Creo que le gusto a ese hombre mayor - Capítulo 71

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El mensaje que había enviado por puro orgullo…

Había surtido efecto a la perfección.

Yebon, que permanecía distraído mirando por la ventana, bajó la vista hacia el teléfono que vibraba ruidosamente sobre el escritorio.

Era Cha Hyuk.

La llamada que llevaba tanto tiempo esperando.

Le molestaba un poco que solo hubiera llamado después de obligarlo a llegar tan lejos.

Pero, al final…

No tuvo más remedio que contestar.

—…¿Hola?

—……

No hubo respuesta.

Yebon también guardó silencio.

Desde el otro lado apenas podía oírse el sonido del motor de un automóvil.

Sus pupilas vacilaron ligeramente.

—¿Estás conduciendo?

—…Sí.

Escuchar la voz de Cha Hyuk después de tantos días hizo que, por alguna razón, se le cerrara la garganta.

Había pensado reclamarle en cuanto contestara.

Preguntarle por qué lo había estado evitando.

Si realmente pensaba cortar toda relación con él si Yebon no hubiera enviado aquel mensaje.

Pero ahora…

Al escuchar la voz de Cha Hyuk, todavía más agotada que la suya…

Todas aquellas preguntas perdieron fuerza.

—¿A dónde vas?

—…Voy camino a tu casa.

—……

—Creo que llegaré en unos siete minutos.

Así que iban a verse de inmediato.

Yebon se mordió con fuerza el labio antes de soltar un profundo suspiro.

—…De verdad eres terrible, hyung.

—Lo sie…

—Está bien. Voy a bajar.

Escuchó que Cha Hyuk intentaba decir algo.

Pero colgó antes de que pudiera terminar.

Había cosas que no podían resolverse por teléfono.

Quería decirle todo mirándolo a los ojos.

Siete minutos no eran mucho.

Si empezaba a prepararse ahora…

Llegaría a tiempo.

Yebon sacó una chamarra acolchada del armario.

Pero se quedó inmóvil al verse reflejado en el espejo.

Después de pasar varios días encerrado en casa…

Tenía un aspecto desastroso.

No podía presentarse así delante de Cha Hyuk.

Por muy urgente que fuera.

Corrió hasta el baño.

Se lavó la cara rápidamente, se cepilló los dientes, se peinó apresuradamente y volvió a ponerse la chamarra.

Antes de salir…

Miró el teléfono que llevaba en la mano.

Su madre se había ido esa mañana.

Había dicho que tenía una reunión y que volvería tarde.

Normalmente…

Al menos le enviaría un mensaje antes de salir.

Por si regresaba antes de tiempo y se preocupaba.

Pero hoy…

Yebon guardó el teléfono.

Y caminó hacia el refrigerador.

En algún momento…

Había aparecido una pequeña pizarra blanca pegada en la puerta.

Seguramente la había puesto su madre.

Desde que apenas hablaban…

Era más fácil dejar mensajes así.

Tomó un marcador y escribió unas pocas palabras.

[Salí un momento. Volveré sano y salvo, así que no te preocupes.]

—…¿Suena demasiado frío?

Vaciló unos segundos.

Miró el reloj de la pared.

Y finalmente se dio la vuelta sin borrar nada.

Claro que se sentía culpable con su madre.

Si simplemente hubiera seguido siendo el hijo obediente de siempre…

Quizá las cosas nunca habrían llegado hasta ese punto.

Pero todos aquellos pensamientos enredados desaparecieron en cuanto salió del edificio.

Porque allí…

Esperándolo justo frente a la entrada…

Había un hombre alto vestido con un abrigo negro.

—…Hyung.

—…Yebon-ah.

Bajo la luz de la farola…

Las mejillas y la punta de la nariz de Cha Hyuk estaban completamente enrojecidas.

Como si llevara bastante tiempo esperando afuera.

Ahora que estaban frente a frente…

Todos los escenarios que Yebon había imaginado dejaron de servir para nada.

