Creo que le gusto a ese hombre mayor - Capítulo 66

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—¡Maldito loco! —rugió Cha Hyuk con furia.

Yebon ni siquiera fue capaz de gritar.

Su mandíbula inferior temblaba sin control.

El frío metal apoyado sobre su cuello era demasiado real, pero su mente era incapaz de comprender del todo lo que estaba ocurriendo.

—¡T-Te lo dije, carajo! ¡Te dije que te lo entregaría si me pagabas como debía ser! ¡Malditos hijos de puta! ¡Pedazos de matones con el cerebro podrido! ¡Ni siquiera entienden cuando una persona les habla, c-carajo!

Cuando Ma Dongpal, que estaba detrás de Cha Hyuk, dio un pequeño paso hacia delante, el hombre entró en pánico y tiró con más fuerza de Yebon hacia él.

—Ugh…

—¡No te muevas!

La hoja se hundió ligeramente en su piel.

Un dolor punzante recorrió su cuello y Yebon dejó escapar un gemido ahogado.

‘¿Qué demonios… está pasando…?’

Su mente, dominada por el terror a morir, había dejado de funcionar.

La vista se le nubló.

Ya ni siquiera distinguía con claridad el rostro de Cha Hyuk.

—H-Heu… ¡H-Hyung…!

Las lágrimas terminaron desbordándose de sus ojos.

La mente de Cha Hyuk quedó completamente en blanco.

Las manos le temblaban a ambos lados del cuerpo.

¿Por qué?

¿Por qué demonios estaba Yebon allí?

—¿Qué hacemos?

La voz baja de Ma Dongpal llegó desde atrás.

Cha Hyuk hizo un enorme esfuerzo por controlar su respiración agitada antes de responder en voz baja.

—Quédate donde estás.

Cálmate.

Mantén la calma.

La vida de Yebon estaba en juego.

Si perdía el control, solo conseguiría ponerlo en mayor peligro.

—…Aceptaré todas tus condiciones. Lo que quieras. Pero deja de hacer estupideces y suéltalo.

Su voz vaciló mientras intentaba contener la rabia y el pánico.

Al percibir el cambio en su actitud, el hombre se envalentonó.

Bajó la vista hacia Yebon, que temblaba entre sus brazos.

Como si acabara de comprender algo, soltó una carcajada estridente.

—¿Así que este mocoso es importante para ti?

—¡Ah…!

El hombre empezó a arrastrar a Yebon hacia la pared.

—¡No se acerquen!

Mientras gritaba, presionó aún más el cuchillo contra el cuello de Yebon, decidido a sacarlo de la habitación.

Detrás de Cha Hyuk se oyeron murmullos.

Pero él era incapaz de escuchar nada.

Sus ojos inyectados en sangre permanecían fijos en el hilo rojo que descendía lentamente por el cuello de Yebon.

—Maldito bastardo… Así que sí tienes algo valioso.

Al ver a Cha Hyuk completamente inmóvil, el hombre volvió a reír.

Por un instante había pensado que estaba acabado.

Pero parecía que Dios aún no lo había abandonado.

Yebon sabía que tenía que hacer algo.

Lo que fuera.

Pero la fría hoja apoyada contra su garganta lo mantenía completamente paralizado.

Lo único que podía hacer era mirar a Cha Hyuk con unos ojos llenos de terror.

Se odiaba por ser tan inútil.

Y, más que nada…

Tenía miedo de lo que pudiera ocurrir después.

El hombre siguió retrocediendo hasta quedar casi junto a la entrada, frente a Cha Hyuk.

Entonces levantó ligeramente la barbilla.

Una orden silenciosa para que se apartara.

Cha Hyuk dio un pequeño paso hacia un lado, fingiendo obedecer.

El hombre sonrió, convencido de que iba a escapar.

En ese preciso instante…

Cha Hyuk arrebató de las manos de Ma Dongpal un tubo metálico y lo levantó por encima de su cabeza.

Instintivamente, el hombre alzó el brazo que sostenía el cuchillo para protegerse.

Cualquiera sin experiencia en peleas intentaría proteger primero la cabeza.

Cha Hyuk no desperdició esa oportunidad.

De inmediato lanzó una brutal patada al estómago del hombre.

—¡Ugh!

El movimiento fue tan rápido y preciso que el otro no tuvo tiempo de reaccionar.

Salió despedido hacia atrás y cayó pesadamente al suelo.

¡Clang!

El cuchillo para fruta salió volando y cayó al piso.

