Creo que le gusto a ese hombre mayor - Capítulo 73
Tras un breve silencio, Cha Hyuk volvió a preguntar:
—¿Por qué? ¿Pasó algo?
La sorpresa en su voz era evidente.
No consiguió ocultarla.
Yebon no respondió de inmediato.
Se limitó a juguetear distraídamente con el marco de la ventanilla.
Nunca había hablado con nadie sobre los problemas de su familia.
Para cualquier otra persona, probablemente sería un tema incómodo o simplemente desagradable.
Además…
Hablar de ello no cambiaría nada.
Aunque el silencio se prolongó, Cha Hyuk no insistió.
Simplemente mantuvo la vista al frente mientras conducía con tranquilidad.
Aun a esas horas, los automóviles seguían pasando a gran velocidad por la autopista.
—Sí… No es como si tuviera que saber absolutamente todo sobre ti. Y tampoco tienes que contarme nada si no quieres.
Es cierto.
Pero, seamos sinceros…
Todo lo relacionado contigo siempre ha sido algo «de lo que no puedes hablar».
Las palabras que Lee Seunggu le había dicho una vez volvieron de repente a su memoria.
Miró su reflejo en el cristal de la ventana.
Luego volvió la vista hacia Cha Hyuk.
Y, finalmente, habló.
—Puede que esto sea algo muy deprimente, pesado e incómodo de escuchar.
¿De verdad estás seguro de que quieres oírlo?
—Claro.
Si podemos hablar de las cosas felices…
También podemos hablar de las tristes y de las que nos agotan.
Yebon giró completamente la cabeza para mirarlo.
Después acomodó un poco el cuerpo hacia su lado.
El cinturón de seguridad le oprimía ligeramente el pecho, así que tiró distraídamente de él.
—Ese día…
Mi mamá vio la herida que tengo en el cuello.
—No dejaba de preguntarme qué había pasado.
Como no podía decirle la verdad, inventé una mentira.
Le dije que me había emborrachado y me había raspado con un clavo en una obra en construcción.
Ahora que lo decía en voz alta…
Sonaba todavía más absurdo.
Una sonrisa amarga escapó de sus labios.
Seguramente su madre también se había quedado sin palabras cuando escuchó semejante explicación.
Yebon lanzó una mirada furtiva hacia Cha Hyuk.
Pero la expresión de este seguía completamente seria.
No había ni rastro de diversión.
—Obviamente no me creyó.
Me pidió que le dijera la verdad, pero…
¿Cómo iba a hacerlo?
Si le contaba lo que pasó…
No iba a detenerse ahí.
Seguiría preguntando hasta descubrirlo todo.
No tenía el valor de contarle toda la verdad.
Y, en el fondo…
Tampoco creía que pudiera entenderlo.
—No podía ser sincero con ella.
Pero seguía insistiendo una y otra vez…
Y al final…
Perdí los estribos.
Me enfadé con ella.
Y ella también se enfadó conmigo.
Por eso me castigó sin dejarme salir.
Nunca lo habían castigado cuando era niño.
Y ahora…
Ya siendo adulto…
Por fin le había tocado.
Mientras hablaba, Yebon seguía observando disimuladamente el rostro de Cha Hyuk.
Siempre le ocurría lo mismo cuando contaba algo importante.
No saber qué estaba pensando la otra persona hacía que le costara aún más seguir hablando.
—…Hoy me escapé de casa.
Si me descubren cuando vuelva…
Probablemente no me dejen salir durante el resto de las vacaciones.
—Debió de ser muy duro para ti todo este tiempo…
Y yo, sin darme cuenta, solo hice que fuera todavía peor.
Mientras tú lo estabas pasando mal…
Yo no hice más que comportarme como un cobarde.
Cha Hyuk soltó un largo suspiro cargado de arrepentimiento.
—Lo siento, Yebon.
—No pasa nada.
Ya dijiste que no volverías a hacer algo así.
Con eso me basta.
Yebon cruzó los brazos.
Su tono era seco.
Pero, después de decirlo en voz alta…
Realmente ya no parecía un asunto tan enorme.
El ambiente entre ambos no era pesado.
Y, por alguna razón…
Sentía que una parte del peso que llevaba dentro había desaparecido.
—Entonces…
¿Eso era todo?
¿No hay más historias tristes, pesadas y deprimentes?
—…¿De verdad quieres escuchar más?
—Si se trata de ti…
Quiero conocerlo todo.
Las cosas buenas.
Las bonitas.
Las dolorosas.
Las tristes.
Todo.
—¿No sería mejor quedarte solo con las buenas?
—Hablar de tus heridas significa mostrar tus puntos débiles.
Y eso no se hace con cualquiera.
Solo con alguien en quien confías.
—……
En ese instante…
Yebon comprendió por fin por qué siempre evitaba hablar de sus propios sentimientos.
No era únicamente porque creyera que podía convertirse en una carga para los demás.
Había tratado sus emociones como si fueran una debilidad.
Algo que jamás debía mostrar.
Quizá Cha Hyuk tenía razón.
Tal vez le daba mucho más miedo revelar sus propias vulnerabilidades…
Que la reacción de los demás.
—Por eso…
Si algún día decides contarme cosas como esas…
Lo único que puedo sentir es felicidad.
—…¿De verdad?
—Claro.
Aunque también es mi responsabilidad convertirme en alguien con quien puedas abrirte.
Yebon no pensaba seguir hablando.
Pero había algo en la voz tranquila de Cha Hyuk…
Que hizo que todas aquellas palabras que llevaba tanto tiempo tragándose…
Comenzaran a salir por sí solas.
