Creo que le gusto a ese hombre mayor - Capítulo 70
Cha Hyuk falló la mayoría de los tiros.
Y cada vez que eso ocurría, Yebon se burlaba de él desde un lado.
Como rara vez tenía la oportunidad de tomarle el pelo a Cha Hyuk, aquel día debía de haber estado especialmente emocionado.
—¿Será que el aro se está moviendo?
—¿Estás lanzando con los ojos cerrados?
—¿Cambiaron las reglas del baloncesto? ¿Ahora sumar puntos consiste en pegarle al aro?
Al volver a escucharlo…
Sí que se había pasado un poco.
Yebon dejó escapar una pequeña risa.
—…¿Por qué estaba tan emocionado?
—¡Hyung, creo que deberías pararte justo debajo del aro y lanzar desde ahí!
—Kang Yebon, de verdad elegiste el peor día para meterte conmigo. Muy bien. ¿Por qué no lo intentas tú? Ya verás lo difícil que es.
Al final, Cha Hyuk terminó mirándolo con el ceño fruncido, claramente provocado.
Pero, más que intimidante…
Parecía alguien al que estaban tratando injustamente.
—Prepárate para quedarte con la boca abierta.
La pantalla se oscureció unos segundos.
Entonces se escuchó un golpe.
Y enseguida…
El inconfundible sonido del balón atravesando la red.
Poco después…
La fuerte carcajada de Yebon llenó la grabación.
Cuando la imagen volvió, Cha Hyuk permanecía inmóvil frente al aro.
Tenía una expresión completamente derrotada.
El video terminaba con un acercamiento a su rostro.
Reflejado sobre la pantalla negra…
Yebon estaba sonriendo.
*»Si hyung hizo algo mal…
No lo alejes demasiado.
Solo un poquito, ¿sí?»*
*»Quería mostrarte únicamente mi mejor lado…
Pero al final lo arruiné.
No me tengas miedo, Yebon.»*
Lo había dicho medio en broma.
Pero Yebon sabía…
Que simplemente había escondido sus verdaderos sentimientos detrás de unas palabras ligeras.
Desde el principio…
Cha Hyuk había tenido miedo de que ocurriera exactamente algo como esto.
—…No puede ser.
¿De verdad me está evitando?
Yebon ya estaba completamente confundido.
Habían pasado cuatro días desde que Cha Hyuk empezó a ignorar sus mensajes.
Las llamadas tampoco daban resultado.
Hasta anteayer…
Al menos seguía respondiendo.
Pero desde ayer…
Ni una sola palabra.
Hasta el día anterior había conseguido convencerse a sí mismo.
‘Sí.
Hyung debe de estar ocupado.’
‘O, aunque no lo esté…
Tal vez no me escribe porque sabe lo mucho que me afectó lo de aquel día.’
‘Como se preocupa tanto por mí…
Quizá simplemente me está dando tiempo.’
Pero ahora…
El teléfono silencioso entre sus manos solo conseguía ponerlo cada vez más ansioso.
‘¿Será que realmente asusté demasiado a hyung?
¿Será porque no reaccioné bien?
¿Porque rompí mi promesa y aun así fui a verlo?
¿Acaso ya se cansó de mí…?’
—…¡No puede ser!
Yebon, que estaba tumbado sobre la cama, se incorporó de golpe.
‘¿Y si ese maldito Kim Hyunwoo dijo alguna estupidez?’
Claro.
Estaba Kim Hyunwoo.
Ese tipo nunca lo había soportado.
Y, sin duda, Cha Hyuk le habría preguntado por qué Yebon había ido al Bluemoon.
Si Hyunwoo había distorsionado la historia…
Con tantas cosas malas acumulándose últimamente y la guerra fría que seguía manteniendo con su madre…
Los nervios de Yebon estaban completamente tensos.
Y era muy fácil que sus pensamientos terminaran tomando el peor camino posible.
‘No quería llegar hasta este punto ni parecer un obsesionado, pero…’
Tomó el teléfono y marcó un número.
Era el del Bluemoon.
Todavía faltaba para la hora de abrir.
Pero Ma Dongpal siempre llegaba al menos una hora antes.
—Por favor…
Por favor…
Por favor…
Como era un teléfono fijo…
No aparecería su número.