Sin perder un segundo, Cha Hyuk lo apartó de una patada y tiró de Yebon hacia él, empujándolo inmediatamente a los brazos de Ma Dongpal.

—Maldito idiota. ¿Tienes tantas ganas de morir?

Una luz aterradora cruzó los ojos negros de Cha Hyuk, helando el ambiente de la habitación.

—¡P-Por favor! ¡Perdóname!

La arrogancia que el hombre había mostrado apenas unos segundos antes había desaparecido por completo.

Temblando violentamente, retrocedió arrastrándose.

Pero Cha Hyuk pisó con fuerza su tobillo.

—¡Aaagh!

—¿Perdonarte?

Cha Hyuk soltó una risa llena de desprecio.

—¿Tú crees que alguien que realmente quiere vivir haría una estupidez como esta?

Volvió a levantar el tubo de metal.

Y lo descargó brutalmente sobre la espalda del hombre.

¡Bang!

El sonido seco del impacto resonó por toda la habitación.

El hombre ya ni siquiera tenía fuerzas para gritar.

Su rostro se volvió completamente blanco mientras se desplomaba sobre el suelo.

—¿Quién demonios te crees para apuntar con un cuchillito de mierda a alguien?

¡Whack!

El tubo volvió a caer.

Una vez.

Otra.

Sin la menor compasión.

—¿Te atreves a hacerme algo así, desgraciado?

El espeluznante sonido del metal golpeando carne llenó toda la habitación.

Acurrucado entre los brazos de Ma Dongpal, Yebon estaba completamente pálido.

Sus labios permanecían apenas entreabiertos.

Todo su cuerpo temblaba sin control.

—Señor Kang Yebon, primero tratemos esa herida.

A diferencia de Yebon, que seguía inmerso en el miedo y la conmoción, Ma Dongpal conservaba la misma expresión indiferente de siempre.

Después de observar el cuello de Yebon, soltó un leve suspiro.

Sobre su piel blanca, el corte enrojecido destacaba aún más.

La capucha de su sudadera estaba manchada de sangre.

La herida no parecía muy profunda.

Pero, si no la trataban, podía dejar cicatriz.

Ma Dongpal apoyó cuidadosamente una mano sobre su hombro para hacerlo girar.

—Vamos…

—E-Espera un momento. ¿Hyung…? ¿No deberíamos detenerlo?

Yebon se inclinó ligeramente hacia delante para mirar por encima del hombro de Ma Dongpal.

Ni siquiera parecía preocupado por su propia herida.

—No pasa nada. Hyungnim sabe lo que hace.

Aquella respuesta tan plana solo aumentó la confusión de Yebon.

Miró a su alrededor, completamente desconcertado.

Desde el interior de la habitación seguían oyéndose sonidos que ya no podían considerarse gritos humanos.

Después llegaron ruidos húmedos y desagradables.

El inconfundible sonido de algo salpicando.

Y, pese a aquella escena espantosa…

Nadie parecía alterarse.

Algunos hombres incluso conversaban entre ellos como si no estuviera ocurriendo absolutamente nada.

El propio Ma Dongpal solo hizo un gesto para que se apresuraran a marcharse.

La mirada de Yebon quedó perdida en el vacío.

Por mucho que aquel hombre lo hubiera amenazado con un cuchillo…

Nunca había deseado algo así para él.

—¡A este paso… de verdad va a matarlo!

¿Qué haría si Cha Hyuk terminaba matando a alguien delante de sus ojos?

Siempre había sabido qué clase de vida llevaba Cha Hyuk.

Desde el principio comprendía perfectamente en qué tipo de mundo se movía.

Pero…

Saberlo.

Y verlo con sus propios ojos.

Eran dos cosas completamente distintas.

—¡Hyung! ¡Basta! ¡Detente!

Apartó el brazo de Ma Dongpal de un empujón y corrió hacia Cha Hyuk.

Detrás de él, Ma Dongpal gritó:

—¡Señor Kang Yebon! ¡No vaya!

Pero Yebon ya había llegado junto a Cha Hyuk, justo cuando este levantaba nuevamente el tubo para descargar otro golpe.

—Hyung…

Quería pedirle que se detuviera.

Pero las palabras quedaron atrapadas en su garganta.

El rostro de Cha Hyuk, salpicado de sangre…

No era el mismo rostro que siempre lo miraba con tanta calidez.

Sus ojos, completamente inyectados en sangre, brillaban con una violencia salvaje.

Estaba golpeando a un hombre hasta convertirlo en una masa informe.

Y, aun así…

Su expresión seguía completamente vacía.

Yebon retrocedió involuntariamente un paso.

