Creo que le gusto a ese hombre mayor - Capítulo 72

  1. Home
  2. All novels
  3. Creo que le gusto a ese hombre mayor
  4. Capítulo 72
Prev
Next
Novel Info

Yebon no solo sujetó la mano de Cha Hyuk.

Prácticamente lo arrastró consigo.

Cha Hyuk se dejó llevar, todavía un poco aturdido, mientras volvía a echar un vistazo a su alrededor.

Eran apenas pasadas las nueve de la noche, así que aún había bastante gente caminando por la calle.

La oscuridad ayudaba a que pasaran más desapercibidos.

Pero, con la estatura y la complexión de Cha Hyuk, era imposible que nadie reparara en él.

Algunas personas les lanzaban miradas fugaces.

—¿No sería mejor que me soltaras, Yebon?

Yebon, que caminaba unos pasos delante, se detuvo y preguntó:

—¿Tú quieres que te suelte, hyung?

—…A mí no me importa. Solo pensé que quizá a ti…

—A mí tampoco me importa. La verdad… hasta siento ganas de que todo el mundo se entere de una vez.

Volvió a echar a andar sin soltar la mano de Cha Hyuk.

Antes jamás habría hecho algo así.

Quizá por eso…

En el fondo de su pecho había un ligero temblor de inquietud.

Cada vez que cruzaba la mirada con algún desconocido, sus dedos se estremecían por reflejo.

Pero, en lugar de aflojar la mano…

La apretaba con más fuerza.

—¿Y si alguien que conozco nos ve y mi mamá se entera?

Un vaho blanco escapó de sus labios y se deshizo lentamente en el aire frío de la noche.

Su voz sonaba distante.

Como si solo estuviera hablando consigo mismo.

Cha Hyuk no sabía si debía responder.

Ni siquiera sabía qué responder.

—¿Me echará de casa? ¿O dirá que perdí la cabeza y me internará en un hospital psiquiátrico?

Yebon siguió hablando sin esperar realmente una respuesta.

Pero el leve temblor de su mano, todavía entrelazada con la de Cha Hyuk…

Contaba una historia completamente distinta.

Así que Cha Hyuk soltó su mano.

Al instante, Yebon volvió la cabeza para mirarlo.

Sus párpados temblaban.

—…Estoy diciendo puras tonterías, ¿verdad?

Sin responder, Cha Hyuk comenzó a quitarse la bufanda.

Después, con toda la delicadeza del mundo, la envolvió alrededor del cuello de Yebon.

—Si te echan de casa… ven a vivir conmigo.

La bufanda era gruesa y bastante larga.

Tuvo que darle varias vueltas.

—Y si terminas en un hospital psiquiátrico… llámame primero. Iré por ti. Y si hace falta…

Le acomodó con cuidado el último pliegue antes de susurrar:

—Entraré contigo.

O…

Podemos escapar juntos.

La bufanda cubría el rostro de Yebon hasta la nariz, atrapando el calor alrededor de su piel.

Olía a Cha Hyuk.

—Pase lo que pase, voy a estar contigo. Así que no intentes echar por la borda toda tu vida de una sola vez, Yebon.

Cha Hyuk volvió a tomar su mano y la metió dentro del bolsillo de su abrigo.

Los dedos de Yebon, que hacía apenas un momento estaban helados, comenzaron a calentarse poco a poco.

—Por ahora…

Con esto basta.

Solo esto.

¿Cómo hacía siempre para decir exactamente las palabras que él necesitaba escuchar?

Si los sentimientos tuvieran color…

Yebon estaba seguro de que los suyos y los de Cha Hyuk serían exactamente el mismo.

Sintió un escozor en la nariz.

En lugar de responder…

Simplemente asintió.

—Hay una cafetería un poco más adelante. ¿Vamos?

Cha Hyuk señaló un local que estaba a apenas unos minutos caminando.

Yebon miró hacia allí.

Pero negó con la cabeza.

—Quiero caminar un poco más. Solo…

Quiero seguir así contigo.

Su voz fue apagándose al final de la frase, casi inaudible.

Pero Cha Hyuk escuchó cada palabra.

Sus ojos se suavizaron al instante.

Era distinto a caminar juntos por un campus vacío.

Tomarse de la mano en una calle llena de desconocidos les producía una sensación extraña.

Nueva.

