yebon… después de todo lo que pasó, ¿todavía puedes pensar en el futuro?
Había algo extraño en su tono.
Yebon entrecerró un ojo y lo observó con desconfianza.
—Hyung, ni se te ocurra. Nada de esto fue culpa tuya. Todo fue culpa de Kim Hyunwoo.
—……
Cha Hyuk permaneció en silencio durante un largo rato antes de murmurar:
—…De verdad me sobrepasas.
—¿Qué?
Yebon parpadeó, confundido.
¿De qué demonios estaba hablando?
Pero Cha Hyuk no dio más explicaciones. Solo permaneció sentado en silencio, con las puntas de las orejas ligeramente enrojecidas.
El único sonido en la habitación era el tic-tac del reloj.
Entonces, con voz firme, Cha Hyuk volvió a hablar.
—Yebon, creo que… deberíamos tomarnos un tiempo.
Yebon pensó que había oído mal.
Un segundo antes estaban bien.
Habían estado hablando y resolviendo las cosas.
Entonces, ¿por qué demonios Cha Hyuk salía de repente con semejante estupidez?
Sus labios se entreabrieron por la sorpresa, pero en cuanto vio aquellos ojos oscuros y serenos mirándolo, las palabras se le atascaron en la garganta.
—…Ya habías tomado la decisión antes de preguntarme, ¿verdad?
—…No lo negaré.
—Eres un maldito hijo de puta.
Los ojos de Yebon comenzaron a enrojecerse.
—¿Ya te cansaste de mí? ¿Es eso? ¿Me lastimo demasiado seguido? ¿Cuando dijiste que te sobrepasaba querías decir que ya soy demasiado para ti? ¡Tú fuiste quien se acercó a mí primero, así que cómo demonios puedes hacerme esto! ¡Bastardo!
¡No voy a terminar contigo!
Furioso, Yebon intentó agarrar a Cha Hyuk del cuello de la camiseta, mientras las lágrimas le caían sin control.
Pero Cha Hyuk atrapó sus manos antes de que pudiera hacerlo y rozó suavemente con los labios los dedos temblorosos de Yebon.
—No. No es eso, Yebon. No estoy terminando contigo. Nunca lo haré.
—¡Mentira! Entonces, ¿qué demonios fue todo eso que acabas de decir? ¡Si no tienes el valor de decir directamente que quieres terminar conmigo, al menos no seas tan cobarde!
Yebon estaba perdiendo completamente el control.
Cha Hyuk, sinceramente, no había esperado una reacción tan violenta.
…Aunque, pensándolo bien, no era la primera vez.
Incluso la vez anterior, cuando alguien había intentado terminar con él, Yebon había respondido besándolo directamente.
Cha Hyuk dejó escapar un profundo suspiro.
Debió haber elegido mejor sus palabras.
Negando rápidamente con la cabeza, dijo:
—¿Por qué demonios iba a terminar contigo? Te amo, Yebon. Más que a cualquier cosa.
Al escuchar eso, Yebon finalmente comenzó a calmarse, aunque el pecho todavía le dolía por los gritos y los movimientos bruscos.
Cerró los puños y miró fijamente a Cha Hyuk. Sus ojos prácticamente gritaban:
Explícate bien. Ahora mismo.
Cha Hyuk soltó lentamente el aire antes de volver a hablar.
—Pensé que podía soportarlo todo. Creí que, pasara lo que pasara, siempre sería capaz de protegerte. Ese fue mi error.
Nunca consideré siquiera la posibilidad de que ocurriera algo fuera de mi control.
Pero, antes de darme cuenta, ocurrió.
Y no pude hacer nada para impedirlo.
Cha Hyuk cerró lentamente los ojos y luego volvió a abrirlos.
—Si algo así vuelve a suceder… no creo que pueda soportarlo. Solo pensarlo me aterra. Terminaré asfixiándote, vigilando cada uno de tus movimientos, asegurándome de que nunca salgas de mi vista. Podría perder la cabeza de verdad.
—…Hyung, esto no fue cul—
—No importa de quién sea la culpa. El hecho es que estuviste en peligro, Yebon. Si nunca me hubieras conocido, nada de esto te habría pasado.
Era lo último que Yebon quería escuchar.
Oír al propio Cha Hyuk decir algo así, como si lamentara haberlo conocido, le pareció el peor resultado posible.
—No digas eso. ¿Por qué hablas como si te arrepintieras de estar conmigo? Yo no me arrepiento de nada.
Cha Hyuk apretó con más fuerza las manos de Yebon y negó con la cabeza.
—Yo tampoco me arrepiento. Ni por un segundo. Pero, si nada cambia… voy a terminar rompiéndome. Tengo que… necesito cambiar, Yebon. Debo asegurarme de que nada de mi mundo pueda volver a representar un peligro para ti.
Yebon no pudo responder.
Solo se quedó mirando a Cha Hyuk con los ojos tristes y vacilantes.
—Antes de conocerte, Yebon… odiaba mi vida. Nunca, ni una sola vez, quise seguir viviendo de la manera en que lo hacía.
Solo quiero amarte de una forma normal.
Al escuchar esas palabras, Yebon finalmente lo comprendió.
No se trataba solo de él.
Cha Hyuk quería cambiar.
No solo por Yebon, sino también por sí mismo.
¿Y cómo podía Yebon impedirle hacer eso?
—…¿Tardarás mucho?
—…Probablemente. Pero intentaré regresar antes de que te gradúes.
Su voz carecía de confianza.
Yebon podía oírlo.
Podía sentirlo.
Después de un breve silencio, Yebon habló primero.
—…Si vuelves e intentas decir algo diferente, te juro que me pegaré a ti como una lapa y nunca te soltaré.
En su voz había un leve rastro de broma, y Cha Hyuk esbozó una débil sonrisa.
—Tal vez… ya no me quieras cuando vuelva. Para entonces, probablemente estaré todavía peor que ahora.
Yebon observó lentamente el estado actual de Cha Hyuk.
—Ya te ves peor que antes. ¿Acaso has estado durmiendo bien?
Liberó sus manos y frotó suavemente con el pulgar la piel bajo los ojos de Cha Hyuk.
Estaba áspera y reseca.
Le dolía con solo tocarla.
Yebon frunció el ceño con preocupación, pero Cha Hyuk cerró los ojos ante la caricia, como si quisiera saborear aquel instante.
—…¿De verdad no vamos a vernos durante un tiempo?
—No… Creo que al menos puedo quedarme hasta que te den el alta.
—Bueno, gracias a Dios. Pero entonces… ¿dónde has estado durmiendo todo este tiempo?
—A veces me quedaba en un motel cercano. Pero tenía muchas cosas de las que ocuparme, así que apenas estaba allí.
Con razón parece un desastre.
Yebon murmuró aquel pensamiento para sí mismo antes de tomar la mano de Cha Hyuk y tirar de él para que se pusiera de pie.
—Hasta el día en que me den el alta… ¿puedes pasar todo ese tiempo conmigo?
Yebon alzó la mirada hacia él con ojos expectantes, como si dijera:
No serás capaz de negarte a esto, ¿verdad?