Click.
El tono de llamada se detuvo.
—Sí, Bluemoon.
—¿Dongpal…?
Yebon volvió a comprobar el número.
Era correcto.
Era el Bluemoon.
Entonces…
¿Por qué…?
—¿Quién habla?
No era Ma Dongpal.
Tampoco Kim Hyunwoo.
Era una voz completamente desconocida.
‘¿Y ahora quién es este…?’
Yebon dudó unos instantes.
Completamente desconcertado.
Entonces, la persona del otro lado dijo algo inesperado.
—¿Por casualidad es Kang Yebon?
—¡A-Ah, sí…!
No esperaba que lo reconocieran primero.
Y aquello lo puso un poco nervioso.
Quizá Cha Hyuk les había pedido que le transmitieran algún mensaje si llamaba.
—Es probable que el vicepresidente no esté disponible por un tiempo.
…¿Vicepresidente?
Yebon ladeó la cabeza.
Entonces recordó de pronto la tarjeta de presentación que Cha Hyuk le había dado.
En ella aparecía el cargo de vicepresidente.
—Ah… Ya veo. ¿El vicepresidente está muy ocupado? ¿Podría pedirle que me llame cuando tenga un momento?
—……
El silencio del otro lado dejó claro que aquella petición no era precisamente sencilla.
Pero Yebon no retrocedió.
Esta vez…
De verdad estaba desesperado.
—Por favor…
—…Entiendo.
Pero no puedo garantizar que le devuelva la llamada.
—¡Muchas gracias!
Al menos…
Aquel hombre era muchísimo más educado que Kim Hyunwoo.
Eso ya era un alivio.
Aunque…
¿Qué habría pasado con Kim Hyunwoo?
¿Y por qué había otra persona contestando el teléfono?
La duda cruzó fugazmente su mente.
Pero enseguida la apartó.
Ese tipo no era lo bastante importante como para preocuparle.
En el fondo…
Yebon esperaba recibir alguna respuesta ese mismo día.
Pero, conforme el sol comenzó a ocultarse y llegó la noche…
Aquella esperanza fue desapareciendo lentamente.
A esas alturas…
Lo que empezaba a surgir era frustración.
¿De verdad era necesario evitarlo hasta ese extremo?
El que había quedado en shock aquel día había sido él.
Y solo había ido al Bluemoon porque Kim Hyunwoo se lo pidió.
Bueno…
Sí, también tenía otros motivos.
Pero aun así.
Ahora…
Lo único que quería era sentarse frente a Cha Hyuk y hablar.
Quería explicarle por qué aquel día se había asustado tanto.
Por qué todo su cuerpo había empezado a temblar.
Quería dejarle claro…
Que lo que sentía por él no había cambiado.
—…¿No es esto demasiado?
Murmurando para sí mismo…
Yebon permanecía recostado sobre el escritorio.
Entonces…
Su mirada cayó sobre el estuche abierto.
Entre la abertura asomaba un pequeño papel arrugado.
Con curiosidad lo sacó y lo desdobló.
Era un dibujo torpe de un pastel.
Al lado había una frase escrita apresuradamente.
[¿Quieres comer pastel?]
Incluso ahora…
Seguía sin parecer un pastel.
Aquello le arrancó una pequeña risa.
Pero, al mismo tiempo…
El corazón le dolió todavía más.
En aquel entonces…
Por mucho que Yebon intentara apartarlo…
Cha Hyuk siempre insistía en quedarse a su lado.
Y, sin embargo…
Ahora…
Fuera cual fuera lo que Cha Hyuk estuviera sintiendo…
Aquello era injusto.
—Y fui yo quien se asustó, no él…
Como si no fuera suficiente con el trato frío de su madre…
¿Ni siquiera podía enviarle un mensaje para preguntarle si estaba bien?
Apretó con fuerza el papel entre los dedos.
Después…
Se levantó de golpe.
Tomó una fotografía del dibujo.
Y la envió a Cha Hyuk.
[Yebon: (foto)] (8:28 p. m.)
[Yebon: Si no vienes ahora mismo, ahjusshi, de verdad voy a empezar a odiarte.] (8:29 p. m.)
Ya estaba cansado de esperar.
Aquello era su último acto de terquedad.