A veces, Yebon temía lo que pudieran pensar quienes los miraban de reojo.

Pero la mayoría de la gente simplemente seguía su camino.

A ojos de cualquiera…

Probablemente solo parecían una pareja cualquiera disfrutando de una cita.

Nunca imaginé que algo así pudiera pasarme.

Yebon echó un vistazo a sus manos escondidas dentro del bolsillo del abrigo de Cha Hyuk.

Movió ligeramente los dedos.

Como respuesta, Cha Hyuk los acarició juguetonamente.

Las cosquillas hicieron que Yebon soltara una risa suave.

Toda la ansiedad.

La tristeza.

Y el resentimiento que había sentido antes de verlo…

Parecieron desvanecerse por completo.

—Hyung.

—¿Sí?

—De ahora en adelante tendré más cuidado, así que… no vuelvas a desaparecer de esa manera. Si necesitas tiempo, solo dímelo antes.

Cha Hyuk bajó ligeramente la mirada.

Y asintió.

—…Sí. Lo siento. No volverá a pasar. Y…

Nunca volveré a dejar que me veas así.

Debiste de asustarte mucho.

—…La verdad… sí.

Pero era la primera vez que vivía algo así, así que es normal, ¿no?

Ahora que ya sé cómo es…

La próxima vez estaré preparado.

Si vuelve a pasar algo parecido…

No me quedaré paralizado como aquella vez.

—……

Cha Hyuk no encontró palabras.

Lo que Yebon había vivido…

Era algo que la mayoría de las personas jamás experimentaría en toda su vida.

Y verlo aceptarlo de aquella manera…

Hacía que lo admirara.

Que se sintiera culpable.

Y que se odiara a sí mismo al mismo tiempo.

¿Por qué la persona que amaba…

Tenía que ser quien aprendiera a soportar algo así?

—No volverá a ocurrir.

Era una promesa.

Y, al mismo tiempo…

Una advertencia para sí mismo.

Yebon aún era joven.

Tenía un futuro lleno de posibilidades.

Algún día podía conocer a alguien mucho mejor que él.

Alguien que no tuviera nada que ver con el crimen.

Con el peligro.

Con la incertidumbre.

Alguien que jamás lo hiciera sentir inseguro.

Pero…

Cha Hyuk no tenía intención de dejarlo ir.

Era lo más valioso.

Lo más brillante.

Que alguna vez había sostenido entre sus manos.

Y, porque era egoísta…

No podía renunciar a él.

Al menos…

Debía asegurarse de que Yebon nunca volviera a vivir algo como aquella noche.

Eso era lo mínimo que podía hacer.

—…¿Hyung?

Al notar que la expresión de Cha Hyuk se había ensombrecido de repente…

Yebon lo observó con atención.

Era imposible que estuviera enfadado por lo que acababa de decir.

Lo más probable…

Era que siguiera culpándose por todo lo ocurrido.

Con la intención de aliviar un poco el ambiente, Yebon exageró el movimiento de sus pasos y dio una pequeña patada juguetona al pavimento.

—Ahora que lo pienso, hyung…

Dijiste que cuando regresaras a Corea iríamos a ver el mar.

¿La oferta sigue en pie?

Dentro del bolsillo, le hizo cosquillas en la mano mientras se inclinaba ligeramente para mirarlo desde abajo.

Solo entonces Cha Hyuk volvió a encontrarse con sus ojos.

—¿Quieres ir ahora?

—…¿Ahora?

Yebon parpadeó sorprendido.

No esperaba que se lo propusiera tan de repente.

Sus ojos recorrieron los alrededores con desconcierto.

Cha Hyuk negó rápidamente con la cabeza.

—Ah, no.

Fue demasiado repentino, ¿verdad?

Avísame cuando te apetezca y organizaré todo según tu tiempo.

Además, ya es tarde.

Aun después de escuchar eso…

Yebon permaneció unos segundos en silencio.

Por el hecho de que su teléfono seguía sin sonar…

Parecía que su madre todavía no había regresado a casa.

Si conseguía volver sin que ella lo descubriera…

Quizá…

Con un poco de suerte…

El castigo terminaría la semana siguiente.

Pero…

¿De verdad era lo correcto?

¿Cuánto tiempo más iba a seguir ocultándole tantos secretos?

Solo pensar en volver a casa le hacía sentir que el pecho se le cerraba.

