Creo que le gusto a ese hombre mayor - Capítulo 74
—…¿Hyung?
—Sí, Yebon.
Yebon parpadeó varias veces mientras el sueño desaparecía poco a poco de sus ojos.
Y, al instante siguiente, todo su cuerpo se tensó por la sorpresa.
Bajó la vista para comprobar exactamente dónde estaba sentado…
Y descubrió que estaba sobre el regazo de Cha Hyuk.
—¡¿Por qué estoy…?!
Intentó apartarse apresuradamente, pero cuanto más se movía, con más fuerza lo rodeaban los brazos de Cha Hyuk.
Con ambos cuerpos superpuestos en el reducido asiento del conductor, el rostro de Yebon ardió de vergüenza.
—Ya desperté, así que yo…
—Hace mucho frío… Yebon-ah.
La voz de Cha Hyuk se apagó mientras enterraba el rostro en el cuello de Yebon.
¿Frío? Ni que nada.
La calefacción seguía encendida, y Yebon ya se había quitado la bufanda e incluso la chamarra acolchada.
—No hace nada de frío.
—Pero si te apartas… mi corazón sí tendrá frío. Llevo conduciendo todo este tiempo, ¿sabes?
Su voz grave, teñida de un ligero tono juguetón, hizo que un escalofrío recorriera la espalda de Yebon.
Sobre todo cuando Cha Hyuk frotó la cara contra su cuello y el cabello oscuro le hizo cosquillas en la piel.
Aquella mezcla de calidez y provocación hizo que Yebon pusiera los ojos en blanco.
Y, aun así…
También le resultaba extrañamente reconfortante.
Maldita sea.
Si mencionaba que había estado conduciendo todo el camino…
Yebon no tenía cómo rebatirlo.
Al final soltó un resignado suspiro, dejó de resistirse y apoyó la espalda contra el pecho de Cha Hyuk.
En cuanto lo hizo, Cha Hyuk dejó escapar una risa baja.
Su aliento rozó la piel de Yebon como un susurro.
Las cosquillas hicieron que sus hombros se estremecieran ligeramente.
En respuesta, Cha Hyuk le dio unas suaves palmadas en el costado, como si estuviera tranquilizándolo.
Era vergonzoso.
Sí.
Pero el sueño empezaba a vencerlo otra vez.
Los párpados le pesaban…
Hasta que la voz de Cha Hyuk volvió a despertarlo.
—Aguanta un poco más y mira al frente, Yebon.
—…¿Al frente?
Con los ojos todavía entrecerrados, dirigió lentamente la vista hacia el parabrisas.
Y todo el sueño desapareció al instante.
Frente a él se extendía un océano inmenso.
Profundo.
Interminable.
Y, justo sobre el horizonte, un sol rojo intenso ascendía lentamente como una llama.
El amanecer.
No era Año Nuevo.
Ni ninguna fecha especial.
Solo una mañana cualquiera de enero.
Y, aun así…
Yebon fue incapaz de apartar la vista.
El sol sale todos los días a la misma hora.
Entonces… ¿por qué hoy se siente tan especial?
En sus ojos claros se reflejaba el amanecer teñido de rojo.
El mar, que hacía unos instantes era oscuro y frío, ahora brillaba cubierto de tonos dorados y anaranjados.
La luz del sol danzaba sobre la superficie del agua, haciéndola relucir como si estuviera sembrada de pequeñas joyas.
—…Es muchísimo más bonito que verlo por la pantalla del teléfono.
—¿Verdad?
La voz de Cha Hyuk llegó desde muy cerca.
Al mismo tiempo, Yebon pudo sentir la leve vibración de su pecho mientras hablaba.
No era solo el paisaje.
Era todo.
El aire helado.
El sonido de las olas rompiendo contra la costa.
El olor del mar en invierno.
Nada de eso existía en una fotografía ni en un video.
Durante un largo rato…
No existió nada más.
Cuando el sol terminó de elevarse sobre el horizonte, Cha Hyuk bajó un poco la ventanilla.
El rumor de las olas, que hasta entonces apenas se escuchaba, inundó de pronto el interior del coche.
El aire frío y salado acarició la piel de Yebon, haciéndolo estremecerse.
—…Es el mar.
—Sí.
—El sol naciente…
Es realmente rojo.
—…¿No te gusta porque es rojo?
Ante aquella pregunta en tono burlón, Yebon soltó una pequeña risa y negó con la cabeza.
—No…
Incluso los colores intensos y llamativos tienen su propia belleza.
¿Y tú, hyung?
¿Qué piensas?
—A mí siempre me ha gustado el sol.
—¿Por qué?