Porque…
Si Cha Hyuk era realmente la persona que Yebon creía que era…
Entonces no había forma de que ignorara ese mensaje.
Al menos…
Eso era lo que quería creer.
—…¿Por qué demonios sigue aquí en vez de irse a su casa?
Un hombre sentado en un rincón de la oficina lanzó una mirada furtiva hacia el despacho del vicepresidente.
El compañero que jugueteaba con su teléfono también echó un vistazo.
—Supongo que no tiene nada mejor que hacer.
—Joder, pues que se quede en su maldita casa. ¿Por qué tiene que venir a arruinar el ambiente aquí? No se puede ni respirar. ¿Nos escapamos al amanecer?
—Sí, claro. Ve tú solo a morirte. Yo pienso vivir muchos años.
—Qué cabrón.
El hombre le dio un codazo mientras murmuraba en voz baja.
Ni siquiera se atrevía a hablar más fuerte.
Temía que el sonido llegara hasta el despacho del vicepresidente.
Ya habían pasado cuatro días.
Cha Hyuk no había regresado a casa ni una sola vez.
Simplemente permanecía encerrado en la oficina.
Y, para colmo…
Llevaba cuatro días de un humor espantoso.
Varias personas ya habían terminado en urgencias después de cruzarse con él.
Parecía haber vuelto el antiguo Cha Hyuk.
El de peor carácter.
Toda la oficina caminaba sobre cáscaras de huevo.
Nadie quería llamar su atención.
En ese momento…
Un hombre entró en la oficina y caminó directamente hacia el despacho del vicepresidente.
—Eh, eh… ¿De verdad vas a entrar?
Ante aquel susurro apresurado…
El hombre se detuvo y asintió.
—No lo hagas. Tiene cara de querer matar a alguien.
Aun escuchando la advertencia…
Sacudió la cabeza.
No tenía alternativa.
Había algo que debía informar.
Levantó la mano.
Toc, toc.
No obtuvo respuesta.
Después de vacilar unos segundos…
Respiró hondo y abrió la puerta con cuidado.
En el mismo instante en que la puerta comenzó a abrirse…
Algo salió disparado hacia la pared.
¡Crash!
Se hizo añicos al estrellarse.
—No recuerdo haberte dicho que entraras.
Cha Hyuk estaba recostado en el sillón de cuero.
Su afilada mirada se clavó inmediatamente sobre el hombre que había osado entrar sin permiso.
Su cabello, normalmente impecable…
Estaba ligeramente revuelto.
Algo extremadamente raro en él.
El hombre inclinó enseguida la cabeza.
Con una rápida mirada al suelo descubrió el origen del estruendo.
Cristales rotos.
Esparcidos por todas partes.
—Mis disculpas. Pero Kang Yebon pidió expresamente que le transmitiera un mensaje.
—…¿Yebon?
La voz de Cha Hyuk se suavizó al instante.
El hombre, al notar aquel cambio de ambiente…
Soltó discretamente un suspiro de alivio.
Después avanzó con cautela hasta el escritorio.
—Sí. Dijo que, si tenía tiempo…
—Espera.
Todavía no lo digas.
Cha Hyuk, que estaba apoyado en el respaldo del sillón…
Se levantó de golpe.
En su rostro apareció una mezcla poco habitual de urgencia e inseguridad mientras se frotaba la cara con una mano.
—¿Es algo bueno o malo?
—…¿Perdón?
—El mensaje de Yebon.
¿Me estaba insultando o no?
El hombre dudó unos segundos.
Jamás había visto ese lado de Cha Hyuk.
—…No.
No lo estaba insultando.
La ceja de Cha Hyuk se movió levemente.
Levantó apenas el mentón.
Una clara señal de que continuara.
—Si tiene tiempo…
Bzzz.
Antes de que pudiera terminar…
El teléfono de Cha Hyuk vibró sobre el escritorio.
Él lo tomó inmediatamente.
Sus ojos negros vacilaron mientras leía la pantalla.
[Yebon: (foto)] (8:28 p. m.)
[Yebon: Si no vienes ahora mismo, ahjusshi, de verdad voy a empezar a odiarte.] (8:29 p. m.)
Sin dudarlo un solo instante…
Cha Hyuk agarró las llaves del coche.