Creo que le gusto a ese hombre mayor - Capítulo 67

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Por primera vez…

Aquella mirada joven que nunca había sido capaz de sostener los ojos de Cha Hyuk finalmente se encontró con la suya.

Quería consolar ese rostro lleno de inquietud.

Pero, como él mismo era el origen de todo ese miedo y esa ansiedad…

Lo único que Cha Hyuk pudo hacer fue forzar una leve sonrisa.

—Debiste asustarte mucho. Lo siento.

Yebon solo lo miró.

Su rostro estaba lleno de emociones contradictorias.

Sus labios se movieron ligeramente.

Pero ninguna palabra salió de ellos.

Como no esperaba una respuesta, Cha Hyuk se puso de pie, tomó la chamarra acolchada oscura que estaba sobre la mesa y se la tendió.

—Te llevaré a casa. Vamos. Tu mamá debe de estar preocupada.

Yebon tomó la chamarra.

Después de asentir apenas con la cabeza, se levantó.

—Hyung, saldré en un momento. ¿Por qué no me esperas primero en el coche? Sabes cuál es, ¿verdad?

—…Sí.

Tras vacilar unos instantes, Yebon tomó las llaves del automóvil y salió rápidamente del local.

Subió las escaleras con tanta prisa…

Como si jamás quisiera volver a poner un pie en ese lugar.

En el momento en que Yebon desapareció completamente de la vista…

El rostro de Cha Hyuk se volvió tan frío como el hielo.

Al instante, una tensión sofocante envolvió todo el salón.

Todos, excepto él, bajaron la cabeza por puro instinto.

—Dongpal.

—Sí, hyungnim.

—A ese bastardo…

Átenlo bien.

Ma Dongpal levantó ligeramente la cabeza.

—¿Al hombre que está en la sala privada?

—No.

Kim Hyunwoo.

Ese maldito bastardo.

La voz helada de Cha Hyuk cayó sobre Kim Hyunwoo como una sombra que se arrastraba lentamente.

Hyunwoo palideció al instante y gritó desesperado.

—¡P-Por qué yo! ¡Y-Yo no hice nada ma…!

—¿Quieres que te arranque la boca? Ya hablaremos después, ¿sí?

Sin esperar ninguna respuesta, Cha Hyuk salió del local.

Yebon estaba esperándolo.

Durante el trayecto hacia la casa de Yebon…

No intercambiaron una sola palabra.

Normalmente la radio siempre estaba encendida.

Pero ese día permanecía apagada.

Lo único que rompía el silencio era el sonido de sus respiraciones.

Jamás había existido una atmósfera semejante entre ellos.

Parecía la nota final de una relación que había estado acercándose poco a poco…

Y que ahora se había derrumbado por completo.

Cha Hyuk quería romper aquel silencio insoportable.

Pero, al mismo tiempo…

No era capaz.

Porque sentía que, si abría la boca aunque fuera una sola vez…

Todas las emociones oscuras que llevaba reprimiendo terminarían desbordándose.

Finalmente…

El automóvil se detuvo suavemente frente a la entrada del complejo de apartamentos de Yebon.

Yebon, que había permanecido mirando al frente todo el camino, lanzó varias miradas furtivas hacia un lado.

Se oyó el sonido del seguro de la puerta al desbloquearse.

Pero él no hizo ningún movimiento para abrirla.

Cha Hyuk encendió las luces intermitentes.

El rítmico clic… clic… llenó el espacio entre ambos.

—…¿Quieres que te acompañe hasta la puerta?

Su voz sonó cuidadosa.

Casi temerosa.

Pero Yebon simplemente negó con la cabeza.

Una oleada de emociones se acumuló en el pecho de Cha Hyuk.

Aun así, logró tragársela.

—…Está bien. Entonces entra.

—…Hyung.

—…¿Sí?

Yebon se quitó el cinturón de seguridad y sujetó la manija de la puerta.

Solo entonces volvió la cabeza para mirarlo.

—…Lo siento mucho.

De verdad.

Eso fue todo.

Antes de que Cha Hyuk pudiera siquiera comprender aquellas palabras…

Yebon ya había bajado del coche y corría hacia el interior del complejo de apartamentos.

Ni siquiera tuvo oportunidad de preguntarle…

¿Perdón?

¿Perdón por qué?