En el suelo, un hombre jadeaba con dificultad mientras la sangre se extendía a su alrededor.

Cha Hyuk permanecía de pie sobre él.

Con la ropa.

Y el rostro.

Cubiertos de rojo.

Era una escena completamente real.

Ocurría justo delante de sus ojos.

Y, sin embargo…

Parecía irreal.

Su visión empezó a oscurecerse.

Cha Hyuk desvió lentamente la mirada hacia él.

La expresión feroz y despiadada de su rostro cambió bruscamente.

¡Clang!

El tubo metálico cayó de su mano y chocó contra el suelo.

—¡Kang Yebon!

Su voz, llena de alarma, se quebró.

Cha Hyuk lo sujetó por los hombros y lo atrajo hacia él.

Sus ojos descendieron inmediatamente hasta el profundo rojo que manchaba el cuello de Yebon.

Sintió que el corazón se le hundía.

La imagen del cuchillo apoyado sobre aquella garganta seguía grabada en su mente.

Un miedo helado lo envolvió por completo.

Tan intenso que apenas podía respirar.

Había estado a punto de perderlo.

Otra vez.

Las palmas de sus manos estaban empapadas de sudor frío.

Todo su cuerpo seguía temblando.

—Te dije que nos viéramos el miércoles.

Su voz sonaba ronca y tensa.

—Entonces ¿por qué? ¿¡Por qué demonios no me hiciste caso!? ¿¡Eh!? ¡Y si ya estabas aquí, ¿por qué no me llamaste enseguida?! ¿¡Por qué demonios…!?

Su explosión de ira se apagó de golpe.

Porque, por fin…

Lo vio.

Los ojos de Yebon.

Llenos de lágrimas.

A punto de desbordarse.

Cha Hyuk se mordió con fuerza el labio inferior y se tragó el resto de las palabras.

En lugar de eso…

Lo abrazó con todas sus fuerzas.

—Lo siento… Lo siento muchísimo, Yebon. Esto no es culpa tuya…

La voz afilada y severa de hacía unos segundos ahora temblaba miserablemente.

Un instante antes estaba fuera de sí.

Y ahora…

Su rostro parecía el de alguien que había perdido completamente el control.

Desde un poco más atrás, Ma Dongpal, que había observado toda la escena en silencio, dejó escapar un leve suspiro e hizo una seña para que los demás se retiraran.

La habitación quedó sumida en un silencio absoluto.

Lo único que permanecía…

Era el tenue temblor que todavía parecía recorrer el suelo.

Yebon permanecía sentado, abatido, en una silla del pasillo.

Sus ojos estaban hinchados y enrojecidos.

El rostro, completamente pálido.

Arrodillado frente a él, Cha Hyuk examinaba con ansiedad la herida de su cuello.

Sus manos se movían con incertidumbre, sin atreverse siquiera a tocarlo.

Un gran vendaje blanco cubría el corte.

—¿De verdad estás seguro de que no quieres ir al hospital, Yebon?

En lugar de responder, Yebon solo asintió.

Llevaba bastante rato sin decir una sola palabra.

Toda la energía que normalmente lo caracterizaba había desaparecido.

Cha Hyuk no apartaba la vista de él.

Pero Yebon evitaba mirarlo.

Su mirada desenfocada permanecía perdida en algún punto lejano.

Cuando Cha Hyuk levantó lentamente la mano para acariciarle la mejilla…

Yebon se estremeció.

Y, por puro instinto…

Se apartó ligeramente.

Los ojos negros de Cha Hyuk temblaron.

La mano que había extendido con tanta cautela terminó cerrándose lentamente antes de caer de nuevo a un lado.

Aquel pequeño gesto lo decía todo.

Miedo.

Terror.

Y rechazo.

Al final…

Todo había terminado así.

Quizá fuera inevitable desde el principio.

Cha Hyuk siempre se había asegurado de que Yebon solo conociera su mejor versión.

La menos violenta.

La menos cruel.

Pero…

Su verdadera naturaleza…

No tenía nada que ver con el mundo donde Yebon había crecido.

Un mundo mucho más seguro.

Mucho más sencillo.

Por eso no era que Cha Hyuk no comprendiera su reacción.

La comprendía demasiado bien.

Precisamente por eso había hecho todo lo posible por protegerlo de esa realidad.

Lo único que nunca imaginó…

Fue que aquella ilusión se rompería tan pronto.

Y de una manera tan brutal.

—…Perdón por asustarte, Yebon.

Cha Hyuk habló con la voz más suave y gentil que fue capaz de encontrar.

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