Quería enfadarse.

Preguntarle por qué ni siquiera había sido capaz de escribirle para saber cómo estaba.

Pero entonces recordó la última vez que ambos levantaron la voz.

Un pesado silencio cayó entre ellos.

—Tus heridas…

¿Están bien?

Era una pregunta tan evidente que sonó extrañamente torpe.

Yebon fue incapaz de sostenerle la mirada.

Solo asintió ligeramente.

Tenía tantas cosas que quería decir…

Que ya no sabía por dónde empezar.

Cha Hyuk tampoco era capaz de acercarse con facilidad.

La expresión aterrorizada de Yebon aquel día seguía grabada en su mente.

Si se acercaba demasiado…

Quizá Yebon volvería a retroceder.

Con la cabeza tan agachada…

Cha Hyuk ni siquiera podía distinguir qué expresión tenía.

El viento frío agitó suavemente su cabello claro.

—¿Vamos al menos a una cafetería cercana? Hace mucho frío. Vas a resfriarte.

Justo cuando parecía que ambos iban a quedarse de pie frente al edificio para siempre…

Cha Hyuk dio cuidadosamente un paso hacia él.

Pero en ese instante…

Yebon levantó bruscamente la cabeza.

Al mismo tiempo…

Los ojos de Cha Hyuk se abrieron de par en par.

—¡…Yo me equivoqué! ¡No volveré a ir a buscarte por mi cuenta, así que… no vuelvas a hacer como si fueras a desaparecer de mi vida!

Su voz resonó por todo el complejo de apartamentos.

Los hombros de Yebon subían y bajaban con rapidez.

Se mordía el labio mientras intentaba controlar la respiración.

Sus ojos claros estaban llenos de lágrimas.

A punto de desbordarse.

Tragó saliva con fuerza para contener la respiración entrecortada.

Y apretó con fuerza la parte delantera de su chamarra.

—¿¡Tienes idea… de lo asustado que estuve!?

Cha Hyuk se estremeció.

Sus hombros se tensaron.

Al verlo así…

Yebon frunció el ceño.

—¡No hablo de tenerte miedo a ti! ¡Tenía miedo de que nunca más quisieras volver a verme! ¡Ese día… cualquiera se habría asustado después de que le gritaran así!

—Estuviste a punto de quedar atrapado en algo muy peligroso…

—¿¡Y eso fue culpa tuya!? ¡Fue ese desgraciado con el cuchillo quien perdió la cabeza! Además… si yo no hubiera ido ese día… nada de esto habría pasado…

Al final…

Las lágrimas comenzaron a deslizarse por su rostro.

Solo al encontrarse nuevamente frente a Cha Hyuk…

Toda la tensión que había estado acumulando terminó desbordándose.

No quería llorar así.

Le parecía patético.

Pero no podía detenerse.

Incluso mientras se secaba la cara con la manga…

Seguía apretando los dientes para no sollozar.

Pero verlo llorar de aquella manera…

Tan desgarradoramente…

Hizo que Cha Hyuk se acercara por puro instinto.

Con cuidado…

Apoyó una mano sobre la nuca de Yebon.

Y, sin oponer resistencia…

Yebon escondió el rostro contra su pecho.

Aquellos pequeños sollozos resultaban tan dolorosos de escuchar…

Que algo dentro de Cha Hyuk pesó como una roca.

—S-Si… si no hubiera enviado ese mensaje… sniff… ¿de verdad pensabas seguir ignorándome? Cuando intentabas conquistarme eras tan insistente… ¿Solo estabas jugando conmigo?

—No.

Jamás haría algo así…

Solo que…

—¿Solo qué?

Desde el refugio de sus brazos…

Yebon levantó lentamente la cabeza.

Sus ojos marrón claro, todavía cubiertos de lágrimas…

Brillaban más que nunca.

A Cha Hyuk le resultó extrañamente difícil sostener aquella mirada.