Durante mucho tiempo…

Cha Hyuk permaneció inmóvil, contemplando el edificio por donde Yebon había desaparecido.

Frente a la puerta de su casa, Yebon subió el cierre de la chamarra hasta cubrirse completamente el cuello.

Menos mal que era pleno invierno.

Miró su reflejo en la pantalla apagada del teléfono.

Tenía los ojos algo hinchados.

Pero no tanto como para que no pudiera atribuirlo al frío.

Bip. Bip.

Los dedos le temblaban tanto al introducir la contraseña que tardó mucho más de lo habitual.

‘Mamá no puede darse cuenta de que pasa algo.’

Ese pensamiento solo consiguió ponerlo aún más nervioso.

Por las prisas terminó equivocándose al introducir la clave.

Justo cuando iba a intentarlo otra vez…

La puerta se abrió de repente.

—¿Yebon?

Solo se abrió un poco.

La cadena de seguridad seguía puesta.

A través de la pequeña rendija apareció el rostro de su madre.

—Ah… Sí. Soy yo.

Solo entonces ella dejó escapar un suspiro de alivio.

—Ay, me asustaste. Dijiste que ibas a cenar fuera… ¿Acaso también estuviste bebiendo? ¿Por qué te equivocas con la contraseña?

—Jaja… Solo un poco.

—Espera, voy a quitar la cadena.

La puerta volvió a cerrarse por un instante.

Después se abrió por completo.

En cuanto su madre quedó frente a él, sin nada que los separara…

Yebon encogió instintivamente los hombros.

Sabía que iba completamente cubierto.

Pero la preocupación de que ella descubriera algo seguía ahí.

Su madre entrecerró los ojos y ladeó ligeramente la cabeza.

—Yebon, tú…

Yebon sujetó con fuerza el cuello de la chamarra.

Como si intentara contener la ansiedad que hervía dentro de él.

Aunque llevaba un grueso abrigo, los latidos de su corazón eran tan fuertes que podía sentirlos contra los brazos.

—¿Qué quieres decir con «solo un poco»? Tienes toda la cara roja. ¿Y de verdad tienes tanto frío? ¿Por qué estás temblando así?

—Ah…

Aquella regañina cariñosa hizo que, por fin…

La tensión abandonara un poco su cuerpo.

Esbozó una sonrisa incómoda.

—Solo estaba con los chicos…

—Ve a lavarte y descansa. ¿Recuerdas que mañana comeremos con el diácono Min?

—Sí, sí.

Yebon asintió mientras se quitaba los zapatos.

Intentaba comportarse con total naturalidad.

Pero cada uno de sus movimientos resultaba torpe.

Mientras caminaba hacia la cocina, su madre murmuró para sí:

—Ay, ¿cuánto habrá bebido este niño?

Por suerte…

Ahora tenía una buena excusa.

Podía echarle la culpa al alcohol.

Sin decir nada más, Yebon corrió hasta su habitación.

Cerró la puerta.

Y apoyó la espalda contra ella.

Solo habían pasado cinco minutos.

Y, aun así…

Toda su espalda estaba empapada de sudor frío.

Se dejó resbalar lentamente hasta quedar sentado en el suelo.

Solo al entrar en su habitación el temblor comenzó a desaparecer.

Y la opresión que sentía en el pecho aflojó un poco.

—Haa…

Se frotó bruscamente el rostro con ambas manos.

Después escondió la cara entre las rodillas.

Jamás imaginó que las cosas terminarían así.

No de esta manera.

‘No debí haber ido.’

Si no hubiera ido ese día…

Simplemente habría llamado o escrito a Cha Hyuk como siempre.

Habrían quedado para verse al día siguiente.

Habrían hablado de qué hacer.

Pero ahora…

Lo único que ocupaba su mente era la imagen de un cuerpo tendido en el suelo.

En cuanto ese recuerdo reapareció…

Sintió que algo le estrujaba el pecho.

‘¿Ese hombre… murió?

Había…

Había tanta sangre…’

Por mucho tiempo que pasara…

Yebon sabía que jamás sería capaz de soportar la visión de la muerte.

No importaba de quién fuera el cuerpo.

Si veía a una persona tendida en el suelo…

Sin vida.

Vacía.

Su corazón caía inmediatamente a un abismo sin fondo.