—Porque siempre da calor.
La mirada de Yebon abandonó lentamente el amanecer y terminó posándose sobre Cha Hyuk.
El negro profundo de sus ojos estaba ahora teñido del mismo rojo intenso que el alba.
Sin saber por qué…
Sintió un impulso repentino de abrazarlo.
Sin pensarlo demasiado, rodeó el cuello de Cha Hyuk con ambos brazos y lo estrechó con fuerza.
Los hombros de Cha Hyuk se sobresaltaron ligeramente por aquella muestra inesperada de afecto.
—…Hace un rato luchabas con todas tus fuerzas por escapar de mí.
—Tú dijiste que tu corazón tenía frío.
Hubo un largo silencio.
Hasta que Cha Hyuk murmuró en voz baja:
—Es verdad.
—Ojalá el tiempo pudiera detenerse solo cuatro horas.
Cha Hyuk inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Por qué cuatro?
—Durante la primera hora…
Solo quiero perderme completamente en este momento.
Sin pensar en nada.
Luego, durante dos horas…
Quiero grabar este recuerdo profundamente en mi corazón para no olvidarlo nunca.
Cha Hyuk ladeó un poco más la cabeza.
—¿Y la última hora?
—La dedicaría a prepararme para aceptar que el tiempo tiene que volver a avanzar.
—…Entonces, ¿no sería mejor desear que el tiempo se detuviera para siempre?
—Ese es un deseo imposible.
Y los deseos imposibles solo dejan arrepentimientos.
Yebon se echó ligeramente hacia atrás.
Como todavía seguía sentado sobre las piernas de Cha Hyuk, ambos quedaron exactamente a la misma altura.
De hecho…
En aquella postura, Yebon incluso parecía un poco más alto.
Lo observó detenidamente.
Recorrió su rostro con las yemas de los dedos.
Rozó las ojeras bajo sus ojos.
Su piel estaba más áspera de lo habitual.
Más cansada.
Cha Hyuk, por su parte, cerró los ojos y simplemente dejó que Yebon lo tocara.
Como si aquel contacto le resultara reconfortante.
Se parece exactamente a…
Una pantera.
Una elegante pantera negra disfrutando de las caricias de alguien en quien confía.
La idea hizo que Yebon sonriera sin darse cuenta.
Durante un buen rato siguió acariciando su rostro.
Sus ojos.
Sus mejillas.
Incluso sus labios.
Luego entrecerró ligeramente los ojos, pensativo.
—…Puede que esto arruine un poco el momento.
—¿Mm?
—Bueno…
Estamos saliendo, ¿verdad?
Los ojos de Cha Hyuk se abrieron de golpe.
En cuanto sus miradas se encontraron, Yebon empezó a sentirse nervioso.
Había esperado una respuesta inmediata.
Sin embargo, Cha Hyuk solo lo observó fijamente.
Con una expresión difícil de interpretar.
Incluso parecía ligeramente insatisfecho.
—…Quiero decir… nunca lo dijimos explícitamente…
¡Ah!
Sin previo aviso, Cha Hyuk le mordió un dedo.
Kang Yebon hizo una mueca por el dolor.
Al levantar la vista, encontró a Cha Hyuk frunciendo el ceño con evidente molestia.
—Admítelo de una vez…
Murmuró mientras lamía con suavidad el lugar donde lo había mordido.
La sensación de aquella lengua cálida y húmeda recorriendo sus dedos le resultó extraña.
Yebon se mordió ligeramente el labio.
—Hace cosquillas…
Mientras seguía lamiéndole los dedos, la otra mano de Cha Hyuk se deslizó dentro del pantalón de Yebon y le sujetó firmemente una nalga.
La suave carne llenó por completo su palma.
Aquello le produjo una profunda satisfacción.
Con una hermosa curva dibujándose en sus labios, fue dejando besos sobre la palma y la muñeca de Yebon, succionando suavemente su piel.
La cintura de Yebon tembló al sentir aquel cosquilleo que se extendía desde su muñeca.
—Ah…
Aunque quería escapar…
El asiento del conductor y el volante apenas dejaban espacio.
Ya era bastante estrecho para dos hombres adultos.
La mano que sostenía el brazo de Yebon descendió lentamente hasta su espalda y lo atrajo todavía más hacia él.
Al acercarse sus cuerpos, las piernas de Yebon se separaron de manera natural.
Cha Hyuk no dejó escapar aquella oportunidad.
Abrió completamente sus piernas y las pasó a ambos lados de su cintura.
Yebon sintió cómo el calor le subía al rostro al darse cuenta de que estaba montado sobre Cha Hyuk, frente a él.