—…La verdad…
A veces desearía que mi mamá simplemente se rindiera conmigo.
Que dejara de esperar cosas de mí.
Si nunca esperara nada…
Entonces, sin importar lo que descubriera sobre él…
Ya no podría sentirse decepcionada.
Simplemente…
Lo dejaría ir.
—…Soy horrible, ¿verdad?
Sobre todo porque mi mamá solo me tiene a mí.
Pasó por tantas cosas para criarme.
Mi papá…
Su voz se apagó.
¿De verdad voy a contar esto?
¿Está bien soltar algo tan pesado de golpe?
Las dudas inundaron su mente.
Justo entonces…
Cha Hyuk extendió la mano que tenía libre, la que no sujetaba el volante, y acarició suavemente la rodilla de Yebon.
Yebon se estremeció apenas un poco.
—Si te resulta demasiado difícil hablar de ello…
No tienes por qué obligarte.
No hay prisa.
—…Sí.
Gracias…
Es solo que…
Mi papá era una persona muy sensible.
Y emocionalmente inestable.
Por eso…
Mi mamá sufrió muchísimo.
Supongo que esa es la razón por la que ahora me sobreprotege tanto.
Lo entiendo.
De verdad que lo entiendo, pero…
A veces…
Hasta decir que lo entendía le parecía una mentira que se repetía a sí mismo.
Quizá…
Muy en el fondo…
No lo entendía en absoluto.
Y cuando ese pensamiento aparecía…
Cuando empezaba a cuestionar si realmente comprendía a su madre…
Terminaba dudando también de sí mismo.
—…Estoy cansado.
Exhaló lentamente.
Sintiendo el peso que le oprimía el pecho.
—No creo que mi vida haya sido especialmente miserable.
Tampoco pienso que sea la persona que peor lo ha pasado.
No todo el mundo puede vivir feliz todo el tiempo…
Y sé que hay personas que sufren mucho más que yo.
Pero aun sabiendo eso…
—…No me gusta sentirme así.
La nariz le escocía.
¿Cuánto hacía que no lloraba?
¿Acaso ese día estaba destinado a sacarle hasta la última lágrima?
Instintivamente levantó una mano para cubrirse el rostro.
—En realidad…
No quiero mentirle a mi mamá.
Ni a mis amigos…
Pero…
Es difícil.
Su voz fue apagándose poco a poco.
Como si se deshiciera en el silencio.
No quería que Cha Hyuk lo viera así.
Así que giró la cabeza hacia la ventanilla.
Apretó los labios.
Y contuvo la respiración.
Ni siquiera necesitó parpadear.
Las lágrimas seguían acumulándose sin detenerse.
Ninguno de los dos habló.
Dentro del coche solo reinaba el silencio.
Después de un rato…
Cha Hyuk abrió la consola central y le tendió una botella de agua.
Claro.
En un espacio tan silencioso…
Era imposible ocultarlo.
Yebon terminó rindiéndose.
Volvió lentamente la vista al frente.
Aunque seguía sintiendo la cara arder de vergüenza.
—No pensaba ponerme a llorar…
La verdad…
Es bastante vergonzoso.
Forzó una sonrisa incómoda mientras desenroscaba la tapa de la botella.
—Nadie planea llorar.
Simplemente ocurre cuando uno está triste.
No hay nada que puedas hacer con la tristeza.
O lloras…
O te la tragas.
La voz de Cha Hyuk permanecía serena cuando añadió aquellas últimas palabras.
Yebon siempre lo encontraba fascinante.
Nunca recurría a los típicos consuelos vacíos.
«Todo estará bien.»
«No pasa nada.»
«Ya se te pasará.»
Jamás decía cosas así.
Y, aun así…
De algún modo…
Sus palabras siempre conseguían reconfortarlo.
Quizá incluso más que un simple «todo estará bien».
Yebon bajó lentamente la cabeza.
Y dejó que las lágrimas siguieran cayendo.
Tal vez cualquiera pensaría que no tenía motivos para sentirse tan mal.
Pero…
Solo por ese día…
Decidió permitirse estar triste.
Y, como la persona que estaba sentada a su lado era Cha Hyuk…
Sentía que…
Sin importar lo que dijera…
Él lo entendería.
No sabía en qué momento se había quedado dormido.
En algún instante…
La suave canción pop que Cha Hyuk había puesto comenzó a sonar lejana.
Cada vez más apagada.
Hasta que…
Sus recuerdos simplemente se interrumpieron.
El suave balanceo del automóvil terminó despertándolo.
Abrió lentamente los párpados.
—Yebon-ah.
—Mm…
El sueño seguía pesándole sobre el cuerpo.
Sus párpados volvieron a cerrarse casi de inmediato.
Mientras negaba con la cabeza todavía adormilado…
Algo cálido rozó suavemente su mejilla.
Era un poco áspero.
Pero muy acogedor.
Por instinto…
Yebon frotó la cara contra aquella calidez y acercó un poco más el cuerpo.
Sobre su cabeza resonó una risa baja.
Poco después…
Sintió que levantaban su cuerpo del asiento.
Aquella sensación era imposible de ignorar.
Y fue entonces cuando, por fin, abrió ligeramente los ojos.
Lo primero que vio…
Fue el asiento del copiloto completamente vacío.
¿Por qué estoy mirando el asiento…?
Su cerebro, todavía medio dormido, tardó unos segundos en reaccionar.
Permaneció observándolo fijamente.
Luego levantó lentamente la vista…
Y sus ojos se encontraron de lleno con los de Cha Hyuk.