Terminó desviando los ojos y murmuró:

—Tenía miedo…

De que siguieras asustándote cuando me vieras…

De que…

Me dijeras que ya no querías volver a verme…

—¿De verdad pensabas que mis sentimientos eran tan superficiales?

—No.

Nunca.

Yebon permaneció observándolo en silencio.

Cha Hyuk quería explicarse correctamente.

Encontrar las palabras adecuadas para expresar todo el caos que tenía dentro.

Pero ninguna salía como debía.

La verdad era que…

Nunca antes había evitado hablar con alguien por miedo a que esa persona le tuviera miedo.

Ni siquiera sabía cómo poner en palabras una emoción así.

Yebon contempló aquellos ojos negros.

Llenos de vacilación.

Y miedo.

Aspiró la nariz una vez.

Y murmuró en voz baja:

—…No intentaba reprocharte nada. Solo… quería saber si realmente era eso lo que sentías. Pero yo ya sabía qué clase de persona eres.

Su mano buscó la de Cha Hyuk.

Después se deslizó hasta sujetar el costado de su cintura.

Las frías puntas de sus dedos tocaron una calidez tan intensa…

Que casi parecía quemarlo.

—Más que cualquier otra cosa…

Sé que eres una buena persona, hyung.

Aunque todavía no nos conozcamos desde hace tanto tiempo…

Lo que siento por ti no es tan superficial como para querer alejarme por algo como esto.

Tenía los ojos.

La nariz.

Las mejillas.

Todo completamente rojo de tanto secarse las lágrimas.

Pero la forma en que miraba a Cha Hyuk permanecía inquebrantable.

Firme.

Como nadie lo había mirado jamás.

Cha Hyuk siempre había pensado que Yebon era pequeño.

Alguien que podía caber perfectamente entre sus brazos.

Pero ese día…

Por alguna razón…

Lo sintió mucho más grande.

Era como si…

Fuera Yebon quien estuviera abrazándolo a él.

Y, en ese mismo instante…

La rigidez que oprimía el pecho de Cha Hyuk comenzó a desaparecer.

—Ja…

De sus labios escapó una exhalación que era mitad suspiro…

Mitad risa.

Esbozó una leve sonrisa.

Y respondió en voz baja:

—…Sí.

Si hubiera sabido que todo terminaría así…

Habría ido a buscar a Yebon mucho antes.

Aunque Yebon siempre le había demostrado calidez…

Cha Hyuk terminó dejándose dominar por sus propios miedos.

Nunca fue capaz de confiar plenamente en ese afecto.

—Hyung…

De verdad eres muy malo.

La pequeña mano que había estado sujetando suavemente la de Cha Hyuk…

Ahora la apretaba con fuerza.

—Supongo que merecía que me odiaras, ¿verdad?

Esta vez…

Su voz sonaba mucho más ligera.

Incluso dejaba escapar un leve tono juguetón.

Y, por primera vez en mucho tiempo…

Yebon soltó una pequeña risa.

—…Si vuelves a huir de esa manera…

La frase quedó inconclusa.

Giró ligeramente la cabeza hacia un lado.

Cha Hyuk siguió su mirada.

Y descubrió que varias personas los observaban de reojo mientras pasaban caminando.

Ah.

Instintivamente…

Intentó tomar un poco de distancia.

A él no le importaban las miradas.

Pero conocía demasiado bien a Yebon.

Sabía cuánto le molestaban.

Además…

Estaban justo frente al edificio donde vivía.

Si algún conocido lo veía…

Solo le causaría problemas.

Tal como esperaba…

Yebon retrocedió un pequeño paso.

Cha Hyuk lo entendía perfectamente.

Pero aun así…

Una leve decepción se instaló en su pecho.

Justo cuando estaba a punto de soltar también la mano de Yebon…

—¿Quieres… ir a una cafetería cercana? Hace frío.

Esta vez…

Fue Yebon quien lo sujetó.

Con fuerza.

Como si no tuviera intención de volver a soltarlo jamás.

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