Porque la muerte…

La muerte de cualquier persona…

Siempre terminaba conduciéndolo al recuerdo de la muerte de su padre.

Yebon levantó bruscamente la cabeza.

No podía seguir hundiéndose en ese círculo.

Respiró hondo varias veces para calmar su respiración agitada.

Luego se quitó rápidamente la chamarra.

Y fue entonces cuando lo vio.

La sudadera que llevaba debajo era gris claro.

Y alrededor del cuello destacaban claramente varias manchas de sangre.

Si la echaba así al cesto de la ropa sucia…

Su madre las descubriría enseguida.

Al tocar la tela…

Notó que la sangre ya estaba completamente seca.

Áspera.

Endurecida.

Pero debajo de aquel olor metálico…

Todavía permanecía un leve aroma.

El aroma de Cha Hyuk.

‘Yo…’

La expresión de Yebon se ensombreció.

‘¿Qué fue lo que más miedo me dio allí?

¿El hombre que parecía estar muriendo?

¿O Cha Hyuk…

La persona que lo dejó así?’

Yebon no tenía respuesta.

Ese día…

Cha Hyuk nunca volvió a contactarlo.

Y Yebon, perdido entre pensamientos contradictorios…

Tampoco fue capaz de escribirle.

Solo había una cosa de la que estaba completamente seguro.

Jamás olvidaría lo ocurrido ese día.

Nunca.

Ni aunque viviera toda la vida.

Incluso al cerrar los ojos…

La imagen de la sangre extendiéndose por el suelo seguía persiguiéndolo.

Solo después de luchar durante horas contra sus propios pensamientos…

Consiguió quedarse dormido.

El cuello alto que llevaba para ocultar la herida comenzaba a resultarle sofocante.

Su madre, mucho más friolenta que él, había puesto la calefacción al máximo.

La casa permanecía cálida pese al invierno.

Mientras dormía…

El calor se volvió insoportable.

Sin darse cuenta…

Yebon se subió la manga de la ropa.

Salón Bluemoon

Cha Hyuk vació de un solo trago el líquido ámbar de su vaso.

Su expresión permanecía completamente inescrutable.

El fuerte licor le quemó la garganta mientras descendía lentamente.

—¡P-Por favor! ¡Me equivoqué! ¡Perdóname!

Una voz desesperada suplicó desde el suelo.

Cha Hyuk inclinó apenas la cabeza para mirar hacia abajo.

Kim Hyunwoo yacía allí.

Con las manos y los pies firmemente atados con cuerdas.

La nariz le sangraba.

Uno de sus ojos estaba completamente hinchado.

Las marcas de la paliza eran evidentes.

Lágrimas y mocos cubrían su rostro mientras se retorcía por el suelo intentando aferrarse al tobillo de Cha Hyuk en un miserable intento por obtener misericordia.

—Si eres demasiado estúpido para pensar…

Al menos deberías saber leer la situación.

Su voz era tranquila.

Pero el frío que desprendía bastaba para cortar la piel.

Kim Hyunwoo tembló violentamente.

Rezando para que Cha Hyuk decidiera terminar de una vez.

Desde el momento en que involucró a Yebon en todo aquello…

Supo que este día acabaría llegando.

Kang Yebon era el mayor punto débil de Cha Hyuk.

Su detonante.

Pero, hasta ahora…

Cha Hyuk siempre se había contenido antes de cruzar cierta línea.

Kim Hyunwoo nunca había entendido del todo el motivo.

Aunque sospechaba que tenía algo que ver con Lee Wonpil.

Más de una vez había intervenido y dicho unas pocas palabras en su favor ante Cha Hyuk.

‘Solo un poco más.

Solo tengo que aguantar un poco más.’

Pero hoy…

Hoy era diferente.

Cha Hyuk estaba de un humor especialmente terrible.

Y la violencia con la que actuaba superaba con creces la habitual.

‘Aunque…

Tampoco es que me sorprenda.’

A pesar del dolor sordo que recorría todo su cuerpo…

Kim Hyunwoo no pudo evitar sentir una retorcida satisfacción.

Porque incluso en medio del terror…

Lo único en lo que podía pensar era en Kang Yebon.

En cómo había quedado completamente petrificado frente a Cha Hyuk.

Incapaz siquiera de decir una sola palabra.

Y solo ese pensamiento…

Hacía que, para él…

Todo hubiera valido la pena.

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