Era la tercera vez que sus cuerpos se encontraban tan pegados.
Y, aun así…
Yebon seguía sin saber cómo reaccionar en una situación como aquella.
Se le notaba perfectamente.
Y eso solo le parecía todavía más adorable a Cha Hyuk.
Entrecerró los ojos mientras acariciaba lentamente la estrecha cintura de Yebon.
Su mano recorrió la curva de su espalda.
Cada vez que ascendía un poco más, la cintura de Yebon temblaba.
Siguiendo el movimiento de aquella mano, la sudadera también comenzó a levantarse.
—Hazlo tú, Yebon.
—…¿Qué?
Desconcertado por aquel gesto tan insinuante, Yebon abrió ligeramente la boca.
Cha Hyuk aprovechó para levantarle el borde de la sudadera hasta la altura de los labios.
Yebon comprendió enseguida lo que quería decir.
Entrecerró los ojos.
—…Hyung sí que es un pervertido.
Aun así…
Sujetó la tela entre los dientes.
Como la ropa era gruesa, solo quedó completamente descubierto el lado derecho de su pecho, mientras el izquierdo seguía cubierto.
Con el torso parcialmente expuesto, Cha Hyuk sintió cómo la sangre se agolpaba en su cuerpo.
Quería recorrer cada centímetro de Yebon.
Sin dejar ningún rincón intacto.
Cuando estaba a punto de levantar también la parte que seguía cubierta…
La propia prenda subió un poco más.
El otro lado del pecho quedó completamente al descubierto.
Cha Hyuk levantó la vista.
Y encontró a Yebon, completamente sonrojado, sujetando la sudadera con ambas manos.
Las pequeñas puntas rosadas de su pecho se habían endurecido por completo.
Ah…
Algo pareció romperse dentro de Cha Hyuk.
Una oleada feroz de deseo terminó de desbordarlo.
—Ah, hyung… espera un momento… ¡Ah…!
Sin darle tiempo a reaccionar, Cha Hyuk lo atrajo aún más hacia él y atrapó uno de aquellos pequeños botones rosados entre sus labios.
La punta de su lengua lo presionó y acarició lentamente.
Desde arriba escapó un gemido cargado de placer.
Yebon jamás esperó un ataque tan directo.
Intentó apartar a Cha Hyuk empujándole los hombros.
Pero fue inútil.
—Ah… ah… ah…
La lengua ardiente lamía una y otra vez el pequeño pezón, jugando alrededor de él hasta volverlo insoportablemente sensible.
Cuando unos dientes lo mordieron apenas un poco…
Un estremecimiento recorrió todo su cuerpo.
Aunque solo le estaban estimulando el pecho…
Una extraña sensación también se extendía por la parte baja de su cuerpo.
Su abdomen se tensó.
—Hyung… ngh… duele… espera un momento…
Aunque el pecho le ardía por la sensibilidad…
Aquella sensación desconocida hacía que ya no pudiera seguir apartando a Cha Hyuk.
Sus manos terminaron aferrándose con fuerza a él.
A pesar de sus súplicas…
Cha Hyuk no se detuvo.
Al contrario.
Se volvió todavía más insistente.
Más intenso.
Succionó con fuerza aquella piel delicada.
Y, al mismo tiempo, la otra mano descendió lentamente entre las piernas de Yebon.
—¡Ah…!
Aquella mano, que ya presionaba el bulto marcado bajo el pantalón, se deslizó hacia dentro y comenzó a acariciarlo lentamente desde el perineo hasta los glúteos.
El roce sobre aquella piel tan sensible hizo que la cintura de Yebon se arqueara.
Su visión comenzó a dar vueltas.
Con los estímulos llegando desde arriba y desde abajo al mismo tiempo…
Sintió que estaba a punto de correrse.
—Ah… yo… ah… voy a… ¡Detente…!
Con la cabeza completamente aturdida, golpeó varias veces los hombros de Cha Hyuk.
Pero este no se detuvo.
Muy pronto…
Todo el cuerpo de Yebon empezó a temblar mientras pequeños gemidos escapaban sin control de sus labios.
Finalmente…
Cha Hyuk soltó el pezón que había estado succionando.
Una de las pequeñas puntas estaba ahora hinchada y completamente enrojecida.
Aquella imagen lo excitó todavía más.
—Haah… ¡Te dije que pararas…!
Molesto por haberse corrido sin siquiera bajarse los pantalones, Yebon lanzó una mirada de reproche a Cha Hyuk mientras murmuraba entre jadeos.
—Quiero llevarte de luna de miel, Yebon.
Quédate conmigo para siempre.