Aun así… es mejor regresar antes de que ella se dé cuenta.

Debe ser la decisión correcta.

—…Sí… eh… te avisaré cuando pueda…

Bzzz… Bzzz…

La repentina vibración del teléfono en su bolsillo hizo que todo su cuerpo se sobresaltara.

Yebon sacó lentamente el celular.

Con movimientos rígidos.

En la pantalla aparecía claramente:

[Mamá]

Sintió como si el suelo hubiera desaparecido bajo sus pies.

Su cuerpo se tambaleó.

Aunque, en realidad…

No se había movido ni un centímetro.

Quizá solo era una ilusión.

Una jugarreta de su propia mente.

Sin contestar…

Volvió a guardar el teléfono, que seguía vibrando.

—¿Qué pasa? ¿Por qué te pusiste tan tenso solo por una llamada?

—Hyung…

Vamos al mar.

Ahora mismo.

—…¿Qué?

Cha Hyuk frunció el ceño, completamente desconcertado por aquel cambio tan brusco.

—Tenemos que ir ahora.

Tenemos que hacerlo.

Su voz sonaba casi desesperada.

Cha Hyuk lo observó durante unos segundos.

Y simplemente asintió.

—Está bien.

Vamos en el coche.

La facilidad con la que aceptó lo dejó descolocado.

Había esperado que preguntara por qué.

Que insistiera.

Entonces tendría que haber inventado alguna explicación sobre el enfado de su madre y el castigo de no salir de casa.

—…¿Por qué…?

No, olvídalo.

Vámonos.

Cha Hyuk no preguntó nada.

Y Yebon tampoco pensaba cuestionarlo.

En ese momento…

Lo único que quería era alejarse de allí.

Mamá debe de estar preocupada.

Muy preocupada.

Y, aun sabiéndolo…

No quería volver a casa.

La extraña sensación de alivio que iba extendiéndose por su pecho solo le confirmaba una cosa.

Nunca sería un buen hijo.

Dentro del coche en marcha…

Yebon observaba distraídamente el paisaje que pasaba tras la ventana.

Su madre lo había llamado varias veces.

Pero no respondió ninguna.

En su lugar…

Solo le dejó un breve mensaje.

[Yebon: Voy a ver el amanecer en el mar y voy a pasar la noche divirtiéndome. Así que vete a dormir, mamá.] (9:21 p. m.)

Después llegaron una avalancha de mensajes.

Yebon simplemente puso el teléfono en modo silencioso.

Si lo apagaba por completo…

Su madre probablemente terminaría desmayándose de la preocupación.

Al menos mantenerlo encendido…

Era lo mínimo que podía hacer por su conciencia.

Aun así…

Era la primera vez que salía de casa de una forma tan impulsiva.

Y aquella sensación le resultaba extraña.

—Si tienes sueño, duerme un poco, Yebon.

—Estoy bien.

Tú también estás cansado y aun así vas conduciendo.

—Puedo soportarlo.

—Es que…

No quiero dormir.

Apoyó la barbilla sobre un brazo y observó a Cha Hyuk.

¿No le preguntaba nada porque estaba siendo considerado?

—Hyung.

—¿Sí?

—¿Por qué no me preguntaste nada hace rato?

Simplemente aceptaste ir al mar de inmediato.

Cha Hyuk golpeó suavemente el volante con los dedos.

—Ya no eres un niño, Yebon.

Si querías ir, supuse que tendrías tus motivos.

Y, la verdad…

Hizo una breve pausa.

Luego le lanzó una mirada llena de complicidad.

—Yo también quería seguir pasando tiempo contigo.

Yebon lo miró fijamente.

Y, antes de darse cuenta…

Las palabras escaparon de sus labios.

Hablar de que estaba castigado le daba vergüenza.

Y, considerando todo lo que había pasado…

Quizá era mejor no mencionarlo.

Pero…

—Si hubiera vuelto a casa antes…

Probablemente ya no me habrían dejado salir durante todas las vacaciones.

Por alguna razón…

No quería ocultarle nada a Cha Hyuk.

Prev
Next
Novel Info

MANGA DISCUSSION

© 2024 Ares Scanlation Inc. All rights reserved

Sign in

Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Sign Up

Register For This Site.

Log in | Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Lost your password?

Please enter your username or email address. You will receive a link to create a new password via email.

← Back to Ares Scanlation

Premium Chapter

You are required to login first